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Nueva Ficción Extraña Latinoamericana V: 'Soñarán el jardín' y 'Paracosmos' [MÉXICO]

Soñarán en el jardín es un libro de cuentos de la escritora, guionista y editora mexicana Gabriela Damián Miravete. El libro es buen ejemplo de la nueva manera en la que circulan los textos en Latinoamérica. El relato que da título al libro, Soñarán en el jardín, fue publicado en 2015 y ha aparecido recopilado en varias antologías desde entonces, además de ganar algún que otro premio importante. El libro como tal fue publicado por primera vez en 2023 en inglés, impulsado por el interés que despertó Soñarán en el jardín en los editores en ese país. Hasta este 2026 no hemos podido leerlo en castellano. Los relatos incluidos en el libro, pensado como antología, fueron publicados en revistas y antologías entre 2009 y 2020.

Los relatos de Soñarán en el jardín gravitan alrededor del cuento que da título al libro: un relato de ciencia ficción sobre la violencia ejercida contra las mujeres. Desde el pasado virreinal donde una monja inventa una especie de gramófono y es sometida a un proceso inquisitorial, pasando por una relectura de Blancanieves, hasta el fin del mundo en la compañía de un gato y la utopía de Soñarán en el jardín, todo gravita en torno a la idea de lo que significa ser mujer en México y al horror de las experiencias cotidianas. Algo ha cambiado en la manera en la que se perciben ciertos géneros literarios en los últimos diez o quince años para que un libro así se publique. El referente más claro de esta colección de relatos es la obra de Ursula K. Le Guin.

El libro comienza con una historia de horror y de fantasmas para terminar en una utopía futurista, atravesando diversos tiempos y géneros. El terror, la ciencia ficción y la fantasía aparecen muchas veces mezclados en unos relatos cuyas protagonistas forman parte de redes de apoyo organizadas y autónomas, convirtiendo el dolor individual en lucha colectiva. También asoma la patita la simbiogénesis y la hibridación entre máquinas y naturaleza, en una especie de filosofía poshumanista con toques espirituales muy en boga en Latinoamérica últimamente. En cuanto al estilo el libro despista un poco: no están ordenados por fecha de escritura, sino por temática. Entre los primeros relatos y los últimos se nota la evolución de la autora, pero el orden de lectura crea unas subidas y bajadas un tanto molestas. En casi todos los relatos Miravete hace uso de una prosa lírica bastante distintiva, por momentos sensorial, como en la obra de Tanith Lee, con la que crea atmósferas etéreas.

Paracosmos es un libro de relatos del escritor y periodista mexicano Gerardo Sifuentes. Publicado en 2016 por la Universidad Autónoma del Estado de México, volvió a la vida cuando Paraíso Perdido lo reeditó en 2020. Además esta edición contó con un prólogo de Gabriela Damián Miravete. Sifuentes es de los que han estado picando piedra desde los noventa, a los que se ha unido una nueva generación de escritores y escritoras de ficción extraña, como Andrea Chapela, Lola Ancira y Alicia Mares. México es otro de esos grandes polos de la ficción extraña en Latinoamérica.

Si Soñarán el jardín tenía un hilo temático pero no de estilo, Paracosmos tiene un estilo marcado que gira sobre diferentes obsesiones. Pertenece a esa hibridación de géneros conocido como weird o nueva ficción extraña. Por momentos, cuando se pone un poco lovecraftiano, recuerda a las primeras colecciones de relatos de Laird Barron, aunque sus principales influencias son Philip K. Dick y el cyberpunk. Hay cuentos sobre el primer contacto con una civilización extraterrestre, sobre guerrras de religión interplanetarias, virus alienígenas, videojuegos y avatares de jugadores muertos convertidos en IAs, puertas a otra dimensión... Diferentes temas, un mismo estilo y, más importante, la unidad que le da el que los relatos compartan el mismo universo. Desde la espera de lo monstruoso en un edificio de Stalingrado hasta Titán y Júpiter, las historias transcurren, o así lo parece, en el mismo mundo.

El estilo de Sifuentes está bastante influido por su labor periodística: frases cortas, directas y sin demasiado adorno. Su prosa es ágil y abunda el léxico científico y tecnológico que tan bien conoce de su labor como periodista y divulgador de ciencia —trabajar tres lustros en la Muy Interesante de México también tiene que dejar un poso—. En sus cuentos a veces juega con narraciones fragmentadas y con la inserción de conversaciones de chat, documentos de investigaciones y otro tipo de materiales. También gusta de finales abiertos, a veces incluso anticlimáticos, que dejan la idea del relato colgando.

Ya sea desde el ciberpunk industrial—con «i latina»— o desde el lirismo fantástico, los géneros no miméticos en las literaturas latinoamericanas viven su edad de oro. La ficción extraña, la ciencia ficción y el neogótico se han convertido en las nuevas herramientas lingüísticas y estéticas para hablar de la realidad del continente, adoptadas en todos los países y por autores y autoras de todo pelaje. Eso sí, nunca hay que olvidar que desde el río hasta el mar, Elon Musk subnormal. ¡Viva México!

Damián Miravete, Gabriela (2026). Soñarán el jardín. Alfaguara.
Sifuentes, Gerardo (2016). Paracosmos. Universidad Autónoma del Estado de México.




Nueva Ficción Extraña Latinoamericana IV: 'La tercera aberración' y 'El buen mal' [ARGENTINA]

La tercera aberración es una novela de la argentina Flor Canosa. Después de Pulpa y La segunda lengua materna, en las que se adentraba en esa región del raro habitada por Juan Mattio, Ricardo Romero, Robi Chuit o Michel Nieva, con La tercera aberración se aproxima al neogótico practicado por Mariana Enriquez y Samanta Schweblin. La novela fue publicada en 2025 por Fondo de Cultura Económica Argentina, una editorial subsidiaria del grupo editorial dependiente del Estado Mexicano, fundado hace casi cien años. Que los estados financien editoriales sin ánimo de lucro para crear y difundir obras culturales parece cosa de otro mundo.

Circula la tesis de que ante un trauma colectivo, la primera manera de trabajar ese material es a través de lo testimonial, de la crónica documental, que luego pasa a elaborarse desde la ficción por medio del realismo, para finalmente, pasado el tiempo,  formularse desde los géneros no miméticos de la literatura. Este recorrido es el que parece seguir la literatura argentina en los textos sobre la última dictadura: desde Nuestra parte de noche Para hechizar a un cazador, pasando por Materiales para una pesadilla y Nación vacuna, reelaboran ese trauma desde el terror y la ciencia ficción. La tercera aberración de Flor Canosa se suma a lo que ya podríamos denominar como tradición. Lo más cercano en España es Carcoma de Layla Martínez, pero no deja de ser un texto aislado rodeado por corpus literario realista que, como mucho, admite ciertos toques de eso que el mundo editorial llama «realismo mágico». En 2026 la manera de leer y escribir en España sigue siendo la de hace cincuenta años.

En La tercera aberración Flor Canosa narra la historia de una familia que vive en una casa de geografía no euclidiana: cada quince años su interior sufre una transformación. Ambientada en 1978, en plena dictadura argentina, la casa no sólo es el hogar de la familia protagonista, también es su medio de sustento. Convertida en hotel, la familia ya ha vivido dos transformaciones de la casa, que han dejado traumas como la desaparición de una de sus hijas, Afrodita, devorada por la casa. El hotel está regentado por el matrimonio formado por Nuria y Víctor. Junto a ellos, sus hijos —Diana, Minerva y Apolo— y el misterioso gato negro Cronos componen esta extraña familia. Cada uno de los miembros de la familia tiene una característica que los hace especiales: desde la prosopagnosia de y capacidad olfativa de Diana hasta la conexión física de Minerva con la casa. Dentro de la tradición gótica de casas encantadas se puede distinguir entre dos formas de abordar esta ficción: la casa como protagonista o los personajes. La tercera aberración pertenece a esta segunda clase, donde lo importante son los personajes. La casa funciona como símbolo: los cambios que se producen en su interior, la reubicación de esos espacios, son una alegoría de las crisis que viene sufriendo la Argentina desde la última dictadura militar. Las mutaciones y transformaciones de la casa nunca tienen explicación, no se sabe por qué suceden y es imposible darles un sentido, sólo adaptarse a ellas lo mejor posible. La dictadura aparece representada de una manera literal en la casa vecina, que se utiliza como centro de tortura, en Juan, el novio desaparecido de Minerva, y en Sergio, un joven homosexual de buena familia que llega al hotel huyendo de su padre. En un nivel simbólico es la propia casa, algo que debería ser acogedor, la que hace la función de representación de la dictadura. Una casa habitada por una familia que, como el país, vive atravesada por silencios y traumas, condenada a repetir la historia de manera cíclica, sin capacidad de romper ese loop

A nivel formal destaca la labor de montaje, casi cinematográfico, llevado a cabo por Flor Canosa. La realidad está fragmentada por distintos puntos de vista y su ensamblaje dentro de la narración está lleno de cortes, saltos y elipsis. También existe un adentro y un afuera: tenemos las voces de los miembros de la familia y algunos huéspedes, pero también está la de un recién llegado a la casa como Sergio. Esta polifonía sirve tanto para fragmentar la realidad como para relativizar una idea de verdad y de memoria. La casa reubicando su espacio interior y cambiando las reglas de juego impide construir un relato lineal y que dé sentido, al igual que las sucesivas crisis argentinas imposibilitan armar cualquier idea de memoria histórica colectiva.  

La tercera aberración es una novela abierta a interpretaciones, que funciona tanto como novela de terror como novela de dictadura. Será el lector el que decida qué lectura hacer, si una, otra o las dos; u otra completamente diferente.


El buen mal es un libro de relatos publicado por Samanta Schweblin. Publicado en 2025, se trata del cuarto libro de relatos de la autora. Si la comparamos con la otra cara —exitosa— de la moneda, Mariana Enriquez, estos cuatro libros de relatos y dos novelas se hacen material escaso para una carrera que empezó en el ya lejano 2002. La obra de Schweblin habita, quizás por su éxito temprano, en los terrenos de un gótico y una ciencia ficción menos extraños, más reconocibles en cuanto a la forma. Esto no es ni bueno ni malo, simplemente habría que tenerlo en cuenta si queremos armar un mapa literario.

Bioy Casares decía, hacie el final de su vida, que un escritor trata un abanico reducido de temas y obsesiones. Algo así se puede observar en El buen mal, donde Schweblin vuelve sobre esa idea de la familia como el espacio donde se generan y heredan muchos de los traumas que padecemos. Las relaciones y los vínculos familiares son, aunque muchas veces de manera involuntaria, siempre esconden alguna forma de violencia. El libro, que consta de seis relatos, abre con Bienvenida a la comunidad, que narra la historia de una suicida que fracasa en su intento y tiene que volver a casa a cuidar de su marido y sus hijas. El ojo en la garganta es, sino el mejor, sí uno de los mejores relatos que ha escrito Schweblin en su carrera. En él narra la historia de un accidente doméstico donde el protagonista, entonces un niño de dos años, se traga una pila cuyo contenido quema sus cuerdas vocales y le deja sin habla. La culpa, el silencio y el constante recordatorio del accidente que es la traqueotomía a la que es sometido, acaba con la relación de pareja de sus padres y con los vínculos filiales y paternales. Es su propio cuerpo, dañado después del accidente, un recordatorio de los errores de los adultos. Esta vuelta a los traumas de la infancia también se puede observar en Un animal fabuloso y La mujer de Atlántida.

Los relatos de El buen mal están narrados en primera persona en un estilo directo y con pocos adornos. Este minimalismo carveriano lleno de elipsis sustenta la tensión entre lo no dicho y esa región de lo extraño que tanto le gusta a Schweblin. Lo raro, tomando a Fisher, es esa presencia que no debería de existir. En Bienvenida al agua, la protagonista y narradora huele a carne putrefacta y mar, tal como debería de oler su cuerpo de no haber fallado en su intento de suicidio. El ojo en la garganta es otro caso de narrador sometido a extrañamiento, ya que careciendo de voz es el que narra la historia. Además lo hace como observador, ya que el conflicto dramático del relato está en el distanciamiento emocional del padre después del accidente del hijo.

Aunque El buen mal no sea el mejor libro de Samanta Schweblin, demuestra que sigue sabiendo cómo generar atmósferas turbias. Ya sea por el extrañamiento de los vínculos familiares, del entorno o de elementos que no deberían de estar ahí pero que sin embargo están presentes, Schweblin rompe el orden simbólico de la realidad. Como en el caso de Lisa Tuttle, lo cotidiano es donde habitan las pesadillas.

Canosa, Flor (2025). La tercera aberración. Fondo de Cultura Económica Argentina.
Schweblin, Samanta (2025). El buen mal. Seix Barral.




Nueva Ficción Extraña Latinoamericana II: 'Zen'nō' y 'Parásitos perfectos' [COLOMBIA]

Zen'nō es la primera novela de la escritora y periodista colombiana Karen Andrea Reyes (1995). Publicada por la también colombiana Ediciones Vestigio en 2020, llegó a España de la mano de Orciny Press, que junto a Holobionte es una de esas editoriales independientes dedicadas a la ficción extraña en nuestro país. Ediciones Vestigio, fundada por Rodrigo Bastidas y Diego Cepeda, es uno de los polos más importantes del continente, junto a Caja Negra en Argentina. Ediciones Vestigio es el centro sobre el que orbitan canales de Youtube como Estereoscopio, revistas como El Laberinto del Minotauro, librerías independientes y nuevos autores y autoras de la ficción extraña colombiana como Luis Carlos Barragán, Karen Andrea Reyes, Claudia Amador y Hank T. Cohen. Además también juegan un papel importante en la difusión del weird y la ciencia ficción latinoamericana dentro y fuera de Colombia: ya no es necesario que te publique una editorial en tu país, llamar la atención de la industria española para que te publiquen en España y, si vendes lo suficiente, conseguir que esa multinacional española te publique en todo el continente latinoamericano. Vestigio publica a autores uruguayos como Ramiro Sanchiz, bolivianos como Edmundo Paz Soldán y españolas como Layla Martínez, así como Caja Negra publica en Argentina al colombiano Luis Carlos Barragán o al chileno Simón López Trujillo. Una manera de hackear al sistema editorial y de conectarse de otra manera.

Zen'nō es un híbrido entre novela y relatos de estructura fragmentaria y no lineal, un juego metaliterario a veces difícil de interpretar. El texto, dividido en tres partes, nos sitúa en el año 2060 para luego saltar al 2994, atravesar once realidades paralelas, aterrizar en 1991 y finalmente retroceder en espiral. La concepción del tiempo en Zen'nō no es lineal, se asemeja más a una rueda sin principio ni final, que no nace ni muere. Lo transhumano, místico y cyberpunk se dan la mano para narrar la historia del primer dios artificial, el Zen'nō, en una especie de tecnomística que busca la disolución del ego. El Zen'nō es una imitación del espíritu que vive en dependencia hasta que se puede desligar y trascender la existencia. Infecta mentes, mastica dimensiones, considera la mente humana como un museo de filogenética.

Fuertemente influenciado por la filosofía y la espiritualidad orientales, Zen'nō es una posible respuesta a la subsunción real del capitalismo en la que vivimos inmersos. No existe un afuera del sistema ni aldea gala resistente al invasor, sólo «el desierto de lo real» del que hablaba Baudrillard. Una potencial alternativa a ese «desierto de lo real» no es el fin del mundo —aquello en lo que insiste la ficción occidental: es más fácil imaginarse el fin del mundo que el fin del capitalismo—, sino liberarnos del ciclo que nos atrapa a través del desapego y la disolución del yo. ¿Es Karen Andrea Reyes la lideresa de una secta hippie? No, pero podría serlo.


Parásitos perfectos es un libro de relatos del colombiano Luis Carlos Barragán. Escritor e ilustrador, nacido en 1988, ha publicado tres novelas: Vagabunda Bogotá (2011), El gusano (2018) y Tierra contrafuturo (2021). También es autor de numerosos relatos que han visto la luz en antologías y revistas, siende este Parásitos perfectos su primer libro de relatos como tal.

Si en Zen'nō Karen Andrea reyes trabaja con la idea del cuerpo como algo alienígena, Luis Carlos Barragán parte del concepto de cuerpo como cárcel para concebir los relatos de Parásitos perfectos. Estamos limitados por nuestros cuerpos, por sus percepciones y sus sentidos. La manera de superar esas limitaciones y la percepción subjetiva de la realidad es modificando el cuerpo. En los relatos de Barragán el cuerpo humano se fusiona con máquinas, parásitos e insectos con los que entra en simbiosis, mutualismo o parasitismo para evolucionar, muchas veces sin estar muy claro si esa relación es buena o mala. Una posible salida que se plantea es la simbiogénesis, evolucionar a través de la simbiosis con otros seres vivos. Las modificaciones, mutaciones, infecciones y simbiosis que experimentan los cuerpos son las que crean lo monstruoso, que en los relatos de Barragán cuestiona el orden social establecido. También, como en el cine de Cronenberg, el horror corporal, el asco incluso, pueden llegar a ser eróticos, mientras que lo monstruoso adquiere categoría de subversivo: lo deforme, lo enfermo, lo raro pasan a de la periferia al centro. Además del cine, otras influencias que atraviesan la obra de Barragán son artistas plásticos como Coupland, ilustradores como Moebius y escritores de la new wave como Ballard y Burroughs. 

En Parásitos perfectos también se produce una hibridación como en Zen'nō, sólo que aquí se da entre texto literario e ilustración. Todos los relatos del libro van acompañados de ilustraciones que complementan los textos, como si fuera un proyecto de arte. Igualmente los relatos construyen un universo compartido, aunque nos parezcan temporalmente más o menos alejados de nuestro presente: todos suceden en el mismo espacio. Otra parte importante en la fabricación de este mundo es la Bogotá futurista que propone Barragán, o las distintas versiones de esta ciudad. Como Nueva York en el cine, modelo de ciudad occidental por antonomasia, Barragán convierte la geografía local de Bogotá en un escenario futurista con vocación universal. Desde una Bogotá distópica, pasando por otra ubicada en Plutón y hasta una ambientada en un futuro neomedieval, todas son el escenario entre distintas formas de relación: la relación entre humanos, entre humanos y otras formas de vida, entre humanos y tecnología, las relaciones de producción capitalistas y las desigualdades que causan...

Mientras en la melancólica Europa pensamos en mirar al pasado o en quedarnos como estamos y en EEUU apuestan por el tecnofeudalismo o la barbarie como respuesta a los problemas actuales, desde Latinoamérica llegan propuestas que partiendo de nuestro presente ofrecen «el espectro de un mundo que podría ser libre». Desde el tecnomisticismo de Karen Andrea Reyes hasta el biopunk de Luis Carlos Barragán las literaturas no miméticas escritas en Latinoamérica señalan los puntos de fuga del capitalismo actual y ofrecen escenarios donde el capitalismo y no el mundo han sido destruidos. Quizá no podemos imaginar el fin del capitalismo no por falta de imaginación, sino por falta de espacios donde poner en práctica esa capacidad de imaginar futuros distintos que no pasen por los CEO de Silicon Valley y el autócrata de turno.

Reyes, Karen Andrea (2020). Zen'nō. Orciny Press.
Barragán Castro, Luis Carlos (2024). Parásitos perfectos. Caja Negra.

The beech buds wait.
The aish buds wait.
The frogs and twoads in lagwood holes
and hedgehogs in their leafy ditch,
all waiting for His kingdom.

The eth waits.
The dead brakes
host the holly’s bloody beads;
they are His crown of thorns
and He will rise again.

Oh Wyman, Oh Wyman.
Unray I for en.




Sobre mataderos y ausencias: 'Nación vacuna' y 'El miembro fantasma'

Nación vacuna es una novela de la escritora argentina Fernanda García Lao, publicada en 2020 por Candaya en España. No es caso tan exagerado como el de Mugre rosa (2020) de Fernanda Trías, pero sí que se ha querido ver en Nación vacuna una ficción en cierta medida profética de lo que luego sería la pandemia. Ambas obras son deudoras de esa nueva ficción extraña que se está escribiendo en Latinoamérica.

Nación vacuna toma la forma de ucronía kafkiana narrada de una manera directa y con un humor muy negro. García Lao huye de sobreexplicar y opta por las elipsis semánticas, obligando a los lectores a completar y rellenar los huecos dejados. La narración en primera persona con frases breves y directas acerca el texto a la escuela del realismo sucio y minimalista de Carver: los diálogos suelen ser breves, casi telegráficos, donde es más importante lo que no se dice y donde el narrador tampoco es confiable. La suciedad no se deriva sólo de la violencia, sino de los olores y sabores que se describen. Todo en Nación vacuna está degradado, el amor, la patria, la familia, el lenguaje, hasta los propios cuerpos.

La novela sigue los pasos de Jacinto Benavente, un gris y eficiente burócrata de un estado totalitario. Jacinto es vegetariano, hijo de carnicero y psicóloga y hermano de un miembro de la Junta que gobierna el país. Después de la guerra por la soberanía de las islas M, de la que el país salió victorioso, Jacinto está a cargo del proyecto Vacuna: prostitución patriótica. Algo pasó con los soldados que conquistaron las islas M, que para repoblarlas, la Junta aprueba el envío de mujeres para que procreen con ellos. Jacinto es el encargado de seleccionar a estas mujeres. El humor y el absurdo van de la mano. Como ejemplos, el barco en el que van a transportar a las mujeres a las islas de M se llama Quisquilla I, un viejo barco pesquero rebautizado con el más honorable nombre de Nación Vacuna. También está la paradoja de que Jacinto sea vegetariano siendo hijo de carnicero. La administración estatal llega hasta lo absurdo y ridículo, como el patriotismo grotesco que asesina y trata a las mujeres como ganado.

García Lao tirando a matar

El matadero que aparece en la portada y en el libro es una alusión directa a El matadero (1838-40) de Echeverría, clásico argentino que relata la violencia del país. El matadero ejerce de espejo que proyecta su reflejo en Nación vacuna: no llegamos a saber ni el nombre del país ni el tiempo en el que estamos, sólo que hay un régimen totalitario que ha ganado la guerra en disputa de la soberanía sobre las islas M. Al igual que con el tema del feminismo, no es difícil unir los puntos para saber de qué está hablando la novela en este caso. Es un buen ejemplo de cómo literaturas no meméticas pueden trabajar temas a los que se les ha dado mil vueltas desde el realismo. Además de no sobreexplicar las cosas que suceden, la novela tampoco te tira un discurso a la cara. Más allá de concordar con las ideas de la autora o no es algo que se agradece.

Miembro fantasma (2026) es el tercer libro de relatos de la uruguaya afincada en Colombia Fernanda Trías. Después de Mugre Rosa (2020) y El monte de las furias (2025), novelas las dos, vuelve al relato. Y lo hace de la mano de Páginas de espuma, una editorial con un estilo cada vez más marcado y que ya apunta a varios problemas sobre este boom literario en el que llevamos los últimos años.

Miembro fantasma lo componen diez relatos que giran alrededor de ese síndrome descrito por la medicina: el dolor de una ausencia. Si Mugre rosa fue una novela distópita urbana y El monte de las furias la novela rural colombiana, Miembro fantasma es la vuelta a la autoficción y el realismo. Un realismo, por otra parte, íntimo e introspectivo, muy en la línea editorial de Páginas de espuma.

Si exceptuamos un par de relatos más juguetones y preocupados por lo metaliterario, Miembro fantasma centra su atención en las adicciones y los vínculos rotos. Los personajes de Trías son dolientes, están rotos de alguna manera. Lo mismo sucede con la memoria, algo frágil construido a base de silencios y ausencias. También podemos observar algo parecido con los espacios domésticos y urbanos, descritos como extensiones de los personajes que los habitan y con sus mismas cualidades. Cuanto más se aleja de la autoficción es cuando más brilla Trías, como en Miembro fantasma e Intimidad irremplazable, dos de los mejores relatos del libro. Es éste último el que más se aleja del realismo al convertir una ausencia en algo espeluznante: la protagonista vive una vida vacía, carente de sentido. También es el relato que más se acerca y recuerda a los incluidos en Nido de pesadillas de Lisa Tuttle.

Decía Piglia que el boom literario latinoamericano del pasado siglo tenía mucho que ver con la mirada europea y occidental sobre Latinoamérica. Así como nunca existió el Oriente, esa visión europea que construyó un espacio salido de Las mil y una noches, tampoco la Latinoamérica real es ese mundo rural donde llueve café. En este nuevo boom sucede algo parecido, especialmente con las autoras publicadas desde España. La tendencia a estandarizar y homogeneizar que tiene el mercado marca unas pautas y cierra cada vez más la posibilidad de experimentar en fondo y forma. Quizás haya que buscar esa experimentación en otra hipótesis de lectura, la de la ciencia ficción y la ficción extraña, poco traducida y casi nada publicada fuera de sus fronteras nacionales, pero muy leída. Isabel Allende es el ejemplo de cómo una obra responde no a la propia tradición literaria y cultural de un país sino a la mirada que se tiene desde fuera de esas tradiciones. Tal vez el neogótico latinoamericano, otra hipótesis de lectura, esté cayendo en lo mismo. El tiempo dirá.

                                                        Algo no está y no lo puedo definir
                                                     Tu elocuencia confunde cada vez más
 



Vampiros en el Caribe: 'Altasangre' y 'Malasangre'

Altasangre (2025) es la primera novela de la escritora colombiana Claudia Amador (1998). Habitual de la ciencia ficción y la ficción extraña con relatos publicados en diversas antologías de la colombiana Ediciones Vestigio —por ahí también aparecen publicados nombres destacados del new weird colombiano como Luis Carlos Barragán y Karen Andrea Reyes—, Altasangre es la primera incursión de la autora en el terror; o en la ficción extraña con toques de terror. La etiqueta elegida por la editorial es «gótico tropical», supongo que para darles algo más de variedad a los lectores anglosajones. No todo va a ser «realismo mágico».

Claudia Amador nació en Barranquilla, ciudad del Caribe colombiano, aunque ahora trabaja como librera en Bogotá. Este dato es importante, porque la historia de Altasangre transcurre en una región a la que se alude en la novela como «la Costa», en una ciudad sin nombre trasunto de la Barranquilla natal de la autora, momentos previos a la celebración del carnaval. La novela narra la historia de la casta vampírica de los Vanterroso, que rige los destinos de la Costa. Julia es la gran matriarca y la abuela de la protagonista, Julieta. En el universo creado por Amador existen los vampiros, también llamados «purasangre», una suerte de aristocracia parasitaria de rancio abolengo que detentan el poder político y económico. Luego están los «mixtos», vampiros que conservan atributos humanos y que son el poder silencioso, la verdadera clase dirigente. Por último están los humanos, la plebe que es desangrada para alimentar a la casta vampírica. La sangre es un negocio más en este universo.

Altasangre narra la relación que existe entre Julia Vanterroso, la todopoderosa matriarca vampírica, y su nieta Julieta. Para Julia, su nieta es sólo una pieza de ajedrez que está dispuesta a sacrificar para eternizarse en el poder. Para eso, tiene que disciplinarla, someterla. Julia tiene la experiencia pero le falta el hambre, mientras que Julieta es el hambre violento sin experiencia. Julieta tratará de desbaratar los planes de su abuela, aunque para eso necesite la ayuda de las mixtas que la criaron, que también son poderosas brujas. 

Uno de los valores de la novela es que no cae en ese vicio tan común hoy en día de sobreexplicar las cosas. Altasangre no es un libro extenso, pero sí es rico en presentar un universo donde hay varias dimensiones o planos de la realidad, existen los dioses, los fantasmas y los espíritus, los vampiros gobiernan y la magia es algo bastante común. También hay que poner en valor algo, de nuevo, poco común: Claudia Amador describe y muestra dinámicas de poder, las ejercidas por esa casta vampírica, pero no hace juicios de valor. Trata más de describir una situación y de utilizar el vampirismo como una metáfora, pero mucho más elaborada, sin arrojarte a la cara unas ideas u otras. En Altasangre los vampiros gobiernan y ejercen la violencia con total impunidad, pero el pueblo también participa y consiente a cambio de otras cosas, como la celebración del carnaval. Los hombres están ausentes, se dedican a sus cosas, como ser senadores o empresarios mientras las mujeres se dedican a los asuntos domésticos. Sin embargo, la Costa es un no-lugar donde gobiernan las mujeres, es una casa gigantesca donde los hombres no pintan absolutamente nada. También existen fábricas donde los humanos proporcionan, una vez diluida, su sangre a los vampiros, pero lo hacen consintiendo. Todo en Altasangre tiene matices y grises.

Claudia Amador utiliza elementos performativos como la música, presente en todo momento en la novela. Existe una carnavalización de la narrativa. Julieta accede al éxtasis a través de la música en una bacanal. El carnaval es el orden natural para todos, gobernantes y gobernados. Perder una reina, alterar ese poder, es ir contra el orden natural. El hambre y la rabia de Julieta que su abuela intentan domesticar también son la furia y la rebeldía contra ese orden natural que quiere disciplinarla. Existe cierto paralelismo con Mónica Ojeda en cuanto a estilo: sobrevuela un lirismo sobre la prosa, mucho más florida y sensorial. Amador traslada el castillo del vampiro europeo a un Caribe bullicioso, húmedo y abrasador. Eso también la acerca a la cubana Elaine Vilar Madruga y su prosa sensorial, aunque un poco menos pegajosa. Y comparte con estas dos autoras una fascinación por la violencia y el cuerpo como fuente de terror.


Malasangre (2020) es una novela de la escritora y periodista venezolana Michelle Roche Domínguez (1979). Publicada por Anagrama, parece que no tuvieron suficiente con Nuestra parte de noche (2019) y necesitasen a otra latina escribiendo terror en su catálogo. Aunque bueno, lo de terror es discutible. Si existen etiquetas como «gótico andino» y «gótico tropical», parece tarea obligada el clasificar la novela de Roche Rodríguez como perteneciente a esa segunda categoría. Soy defensor de las etiquetas, que nos permiten clasificar y categorizar una obra literaria para su mejor comprensión. Pero estas etiquetas tienen que ser las adecuadas.

Malasangre está ambientada en la Venezuela de los años veinte del pasado siglo, un momento histórico en la transformación del país. Por un lado se descubrió el petróleo y se empezó a explotarlo, y por otro los militares desplazaron a la vieja aristocracia criolla. La Venezuela actual tiene su origen en aquellos años de transformaciones. La protagonista de la novela es Diana, una joven vampira que vive sometida a los caprichos de sus padres. Su padre, un prestamista, es el origen de su vampirismo, ya que se lo contagió una prostituta con la que vivió. Su madre es una beata meapilas e hipócrita que la desprecia. Diana, que vive reprimiendo sus ansias de sangre, sólo es para sus padres una moneda de cambio: la pueden casar con un futuro socio comercial de su padre o puede ser enviada al convento para que desaparezca y no moleste como quiere su madre. En cualquier caso, esposa o monja, no es decisión suya.

Roche Rodríguez utiliza el vampirismo como metáfora de ese momento histórico: la plutocracia militar, producto de la economía rentista y del capital internacional, chupa del petróleo del país. Como el padre de Diana, están todos a hacer un «negocito», a pegar el palo. Además del cristianismo y el castellano, los españoles también llevamos el rentismo a América. El vampirismo también es usado como metáfora por la autora al describir la situación de Diana, vampirizada por sus padres. En una sociedad donde la mujer no tiene derecho a nada, para ser libre sólo le queda la opción de huir de casa y prostituirse. 

Malasangre es la voz narradora de Diana la que articula la novela. No es ni «gótico» ni «tropical». Tampoco terror. Se parece más a La juguetería mágica de Angela Carter, con una protagonista que comienza narrando su primera menstruación, que es violada y que «escapa» de ese mundo opresor convirtiéndose en adulta/mujer. Malasangre es un coming of age, un paso a la vida adulta, una historia de iniciación hacia la madurez. El problema es que esta narración está dentro de otra narración, que es la parte de novela histórica y social. Están unidas por esa metáfora del vampirismo que a mí no me termina de funcionar. Si quieres leer una novela feminista y que critica al chavismo desde la izquierda, Malasangre es tu libro, pero no busques gótico o terror porque no lo hay.

Amador, Claudia (2025). Altasangre. Alianza Editorial.
Roche Rodríguez, Michelle (2020). Malasangre. Anagrama.

Oh vem, oh vem ver de perto
É um mundo, um mundo incerto
Oh vem ver de perto
É um mundo, um mundo certo




Nuestro mundo weird: 'La primera vez que vi un fantasma' y 'El cielo de la selva'

La primera vez que vi un fantasma (2018) es una colección de relatos escrita por la ecuatoriana Solange Rodríguez Pappe (1976). Aunque no tan conocida como Mónica Ojeda y María Fernanda Ampuero, a Rodríguez Pappe la hemos podido leer estos años en antologías de relatos como Insólitas (2019) y Aquelarre de cuentos (2021). Este último incluye uno de los relatos de esta colección, Matadora

La primera vez que vi un fantasma lo componen quince relatos que se mueven entre la fantasía extraña y el terror. Pero la mayor distinción entre relatos es su longitud: los hay breves, de página y media, y los hay largos. Unos se mueven entre lo lírico y los otros son narrativos. Son estos últimos, los relatos largos de carácter narrativo, los que elevan la categoría de Rodríguez Pappe como escritora. Paladar, Un hombre en mi cama, Matadora... Contruye mundos muy potentes, como ese universo distópico en el que el sol ha evaporado el agua y la gente evita salir a la calle. La protagonista de ese relatos tiene un fetiche muy raro que es ver dormir a otra gente online. En la boda de su hermana con un árbol, sucederá algo. O ese otro en el que la patasola es una mujer del saco que te persigue. También está el «atanudos», unos seres que se te pegan y hacen de tu vida una desgracia.

Las influencias en Rodríguez Pappe hay que buscarla fuera, pues no es fácil identificarla con las corrientes al uso existentes. Más que «gótico andino», ese cajón de sastre que tanto se usa últimamente, lo de Rodríguez Pappe, como lo que escribe Luis Carlos Barragán en Colombia, está emparentado con el new weird anglosajón. La hibridación de géneros —ciencia ficción, terror, fantasía—, mundos y ecosistemas hostiles y la tecnología y el cuerpo como fuentes de terror son marcas de la casa.Tanto en Latinoamérica como en España el new weird es un género en auge. La editorial Holobionte en España está especialidad en new weird y pensamiento contemporáneo de vanguardia—aceleracionismo, cibergótico, xenofeminismo...—, con un catálogo de autores y autoras que va del muy reaccionario y aceleracionista Nick Land hasta Luis Carlos Barragán. Su Mundo Weird es probablemente la mejor antología de relatos que se puede leer en castellano sobre el género.

El cielo de la selva es una novela de la cubana Elaine Vilar Madruga (1989). Publicado por la editorial Lava en 2023, es la obra más conocida hasta el momento de la autora, que a pesar de su relativa juventud tiene a sus espaldas un amplio currículum. Es poeta, dramaturga, novelista, profesora y autora de relatos y ensayos. Actualmente vive en Canadá.

La novela trata temas como la maternidad impuesta, la violencia y el cuerpo femenino. Como en el caso de Rodríguez Pappe, no es fácil etiquetar la obra. Se puede leer lo de «gótico caribeño» en muchas reseñas, pero la autora bebe de otras influencias. El new weird anglosajón vuelve a estar presente. Eso sí, pasado por el tamiz de la autora.

La historia transcurre en un no-lugar que es la hacienda, una casa en medio de la selva. Allí transcurre la vida de varios personajes. Tampoco se identifica el país. Sabemos que hay narcos y militares, pero poco más. La novela se construye a través de una polifonía de voces. Santa, la vieja, Ifigenia, los niños... La selva también es otro personaje, una especie de dios salvaje que asfixia al resto de protagonistas con la humedad, el calor y sus exigencia de sacrificios. No me columpio mucho si digo que esa selva comparte bastantes características con las isla de Perdidos. El lenguaje de Vilar Madruga es una suerte de realismo sucio poético. Puede recordar a los mejores momentos de Mónica Ojeda, pero mucho más directo y no tan lírico. Habla de mierda, de orines, de picores en la entrepierna y de putrefacción. Carne y hueso como campo de batalla, algo muy común en la narrativa de los últimos años, que pone el cuerpo en un primer plano.

Si el cuerpo es campo de batalla, también lo es la maternidad. Una maternidad completamente desmitificada y funcional a un propósito, que es proporcionar carne a la selva. Las madres paren por obligación y por supervivencia. Son vícitimas pero también victimarios. La novela tiene momentos en los que te pone los pelos de punta, como ese en el que una prostituta se reúne con otras prostitutas asesinadas en la selva mientras hacen sonar sus huesecillos. No diré que es dura —a la manera de La chica de al lado o de Crímenes reales—, pero sí bastante cruda. La dureza es húmeda, pegajosa, como la que sufren los personajes, en un ciclo sin fin de violencia.

Rodríguez Pappe, Solange (2018). La primera vez que vi un fantasma. Candaya.
Vilar Madruga, Elaine (2023). El cielo de la selva. Lava




La familia como destino de perdición: 'Larvas' y 'La oscuridad es un lugar'

La cantidad y calidad de literatura escrita en países latinoamericanos parece que no tiene fondo. En Uruguay podemos disfrutar de Fernanda Trías (1976) —por aquí hablé de Mugre rosa y El monte de las furias—, que junto a Inés Bortagaray (1975) y Natalia Bardero (1975) forman parte de una nueva generación de escritores. Tamara Silva Bernaschina (2000) forma parte de la novísima generación que está surgiendo en Uruguay, y desde la publicación de Larvas (2025), publicado por Páginas de espuma, el interés por su obra se ha amplificado.

Larvas es un libro de relatos cuyo hilo temático gira alrededor de las relaciones familiares. Bernaschina  opta por el fantástico y el terror, con una buena dosis de body horror y asco. Los personajes de los relatos viven en el rural uruguayo, en el interior del país —la propia autora es originaria de Minas—, en un entorno extraño que se manifiesta a través de la atmósfera (humedad) y/o una naturaleza hostil. Muchos personajes son niños y adolescentes que viven lo extraño con naturalidad, como una parte más de su realidad material.

En Larvas las relaciones familiares son un reflejo también de los animales, insectos y fenómenos naturales extraños que se manifiestan a lo largo de los relatos. Estas relaciones pueden ser parasitarias o simbióticas, teniendo muchas veces el cuerpo de los protagonistas como elemento de disputa: los hijos son propiedad de sus padres por lazos de sangre. Esos cuerpos también experimentan mutaciones y transformaciones, grotescas las más de las veces. Las relaciones también son un ser vivo más, que nace, se reproduce y muere.

La oscuridad es un lugar (2020) es un libro de relatos de fantasía oscura escrito por Ariadna Castellarnau. La temática de los relatos también se mueve en el mismo terreno que Larvas, la familia, pero las influencias que trabaja son otras. En los relatos de Castellarnau está presente la fantasía como una suerte de realismo sombrío, como en la obra de Angela Carter, Lisa Tuttle o Samantha Schweblin. Muchas veces lo fantástico es una pequeña deformación de esa realidad, que ya es lo suficientemente sombría sin este elemento. 

Como en Larvas, los personajes de La oscuridad es un lugar también son niños y adolescentes, poniendo el foco en su vulnerabilidad. Está la niña que escapa al trágico destino de su familia huyendo al bosque con un desconocido que le alerta de este próximo fin. También está el adolescente explotado por su familia —vive en una familia-empresa—, encargado de cuidar a la atracción de feria que es su hermano, mitad hombre, mitad pez. Los lazos afectivos entre los miembros de las familias que aparecen en los relatos son asimétricos y obedecen a intereses egoístas. La única posibilidad de huir que tienen los protagonistas es un hecho disruptivo, una fisura en su realidad que rompa con ese vínculo tóxico. Otra característica en el estilo de Castellarnau es el de los finales abiertos. Muchas veces no sabemos qué pasa más allá de esa fisura en la realidad, qué es de esos personajes. Un poco como sucede en La juguetería mágica de Carter: algo se acaba y lo que viene a continuación también es aterrador.

Pocos países tan chiquitos han dado tanto y tan bueno a la humanidad, desde Mujica a Bendetti. Ojalá cambiar Almería por Uruguay. Hasta que eso suceda, podemos disfrutar de su literatura y de artistas y grupos de rock como Sordromo (gracias Paolo), No Te Va Gustar, Niña Lobo, Alberto Wolf, La Vela Puerca (gracias Ander) y El Cuarteto de Nos.  

Silva Bernaschina, Tamara (2025). Larvas. Páginas de espuma.
Castellarnau, Ariadna (2020). La oscuridad es un lugar. Ediciones Destino.






Habitar el cuerpo: 'Acércate' de Sara Grant y 'La sed' de Marina Yuszczuk

La Biblioteca de Carfax, además de publicar señoras victorianas, también de vez en cuando rescata obras como esta de Sara Gran, publicada originalmente en 2003. Además cuenta con prólogo de Mariana Enriquez, que un poco como Stephen King varias décadas atrás, se ha convertido en prescriptora de terror, de manera directa o indirecta.

Los veinte años que ha tardado en publicarse la novela en castellano se notan en una cosa: no hay apenas referencias tecnológicas. Es algo que en la ficción se nota muchísimo, ya que existe un parteaguas clarísimo con ese tema. Hoy es imposible querer narrar una historia en la que no aparezcan personajes pegados a un teléfono y a las redes. Y aunque es un fenómeno bastante reciente, es una característica que ubica al mundo anterior en una época más pretérita de lo que realmente es. No ya sólo es que no seamos incapaces de imaginar un mundo donde no exista el capitalismo, es que no podemos pensar en volver a habitar un mundo como el de hace dos décadas.

La protagonista de Acércate es Amanda, una treintañera que goza de lo que podemos calificar como vida perfecta: buen trabajo, marido atento y una vida social activa. Sin embargo, Amanda abrirá la puerta a un demonio, Naamah, que a lo largo de la breve novela, irá poseyéndola. Primero muy poco a poco, con episodios aislados, muy cortos, donde pierde la conciencia de lo que ha hecho. Luego, esa niebla se irá convirtiendo en su vida, hasta que los momentos de conciencia se sucedan cada vez más distanciados en el tiempo. No es la típica novela sobre posesiones demoníacas, su aproximación al tema y al género es diferente. Amanda, que cumple los sueños aspiracionales de la clase media, sigue siendo una persona vacía e insatisfecha, que encuentra la felicidad y su identidad en abandonarse a sus instintos. El terror está en contemplar como destroza esa vida idílica poseída por Naamah. La posesión no es un castigo, es una liberación. Grant parece plantear que la posesión está en lo otro, en esa supuesta vida perfecta de éxito profesional y sentimental, representándolo como una jaula que oprime a Amanda.

Grant utiliza un estilo directo, de frases cortas y capítulos breves, con una narración en primera persona que dota a la narración de un ritmo vertiginoso. La novela, no muy extensa, se lee en una tarde. Podríamos emparentarla con la obra de Paul Tremblay y Grady Hendrix en cuanto a estilo. También tiene un tono en el que está presente el desencanto, abordado desde el humor negro y cierto cinismo disfrazado de ironía. También se puede intuir que ese desencanto es algo generacional: el fin de la historia prometido no era lo esperado.

Otra novela breve de terror, aunque más actual, es La sed (2020) de Marina Yuszczuk. Yuszczuk (1978) es una escritora, periodista y editora que se dio a conocer con La sed, su segunda novela, aunque también publica poesía y cuento. Forma parte de ese filón que son las escritoras latinoamericanas. Da igual la generación, siempre aparece alguna nueva para publicar.

La sed es una novela breve pero más compleja en cuanto a forma que Acércate. La novela está dividida en dos, con un breve capítulo introductorio, y combina distintos tiempos y voces. La historia de La sed comienza con una mujer pasea con su hijo pequeño por un cementerio de Buenos Aires cuando ve a una misteriosa desconocida y se asusta. Entonces se inicia la narración de esta desconocida en primera persona, de la que desconocemos su nombre. Es una vampira que huyó de Europa en el siglo XIX y emigró a Buenos Aires. Hay sexo, violencia y un tono gótico que contrasta con la segunda parte, situada temporalmente en el Buenos Aires actual, y que tiene un tono más intimista. Una mujer, Alma, vive el duelo de su madre, que padece una enfermedad terminal degenerativa que le impide comunicarse con ella. Además, tiene que lidiar con la crianza de su hijo pequeño, su trabajo y su reciente separación. El cuidado de su madre enferma la llevará a descubrir un mausoleo propiedad de de su familia. En la parte final de la narración se unen las dos historias, la de la vampira sin nombre y la de la doliente Alma.

La novela explora la idea del ser autosuficiente, un ser humano como Alma, con el parasitismo del vampiro. El vampiro es un parásito siempre necesitado de alimentarse. Para la vampira de La sed es un continuo volver a empezar donde solo existe la necesidad humillante de alimentarse de otros. También explora la relación con la muerte y el dolor de nuestras sociedades laicas, la falta unos ritos que nos preparen para aceptar la propia idea de la muerte. Si en Acércate había un tono desencantado, sarcástico, La sed opta por la melancolía y el lirismo. El cuerpo, nuestro cuerpo que un día se descompondrá, es el centro de la narración. Lidiar con la experiencia material de poseer un cuerpo es tratar el deseo, el hambre y el dolor, para lo que no siempre estamos preparados.

Ambas novelas son muy recomendables y me recuerdan a las fantásticas Cuando la soledad nos ama (1985) y El elixir negro (1988) de Elizabeth Engstrom. Cuerpos, algunos monstruosos, otros que se transforman, pero cuyas necesidades biológicas y finitud escondemos con vergüenza, asco y dolor.

Grant, Sara (2003). Acércate. La Biblioteca de Carfax.
Yuszczuk, Marina (2020). La sed. Blatt & Ríos.





'Vencer al dragón' de Barbara Hambly: una estrellita pequeñita pero firme

Vencer al dragón (1985) es una novela de fantasía escrita por Barbara Hambly. Forma parte de una saga, Winterlands, formada por una tetralogía de novelas, la última de ellas publicada en 2002, más cinco novelas cortas que han ido apareciendo durante los últimos quince años. A pesar de lo cual Vencer al dragón se puede leer como novela independiente. En España ha conocido cuatro ediciones en papel, siendo la primera en 1990 y la última en 2023.


Vencer al dragón narra la historia de Jenny y John, hechicera la primera y guerrero el segundo, que son engañados por Gareth para que maten al dragón que asola las tierras del sur. John es el noble que reina sobre las tierras del norte, abandonadas hace décadas por el reino del sur, que ahora pide su ayuda, ya que es el único vencedor de dragones vivo. Jenny es su amante y madre de sus hijos, además de hechicera, que acompañará a John en su aventura. Pronto descubren que Gareth, el caballero que les ha ido a buscar, es en realidad el heredero del reino del sur, y que su padre, el rey, está sometido a un hechizo de Zyerne, una joven y poderosa hechicera.


El argumento de la novela parece remitir a las clásicas historias de fantasía épica repetidas mil veces desde El señor de los anillos, del que se han escrito un montón de refritos, pero nada más lejos de la realidad. Sí tenemos al caballero, a la hechicera, al príncipe, al dragón y a la bruja villana, pero Hambly subvierte los roles propios del género y presenta una historia ambientada en un mundo fantástico pero con unos personajes más realistas. John es noble y guerrero, pero está más preocupado por leer libros y extraer conocimiento de ellos para mejorar la vida de su pueblo que de guerrear. Jenny es una mujer poco atractiva, hechicera de poco poder, más curandera y comadrona que otra cosa, dedicada al estudio y perfección de sus pequeños poderes. Ellos dos son los protagonistas, sobre todo ella, de Vencer al dragón. Unos protagonistas atípicos, lejos del tono épico que suele caracterizar al género, sobre todo en los ochenta, pero también alejado del tono cínico camuflado de realismo sucio representativo de la fantasía de nuestro tiempo. También tiene colgado el sambenito de feminista, que lo es, pero publicada en 1985, entre la segunda y la tercera ola feminista, Vencer al dragón es terriblemente actual y moderna: Jenny y John son pareja y tienen una relación similar a la de Naomi y Holden en The Expanse (2011-21), incluso en muchos aspectos son más avanzados. 


También hay mucho de desmitificación del género, sobre todo a través del personaje de Gareth. Él es el heredero del reino, más trovador y preocupado por el honor y el amor romántico que guerrero. Es el personaje que hace el viaje inverso, de príncipe prototípico de la fantasía épica a personaje de carne y hueso. Es un viaje que realiza gracias a Jenny y a John, a su experiencia con ellos, y también es un viaje alejado de lo posmoderno y autorreferencial, que se convertiría en habitual a partir de la década siguiente. Los noventa no fueron el nacimiento pero sí la consolidación de la tendencia autorreferencial en este tipo de narrativa. La deconstrucción del género fantástico realizada por Hambly no cae ni en la autoparodia ni en el cinismo, estando más emparentada por los ideales humanistas de justicia y libertad de El Quijote que por el catolicismo meapilas de El señor de los anillos


La gran protagonista de Vencer al dragón es Jenny, mujer de mediana edad, poco atractiva físicamente y llena de inseguridades y complejos. Es un personaje poliédrico: es la amante de John y la madre de sus dos hijos, pero también es hechicera y tiene su trabajo como curandera en las tierras del norte. Su deseo de incrementar el débil poder que posee choca con la vida que ha elegido, lo que la lleva a cometer errores. Pero son estos errores los que hacen de Jenny un personaje más humano y tridimensional. Es madre, pero su maternidad y la crianza no son las típicas, sin que eso la convierta en mala madre. También es la amante de John, sin que eso se convierta en el aspecto fundamental que la defina. Tanto John como sus hijos son una parte más de su vida, importantes, sin duda, pero no son todo lo que es. Ella es mucho más, una mujer independiente que libremente decide compartir su vida con otras personas, lo que entra en conflicto con su deseo de mejorar sus capacidades mágicas. La clave, como se dará cuenta Jenny más adelante, está en el para qué, pregunta unamuniana esencial. Unamuno escapaba del porqué nihilista y planteaba un mundano y humanista para qué. ¿Para qué más poder, Jenny? ¿Para qué un poder que te acerca y te aleja de lo que quieres? ¿Para qué un poder que no está al servicio del bien común? Vencer al dragón es más de Sancho que de Quijote porque Jenny persigue su autorrealización y la justicia desde un realismo pragmático, sin caer en una distorsión de la realidad que la lleve a ver gigantes donde sólo hay molinos, pero huye del cinismo que a veces provoca el desencanto apelando a un idealismo práctico. Defender la ternura es revolucionario, por más que nos quieran vender el malismo como solución. 


Barbara Hambly comparte un tono y una aproximación a la fantasía con otras autoras como Tanith Lee, Ursula K. Le Guin, Lisa Tuttle y Angela Carter. Además de un gran sentido del humor, como empezar un libro con los protagonistas yendo a matar a un dragón y acabarlo con la protagonista huyendo con el dragón. Lo único malo de Vencer al dragón es haber servido de inspiración para Brandon Sanderson. Más Barbara y menos Brandon.


Hambly, Barbara (1990). Vencer al dragón. Ediciones B.


¿Quién quiere saber si estoy quemado
o escondo un corazón helado y quema mi ser?
No he vuelto a ser el mismo
desde que se fue Gillespie, Zappa, Mercury, Camarón;
y me siento mejor
si sé que tengo una estrellita pequeñita, pero firme
¡Pero firme, pero firme!




 

'Pelea de gallos' (2018) y 'Sacrificios humanos' (2021) de Ampuero: honestidad brutal

María Fernanda Ampuero (1976) es una escritora y periodista ecuatoriana. Lleva más de dos décadas residiendo en España, y desde comienzos de la década pasado comenzó a escribir ficción de manera profesional. Pelea de gallos (2018) es su primera colección de relatos. Ampuero es una gran fan del terror, desacomplejada, como Mariana Enriquez. Puede citar Pesadilla en Elm Street y Stephen King en una misma frase, cuando hace no mucho tanto una cosa como la otra te situaban en los márgenes.

Pelea de gallos reúne trece relatos en los que no siempre está presente el elemento sobrenatural, o no de una manera clara, pero que sí están atravesados por una violencia brutal. A veces esa violencia es como la naturaleza en Blackwood y Lovecraft, algo vivo y consciente más allá de la comprensión humana. La violencia contra las mujeres de todo tipo y clase está representada en los trece relatos. Las protagonistas, casi siempre mujeres o niñas, son víctimas y también victimarios. Puedes ser mujer pero discriminar a otras mujeres por cuestiones raciales y de clase.

Pelea de gallos es un libro brutal por lo que cuenta y crudo por la manera en que lo cuenta. Todo funciona a la perfección en los relatos de Ampuero, en un estilo que podríamos catalogar de realismo sucio. Frases cortas, breves, que van al grano, muy cercano al estilo de crónica periodística, como sucede con Mariana Enriquez. 


Sacrificios humanos (2021) es el segundo libro de relatos de Ampuero, también publicado por Páginas de espuma como Peleas de gallo. Tanto a nivel temático como de forma los relatos de Sacrificios humanos son una continuación de su anterior libro, quizás con un estilo más depurado, de eliminar y podar lo superfluo, y con más elementos sobrenaturales. A veces aparece reseñado con la etiqueta que se empezó a poner de moda con Mónica Ojeda y Las voladoras de gótico andino.

Aparece la violencia contra las mujeres y el problema de los migrantes. Ser migrante pobre es convertirse en el otro. Si además eres mujer, la vulnerabilidad es mayor. Y como en el anterior libro, Ampuero titula la mayoría de relatos con una sola palabra, a manera de píldora que resume su contenido. El propio título del libro es un resumen de lo que nos vamos a encontrar dentro, esos personajes sacrificados al sistema para que la rueda siga girando.

Biografía, relato basado en la propia experiencia de Ampuero en una casa de pueblo cerca de San Cugat con un ex-yonqui, es estremecedor. El cómo transforma una anécdota personal en un relato es magistral. Un ex-yonqui engaña a una mujer migrante para que acuda a su casa en un pueblo perdido con la excusa de que escriba su historia. Este ex-yonqui se convertirá en una especie de doctor Jeckyll y mr. Hyde ultrarreligioso que mata mujeres migrantes para preservar la limpieza de sangre española.

A veces no hay que buscar el terror en un monstruo con tentáculos: el miedo al otro, el miedo a convertirse en pobre o no poder alquilar un sitio para vivir ya es suficientemente aterrador. Quizás por eso la manera en la que nos contamos el hoy se acerca tanto a géneros como el terror y la fantasía. Ojalá María Fernanda pueda escribir lo que le dé la gana y cuando le dé la gana. 

Ampuero, M. F. (2018). Pelea de gallos. Páginas de espuma.
Ampuero, M. F. (2021). Sacrificios humanos. Páginas de espuma.




'Mujeres: ángeles o demonios' de Tanith Lee: no juzgues al libro por la portada

Mujeres: ángeles o demonios (1990) fue la traducción terrorífica que escogieron en Ediciones Heptada para publicar este libro de relatos de Tanith Lee. Aparecido el año antes en The Women's Press bajo el título de Women as Demons, recoge dieciséis relatos de Lee aparecidos entre 1976 y 1989. Más de una década, quizás la de más repercusión de Lee en el mundo literario, que da buena cuenta de sus obsesiones y fetiches como autora.
 

Es Mujeres: ángeles o demonios un libro sobre el que no es fácil colocar una sola etiqueta. Ya la propia Lee advertía en algunas entrevistas que ella no escribía con una etiqueta en mente, por eso su obra fluye por el terreno de la fantasía: a veces es fantasía oscura, otra es ciencia ficción o terror, a veces es las tres cosas a la vez... El estilo puede recordar al de Ursula K. Le Guin, ya que incluso cuando lees sus novelas de ciencia ficción, pareces estar dentro de un universo de fantasía. En Tanith Lee esto se suele manifestar en un no-lugar, bien del pasado o del futuro, pero ciertamente fantástico. También hay otra parte de sus relatos, los menos, donde la acción tiene lugar en nuestro mundo. Ahí es donde Tanith Lee se parece a Daphne du Maurier: la otredad se manifiesta en nuestro mundo y se va adueñando de él.


Mujeres: ángeles o demonios contiene relatos que rozan el sobresaliente. En oro es un relato que tiene lugar tras lo que intuimos la caída del Imperio Romano, seguramente cerca de Bizancio, con una de las protagonistas que, en un anacronismo, parece venida del lejano oriente. Eres mi sol tiene lugar en el futuro, ambientada en un crucero solar donde el único tripulante superviviente da cuenta de la tragedia: una mujer, tras un baño solar, se convierte en un monstruo que destruye la nave. Argumento, el de la mujer bañada por el sol que se convierte en un monstruo solar, que recuerda a la Sunshine (2007) dirigida por Danny Boyle. Tierra conocida es una especie de Edipo en el espacio mezclado con la idea de alcanzar la inmortalidad. Incluso en relatos así, Lee es capaz de combinar varias ideas de las que te vuelan la cabeza. Todavía recuerdo a Sabella, la vampiresa espacial. La mujer demonio es una Rapunzel de la fantasía oscura. La mujer demonio, que no tiene recuerdos ni conciencia de existir, sólo es. A través del sexo, de vampirismo sexual, atrae a hombres a su alta torre y los despoja de su memoria. Así, perdidos como bebés, acaban muriendo. Sólo un hombre se le resiste, un hombre al que perseguirá hasta el fin del mundo. El deshielo también es una historia ambientada en el futuro. Un futuro que ni es una brillante utopía ni una sombría distopía, sólo un ahora con algunos avances científicos más. En este futuro libre de enfermedades se decide despertar a una persona del siglo XX que decidió criogenizarse a la espera de una cura para su enfermedad. Esto será aprovechado por una raza alienígena incorpórea que busca la forma de entrar en un cuerpo humano y utilizarlo para esclavizar a nuestra raza. ¿Cómo te quedas? 


Tanith Lee repartiendo caramelos a la puerta de un colegio

No juzgar a a un libro por su portada es una de esas máximas que no viene mal incorporar en nuestro día a día. Mujeres: ángeles o demonios es un libro con un título horroroso y una portada a juego con dicho título; nada invita a que nos acerquemos a él. Bueno, nada no, el nombre de Tanith Lee en la portada. Habida cuenta de los pocos libros suyos traducidos al castellano, si el inglés supone una barrera o simplemente no nos apetece leer en ese idioma, Mujeres: ángeles o demonios es una buena opción para acercarnos a la obra de Tanith Lee. Parásitos alienígenas, vampiras sexuales, cruceros espaciales, pandemias mundiales, guantes desparejados... ¿Quién da más?




'Skin of the Soul' y 'Women of Darkness II': señoras de los ochenta

Por este blog han pasado muchas antologías de relatos de terror escritos por mujeres: Queens of the Abyss: Lost Stories from the Women of the Weird (2020), Unforgottable Ghost Stories by Women Writers (2008) The Dreaming Sex, Eraly Tales of Scientific Imagination by Women (2010) y The Darker Sex, Tales of the Supernatural an Macabre by Victorian Women Writers (2009) editados por Mike Ashley, Avenging Angels: Ghost Stories by Victorian Women Writers (2018), Women's Weird: Strange Stories by Women, 1890-1940 (2019) y Women´s Weird 2: More Strange Stories by Women, 1891-1937 (2020) de Melissa Edmundson, la serie Monster, She Wrote... Lo que más ha abundado son aquellas antologías publicadas en los últimos diez años, principalmente centradas en autoras anglosajonas del siglo XIX y principios del siglo XX. También han desfilado por este blog muchas autoras latinoamericanas y españolas contemporáneas. Sin embargo, sigue habiendo un hueco importante en lo relacionado a autoras de los ochenta, esa generación de mujeres nacidas en las décadas de los cincuenta y sesenta y que vivió el boom del terror que comenzó a mediados de los setenta. De momento, a falta de un estudio serio, hay que conformarse con lo que se publicó hace décadas y que recoge la labor de estas mujeres.

Skin of the Soul, publicado en nuestro país con el nombre de La piel en el alma, es una antología de relatos de terror escritos por mujeres y editado por Lisa Tuttle. Publicado por The Women's Press en 1990, incluye el trabajo de autoras ya consolidadas como la propia Lisa Tuttle, pero también el de otras escritoras noveles. También incluye relatos de escritoras de terror y de otras que se acercan por primera vez a este género. El resultado es bastante desigual, con relatos muy bien trabajados y otros más flojos.

El breve prólogo de Lisa Tuttle critica la situación de las escritoras de terror: se publican antologías que obvian por completo a las escritoras y su aportación al género, mientras que se las considera "flojas" en un momento, los ochenta, en los que reina el splatter horror. Las mujeres, en definitiva, no son capaces de hacer terror como demandan los cánones. Claro, cuando lees Boobs (Tetas) de Suzy McKee, entiendes la tremenda chorrada que supone afirmaciones como esas (este relato ha sido reseñado hace no mucho por Todo Tranquilo en Dunwich, por si alguien gusta de meterse más a fondo en la madriguera de conejo). 

Quitando a Lisa Tuttle y a Joyce Carol Oates, no hay grandes nombres en esta antología. Lo que deja a las claras la falta de un nuevo canon que incluya a una parte de esas mujeres que publicaron en la década de los ochenta y a las que no se hizo mucho caso en su momento. 

Hace unos años traje la reseña del primer volumen de Women of Darkness. Publicados por Tor Book y editados por Kathryn Ptacek, este segundo volumen vería la luz en 1990, el mismo año que Skin of the Soul. Si la antología de Tuttle se centra en autoras texanas o afincadas en Reino Unido, como ella misma, Ptacek se centra en el mundillo editorial neoyorquino de finales de los ochenta. Tampoco incluye grandes nombres, salvo Tanith Lee y una jovencísima Poppy Z. Brite. Women of Darkness II ofrece una vista a ese panorama editorial neoyorkino que publica la obra de escritoras de terror, como el de la británica Tanith Lee.

Con sus altos y sus bajos, Women of Darkness II contiene un par de relatos bastante buenos, como Fruits of Love de Chelsea Quinn Yarbro y Dirty Pain de Lisa Swallow. En el primero, una mujer es vendida a un noble sádico como pago en un juego de cartas. Más fantasía oscura que terror, la autora nos relata los maltratos a los que se ve sometida la protagonista y a sus esperanzas. En Dirty Pain entramos en la mente de un asesino en serie y sus categorías sobre el dolor.

No existen antologías actuales que se centren en recoger la producción de escritoras durante la década de los ochenta. Se publican en esa década y en los noventa libros que recogen la labor de escritoras decimonónicas, y se incluye de vez en cuando algún relato escrito por mujeres en alguna antología de la época, por eso Skin of the Soul y Woman of Darkness II son importantes.


Ptacek, K. (1990). Woman of Darkness II, Tor Press.
Tuttle, L. (1990). Skin of the Soul, The Women's Press.