Nuestro mundo weird: 'La primera vez que vi un fantasma' y 'El cielo de la selva'
La primera vez que vi un fantasma (2018) es una colección de relatos escrita por la ecuatoriana Solange Rodríguez Pappe (1976). Aunque no tan conocida como Mónica Ojeda y María Fernanda Ampuero, a Rodríguez Pappe la hemos podido leer estos años en antologías de relatos como Insólitas (2019) y Aquelarre de cuentos (2021). Este último incluye uno de los relatos de esta colección, Matadora.
La primera vez que vi un fantasma lo componen quince relatos que se mueven entre la fantasía extraña y el terror. Pero la mayor distinción entre relatos es su longitud: los hay breves, de página y media, y los hay largos. Unos se mueven entre lo lírico y los otros son narrativos. Son estos últimos, los relatos largos de carácter narrativo, los que elevan la categoría de Rodríguez Pappe como escritora. Paladar, Un hombre en mi cama, Matadora... Contruye mundos muy potentes, como ese universo distópico en el que el sol ha evaporado el agua y la gente evita salir a la calle. La protagonista de ese relatos tiene un fetiche muy raro que es ver dormir a otra gente online. En la boda de su hermana con un árbol, sucederá algo. O ese otro en el que la patasola es una mujer del saco que te persigue. También está el «atanudos», unos seres que se te pegan y hacen de tu vida una desgracia.
Las influencias en Rodríguez Pappe hay que buscarla fuera, pues no es fácil identificarla con las corrientes al uso existentes. Más que «gótico andino», ese cajón de sastre que tanto se usa últimamente, lo de Rodríguez Pappe, como lo que escribe Luis Carlos Barragán en Colombia, está emparentado con el new weird anglosajón. La hibridación de géneros —ciencia ficción, terror, fantasía—, mundos y ecosistemas hostiles y la tecnología y el cuerpo como fuentes de terror son marcas de la casa.Tanto en Latinoamérica como en España el new weird es un género en auge. La editorial Holobionte en España está especialidad en new weird y pensamiento contemporáneo de vanguardia—aceleracionismo, cibergótico, xenofeminismo...—, con un catálogo de autores y autoras que va del muy reaccionario y aceleracionista Nick Land hasta Luis Carlos Barragán. Su Mundo Weird es probablemente la mejor antología de relatos que se puede leer en castellano sobre el género.
El cielo de la selva es una novela de la cubana Elaine Vilar Madruga (1989). Publicado por la editorial Lava en 2023, es la obra más conocida hasta el momento de la autora, que a pesar de su relativa juventud tiene a sus espaldas un amplio currículum. Es poeta, dramaturga, novelista, profesora y autora de relatos y ensayos. Actualmente vive en Canadá.
La novela trata temas como la maternidad impuesta, la violencia y el cuerpo femenino. Como en el caso de Rodríguez Pappe, no es fácil etiquetar la obra. Se puede leer lo de «gótico caribeño» en muchas reseñas, pero la autora bebe de otras influencias. El new weird anglosajón vuelve a estar presente. Eso sí, pasado por el tamiz de la autora, que no es poca cosa.
La historia transcurre en un no-lugar que es la hacienda, una casa en medio de la selva. Allí transcurre la vida de varios personajes. Tampoco se identifica el país. Sabemos que hay narcos y militares, pero poco más. La novela se construye a través de una polifonía de voces. Santa, la vieja, Ifigenia, los niños... La selva también es otro personaje, una especie de dios salvaje que asfixia al resto de protagonistas con la humedad, el calor y sus exigencia de sacrificios. No me columpio mucho si digo que esa selva comparte bastantes características con las isla de Perdidos. El lenguaje de Vilar Madruga es una suerte de realismo sucio poético. Puede recordar a los mejores momentos de Mónica Ojeda, pero mucho más directo y no tan lírico. Habla de mierda, de orines, de picores en la entrepierna y de putrefacción. Carne y hueso como campo de batalla, algo muy común en la narrativa de los últimos años, que pone el cuerpo en un primer plano.
Si el cuerpo es campo de batalla, también lo es la maternidad. Una maternidad completamente desmitificada y funcional a un propósito, que es proporcionar carne a la selva. Las madres paren por obligación y por supervivencia. Son vícitimas pero también victimarios. La novela tiene momentos en los que te pone los pelos de punta, como ese en el que una prostituta se reúne con otras prostitutas asesinadas en la selva mientras hacen sonar sus huesecillos. No diré que es dura —a la manera de La chica de al lado o de Crímenes reales—, pero sí bastante cruda. La dureza es húmeda, pegajosa, como la que sufren los personajes, en un ciclo sin fin de violencia.
Rodríguez Pappe, Solange (2018). La primera vez que vi un fantasma. Candaya.
Vilar Madruga, Elaine (2023). El cielo de la selva. Lava
Vilar Madruga, Elaine (2023). El cielo de la selva. Lava






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