Nuestro mundo weird: 'La primera vez que vi un fantasma' y 'El cielo de la selva'
Vilar Madruga, Elaine (2023). El cielo de la selva. Lava
Crímenes reales (2023) es una novela de terror escrita por Samantha Kolesnik. Otra vez más, gracias al buen ojo de las mujeres de La Biblioteca de Carfax, hemos podido disfrutar de esta obra en castellano. Es casi inevitable entrar en el salseo para hablar de Kalesnik. La autora, también guionista, directora y productora de cine, se ha retirado de la escritura después de que el que fuera su marido fuera condenado el año pasado por asesinar y desmembrar a su esposa anterior. Escribir lo que escribe y que te toque vivir una situación así tiene que ser complicado.
La novela narra en primera persona la historia de una adolescente, Suzy, víctima de abusos y violencia desde que era una niña por parte de su madre y otros adultos. Cuando un día asesina a su madre, huye junto a su hermano mayor Lim sembrando cadáveres a su paso.
La primera parte de la novela es una road movie, un poco a lo Truman Capote en A sangre fría. Suzy huye junto a Lim hasta que son atrapados por la policía. Él es acusado de todos los asesinatos que cometieron, mientras que ella es enviada a una familia de acogida. La segunda mitad de la novela es un reflexión sobre el mal: ¿un monstruo nace o se hace? ¿Tiene remedio una persona como Suzy después de todos los abusos que ha sufrido? Es una obviedad: ser víctima no te hace mejor persona. Kolesnik parte de esta perogrullada para planter(nos) el origen del mal. Como llega a decir un personaje de la novela, existen los constructores y los destructores.
Crímenes reales tiene un estilo directo, casi minimalista, que te golpea. Frases cortas para narrar una historia repleta de violencia, presentada de la manera más cruda posible. Se la ha comparado con Jack Ketchum y su La chica de al lado. Allí era un testigo el que narraba la violencia que se ejercía contra una adolescente. En Crímenes reales la violencia se narra en primera persona. En ese sentido y por su crudeza creo que se asemeja más a El fin de Alice de A. M. Homes. De manera más tangencial también se la puede relacionar con El elixir negro de Elizabeth Engstrom: una adolescente víctima de abusos que se convierte en victimario en un frenesí de violencia.
Gideon Falls es un cómic creado por Jeff Lemire y Andrea Sorrentino. Por temática, entra dentro del terror, aunque tiene tintes de thriller sobrenatural de los noventa. Lo del terror en el cómic, sobre todo occidental, es todo un tema. En el caso de Gideon Falls sí se puede decir que se ajusta a ese género.
La cantidad y calidad de literatura escrita en países latinoamericanos parece que no tiene fondo. En Uruguay podemos disfrutar de Fernanda Trías (1976) —por aquí hablé de Mugre rosa y El monte de las furias—, que junto a Inés Bortagaray (1975) y Natalia Bardero (1975) forman parte de una nueva generación de escritores. Tamara Silva Bernaschina (2000) forma parte de la novísima generación que está surgiendo en Uruguay, y desde la publicación de Larvas (2025), publicado por Páginas de espuma, el interés por su obra se ha amplificado.
La Biblioteca de Carfax, además de publicar señoras victorianas, también de vez en cuando rescata obras como esta de Sara Gran, publicada originalmente en 2003. Además cuenta con prólogo de Mariana Enriquez, que un poco como Stephen King varias décadas atrás, se ha convertido en prescriptora de terror, de manera directa o indirecta.
Stigmata (1999) es una película dirigida por el británico Rupert Wainwright y protagonizada por Gabriel Byrne y Patricia Arquette. Aprovechando el fin del milenio en el mundo cristiano occidental, surgieron muchas películas con este tipo de argumento mileniarista de fin del mundo, satanás y chorradas varias. Stigmata, junto a El fin de los días, es una de las más destacadas. Como curiosidad, Byrne aparece en las dos, aquí como protagonista, en la otra como secundario.
Wainwright, para sorpresa de nadie, viene del mundo del videoclip. Eso se nota y mucho en su manera de dirigir, con mucho corte y una velocidad espídica. Pero también tiene cosas chulas, que si no de autor, sí sorprenden un poco, como un plano desde dentro de un microondas. A veces se saca unas composiciones de plano muy originales, como el de Patricia Arquette en la bañera o esta del microondas que he comentado antes. Gran parte de la trama se desarrolla en Nueva York, que comparte con Sev7n (1995) el gusto por la lluvia, confiriéndole a la película un toque industrial y decadente, con una fotografía virada al azul. El problema de Wainwright es un guion que no acompaña.
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| El típico baño de una peluquera en Nueva York que es más grande que tu casa de Albacete |
La trama gira alrededor de posesiones, conspiraciones vaticanas y el conflicto entre fe y razón. Hasta cierto punto, anticipa lo que sería El código Da Vinci y obras similares. Byrne interpreta el papel de un sacerdote católico con formación científica encargado de investigar supuestos milagros alrededor del mundo. Así conocerá al personaje interpretado por Arquette, una joven atea de Nueva York que sufre los estigmas de Cristo. El guion es muy torpe, con mucho diálogo explicativo —tan común en nuestros días— que rompe el ritmo de la película. Con una duración de poco más de 100 minutos, la película se hace larga. La interpretación de Arquette demuestra lo buen director que era David Lynch, capaz de sacar lo mejor de repartos mediocres. Aquí su interpretación está flojita.
Hyams, que ya se ha pasado reciéntemente por el blog con Capricornio Uno (1978), se acerca también a Sev7n: no llueve en la película, pero sí tiene unos grises humedos en una ciudad sucia llena de humo y vapores. También comparte con la película de Fincher una fotografía contrastada, de negros profundos, aunque mucho más subexpuesta. Es curioso que pese a tratarse de un thriller de acción sobrenatural, con sus persecuciones y explosiones varias, la realización sea más sobria, casi clásica, comparada con el estilo videoclipero de Wainwright en Stigmata. El problema de Hyams, como el de Wainwright, es el de tener un guion que es una chorrada.
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| Luz, fuego, destrucción... |
Schwarzenegger interpreta el papel de un expolicía, Jericho Cane, que después de perder a su mujer y a su hija, trabaja en el sector de la seguridad privada. En este trabajo se cruzará con el demonio, personaje interpretado por Byrne, que busca a una mujer para engendrar el anticristo y desatar el apocalipsis. A partir de ahí, Cane se verá envuelto en una trama sobrenatural en la que su objetivo será proteger a esa mujer del demonio y del Vaticano y detener el apocalipsis. Aquí la parte de la conspiración es más secundaria que en Stigmata, centrándose la trama en la acción.
El mejor fin de siglo en la gran pantalla sigue siendo el de Días extraños. Al menos ahí el milenarismo —va a llegaaaar— se lo ahorraron, dejándonos sólo con el cyberpunk. Mención de honor a The Omega Code (1999), dirigida por Robert Macarelli y protagonizada por Casper Van Dien. La película también se adentraba en este mundillo de las conspiraciones, misterios y pánico al cambio de milenio, pero lo hacía desde la propaganda evangélica —no hubo estudio detrás, sólo un grupo de televisión evangélico—. Tremenda bizarrada. Aunque con todo lo que vino después, ya no parece tan risible ese miedo al cambio de milenio, ¿no? Otra que se queda fuera es Resurrección (1999), dirigida por Mulcahy —sólo puede quedar uno— y protagonizada por Christopher Lambert, que era más copia de Sev7n que otra cosa, un poco como Fallen (1998) y El coleccionista de huesos (1999), protagonizadas por Denzel Washington.
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The Odessa File (1974) es una película británica dirigida por Ronald Neame y protagonizada por Jon Voight, con Maximilian Schell como secundario de lujo. La historia narrada está basada en una novela de Frederick Forsyth. Tanto Forsyth como Neame venían de triunfar con sus anteriores trabajos, uno al ver adaptada con éxito Chacal (1973) y el otro tras dirigir una de las películas más taquilleras de la historia en esos años, La aventura del Poseidón (1972). Ya se encargaría el nuevo cine de Hollywood, con Lucas y Spielberg a la cabeza, de destronar a Neame de ese trono en los siguientes años.
La trama se sitúa en 1963 con el personaje interpretado por Voight, Peter Miller, como protagonista. El mismo día que Kennedy es asesinado en Dallas un anciano judío se suicida en Hamburgo. Por casualidad, Miller, que es periodista, cubre la noticia del suicidio. Un amigo policía le hará llegar un manuscrito hallado en el piso donde vivía el viejo judío, en el que relata los hechos que vivieron su mujer y él en un campo de concentración en Riga. Este manuscrito despierta el interés de Miller, que va a la caza del oficial responsable del campo de concentración y de la organización secreta que ampara a antiguos miembros de las SS, Odessa.
Las dos terceras partes de la trama se desarrollan a un buen ritmo, centradas en la investigación periodística de Miller. El tercio final es un poco más atropellado. La narración aporta muchos datos, metiéndonos de lleno en el reportaje de Miller. También se contextualizan estos datos, muchos de los cuales son reales, como algunos personajes que aparecen en la película, mención especial al cazanazis Simon Wieshental. Porque si algo hay que destacar de Odessa es que los nazis que aparecen en la película no son como los de Indiana Jones, más cercanos al pulp, sino que son bastante reales. La trama, a través de la investigación de Miller, narra el fallido proceso de desnazificación llevado a cabo en Alemania Occidental y la existencia de una organización nazi infiltrada en la administración y el sector económico.
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| Si viste como un nazi, dice cosas nazis y se comporta y hace cosas nazis, igual es que es un nazi |
El estilo de Neame en la dirección es bastante realista, alejado de la acción de otros thrillers de la época y de cierto estilo documental en boga. Muestra una Alemania Occidental todavía en estado de reconstrucción. La cámara sigue a los personajes con paneos y travelings, casi no hay cámara en mano —lo contrario que Friedkin y The French Connection— y con una fotografía que refuerza la suciedad de esa Alemania parcialmente en ruinas. Además, la película sirvió para que se capturara al carnicero de Riga, visibilizando el hecho de que muchos nazis seguían ocupando puestos importantes en la administración alemana y austríaca después de la guerra. Por el lado negativo se puede mencionar algunas interpretaciones, como la de Voight, demasiado intenso y pasado de rosca. Claro, luego piensas en Christopher Walken y Nicholas Cage y se te pasa.
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| Nos inyectan «chís» con las vacunas |
