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PORSIEMPRISMO EN EL CINE DE TERROR vol.1: 'La casa de cera', 'Viernes 13' y 'Hermandad de sangre'

Grafton Tanner en su libro Porsiemprismo (2024) sostiene la tesis de que la industria cultural explota una y otra vez la misma imagen recortada del pasado, viviendo en un ahorismo continuo que nos impide pensar el futuro y sentir nostalgia por el pasado. Algo de todo esto ya detectaron críticos culturales como Mark Fisher y Simon Reynolds, situando su comienzo en la década del setenta. Reciclar estéticas pasadas para comercializarlas tiene como consecuencia la pérdida de la imaginación, ya que la cultura en el capitalismo digital consiste en reproducir lo viejo, no en pensar lo nuevo. También acarrea la imposibilidad de generar una distancia entre nuestro presente y el pasado que verdaderamente nos permita experimentar nostalgia. Así llegó el nuevo siglo y el cine de terror comercial se dedicó a los remakes de películas asiáticas, a refritos slasher de Scream, al thriller sobrenatural y de asesinos en serie y a un montón de remakes y reinicios de sagas y películas clásicas de los setenta y ochenta. En esa década del dos mil asomaron con fuerza el Nuevo Extremismo Francés, el cine británico, la pequeñas producciones europeas —sobre todo alemanas, escandinavas y del Este— y distintas cinematografías asiáticas, mientras Hollywood se convirtió en una fábrica de espectros, reciclando su propio pasado y pillando cosas de aquí y de allá. La lista de remakes, reinicios y posteriores secuelas es larguísima, desde películas y sagas míticas hasta otras más oscuras y olvidadas: la nueva trilogía de Halloween de Rob Zombie, La matanza de Texas (2003), La casa de cera (2005), Viernes 13 (2009), Las colinas tienen ojos (2006), San Valentín sangriento 3-D (2009), Hermandad de sangre (2009), La última casa a la izquierda (2009), Carretera al infierno (2007), El padrastro (2009), Negra Navidad (2006), La profecía (2006), The Fog (2005), Willard (2003)... El fin de la nostalgia llegó en la forma de bucle infinito que se repite a sí mismo.


La casa de cera (2005) está dirigida por el español Jaume Collet-Sierra y protagonizada por Elisha Cuthbert, que venía de la serie 24 y varias películas románticas. A Cuthbert la acompañaban secundarios como Sam Winchester Jared Padalecki y Paris Hilton. Fue la presencia de Hilton lo que condicionó la recepción de La casa de cera, poco menos que convirtiendo a la película en una especie de serie Z. Lo que contrasta con el presupuesto nada desdeñable con el que contó Collet-Serra para dirigir la película, que luce un diseño de producción y unos efectos bastante por encima del slasher adolescente medio de esos años. Porque en eso se convirtió ese remake, un slasher que poco tenía que ver con la pacata Los crímenes del museo de cera, película protagonizada por Vincent Price en 1953, y también radicalmente alejada del tono de Los crímenes del museo (1933) dirigida por Michael Curtiz, ejemplo de cómo saltarse la censura y ser, casi cien años después, ejemplo de modernidad en el cine de terror. Así que La casa de cera se inspira en esos antecedentes, el gótico y el misterio, para construir un slasher adolescente con algo de gore y unos efectos prácticos —la casa de cera deshaciéndose por el calor— que se llevaron la mayoría del presupuesto de la película.

Lo que muchos aficionados al terror celebraron

La casa de cera fue el debut en Hollywood de Jaume Collet-Sierra y su manera de dirigir es lo que la diferencia de otros slashers de la época. Están esa manera de dirigir tan predominante en la época de mucho corte y ritmo acelerado junto a una estética más sucia y realista, pero pasadas ambas por el tamiz «europeo» de Collet-Serra. La casa de los 1000 cadáveres de Rob Zombie y La matanza de Texas de Marcus Nispel inauguraron en 2003 esta estética más sucia, deudora del cine de terror de los setenta. También empieza a asomar en la película de Collet-Serra un gore que poco o nada tenía que ver con lo visto unos años antes en el cine comercial. Sin llegar a ser tan bestia como en el torture porn, sí gana en ser más explícito y visceral.


Grabar con una cámara de vídeo, esos tiempos


La película tiene en uno de los villanos un toque histriónico y bastante teatrero que recuerda al personaje interpretado por Steven H. Price en otro remake, House on Haunted Hill (1999). Hay varios personajes que aunque no de una manera tan exagerada sí rozan la parodia. Y no, Paris Hilton es un desastre actuando pero no es un completo desastre. Tampoco convierte eso a La casa de cera en una película de culto a reivindicar, pero como lo que es, ya sobresale por encima de la media. Tampoco nos podemos olvidar de un guion que está más cerca del giallo italiano que de tu slasher adolescente prototípico.

Viernes 13 (2009), segundo remake dirigido por Marcus Nispel en esa década después de La matanza de Texas (2003), es la duodécima película de una saga casi eterna. Como en el caso de La matanza de Texas, la Viernes 13 de Nispel pegó fuerte en taquilla, confirmando a los estudios de Hollywood que todavía se podía seguir rascando la sartén un poco más. 

La película contó con Sam Winchester Jared Padalecki, que volvía a repetir en un remake de terror, pero esta vez en el papel protagonista. Como curiosidad, en ese 2009 también pudimos ver a Dean Winchester Jensen Ackles, compañero de reparto de Padalecki en Sobrenatural, protagonizar su propio remake de terror, San Valentín sangriento 3-D. Sí, fue la oscura época de añadir efectos de 3-D en posproducción porque «es el futuro»; o eso decían. Lo de Padalecki en esta película roza el absurdo, porque lo de que es Sam Winchester, su personaje en Sobrenatural, no es coña. Lo visten igual para la película. Y tampoco es un actor que ande sobrado, así que la película es como ver un capítulo de Sobrenatural en Crystal Lake.

Marcus Nispel se levantó gracioso ese día

Viernes 13 es un tanto peculiar por la autoconsciencia que Marcus Nispel tiene del medio que está trabajando, en mi opinión para bien. La película arranca con un breve prólogo de lo que pasó en el campamento de Crystal Lake en 1980 para presentarnos a un grupo de personajes, prototípico a más no poder, que casi treinta años después buscan el campamento. Lo que hace Nispel es construir un falso principio con estos personajes, a los que Jason despacha en una primera media hora que parecía el arranque verdadero de Viernes 13. Ambientada unos meses después, la historia continúa con otro grupo de personajes que van a pasar unos días de vacaciones a una cabaña que tiene el padre de uno de ellos, cerca de Crystal Lake. Por ahí se cruzan con el personaje que interpreta Padalecki, en busca de su hermana desaparecida y que formaba parte del grupo de jóvenes que asesina Jason en el comienzo de la película. A partir de ahí la película ya se convierte en algo más estándar, pero ese comienzo y algunos one-liner que sueltan los personajes le dan otro tono a lo que podía haber sido Viernes 13 pero ahora meta como Scream.

El capítulo perdido de 'Sobrenatural' donde Sam Winchester se adentra con su moto en el atardecer

Marcus Nispel, que viene de dirigir videoclips como otros tropecientos directores de la época, sí que se diferencia en algunas cosas. Grabada en película de 35mm, aparece un grano que no desentona, alejado de esa textura digital que da un look demasiado artificial y que era dominante en el cine comercial. Nispel también introduce, además del grano, una suciedad que ya recuperó en La matanza de Texas unos años antes. Es una película bastante oscura por momentos, con unos negros empastados que contrastan con unos colores desaturados en los que predominan los marrones. Viernes 13 también tiene momentos de pausa, donde la cámara se mueve menos, con mucho uso de teleobjetivos. Lo que contrastas con unas escenas de acción mucho más frenéticas y aceleradas.

En este rascar la sartén de la industria de Hollywood por aprovechar cualquier resto llegó Hermandad de Sangre (2009), un remake de un slasher de los ochenta no muy conocido que en España llevó el título de Siete mujeres atrapadas (1983). Dirigida por Steward Hendler, del que ya hablé hace unas semanas por aquí de su película Hellion, el ángel caído (2007), demuestra en Hermandad de sangre que un reloj estropeado da bien la hora dos veces al día. Sin duda, el mérito recae en gran parte en un guion que ha convertido a Hermandad de sangre en un pequeño fenómeno de culto. En el reparto destacan la protagonista, Briana Evigan, que también venía del mundo del videoclip como el director, y una Carrie Fisher en un papel secundario que gana protagonismo en el tercio final de la película.

La película copia a la original de 1983 al usar la misma excusa narrativa: una broma de fraternidad que sale mal. Un grupo de estudiantes de último año celebra una fiesta en su casa de fraternidad. Una de ellas es drogada para ser violada por su novio, pero en el último momento sufre una sobredosis. Todo esto en apariencia, porque en el fondo se trata de una broma coordinada por sus amigas, una mera venganza contra el novio que le puso los cuernos. Todo acaba mal porque estiran la broma demasiado, y el novio acaba matando de verdad a la chica. Visto mil veces, deciden deshacerse del cuerpo y seguir con sus vidas, hasta que un asesino les da caza una a una. Lo dicho, especialmente después de Sé lo que hicisteis el último verano (1997), no tiene mucho misterio. Como detalle, se menciona a Youtube y Facebook, pero cada vez que hay que hacer uso de un teléfono móvil, o se pierde, o se olvida en otra parte o no tiene cobertura. Ya sólo por esos detalles la película se sitúa más de nuestra época que la mayoría de slashers de esa década. Una película ambientada en la actualidad sin pantallas e internet es raro.

La princesa Leia a la caza de soldados imperiales

La película comienza con un plano secuencia de la fiesta que tiene lugar en la casa de la fraternidad femenina a la que pertenecen las protagonistas. Creo que el plano secuencia tiene algo de trampa, ya que hay dos momentos en los que la cámara atraviesa una puerta en los que parece que hay un corte, pero no se nota demasiado. Y no es lo típico de director con ataque de autor que se quiere sacar la chorra con un plano secuencia. Aquí sirve para presentar al grupo de amigas. La cámara sigue a cada una de ellas, como una carrera de relevos en la que una va presentando a la otra. También sirve este plano secuencia para presentar desde el mismísimo comienzo la geografía de la casa, que en el tercio final será fundamental, ya que la casa de la fraternidad se convierte en una especie de laberinto. Al final va a resultar que Steward Hendler no es tan manta como parecía en Hellion, el ángel caído.

La FRASE de la película

Si Marcus Nispel y Jaume Collet-Serra optaban por la suciedad en sus películas y por unos colores desaturados, Steward Hendler opta por todo lo contrario. Él, que viene del mundo de la publicidad de coches, pasa de unos colores neón en la fiesta a una fotografía que vira a verde y que recuerda a The Ring (2002), el remake de Gore Verbinski, un poco la precursora de esos grises del cine independiente que luego se hicieron tan populares. De cualquier modo, ese contraste entre los colores alegres de la fiesta y el crimen le dan un toque especial a la película. También está el detalle del etalonaje, que hace que las protagonistas luzca, especialmente sus pieles, de una manera artificial, como si fuesen muñecas. 

Farmear aura hace veinte años era irse de botellón a una mina abandonada

Muy chula es la dirección de Steward Hendler en las escenas donde aparece algún desnudo. Para mí destaca por sobre las demás la escena de las duchas. Hendler no es el típico director de primeros planos de culos y tetas. La escena de las duchas está dirigida de una manera muy natural y nada erótica: la coreografía de las actrices permite ver algún desnudo, y aunque los tiros de cámara no buscan ocultarlos, tampoco los persiguen. Es lo contrario a lo que se hacía, que bien huía de los desnudos o te ponía culos y tetas porque sí. Esta manera de dirigir, el humor negro y el tono meta omnipresente en la mayoría de producciones, hicieron de Hermandad de sangre un título que con los años se ha ido revalorizando. Es la típica película que te perdiste en la época, que no te llama la atención después y que si decides darle una oportunidad te soluciona una tarde tonta el fin de semana.

Under the football lights
She looked me in the eye
She grabbed my sleeve and said believe I'm going down tonight
We felt it on our skin
Walking against the wind
Romeo and Juliet they said we couldn't win
She don't know how she can win
She don't know where to begin
She's looking out for a friend
She's calling out in the darkness

Keeping our heads above water
Trying to learn how to swim
Saying you're all I got just to breathe again
Feeling the world and the weight of it's shadow
Saying we're too young to fight this battle
Taking all your love to believe again

THRILLERS DE COREA LA MALA vol. 2: 'Lady Vengeance', 'The Wailing' y 'Deranged'

Sympathy for Lady Vengeance o Lady Vengeance (2005), título acortado que utilizan las plataformas de streaming para denominar a la película, está dirigida por Park-Chan woo. Se trata de la tercera y última entrega de eso que el director llamó Trilogía de la venganza, compuesta por Sympathy por Mr. Vengeance (2002), Old Boy (2003) y esta Lady Vengeance (2005). Park-Chan woo, que ya empezó a destacar con JSA (2000), consiguió con Old Boy una repercusión internacional que hasta Tren a Busan (2016) y Parásitos (2019) ninguna película coreana tuvo, salvo la excepción de The Host (2006). La película está protagonizada por una carismática Lee Young-ae y por Choi Min-sik, que se come la pantalla. Choi Min-sik, al que ya mencioné aquí cuando hablé de I Saw the Devil (2010) es uno de los rostros más conocidos del cine coreano, entre otras cosas, gracias a su papel en Old Boy. Aunque a otro nivel, es el Takeshi Kitano de su generación.

Lady Vengeance narra la historia de Lee Geum-ja, una joven, casi adolescente, encarcelada por el secuestro y asesinato de un niño cometido por otra persona. En la cárcel se gana el apodo de «la amable Geum-ja», una fachada dulce y amable tras la que oculta su plan de venganza contra el verdadero culpable del asesinato del niño, Sr. Baek, papel interpretado por Choi Min-sik. Así conoceremos su relación con otras reclusas, cómo estas se sienten en deuda con Geum-ja y el por qué de haberse declarado culpable de un asesinato que ella no cometió.

Sacar al perro a pasear en Corea no es como pensáis

La película navega entre las aguas de una violencia brutal, aunque reservada a unos cuantos momentos, y una estética visual lírica, muy poética, que la emparenta con un título como Amélie (2001). Los colores saturados, el barroquismo de algunos decorados recargados hasta el exceso, la banda sonora clásica y la atmósfera como de cuento de hadas recuerdan a la película francesa, aunque en su reverso oscuro: Lady Vengeance poco a poco se va desaturando en los colores, acabando con una paleta más apagada, no tiene el efecto dreamy de un filtro difusor, su luz es dura y llega hasta el punto de escenas expresionistas. 

En la República de Weimar estarían orgullosos de esta película

Si por algo destacaría la dirección de Park-Chan woo es por el uso del color y su simbología dentro de la película. El rojo y el blanco son dominantes, simbolizando la rabia y la culpa el rojo y la inocencia y la pureza perdida el blanco. A medida que avanza la trama y Geum-ja consuma su venganza, los colores se van desaturando y la película acaba casi en un blanco y negro, simbolizando el vacío de Geum-ja, que culmina en la escena final de la nieve. La cámara está más estática y se mueve mucho menos que en Old Boy, priorizando la composición de esos planos tan barrocos y sobrecargados que abundan en la película. La estructura, aunque se sigue bien, es fragmentaria, con continuos saltos temporales y distintas presentaciones de personajes.

The Wailing (2016), El extraño en España, es una película dirigida por Na Hong-jin, del que ya hablé también por aquí cuando reseñé su primera película, The Chaser (2008). No es un director que se prodigue mucho, ya que este 2026 ha estrenado Hope, la que es hasta ahora su cuarta y última película. Como protagonista tenemos a Kwak Do-won, que ya coloboró con Na Hong-jin en su anterior película, The Yellow Sea (2010), además de aparecer en otro thriller político y de acción más o menos conocido, Steel Rain (2017). 

En un pequeño pueblo coreano comienza a suceder asesinatos brutales y aparentemente sin unas motivaciones claras. La policía, como suele ser habitual en el cine coreano, están en la inopia, haciendo gala de una total falta de preparación y profesionalidad. El miedo y los rumores crecen en esta pequeña comunidad rural, que achacan todos sus males a la llegada de un viejo ermitaño japonés que vive en la montaña cercana al pueblo. Kwak Do-won interpreta el papel de sargento de la policía destacado en este pueblo, donde vive con su madre, su mujer y su hija pequeña. La película comienza apuntando al thriller de asesinos en serie, pero cuando la hija del personaje que interpreta Kwak Do-won muestra síntomas de estar poseída, The Wailing se convierte en un thriller sobrenatural coqueteando con el terror más puro. Quizás sea una de las cosas que más pueden chocar al espectador. No es que no haya apuntado en esa dirección con algunas escenas y detalles, pero el paso se una cosa, el thriller, a la otra, el sobrenatural, parece bastante brusco. The Wailing comienza casi como comedia costumbrista, coge el carril del thriller y en algún momento se incorpora con un volantazo al terror.

Empleado del mes en Tyrell Corporation

La película usa un recurso que a mí me molesta bastante: el de construir una escena que acaba en susto para al final revelar que «era un sueño». Na Hong-jin, como hizo el Anderson malo en Horizonte Final (1997), utiliza este recurso varias veces en su película. Y hasta tiene cierto sentido, pero no deja de ser algo molesto y un poco de vago. Es junto a esa fusión de thriller con terror que hunde sus raíces en el folclore coreano lo que menos funciona de la película. Por otro lado, esa estética de realismo sucio de colores grises fríos, la iluminación natural, el barro, la lluvia y la niebla contribuyen a unos escenarios que dan la sensación de estar abandonados, desgastados por las inclemencias del tiempo y el clima.

Las ganas de vivir después de una semana de trabajo

El tono tan característico de los thrillers coreanos, ese que mezcla distintos géneros, también está en The Wailing. Ya dije que empieza casi como comedia costumbrista, como cuando la hija pequeña pilla al protagonista y a su mujer follando en el coche. O cuando el protagonista se mea en los pantalones del susto en una escena del crimen. Hay varios ejemplos de esto. Por otro lado juega a algún tipo de dualidad que se insinúa al principio y se explicita al final: ¿es el extraño viejo japonés un demonio? ¿Y la misteriosa mujer de blanco un espíritu benigno? ¿Cuál es el papel del chamán? Asistimos a un ritual de exorcismo con un montaje en paralelo muy chulo, un ritmo frenético que combina a la hija de Kwak Do-won contorsionándose en su casa, al chamán en pleno ritual en la calle y al anciano japonés en su cabaña de la montaña. Es precisamente en el montaje donde brilla la película. Aunque el título de la película en España, El extraño, despista bastante de un montaje que juega precisamente a la ambigüedad. Y que Na Hong-jin es bastante tramposo para hacernos creer una cosa cuando es la contraria. La falta de información y el montaje es clave para este juego que se trae entre manos Na Hong-jin.

Deranged (2012) es una película de pandemias dirigida por Park Jung-woo. El título en inglés con el que se distribuyó la película viene a significar algo así como «trastornado», un poco genérico que no ayudó demasiado su difusión. En coreano el título alude a los gusanos parásitos protagonistas de la pandemia. 

La película se centra en Jae-hyeok y su familia. Casi como nos tiene acostumbrados el cine coreano, Deranged comienza como una dramedia costumbrista. Jae-hyeok es un profesor de química venido a menos desde que aconsejado por su hermano invirtió todos sus ahorros en bolsa y los perdió. Desde entonces tiene que trabajar en puestos poco cualificados y es un vinagres que maltrata a su mujer e hijos. Su hermano, detective de policía, vive para compensar su error en búsqueda de otro pelotazo en bolsa, para, para lo que recurre a su novia, científica del ministerio. Con todo este entramado de personajes girando alrededor del protagonista comienza la película, cuando empiezan a aparecer cadáveres en el río. Un parásito que se transmite a través del agua se expande por Corea la menos buena y provoca la emergencia nacional. Jae-hyeok deja a su mujer e hijos infectados en un hospital mienstras que emprende la búsqueda de las medicinas que los salven. Las tramas de su hermano y su cuñada convergen con la trama del periodista destapando un gran escándalo. Deranged es poco coreana en algunos de sus planteamientos. La policía, aunque el hermano del protagonista sea un poco zoquete, actúa con eficiencia, así como el gobierno y otros organismos estatales. La corrupción se encuentra en un malvado demasiado codicioso y unos científicos algo tontos que se prestan a su plan. La película también tiene un tono más occidental, ya que a pesar de su comienzo algo costumbrista rápido coge el tono de thriller familiar: el protagonista, un hombre mucho hombre, se desvive por conseguir una cura para su familia. Su mujer es buena esposa y buena madre que espera la cura del marido. Y así un poco todo. Cuando el protagonista está a punto de conseguir o consigue la medicina, algo sucede y tiene que volver a comenzar su búsqueda.

Así era buscar cosas en internet hace tres lustros

Park Jung-woo fue guionista de comedias de éxito en la década de los noventas y con el cambio del siglo se pasó a la dirección. Esta Deranged (2012) y Pandora (2016) son su incursión en el cine de catástrofes de gran presupuesto, con un muy buen resultado de taquilla. Son películas bastante genéricas y donde no destaca una dirección de autor, como Lady Vengeance y The Wailing. Deranged es una película con una fotografía muy anodina, de colores fríos grises y azules muy desaturados, mucha cámara en mano, ritmo frenético y un CGI más que correcto. Park Jung-woo dirige una película que no desentonaría en el catálodo de Netflix en 2026: más que correcta pero completamente anodina.

He got lucky one time
hitting with the girl in room 509.
She turned her back on him, facing the frame
and said, Listen Joe, don’t you come here again.

White sun scattered all over the sea –
he could think of nothing but her name, ‘Elise’.
God is the sweat running down his back.
The water soaked her blonde hair black.

It’s a perfect day Elise.

He got burned by the sun –
his face so pale and his hands so worn –
let himself in room 509,
said a prayer, pulled the trigger and cried

It’s a perfect day Elise.






EFECTO 2000 con Eliza Dushku: 'Wrong Turn', 'Soul Survivors' y 'Open Graves'

Después de varios papeles secundarios en el cine de los noventa, Eliza Dushku consiguió cierta repercusión y fama gracias a su papel en Buffy, cazavampiros (1997-2003), donde interpretó el papel de Faith, una cazavampiros que iba de tía dura. Esa interpretación le abrió las puertas en los dos mil a participar, a veces como protagonista, otras como secundaria, en varias películas de terror de esa década. Si la carrera de Sarah Michelle Gellar fue irregular después de su paso por Buffy, la de Dushku fue si cabe más errática, hasta el punto final que le puso en 2017 después de denunciar los abusos que sufrió y que la industria tapó.

Wrong Turn (2006), que se tituló en españa Km 666: desvío al infierno, fue la primera de las siete películas que conforman la saga creada por Rob Schmidt. Con Wrong Turn sucede lo mismo que pasa ahora con algunas películas found footage que han dado lugar a largas sagas —hola, Paranormal Activity—, incluyendo reinicios, precuelas y varias secuelas. Con lo difícil que es hacerse un hueco en la industria, los hay que optan por aferrarse a lo primero que les medio funciona. Esperemos que al director de Backrooms le dé por cambiar el sujeto de su interés y no nos tenga hasta 2040 con los espacios liminales a cuestas. 

En casa siempre celebramos Acción de Gracias con un plato especial

La película narra la historia de un grupo de jóvenes perdidos en medio de un bosque y que son cazados, asesinados y consumidos por un grupo de caníbales que viven por esos montes. El grupo está liderado por los personajes que interpretan Eliza Dushku y Desmond Harrington, aunque el reparto cuenta con otra cara que saltaría a la fama gracias a la tele, la de Jeremy Sisto, que sería Lucifer en Supernatural y Jacob en Perdidos. La dirección de Schmidt es bastante sobrio para lo que es la época. Es un poco lo mismo que sucede con el tono, alejado de la comedia y lo meta. No puede faltar la cámara moviéndose más de lo aconsejable y la multitud de cortes a un ritmo frenético, pero también asoman por ahí algunos POV y un estilo de cámara en mano que se acerca al realismo documental. También el gusto por los efectos artesanales en contraposición al CGI. Este aprticular estilo de dirigir lo ha demostrado en series antológicas de terror como Fear Itself (2008) y Masters of Horror (2005-07) así como también en varios documentales sobre True Trime.

Podría ser un fotograma de una serie random de los dos mil

Dushku protagoniza un slasher de los que eran bastante típicos en la época: grupo de jóvenes confusos que son asesinados por unos caníbales rurales. La onda generada por La matanza de Texas (1974), como una sombra alargada, llegó hasta el nuevo siglo. Por su puesto, nada de sexo ni de enseñar media teta, pero sí muestra unas cuantas escenas gore nada habituales y que anticipan a Saw (2004) y Hostel (2005), la avanzadilla que junto al Nuevo Extremismo Francés conformó esa cosa llamada Torture Porn y que consistía en un gore extremo. En esta primera entrega de Wrong Turn se quedan un poco a medio camino de esos dos mundos, el del slasher para adolescentes comercial de finales de los noventa y el del gore de los dos mil. Quizás lo que hizo funcionar esta saga fue alejarse del tono meta tan de moda desde Scream (1996) y apuntar a la nostalgia setentera de La matanza de Texas (1974) y Las colinas tienen ojos (1977) y su terror rural. Si Wrong Turn se adelantó al Torture Porn, también anticipó o al menos coexistió y anunció todos los remakes y reinicios de sagas del terror clásico: La matanza de Texas (2003), Las colinas tienen ojos (2006), Halloween (2007), House of Wax (2005), Fridat the 13th (2009), Down of the Dead (2004), The Amityville Horror (2005) fueron, junto a los remakes de cine asiático, sobre todo japonés, la tónica dominante en el cine comercial de terror. De la fusión de estas dos tendencias saldría la renovación del terror.

En Wrong Turn (2001) Eliza Dushku compartía protagonismo con Desmond Harrington pero en Soul Survivors sólo era una secundaria más. La película, escrita y dirigida por Steve Carpenter, está protagonizada por Melissa Sagemiller, con secundarios como Casey Afflect, Wes Bentley y la propia Dushku, que acabó en las portadas tanto del póster de la película como en la carátula del DVD. El estudio decidió aprovechar su tirón en Buffy, cazavampiros para vender la película. Cuando en el propio cartel de la película anuncian que la película está producida por los responsables de Sé lo que hiciste el último verano y Leyenda urbana, es momento de comprobar que la cartera sigue en su sitio. A esa promoción tonta y descarada hay que sumarle ese gusto por destripar tramas traduciendo títulos: en España la llamaron Escapando de la oscuridad

¿De qué va la película? Cassie, el personaje interpretado por Sagemiller, es una joven que empieza su primer año de universad. Al terminar una fiesta discute con su novio, Sean, que la pilla liándose con un amigo. Cassie, Sean, el amigo y otra pareja se montan en el coche y tienen un accidente. Sean muere y Cassie empieza a tener visiones de lo que parece ser el más allá. A lo largo de la película se va a dedicar a lo que aludía el título de la película en España: a escapar de la oscuridad. Todo cine comercial depende de unos señores y señoras que como ponen la pasta toman decisiones en base a lo que creen que les va a reportar más ganancias. El equilibrio entre esa visión comercial y la parte artística siempre es delicado. En Soul Survivors la cosa no salió demasiado bien. De película para adultos pasó a una para menores de trece años, con muchos recortes de escenas que cantan bastante. Al menos luego se editaría el DVD con el montaje original. 

Después de cazar vampiros Faith acompaña a su amiga a la universidad

A la película le sucede que si has visto más de tres películas en tu vida y tienes más de diez año se la ve venir de lejos. De hecho no tengo nada claro que de verdad plantee jugar al misterio. La protagonista tiene un accidente, vemos como la trasladan al hospital, comienza a tener visiones... No sé Rick, pero yo diría que está muerta o en coma. Cuando en una ficción tienes más información que los personajes es difícil gestionar la tensión y despertar el interés. A veces caes de pie como en la coreana The Chaser, otras te hundes en el fango como Soul Survivors.

Tengo una mala noticia: tíreme del dedo

Steve Carpenter cae en todos los vicios de la época: montaje frenético, con muchos cortes, banda sonora de metal industrial, colores desaturados, jumpscares... Matrix (1999) debido a su gran repercusión opaca otros referentes de este tipo de estética como el El cuervo (1994), uno de los referentes que canibalizaron las Wachowski en su película. Si eras gótico/a en esa época tus referentes eran El cuervo y los videoclips de HIM. Más allá de la pericia dirigiendo de Carpenter, recomiendo no ver la versión censurada, porque a las elipsis del guion se le suman unos cortes brutales que despistan todavía más.


Si no te va bien en Hollywood siempre te puedes ir a Europa, pero ¡ay!, ya no es lo que era. Eso es lo que debió de pensar Eliza Dushku cuando coprotagonizó Open Graves (2009) junto a Mike Vogel, la película dirigida por el español Álvaro de Armiñán, coproducción a tres bandas entre EEUU, España y Reino Unido, y rodada en Euskadi. Imagínate que estás de pinchos en el casco viejo de Bilbao y te encuentras a Eliza Dushku comiendo txistorra. 

La película narra la historia de un grupo de jóvenes surferos que después de jugar a un misterioso juego de mesa comienzan a morir de formas horribles. Open Graves mete en la coctelera Jumanji, añade hielos y un chorrito de Destino Final. Todo con un toque local que tanto gusta a los gringos: el juego maldito se llama Mamba y está construido con los huesos y la sangre de una bruja quemada por la Inquisición de Torquemada. Tiras un dado y caes en casillas que te obligan a sacar un determinado tipo de carta. Cada carta, que suele ser mala, ofrece una predicción de tu muerte. Claro, no te dice que te va a caer una maceta en la cabeza, sino algo así como «sentirás la ligera brisa de un rosal». Completar el juego sin sacar ninguna de estas cartas te permite pedir un deseo. Para el resto supone morir como en Destino Final: sentirás una leve brisa que acabará en muerte.

Cuando Camera Cafe se coló en una peli de Eliza Dushku

La película, que contó con un presupuesto muy pequeño, adolece no sólo de falta de medios sino también de talento. Lo del dinero canta en el CGI cutre que gasta la película, pero lo del talento clama al cielo. Álvaro de Armiñán abusa de planos aberrantes, pero a unos niveles ridículos. Un plano, el que sea, cumple una función, pero el director parece abonado al mismo tipo todo el rato. Open Graves tiene una realización que remite a telefilms o series de otras décadas. Hay una escena de un personaje que sube unas escaleras en las que hay un montón de cortes y planos rarísimos sin sentido. Que fuera rodada en 2006 y estrenada en 2009 tampoco ayudó en nada a la película, que para el terror que se estaba haciendo en esos años, parecía de otra época.

Suplementos para después del entreno

Robi Chuit Roganovich tiene la tesis de que el siglo XX es un siglo largo, al contrario de lo que pregonaba Eric Hobsbawm, que decía que empezaba con la Revolución Rusa de 1917 y terminaba con la caída del muro en 1989. Para Robi el siglo XXI comienza en 2008 con tres hitos tecnológicos que han cambiado nuestro mundo: la alianza del mundo de las finanzas con el tecnológico, el protocolo de la blockchain y la popularización y masificación de las redes sociales. Crytobros e influencers. Llega el smartphone y con él la polarización y la radicalización. Nosotros en los dos mil sólo queríamos ver una película decente de terror protagonizada por Eliza Dushku. Sólo eso.

Hear the airplane flying
Roaring January blue
Above a world that's dying
And a world that's new 
I feel a pulse that's beating 
Meteors invade my wrists 
Something's coming I need it 
Good I know it is 

It's good 
It's good 
I know it's good




LA TARRINA DE LOS CEDÉS vol.5: 'Underworld: La rebelión de los licántropos', 'Hellion, el ángel caído' y 'Dog Soldiers'

La primera Underworld (2003), que tanto bebía de la estética Matrix copiada hasta la saciedad en esos primeros años dos mil, dio lugar a todo un universo cinematográfico. De las cinco películas que hasta el momento conforman este universo, las dos primeras fueron rodadas por Len Wiseman, formando un matrimonio, real y figurado, con la protagonista de la saga, Kate Beckinsale. Esta Underworld: la rebelión de los licántropos (2009) es la tercera entrega y funciona como precuela de las dos primeras. Aunque la protagonista de Underworld aparece en una escena final, la película dirigida por Patrick Tatopoulos está protagonizada por Rhona Mitra, que aquí aparece caracterizada como un clon de Kate Beckinsale. Por ahí aparecen también Michael Sheen y Bill Nighy acompañando a Mitra, con algo más de protagonismo del que tenían en las películas anteriores de la saga.

La película, bastante continuista en muchos aspectos, destaca por trasladar el rodaje de Europa del este a Nueva Zelanda, por introducir algunos efectos prácticos donde antes todo era CGI y por contar con un presupuesto más reducido que la entrega anterior. Se intuyen algunas diferencias, no sólo por el cambio de escenario y época, de la actualidad a la Edad Media europea. Estéticamente se abandona el cyberpunk que bebía de Matrix por un estilo que entronca con el gótico. A ver, con moderación. Sigue existiendo el gusto por el cuero, pero anticipa películas como Drácula Untold (2014). También sigue siendo continuista en cuanto a fotografía, con esos tonos azules y grises, pero añade un marcado claroscuro que antes no existía. El juego siempre ha sido que el rojo saturado de la sangre destaque con esa fotografía. Otro elemento que se suma a esta estética gótica es cierta teatralidad en las interpretaciones, a medio camino entre la mala actuación y la mala dirección. 

Preparados para una nueva ola de calor

La dirección de Tatopoulos, que ya había participado en las anteriores entregas en el diseño de producción, es muy típica de la época: estilo videoclip. Muchos cortes, montaje sincronizado con la música, búsqueda de planos icónicos, narrativa puramente visual, banda sonora industrial/gótica, paleta monocromática desaturada... La historia de la película pretende contar el origen de la guerra entre los licántropos y los vampiros, recurriendo a situar la acción en la Edad Media. Quizás esos pequeños detalles antes mencionados la convierten en la entrega diferente de Underworld. No pretende renovar nada, pero sí hace las cosas lo suficientemente diferentes como para al menos apreciar ese intento.

Los años dos mil trajeron de vuelta, en este eterno retorno del pasado en el que vivimos, a los niños demoníacos. Está esta Hellion, el ángel caído (2007), pero también The Children (2008), El hijo del mal (2007), Ils (2006), Expediente 39 (2009), La huérfana (2009) y una no muy conocida sobre niños zombis mineros llamada simplemente Zombies (2006) en España. Del título en castellano de algunas de estas películas mejor hablar en otro momento, porque tela.

Whisper (2007) en su título original, fue dirigida por Stewart Hendler y protagonizada por Sarah Wayne Callies y Josh Holloway, que venían la una de estar petándolo muy fuerte en Prison Break y el otro en Perdidos —Sawyer como epítome de personaje canallita de la década—. También aparece por ahí un Michael Rooker como secundario antes de romperla con The Walking Dead —donde coincidiría con Sarah Wayne— y de incorporarse al universo Marvel.

Whisper narra la historia de Max Harper, personaje interpretado por Josh Holloway, que tras ver como los bancos se niegan a concederle un crédito para montar un pequeño negocio y sin más alternativas económicas, decide sumarse junto a su novia al plan de uno de sus amigos criminales para secuestrar al hijo de una familia rica. Lo que en un principio parece un trabajo fácil, un secuestro por el que se pide un rescate, se va complicando cuando el niño que han secuestrado demuestra ser otra cosa. Es uno de los grandes fallos de la película, que en ningún momento ofrece algún tipo de ambigüedad respecto a la amenaza demoníaca que supone el niño, ni tampoco el resto de personajes parecen ser conscientes de esta amenaza. Aunque lo intenta, es difícil ver aciertos en una trama que persigue crear el horror de algo aparentemente inocente como un niño y que nunca lo logra.

Así lucían los selfies en la época

Hendler, para sorpresa de nadie, viene del mundo de la publicidad y del videoclip, tremenda cantera de nuevos directores en esas décadas. Los recursos que utiliza son bastante sencillos, optando la mayoría de las veces por escenas que acaban con un jumpscare. Se supone que los susurros a los que alude el título original y que son más bien visiones que introduce el niño secuestrado en el resto de personajes son los que construyen la tensión de la escena, pero la realidad es que acaban las más de las veces en un subidón de la música que te hace pegar un bote en el sofá y que no tiene una justificación narrativa. Cortes rápidos donde aparece algo que te debería asustar acompañado del subidón de la música. De todas formas, se agradece el intento del director de hibridar un thriller sobre secuestros con el terror sobrenatural más clásico.


Dog Soldiers (2002) fue el debut comercial de su director, Neil Marshall, que en esos años dos mil encadenó esta película, The Descent (2005) y Doomsday (2008), tres películas que mezclaban el terror con la acción que tuvieron una buena acogida entre los fans del terror. Se la pegó con Centurión (2010) y con Hellboy (2019) en la década pasada, con un discreto resurgir en estos locos años veinte de la mano de la que fue su pareja, Charlotte Kirk, como protagonista de sus últimas cuatro películas. Mención especial para The Lair (2022), que recupera ese espíritu mamarracho que mostró Marshall en Dog Soldiers y Doomsday.

Con guion del propio Marshall, la película narra la historia de un encuentro entre soldados británicos de maniobras en las Highlands escocesas y una manada de hombres lobo. La película cuenta con un reparto de actores ingleses, escoceses e irlandenses que luego tuvieron un recorrido en el cine y la televisión comerciales, como Sean Pertwee, Kevin McKidd y Liam Cunningham, caras conocidas gracias a Gotham, Rome y Juego de Tronos. Cunningham, antes de su recordado papel como caballero de la cebolla en Juego de Tronos, fue protagonista de una olvidada serie de ciencia ficción de la BBC, Outcasts (2011), cancelada después de una primera temporada más que interesante y que merece un revisionado.


Guiri después de comer fabada a mediodía en un chiringuito de Benidorm a 38º a la sombra

La película, de estrenarse una década antes, bien podría pasar por un título de explotación de Depredador (1987). Cámbiese la selva por las Tierras Altas escocesas y el depredador por los licántropos y lo tenemos. Como en Depredador, también hay mucho de humor cafre y acción. También podría pasar por un Aliens (1986) británico, aunque a Cameron le falta la mala leche que sí existe en Depredador y en esta Dog Soldiers. La película también bebe del cine clásico de defender el fuerte, ya que gran parte del metraje transcurre en una vieja granja donde se refugian los soldados para hacer frente a los licántropos. En ese sentido es una película que podría haber dirigido John Carpenter. Dog Soldiers es una película de bajo presupuesto rodada en Luxemburgo para ahorrarse unas libras en impuestos, con un estilo documental de cámara en mano, planos cerrados, mucho movimiento y montaje frenético. También destaca por su uso de efectos prácticos. Cuesta imaginar esta película con CGI. El equilibrio que logra Marshall entre acción, terror, humor y ser un puto cafre también merece una mención. En un momento en el que prevalecían Whedon y su posmodernismo es de agradecer. Y que entre paletos ingleses y cayetanos me quedo con los primeros. Al menos te ríes.

I’m not good, but I’m better
Missed my cue but whatever
It’s now or never

All my life
Side by side
Hyde Jekyll Hyde
Finally together
You can change your mind
But you can’t change mine
Hyde Jekyll Hyde
You and I forever



LA TARRINA DE LOS CEDÉS vol. 4: 'Slither: La plaga', 'Nothing' y 'Rastro oculto'

Slither: La plaga (2006) es una película canadiense de terror y comedia dirigida y escrita por James Gunn. Protagonizada por Nathan Fillon, Elizabeth Banks y Michael Rooker, ya muestra ese humor tontorrón que tanto gusta a Gunn y que es heredero de Joss Whedon y su forma de escribir. En ese sentido es una comedia de terror muy meta, escrita como una forma de homenaje a las comedias de terror de los ochenta y con esa forma tan característica de los diálogos, donde parece que los protagonistas son conscientes de estar interpretando un papel dentro de una película. De esto habrá mucho en la carrera posterior de Gunn en Marvel. La sublimación de este tipo de cine llegaría en la década de los diez con La cabaña en el bosque (2011), aunque mi favorita es Zombies Party (2004) y el humor british de Edgar Wright.

La película cuenta la historia de una invasión alienígena que tiene lugar en un pequeño y tranquilo pueblo estadounidense. Los alienígenas son un organismo parásito que llegados del espacio convierten a los habitantes del pueblo es mutantes grotescos y zombis romerescos. Mientras la plaga se extiende por el pueblo, el sheriff Bill Pardy será el encargado de combatirla junto a un pequeño grupo de supervivientes.

Cuando sólo te dedicas a comer ganchitos, ver películas y jugar al Final Fantasy VII

Slither: La plaga en ese intento de homenaje al cine de terror de los ochenta utiliza muchos efectos prácticos. Lo que Gunn consigue es adelantarse unos años a las tendencias y lograr que su película luzca diferente. En un momento en el que los efectos digitales y una estética exageradamente digital eran la norma, los efectos prácticos de látex, la sangre falsa y las prótesis deliberadamente cutres le dan un aire retro unos años antes de que se convirtiese en moda. Ya estaban por ahí Rob Zombie y su grano setentero haciendo cosas, también crecían el número de remakes en cartelera, pero no dejaban de ser una corriente de fondo que todavía no había emergido a la superficie.

De comedia de terror a comedia de ciencia ficción. Nothing (2003) es una película canadiense dirigida por Vincenzo Natali. Protagonizada por David Hewlett y Andrew Miller, Nothing es una película no sólo pequeña en presupuesto sino menor en la filmografía de su director. Natali nunca volvería a repetir la genialidad lograda con su primera película, Cube (1997). Con la salvedad de Splice (2009) siempre se ha movido por el territorio del bajo presupuesto y el cine independiente.

Lo peor que se puede decir de la película es que parece una idea de corto alargada excesivamente y sin mucho sentido para convertirla en un largometraje. La trama gira sobre la historia de dos fracasados que comparten amistad y casa. Cuando van a ser desalojados de la casa en la que viven todo el mundo desaparece, quedando únicamente la casa, ellos y una nada blanca sin fin. Lejos de explorar caminos como el terror o la ciencia ficción, la película se convierte en una comedia chorras con algunos toques kafkianos. Los patéticos personajes que son los protagonistas desarrollan una serie de sketches que se van alargando sin demasiada gracia. Creo que Natali sí que pretende darle un tono más elevado a la película, como queriendo crear un tipo de comedia existencial de humor absurdo, pero acaba aterrizando en lo pueril y tonto.

Stan, la tortuga más famosa de Norteamérica

Natali combina fondos e inserciones con lo teatral del expresionismo usando la técnica de Terry Gilliam de crear collages animados. Estas animaciones y ese pretendido tono surrealista a lo Monty Python acentúan todavía más esa sensación de encontrarnos ante una sucesión de sketches. Al contrario de los sucedido en Cube, que se desarrollaba en un espacio claustrofóbico, en Nothing el espacio blanco es infinito. Hewlett y Miller tuvieron que actuar durante gran parte de la película sobre un fondo verde, lo que ya sabemos que da a las interpretaciones un aire como descontextualizado, que si en la mayoría de películas es un problema, en Nothing refuerza el tono absurdo de la comedia.

Aquí hablé de Vidas ajenas (2004) y la alargada sombra de Sev7n (1995) en un género como el thriller. Una evolución de esa estética y esos temas fue Saw (2004), en la que James Wan pasaba Sev7n por el tamiz del J-horror y el gore. Convertida en éxito absoluto, desde el inicio comenzaron a surgir clones, homenajes e inspiraciones varios. Rastro oculto bebe de Saw en algunas de sus escenas. Dirigida por Gregory Hoblit y protagonizada por Diane Lane, Colin Hanks, Billy Burke y Josheph Cross, Rastro oculto es un thriller sobre asesinos en serie de estética Y2K.

Jennifer Marsh, el personaje interpretado por Diane Lane, es una agente del FBI especializada en delitos informáticos. En la red aparece una página que retransmite asesinatos y torturas en vivo. Cuantas más personas se conecten a la página, más rápido morirá la víctima. Desde un hombre atado y con diversos cortes en su cuerpo conectado a un gotero que le inyecta anticoagulante, hasta uno de los personajes secundados sumergido en una cubeta de agua que aumenta su acidez a ritmo de viewers, las torturas que se muestran beben de Saw y sus juegos sádicos. La única diferencia es que aquí las víctimas no tienen posibilidad de escapar con vida, están expuestas a la audiencia de internet. Es muy gracioso el mumbo jumbo informático, que como en esas películas cyberpunk de los ochenta y noventa, sólo es palabrería sin sentido y lenguaje confuso. Todo esto en un momento, 2008, en el que los llamados smartphones estaban por sustituir a nuestros teléfonos móviles. Es raro ver una ficción ambientada en la actualidad donde no se haga uso de internet y diversos dispositivos electrónicos, pero más raro es ver ficciones ambientadas en un pasado cercano que parece mucho más lejano por culpa de una tecnología obsoleta. Si los móviles con teclado y el Windows vista nos inspiran ternura y nostalgia, también lo hace la crítica social y poco sutil de la película: el asesino explota el gusto por el morbo de la gente para matar. Sus víctimas mueren literalmente por viralizarse. Cuantos más usuarios se conecten al directo, más rápido muere la víctima. En tiempos acelerados donde se denuncia el algoritmo y se reclama soberanía cognitiva, resulta inquietante ver el mundo que dibuja Rastro oculto.

Estética Y2K cuando era lo que había y no otra moda retro más

La película busca imprimir a la historia un tono realista, desde cómo se desarrolla la investigación hasta la vida personal de la protagonista. La película tiene esa fotografía gris y plomiza típica de los thrillers de la época, en la que sólo le falta escenas con lluvia para cumplir con todos los clichés. Hay mucho plano cerrado, mucha insistencia en mostrar pantallas, algo de cámara en mano y montajes en paralelo. También hay un exceso de drama muy de escuela de guion, colocándole a la protagonista una madre y una hija pequeña. Cuando a EEUU lleguen la sanidad pública y las políticas de conciliación se van a quedar sin temas de los que hablar.

Like a sly fake smile at the moment when it becomes real
Sweet baby, break the tie once the clock makes the day stand still
Oh, fuck around if you want
Move to Paris maybe, change your name

I'll be here
I'll be right here
What does that say about me?
What does that say about you?