La familia como destino de perdición: 'Larvas' y 'La oscuridad es un lugar'
La cantidad y calidad de literatura escrita en países latinoamericanos parece que no tiene fondo. En Uruguay podemos disfrutar de Fernanda Trías (1976) —por aquí hablé de Mugre rosa y El monte de las furias—, que junto a Inés Bortagaray (1975) y Natalia Bardero (1975) forman parte de una nueva generación de escritores. Tamara Silva Bernaschina (2000) forma parte de la novísima generación que está surgiendo en Uruguay, y desde la publicación de Larvas (2025), publicado por Páginas de espuma, el interés por su obra se ha amplificado.
Larvas es un libro de relatos cuyo hilo temático gira alrededor de las relaciones familiares. Bernaschina opta por el fantástico y el terror, con una buena dosis de body horror y asco. Los personajes de los relatos viven en el rural uruguayo, en el interior del país —la propia autora es originaria de Minas—, en un entorno extraño que se manifiesta a través de la atmósfera (humedad) y/o una naturaleza hostil. Muchos personajes son niños y adolescentes que viven lo extraño con naturalidad, como una parte más de su realidad material.
En Larvas las relaciones familiares son un reflejo también de los animales, insectos y fenómenos naturales extraños que se manifiestan a lo largo de los relatos. Estas relaciones pueden ser parasitarias o simbióticas, teniendo muchas veces el cuerpo de los protagonistas como elemento de disputa: los hijos son propiedad de sus padres por lazos de sangre. Esos cuerpos también experimentan mutaciones y transformaciones, grotescas las más de las veces. Las relaciones también son un ser vivo más, que nace, se reproduce y muere.
En Larvas las relaciones familiares son un reflejo también de los animales, insectos y fenómenos naturales extraños que se manifiestan a lo largo de los relatos. Estas relaciones pueden ser parasitarias o simbióticas, teniendo muchas veces el cuerpo de los protagonistas como elemento de disputa: los hijos son propiedad de sus padres por lazos de sangre. Esos cuerpos también experimentan mutaciones y transformaciones, grotescas las más de las veces. Las relaciones también son un ser vivo más, que nace, se reproduce y muere.
Como en Larvas, los personajes de La oscuridad es un lugar también son niños y adolescentes, poniendo el foco en su vulnerabilidad. Está la niña que escapa al trágico destino de su familia huyendo al bosque con un desconocido que le alerta de este próximo fin. También está el adolescente explotado por su familia —vive en una familia-empresa—, encargado de cuidar a la atracción de feria que es su hermano, mitad hombre, mitad pez. Los lazos afectivos entre los miembros de las familias que aparecen en los relatos son asimétricos y obedecen a intereses egoístas. La única posibilidad de huir que tienen los protagonistas es un hecho disruptivo, una fisura en su realidad que rompa con ese vínculo tóxico. Otra característica en el estilo de Castellarnau es el de los finales abiertos. Muchas veces no sabemos qué pasa más allá de esa fisura en la realidad, qué es de esos personajes. Un poco como sucede en La juguetería mágica de Carter: algo se acaba y lo que viene a continuación también es aterrador.
Pocos países tan chiquitos han dado tanto y tan bueno a la humanidad, desde Mujica a Bendetti. Ojalá cambiar Almería por Uruguay. Hasta que eso suceda, podemos disfrutar de su literatura y de artistas y grupos de rock como Sordromo (gracias Paolo), No Te Va Gustar, Killer Burritos, Alberto Wolf, La Vela Puerca (gracias Ander) y El Cuarteto de Nos.
Silva Bernaschina, Tamara (2025). Larvas. Páginas de espuma.
Castellarnau, Ariadna (2020). La oscuridad es un lugar. Ediciones Destino.






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