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Nihilismo dulce: 'Gideon Falls' y 'Paper Girls' como fantasmas del ayer

Gideon Falls es un cómic creado por Jeff Lemire y Andrea Sorrentino. Por temática, entra dentro del terror, aunque tiene tintes de thriller sobrenatural de los noventa. Lo del terror en el cómic, sobre todo occidental, es todo un tema. En el caso de Gideon Falls sí se puede decir que se ajusta a ese género.

La serie se publicó entre 2018 y 2020 a lo largo de veintisiete números a cargo de Image Comics. Astiberri ha sido la encargada de publicar la obra en castellano en seis tomos. Sorrentino, el dibujante, es uno de los culpables de esa tendencia en el cómic actual a romper con la cuadrícula tradicional de las viñetas. Para Sorrentino, la página es un todo en la que caben todo tipo de formas. Esto es importante si contemplas leer el cómic en tableta o libro electrónico. En lo narrativo, Lemire es bastante posmoderno. Gideon Falls consta al principio de varias narraciones en paralelo, con la analepsis como recurso para narrar el pasado de los protagonistas.

Gideon Falls comienza como un misterio sobrenatural con un toque costumbrista. Pensemos en el primer Stephen King y esas descripciones suyas de pequeñas localidades y pueblos que tan bien conocía. El pequeño pueblo de Gideon Falls es el epicentro de sucesos extraordinarios relacionados con la aparición de un misterioso granero. Crímenes, desapariciones y locura se desatan cuando aparece este granero. Esta primera parte del cómic es la más interesante, con esos toques Twin Peaks y la presentación de algunos habitantes de Gideon Falls. Por no destripar la trama, diré que luego la historia tiende más hacia el thriller de conspiraciones, la ciencia ficción y el horror cósmico. Un batiburrillo que no siempre es igual de interesante.

Paper Girls es un cómic de ciencia ficción creado y escrito por rian K. Vaughan. La serie consta de treinta números que fueron publicados por Image Comics entre 2015 y 2018. En España la publicación ha corrido a cargo de Planeta. También tuvo una adaptación en forma de serie de televisión de la mano de Amazon.

Stranger Things se estrenó en el verano de 2016, un año de Paper Girls. Digo esto porque la trama comienza en 1988. Como decía Mark Fisher cuando aludía a "la lenta cancelación del futuro", la incapacidad de imaginar un futuro nos lleva a reciclar modas pasadas, que se convierten en fantasmas que habitan nuestro presente de una manera cíclica. Incapaces de crear nuevas formas culturales, sólo queda la nostalgia por las formas pasadas. Paper Girls no pegó un pelotazo como la primera temporada de Stranger Things pero es el resultado de la nostalgia, que entonces ya era palbable y hoy es asfixiante.

Paper Girls es la historia de cuatro chicas de 12 años que trabajan como repartidoras de periódicos. Es el año 1988 y KJ, Tiffany, Mac y Erin se ven arrastradas a una guerra entre dos facciones de viajeros en el tiempo. No sólo hay paradojas temporales, sino también clones y un montón de viajes en el tiempo. Los temas que trata son la pérdida de la inocencia —ese hacerse mayor y entrar en la vida adulta—, el conflicto generacional, la idea de predestinación y libre albedrío, la identidad y la propia sexualidad. Y aunque no idealiza los ochenta como Stranger Things —se presentan como homófobos, racistas, machistas, peligrosos en general—,  no deja de escogerlos como punto de partida. Los futuros que se imagina tampoco son mucho mejores, más allá de una distorsión del presente.

En Gideon Falls el tiempo es circular mientras que en Paper Girls el tiempo es lineal, pero en ambos es aterrador. No hay un mañana mejor, que es como decir que no existe el futuro. Lo único que ofrecen es resignación. Resignarse y resistir, desde lo individual, como en Gideon Falls, o desde lo colectivo, como en Paper Girls. Al final va a ser verdad eso del «nihilismo dulce» del que habla Emmanuel Rodríguez como característica de nuestra época. Decía Mariana Enriquez en una entrevista reciente que vivimos en una distopía habitable. Tiene razón.






Boom 2025: Shego, películas yugoslavas y una señora rusa

El punto azul al que llamamos hogar completa otra vuelta elíptica alrededor del sol entre guerras comerciales, genocidios y la amenaza nuclear. Agotamos otro año más de una década a la que se le acumulan los desastres y las malas noticias, y donde lo mejor que podemos decir es que seguimos vivos —sólo algunos—, al menos de momento.

En lo personal 2025 ha sido un año de cambios, el de país y el de vida. ¿Quién me iba a decir a mí que iba a pasar mis treinta viviendo en Mánchester? Mánchester, la Bilbao mal —por mucho que C. se queje de que Bilbao esto y Bilbao lo otro. Vengo del futuro, como la de la lejía—, ha sido mi casa durante más de un lustro. Cambio de vida y cambio de década. Pongo el «4» en el contador de años y la vista en un futuro que parece cada vez más frágil, casi improbable, y con el vértigo de ir agotando vidas y quedar menos pantallas del juego que llamamos vida. De los creadores de «si te gustó el colegio te encantará el trabajo» llega «si te gustó opositar a los veinte lo vas a gozar a los cuarenta». A la espera de la próxima tirada de dados, me veréis silbando por las calles de Salamanca el Always Look on the Bright Side of Life mientras saco alguna fotillo, así que sonreíd, aunque sólo sea por no salir con cara de amargaos en la foto. 

LIBROS


  • La novela que más me ha gustado: El vado de los zorros de Anna Starobinets. Un libro de esos que parecen salidos de ninguna parte por lo inesperados. A Starobinets le ha pasado con El vado de los zorros como a Enriquez cuando publicó Nuestra parte de noche, que nos ha descolocado a todos. Por aquí hablé de ella. Un thriller de ciencia ficción ambientado en la Manchuria soviética, tan adictivo como atractivo. ¿Espías, mentalistas, cambiaformas, magos, nazis? Póngame cuarto y mitad.

  • Premios mejor novela casi pero no ex aequo: Chamanes eléctricos en la fiesta del sol de Mónica Ojeda es buena mandanga. No es lo mejor que ha escrito y se gusta demasiado, pero Ojeda es mucha Ojeda.

  • Menciones especiales: Hijos de lobos de Tanith Lee, Vencer al dragón de Barbara Hambly, El monte de las furias de Fernanda Trías y El unicornio de Manuel Mujica Lainez. Ha sido un año raro donde he acabado leyendo demasiadas series y sagas.

  • Relectura: Aquí si hay tela que cortar. La peste de Albert Camus. Con la perspectiva que dan los años y sobre todo la experiencia de la pandemia, La peste de Camus cobra un significado especial. Ojalá vuelva ese humanismo que desprende la novela, porque nos va a hacer falta. También he releído a Shakespeare y a los griegos, Sófocles y Esquilo. Bastante alejado de lo que suelo leer estos últimos años, pero son relecturas igual de estimulantes.

  • Libro de relatos que más me ha gustado: Kalpa imperial de Ángela Gorodischer. Llegué al libro a través del podcast Todo tranquilo en Dunwich y menos mal, porque de otra forma no le hubiera prestado atención. Hablé de ella en esta entrada. Un libro y una autora muy recomendables.

  • Premio mejor libro de relatos casi ex aequo pero no: Los lentes azules de Daphne du Maurier, en su edición en Reno. A la autora se la reduce a Los pájaros y Rebeca, las adaptaciones de Hitchcock, pero es mucho más.

  • Menciones especiales: María Fernanda Ampuero con Sacrificios humanos y Pelea de gallos también me ha gustado muchísimo, junto a El cazador de jaguares de Lucius Shepard.

  • Mejores antologías de relatos: Dantescas, coordinado por Ampuero, la revista mexicana de ciencia ficción Rocambolesca de Ari Pérez, los Cuentos fantásticos del siglo XIX vol. 1 editado por Calvino y varios números de la Biblioteca universal de Misterio y Terror. No hay señoras victorianas este año —esnif, esnif—.

  • Libro de no ficción: Este año han caído unos cuantos de astrofísica y biología, especialmente buenos los de Carlos Briones y Sean B. Carroll. Luego está Realismo capitalista de Mark Fisher, con el que he dado la turra por encima de mis posibilidades y que todavía sigo saqueando y citando.

PELÍCULAS


  • Salas de cine: He vuelto a ir con asiduidad al cine, solo o acompañado, aunque cada vez lo ponen más difícil: entradas más caras, pocas opciones de ver la versión original y películas que duran un suspiro en cartelera. Además, estoy a un paso de ser un viejo gruñón que se enfada con la chavalada cuando están con el puto móvil en la sala.

  • Popurrí japonés e italiano: Pues si otros años había algún subgénero o país en el que me adentraba, este 2025 ha sido una macedonia. A comienzos de año seguí viendo pelis japonesas y adentrándome en la cinematografía de Koji Shiraishi —Shirome, Teke Teke 1 y 2, A Beast in Love, Hell Girl, Villain, House of Sayuri, Kinki...—, del que me gustan hasta los andares. También cayeron algunas de Kiyoshi, el Kurosawa bueno —Chime está MUY guapa— y Takashi Miike. Entre tanto japonés aproveché para ver algunos gialli, alguno más conocido de Argento y Martino, como La polizia accusa: il servizio segreto uccide —es uno de los mejores títulos del mundo mundial—, pero también otros más desconocidos, de los de rascar la sartén. No me cansaré de recomendar La corta noche de las muñecas de cristal (1971), Qualcosa striscia nel buio (1971), Vicios prohibidos (1972) y Las lágrimas de Jennifer (1972). Principios de los setenta fue una década llena de buenas pelis italianas. Y ya que estaba, me puse con el cine de explotación italiano de los ochenta y las pelis de Deodatto y Fulci de esa década. 

  • Popurrí europeo: Como no todo iba a ser Italia y Japón, 2025 me sirvió para conocer las cinematografías de otros países, algunos ya inexistentes como Yugoslavia y Checoslovaquia, y otros pequeños como Islandia. Tilbury (1987) y Leptirica (1973) me parecen películas que merecen más interés. Ya fuera del terror y la fantasía, me dio por pegarle un buen repaso a las primeras pelis de Almodóvar y (re)descubrir algunas pelis como Átame, que si no es un giallo, que baje dios y lo vea.

  • En el recuerdo: Se murió el señor del pelo blanco, David Lynch. Todavía recuerdo en mi primer año de universidad, allá por 2004, disertar sobre el cine de Lynch entre caña y caña en la cafetería de la facultad. Sin tener ni puta idea. Lynch fue el CINE. 

  • Más recuerdos: Después de más de dos décadas retirado, se supo de la muerte de Gene Hackman este año. Tiene pelis muy recomendables como Night Moves (1975), The French Connection (1971) y Mississippi Burning (1988).

  • Películas de culto: La yugoslava Variola vera (1982) y la francesa Demonlover (2002) están en mi top de lo mejor del año. De la primera hablé aquí. Se trata de una peli entre el costumbrismo y el terror, que se entiende mejor, como otras tantas cosas, después de la pandemia de 2020. Le debo el descubrimiento de Demonlover a Estamos muertos, ¿o qué? Peli francesa metida en el saco del nuevo extremismo francés que es una pasada, de las que te pasan por encima. La peli comienza como una especie de thriller corporativo que acaba derivando en cyberpunk sin saber muy bien qué está pasando.

  • Más pelis de culto: Gracias al blog Barrilete Cósmico descubrí Le seuil du vide (1972) y Trompe l'oeil (1975), dos pelis del fantástico francés completamente desconocidas y muy recomendables. También he disfrutado de The Hidden (1987), con Kylen MacLachlan interpretando otro agente del FBI, y de Constantine (2005), película denostada en su momento, aupada a la categoría de culto después, y que con el empeño de Keanu Reeves puede llegar a tener secuela. The Chain Reaction (1980) es la australiana que no podía faltar.

  • Mis pelis de 2025: Casi todas las películas estrenadas este año que he visto son de terror o de un género concomitante. La vida no está para dramas. Weapons me gustó muchísimo y sospecho que verla en una sala de cine tuvo bastante que ver con eso. En el recuerdo, cada vez me entusiasma menos. Justo lo contrario que me pasa con Bugonia, que ya me pareció buena cuando salí del cine y hoy me parece todavía mejor. Destino final es la mejor saga de terror de la historia, casi no hay peli mala, y con Destino final: Lazos de sangre, su sexta entrega, lo vuelven a demostrar. La The Running Man de Edgar Wright mola un montón. Dangerous Animals y Bring Her Back me dan más razones para no pisar Australia. 825 Forest Road demuestra dos cosas: que Cognetti es más que Hell House LLC y que los maniquíes (me) dan miedo. De las que no han sido terror, he disfrutado de la humanidad de Superman y La gran ambición: un superhéroe y un político que se preocupan por los comunes y la justicia social. Y la última de este año con la que lo he gozado ha sido Kinki, la peli con más pasta y menos collejas de Koji Shiraishi.

SERIES


Al contrario que otros años, en 2025 sí he visto alguna que otra serie, aunque salvo excepciones nada especialmente interesante. 

  • Mi favorita del año: Paradise. Serie de la plataforma Hulu, con un título horrible y que ha pasado completamente desapercibida. Si ya todo va a una velocidad de la leche, donde el gran evento de ayer caducó esta mañana, pasar desapercibido es convertirse en lost media en unos años. Paradise, sin ser la gran cosa ni pretender inventar la rueda, se sale de lo común. Son ocho capítulos en los que es mejor adentrarse sin saber absolutamente nada de la trama. Si no has oído hablar de ella, dale un tiento antes de que estrenen la segunda temporada y te revienten la sorpresa. Es como la película Demonlover, que te lleva por un sitio para luego cogerte del brazo y llevarte por otro. No creo que todo se fíe a ese giro, ni me suelen gustar las obras que sí lo hacen, pero es más la manera en la que te conducen. Me parece elegante y poco tramposa, un viaje que se disfruta. 

  • Otras: Justo acabo de terminar Pluribus, quizá por eso está por aquí, porque la tengo más fresca. No entiendo el mensaje ¿reaccionario? de la serie de Vince Gilligan: al caos del neoliberalismo e individualismo se le contrapone un colectivismo de mente colmena eficiente y sostenible, ¿dónde hay que firmar? Pero como en Paradise, el viaje mola. Sospecho que Gilligan quiere compararse con Ursula K. Le Guin —la serie tiene un pequeño homenaje—, en el sentido de escribir una serie de "ciencia ficción elevada". Sí, del terror se han dicho esas chorradas y ahora le llega el turno a la ciencia ficción. Pluribus es como las distopías de John Wyndham, donde a un hecho catastrófico le sucede lo mundano.

  • Series meh: O series que ni fu ni fa. Alien Earth no es el desastre que algunos han pintado. El mundo del fandom mainstream es tóxico y reaccionario a más no poder. El problema de la serie no es que se cisque en el universo de Alien, es que intenta abarcar muchas cosas y se queda en agua de borrajas. Talamasca está basado en el universo de Anne Rice, y la serie empieza bien pero se va desinflando. La organización secreta que investiga y controla el mundo sobrenatural merecía más. Las segundas temporadas de Poker Face y Nine Perfect Strangers han sido un bluf. Murderbot está curiosa.

  • Anime: Supongo que en algún momento traeré por el blog series de anime de los de tarrina de cedés. Este 2025 he visto algunos capítulos sueltos de Beck, Great Teacher Onizuka, Full Metal Panic!, Gantz y Tokyo Ghoul. 

TEBEOS


En 2025 he leído algún que otro cómic más que en años pasados, pero aún así muy poca cosa. Tampoco voy a sorprender con mi autor favorito.

  • Mi tebeo favorito del año:  Spectregraph de James Tynion IV, con dibujo de Christian Ward. Sectas ocultistas, fantasmas y una crítica ácida al poscapitalismo del día a día. Bebe mucho de 13 fantasmas en cuanto al escenario: una mansión con un mecanismo que encierra a las protagonistas dentro y libera fantasmas. También se nota la influencia de Nuestra parte de noche, con esa secta de ricos conspirando por perpetuarse y perpetuar el sistema. Mi tebeo favorito del año pasado fue Worldtr33, el de 2023 fue El departamento de la verdad, el de 2022 The Nice House on the Lake, en 2021 Something is Killing the Children... Todos son de James Tynion IV. Para 2026 tengo en mente acabar con The Woods y leer El armario. Todos somos contingentes, pero James Tynion IV es necesario.

  • Menciones especiales: He vuelto a caer con Ice Cream Man vol. 2. Historias cortas, unas mejores y otras peores, que son bastante divertidas de leer. No me suelo adentrar en el manga por culpa de esas series interminables con varias decenas de tomos, pero he picado con El día en que Hikaru murió. Son ocho tomos, he leído el primero, y de momento parece lo suficientemente interesante e intrigante para continuar.

  • Más menciones especiales: Leo Verdura, el león vegetariano de Rafael Ramos y Marco Antonio, el niño con poderes telequinéticos de Mique Beltrán. Ambos se publicaron en las tiras de El Pequeño País, el suplemento infantil del diario El País. Pertenecen a esa segunta etapa del suplemento donde se publicaban historias propias, como La biblioteca de Turpín —que reseñé aquí hace unos años— y Goomer, hoy ya olvidadas.

JUEGOS


Gracias al ordenador que compré el año pasado y que vino a sustituir al pisapapeles que tenía, he podido jugar bastantes horas este 2025.

  • Mi favorito del año: Harmony: The Fall of Riverie es EL JUEGO. Le dediqué una entrada hace unos meses y puedo decir que los de Don't Nod lo han bordado con el juego. Mira que llevamos años en los que es difícil sorprender en este tipo de juegos, donde ya existen unas mecánicas preestablecidas, pero Harmony: The Fall of Riverie es una experiencia narrativa que innova y no se estrella en el intento.

  • Menciones especiales: Stray Gods: The Roleplaying Musical. El título no engaña: una novela visual con los dioses de la antigua Grecia y la música como protagonistas. El juego es una novela visual donde los personajes, de vez en cuando, cantan. Y es maravilloso.

  • Bonus track: Me han gustado mucho Twin Mirror, Killer Frequency y Draugen, buenas historias, mecánicas sencillas, buena narrativa y de duración tirando a corta, de los que te pasas en dos tardes.

MÚSICA 



  • Mi(s) disco(s) favorito(s) del año: No lo volveré a hacer (2025) de Shego, Lento Ternura de Zahara (2025) y Antidepressants (2025) de Suede. Existen varias relaciones entre los tres discos: el postpunk de Shego y Suede, el anticonformismo, a veces a modo de catarsis punk como en Shego, otras desde la reflexión más pausada de Suede y Zahara. Es Zahara la que invita, como hiciera Gorka Urbizu en Hasiera Bat (2024), a parar el ritmo acelerado que llevamos. Shego son las que describen las consecuencias de ese desenfreno, mientras que Suede, ya un poco de vuelta de todo pero sin cinismo, nos recuerdan que aunque el presente no pinta bien, cualquier tiempo pasado fue peor. Tres discos de quitarse el sombrero de tres generaciones que demuestran que no hay que tirar de nostalgia para hacer buena música. Backstage de Shego, Nuestro amor de Zahara y Sweet Kid de Suede bien se merecen una escucha. Y si se acercan a tu ciudad, aprovecha.

La Zahara petándolo

  • Mis otros discos favoritos del año: 1973 (2025) de Quique González, Planting by the Signs (2025) de S. G. Goodman, CUERPOS vol. 1 (2025) de Babasónicos, Anestesia (2022) de Peces raros, Por Ahora Para Siempre (2025) de joseluis, 201 (2025) de Repion, Barro (2025) de Alberto & García, Double Infinity (2025) de Big Thief, Ya no me duele mal (2025) de La Milagrosa, No te puedes rendir (2024) de Nudozurdo y San Felices (2025) de La M.O.D.A.

  • Menciones especiales: La virtud del alba (2025) de Denisdenis, Se traspasa (2025), la despedida de Brighton 64, Tigers Blood (2024) de Waxahatchee, Everybody Screams (2025) de Florence + The Machine, Twilight Overrided (2025) de Jeff Tweedy, Rojo despertar (2025) de De Fem, Ultraviolent (2025) de Kyo, Lady Luck (2025) de Rebeca Jiménez, Todo arde (2023) de Drugos, Puertas (2025) de El Cuarteto de Nos, La boca del lobo (2025) de Carlos Ares, Juegos violentos (2025) de Puño Dragón, Sharon van Etten & The Attachment Theory (2025) de Sharon van Etten y Pelo de foca (2025) de Ultraligera.

  • Culto: No me suele pasar mucho, pero Cure for Pain (1993) de Morphine es un discazo. Rock con un saxo de free jazz mezclado con blues y con una producción que hoy llamaríamos minimalista, por lo orgánica que suena.

Se me quedan fuera los nuevos discos de Valeria Castro, La Paloma, Eiffel... He escuchado muchísima música este año y puedo constatar algo que ya sabía: lo que se hace ahora está, como mínimo, al nivel de lo que se hacía hace años. No soy nada nostálgico, y en la música menos. Existen un montón de bandas y artistas contemporáneos, casi de cualquier género que imagines, que publican discos sobresalientes. Todo es molestarse en buscar un poco.


Como en el meme de Travolta, miro a un lado y miro al otro y sólo veo como el número de cretinos aumenta. Si alguna vez te preguntaste cómo pudo suceder lo del holocausto, ahí lo tienes: el que tienes al lado empieza a decir chorradas que primero te hacen gracia, como lo de las vacunas y el 5G, y luego te asustan, cuando ya verbalizan que les sobramos más de la mitad de la población. Lo que nos queda es resistir con una sonrisa y no dejar de compartir nunca las cosas que nos emocionan, porque sea una película, un libro o una sobremesa, ya lo dijo el Doctor (Who): "Nunca seas cruel, nunca seas cobarde. Recuerda: el odio siempre es una tontería, el amor siempre es sabio. Intenta ser siempre amable, pero nunca dejes de ser bondadoso". Que en las tiradas de dados de 2026 los críticos caigan de nuestro lado.

P.D. Esto es una amenaza: igual abro podcast sobre libros xD

Quiero caos y pido canciones.
Pido otra noche más
después de tantas seguidas.
Pido una pastilla que me haga olvidar
y tu recuerdo no me persiga.
No es la calma,
ni es mentira.
No es la foto
ni este backstage
donde se hace de día.
No es tu culpa,
ni es la mía.
Hace tiempo que lo puedo ver.
Hace tiempo que lo puedo ver.


Mojamos los pies en sus aguas heladas.
Este amor es un río, atraviesa montañas.
Vive en las casas que tú y yo no podemos comprarnos.
Este amor está completo, no es eterno, es diario.
Nuestro amor, nuestro amor.
Nuestro amor, nuestro amor.
Nuestro amor es un mapa con atajos secretos,
está lleno de tiempo, no necesita el dinero.
Nuestro amor es el amigo que siempre está despierto.
Es la sesión nocturna, el único bar abierto.
Es la rave, es el humo, es el éxtasis puro,
es el baile, es el ámame, es el dame más duro.
Es la rave, es el humo, es el éxtasis puro,
es el baile, es el ámame, es el dame más duro.
Es la rave, es el humo, es el éxtasis puro,
es el baile, es el átame, es el dame más duro.
Dame más duro.
Dame más duro.


'Ice Cream Man vol. 2', 'Undiscovered country vol. 1' y 'The Woods vol. 1': picoteo navideño

Ice Cream Man vol. 2 es un cómic de terror con guion de W. Maxwell Prince y dibujado por Martín Morazzo. Ya hablé por aquí del primer volumen. En este segundo tomo Maxwell Prince y Morazzo siguen la misma fórmula: se trata de un tebeo compuesto por distintas historias autoconclusivas que tienen como hilo conductor el personaje del vendedor de helados, una especie de guardián de la cripta moderno.

En este segundo volumen los autores experimentan un poco más, como una de las historias que no tiene diálogo. Para desarrollar la historia utilizan una especie de viñeta partida a tres, cada parte con un color, en la que se desarrollan tres historias distintas con el mismo protagonista de manera simultánea. También existe otra que se puede leer como un palíndromo, desde el principio hasta al final o viceversa.


En lo visual, además de algún que otro experimento, destaca el dibujo de línea fina de Morazzo, con personajes estilizados y una paleta de colores desaturados. El estilo visual sería el equivalente en música a cantar una canción triste en una tonalidad mayor: el dibujo estéticamente aparenta ser algo inocente, aunque luego se narren cosas bastante fuertes.


Ice Cream Man vol. 2 sigue siendo una buena opción de picoteo: son números independientes, da igual si te lees primero el volumen 3 que el 10. No llega al nihilismo y misantropía de Ligotti, pero tampoco es una lectura amable. En el terror de lo que se esconde en los suburbios y en los puestos de trabajo siempre hay un heladero. Y no, el heladero no es Reggie.


Undiscovered Country vol. 1 es un tebeo de ciencia ficción creado por Scott Snyder y Charles Soule y dibujado por Daniele Orlandini y Leonardo Grassi. Scott Snyder es un escritor interesante, que además de superhéroes, también ha creado series muy interesantes como American Vampires, Wytches, Severed y esta Undiscovered Country, siempre dentro de los géneros fantásticos y de terror.

Undiscovered Country parte de la premisa veinte minutos en el futuro, presentando un universo distópico donde EEUU se aisló del mundo, las guerras posteriores dieron como resultado la creación de dos superpotencias que controlan el resto del planeta y una pandemia amenaza con acabar con la humanidad. Casi nada. Nada ni nadie entran o salen de EEUU, o al menos así ha sido durante los últimos treinta años. Un mensaje sale de EEUU invitando a las dos superpotencias a mandar un equipo al país, prometiéndoles la cura a la pandemia.

¿Cuál es el EEUU que descubren los protagonistas? Pues un país parecido a mezclar Mad Max con una buena dosis de LSD. Snyder y Soule en esta primera entrega de Undiscovered Country parece que siempre van con el volumen subido al 11. La idea detrás de los autores es algo bastante simple: EEUU como guardian del orden mundial, la libertad y la democracia desaparece del mundo y este se sume en el caos. Claro, todo esto regado de aliens, distorsiones espacio-temporales y escenarios apocalípticos. 


The Woods vol. 1 es un cómic creado por James Tynion IV y dibujado por Michael Dialynas. The Woods (2014-2017) fue una de las primeras series de Tynion al margen de los superhéroes. Y es que desde hace unos años se ha convertido en una especie de Junji Ito, porque está en todas partes. Ya sólo le falta una adaptación a la gran pantalla para que lo acabe de romper, como Geroge R. R. Martin con Juego de Tronos. 

La premisa de The Woods es una de esas que hemos leído en los libros de Stephen King o en las series de televisión de mediados de los dos mil: un instituto de Milwaukee, con sus alumnos, profesores y demás personal, se teletransporta a otra parte del universo. Claro, un comienzo así te deja con el culo torcido y con las ganas de querer saber más. Aparecen referencias inevitables, como El señor de las moscas, pero también otras como Perdidos. Especialmente en esta última es fácil ver su influencia en recursos como los flashbacks al pasado de los personajes, que utiliza Tynion para desarrollar a sus protagonistas. 

The Woods es sobre todo un bildungsroman posmoderno, donde seguimos las andanzas de un grupo de adolescentes que tienen que crecer y madurar en una situación completamente extraordinaria. El otro protagonista absoluto de esta serie es el bosque, como en Perdidos era la isla. Los secretos y los horrores que esconde el bosque se irán desvelando poco a poco. Desde luego, que hayan adaptado Los juegos del hambre y no The Woods es una de las cosas que no entenderé jamás.





Boom 2024: Gorka, j-horror y señoras latinoamericanas

Otra vuelta completa alrededor del sol donde lo más destacable en este puntito azul del universo han sido una nueva guerra y la vuelta del señor de pelo naranja a la Casa Blanca. La pendiente por la que nos deslizamos se va poniendo cada vez tan cuesta arriba que ríete tú de los señores de entreguerras preocupados por el auge del fascismo hace cien años. 2024 también ha sido un año pasado por agua. En Mánchester comenzó a llover en octubre de 2023 y no paró hasta noviembre. Y Mánchester no es Macondo en época de lluvias pero se le parece, sólo que en versión posindustrial deprimida. También he podido disfrutar de la lluvia en mis vacaciones en Normandía y en mis escapadas a España. Pero oye, que tampoco estamos tan mal. He leído mi buena ración de libros, he disfrutado de mis vacaciones pasadas por agua y me he mudado sin morir en el intento. Si todo sale bien, 2025 será el año de la mudanza de vuelta a España. Salamanca, Tudela, Zaragoza, Vitoria y Bilbao son las candidatas. A ver qué tirada de dados sale.


LIBROS

  • La novela que más me ha gustado: Pues al contrario que el año pasado, en 2024 sí ha habido varias candidatas a lo mejor del año. Los escorpiones, el tocho de Sara Barquinero y uno de los fenómenos literarios del año, me ha fascinado de principio a fin. Novela dura de leer por la crudeza de muchos de sus pasajes en los que se trata cuestiones como la depresión, la ansiedad y el suicidio, también tiene sus buenas dosis de creepypasta y conspiraciones. Pasarse la vida en modo adulto no es fácil.

  • Premios mejor novela casi pero no ex aequo: Novela B de la paraguaya Mónica Bustos. Vampiros, hombre lobo, ovnis, conspiraciones... Una novela que sale casi de la nada y que no es lo suficientemente conocida. La mala educación de Alana S. Portero, que no es del género, también me ha conmovido.

  • Menciones especiales: Este año ha habido buena mandanga. Fulgor (2022) de Alma Mancilla, Cometierra (2019) y Miseria (2023) de la recién cancelada por el gobierno de Milei Dolores Reyes, Sangre en el ojo (2012) de Lina Meruane, La dimensión desconocida (2016) de Nona Fernández, Mugre rosa (2020) de Fernanda Trías y El doctor Hoffman y las infernales máquinas del deseo (1972) de Angela Carter también las he disfrutado muchísimo. Las señoras latinoamericanas nunca decepcionan.

  • Relectura: Nada de Carmen Laforet. Desde que leí la reseña de Barrilete Cósmico la incluí en la pila de libros. Cómo cambia nuestra percepción de una obra con los años y las lecturas acumuladas.

  • Libro de relatos que más me ha gustado: La cosa ha estado reñida, pero mi favorito de este año es Ansibles, perfiladores y otras máquinas de ingenio (2020) de Andrea Chapiella. ¡Qué gozada de libro! 

  • Premio mejor libro de relatos casi ex aequo pero no: Monstruos bajo la lluvia (2022) de la costarricense Larissa Rú. Que en Latinoamérica se escribe la mejor literatura del momento no hay dios que lo rebata. 

  • Menciones especiales: Un lugar soleado para gente sombría (2024) de Mariana Enriquez, Tres truenos (2021) de Marina Closs y A Spaceship Built of Stone and Other Stories (1987) de la que nunca puede faltar, Lisa Tuttle.

  • Mejores antologías de relatos: Los tres números de Rocambolesca, la nueva revista de ciencia ficción mexicana editada y coordinada por Ari Pérez. Un buen nivel y un montón de autores y autoras que descubrir. 

  • Libro de no ficción: Nada destacable este año.


PELÍCULAS


  • J-horror: 2023 fue mi año italiano de los gialli y este 2024 ha sido el de ver pelis de terror japonesas por encima de mis posibilidades. Más en concreto películas de eso que se llamó j-horror en occidente y que no deja de ser una renovación del cine de terror japonés. Fue todo un fenómeno fuera de sus fronteras y una influencia para el terror occidental que todavía se mantiene. Como dice la chavalada, PEC. Me he visto la saga entera de Senritsu Kaiki File del puto loco de Shiraishi y he revisitado la saga Ju-On, además de empezar a apreciar los directos a vídeo de escasa calidad. ¿Será esto síndrome de Estocolmo?

  • Fulci y franceses: No he visto tantas pelis italianas como me gustaría, pero he tenido mi buena ración de Fulci al revisitar o ver por primera vez algunas de sus pelis de los ochenta y algún western de los sesenta. Para 2025 dejo el visionado de sus últimas pelis. También he tenido buena ración de pelis franchutes, casi todas actuales. Gueules Noires (2023), Le Mangeur d'âmes (2023), La Tour (2022), Falcon Lake (2022), Vermines (2023), Le Règne animal (2023), Acide (2023), Les chambres rouges (2023) y Mars Express (2023) han sido algunas de mis favoritas este año. Hay terror, thriller noire, ciencia ficción, fantasía y un mucho de no haber superado el trauma de los últimos años pospandemia.

  • Películas del culto: Siguiendo con los franceses, Mais ne nous delivrez pas du mal (1971) de Jöel Séria me ha flipado. El Jesús Franco bien. Otra francesa más es La traque (1975) una especie de cruce entre Deliverance y Los santos inocentes versión Francia setentera. La australiana Thirst (1979) vuelve a demostrar que por esas tierras no andan bien de la cabeza y que los vampiros son más que seres de luz como en Crepúsculo. The Killer (1989) es un thriller de acción de John Woo con el que abro la puerta al cine hongkonés. Memorias del ángel caído (1997) es una de esas escasas pelis de terror españolas ahora difícil de conseguir y convertida en culto.

  • Pelis de 2024: No soy de ver mucho cine actual más allá de cine de terror. Dune: Part Two (2024), Furiosa. A Mad Max Saga (2024), Trap (2024), I Saw The TV Glow (2024), The First Omen (2024) y Nosferatu (2024) son pelis de este año que más me han gustado. The First Omen es la responsable de que me haya visto toda la saga.


SERIES


Se vuelve a repetir la historia: apenas veo series de televisión. Casi siempre, de ver algo, es en un vuelo.

  • Mi favorita del año: Para no variar, no es ninguna novedad. Mi favorita ha sido la cuarta y última temporada de Evil. La serie se despide con una temporada un poco flojilla y con un cierre para los personajes, que si bien no deja nada abierto, sí que da mucha pena. Evil es la heredera de Expediente X, con más fallos que aciertos pero con muchos momentos que son de no creértelos.

  • Otras: Black Summer, una de zombis con grandes espacios vacios y una narrativa fraccionada que al principio mola y luego cansa. La cuarta de From, que adolece de todos los males de Perdidos pero que también engancha lo suyo. La segunda temporada de El silo (2023), que comenzó este mes y de la que sólo he visto los primeros dos capítulos. La primera temporada de Tales from the Crypt.



TEBEOS

Tampoco 2024 ha sido el año de los tebeos. Y tampoco cambio de autor favorito. He tirado de números únicos, no de grandes series, y he picoteado un poco de aquí y de allá.

  • Mi tebeo favorito del año: Otro año más James Tynion IV vuelve a aparecer como autor de mi tebeo favorito. Este año le toca a Worldtr33, otra de sus nuevas series. Tynion tiene un buen olfato y sabe sintonizar muy bien con los terrores modernos. Worldtr33 es una revisitación actualizada de la Kairo (2001) del Kurosawa bueno pasada por el tamiz de Tynion. Esperando con ganas al tercer tomo recopilatorio.

  • Menciones especiales: The Deviant, una de asesinos en serie de Tynion que sirve para abrir boca ante la esperada Spectregraph que se publica en 2025. Al ritmo que leo tebeos, podría vivir únicamente con la mandanga que escribe Tynion. The Season Have Teeth (2023) de Dan Watters. Un viaje muy guapo donde el prota, fotógrafo, y la fotografía, tienen un papel importante en la narración. Double Walker (2021) de Michael W. Conrad. Folk Horror en las Tierras Altas escocesas. 


VIDEOJUEGOS

                                                                                                                                                                      

Terminé 2023 con el propósito de no volver a comprar un ordenador portátil, sobre todo después de hacerme con la SteamDeck para jugar. ¿Qué he hecho en 2024? Comprarme un nuevo ordenador portátil. Quién quiere coherencia cuando puedes tener un dinosaurio. Aunque lo he usado más para editar foto que para jugar, con la llegada del otoño le he metido caña con unos cuantos videojuegos.

  • Mi favorito del año: Igual la palabra favorito le viene grande, porque no ha habido ningún videojuego que haya jugado en este 2024 que me haya volado la cabeza. Pero The Quarry está curioso. Los de Supermassive Games entregan una aventura interactiva bastante disfrutable. Quieren ser un slasher de los ochenta aunque son más noventeros que otra cosa. Cuenta con un reparto de actores y actrices que además de poner voz también ponen las caras, lo que eleva al juego por encima de otras producciones de la compañía. Aunque les sigue pasando como en los de Dark Pictures, que en lugar de pulir cada entrega, daban algunos pasos atrás: el The Devil in Me fue un juego que me cabreó hasta el punto de desinstalarlo. 

  • Menciones especiales: Los Batman de Telltale, especialmente el primero. Como los de Suppermassive Games, los juegos de Telltale son sota, caballo y rey, pero aquí sí que los tienen bien puliditos. Tampoco hay mucha diferencia de uno a otro, lo cual también los hace más aburridos. Tengo The Expanse pendiente de jugar. Con el Hogwarts Legacy todavía estoy metido y auguro un par de meses hasta pasármelo, pero me está gustando mucho. Y el Citadelum, rollo Caesar III, Zeus y Pharaoh, también me ha enganchado lo suyo este 2024.


MÚSICA


  • Mi disco favorito del año: Hasiera Bat (2024) de Gorka Urbizu. Sin avisar y casi de la nada, Gorka publicó su primer disco en solitario después de la disolución de los Berri. Un álbum que invita a la reflexión y a una vuelta a la lentitud fuera de los ritmos acelerados de vida actuales. Cortito, de una media hora de duración, cuenta con una producción orgánica casi rozando el minimalismo. Ni falta ni sobra nada.

  • Mis otros favoritos de este año: Orube (2024) de Izaki Gardenak, Entre todas lo arreglamos (2024) nuevo EP de Repion, Giza zarata (2024) de Anari y el Caldo espírito (2023) de Xoel López.

  • Menciones especiales: Atera (2019) de Zea Mays, Pasadena (2021) de Pasadena, Europa (2023) de Ultraligera, Lautada (2022) de M I C E, Infrasoinuak (2017) de Berri Txarrat, Punisher (2020) de Phoebe Bridgers, Wild God (2024) Nick Cave & The Bad Seeds y el puto Luis Brea.



2024 tampoco ha sido el año del apocalipsis zombi. Uno de mis compañeros polacos de trabajo, muy amigo del misterio como Íker, pronostica una invasión extraterrestre para 2025. Sí, está un poco cucú. Yo sólo digo que ojalá, para que trabaje otro. En 2024 le he pillado el gusto a eso de la fotografía. También ha sido el año en el que las entradas en el blog se han reducido aún más. Otro año más siendo gentrificado y teniendo que mudarme. También ha sido el año de varios viajes y reencuentros. 2025 también pinta ajetreado. Ojalá sea el de mi vuelta a España. En cualquier caso, que sigamos emocionándonos con las cosas que nos gustan y con la compañía de los que queremos y nos quieren. Que las tiradas de dados nos sean propicias en este año 2025.






'Double Walker' y 'Ice Cream Man': turistas y suburbios

Double Walker es una novela gráfica de folk horror escrita por Michael W. Conrad y dibujada por Noah Bailey. Una pareja de jóvenes estadounidenses, Cullen y Gemma, se van de viaje a las Tierras Altas escocesas. En una excursión, Cullen deja a Gemma, embarazada, para alcanzar la cima de una montaña. Cuando regresa, encontrará su esposa desmayada después de sufrir un aborto. La relación entre ambos comienza a resquebrajarse mientras en el pequeño pueblo en el que se alojan empiezan a aparecer cuerpos descuartizados.


Double Walker es una historia que bebe del folclore celta, del reino de las hadas y de sus interacciones con los humanos. Toca un tema, el de los sustitutos, personas sustituidas por dobles malvados, que no termina de funcionar. Como tampoco termina de funcionar la metáfora sobre el cambio y las relaciones de pareja. A pesar de lo cual, Double Walker es lo suficientemente entretenido para dedicarle una par de horas, además de poder disfrutar del dibujo de Bailey. Siempre es difícil empatizar con los turistas.


Un par de jovencitos confusos estadounidenses, Escocia, hadas y asesinatos. ¿Se puede pedir más?


Ice Cream Man es un tebeo de terror creado por W. Maxwell Prince y dibujado por Martín Morazzo. Se trata de historias cortas auto conclusivas que tienen en común un personaje, el hombre de los helados. Como en la serie de televisión Historias de la cripta y los cómics de EC en los que está basada, el final de las historias suele ser retorcido y poco agradable para sus protagonistas.

El hombre de los helados hace las veces de maestro de ceremonias y secundario. Es una especie de trickster, algo así como un semidios con un sentido del humor bastante retorcido. No es un narrador como el guardián de la cripta, sino que tiene un papel activo y es responsable de lo que pasa. Es un agente del caos aunque sus motivaciones nunca están claras.

Lo bueno de Ice Cream Man es que permite picotear. Sólo he leído el primer tomo, Ice Cream Man Volume 1: Raimbow Sprinkles, pero ninguna de las cuatro historias decepciona. Da para serie antológica de Netflix. 

Pocas cosas dan más miedo que los suburbios estadounidenses. Ante la duda, siempre Cornetto.







Boom 2023: Repion, gialli y algunas señoras victorianas

Estaremos de acuerdo en que esta década de los veinte no tiene mucho de feliz y sí bastante de pa'vernos matao. Y todavía no hemos llegado a la mitad. Al menos he podido disfrutar de los 28º nocturnos en octubre en una de mis últimas visitas a España. Si llega el fin del mundo, que me pille en chanclas y bañador. Sudao pero resultón. O no. 2023 ha sido un año de leer menos, ver menos películas y en general todo menos, como las entradas de este blog. Tampoco ha habido grandes viajes, salvo una escapadita a Ámsterdam y unas visitillas por zona leonesa y asturiana. También ha sido el año en el que he empezado en la fotografía analógica, ese hobby tan barato. Así que a los propósitos de año nuevo se resumen en escribir más por aquí, hacer algún viaje solo y seguir haciendo lo que me gusta, que fundamentalmente es leer, escribir, tocar/escuchar música, viajar y hacer fotografías. Y beber menos cerveza, que los ingleses me están malacostumbrando. Ahora sí, toca repaso del año.


LIBROS


  • La novela que más me ha gustado: Horrorstör de Grady Hendrix fue una de las primeras del año, y revisando un poco lo que he leído en este 2023, es lo mejor del año. Quizás no tan fascinante como Piranesi o Nuestra parte de noche, que fueron mis favoritas de 2022 y 2021, Hendrix consigue muy bien mezclar el terror con la crítica social, en un estilo muy sencillo que por momentos recuerda a lo mejor de Stephen King.

  • Premios mejor novela casi ex aequo pero no: Gilded Needles y Cold Moon Over Babylon de Michael McDowell. No son tan redondas como Los elementales, pero tienen algo.



  • Libro de relatos que más me ha gustado: Ustedes brillan en lo oscuro de Liliana Collanzi. Como el año anterior, más terror periférico, en este caso desde Bolivia. Una mezcla de ciencia ficción, terror y distopías conectados por lo telúrico. 

  • Premios mejor libro de relatos casi ex aequo pero no: Como el año pasado, se asoman Emgstrom y Tuttle. La primera con Cuando la oscuridad nos ama y la segunda con Riding the Nightmare. También asoma por esta categoría Michael Ende y El espejo en el espejo, que me dejó bastante mal cuerpo.

  • Menciones especiales: No podían faltar las señoras victorianas y los señores europeos de entreguerras. Number Ninety & other Ghosts Stories de la irlandesa B. M. Croker, The Bishop of Hell & other Stories de Majorie Bowen y Orchard of the Dead and other Macabre Tales de Stefan. Grabinski.

  • Mejores antologías de relatos: Las de Tales of the Weird de la British Library, que sigue publicando todos los meses uno o dos libros. Y casi, casi, me los he leído todos. Si te gusta la ficción extraña anglosajona, aunque no sólo, es de lo mejor. Y baratitos. Aunque no da la vida para leerlos todos.

  • Libro de no ficción: El taller y el cronómetro de Benjamin Coriat. Publicado en los setenta, hacia el final del libro Coriat se pierde un poco en disquisiciones sobre la situación de Francia en ese momento, pero el resto del libro es impecable. Un análisis del surgimiento de un capitalismo insdustrial y un modelo de Estado desde la perspectiva de su quiebra en los años setenta del pasado siglo. 

PELÍCULAS

  • Gialli:
    2023 ha sido el año en que he visto gialli por encima de mis posibilidades. Martino, Fulci, Avati, Bazzoni, Lenzi, Dallamano, Argento... Huellas de pisadas en la Luna (1975) de Bazzoni, La dama roja mata siete veces (1972) de Miraglia y Contrato de sangre (1976) de Avati me han volado la cabeza. Especialmente la primera. Dentro del género hay mucha purria, pero también auténticas joyas. Otras que me han gustado un montón han sido Angustia de silencio (1972) de Fulci, La cola del escorpión (1971) y Muerte sospechosa de una menor (1975) de Martino y ¿Qué habéis hecho con Solange? (1972) de Dallamano. El mundo está lleno de maniaco sessuale.
  • Tierra de canguros: En 2023 también he seguido viendo películas australianas. Algunas tan buenas como La última ola (1977) de Peter Weir, Juegos de carretera (1981) de Richard Franklyn y Despertar en el infierno (1971) de Ted Kotcheff, además de una de las pelis de terror del año pasado, Talk to Me (2022) de los Philippou. ¡Que viva Australia man'que pierda!

  • Películas del culto: El rostro de la muerte (1976) de Alfred Sole, El alucinante mundo de los Ashby (1963) de Freddie Francis, El coleccionista (1965) de William Wyler, Stranger Circus (2005) de Sion Sono y Navidades negras (1974) de Bob Clark. Cada una a su manera, me parecen películas no tan conocidas y muy recomendables.

  • Menciones especiales: Impacto (1981) de Brian De Palma, Dejar el mundo atrás (2023) de Sam Esmail y Cuando acecha la maldad (2023) de Demián Rugna. aunque lo que más miedo da de Argentina ahora mismo no son sus películas de terror.

SERIES

Otro año en el que no ha habido mucho que rascar. Estoy aprovechando los viajes en avión para revisitar Friends y poco más, salvo capítulos sueltos de Expediente X y la primera temporada de Fringe. También revisité Bleach y algún anime más, pero de series nuevas, no consigo que casi ninguna me enganche.
  • Mi favorita del año: El silo (2023). Basada en una trilogía de novelas, esta serie de ciencia ficción ha sido de lo que más he disfrutado del año. Esta sí me ha enganchado, y el hecho de comentarla con los compas de curro, también ha ayudado. Ha sido como volver a Perdidos cuando Perdidos molaba. Ahora está por ver si aguanto las ganas de leer los libros y me espero a la segunda temporada de la serie o no.

  • Otras: Severance (2022) y la segunda parte de The Nevers (2021), que parecía que iba a quedar inconclusa.


TEBEOS


Para variar, 2023 tampoco ha sido un año de muchos tebeos, aunque sí que he aprovechado para terminar algunas series que tenía empezadas. Es algo que me da infinita pereza y que hace que pierda el hilo y las acabe abandonando.

  • Mi tebeo favorito del año: Por tercer año consecutivo, mi tebeo favorito es uno de James Tynion IV. El departamento de la verdad, en una edición ómnibus en tapa dura, ha sido mi tebeo favorito del año. Ayuda el que esté toda la serie reunida en un sólo tomo, o al menos el arco principal. De sus otras series, me he acabo descolgando y no volveré a ellas hasta que publiquen algo similar. El departamento de la verdad es una cosa muy loca, al nivel de Naoki Urasawa, donde Tynion se esfuerza por comprender los mecanismos de la guerra cultural y la manipulación, tan presentes en Estados Unidos.

  • Mención especial: Stillwater de Chip Zdarsky. Sólo había leído el primer volumen hace un par de años, y decidí comprarme los otros dos que me faltaban. Interesante lo que cuenta pero definitivamente tienen un problema en Estados Unidos: meten en terror tebeos que, a lo sumo, son de misterio y thriller. Que sí, que hay gore, pero el gore por sí mismo no es terror.

VIDEOJUEGOS


Hace un par de años me gasté una importante suma en adquirir un MSI portátil para jugar a videojuegos. Nunca más un portátil. Está claro que o no tengo suerte o los portátiles no son tan buenos como dicen. Así que además de tener un caro pisapapeles de MSI, 2023 ha sido el año de la SteamDeck. Es una experiencia completamente diferente pero me ha permitido jugar a videojuegos que de otra manera no habría podido. Este año 2024 sí que le voy a meter bastante al vicio. 

  • Mi favorito del año: El Detroit Become Human. Que sí, que ya tiene unos años, pero me parece de lo mejorcito del género y de la compañía. Y sí, se me han muerto casi todos los personajes y la rebelión ha fracasado, porque que me gusten los videojuegos no está reñido con que sea un manco jugando, pero Detroit Become Human me ha enganchado como hacía tiempo que no lo hacía un videojuego.

  • Menciones especiales: A Plague Tale: Innocence. Quizás en algunos tramos del juego lo de morir una y otra vez se hace muy cuesta arriba, pero la historia está bastante bien y las mecánicas también molan un montón. No han inventado la rueda pero le han dado un uso muy entretenido. 

MÚSICA





En 2023 he escuchado bastante menos música. He pasado de ir caminando al trabajo a ir en bici (y todavía no he muerto atropellado), así que el tiempo que aprovechaba para escuchar música se ha reducido bastante. Aún así he escuchado muchísima música. También he podido aprovechar las visitas a España para ir a conciertos, que han sido básicamente mis vacaciones este año. 

  • Mi disco favorito del año: Repion (2023) de Repion. Mi gran descubrimiento musical, al nivel de las epifanías que todos hemos tenido de adolescentes. Palabra castúa que da nombre a este grupo cántabro compuesto por dos hermanas, Marina y Teresa, afincadas en Madrid. Yo no sé qué es lo que tienen pero estoy enganchadísimo. Son muchas cosas y nada en concreto, pero no puedo parar de escucharlas. Las pude ver en Madrid en octubre, y aunque el sonido de la sala  no acompañaba nada, fue como asistir a un terremoto. Si no las conoces, busca un concierto cercano y vete a verlas. Eso sí, después ya no hay cura.
Cuando  Marina toca la guitarra tú te callah y  lo  asimilah

  • Directo: Pues  quitando a Repion, de los artistas que he podido ver este 2023 me han encantado un montón Delaporte y Quique González. Sandra Delaporte  va loca y mola un montón. Un concierto al que le tenía muchas ganas y en el  que la pude ver colgada  del techo del Camelot  mientras cantaba. Y luego bailó en el centro de la pista como Zahara. Puta ama. Y a Quique González lo  vi en Xixón, en un concierto para los más cafeteros, pues se tocó Salitre 48 entero. Acabé aplaudiendo con las orejas. Fan que es uno.

El  altar del rocanrol

Otro año más esperando el apocalipsis zombi que nunca llega. Y no, las colas en la tienda de Apple no cuentan. Por otro año más lleno de  cosas que nos emocionen. Y porque nunca nos quiten  ni la copa  ni  lo bailao. Que nunca perdamos la ternura. Año 2024, allá voy.