Audition (1999) es una película dirigida por Takashi Miike basada en la novela de Ryu Murakami. Además es junto a Ichi de Killer (2001) una de las películas más conocidas del autor. Quizá por esto Audition también es de las películas que tras Ringu (1998) más vemos metida en el saco del J-horror. Por aquí me explayo un poco más sobre el tema, pero no, Audition no es J-horror. Y no lo es porque el J-horror esté especialmente codificado, pero no cumple con algo tan básico como el de tener elementos sobrenaturales. 

La película, basada en la novela del Murakami bueno, narra la historia de un señoro japonés viudo que se quiere volver a casar. Para eso cuenta con otro señoro amigo suyo, cuya profesión como productor le permite organizar un casting de actrices, el cual es la excusa para seleccionar a su próxima mujer. El casting es su catálogo de mujeres. Ahí es donde conoce a Asami, su elección como futura esposa. Después de una breve relación, desaparece de su vida.


Al igual que en la novela, Audition consta de dos partes bien diferenciadas. Una realista, casi costumbrista, que describe la vida de este viudo, con su trabajo, su hijo adolescente, la empleada del hogar que se ocupa de las tareas de casa porque claro, él es un hombre, y su obsesión creciente por Asami. En la otra parte nos adentramos en el surrealismo y el gore, con la mente de Aoyama, el viudo, intentando escapar del dolor que le causan las torturas de Asami, que ha reaparecido en su vida. También, en ese viaje hasta el momento actual, descubre el pasado bastante oscuro de Asami.


Ábalos pensando en lo que viene después del café, la copa y el puro

Si en cuanto a tono la narración cambia completamente y podemos distinguir sus dos partes, lo mismo sucede con la realización. Miike pasa de esa cierta sobriedad costumbrista al dirigir, a introducir otro tipo de planos, poniendo la cámara en otros sitios y con otros ángulos, variando de una fotografía natural a otra más artística, y casi sin darnos cuenta, llegamos a ese final donde lo real se confunde con los recuerdos y los sueños. Del ritmo pausado pasamos a otro más frenético que acaba en el clímax de la tortura de Aoyama a manos de Asami. Muchas veces Miike usa el recurso de la cámara fija y mantener el plano. Aunque lo más destacado es cómo rompe con la lógica de la realidad, casi como si fuera una de las películas surrealistas de Buñuel. Porque lo frenético no está en la dirección, sino en la historia que cuenta, cuya resolución se precipita.

Cuando te hacen ghosting en Tinder pero no lo asumes

Se suele catalogar a Audition colgándole etiquetas como la de precursora del torture porn, haciendo pensar de ella cosas como que es muy bestia o muy bruta. La verdad es que no lo es. Entiendo que todo esto viene del mundo anglosajón, más concretamente de EEUU, y de ese puritanismo tontorrón que de todo se asusta. No he visto las más de cien películas que ha rodado Miike, pero sí unas pocas, y me atrevería a decir sin miedo a equivocarme que esta Audition es de las más accesibles. En cuanto a la parte más gore, la del final, mucha de esa violencia está fuera de plano. Miike te pone la cámara en un sitio y no la mueve, pero no te muestra. Lo incómodo es que te aguanta el plano, y aunque no veas nada, sí escuchas e intuyes lo que está haciendo Asami con Aoyama, cómo lo está torturando. O te aleja la cámara y ahí sí te muestra, pero desde más lejos. En cualquier caso, en cuanto a niveles de gore no se acerca a la primera Saw ni de lejos. O a una de zombis de Fulci, ya que nos ponemos —agujas en los ojos siempre es bien—.

Versus (2000) es una película de acción y zombis dirigida por Ryuhei Kitamura y coescrita por Kitamura y Yamaguchi. Versus es una de esas películas que nos llegaban a los que fuimos adolescentes a principios de los dos mil mezcladas con otras más conocidas, como Ringu (1998) o el caso de la anteriormente mencionada Audition (1999). Alguien te pasaba un cedé o pillabas zapeando en la tele películas como Versus (2000), Ichi the Killer (2001) o Battle Royale (2000) y literalmente flipabas. 

Aunque Miike no le saca ni diez años a Kitamura —uno nació en 1960 y otro en 1969—, se nota que son de distintas generaciones y tienen diferente formación e intereses. Pueden compartir algunos referentes, como el manga y el anime, que son parte de la cultura popular japonesa, o el cine de acción y artes marciales, pero la manera de dirigir es completamente distinta. Miike se curtió en el mundo de los directos a vídeo mientras Kitamura estudiaba cine en Australia y tiene más vocación internacional. Es similar a lo que sucede entre los escritores Ruy Murakami y Haruki Murakami, que parece que vienen de mundos similares y comparten los mismos referentes pero no. En este sentido, Kitamura es como ese amigo del instituto que se había pasado Resident Evil siete veces y que después de ver Matrix se compró una chupa y unas gafas de sol como Neo. Vamos, un flipao.

Porque matar zombis no está reñido con el estilo

En Versus Kitamura mezcla zombis con yakuzas y katanas en una especie de rave espídica que no da tregua durante las más de dos horas que dura la película. En los primeros veinte segundos de peli unos carteles ya nos arrojan la información de que existen unos portales en la Tierra y que el número 444 está en el Bosque de la Resurreción, en Japón, que es donde transcurre Versus. Tenemos al prota, que es un prisionero fugado, a la chica, secuestrada por unos yakuzas que huye con el prota, y a los propios yakuzas. Cada personaje, como en los mangas y animes, está perfectamente caracterizado. Está el de las gafitas, el de la coleta y el chaleco raro, el pelopincho y barbita, el del traje flipao... Tanto los que huyen como los perseguidores son a su vez atacados por zombis, aunque nunca se nombre esta palabra, y cada vez que un personaje muere, vuelve a la vida como monstruo. La película da el giro y convierte todo esto es un ciclo sin fin, donde los personajes son a su vez reencarnaciones de otros personajes condenados a pelear por hacerse con el poder del portal 444. Y luego está el final. Madre mía el final.


Todo el mundo sabe que si sujetas la pistola de lao aumenta la puntería en +1000

El estilo y la realización de Kitamura es videoclipero total, moviendo la cámara todo el rato y sin dar descanso al espectador en ningún momento. El tío sube el volumen al once y se mantiene ahí durante toda la película. En menos de cinco minutos ya te ha hecho dos paneos de 360º a lo Michael Bay presentando personajes, varios POV, un zoom italiano, picados y contrapicados, grandes angulares... Y lo que hace lo hace bien, pero es que no para quieto. Y son más de dos horas de una película de guerrilla que tuvo un presupuesto ínfimo, que si te dicen que fue tres euros y un cacahuete te lo crees. Es lo que genera extrañeza en Versus, ese estilo tan de blockbuster en una peli de guerrilla.

Tanto Audition como Versus son una buena forma de recordar y/o adentrarse en esos comienzos de siglo en los que el cine japonés pegó fortísimo. Ya sean agujas o katanas, sobrevivir a los noventa en Japón tuvo que ser realmente duro. Miike y Kitamura ofrecen, cada uno a su manera, un manual de supervivencia que en la actualidad hoy está más vigente que nunca. No conviene refugiarse en el pasado y la nostalgia, pero huir de la molicie placentera del algoritmo revisitando el cine japonés sienta de puta madre, al menos mientras James Cameron no entregue las armas y pida perdón.