Mostrando las entradas para la consulta host ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta host ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

'Host' (2020): ¿Está el enemigo? Que se ponga

Dirigida por Rob Savage, director de cortos, anuncios y series de televisión, Host forma parte del cine de guerrilla fantástico de Reino Unido. Si ya con diecisete años Savage se estrenó con éxito con Strings, una historia y una película muy pequeñas, en su segundo largo, Host, sigue por la misma senda: pocos personajes, actores/actrices desconocidos, historia pequeña y pocos medios. Todo para no superar la hora de duración, suficiente para que Host sea una de las experiencias más perturbadoras de los últimos tiempos.

Host es una historia de la pandemia, al menos de manera colateral. La trama de la película es una idea bastante peregrina pero muy efectiva: una séance vía videollamada de Zoom. Seis amigas, debido a las medidas de confinamiento por causa de la pandemia, se reúnen virtualmente en Zoom para llevar a cabo una sesión espiritista guiada por una médium experta. ¿Qué es lo que puede salir mal cuando alguien intenta contactar con el mundo de los espíritus? Haley es la creyente, la que acaba liando a sus amigas para con la ayuda de Seylan, su amiga médium, llevar a cabo esta sesión espiritista. Si cierran los bares y tiendas y sólo puedes salir de casa para comprar, trabajar y hacer ejercicio, las videollamadas con amigos son una manera de salir de ese confinamiento. Y en Reino Unido, una sesión espiritista es otra actividad más con la que estar entretenido. Como suele pasar en estos casos, acaban contactando con una entidad poco amistosa.

Con el avance y el abaratamiento de las nuevas tecnologías, que hace mucho más fácil y barato sacar adelante un proyecto cinematográfico, y con la expansión y consolidación de las redes sociales, la pasada década nos trajo un subgénero nuevo dentro de otro subgénero: el de las películas basadas en videollamadas de ordenador y/o teléfono móvil. Si los ochenta y sobre todo los noventa fueron la época de ese futuro imaginado de realidad virtual y ciberespacio, el nuevo milenio nos trajo una realidad más mundana y sin coches voladores: la de las redes sociales. Con el éxito de El proyecto de la bruja de Blair llegó una avalancha de películas que usaban el recurso del metraje encontrado. Alguien graba algo con una videocámara y esa es la película. El gran problema es encontrar una excusa narrativa que justifique esa decisión a la hora de filmar. En El proyecto de la bruja de Blair y Paranormal Activity encontraban la suya, y desde la pasada década surge otra nueva excusa: sí, lo habéis adivinado, las redes sociales. Un buen ejemplo de ello es Unfriended, película de 2014 que trataba sobre una llamada de Skype a la que se une alguien desconocido y empiezan a pasar cosas. 

El único TikTok que conozco

Las menciones a redes sociales como Facebook, que al principio podían parecer un reclamo para llegar a un público entonces joven, se incorporan a las narrativas populares, en este caso la audiovisual, en la medida en la que las redes sociales forman parte y están integradas en nuestras vidas. Host se aprovecha de ello y lo hace de una manera magistral. Sí, al final hay alguna escena de personajes grabándose con el móvil corriendo como pollos sin cabeza, lo que sucedía y cito una vez más en El proyecto de la bruja de Blair, pero en un mundo en el que registramos todo lo que hacemos y en el que vivimos a golpe de like, no parece algo incoherente. Savage, con un presupuesto de poco más de treinta mil euros, saca adelante un proyecto que se aprovecha de esto. Para rizar el rizo, la película surge de una broma de Savage con sus amigos que se hace viral en Twitter, una broma basada en una escena de Rec. Yo ya no sé si hay algo más posmoderno que eso.

Yendo de menos a más, las manifestaciones de esa presencia maligna poco a poco se van haciendo más evidentes y más violentas. Este proceso gradual, casi orgánico, es lo que te acaba atrapando. Encerrados en nuestras casas, el único lugar seguro, Savage ataca nuestros miedos más profundos convirtiendo el hogar en un espacio hostil. Host es una historia que surge del confinamiento y que se rueda en condiciones de confinamiento, que retrata uno de los males de nuestro tiempo, acentuado por la pandemia: la soledad. Yo me he quedado con más ganas de Rob Savage, que en 2021 estrenó Dashcam, una película también de muy bajo presupuesto, y cuyo próximo proyecto es una adaptación de Stephen King.



Metraje encontrado y falsos documentales: VOLUMEN 3

The Den es una película dirigida por Zachary Donohue y coescrita  por este y Lauren Thompson. Estrenada en 2013, se trata de la única película, hasta el momento, dirigida por Donohue. En The Den una joven estudiante investiga los hábitos de los usuarios de una red social tipo Chatroullete: conexiones por cámara web con usuarios aleatorios. Como suele ser habitual en este subgénero dentro del subgénero que es el terror informático, hay una crítica nada velada a las redes sociales. La protagonista está enganchada a una vida virtual que dice estudiar. Cuando en unas de estas conexiones aleatorias presencia el asesinato de una mujer, se verá envuelta en una trama mucho más grande de lo que cree, involucrando a su pareja, familia y amigos. Alguien o algo hackea su ordenador y se hace con el control de esa vida virtual. Mientras tanto, intenta hallar la verdad tras el asesinato de la mujer que ha presenciado de manera online. Sin ayuda de la policía, que la consideran una mujer histérica, continúa investigando. El giro de la película está bastante bien, aunque sigue padeciendo el mismo problema que otras películas de este subgénero: la excusa narrativa para seguir grabando a veces es bastante pobre, pero oye, es parte del pacto narrativo.


Película británica del también británico Rob Savage. Después de la sorpresa que supuso su anterior película Host (2020), sólo hubo que esperar un año para ver esta Dashcam, dirigida por Savage y coescrita, como Host, por el propio Savage, Gemma Hurley y Jed Sheperd. Si Host generó unas críticas favorables bastante unánimes, no sucedió lo mismo con Dashcam. Y eso es debido a su protagonista, Annie Hardy, que se interpreta a sí misma en la película, en una parodia llevada al extremo. Annie se dedica a conducir en coche y a retransmitir en directo letras de rap que improvisa sobre bases musicales. El concepto conducir, improvisar rap y retransmitirlo puede parecer algo marciano, pero Annie tiene bastantes seguidores. A lo que hay que añadir que es antivacunas y muy de teorías de la conspiración, además de ser bastante políticamente incorrecta. Y ese personaje real, llevado al extremo, no cae bien. En Dashcam Annie viaja a Reino Unido para visitar a un amigo. La cosa acaba con Annie robándole el coche a su amigo tras una discusión. Su amigo, que debido a la pandemia trabaja haciendo entregas de comidas para Uber, tiene la aplicación instalada en el coche. Annie decide hacerse cargo de una entrega para descubrir que no es comida lo que tiene que transportar, es una señora mayor un tanto especial. Lo que sucede a continuación es el caos más absoluto, extremo y divertido que he visto en tiempo y que, si no has visto la película, es mejor que descubras por ti mismo/a. El propio Savage, consciente de la recepción de Dashcam, recomienda verla con los colegas y con unas cervezas. 

Lake Mungo es una película australiana dirigida y escrita por Joel Anderson y estrenada en 2008. La película, a través de un falso documental, cuenta la historia de una joven adolescente, Alice. En una excursión familiar al lago Mungo, muere ahogada. La película se centra en desentrañar el misterio de esta muerte y sobre todo en el efecto que tiene en su familia: su padre, su madre y su hermano. Juega con el elemento sobrenatural, incluso con la ciencia ficción, pero es una película sobre el duelo, la depresión y la identidad. Tras su muerte, Alice se convierte en una presencia fantasmal para su familia. Cada miembro lidia con su pérdida como buenamente puede. La madre llega a colarse en casas ajenas para ver cómo vive otra gente, en una especie de escapismo de su propia vida. El padre se centra en el trabajo, mientras su hermano se encierra en sí mismo y se dedica a la fotografía y al vídeo. También es una película valiente al hablar de la depresión, en este caso adolescente, que conduce o parece conducir a Alice a la muerte, sin que esté del todo claro qué sucedió. Y retrata muy bien lo difícil que es conocer a alguien. El novio de Alice sólo conocía una parte de ella, como sus amigas, o su madre. Después de su muerte, casi nadie parecía conocerla, no en su totalidad. Lake Mungo es un peliculón que además utiliza muy bien la narrativa del documental para contar su historia.

Después de The Den (2013) Zachary Donohue no ha dirigido más películas; lo mismo sucede con Joel Anderson, que todavía parece estar abrumado del culto que suscita su película Lake Mungo (2008). No ocurre lo mismo con Rob Savage. Después de Host llegó Dashcam, esta vez con Blumhouse Productions detrás. Y en 2023 se estrenará The Boogeyman, basada en una historia de Stephen King y producida por 20th Century Fox. Carrera ascendente la de este director inglés que tan bien maneja los códigos del género. Merece la pena leer alguna de sus entrevistas. Los subgéneros del falso documental y el metraje encontrado dan para películas y proyectos muy diferentes entre sí: The Den y su historia sobre redes sociales, Dashcam y un streaming que sale mal y el duelo y la pérdida de Lake Mungo.

Venimos de aquí:




Metraje encontrado y falsos documentales: VOLUMEN 1


Si bien El proyecto de la bruja de Blair no fue la primera que utilizaba el recurso del falso documental y el metraje encontrado, sí fue la primera en triunfar masivamente y abrió la veda para que este subgénero se convirtiera en uno de los más explotados del cine de género. El abaratamiento de las tecnologías permitió a mucho joven cineasta levantar proyectos por cuatro duros, y a industrias cinematográficas pequeñas como la española tener éxitos internacionales como [REC] con una inversión modesta. Lo que en un principio eran copias descaradas de El proyecto de la bruja de Blair, con el tiempo se fueron distanciando de la influencia de ésta para ofrecer una obra diferente. Aunque siempre suele haber algo que no falla: personajes corriendo como pollos sin cabeza con la cámara dando tumbos de un lado a otro.


Death of a Vlogger es una película escocesa escrita, dirigida, protagonizada y producida por Graham Hughes y estrenada en 2019. Es su segunda película, y recoge mucho de su primer metraje, A Practical Guide to a Spectacular Suicide. Death of a Vlogger también se adentra dentro de otro subgénero, el del terror digital, bastante habitual en este tipo de películas. Uno de los mejores ejemplos de esto es Host, del británico Rob Savage, donde una seance digital sale mal. La historia de Death of a Vlogger es parecida. Graham, el protagonista, es un joven obsesionado con volverse viral con sus vídeos, aunque para ello tenga que mentir y arriesgar su vida. En un momento dado, empiezan a ocurrir sucesos paranormales en su apartamento. ¿Es algo preparado? La película da vueltas sobre este tema, jugando con si lo que sucede es algo real o preparado por Graham para obtener más visitas. De fondo, está el tema de la adicción a las redes sociales y influjo negativo, con esa masa que amparada en el anonimato se dedica a destruir vidas. Aunque sólo dura 88 minutos, quizás le hubiera convenido, como en la anteriormente mencionada Host, recortar un poco más su metraje. Y que el protagonista sea un poco tolili tampoco ayuda.

Horror in the High Desert es una película estadounidense de terror dirigida, escrita y producida por Dutch Marich y estrenada en 2021. Como en el caso de Graham Hughes, Marich ya había dirigido otras películas, pero hasta esta Horror in the High Desert no encontró cierto reconocimiento, que por cierto le ha valido para dirigir y producir una segunda parte que verá la luz este 2022. Un mochilero que disfruta de las excursiones al aire libre encuentra una cabaña en mitad del desierto habitada por una criatura terrorífica. Como en Death of a Vlogger sus seguidores no le creen, lo que hace que para reafirmarse ante ellos arriesgue su vida volviendo otra a vez a la cabaña para grabar imágenes que confirmen lo que dice. Utilizando el lenguaje narrativo de un documental, se reconstruye la vida de este personaje aventurero a través de diferentes voces, no siempre confiables. Un poco, aunque salvando las distancias, parecido a lo que hace Lake Mungo. No todo el mundo conoce como debería al protagonista,  ni su hermana ni su compañero de piso. El último tramo de la película se adentra de lleno en el terror y se vuelve un poco loca.



The Conspiracy es una película canadiense escrita y dirigida por Christopher MacBride y estrenada en 2012. Sigue los pasos de unos documentalistas que preparan un documental sobre teorías de la conspiración. En el transcurso del desarrollo de este documental, acaban descubriendo una sociedad secreta que de verdad está detrás de muchas de las cosas que pasan en el mundo. Este giro y la posterior investigación de esta sociedad secreta ocupan la mayor parte del metraje. Lo de las teorías de la conspiración, después de Trump y una pandemia, ha quedado como una temática cuqui. Jim y Aaron, los periodistas protagonistas detrás de esta investigación, se adentran en el territorio de una sociedad secreta que hunde sus raíces en la antigua Roma. ¿Serán capaces de sacar la verdad a la luz. Interesante mensaje sobre cómo se construye la verdad. Bebe mucho de la influencia de Expediente X y de las teorías de la conspiración tan en boga en los noventa. Como siempre, la verdad está ahí fuera.

Tanto Death of a Vlogger, como Horror in the High Desert y The Conspiracy son películas que aprovechan al máximo unos recursos escasos para construir un universo muy particular. Los directores de estas cintas también son los autores del guion, y en algunos casos también ejercen de productores y autores. Por no mucho dinero es posible levantar proyectos que hace unas décadas sería imposible sin la complicidad de los estudios ya establecidos. Aunque en los dos mil abjuré de este tipo de películas, y pese a que no sea muy fan de tanto movimiento de cámara en el cine, este tipo de películas son muy disfrutables en la televisión del salón de casa. O en la pantalla de un ordenador. 







 







Boom 2022: laberintos, señoras victorianas y películas de terror italianas

Otro año se acaba en occidente y toca hacer balance y lista de propósitos nueva. O no. Si 2021 fue el año de pa' vernos matao, 2022, que tampoco empezó mucho mejor, ha sido el año de, como decía el sabio, ¡Al loro! Que no estamos tan mal. Guerra, crisis, cambio climático, inflación... pero como Brian cuando está crucificado, toca silbar y cantar Always Look on the Bright Side of Life. A nivel personal ha sido un año de crecer profesionalmente, esa expresión que tanta rabia me da y que oculta otra realidad: más responsabilidades y un dinero que nunca las acompaña. Así que lección aprendida: cuando te ofrezcan un ascenso, pide un dinosaurio. Si en 2021 leí mucho, este 2022 tampoco me he quedado atrás. Han caído en mis manos un montón de libros, sobre todo de señoras victorianas, a las que he leído con premeditación y alevosía este 2022. También he jugado muchos videojuegos. Pero sobre todo, 2022 ha sido el año del cine de terror. Así que sin más preámbulos, vamos al lío.

LIBROS

  • La novela que más me ha gustado: Piranesi, de Susanna Clarke. Su anterior novela, Jonathan Strange y el señor Norrell no me gustó, e iba con las expectativas bajas. La idea de un laberinto con forma de casa que contiene todo un mundo, la magia como conocimiento perdido y la fantasía mezclada con ciencia ficción de Piranesi me han atrapado. Y como el año pasado con Nuestra parte de noche, he dado mucho la turra con el libro. Susanna, me debes unas cervezas.
Susanna Clarke molando fuerte

  •  Premios mejor novela casi ex aequo pero no: El interregno de Marte en Aries de Alexander Lernet-Holenia y la irrealidad que impregna El maestro del juicio final de Leo Perutz son buenos ejemplos del género fantástico europeo de principios del siglo veinte. Demuestran, como Cortázar y Borges, que la frontera entre lo fantástico y lo real es una delgada línea, a veces borrosa, y que el horror está en lo más cotidiano.


  • Relecturas: Este año les ha tocado el turno de relectura a Oscar Wilde y su El retrato de Dorian Gray y a H. G. Wells, del que he releído El hombre invisible, La guerra de los mundos, La isla del doctor Moreau y La máquina del tiempo. También ha habido hueco para El país de las últimas cosas de Paul Auster.

  • Libro de relatos que más me ha gustado: Ella dijo destruye de Nadia Bulkin. Terror periférico y ciencia ficción venidos de Indonesia. Amor eterno a La Biblioteca de Carfax por publicarlo y a mi hermano por regalármelo. Una de esas mezclas de social con horror que tanto me gustan y tan bien funcionan en otras autoras como Lisa Tuttle y Mariana Enriquez. 

  •  Premios mejor libro de relatos casi ex aequo pero no: Comparten este casi premio dos libros publicados por Valancourt Books y que de momento no tienen traducción al castellano. The Dead Hours of Night de Lisa Tuttle y Nightmare Flowers de Elizabeth Engstrom. Yo no sé qué tiene Tuttle que sus relatos te persiguen, como Objects in Dream May Be Closer Than They Appear.



PELÍCULAS


Si 2021 fue un año peliculero, lo de este año no tiene nombre. O sí: terror. Prácticamente no he salido de ahí, como bien atestigua mi perfil de Letterbox y mi disco duro de 4 tb lleno de películas de terror. Ha habido tiempo para el grano setentero, la nostalgia ochentera, clásicos de los sesenta y películas actuales. 




  • Joyitas modernas poco conocidas: Head Count (2018) de Elle Callahan, Host (2020) de Rob Savage y Pyewacket de Adam MacDonald.


SERIES



2022 ha sido un año poco seriéfilo donde lo que más he visto ha sido series que ya seguía de antes. Algunas como Evil han bajado un poco el listón en su tercera temporada, pero sobre todo 2022 ha sido la despedida de The Expanse

  • Mi favorita del año: Después de su cancelación y posterior rescate por Amazon, The Expanse ha dado para seis temporadas que a mí me han sabido a poco. Algo que he intentado remediar leyéndome los libros (creo que me he quedado por el quinto o sexto) y los cómics, pero no es lo mismo. Increíble el viaje con la Rocinante que tantas similitudes tiene con la Battlestar Galactica de 2003.

  • Miscelánea: Vi la última temporada de Stranger Things. Como todas: ni tan buena como dicen algunos ni tan mala como dicen otros. También caí en las redes de Los anillos de poder y de La casa del dragón, aunque esta última ni la terminé de ver. Como con Dexter, que todavía está el último capítulo pendiente.

  • Mención especial: Blooklyn Nine-Nine. Ocho temporadas y 153 episodios. Cuando no sé qué ver y me apetece desconectar, nunca falla: siempre me saca una sonrisa. 

TEBEOS



Como el año pasado, no he leído muchos cómics. Alguna serie que tengo por acabar, como Nailbiter, algún Astérix, un par de Junji Ito y poco más.

  • Mi tebeo favorito del año: The Nice House on the Lake. Como el año pasado con Something is Killing the Children, mi favorito de este año también es de James Tynion IV. Es una serie todavía en curso. Yo he podido leer el primer volumen, que recoge los seis primeros números; está prevista la publicación de un segundo volumen en marzo de 2023. El tebeo narra la historia de un grupo de personajes que tienen en común lo mismo: son amigos de Walter. Este misterioso personaje los reúne en una casa bajo un falso pretexto. Habrá que ver cómo sigue la serie. Me recuerda muchísimo a Perdidos, con esas cosas locas que tenía la serie en sus comienzos y que luego nunca supieron rematar, y a los mangas de Naoki Urasawa, que les pasaba otro cuarto de lo mismo. De momento, tanto Something is Killing the Children como  The Nice House on the Lake me parecen dos grandes series que merece la pena seguir. Habrá que ver que no acaben desbarrando mucho.

  • Mención especial: Venus in the Blindspot de Junji Ito.

VIDEOJUEGOS


Este año sí que le he dado al vicio bastante. Me ha dado tiempo a jugar unos cuantos juegos. Le he metido bien de horas al Age of Empires 2 Definitive Edition, rejugué unas cuantas aventuras gráficas y me metí de lleno en las novelas visuales.

  • Mi favorito del año: Eres Bigby Wolf, el sheriff de una pequeña comunidad de personajes de cuentos tradicionales que viven camuflados como humanos en el Nueva York de los años ochenta. Así, tenemos personajes como Bigby, que es el lobo feroz de Caperucita, Cenicienta, Blancanieves, la Bella y la Bestia... Pero el tono de la historia está bastante alejado de los cuentos clásicos. Bigby es el responsable de investigar una serie de asesinatos que destapan la corrupción presente en la pequeña comunidad de personajes de fantasía.

  • Menciones especiales: Kathy Rain, Whispers of a Machine, Unavowed y Lamplight City. Los cuatro títulos son aventuras gráficas publicadas en los últimos años, diferentes entre sí por las mecánicas que proponen, pero parecidos en cuanto al género fantástico y su tratamiento.

  • Bonus track: The Dark Pictures Anthology: House of Ashes

MÚSICA


Si 2021 fue un año de tirar más hacia los clásicos, 2022 ha sido lo contrario. Mucha música escuchada y muchos artistas y bandas nuevos descubiertos.

  • Mi disco favorito del año: Life on Earth (2022) de Hurray for the Riff Raff, la banda/proyecto detrás de la que se esconde Alynda Segarra desde 2007. Otro motivo más para ir a Nueva Orleans.

  • Destacado: We've Been Going About This All Wrong (2022) de Sharon Van Etten. Publicado en octubre, todavía no lo he esuchado lo suficiente. No sólo escribe e interpreta sino que también coproduce y graba un disco que se mueve por el mismo territorio que Nick Cave últimamente.

  • Menciones especiales: El debut de Leia Destruye con un álbum de título homónimo, Autofiction (2022) de Suede, Bremen no existe (2022) de Biznaga, que abre el disco cantando eso de "ahora que tenemos treinta y tantos/ que no nos une el amor sino el espanto" y Abril (2021) de Delaporte. ¡Qué ganas de verlos en directo!

  • Directo: Zahara. Va puto loca. No hace falta más. Coincidió mi viaje a España de marzo con su gira. Ganazas de volver a verla.

No es Estrella Galicia pero se le acerca


Y con esto y un bizcocho ya estaría. No ha sido mal año este 2022. Por otro año de cosas que nos entusiasmen. Que sean libros, películas, reencuentros o viajes es lo de menos. Que nunca nos quiten la sed. Yo, como buen inglés, lo voy a celebrar con unas pintas en un pub.

Yeah, I want to remember.
And I want to do so much more.
Yeah, I want to be much better. 
And I want to do so much more. 








Nueva Ficción Extraña Latinoamericana II: 'Zen'nō' y 'Parásitos perfectos' [COLOMBIA]

Zen'nō es la primera novela de la escritora y periodista colombiana Karen Andrea Reyes (1995). Publicada por la también colombiana Ediciones Vestigio en 2020, llegó a España de la mano de Orciny Press, que junto a Holobionte es una de esas editoriales independientes dedicadas a la ficción extraña en nuestro país. Ediciones Vestigio, fundada por Rodrigo Bastidas y Diego Cepeda, es uno de los polos más importantes del continente, junto a Caja Negra en Argentina. Ediciones Vestigio es el centro sobre el que orbitan canales de Youtube como Estereoscopio, revistas como El Laberinto del Minotauro, librerías independientes y nuevos autores y autoras de la ficción extraña colombiana como Luis Carlos Barragán, Karen Andrea Reyes, Claudia Amador y Hank T. Cohen. Además también juegan un papel importante en la difusión del weird y la ciencia ficción latinoamericana dentro y fuera de Colombia: ya no es necesario que te publique una editorial en tu país, llamar la atención de la industria española para que te publiquen en España y, si vendes lo suficiente, conseguir que esa multinacional española te publique en todo el continente latinoamericano. Vestigio publica a autores uruguayos como Ramiro Sanchiz, bolivianos como Edmundo Paz Soldán y españolas como Layla Martínez, así como Caja Negra publica en Argentina al colombiano Luis Carlos Barragán o al chileno Simón López Trujillo. Una manera de hackear al sistema editorial y de conectarse de otra manera.

Zen'nō es un híbrido entre novela y relatos de estructura fragmentaria y no lineal, un juego metaliterario a veces difícil de interpretar. El texto, dividido en tres partes, nos sitúa en el año 2060 para luego saltar al 2994, atravesar once realidades paralelas, aterrizar en 1991 y finalmente retroceder en espiral. La concepción del tiempo en Zen'nō no es lineal, se asemeja más a una rueda sin principio ni final, que no nace ni muere. Lo transhumano, místico y cyberpunk se dan la mano para narrar la historia del primer dios artificial, el Zen'nō, en una especie de tecnomística que busca la disolución del ego. El Zen'nō es una imitación del espíritu que vive en dependencia hasta que se puede desligar y trascender la existencia. Infecta mentes, mastica dimensiones, considera la mente humana como un museo de filogenética.

Fuertemente influenciado por la filosofía y la espiritualidad orientales, Zen'nō es una posible respuesta a la subsunción real del capitalismo en la que vivimos inmersos. No existe un afuera del sistema ni aldea gala resistente al invasor, sólo «el desierto de lo real» del que hablaba Baudrillard. Una potencial alternativa a ese «desierto de lo real» no es el fin del mundo —aquello en lo que insiste la ficción occidental: es más fácil imaginarse el fin del mundo que el fin del capitalismo—, sino liberarnos del ciclo que nos atrapa a través del desapego y la disolución del yo. ¿Es Karen Andrea Reyes la lideresa de una secta hippie? No, pero podría serlo.


Parásitos perfectos es un libro de relatos del colombiano Luis Carlos Barragán. Escritor e ilustrador, nacido en 1988, ha publicado tres novelas: Vagabunda Bogotá (2011), El gusano (2018) y Tierra contrafuturo (2021). También es autor de numerosos relatos que han visto la luz en antologías y revistas, siende este Parásitos perfectos su primer libro de relatos como tal.

Si en Zen'nō Karen Andrea reyes trabaja con la idea del cuerpo como algo alienígena, Luis Carlos Barragán parte del concepto de cuerpo como cárcel para concebir los relatos de Parásitos perfectos. Estamos limitados por nuestros cuerpos, por sus percepciones y sus sentidos. La manera de superar esas limitaciones y la percepción subjetiva de la realidad es modificando el cuerpo. En los relatos de Barragán el cuerpo humano se fusiona con máquinas, parásitos e insectos con los que entra en simbiosis, mutualismo o parasitismo para evolucionar, muchas veces sin estar muy claro si esa relación es buena o mala. Una posible salida que se plantea es la simbiogénesis, evolucionar a través de la simbiosis con otros seres vivos. Las modificaciones, mutaciones, infecciones y simbiosis que experimentan los cuerpos son las que crean lo monstruoso, que en los relatos de Barragán cuestiona el orden social establecido. También, como en el cine de Cronenberg, el horror corporal, el asco incluso, pueden llegar a ser eróticos, mientras que lo monstruoso adquiere categoría de subversivo: lo deforme, lo enfermo, lo raro pasan a de la periferia al centro. Además del cine, otras influencias que atraviesan la obra de Barragán son artistas plásticos como Coupland, ilustradores como Moebius y escritores de la new wave como Ballard y Burroughs. 

En Parásitos perfectos también se produce una hibridación como en Zen'nō, sólo que aquí se da entre texto literario e ilustración. Todos los relatos del libro van acompañados de ilustraciones que complementan los textos, como si fuera un proyecto de arte. Igualmente los relatos construyen un universo compartido, aunque nos parezcan temporalmente más o menos alejados de nuestro presente: todos suceden en el mismo espacio. Otra parte importante en la fabricación de este mundo es la Bogotá futurista que propone Barragán, o las distintas versiones de esta ciudad. Como Nueva York en el cine, modelo de ciudad occidental por antonomasia, Barragán convierte la geografía local de Bogotá en un escenario futurista con vocación universal. Desde una Bogotá distópica, pasando por otra ubicada en Plutón y hasta una ambientada en un futuro neomedieval, todas son el escenario entre distintas formas de relación: la relación entre humanos, entre humanos y otras formas de vida, entre humanos y tecnología, las relaciones de producción capitalistas y las desigualdades que causan...

Mientras en la melancólica Europa pensamos en mirar al pasado o en quedarnos como estamos y en EEUU apuestan por el tecnofeudalismo o la barbarie como respuesta a los problemas actuales, desde Latinoamérica llegan propuestas que partiendo de nuestro presente ofrecen «el espectro de un mundo que podría ser libre». Desde el tecnomisticismo de Karen Andrea Reyes hasta el biopunk de Luis Carlos Barragán las literaturas no miméticas escritas en Latinoamérica señalan los puntos de fuga del capitalismo actual y ofrecen escenarios donde el capitalismo y no el mundo han sido destruidos. Quizá no podemos imaginar el fin del capitalismo no por falta de imaginación, sino por falta de espacios donde poner en práctica esa capacidad de imaginar futuros distintos que no pasen por los CEO de Silicon Valley y el autócrata de turno.

Reyes, Karen Andrea (2020). Zen'nō. Orciny Press.
Barragán Castro, Luis Carlos (2024). Parásitos perfectos. Caja Negra.

The beech buds wait.
The aish buds wait.
The frogs and twoads in lagwood holes
and hedgehogs in their leafy ditch,
all waiting for His kingdom.

The eth waits.
The dead brakes
host the holly’s bloody beads;
they are His crown of thorns
and He will rise again.

Oh Wyman, Oh Wyman.
Unray I for en.