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'Evil': Mulder y Scully persiguiendo al demonio en una 'rave'

 

Evil es una serie de televisión de temática sobrenatural producida por la CBS y estrenada en 2019. Pandemia mediante, cambió de casa después de la primera temporada y ahora pertenece a Paramount+, que en 2021 estrenó la segunda temporada de la serie. Este 2022 será el año del estreno de su tercera temporada. Evil es una serie creada por Michelle y Robert King y protagonizada por Mike Colter, Katja Herbers, Aasif Mandvi y Michael Emerson. El dato importante aquí es el de los creadores, Michelle y Robert, que vienen de producir y dirigir series para la CBS, siendo las más importantes The Good Wife y una rara avis, BrainDead. Esta última, BrainDead, de la que ya hablé por aquí cuando se estrenó en 2016, es importante para entender el tono y ajustar las expectativas de lo que nos podemos encontrar en Evil. BrainDead era una satira política de ciencia ficción en la que unos insectos alienígenas, como en La invasión de los ultracuerpos, se apoderan de los políticos más poderosos e influyentes de EEUU como plan para conquistar el mundo. Una cosa muy loca que abrazaba abiertamente la comedia y jugaba con los códigos del género de invasiones alienígenas para reírse un poco de él. Evil es lo mismo pero sin el cartelito que avise de que no te la tomes en serio. De hecho es todo lo contrario, ya que se vende como drama sobrenatural. Y puede que sea uno de los errores al adentrarse en esta serie, tomársela en serio. 


La nueva terapia cognitivo-conductual del maligno


Evil narra la historia de un equipo de investigación de la Iglesia católica que se dedica a investigar sucesos paranormales o con apariencia de serlo, para determinar si el Mal está influyendo en estos acontecimientos. El equipo está formado por tres personas, David, seminarista a punto de ordenarse sacerdote, el creyente del grupo, Ben, el experto en informática y tecnología, ateo pero de origen musulmán, y Kristen, psicóloga forense, también atea y madre de familia numerosa. Como villano tenemos a Leland, personaje interpretado por Michael Emerson, uno de esos actores que como Ron Perlman, tienen cara de malos, que se parece al Linus de Perdidos pero pasado de vueltas. Como si fuera un procedimental de hace quince años, el equipo dirigido por David investiga un nuevo caso en cada capítulo, para descubrir que hay una trama que los acaba conectando. De una manera o de otra, todo parece parte del mismo plan demoníaco. Un poco como en Expediente X, con el personaje creyente, la escéptica, los monstruos de la semana y la gran conspiración detrás.


¿Que si quiero o que si tengo?


Evil es una serie que de manera consciente no se toma muy en serio. Juega con los códigos y la imaginería del terror, especialmente con los que vienen de El exorcista, para subvertirlos y reírse un poco de ellos. David, uno de los protagonistas, es un ex adicto a las drogas y al sexo que después de perder a su pareja y de tener una visión, se mete a cura. Y que siendo seminarista como es, se prepara infusiones de setas alucinógenas para perseguir esa visión de dios que tuvo hace años. O Kristen, que es una psicóloga forense y madre de cuatro hijas que dejó lo que le gustaba, la escalada y el montañismo, negocio que ahora lleva su marido Andy, para criar a sus hijas, que se siente atraída por David y que padece de terrores nocturnos y alucinaciones. Por no hablar de la gran trama que está detrás de todos los misterios de la serie, que es una de las cosas más locas que se pueden ver en televisión, o de la multitud de homenajes y escenas copiadas a Alien. El ácido derritiendo el suelo, los huevos, los laberintos en los que te persigue un monstruo, el mismo monstruo saliendo de dentro de un cuerpo humano... Otra cosa no, pero a los King les gusta mucho esa película.


James Joyce podría haber escrito esta escena


Evil no es una serie perfecta y seguramente no es apta para todos los públicos. Tiene fallos estrepitosos pero lo compensa con sus aciertos, que suelen ser muy divertidos. Buen ejemplo de esto es S Is for Silence, dirigido por Robert King, es uno de los mejores capítulos de la serie y de las cosas más divertidas que se han hecho en los últimos tiempos. El equipo de David acude a un monasterio para investigar un posible milagro: el cuerpo incorrupto de uno de los monjes y los estigmas de una de las monjas. La peculiaridad de este monasterio es que todos han hecho voto de silencio. Y el voto de silencio viene porque hay un demonio que quiere destruir el mundo atrapado en un armario, y el sonido de las voces humanas puede liberarlo, así que la Iglesia construyó en torno a esta prisión del demonio un monasterio para vigilarlo, y ahora David y su equipo tienen que investigar unos supuestos milagros utilizando unas pizarras colgadas al cuello para comunicarse. Podemos leer los pensamientos de los personajes que se muestran como subtítulos en la pantalla, o verlos directamente a través de pequeñas imágenes que sustituyen a los subtítulos. Como ya he dicho antes, todo muy loco. Y muy divertido.





'Lights Out': el 'knock out' definitivo

Lights Out es una de esas joyitas, una serie que tras su cancelación en la primera temporada ha ido reuniendo una pequeña base de incondicionales. Sin llegar al fenómeno fan de Firefly, también cancelada tras su primera temporada, su caso se asemeja al de Rubicon. Una buena serie que no funcionó en su momento y que la cadena de turno decidió quitarse de encima con una cancelación.

La serie sigue o pretendía seguir los pasos de Friday Night Lights, una serie sobre deporte que era mucho más. Lights Out es una serie sobre boxeo, sí, pero también es un drama familiar. Al retrato nada halagüeño sobre el mundo del boxeo, en especial la parte del negocio, hay que añadir otro retrato, el de las relaciones personales del protagonista con su familia y su entorno.

Lights Out es la historia de Patrick 'Light' Leary, un exboxeador campeón del mundo arruinado. En los trece episodios de su única temporada Leary debe decidir si volver a boxear para sanear su economía (dejó el ring por su esposa, que no podía soportar las palizas que se llevaba) o aceptar trabajos de matón para un mafioso. El boxeo, desde siempre, ha sido usado muchas veces como metáfora y escenario en la cultura popular. Desde El ídolos de barro a Más dura será la caída pasando por Rocky y Toro salvaje, el mundo del boxeo es el de un ambiente decadente y oscuro, pero también lleno de valor y superación. El boxeo es(era) un deporte popular, el deporte de la clase trabajadora.
El campeón no se rinde
FX, la cadena de The Shield, Sons of Anarchy y Justified, decidió cancelar la serie dándole el 'knock out' definitvo al campeón Leary. A cambio nos dejó una temporada para no olvidar que funciona muy bien como miniserie. Un magnífico drama familiar con el boxeo como telón de fondo. No es original, cae en todos los clichés del género, pero el campeón es mucho campeón.

'Banshee': la última bala

Banshee se despide como llegó: sin hacer mucho ruido. No es Perdidos o Juego de Tronos. Lo que empezó en 2013 sin muchas ambiciones, se transformó en una serie con un mundo propio y unos personajes con carisma e idiosincrasia. En cierto modo, también anticipó o ayudó a popularizar una cierta manera de afrontar las escenas de acción, donde la serie nos ha regalado escenas memorables y mucha sangre, a la altura de las mejores.

Esta cuarta temporada ha tenido mucho de epílogo, de recolocar las piezas para decir adiós. Son varios los hilos argumentales en esta última temporada: el rescate de Job, los fantasmas de Hood, la venganza de Carrie, los problemas de Proctor, el asesinato de Rebecca... Todas las tramas se han resuelto en un final que ha situado a sus personajes en otra etapa vital.

La serie cierra las historias de los personajes de una manera coherente con sus tramas. Proctor encuentra el final que merece, igual que la historia de su sobrina, cuya muerte es hilo conductor de varias tramas esta temporada, también tiene un final. Hood sigue en el camino, Brock ejerce su papel de sheriff, Carrie se pone en paz con su pasado... Cada uno, a su manera, dice adiós y empieza otra nueva etapa.

Sin ser excesivamente dramático, es verdad que el final no es un final feliz. Cabría esperar algo más edulcorado o más sangriento, pero la serie se despide con un regusto amargo. No buscan el golpe efectista de matar a un personaje querido, pero tampoco dejan que salga indemne de estos cuatro años en Banshee.


'American Gangster': la guerra de las drogas

American Gangster es probablemente una de las mejores películas que el director británico Ridley Scott ha dirigido en la última década, de lo mejor de su producción filmográfica junto a Alien, el octavo pasajero, Blade Runner y Gladiator. También se trata de una película que huye de la espectacularidad  del cine de Hollywood, algo que por sí no es malo y que ha caracterizado a muchas de las películas de Scott.

La película, con una estructura binaria, narra la historia del narcotraficante Frank Lucas y del policía incorruptible que le persigue, Richie Roberts. En cierto sentido, es un poco como la serie The WireAmerican Gangster no es un drama con la excusa de las drogas de fondo, sino que afronta el problema de las drogas y lo presenta como algo estructural. Es el dinero que mantiene engrasado el sistema económico.

De fondo está la Guerra de Vietnam, como hilo conductor y vertebrador de la historia. Lucas es un mafioso que aprovecha la muerte de su jefe para sustituirle y convertirse en el rey de la heroína durante los años sesenta y setenta. Importa directamente la heroína del sudeste asiático y mediante sobornos logra introducirla en EEUU oculta en los féretros de los soldados muertos. Policías, políticos, jueces, ejército, periodistas... todos están en nómina, convirtiendo el problema de las drogas en algo estructural.

El final, como en el cine negro de la Gran Depresión, tiene un mensaje moralizante. A forma de epílogo o coda, se narra la redención de Lucas, que tras su caída ayuda a encerrar a buena parte de los policías corruptos de Nueva York. Aunque el final es muy made in Hollywood, no empaña para nada el resto de la película. Las buenas historias siempre funcionan bien.

'Happy Valley': brillante segunda temporada

Cuando se estrenó Happy Valley no pasó nada. Nadie esperaba, a priori, nada de ella. Quizás, como mucho, otra de esas series policiles con aires costumbristas que se estilan en el norte de Europa. No tenía una premisa high concept de las que se estilan ahora, y lo único que invitaba a echarle un vistazo era el sello de calidad de la BBC. Eso fue antes de su estreno. Después, como un pequeño secreto, la bola de nieve ha ido creciendo y esta segunda temporada confirma las buenas sensaciones de su primera temporada: Happy Valley es una de las mejores en antena.

En un principio la primera temporada era algo lo suficientemente cerrado como no esperar o necesitar otro desarrollo posterior de la trama. Cuando BBC la 'recuperó' para una segunda temporada, estaba la incógnita de hacia dónde decidiría tirar la serie y si sería interesante ese nuevo rumbo: ¿otro caso Catherine Cawood?

Happy Valley vuelve como se fue: si la primera temporada trataba sobre la asunción de responsabilidades de nuestros actos y sus posteriores consecuencias, esta segunda temporada indaga todavía más en este hecho. Hay un asesino en serie que anda suelto, aunque lo importante no es eso, sino que sirve de excusa argumental para contar otras cosas. La trama de los asesinatos se mezcla, magistralmente, con la trama Tommy Lee Royce de la temporada anterior. A través del personaje de Cawood se nos muestran retazos de la vida de otros personajes, sus problemas, sus ambiciones, sus pequeñas miserias y grandezas. Cawood no es una heroína, como ella misma se encarga de recordarnos en su diálogo con el terapeuta, es sólo una persona normal a la que le pasan cosas normales. Ella duda, se equivoca y acierta como nosotros, por eso nos podemos ver reflejados en ella.

El hecho de contar con temporadas cortas de seis capítulos ayuda a no estirar mucho el chicle. Recibir pequeñas dosis de Happy Valley se ha demostrado una fórmula eficaz para la BBC y para los fans de la serie. Si las segundas temporadas son una prueba de fuego para las series, Happy Valley ha pasado la prueba con nota.


'Robinson Crusoe': la soledad y la amistad vistas por Luis Buñuel

Robinson Crusoe es una de las películas más atípicas dentro de la filmografía del genio aragonés Luis Buñuel. Perteneciente a su etapa mexicana, es la primera de sus películas rodada en color. Esta adaptación de la novela de Daniel Defoe se aleja del surrealismo (aunque está presente) de muchas de sus obras y la hace homologable a cualquier producción de Hollywood de la época. Dan O'Herlihy, protagonista de la cinta, fue nominado como mejor actor en los premios Óscar.
La dificultad de adaptar la obra de Defoe estriba en la falta de interacciones de Robinson con otros personajes. Buñuel opta por la voz en off para hacernos partícipes de los pensamientos de Robinson, ya que si no, parecería casi una película muda. Además, la introducción del gato y sobre todo la del perro ofrecen otra posibilidad de interactuar a Robinson. Esta primera parte de la película se centra en la soledad y angustia de Robinson. Para la segunda parte, la historia avanza mediante una elipsis temporal situándonos en la parte más interesante de la novela, cuando conoce a Jueves, ya que es la que ofrece mejores posibilidades narrativas. Aquí se explora la relación de Robinson, no ya consigo mismo, sino con los otros, representados sobre todo por Jueves.
Buñuel opta por incluir otros temas ajenos a la novela, algunos muy en boga en la época como el fantasma freudiano del padre. Robinson desobedece a su padre y se embarca en busca de dinero y aventuras. Es ese acto de desobediencia el causante de su actual situación. La película tiene dos momentos claramente surrealistas: las visiones de Robinson cuando cae enfermo y las visiones de Robinson borracho, en las que se mezcla sueño y realidad. Es en la primera de esas visiones donde Robinson ve a su padre, lo que sirve a Buñuel para explorar la relación paternofilial entre ambos. En esa visión, el padre niega el agua a su hijo sediento en una especie de castigo por haber sido desobedecido.

No hay épica en Robinson Crusoe, muchas veces no pasa nada, como en las películas neorrealistas. La verdadera épica está en la exploración de la soledad y de la soledad que lleva a cabo Buñuel.



'Happy Valley': asumir las responsabilidades de nuestros actos

Happy Valley es una de esas series de las que a priori, por su argumento, no cabría esperar mucho. Nada que ver con las series high concept tan habituales hoy día, que parten de una premisa tan interesante que estamos deseando verlas en cuanto sabemos algo de ellas. Estrenada en abril de 2014, esta serie británica supuso un éxito de crítica y público para la BBC, que casi dos años después vuelve a la carga con otros seis episodios en una segunda temporada.

El punto de partida es la historia de Catherine, una sargento de policía que lidera a un pequeño equipo en un pueblo perdido de la campiña inglesa. Se producen una serie de crímenes brutales que Catherine y su equipo tienen que resolver. A primera vista, parece otra de tantas series británicas noir que ya hemos visto antes. El argumento no está lejos de las premisas de Broadchurch o Fargo. Pero es aquí donde Happy Valley se eleva por encima de la media, desplazando la trama de los crímenes a un segundo plano y centrándose en la historia de Catherine Catwood, una mujer de 47 años, divorciada y al cuidado de una hermana exdrogadicta y un nieto, que tiene dos hijos, uno está muerto y con el otro no se habla. Vamos, lo que viene siendo un drama.

El acierto está en unir el drama de Catherine con los crímenes, haciendo especial énfasis en las relaciones humanas, pero sin caer en un melodrama de película de Antena 3. Todo pivota sobre el personaje de Catherine y la necesidad de asumir las responsabilidades de nuestros actos. El reparto es otro acierto más. Sarah Lancashire, que interpreta a la sargento Catherine Cawood, está enorme, y no es la única. Siobhan Finneran lo borda interpretando a la hermana yonqui de Cawood.

Es inevitable pensar en otras pequeñas joyas que la televisión británica nos ha regalado estos años, como Line of Duty, Inside Men o The Shadow Line. Happy Valley ocupa un lugar destacado por méritos propios. Ya querrían muchas series para sí mantener la tensión a flor de piel como hace Happy Valley

'Ginger Snaps', el drama adolescente

Ginger Snaps es una película canadiense sobre la licantropía que da una vuelta de tuerca a las típicas producciones del género. Ginger Snaps nos narra la relación entre dos hermanas un poco raritas, fascinadas por la muerte, que tienen un pacto para morir a los 16 años. Tras el ataque de un hombre-lobo y la posterior conversión de una de ellas en licántropo, la película explora la relación filial, claramente de dependencia, y utiliza la metamorfosis en lobo de una de ellas como metáfora sobre la adolescencia y los cambios que experimenta nuestro cuerpo en esa etapa. No es casualidad que el inicio de esa transformación lo marque la menstruación, que no sólo supone abandonar la niñez, sino que esta sangre está asociada al despertar de la bestia, algo que ya hizo Stephen King en Carrie.

La película intenta ir un poco más allá describiendo y narrando la relación entre las dos hermanas. De la subordinación y la sumisión se pasa al enfrentamiento y la independencia. Es la hermana pequeña, la que tiene una relación de dependecia muy fuerte con su hermana mayor, la que tiene que borrar las huellas que va dejando ésta y encubrir sus crímenes, tomando la iniciativa y adoptando el rol activo que antes desempeñara su hermana. El enfrentamiento final es inevitable. 

Lo mejor, ya digo, no son los efectos especiales, que ya eran cutres en la época, sino la historia que narra. Alejada de la superficialidad de otras películas del género, sin renunciar a ésta, intenta ir un paso más allá. No es Underworld, no es Aullidos, es Ginger Snaps. Quizá sea Being Human, la serie de la BBC, otro referente parecido en el género (al menos en sus primeras temporadas), más preocupado por la construcción de los personajes y por narrar una historia más compleja.


'Another Earth', la ciencia ficción como punto de partida


'Another earth' es una de esas películas a las que se suele enmarcar dentro del género de la ciencia ficción pero que en realidad sólo lo aprovechan como punto de partida para contar otras historias. Brit Marling, guionista y protagonista de la película, escribe un drama mezclado con algo de fantasía donde el verdadero relato de ciencia ficción empieza al final, cuando la protagonista, Rhoda Williams, se encuentra consigo misma, con su yo de un mundo paralelo.

La película narra la historia de Rhoda con un trasfondo de fantasía y ciencia ficción: aparece otro planeta Tierra igual al nuestro y con una versión de nosotros mismos habitándolo. Rhoda, brillante estudiante a la que espera un gran futuro, ve truncado su proyecto de vida cuando tiene un accidente de coche en el que mueren una madre y su hijo. A partir de ahí, entreteje su historia con otro personaje, el marido y padre al que ha arruinado la vida con su accidente; empieza su drama.

La culpa y la posibilidad de 'lavar' esa culpa tomando otras decisiones que eviten nuestros errores parece ser el verdadero tema central de la película. Si pudiéramos aconsejarnos a nosotros mismos antes de cometer un error, si pudiéramos deconstruirnos y analizarnos para cambiar lo que no nos gusta, seríamos capaces de construir otro yo diferente, un yo sin nuestros errores y con nuestros aciertos, un yo perfecto.

El hastío y la imposibilidad de ser otros es lo que lleva al bedel del instituto a buscar un descanso del mundo físico, del mundo de los sentidos, rociándose los ojos y los oídos con lejía. Para la protagonista todavía existe esperanza, todavía existe 'Otra Tierra' en la que las cosas son como deberían haber sido.

El Macguffin de otra Tierra paralela a la nuestra es sólo eso, una excusa argumental para contarnos la historia de culpa de Rhoda, su drama. Como en la novela de Ishiguro, "Nunca me abandones" (la película no la he visto), la ciencia ficción sólo sirve de punto de partida.

'Les revenants', una historia sobre la muerte

Momento de los títulos de crédito

Primero fueron los vampiros (si se puede llamar vampiros a esos seres que aparecían en 'Crepúsculo'), y desde que se estrenó 'The Walking Dead' en 2010, son los zombis. Como en el caso de los vampiros, hay mucha morralla, pero de vez en cuando sobresalen auténticas joyas, como la serie francesa 'Les revenants'. Estrenada en 2012, tuvimos que esperar hasta este otoño para saborear la estupenda segunda temporada concluida hace poco más de un mes. Otros ocho capítulos a sumar a los ocho anteriores, y con la esperanza puesta en que no sean los últimos. Fabrice Cobert, el creador de la serie, dice querer continuar, pero todo está en el aire.

La trama de la serie versa, en estas dos temporadas, sobre el regreso de algunos muertos a sus casas y todos los interrogantes que ello conlleva. ¿Por qué vuelven? ¿Qué es lo que les ha hecho regresar?  ¿Para qué vuelven? ¿Son amistosos o tienen malas intenciones? En los apenas 16 episodios de los que consta se plantean estas preguntas y algunas respuestas. Lo que más destaca es la atmósfera creada. Se conjuga lo visual, el guión, la interpretación y la música para crear una atmósfera asfixiante, bastante malrrollera en algunas ocasiones, pero a la vez sugerente y realista. Si alguna vez nos toca vivir un apocalipsis zombi, se parecerá mucho a esta serie.

Este niño da mal rollo
Las dos temporadas funcionan como un todo. Lo que se plantea en la primera temporada se resuelve en la segunda. Otra cosa es que nos guste esa resolución, que yo creo que es bastante acertada. Además, en esta segunda temporada cierran los grandes interrogantes que planteaban al comienzo, pero dejan la puerta abierta a una tercera temporada. Eso sí, sin el cliffhanger de la primera temporada. Si al final no hubiese más temporadas, estas dos temporadas, por sí solas, serían más que disfrutables.

Aunque aparezcan zombis, y que nadie se lleve una decepción, NO ES UNA SERIE SOBRE ZOMBIS. Al menos no es una serie sobre zombis del tipo al que estamos acostumbrados. Lo fantástico, más que el terror, y el drama, son las bases de esta serie. Una historia sobre la muerte desde una perspectiva nada común, llena de metáforas y apelando más a crear sensaciones que a dar grandes respuestas que todo lo explican.

Además, la serie cuenta con una banda sonora de lujo compuesta e interpretada por Mogwai. Mención especial a la canción que abre los títulos de crédito.






'Friday Night Lights': I love this game

Imagen sacada de www,fanpop.com

¿Por qué ver Friday Night Lights casi cinco años después de la emisión de su último capítulo? Friday Night Lights (a partir de ahora FNL) trata, al menos al principio, sobre el equipo de fútbol americano del instituto de Dillon, una pequeña ciudad texana. Pero es mucho más que una serie sobre deporte estudiantil. Es una serie sobre una comunidad, Dillon, y sobre cómo el deporte, en este caso el fútbol americano, articula esa comunidad. Y es una serie sobre el matrimonio Tayler, sus dramas familiares, sus alegrías... Todo pivota sobre estos dos ejes: Dillon y los Tayler.

La serie comienza con los Taylor, con Eric como nuevo entrenador de los Dillon Panthers, su mujer Tami buscando y encontrando trabajo como orientadora en el instituto (¿alguien dijo crisis?) y su hija adolescente Julie. Y la serie también acaba con los Taylor, completando así el círculo que empezó cinco temporadas atrás e iniciando otro nuevo que ya sólo podremos imaginar. Historia cíclica que se cierra con un nuevo comienzo.

Entre un principio y otro, la historia de los Tayler y de Dillon: los silencios cómplices de Eric y Tami, la perseverancia de Matt Saracen, el afán de superación de Tyra, la recuperación de Jason Street, los discursos del coach y otras tantas y tantas historias de los habitantes de Dillon, todas girando en torno al equipo de fútbol del instituto. Como en 'It's a Wonderful Life', la comunidad se preocupa y cuida a sus miembros.

El fútbol americano como metáfora de la vida, como retrato social de una comunidad y como eje vertebrador de todas las emociones. Tensión y lucha por marcar el último touchdown, la pelea no se acaba hasta que no se pagan las luces. Clear Eyes, Full Hearts, Can't Lose. ¿Todavía os preguntáis por qué me gusta este deporte?