Double Walker es una novela gráfica de folk horror escrita por Michael W. Conrad y dibujada por Noah Bailey. Una pareja de jóvenes estadounidenses, Cullen y Gemma, se van de viaje a las Tierras Altas escocesas. En una excursión, Cullen deja a Gemma, embarazada, para alcanzar la cima de una montaña. Cuando regresa, encontrará su esposa desmayada después de sufrir un aborto. La relación entre ambos comienza a resquebrajarse mientras en el pequeño pueblo en el que se alojan empiezan a aparecer cuerpos descuartizados.
Double Walker es una historia que bebe del folclore celta, del reino de las hadas y de sus interacciones con los humanos. Toca un tema, el de los sustitutos, personas sustituidas por dobles malvados, que no termina de funcionar. Como tampoco termina de funcionar la metáfora sobre el cambio y las relaciones de pareja. A pesar de lo cual, Double Walker es lo suficientemente entretenido para dedicarle una par de horas, además de poder disfrutar del dibujo de Bailey. Siempre es difícil empatizar con los turistas.
Un par de jovencitos confusos estadounidenses, Escocia, hadas y asesinatos. ¿Se puede pedir más?
Ice Cream Man es un tebeo de terror creado por W. Maxwell Prince y dibujado por Martín Morazzo. Se trata de historias cortas auto conclusivas que tienen en común un personaje, el hombre de los helados. Como en la serie de televisión Historias de la cripta y los cómics de EC en los que está basada, el final de las historias suele ser retorcido y poco agradable para sus protagonistas.
El hombre de los helados hace las veces de maestro de ceremonias y secundario. Es una especie de trickster, algo así como un semidios con un sentido del humor bastante retorcido. No es un narrador como el guardián de la cripta, sino que tiene un papel activo y es responsable de lo que pasa. Es un agente del caos aunque sus motivaciones nunca están claras.
Lo bueno de Ice Cream Man es que permite picotear. Sólo he leído el primer tomo, Ice Cream Man Volume 1: Raimbow Sprinkles, pero ninguna de las cuatro historias decepciona. Da para serie antológica de Netflix.
Pocas cosas dan más miedo que los suburbios estadounidenses. Ante la duda, siempre Cornetto.
Alison's Birthday es una película de terror australiana dirigida y escrita por Ian Coughlan. Estrenada en 1981, combina los miedos de principios de los ochenta del satanic panic con el cine de exorcismos y posesiones inaugurado en 1968 con La semilla del diablo de Polanski.
Es fácil seguir el rastro de La profecía (1976) y La centinela (1977) en esta Alison's Birthday. El epítome de todo este cine sería el homenaje de Ti West en La casa del diablo (2009). Y sin embargo, Alison's Birthday tiene su propia personalidad.
La primera escena de la película nos presenta a Alison con dieciséis años realizando un ritual de espiritismo con dos amigas. Como no podría ser de otra manera, sale mal. Contactan con una entidad que posee a una de las amigas de Alison advirtiéndola de que tenga cuidado cuando llegue el diecinueve, matando a la otra amiga en el proceso. La siguiente escena nos presenta a una Alison a punto de cumplir los diecinueve años, trabajando en una tienda de discos y con novio. Es entonces cuando recibe una llamada de su tía Jennifer, que con la excusa de que su tío Dean está enfermo engaña a Alison para que vaya a celebrar su cumpleaños con ellos. Alison, que no ha olvidado lo que pasó en la sesión de espiritismo y que tiene sueños raros donde se ve a sí misma y a un grupo de seguidores realizando lo que parece un encantamiento, empieza a sospechar que nada es lo que parece.
El espíritu que responde 'que si quiero o que si tengo'
La película está dirigida de manera correcta por Ian Coughlan, un director que venía de la televisión. Tiene varios telefilmes en su haber, pero sobre todo dirigió y escribió muchas series de televisión. Esta Alison's Birthday sería su primera y única incursión en el cine. En el reparto, no muy extenso, destaca Joanne Samuel, que había aparecido dos años antes en Mad Max. Todos lo hacen bien, pero a parte de Joanne Samuel, no hay grandes caras conocidas para el público internacional. Con un presupuesto reducido de unos 300.000 dólares australianos, forma parte de ese boom de películas de terror y ciencia ficción que se dio en Australia entre principios de los setenta y finales de los ochenta. Algunas ideas originales, pero sobre todo mucho cine de explotación hecho con cuatro duros. Despertar en el infierno (1971), Night of Fear (1973), Los coches que devoraron París (1974), Summerfield (1977), Patrick (1978), Largo fin de semana (1978), Mad Max (1979), Harlequin (1980), Peligro: reacción en cadena (1980), El superviviente (1981), Angustia a flor de piel (1982) y Alison'sBirthday (1981) son un buen ejemplo de este cine de explotación.
Makinavaja en Australia: la cartera o te pincho
Aunque Alison's Birthday tiene algunos fallos y se la venir desde lejos, en general es una película muy entretenida. Está muy bien llevado el misterio entorno al pasado de Alison, que se va desvelando a lo largo de la historia: Alison es una huérfana que a la muerte de sus padres es adoptada por sus tíos, que se encargan de criarla. También es muy interesante la trama conspiranoica alrededor de Alison: ¿qué quieren de ella? ¿por qué sus tíos se comportan de esa manera tan rara? Y por supuesto, no se puede pasar por alto que Alison's Birthday es una de esas películas que encajan en una etiqueta tan pervertida como la de folk horror. Aquí sí: viejo culto celta druídico contrapuesto al cristianismo.
La Hammer rodando en Australia
Alison's Birthday tiene un comienzo en el que parece que va a derrapar pero se recupera. Cuando Alison regresa a la casa de sus tíos para celebrar su cumpleaños descubre una especie de Stonehenge. Lo cual no deja de ser extraño teniendo en cuenta que es la casa en la que se crio y que ese Stonehenge en miniatura no estaba allí antes. Como la aparición de su bisabuela de 103 años Thorne, de la que Alison no tenía idea de su existencia y que su tía Jennifer justifica con un "pues se te habrá olvidado". Pero lejos de aceptar estas cosas, Alison comienza a desconfiar, y la película remonta. Creo que merece mucho la pena adentrarse en Alison's Birthday y descubrir el misterio que se oculta en ese cumpleaños. Para los interesados, está disponible en Rarelust aquí. No le hagáis mucho caso al póster que aparece porque engaña. Alison's Birthday es como una película de la Hammer ambientada en la Australia de finales de los setenta que mezcla ese gótico clásico con sectas y conspiraciones. A mí lo de los druidas australianos me ha convencido.
La guarida del gusano blanco, estrenada en 1988, es una película escrita y dirigida por el británico Ken Russell. También es probablemente una de sus mejores películas, si no la mejor. También fue un fracaso en taquilla. Adapta la novela de título homónimo de Bram Stoker, que está ambientada en el agro inglés, concretamente en el Peak District. Con esos mimbres parece otra de las películas de Roger Corman, adaptando a Lovecraft o Poe en los cincuenta y sesenta. Protagonizada por Hugh Grant y Peter Capaldi, estos dos no tienen nada que ver con Peter Cushing y Christopher Lee, una de las duplas preferidas y pareja protagonista habitual en muchas películas de Corman. Pero es que la película tampoco guarda semejanza con ninguno de sus clásicos.
En La guarida del gusano blanco Ken Russell da rienda suelta a los elementos que caracterizan a su cine: un humor británico muy bestia y nada sutil, surrealismo y mucho erotismo. Además, a mi modo de ver, es en esta película donde esos elementos están combinados en su justa medida, convirtiendo a La guarida del gusano blanco en una película muy gamberra pero también tremendamente divertida. Quizás una de las más divertidas de la década. Porque el problema con Russell y su cine es que muchas veces no sabe cuando parar. Aquí todo encaja a la perfección.
Definición gráfica de folk horror
En poco más de hora y media de película a Russell le da tiempo de hablar de sacrificios de vírgenes, romanos, cultos paganos, un dios serpiente y vampiros-serpiente que lo mismo te enseñan las tetas que te convierten en uno de ellos. Porque hay tetas y felpudos, que son los ochenta. Pero si algo tiene esta película en abundancia son símbolos fálicos. Basada en una novela bastante mediocre de Stoker, Russell le da una vuelta y convierte el argumento en una historia interesante. En un pequeño pueblo inglés, el arqueólogo Angus Flint haya un cráneo misterioso en las ruinas de un antiguo convento cristiano del tiempo de los romanos. Estas ruinas a su vez se erigen sobre un viejo templo pagano que profesaba su fe a un dios serpiente. Flint se hospeda en un Bed & Breakfast regido por dos hermanas, que sobrellevan el duelo de sus padres desaparecidos en misteriosas circunstancias. Una de ellas, Eve, es la amiga especial de Lord James D'Ampton, el personaje interpretado por Hugh Grant, cuyo linaje es responsable de acabar con la maldición del dios serpiente que pesaba sobre esa tierra. Un argumento que daría, como decía antes, para película de la Hammer, en manos de Russell se convierte en otra cosa.
Russell y la sutilidad
Porque La guarida del gusano blanco, lejos de la aventura de terror clásica, opta por la comedia surreal con un humor bastante cafre. Algunas de sus escenas oníricas, eliminando las partes eróticas, recuerdan a lo que después sería Twin Peaks. Hay muchos puntos que unen estas dos ficciones, pero las separa el hecho de que Russell nunca se toma muy en serio a sí mismo. Quizás de ahí el fracaso en taquilla, porque ese no tomarse muy en serio, si no algo único en la época, sí tiene dosis de autoconsciencia que no se harían populares en la ficción hasta unos años más tarde.
Categoría nueva en Xvideos
Uno de los puntos fuertes de La guarida del gusano blanco son sus dos protagonistas, Peter Capaldi y Hugh Grant. Capaldi haciendo de Capaldi, esto es, de escocés un poco tontorrón pero de noble corazón, como ya le vimos hacer en Local Hero. Y Hugh Grant. ¿Qué decir de él? Alejado de la imagen de galán romántico que sería tan popular en los noventa, Grant interpreta el papel de un antihéroe muy ochentero y se complementa muy bien con el personaje de Capaldi. Tampoco puede faltar la mención a Amanda Donohoe, que interpreta a Lady Sylvia, y que además de enseñar las tetas casi en cada escena, da vida a la villana de esta película, una criatura seductora pero con un gran sentido del humor, porque las mejores líneas de diálogo son suyas.
El arma final
A medio camino entre una película de art house y una película de terror de serie B, La guarida del gusano blanco se aleja de las producciones típicas de terror de la época y del slashers dominante. Además hace gala de un humor británico muy suyo, y tiene ideas locas como encantar serpiertes tocando la gaita. También es buen ejemplo de folk horror, con un rito pagano enfrentado al mundo cristiano. Los efectos especiales digitales, como sucedía con los videojuegos en 3D de los noventa, no han envejecido nada bien. Pero quitando ese detalle y teniendo en cuenta que no es una película apta para todos los públicos, si logras entrar en ella y no tomártela muy en serio es muy divertida. ¿La mejor comedia romántica de Hugh Grant?
Pyewacket es una película de terror canadiense escrita y dirigida por Adam MacDonald y protagonizada por Laurie Holden y Nicole Muñoz. Es el segundo largometraje del director, que antes rodó Backcountry, una película con un oso asesino. Estrenada en 2017, es uno de esos casos de película de bajo presupuesto que hace maravillas con unos recursos muy escasos. Pocas localizaciones, un reparto muy pequeño y con el peso de la película en la relación madre-hija de las dos protagonistas.
En Pyewacket madre e hija sobrellevan como pueden el duelo por la pérdida del marido y padre. Para el personaje de Lauren Holden, la madre, supone lidiar con esta tragedia refugiándose en el alcohol, y para el personaje de Nicole Muñoz, la hija, es su inicio en el mundo del ocultismo y las artes oscuras. La hija, Leah, una adolescente que acaba de perder a su padre, que se lleva mal con su madre y que parece estar bastante perdida en la vida, el ocultismo es una manera de encajar en el instituto a través de un grupo de amigos que forman parte de una tribu urbana. En una de las escenas se puede ver un póster de HIM en su habitación. Es la estética, sobre todo de algunos de sus amigos, la música y las lecturas las que le dan ese sentido de pertenencia en un momento muy complicado de su vida. La madre, a la que no le conocemos más relación que su hija, vive sumida en el dolor y en el alcohol, maltratando psicológicamente a Leah con comentarios hirientes. La manera que tiene de romper con esto y superar la pérdida, es vendiendo la casa y mudándose, para lo cual adquiere una casa en medio de un bosque. Para Leah, que está intentando superar la pérdida del padre y encajar en el instituto, supone una traición y una ruptura de lo que ha sido su vida. En una de sus discusiones con su madre y en un momento de enfado, se escapa al bosque para llevar a cabo un ritual que invoque a una entidad que mate a su madre por ella.
Metida creo que justamente en el saco del folk horror, con su ubicación en una casa en medio del bosque y su ritual pagano, la película se centra, quizás demasiado, en la relación entre la madre y la hija. Algo que se puede entender dado su bajo presupuesto, que tienen que exprimir al máximo. Prácticamente un tercio de la película se dedica a narrarnos este drama maternofilial. Después del ritual llevado a cabo por Leah es cuando comienza lo sobrenatural, aunque todavía sin ver nada. Sólo algunos elementos como ruidos, rastros de hojas y similares. Leah se arrepiente de lo que ha hecho e intenta deshacer el ritual. Que es lo que nos lleva a la tercera y última parte de la película, su desenlace. También es la parte de soltarse la melena, porque hasta ahora la película tenía un ritmo pausado.
No todo son hombres de mimbre en el folk horror
Uno de los recursos que utiliza mucho MacDonald en la película tiene que ver con frustrar las expectativas del espectador. Conoce muy bien los códigos del terror. Si vemos a un protagonista de espaldas a una puerta entornada sabemos que detrás de esa puerta se esconde algo. Si mira a su derecha y no hay nada, se gira a la izquierda y sigue sin haber nada, cuando se vuelva a girar para mirar a su derecha esta vez habrá algo. MacDonald construye este tipo de escenas destinadas a mostrar al monstruo pero nunca lo hace. Nunca hay susto. Estás escuchando la banda sonora, sabes que en cualquier momento va a llegar el subidón que te haga pegar un bote en el sofá, pero te quedas con las ganas. Y mediante este recurso de no recurrir al susto fácil y esperado consigue que la película sea verdaderamente terrorífica en algunos momentos. Tú esperas algo que ya después de un par de veces sabes que el director no te va a dar, pero siempre te queda la duda de si la próxima vez habrá susto o no. Vuelve a ser lo de siempre, no hay presupuesto para enseñar al monstruo, pero MacDonald consigue de esa limitación hacer un punto fuerte de la película. También es verdad que llega a abusar bastante de ello.
En The IT Crowd sabían muy bien lo que daba miedo
Pyewacket es una película pequeña, con carencias, con un ritmo que a veces es pausado y otras lento y con unos diálogos no muy brillantes, pero también tiene otros numerosos aciertos como la relación entre madre e hija, el retrato adolescente y del duelo que hace de ésta una película notable. Partiendo de algo visto mil veces, una cabaña en medio del bosque y la invocación de un espíritu maligno como en la primera Evil Dead, Pyewacket hace una relectura interesante. Quizás te quedas con las ganas de saber un poco más sobre esta entidad que da título a la película. Pero en conjunto, me ha parecido bastante entretenida. Lo que no es poco si tenemos en cuenta que hasta la llegada de Midsommar, si habías visto The Wicker Man, no había mucho donde rascar dentro del folk horror que mereciera la pena sin tener que acudir a clásicos como The Devil Rides Out o Blood on Satan's Claw.
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