Peligro: reacción en cadena (1980) es un thriller conspirativo australiano escrita y dirigida por Ian Barry. Los italianos no eran los únicos que cogían ideas de fuera y las reciclaban dándoles un sabor local, y aunque Peligro: reacción en cadena parece El síndrome de China (1979) versión australiana sin Jack Lemon ni Jane Fonda, no es el caso. Se la suele catalogar de copia y explotación de esa película, aunque la producción del film empezó antes. También se la relaciona con Mad Max (1979), a veces queriendo dar a entender que es una copia de ésta, cuando lo que sucede es que comparten reparto —Mel Gibson aparece haciendo un cameo— y George Miller, director de Mad Max, figura como productor asociado. El cine de explotación australiano es una cosa completamente diferente y Peligro: reacción en cadena es un thriller con todo el sabor de los setenta.

Peligro: reacción en cadena es la historia sobre un accidente nuclear en una remota región de Australia —¿no lo son todas?— que la empresa y el gobierno quieren ocultar. Un empleado quiere dar a conocer la verdad pero es perseguido y cae enfermo debido a la radiación. Por si eso fuera poco, sufre de amnesia. Será atendido, cuidado y ocultado por una pareja, que ignora quién es ese hombre y lo que pretende. En la película hay escenas de acción, con alguna persecución en coche bastante divertida y que debió de llevarse una parte importante del presupuesto. Tiene un ritmo buenísimo, un poco más lento cuando está presentando las piezas de la trama, y más acelerado hacia el final cuando resuelve. Que el personaje que quiere denunciar el accidente nuclear sufra de amnesia es todo un acierto que funciona muy bien de cara a la trama. Generalmente lo de que el espectador sepa más que los personajes suele dar problemas, pero aquí queda perfecto, aumentando la tensión narrativa hasta que todo explota.

Si te gustaron los thrillers setenteros sobre conspiraciones como La amenaza de Andrómeda (1971), El síndrome de China (1979), The Parallax View (1974) y The Crazies (1973) te gustará Peligro: reacción en cadena

Crosstalk (1982) es un techno-thriller dirigido por Mark Egerton y regusto a cyberpunk. Escrita por el propio Egerton junto a Linda Lane y Denid Whitburn, el guion es un batiburrillo de cosas que la asemeja a esos gialli italianos de los setenta, donde nada tiene mucho sentido. Esto fue debido a la caótica producción de la película. De hecho, el propio Egerton entró en la película sustituyendo a Keith Salvat con el rodaje avanzado.

Se comete el error de meter a Crosstalk en el saco del cine de explotación australiano, diciendo que es un cruce entre La ventana indiscreta (1954) de Hitchock y 2001: Una odisea en el espacio (1968) de Kubrick. Y a ver, algo de eso hay, pero la película es bastante más que eso, además de ser muy peculiar. La trama mezcla bastantes temas y no acaba de hilvanarlos completamente. Crosstalk narra la historia de Ed, un genio informático que trabaja en un nuevo ordenador. Cuando este intenta matarlo, acaba confinado en una silla de ruedas y la compañía para la que trabaja lo traslada junto al ordenador a un apartamento, para que siga desarrollando ese proyecto. Hasta aquí, pues bueno, más o menos la película se sigue bien, pero aquí se introduce otro elemento narrativo: la compañía para la que trabaja en el desarrollo de ese ordenador, no está muy interesada en pagarle la patente del invento y trata de asesinarlo. Por si eso fuera poco, Ed sospecha que uno de sus vecinos ha asesinado a su mujer y que el ordenador intenta comunicarse con él. Son tres líneas, la de la inteligencia artificial que intenta cargarse a su creador, la del thriller corporativo que busca asesinar al genio informático y quedarse con su invento, y la del misterioso asesinato en el edificio de apartamentos en el que vive Ed. Ya, para colmo, este último asesino parece que está relacionado con una organización que tiene algo que ver con la compañía para la que trabaja Ed.

Cuando enciendes la lámpara led del Ikea

Más allá del lío narrativo de Crosstalk y su extraño ritmo, también es una película bastante particular en otros aspectos. Es una película muy bien dirigida, lo que la aleja del cine de explotación. Tiene unos planos muy artísticos, en los que se nota que Egerton se gusta. Y también tiene una foto muy peculiar, más de gialli italiano. Es como si la película la hubiera dirigida Argento. Incluso hay algún amago de música electrónica. Crosstalk intenta transmitir esa idea de ciencia ficción que se adentra veinte minutos en el futuro, con esa casa completamente domotizada gracias al ordenador en el que trabaja Ed. Pero no sólo es el argumento, es el diseño de producción y cosas tan peregrinas como los títulos de crédito, para los que se usó la Data 70, un tipo de fuente muy reconocible, hoy retro-futurista pero en aquellos años futurista a secas.

Set-up gamer de los ochenta

Crosstalk no deja de ser una curiosidad nada conocida y poco valorada dentro del cine cyberpunk. Sorprende que con los problemas que tuvo y la reescritura de guion de Egerton y Whitburn, eliminando exteriores y otras escenas para reducir costes, la película llegara a terminar de rodarse. Eso explica el ritmo trastabillado y a veces lento de la película, que alarga escenas por rellenar minutos. También así se entiende un final hasta cierto punto anticlimático, pero también con un tono onírico que le sienta bastante bien a la película. En fin, Crosstalk es una peli raruna, más una curiosidad que otra cosa, por ver un thriller retro-futurista en el que una inteligencia artificial intenta comunicarse con su creador para alertarle de un crimen cometido en el edificio donde vive. Todo con una banda sonora que incluye unos sintes muy setenteros. Nadie pudo imaginar entonces la distopía tan cutre que nos está tocando vivir.