La primera Underworld (2003), que tanto bebía de la estética Matrix copiada hasta la saciedad en esos primeros años dos mil, dio lugar a todo un universo cinematográfico. De las cinco películas que hasta el momento conforman este universo, las dos primeras fueron rodadas por Len Wiseman, formando un matrimonio en todos los sentidos con la protagonistas, Kate Beckinsale. Esta Underworld: la rebelión de los licántropos (2009) es la tercera entrega y funciona como precuela de las dos primeras. Aunque la protagonista de Underworld aparece en una escena final, la película dirigida por Patrick Tatopoulos está protagonizada por Rhona Mitra, que aquí aparece caracterizada como un clon de Kate Beckinsale. Por ahí aparecen también Michael Sheen y Bill Nighy acompañando a Mitra, con algo más de protagonismo del que tenían en las películas anteriores de la saga.

La película, bastante continuista en muchos aspectos, destaca por trasladar el rodaje de Europa del este a Nueva Zelanda, por introducir algunos efectos prácticos donde antes todo era CGI y por contar con un presupuesto más reducido que la entrega anterior. Se intuyen algunas diferencias, no sólo por el cambio de escenario y época, de la actualidad a la Edad Media europea. Estéticamente se abandona el cyberpunk que bebía de Matrix por un estilo que entronca con el gótico. A ver, con moderación. Sigue existiendo el gusto por el cuero, pero anticipa películas como Drácula Untold (2014). También sigue siendo continuista en cuanto a fotografía, con esos tonos azules y grises, pero añade un marcado claroscuro que antes no existía. El juego siempre ha sido que el rojo saturado de la sangre destaque con esa fotografía. Otro elemento que se suma a esta estética gótica es cierta teatralidad en las interpretaciones, a medio camino entre la mala actuación y la mala dirección. 

Preparados para una nueva ola de calor

La dirección de Tatopoulos, que ya había participado en las anteriores entregas en el diseño de producción, es muy típica de la época: estilo videoclip. Muchos cortes, montaje sincronizado con la música, búsqueda de planos icónicos, narrativa puramente visual, banda sonora industrial/gótica, paleta monocromática desaturada... La historia de la película pretende contar el origen de la guerra entre los licántropos y los vampiros, recurriendo a situar la acción en la Edad Media. Quizás esos pequeños detalles antes mencionados la convierten en la entrega diferente de Underworld. No pretende renovar nada, pero sí hace las cosas lo suficientemente diferentes como para al menos apreciar ese intento.

Los años dos mil trajeron de vuelta, en este eterno retorno del pasado en el que vivimos, a los niños demoníacos. Está esta Hellion, el ángel caído (2007), pero también The Children (2008), El hijo del mal (2007), Ils (2006), Expediente 39 (2009), La huérfana (2009) o una no muy conocida sobre niños zombis mineros llamada simplemente Zombies (2006) en España. Del título en castellano de algunas de estas películas mejor hablar en otro momento, porque tela.

Whisper (2007) en su título original, fue dirigida por Stewart Hendler y protagonizada por Sarah Wayne Callies y Josh Holloway, que venían la una de estar petándolo muy fuerte en Prison Break y el otro en Perdidos —Sawyer como epítome de personaje canallita de la década—. También aparece por ahí un Michael Rooker como secundario antes de romperla con The Walking Dead —donde coincidiría con Sarah Wayne— y de incorporarse al universo Marvel.

Whisper narra la historia de Max Harper, personaje interpretado por Josh Holloway, que tras ver como los bancos se niegan a concederle un crédito para montar un pequeño negocio y sin más alternativas económicas, decide sumarse junto a su novia al plan de uno de sus amigos criminales para secuestrar al hijo de una familia rica. Lo que en un principio parece un trabajo fácil, un secuestro por el que se pide un rescate, se va complicando cuando el niño que han secuestrado demuestra ser otra cosa. Es uno de los grandes fallos de la película, que en ningún momento ofrece algún tipo de ambigüedad respecto a la amenaza demoníaca que supone el niño, ni tampoco el resto de personajes parecen ser conscientes de esta amenaza. Aunque lo intenta, es difícil ver aciertos en una trama que persigue crear el horror de algo aparentemente inocente como un niño y que nunca lo logra.

Así lucían los selfies en la época

Hendler, para sorpresa de nadie, viene del mundo de la publicidad y del videoclip, tremenda cantera de nuevos directores en esas décadas. Los recursos que utiliza son bastante sencillos, optando la mayoría de las veces por escenas que acaban con un jumpscare. Se supone que los susurros a los que alude el título original y que son más bien visiones que introduce el niño secuestrado en el resto de personajes son los que construyen la tensión de la escena, pero la realidad es que acaban las más de las veces en un subidón de la música que te hace pegar un bote en el sofá y que no tiene una justificación narrativa. Cortes rápidos donde aparece algo que te debería asustar acompañado del subidón de la música. De todas formas, se agradece el intento del director de hibridar un thriller sobre secuestros con el terror sobrenatural más clásico.


Dog Soldiers (2002) fue el debut comercial de su director, Neil Marshall, que en esos años dos mil encadenó esta película, The Descent (2005) y Doomsday (2008), tres películas que mezclaban el terror con la acción que tuvieron una buena acogida entre los fans del terror. Se la pegó con Centurión (2010) y con Hellboy (2019) en la década pasada, con un discreto resurgir en estos locos años veinte de la mano de la que fue su pareja Charlotte Kirk como protagonista de sus últimas cuatro películas. Mención especial para The Lair (2022), que recupera ese espíritu mamarracho que mostró Marshall en Dog Soldiers y Doomsday.

Con guion del propio Marshall, la película narra la historia de un encuentro entre soldados británicos de maniobras en las Highlands escocesas y una manada de hombres lobo. La película cuenta con un reparto de actores ingleses, escoceses e irlandenses que luego tuvieron un recorrido en el cine y la televisión comerciales, como Sean Pertwee, Kevin McKidd y Liam Cunningham, caras conocidas gracias a Gotham, Rome y Juego de Tronos. Cunningham, antes de su recordado papel como caballero de la cebolla en Juego de Tronos, fue protagonista de una olvidada serie de ciencicia ficción de la BBC, Outcast (2011), cancelada después de una primera temporada más que interesante y que merece un revisionado.


Guiri después de comer fabada a mediodía en un chiringuito de Benidorm a 38º a la sombra

La película, de estrenarse una década antes, bien podría pasar por un título de explotación de Depredador (1987). Cámbiese la selva por las Tierras Altas escocesas y el depredador por los licántropos y lo tenemos. Como en Depredador, también hay mucho de humor cafre y acción. También podría pasar por un Aliens (1986) británico, aunque a Cameron le falta la mala leche que sí existe en Depredador y en esta Dog Soldiers. La película también bebe del cine clásico de defender el fuerte, ya que gran parte del metraje transcurre en una vieja granja donde se refugian los soldados para hacer frente a los licántropos. En ese sentido es una película que podría haber dirigido John Carpenter. Dog Soldiers es una película de bajo presupuesto rodada en Luxemburgo para ahorrarse unas libras en impuestos, con un estilo documental de cámara en mano, planos cerrados, mucho movimiento y montaje frenético. También destaca por su uso de efectos prácticos. cuesta imaginar esta película con CGI. El equilibrio que logra Marshall entre acción, terror, humor y ser un puto cafre también merece una mención. En un momento en el que prevalecían Whedon y su posmodernismo es de agradecer. Y que entre paletos ingleses y cayetanos me quedo con los primeros. Al menos te ríes.

I’m not good, but I’m better
Missed my cue but whatever
It’s now or never

All my life
Side by side
Hyde Jekyll Hyde
Finally together
You can change your mind
But you can’t change mine
Hyde Jekyll Hyde
You and I forever