El giallo a la americana de 'El blanco del ojo' y 'El ático'
El blanco del ojo (1987) es una película de culto del director británico y pintor Donald Cammell. Rodada en la desértica Arizona, El blanco del ojo es el tercero de los cuatro largometrajes que dirigió Cammell antes de suicidarse. El guion lo escribiría Cammell junto a su esposa China Kong basándose en la novela de los hermanos Klavan Mrs. White. La banda sonora corrió a cargo del baterista de Pink Floyd, Nick Mason, y el guitarrista Rick Fenn.
Si el giallo italiano estuvo influenciado por Polanski y Hitchcock, El blanco del ojo es una vuelta del giallo a Hollywood pasando por Reino Unido. La película de Cammell es un slasher que tiene bastante de experimental y moderno si tenemos en cuenta no sólo lo que se estaba haciendo en EEUU en la época, sino lo que se haría en la próxima década. Con todo, es una película de bajo presupuesto. El blanco del ojo comienza con una escena de asesinato muy italiana en la que combina planos detalle, barroquismo, colores saturados y planos subjetivos con un montaje casi psicodélico con mucho corte, fragmentado y perfectamente sincronizado con la banda sonora. La escena dura poco más de dos minutos y ya nos pone sobre aviso de que lo que vamos a ver a continuación no es un slasher tradicional.
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A pesar del comienzo, El blanco del ojo no destaca por ser una película extremadamente violenta. Sí que la violencia se muestra en pantalla muy estetizada, de una manera bella, pero apenas sucede otro asesinato más en las casi dos horas que dura la película. Como en el cine de Kiyosi Kurosawa y David Lynch el sonido y no sólo la banda sonora también es protagonista de la película. El zumbido de la nevera, el agua goteando de un grifo, el sonido de un motor... hasta el protagonista y principal sospechoso de los asesinatos es un técnico especializado en instalar equipos de sonido. También el silencio se usa como manera para crear tensión en los momentos adecuados y para destacar y poner en primer plano otros sonidos.
Más allá de la película, otra cosa que contribuye al extrañamiento es el parecido de su protagonista, David Keith, con los actores gemelos canadienses Shawn y Aaron Ashmore. Veintiséis años más jóvenes que Keith, Shawn es conocido por sus papeles en la saga de X-Men y por poner su rostro y voz en el videojuego Quantum Break, mientras que su hermano tuvo papeles recurrentes en Smalville, Veronica Mars, Killjoys y Almacén 13. ¿Reptilianos, quizás?
El blanco del ojo es una película de culto, un thriller de autor que fracasó en taquilla y que sólo varias décadas después de su estreno ha sido rescatada por Arrow para los aficionados al terror. También de culto es su director, Donald Cammell, condición a la que contribuyó su suicidio. Cammell no tuvo la suerte que sí acompañó a otros autores con propuestas radicales como Lynch. La película no encaja dentro del cine comercial y de Serie B que se realizaba en la época. En El blanco del ojo el asesino no viene de fuera ni es un monstruo, es un señor blanco de clase media, casado y con hijos. El sueño americano de los suburbios convertido en pesadilla. Unos años después Joe Dante dirigiría The 'Burbs, una comedia negra de terror con Tom Hanks de protagonista que ponía sobre la mesa la paranoia que se vivía en los barrios de la clase media que había huído de las ciudades.
El blanco del ojo es una película de culto, un thriller de autor que fracasó en taquilla y que sólo varias décadas después de su estreno ha sido rescatada por Arrow para los aficionados al terror. También de culto es su director, Donald Cammell, condición a la que contribuyó su suicidio. Cammell no tuvo la suerte que sí acompañó a otros autores con propuestas radicales como Lynch. La película no encaja dentro del cine comercial y de Serie B que se realizaba en la época. En El blanco del ojo el asesino no viene de fuera ni es un monstruo, es un señor blanco de clase media, casado y con hijos. El sueño americano de los suburbios convertido en pesadilla. Unos años después Joe Dante dirigiría The 'Burbs, una comedia negra de terror con Tom Hanks de protagonista que ponía sobre la mesa la paranoia que se vivía en los barrios de la clase media que había huído de las ciudades.
Kinski interpreta el papel de un casero que alquila los apartamentos de su edificio a jovencitas atractivas. ¡Y vaya apartamentos! He visto pisos más pequeños que las cocinas que se muestran en la película. La vuelta o giro que se le da a esa figura de casero malvado es convertirlo no sólo en un asesino en serie, sino en un hijo de un criminal de guerra nazi que huye con su familia a Argentina donde se forma como médico. Leyendo los diarios de su padre nazi, acabará por asesinar a sus pacientes. Mudado a EEUU y dueño de un edificio, ahora se dedica en su jubilación a llevar un diario de sus asesinatos.
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| Niño sin móvil ni internet, feliz |
La película fracasó en taquilla, lo que unido a la interpretación de Kinski, la convirtió en objeto de culto para los aficionados al terror. Kinski iba tan loco en el rodaje que Schmoeller se vengó años más tarde con el corto Please Kill Mr. Kinski (1999), donde él y su equipo dan cuanta de lo perturbado de su comportamiento y de lo difícil que fue para todos trabajar con él. La venganza se sirve en plato frío, Kinski.
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| Tu casero cuando te sube el alquiler |
El ático rebosa de espacios cerrados como conductos de ventilación, mirillas y habitaciones secretas desde las que Karl, el personaje interpretado por Kinski, espía a sus inquilinas. Schmoeller mete la cámara por esos espacios cerrados acompañando al asesino y transmitiendo una sensación de claustrofobia. La arquitectura del edificio se combierte en un laberinto de recovecos, túneles y conductos en los que nadie está a salvo del ojo espía de Karl. Tiene un algo de italiano en esta idea del asesino voyeur, en la banda sonora de Donaggio y en unas escenas de asesinato barrocas. También en la fotografía de Sergio Salvati, colaborador de Fulci en sus mejores películas, con colores saturados y gran contraste en las sombras, por momentos casi expresionista. Además El ático está rodada con un ritmo bastante pausado, contemplativo, que la aleja del estilo de los slasher de la época.
Frente a esa visión mercantilizada de la nostalgia que nos vende productos asociados a recuerdos emocionales del pasado, conviene no perder de vista que la década de los ochenta fue mucho más que esa visión reduccionista del mercado. El blanco del ojo y El ático son buenos exponentes de un cine de terror que aspiraba a lo comercial pero también a experimentar en las formas y el lenguaje cinematográfico. No todo fue Freddy, Jason y Myers.
Vamos despaciopara encontrarnosel tiempo es arena en mis manossé por tus marcascuanto has amadomás de lo que prometiste








