Nueva Ficción Extraña Latinoamericana VII: 'El vasto territorio' e 'Ideva: Liberación' [CHILE]
Zen'nō es la primera novela de la escritora y periodista colombiana Karen Andrea Reyes (1995). Publicada por la también colombiana Ediciones Vestigio en 2020, llegó a España de la mano de Orciny Press, que junto a Holobionte es una de esas editoriales independientes dedicadas a la ficción extraña en nuestro país. Ediciones Vestigio, fundada por Rodrigo Bastidas y Diego Cepeda, es uno de los polos más importantes del continente, junto a Caja Negra en Argentina. Ediciones Vestigio es el centro sobre el que orbitan canales de Youtube como Estereoscopio, revistas como El Laberinto del Minotauro, librerías independientes y nuevos autores y autoras de la ficción extraña colombiana como Luis Carlos Barragán, Karen Andrea Reyes, Claudia Amador y Hank T. Cohen. Además también juegan un papel importante en la difusión del weird y la ciencia ficción latinoamericana dentro y fuera de Colombia: ya no es necesario que te publique una editorial en tu país, llamar la atención de la industria española para que te publiquen en España y, si vendes lo suficiente, conseguir que esa multinacional española te publique en todo el continente latinoamericano. Vestigio publica a autores uruguayos como Ramiro Sanchiz, bolivianos como Edmundo Paz Soldán y españolas como Layla Martínez, así como Caja Negra publica en Argentina al colombiano Luis Carlos Barragán o al chileno Simón López Trujillo. Una manera de hackear al sistema editorial y de conectarse de otra manera.
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| García Lao tirando a matar |
Nuevas Formas de Trabajo (2022) es la última novela publicada por Pablo Pelluch. Autor de relatos incluidos en diversas antologías, como el magnífico Señora del dolor y la tristeza, también es el creador y conductor del Normal Podcast for Normal People, el mejor podcast sobre el fenómeno cripipasta en castellano.
About a Place in the Kinki Region es una novela de terror del japonés Sesuji publicada en 2023 y de reciente traducción al inglés. Sesuji es el pseudónimo utilizado por el autor del que no se sabe mucho más allá de este nombre. About a Place in the Kinki Region es su primera novela publicada en formato físico. De lo poco que se sabe del autor es que escribe en webs y foros dedicadas al found footage textual, que a pesar de un nombre tan rimbombante no es más que usar la técnica de diario encontrado.
Altasangre (2025) es la primera novela de la escritora colombiana Claudia Amador (1998). Habitual de la ciencia ficción y la ficción extraña con relatos publicados en diversas antologías de la colombiana Ediciones Vestigio —por ahí también aparecen publicados nombres destacados del new weird colombiano como Luis Carlos Barragán y Karen Andrea Reyes—, Altasangre es la primera incursión de la autora en el terror; o en la ficción extraña con toques de terror. La etiqueta elegida por la editorial es «gótico tropical», supongo que para darles algo más de variedad a los lectores anglosajones. No todo va a ser «realismo mágico».
La cantidad y calidad de literatura escrita en países latinoamericanos parece que no tiene fondo. En Uruguay podemos disfrutar de Fernanda Trías (1976) —por aquí hablé de Mugre rosa y El monte de las furias—, que junto a Inés Bortagaray (1975) y Natalia Bardero (1975) forman parte de una nueva generación de escritores. Tamara Silva Bernaschina (2000) forma parte de la novísima generación que está surgiendo en Uruguay, y desde la publicación de Larvas (2025), publicado por Páginas de espuma, el interés por su obra se ha amplificado.
Tanith Lee es una autora por la que siento un gran amor. Autora de decenas de novelas y cientos de cuentos, el grueso de su obra se enmarca dentro de la fantasía, entendida como un paraguas que aguanta todo (lo no realista) que le eches. Además, escribía indistintamente para un público adulto y juvenil, incluso a veces infantil. Claro, autora de fantasía, encima dirigida buena parte a un público no adulto... pues no ayuda demasiado a recuperar demasiado una obra que, una vez muerta la autora, está olvidada en un cajón.
Días de hierba (1985) es una novela distópica de ciencia ficción. En poco más de doscientas páginas Tanith Lee desarrolla una trama en la que hay bastante chicha: Esther, la protagonista, comienza la historia siendo una adolescente de una pequeña comunidad subterránea. El último refugio de la humanidad después de la invasión que llegó del espacio. Tanith Lee mezcla esta idea, la de una sociedad sobreviviendo a una invasión alienígena en un refugio subterráneo, con la historia de Esther, la protagonista, joven adolescente que entabla una relación con el líder de la comunidad. Esther es la única que se atreve a desafiar las reglas y subir a la superficie.
La prosa de Lee tiene esa característica tan suya de lo sensorial, hasta cierto punto orientalizante. En otras obras esto es llevado al extremo, pero en Días de hierba está presente en su justa medida: una prosa rica que apela a los sentidos, a ver olores y oler colores. También la sensualidad y la sexualidad están presentes. En Días de hierba la protagonista, Esther, explora su identidad y la de su comunidad. Extrañamente inteligente y curiosa, lo que la separa del resto del rebaño, es gracias a la relación que establece con el líder de la colonia la que le permite acceder a su biblioteca. Es a través de la lectura como accede al conocimiento y al liderazgo. Es en los libros donde encuentra respuestas y nuevas preguntas.
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| Como vuelvas a decir "bro" te reviento, payaso |
Fernanda Trías (1976) es una escritora uruguaya residente en Colombia. Forma parte de ese gran boom literario de escritoras latinoamericanas surgido la anterior década. Una de las características de ese movimiento extraliterario es que las obras de estas escritoras son traducidas a otros idiomas, especialmente al inglés, al poco de publicarse en castellano.
La novela tiene ecos de Ballard, con un extrañamiento de la realidad a través de un elemento: una misteriosa pandemia. La tragedia de Trías es que ese mundo que imaginó en Mugre rosa se volvió muy real en 2020, quitando hasta cierto punto el velo de misterio de ese universo. En él, la protagonista vive en tensión y con miedo los afectos perdidos (su expareja), otros conflictivos (relación con su madre) y otros nuevos (niño al que cuida). Todo esto sucede durante un periodo de crisis (pandemia). Estamos habituados a historias distópicas narradas desde el después del colapso civilizatorio, incluso algunas se centran en los primeros días. Mugre rosa es el durante, la cotidianeidad. El dolor, el miedo y también la belleza y el amor en medio de lo terrible.
Mugre rosa también destaca por otro extrañamiento, en este caso el del lenguaje: una poesía y un ritmo melancólicos que encajan a la perfección con lo que se narra. Recuerda, por buscarle un equivalente un poco más conocido, a la prosa de Mónica Ojeda (1988). O al juego metaliterario de la mexicana Verónica Gerber Bicecci en Conjunto vacío. Mugre rosa es una novela que perfectamente puede entrar en el canon de la ciencia ficción, esa de los Ballard, los hermanos Strugatski y el melancólico Bradbury. Fernanda Trías desarrolla una voz propia quizá no apta para todos los gustos o por el que se deje llevar por la etiqueta de "novela de la pandemia". Es otra cosa y es mucho más. Que vivan las señoras latinoamericanas.
Sordromo es mi banda de rock uruguaya favorita y una de mis preferidas de rock latinoamericano.
The Moon Will Look Strange es la primera colección de relatos de la estadounidense Lynda E. Rucker. Por aquí hablé de You'll Know When You Get There, su segundo libro publicado por la irlandesa Swan River Press, con la que también publicó su tercera y hasta ahora último libro, Now It's Dark, una edición en tapa dura de momento limitada a 500 ejemplares. Rucker es licenciada en inglés y ha publicado relatos en numerosas revistas dedicadas al terror y la ficción extraña.
Su segundo libro contó con el prólogo de Lisa Tuttle y no es sólo es el prólogo lo único que comparten. Existe un hilo que conecta ambas narrativas, la pesadilla genérica de la vida cotidiana. Las dos proceden del sur de Estados Unidos y las dos viven o han vivido en las islas británicas. Además, su ficción parte de lo cotidiano, una realidad que se va enrareciendo hasta que sin darte cuenta acabas viviendo una pesadilla.
The Moon Will Look Strange es una colección más irregular, pues sus doce relatos provienen de distintas revistas, publicados entre 1999 y 2012. Una falta de unidad que a veces puede llegar a despistar, donde unos relatos muestran un estilo más pulido y maduro que otros. En cualquier caso, en todos están presentes las obsesiones de Rucker y un estilo narrativo reconocible. Rucker ha viajado por el mundo y por Europa, y de esa experiencia surgen algunos de sus relatos, y es quizás esa mirada naif, de guiri, lo que más puede chocar a un lector/a no estadounidense, ese pretendido exotismo que no deja de ser la visión de un turista bastante perdido. Pero a Rucker se le perdona. También algo en lo que se diferencia con respecto a su segunda colección de relatos, es que hay más protagonistas masculinos, algo que no necesariamente es algo malo, pero sí que existe una disociación en esas voces masculinas que no terminan de funcionar tan bien como las femeninas.
The Moon Will Look Strange es el más que correcto debut de Lynda E. Rucker. Una forma de afrontar el terror similar al de otras escritoras como Lisa Tuttle y Mariana Enriquez, que parten de la realidad cotidiana para elaborar sus terrores. Lynda E. Rucker es carne de cañón de La Biblioteca de Carfax, que ya ha mostrado interés en algunas escritoras irlandesas publicadas por Swan River Press. Ojalá pronto podamos disfrutar de Rucker en castellano.
Rucker, Lynda E. (2013), The Moon Will Look Strange, Karoshi Books.
De Liliana Colanzi (1981) y su último libro ya hablé en esta entrada anterior. Colanzi es una autora boliviana que forma parte de una nueva generación de escritoras latinoamericanas dedicadas a la ficción extraña y la fantasía. Cada una con su estilo, Colanzi ha encontrado una voz propia en esta mezcla de ciencia ficción telúrica que bebe de lo indígena y donde también tiene cabida el terror cotidiano y el horror en sociedades tan desiguales como las latinoamericanas.
Lisa Tuttle, autora estadounidense afincada en Escocia desde hace décadas, es junto a Elizabeth Engstrom y Tanith Lee, una de esas voces propias dentro del género fantástico. Tuttle es heredera de Joyce Carol Oates, Ursula K. Le Guin y Angela Carter, entre otras, que forman parte de una tradición dentro de la literatura anglosajona que se remonta hasta Mary Shelly.
La obra de Tuttle se mueve dentro de la fantasía extraña, que muchas veces va de la ciencia ficción pasando por el terror, con elementos sobrenaturales o no, pero siempre impregnada de realismo. Problemas de pareja, relaciones tóxicas, fantasías de poder o sexo, lo cotidiano en la ficción de Tuttle se vuelve algo inquietante y perturbador. A veces es un objeto anodino como un cuadro, otras una pesadilla recurrente, pero las protagonistas de los relatos siempre se ven atrapadas en un universo denso de atmósfera asfixiante que las va consumiendo.
Una de las características de la obra de Tuttle es que su narrativa funciona a distintos niveles, yendo de lo alegórico a lo descriptivo. Porque muchos de los relatos de Tuttle tienen un valor cuasi simbólico: la maternidad, el sexo, los complejos... No es de extrañar que entre las autoras actuales sea Mariana Enriquez una de sus favoritas. O que Karen Russell y Samanta Schweblin citen a Lisa Tuttle como influencia en su obra. Si existe el multiverso de Marvel también existe un multiverso de mujeres escritoras, del que Lisa Tuttle es parte importante y activa.
La labor de Valancourt Books en rescatar del olvido a Lisa Tuttle es encomiable. Por un lado reimprimiendo algunos de sus libros, algunos de los cuales han conocido traducción al castellano como Nido de Pesadillas, pero también publicando otros nuevos como The Dead Hours of the Night. O este Riding the Nightmare, que recoge doce historias publicadas entre 1986 y 2017, todas publicadas previamente en revistas y antologías varias. A pesar de los orígenes tan dispares de los relatos, el mundo interior y las obsesiones de Tuttle conectan y dan un sentido de unidad al conjunto del libro. Da igual que el relato fuera escrito hace treinta años o hace cinco, el universo de la autora siempre es reconocible. Con Lisa Tuttle siempre me pasa que hay un par o tres de sus relatos que siempre se quedan rondando por mi cabeza.
