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'Audition' (1999) y 'Versus' (2000): manual de supervivencia

Audition (1999) es una película dirigida por Takashi Miike basada en la novela de Ryu Murakami. Además es junto a Ichi the Killer (2001) una de las películas más conocidas del autor. Quizá por esto Audition también es de las películas que tras Ringu (1998) más vemos metida en el saco del J-horror. Por aquí me explayo un poco más sobre el tema, pero no, Audition no es J-horror. Y no lo es porque el J-horror esté especialmente codificado, pero no cumple con algo tan básico como el de tener elementos sobrenaturales. 

La película, basada en la novela del Murakami bueno, narra la historia de un señoro japonés viudo que se quiere volver a casar. Para eso cuenta con otro señoro amigo suyo, cuya profesión como productor le permite organizar un casting de actrices, el cual es la excusa para seleccionar a su próxima mujer. El casting es su catálogo de mujeres. Ahí es donde conoce a Asami, su elección como futura esposa. Después de una breve relación, desaparece de su vida.


Al igual que en la novela, Audition consta de dos partes bien diferenciadas. Una realista, casi costumbrista, que describe la vida de este viudo, con su trabajo, su hijo adolescente, la empleada del hogar que se ocupa de las tareas de casa porque claro, él es un hombre, y su obsesión creciente por Asami. En la otra parte nos adentramos en el surrealismo y el gore, con la mente de Aoyama, el viudo, intentando escapar del dolor que le causan las torturas de Asami, que ha reaparecido en su vida. También, en ese viaje hasta el momento actual, descubre el pasado bastante oscuro de Asami.


Ábalos pensando en lo que viene después del café, la copa y el puro

Si en cuanto a tono la narración cambia completamente y podemos distinguir sus dos partes, lo mismo sucede con la realización. Miike pasa de esa cierta sobriedad costumbrista al dirigir, a introducir otro tipo de planos, poniendo la cámara en otros sitios y con otros ángulos, variando de una fotografía natural a otra más artística, y casi sin darnos cuenta, llegamos a ese final donde lo real se confunde con los recuerdos y los sueños. Del ritmo pausado pasamos a otro más frenético que acaba en el clímax de la tortura de Aoyama a manos de Asami. Muchas veces Miike usa el recurso de la cámara fija y mantener el plano. Aunque lo más destacado es cómo rompe con la lógica de la realidad, casi como si fuera una de las películas surrealistas de Buñuel. Porque lo frenético no está en la dirección, sino en la historia que cuenta, cuya resolución se precipita.

Cuando te hacen ghosting en Tinder pero no lo asumes

Se suele catalogar a Audition colgándole etiquetas como la de precursora del torture porn, haciendo pensar de ella cosas como que es muy bestia o muy bruta. La verdad es que no lo es. Entiendo que todo esto viene del mundo anglosajón, más concretamente de EEUU, y de ese puritanismo tontorrón que de todo se asusta. No he visto las más de cien películas que ha rodado Miike, pero sí unas pocas, y me atrevería a decir sin miedo a equivocarme que esta Audition es de las más accesibles. En cuanto a la parte más gore, la del final, mucha de esa violencia está fuera de plano. Miike te pone la cámara en un sitio y no la mueve, pero no te muestra. Lo incómodo es que te aguanta el plano, y aunque no veas nada, sí escuchas e intuyes lo que está haciendo Asami con Aoyama, cómo lo está torturando. O te aleja la cámara y ahí sí te muestra, pero desde más lejos. En cualquier caso, en cuanto a niveles de gore no se acerca a la primera Saw ni de lejos. O a una de zombis de Fulci, ya que nos ponemos —agujas en los ojos siempre es bien—.

Versus (2000) es una película de acción y zombis dirigida por Ryuhei Kitamura y coescrita por Kitamura y Yamaguchi. Versus es una de esas películas que nos llegaban a los que fuimos adolescentes a principios de los dos mil mezcladas con otras más conocidas, como Ringu (1998) o el caso de la anteriormente mencionada Audition (1999). Alguien te pasaba un cedé o pillabas zapeando en la tele películas como Versus (2000), Ichi the Killer (2001) o Battle Royale (2000) y literalmente flipabas. 

Aunque Miike no le saca ni diez años a Kitamura —uno nació en 1960 y otro en 1969—, se nota que son de distintas generaciones y tienen diferente formación e intereses. Pueden compartir algunos referentes, como el manga y el anime, que son parte de la cultura popular japonesa, o el cine de acción y artes marciales, pero la manera de dirigir es completamente distinta. Miike se curtió en el mundo de los directos a vídeo mientras Kitamura estudiaba cine en Australia y tiene más vocación internacional. Es similar a lo que sucede entre los escritores Ruy Murakami y Haruki Murakami, que parece que vienen de mundos similares y comparten los mismos referentes pero no. En este sentido, Kitamura es como ese amigo del instituto que se había pasado Resident Evil siete veces y que después de ver Matrix se compró una chupa y unas gafas de sol como Neo. Vamos, un flipao.

Porque matar zombis no está reñido con el estilo

En Versus Kitamura mezcla zombis con yakuzas y katanas en una especie de rave espídica que no da tregua durante las más de dos horas que dura la película. En los primeros veinte segundos de peli unos carteles ya nos arrojan la información de que existen unos portales en la Tierra y que el número 444 está en el Bosque de la Resurreción, en Japón, que es donde transcurre Versus. Tenemos al prota, que es un prisionero fugado, a la chica, secuestrada por unos yakuzas que huye con el prota, y a los propios yakuzas. Cada personaje, como en los mangas y animes, está perfectamente caracterizado. Está el de las gafitas, el de la coleta y el chaleco raro, el pelopincho y barbita, el del traje flipao... Tanto los que huyen como los perseguidores son a su vez atacados por zombis, aunque nunca se nombre esta palabra, y cada vez que un personaje muere, vuelve a la vida como monstruo. La película da el giro y convierte todo esto es un ciclo sin fin, donde los personajes son a su vez reencarnaciones de otros personajes condenados a pelear por hacerse con el poder del portal 444. Y luego está el final. Madre mía el final.


Todo el mundo sabe que si sujetas la pistola de lao aumenta la puntería en +1000

El estilo y la realización de Kitamura es videoclipero total, moviendo la cámara todo el rato y sin dar descanso al espectador en ningún momento. El tío sube el volumen al once y se mantiene ahí durante toda la película. En menos de cinco minutos ya te ha hecho dos paneos de 360º a lo Michael Bay presentando personajes, varios POV, un zoom italiano, picados y contrapicados, grandes angulares... Y lo que hace lo hace bien, pero es que no para quieto. Y son más de dos horas de una película de guerrilla que tuvo un presupuesto ínfimo, que si te dicen que fue tres euros y un cacahuete te lo crees. Es lo que genera extrañeza en Versus, ese estilo tan de blockbuster en una peli de guerrilla.

Tanto Audition como Versus son una buena forma de recordar y/o adentrarse en esos comienzos de siglo en los que el cine japonés pegó fortísimo. Ya sean agujas o katanas, sobrevivir a los noventa en Japón tuvo que ser realmente duro. Miike y Kitamura ofrecen, cada uno a su manera, un manual de supervivencia que en la actualidad hoy está más vigente que nunca. No conviene refugiarse en el pasado y la nostalgia, pero huir de la molicie placentera del algoritmo revisitando el cine japonés sienta de puta madre, al menos mientras James Cameron no entregue las armas y pida perdón.




'Cure' (1997) y 'Black Angel' (1997): la década perdida en Japón

Cure (1997) es una película escrita y dirigida por Kiyoshi Kurosawa. Ya he hablado en alguna ocasión en este blog de nuestro pana Kiyoshi. Por no repetirme: de los directores de la nueva ola japonesa de los ochenta, es sin duda el que mejor sabe dirigir y componer planos, además de tener un discurso bastante interesante, aunque a veces como espectador este se te escape de entre los dedos.

Cure es un thriller, ¿recordáis los noventa?: Sev7n (1995), El silencio de los corderos (1991) y demás obras derivadas. Cuando en Japón tratan de copiar/adaptar una moda extranjera siempre les acaba saliendo algo raro, como que no acaban de comprender todos los códigos. A esa extrañeza como espectadores occidentales hay que añadirle, en el caso de Cure, la visión tan particular de Kurosawa.

La película narra unos misteriosos asesinatos que son investigados por el detective Takabe. Las víctimas tienen una equis marcada, aunque los asesinatos hayan sido cometidos por diferentes personas sin relación entre sí. Takabe sospecha que puede haber alguien detrás utilizando el poder de la hipnosis para obligar a personas inocentes a cometer crueles asesinatos. La sinopsis, así de primeras, suena a serie procedimental de Netflix. Pero es que hay mucha más chicha. Mamiya, el desconocido que va por ahí hipnotizando personas y haciendo que cometan asesinatos es una especie de receptáculo del mal. Un mal que está emparentado con la literatura de, entre otros, Algernon Blackwood. El mal es una fuerza de la naturaleza, como un tornado o una tormenta, y como tal no existe una intencionalidad detrás salvo la de ser. El villano no es un psicópata que disfruta de lo que hace, simplemente es el recipiente de este mal. Una idea, la de recipiente del mal, importante y con implicaciones, ya que el mal es viral, se contagia, se transmite. Es esta idea, la de viralidad, un tropo común en la época, como sucede con Ringu (1998), Ju-on (2000) y Kairo (2001), donde otra vez Kurosawa vuelve a esta idea de mal como virus. Otra idea importante detrás de Cure es la de la identidad. ¿Quiénes somos en realidad? Mamiya siempre pregunta a sus víctimas quiénes son. Es el hilo del que tira para llegar a lo hondo del ser, trasladando el mensaje de que todos somos capaces de todo, sin excepción.

Oportunidad para invertir vista en Tecnocasa

En el apartado técnico Kurosawa demuestra ser un director sobresaliente. Cure tiene una fotografía de colores desaturados, gris, que acompaña a los paisajes decadentes y posindustriales tan característicos de otras obras de Kurosawa. Como también característico es el sonido —por dios, la puta lavadora—, donde lejos de usar música, no dejamos de oír ruidos, zumbidos eléctricos o el goteo del agua. Luego está el uso de planos generales y planos secuencia, con los que Kurosawa se saca la chorra. Esa cosa tan del director de presentar a los personajes a quince metros, sin acercarse, rodeándolos de un espacio vacío, muchas veces sucio y decadente. Contribuye a esa sensación de vacío, al ver a los personajes solos, aislados en esos escenarios tan grises y deprimentes. A la vez también son planos llenos de dinamismo en muchas ocasiones, donde los personajes se mueven y la cámara les sigue de manera natural, ocurriendo muchas cosas a la vez.

Black Angel (1997) es una película escrita y dirigida por Takashi Ishii. Ishii es algo más mayor que Kurosawa, aunque también se curtió en el mundillo de los directos a vídeo de los ochenta. Ha dirigido, como no podía ser de otra manera, muchos pinku eiga y algún que otro thriller, como esta Black Angel. Además de guionista y director también es mangaka, condición que influirá en su dirección.

La película cuenta la historia de venganza de Ikko, que cuando tiene seis años ve asesinar a sus padres. Su padre, por cierto, es un jefe de la yakuza. Ikko es puesta a salvo por uno de los subordinados de su padre, que antes de morir la entrega en custodia a Black Angel, una asesina a sueldo de su padre, que a su vez la manda a EEUU para alejarla de los asesinos que la persiguen. Catorce años después, cuando Ikko tiene veinte años, regresa a Japón para vengarse del asesinato de sus padres adoptando el nombre de su salvadora, Black Angel.

Black Angel es un thriller de acción de bajo presupuesto. Si con respecto a Cure decía que a veces los japoneses intentan adaptar obras occidentales y el resultado final es raro, Black Angel es buena muestra de ello. Ya existía desde los sesenta toda una corriente dentro del cine de acción japonés con mujeres como protagonistas, muchas veces persiguiendo una venganza. Sin embargo, Ishii más que beber de ese subgénero de su país está influenciado por Luc Besson y su Nikita (1990). Es en ese sentido en el que Black Angel consigue generar cierta sensación de extrañeza en el espectador occidental.

Azul que te quiero azul

Con Cure y Kurosawa teníamos la de cal, Black Angel e Ishii es la de arena. Si Kurosawa es de planos generales, Ishii opta por planos medios y primeros planos. Los mismo ocurre con la fotografía, que en la película de Ishii es muy contrastada, casi parece un manga, muy saturada y que en muchas ocasiones vira hacia el azul. Compone planos como quien dibuja una viñeta, con unos negros profundos muy chulos. Entre eso y el uso de la lluvia, Ishii le da un toque de cine negro a la película. Si encima tenemos en cuenta el Tokyo que nos presenta, casi estaríamos ante una película cyberpunk con sus callejones sucios, hoteles baratos, discotecas y luces de neón. Y aunque cualquiera palidece ante el talento de Kurosawa, e Ishii ni se le acerca, también tiene sus recursos. De mis planos favoritos de la peli está el de un personaje sentado en la parte trasera de un coche, en primer plano y hablando por el móvil, mientras desde la ventanilla abierta del coche y fuera de foco ocurre la escena de una ejecución. 

Cuando recibes una llamada de spam en mitad de la siesta

Adentrarse en el cine japonés es como caer dentro de la madriguera del conejo en Alicia en el País de las Maravillas: un viaje a otro mundo. Tanto Cure como Black Angel son buenas candidatas para iniciar ese viaje si es que todavía no conoces este otro lado, pero como siempre, ten cuidado, porque es fácil entrar pero lo de salir ya es otro cantar. Si el cine italiano ya es un pozo sin fondo, sobre todo el de los setenta, el cine japonés tampoco se queda atrás. Cure y Black Angel son, cada una a su manera, una visión de esa década perdida en Japón que en occidente empezamos a comprender mejor después de la crisis de 2008. La búsqueda del mal y la búsqueda de venganza tienen lugar en los mismos escenarios deprimidos, unos vacíos y otros llenos de gente, pero en ambos se ve reflejada la soledad y el aislamiento.

Heroiz jantzitako iruzurgileen
atzetik doaz sinetsita
Baina aspaldi ito zen halleluja ederren
abestu zuen eztarria

Hegaka galduta
erabat nahastuta

'Kinki' (2025) de Koji Shiraishi: Kinki, la Murcia japonesa

Kinki, también conocida por el título en inglés de About a Place in the Kinki Region, es la última película del japonés loco Koji Shiraishi. Para lo prolífico que es Shiraishi —no es raro que estrene cuatro cinco películas en un año—, es la única película que ha entregado este 2025. Como no podía ser menos en su caso, se trata de una película de terror, género al que está consagrado desde los inicios de su carrera. La diferencia está en que Shiraishi abandona el cine de guerrilla: Kinki no es un falso documental al uso. Hay que decir que aunque Shiraishi dirija y escriba el guion, la película adapta una novela, que llegará el año que viene a España en una traducción al inglés. 

En Kinki no hay un señor dando collejas a sus subordinados, pero sí entidades de otra dimensión de las que le gustan a Shiraishi. Adapta la novela de debut de Sesuji, que pidió a Koji Shiraishi que la llevara al cine. Por eso hay un estilo y unos temas en los que es fácil reconocer al director, pero el tono es distinto. A falta de que llegue la traducción de la novela de Sosuji para poder comparar, nos tendremos que conformar con esta adapatación de Shiraishi.

La película narra la búsqueda de Yusei y Chihiro del editor jefe de una revista sobre lo paranormal. Para ello se tendrán que adentrar en la investigación que estaba llevando a cabo el editor jefe: viejos VHS, leyendas urbanas, entrevistas de televisión, la última transmisión de un streamer, una secta, suicidios... Todos estos fragmentos de la investigación son las piezas de un puzle que los llevará a la región japonesa de Kinki la Murcia de Japón. Algo sucede en esa parte del país que se expande a lo maldición de Ringu cual virus.

Los SMS, el WhatsApp de los Millenials

En Kinki Shiraishi combina una narración cinematográfica más clásica con elementos de falso documental intercalados. Desde piezas periodísticas de televisión a vídeos de internet y viejas cintas de VHS serán las pistas que seguirán los protagonistas de Kinki para resolver el misterio que plantea la película: ¿qué pasa en la región de Kinki y dónde está el editor jefe? Para ello Shiraishi despliega un estilo bastante cuidado, con una fotografía tirando a sepia en interiores y con filtro de difusión, con las partes que forman parten del falso documental, más propias del cine de guerrilla al que nos tiene acostumbrados. Hay de todo ahí, desde vídeo blogs, a vídeos virales, segmentos de programas de televisión, cintas caseras familiares... La buena noticia es que la mezcla de diferentes estilos visuales funciona muy bien. Si has echado de menos el grano y los glitches de las cintas de vídeo de los noventa, en Kinki Shiraishi sirve una buena ración de ellos. La parte menos brillante de la película es que como buena narración japonesa —a falta de leer la novela—, cae en repeticiones innecesarias, con ese gusto por sobreexplicar las cosas.

Me pareció ver un lindo gatito

Kinki, bastante más experimental y posmo de lo que que parece a primera vista, es una buena película para adentrarse en el cine de terror de Koji Shiraishi. Además, ha prometido segunda parte, que conociéndole, pueden llegar nueve secuelas más. ¿Quizás un crossover con Kudo y su equipo de investigación? Que nunca nos falte Koji.



 

J-Horror: VOLUMEN IV

Kidan Piece of Darkness (2016) es una película antológica basada en unos libros sobre historias de fantasmas. Por ahí están Koji Shiraishi y Mari Asato. Las distintas historias que componen la película son independientes unas de otras y siguen diferentes planteamientos narrativos: a veces existe un planteamiento previo, otras no, lo mismo sucede con nudo y desenlace. Al ser breves, de no más de diez minutos, algunos segmentos se quedan cortos y otros demasiado largos. Lo único irritante, sobre todo al principio, es la voz en off que introduce cada historia con el "recibí una carta donde contaban esta historia". En los primeros segmentos la voz está muy presente sobreexplicando la trama de manera innecesaria. 

Como suele ser habitual en este tipo de películas, hay segmentos mejores y peores. Casi todos son de temática sobrenatural y recogen alguna leyenda urbana japonesa y/o universal. Está el hombre sombra, la chica de la curva... O unos niños jugando en un cementerio.

La voz en off y la más que correcta producción, más de lo que suele ser habitual en este tipo de productos, le dan una unidad a la película.


Rin of Curse (2011) es una película dirigida por la japonesa Mari Asato. La historia gira sobre una colegiala que usa la escritura como manera de matar a sus compañeros de clase. Un poco como en Death Note, esta habilidad se basa en maldecir las palabras que escribe. Es tan potente que cualquiera que lea o vea su escrito, muere. En principio se nos presenta como una víctima de bullying, pero pronto descubriremos que las cosas no son lo que parece. Será una compañera suya, Yuka, la que descubra lo que hay detrás de tantas muertes.

La película, además de Death Note, también está influida por Ringu y esa idea de maldición que se expande como un virus. Algo también presente en It Follows (2014), la peli de Robert Mitchell. A veces la mejor manera de evitar la maldición es pasársela a otra persona.

Otra parte interesante de la película es la narración dentro de otra narración, con escena poscréditos incluida. Juega la carta meta de "esto es una ficción pero no". Además, como Kidan Piece of Darkness, la película luce bastante bien.


Kakari aka Possesed (2022) es una película dirigida por HiRoKi. No he encontrado casi nada de información sobre este director/a.

Juega la carta de Ring of Curse de narración dentro de otra narración, pero rizando un poco más el rizo. El prota es una especie de médium con poderes para ver el mundo sobrenatural que va a grabar un programa de lo oculto a un balneario abandonado. Mientras el reportero/presentador le va haciendo preguntas, se intercalan imágenes del canal de Youtube del prota. Por último, cuando le preguntan cómo consiguió sus poderes, empieza una película diferente que narra cuando era adolescente e hizo una excursión a una isla. No tiene nada que ver con lo habíamos visto hasta entonces, con esa cámara en mano simulando un documental. Y esta parte es donde empieza la mandanga de verdad. Por último, después de conocer esa historia de origen, se resuelve el asunto de la visita al balneario abandonado. 

Kakari es una película no muy conocida pero a la que se puede acceder gratis en Youtube con subtítulos en inglés. Y dura poco más de setenta minutos.









J-Horror: VOLUMEN III

Tales of Terror: Haunted Apartment (2005) es una película dirigida por Akio Yoshida. Además, no es de las que hay que perdonarle muchas cosas, ya que es una producción más que correcta a nivel formal.

Aimi es una joven adolescente que se muda con su padre a un nuevo apartamento. Su madre murió en un accidente de coche hace dos años y desde entonces todo ha ido a peor para ella: han perdido la casa y su padre se ha convertido en alcohólico. El nuevo edificio al que se mudan ha conocido mejores épocas y sus vecinos parecen ser gente extraña. Pronto descubren las reglas (como en Ringu) que les tocará seguir si quieren sobrevivir. Porque sí, el edificio está maldito (hola Ju on). Ai, una joven adolescente como Aimi, murió hace años. Era tal sus sentimiento hacia ese edificio que se quedó a vivir allí e invitó a otros espíritus. Sólo te deja mudarte del edificio cuando otros inquilinos se mudan. Y tienes toque de queda: a las 12 en casa o Ai te mata. Claro, esto conlleva una serie de problemas prácticos que aborda la película: no puedes ir a la universidad a otra ciudad, ni salir tarde del trabajo, ni aceptar una promoción que conlleve traslado a otra ciudad, ni ponerte malo y acudir al hospital. Pero el punto fuerte es la parte dramática (Dark Water), que va ganando terreno conforme avanza la trama. Tales of Terror: Haunted Apartment es una pequeña joyita con un par de giritos muy bien llevados.


Vanished: Age 7 (2011), también conocida como Vanished Girl in the Woods es una película dirigida por Ryuta Miyake. Miyake es responsable de una de las mejores películas de la saga Ju-on, Ju-on: White Ghost.

El segundo título por el que es conocida la película, la de Chica desaparecida en el bosque, es el que más se ajusta a lo que de verdad sucede. Y es mejor no leer ninguna sinopsis, porque la película juega a despistar y lo que se puede leer en la red sobre la película sólo ayuda a confundirnos más. Vanished: Age 7 es bastante tramposilla, con escenas que son un sueño o una alucinación de alguno de los personajes y con un desorden cronológico de la trama que nunca acaba de quedar del todo claro para el espectador.

La película narra la desaparición de una niña de 7 años en un bosque a la vez que se producen otras desapariciones de adolescentes en el mismo bosque. Todas sin aparente conexión entre sí, o eso es lo que parece.

Vanished: Age 7 no es una película a la que haya que perdonar muchas cosas, como sucede con otras (muchas) en el J-Horror, aunque los trucos para generar y mantener el desconcierto pueden irritar un poco.


Premonition (2004) es una película dirigida por Norio Tsuruta, con amplia experiencia en esto del terror. Suyas son Ringu 0 (2000), Dark Tales of Japon (2004) y Tales of Horror from Tokio (2003), por citar alguna de las "conocidas".

Como en Al final de la escalera (1980), el protagonista pierde a su hija cuando aparca el coche un momento para hacer una llamada telefónica desde una cabina. Mientras está haciendo esa llamada, aparece la hoja de un periódico anunciando la muerte de su hija. Algo que sucede unos minutos después. Luego no hay ni rastro de ese pliegue. Años después, es un profesor nada respetado en un instituto de secundaria, mientras que su ya exmujer se dedica a experimentos paranormales, entre los que están la precognición. Así es como vuelven a entrar en contacto para investigar eso que en la película llaman Horrible News.

La película tiene ecos de El efecto mariposa (2004), aquella película sobre viajes al pasado para cambiar cosas que siempre tenía consecuencias en el nuevo presente. Aunque estas similitudes acaban enseguida, ya que el planteamiento está hecho desde el sobrenatural japonés y no sobre la ciencia ficción. Porque también tiene pizcas de Destino final (2000), esa muerte cabrona que siempre tiene un plan.

¿Qué no haría un padre por salvar a su hija? ¿Y las consecuencias? Pues eso, película predecible de las ve venir de lejos pero que tiene polaroids que capturan la muerte, cintas de vídeo extrañas y periódicos del futuro. A mí me vale.


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J-Horror: VOLUMEN II

La tienda maldita (2004) o Cursed es una película dirigida por Yoshihiro Hoshino. Como muchas de las películas de J-Horror, esta es una de las directas a vídeo. Vamos, que no hay que esperar muchas cosas a nivel formal. La banda sonora, cuando hace acto de presencia, es como de peli de sobremesa de Antena 3. Pero pianillos aparte, la cinta tiene otros valores.

La película sigue la vida de Sao, una joven que trabaja como dependienta en una tienda 24h. Lo que sucede es que la tienda, como no esconde el título en castellano, está maldita. Además los dueños, el matrimonio Kimura, están como maracas. Todo cliente que tiene la desgracia de hacer una parada se lleva una maldición para casa. Está la mujer perseguida por un tipo con una maza y la cara vendada, la Sadako que sale de una nevera que es como la Tardis por dentro, el que va a los baños públicos y acaba con la cabeza rota... Y siempre, siempre, está el detalle de la caja registradora: siempre hace como un ruidito y marca cantidades como 666, 699, 999 o 44.444 (número de la mala suerte japonés). Y con la maldición para casa que te vas. 

No es un peliculón ni mucho menos, hay que perdonarle cositas, pero tiene algo que fascina y engancha. Es un poco como la Phantasm de Coscarelli, que debería no gustarte pero que cuando compras te da una alegría. El Aldi de mi barrio en Mánchester es tan sórdido como esta konbini, pero eso ya es otra historia.


Gate to Another World: Street View (2011) está dirigida por Soichiro Koga, un director con larga trayectoria en los directos a vídeo. Dicho lo cual y al igual que La tienda maldita, no hay que pedirle peras al olmo. Especialmente irritantes son los pianillos de la banda sonora.

La película narra una historia con tistes de creepypasta. Shimizu es una joven universitaria que vive con su madre, su abuelo y su hermana pequeña. Un día ésta desaparece y la única pista es una imagen del Street View abierta en su ordenador. Es la foto de una casa con una misteriosa figura en la puerta. Una figura que parece estar viva porque se mueve. Con ayuda de una amiga y de Wanabe, el joven friqui experto en lo oculto. Lo que Shimizu descubre es que hay otra realidad alternativa y el Street View a veces muestra una ventana a ese mundo. Pero claro, eso funciona en las dos direcciones: puedes asomarte a esa realidad pero también puedes ser vista. Lo cual, obviamente, nunca es buena cosa. La película tiene una cocción lenta que no se hace pesada, sobre todo por lo poco más de hora y diez de duración. El final es desolador. 


Occult Bolshevism (2018) es una película de Hiroshi Takahashi. Tiene otra peli, The Sylvian Experiments (2011), que también mola mucho. De las tres películas de las que hablo en esta entrada Occult Bolshevism es la mejor. Otra película pequeñita pero muy aparente. En poco más de setenta minutos Takahashi resuelve muy bien la papeleta.

Un grupo de personajes se reúnen para contar sus experiencias paranormales. El objetivo, se nos dice, es demostrar la existencia del más allá. El para qué, se nos revelará al final. Por si no queda claro con el título, la historia se sitúa en un Japón alternativo conquistado por la URSS. Es gracioso cuando para animarse, los personajes se ponen a cantar juntos el himno de la URSS. La casi única localización de la película, exhibe los retratos de Stalin y Mao. Nunca se explica cuál ha sido el giro histórico que ha convertido a Japón en un protectorado soviético, y casi que mejor, porque así va directa al grano.

Si ya es curioso ver a japoneses soviéticos, el rollo de científicos experimentando con lo oculto le añade un extra al misterio de la película. Además, Takahashi es todo un teórico (y profesor) de cine, se puede encontrar mucho subtexto en Occult Bolshevism. O se puede disfrutar como peli de terror.

¿QUIERE SABER MÁS? 




J-Horror: VOLUMEN I

¿Qué es el J-Horror?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es el J-Horror? ¿Y tú me lo preguntas?
J-Horror... eres tú


El J-Horror o nuevo cine de terror japonés ha evidenciado ser una etiqueta en la que cabe de todo. Incluso se ha aplicado el término a películas de otras nacionalidades. Shutter (2004) es una película tailandesa, pero también aparece en muchas listas de J-Horror. Sólo la pujante industria cinematográfica coreana parece reclamar para sí su propio cajón de sastre.

Habría que delimitar el término para no llevarse a equívocos y separar el grano de la paja. Ha existido cine de temática fantástica y de terror en Japón desde 1945. Uno de los subgéneros más cultivados en esas primeras décadas después de la II Guerra Mundial fue el kaiju, películas con un monstruo como amenaza principal. La más famosa y que ha traspasado fronteras es Godzilla (1954) y sus incontables iteraciones. El otro subgénero popular en esas décadas es el kaidan, películas de fantasmas tradicionales ambientadas en el pasado. De las famosas tenemos Onibaba (1964) y El más allá (1965). Luego existen cosas raras como Housu (1977) o mezclas de distintos géneros como Naked Blood (1995), pero que si bien tienen elementos de terror, no son J-Horror. Así pues, ¿qué es el J-Horror?

Lo primero que tenemos que saber sobre el J-Horror es que es una etiqueta occidental que se usa para referirse a las películas de terror japonesas y que comienza a usarse tras el éxito internacional de Ringu (1998). Alguna de las características de esta nueva corriente cinematográfica es que están ambientados en la actualidad, generalmente mostrando algún tipo de conflicto o drama, en el que suelen aparecer retratadas familias desestructuradas y/o temas como la soledad, el aislamiento y la incomunicación (hola Kairo). Por tanto, un kaidan ambientado en el periodo Edo no es J-Horror. La otra característica, cuasi definitoria del género, es el aspecto sobrenatural, sustentado en la cultura tradicional y folclore nipones. Audition (1999), la película de Miike que adapta la novela del Murakami bueno, no es J-Horror


Con estas breves pinceladas sobre lo que considero J-Horror y sin afán ninguno por pontificar, paso a hablar de algunas películas que me han gustado y que considero que merecen la pena.


Hikiko's Tragedy (2013), como es conocida en su edición en inglés, es una película dirigida por Hisatake Kikkawa. Amumo 98 es la productora detrás de la película. Especializada en la producción de películas de muy bajo presupuesto, casi cine de guerrillas, en esta película hay valores de producción que sin ser una locura, se elevan un poco sobre la media. No hay que olvidar que Omumo 98 es café para los más cafeteros.

Hikiko's Tragedy está rodada como un falso documental y sigue los pasos de un equipo de investigaciones paranormales. Hay un doble girito metanarrativo: el metraje que vemos no es sólo el de este falso programa, si no el de otro cámara, el becario, que graba al equipo para las tomas extras de una supuesta edición en DVD. Es así como descubrimos la fabricación del mito de Hikiko, el espíritu que se venga de los que han abusado de ella en el instituto despellejándolos vivos. No tienen escrúpulo ninguno, ante la falta de evidencias, en inventarse la historia de Hikiko. Es muy interesante el ejercicio sobre cómo la película conecta redes sociales, la retransmisión en streaming del programa, con la creación de una nueva leyenda urbana. Cuando empiezan a aparecer cadáveres de hombres despellejados, el director del programa intenta desvincularse de lo que han creado, pero ya es tarde. La película se vuelve un poco loca al final, con mucho personaje corriendo como pollo sin cabeza, pero no desmerece el viaje. Lo que podía ser una película llena de clichés, que los hay, con la idol presentadora haciendo cosas de idol presentadora, se convierte en una propuesta muy interesante y algo distinta a lo que estamos habituados.


Ura Horror (2008) es una película antológica dirigida por Yohei Fukuda y Koji Shiraishi, ambos directores de guerrilla. El más conocido es Shiraishi, que demuestra una vez más que lo del metraje encontrado es lo que mejor se le da, repitiendo lugares comunes de su cinematografía como esa especie de hilos negros que salen por la boca de uno de los personajes y que representan un espíritu maligno. Ura Horror está en la línea de las más que recomendables Noroi (2005), Occult (2009), A Record of Sweet Murder (2014) y su larguísima saga Senritsu Kaiki File Kowasugi! (2012-2023).

Ura Horror es una peli de segmentos que siguen una misma estructura narrativa: un señor o señora con la cara pixelada y la voz distorsionada presentan una cinta de un programa de televisión que no llegó a ser emitido o que se perdió porque tuvo lugar un suceso sobrenatural. Está la idol que presenta un programa de lo oculto que se va a buscar un santuario maldito al bosque, el doblador de cucharas en una escuela al que el truco le sale demasiado bien, el señor que imprime pensamientos en fotografías instantáneas, la médium que realiza un exorcismo a una niña... Todo segmentos breves, a veces incluso muy breves, con sus zooms a la nada, las repeticiones de escenas a cámara lenta y los cartelitos avisándonos de que lo que vamos a ver a continuación podría dañar nuestra salud física y mental. Koji jefazo.


The Vanished (2006) es una película dirigida por Makoto Tanaka. Con aires de thriller, poco a poco se va adentrando en lo sobrenatural. El prota es un reportero de una revista sensacionalista que investiga la aparición del cadáver de un niño ahogado. Mientras está en la sala de autopsias recabando información del médico, el niño se despierta y desaparece. La pista sobre este niño le lleva a una aldea casi abandonada del Japón profundo y a desentrañar el suceso que la traumatizó muchos años atrás, cuando treinta niños desaparecieron en el bosque sin dejar rastro. O al menos eso parece, porque algunos de esos niños vuelven a casa y piden a sus padres que les dejen entrar en casa. ¿Qué son y qué quieren? ¿Por qué no envejecen? El tema de los niños cambiados por las hadas nos suena en Occidente, pero en The Vanished le dan su toquecito nipón. Más allá del tema, la trama se toma su tiempo para avanzar y crear una atmósfera, que con la fotografía de tonos otoñales, impregna la película de un aire nostálgico y melancólico: la historia de la tragedia que golpea a un pequeño pueblo y a sus habitantes. De las tres películas de las que he hablado, esta es la que exige un poquito más del espectador, pero si entras en la propuesta el viaje merece la pena.


El J-Horror es un mundo donde abunda la purria y donde es difícil encontrar películas que merezcan la pena más allá de los títulos archiconocidos. Hay vida después de Ringu (1998), Dark Water (2002) y Ju-on: The Curse (2000). Sirva esta entrada para desbrozar un poco ese bosque.