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'Vampiras' y 'Relatos inquietantes para chicos valientes': Valdemar limpia, fija y da esplendor

Vampiras. Antología de relatos sobre mujeres vampiro se publicó por primera vez en 1991 bajo el título Vamps. Las chupadoras de sangre. En 1999 Valdemar le cambió el título y en 2010 entró en su colección Gótica en tapa dura. En realidad se trata de la traducción al castellano de la antología de Charles G. Waugh y Martin Harry Greenberg titulada Vamps: An Anthology of Female Vampire Stories, publicada por DAW Books en 1987. 

El título no lleva a engaño: el libro recoge relatos sobre mujeres vampiro, desde 1836 hasta 1979. Están los típicos, como Carmilla de Le Fanu, pero también incluye a Mary E. Wilkins Freeman y su Luella Miller (1902) y a Tanith Lee y Roja como la sangre (1979), uno de los mejores relatos de la autora y del libro. La antología pasa por el romanticismo y la época victoriana, luego da un salto al pulp y finalmente se adentra en el nuevo terror de los setenta.

No deja de ser curioso cómo funciona esto del prestigio y del estatus. Una antología de las cientos que se publicaron ahora es objeto de culto. Y no desde el principio, porque cuando Valdemar la publicó en 1991 por primera vez en castellano era algo situado en los márgenes. Su colección Gótica, como la RAE, limpia, fija y da esplendor.

En Relatos inquietantes para chicos valientes (2008) nos encontramos ante una de las típicas antologías de terror publicadas por Valdemar. En ella, Óscar Sacristán tira de clásicos para dar forma al libro. Eso es lo mejor y lo peor que se puede decir de la antología. Verdaderamente es una recopilación canónica, no faltan Poe, Lovecraft, Wells, Dickens, Irving, Hoffmann, Hawthorne... También sorprende por la falta apabullante de escritoras, ya que sólo incluye el relato Mr. Fox, de Flora Annie Steel. Si algo hemos aprendido los últimos años es que hay escritoras de terror para dar y tomar, sobre todo en ese periodo entre mediados del siglo XIX y principios del siglo XX; de hecho, algunas son tan buenas que invitan a revisar ese canon establecido ampliándolo. 

Entre las cosas buenas de la antología de Sacristán está el incluir relatos no muy conocidos de autores clásicos. No es habitual ver Los gatos de Ulthar, escrito por Lovecraft, incluido en una antología; o Hop-Frog de Poe, si nos ponemos. También toca distintos palos, como la fantasía de La tienda mágica de Wells y El fantasma de los Canterville de Wilde, los fantasmas de Nodier y su La casa del lago, los objetos encantados de Harvey y su Sambo, o lo macabro en los relatos de Poe y M. R. James.

Volver a las antologías de Valdemar es como volver a casa por navidad, además sirve de recordatorio: en este país se edita muy bien. La parte negativa es que con muchas antologías de Valdemar, cuando se descatalogan, comienza una fiebre especuladora que ríete tú de los apartamentos turísticos en tu ciudad. En el infierno de Dante existe un círculo reservado a los especuladores de libros.

AA.VV. (1991). Vamps. Las chupadoras de sangre. Valdemar.
AA.VV. (1999). Vampiras. Antología de relatos sobre mujeres vampiro. Valdemar.
AA.VV. (2010). Vampiras. Antología de relatos sobre mujeres vampiro. Valdemar.
AA.VV. (2008). Relatos inquietantes para chicos valientes. Valdemar.



 

'Noctuario' de Thomas Ligotti: el espanto de la existencia

Noctuario es un libro de relatos de terror escrito por Thomas Ligotti y publicado por primera vez en 1994. Es muy curioso lo que ha pasado con su obra en castellano. El primer contacto con ella se lo debemos a La Factoría de Ideas, que en 2006 tradujo La fábrica de pesadillas, una antología que recogía relatos de sus tres primeros libros. Este libro y los relatos sueltos que circulaban por internet eran la única manera de acercarse a un autor de culto, encima reforzado ese culto por una personalidad misántropa, ya que el propio autor tampoco parecía muy interesado en difundir su obra. La pasada década fue Valdemar la que tradujo y publicó el resto de su obra en nuestro país. Lo llamativo es que ha seguido casi un orden inverso al de su publicación en su lengua original. Por ejemplo, el primer libro de Ligotti, Canciones de un soñador muerto, se publicó en 2019. Con una portada curiosa...


El libro está dividido en tres partes: Estudios de sombra, Discurso sobre la negrura y Cuaderno de la noche. Las dos primeras partes recogen los relatos largos del libro, los más narrativos, y la tercera está formada por una recopilación de bosquejos y de escenas cortas, de no más de cuatro o cinco páginas. Ligotti es considerado el heredero deH. P. Lovecraft, y la verdad es que leyendo este libro, se entiende el porqué. Pero siempre desde un estilo propio y personal. Por ejemplo en el Tsalal, si no el mejor, uno de los mejores relatos incluidos en el libro, Ligotti narra la historia de una secta en una ciudad, el advenimiento de un dios primigenio, un ritual, el caos... pero lo hace de una manera que estilísticamente no tiene nada que ver con Lovecraft. La irrealidad del caos se abre paso en nuestro mundo, y la manera que elige Ligotti para narrar este hecho es usando la elipsis, recurso narrativo al que recurrirá con acierto en otros relatos del libro. También, como característica, está la ubicación temporal en ese no-tiempo, que podría ser cualquier década del siglo pasado. Los comercios de la ciudad están llenos de polvo, ajados, gastados. 


Noctuario da rienda suelta a los temas que obsesionan a Ligotti y que forman parte de su obra: las pesadillas, los muñecos/maniquís/marionetas, la soledad y el aislamiento... Por sus relatos desfilan personajes como científicos locos, asesinos y artistas, pero todos están incomunicados, viviendo y sufriendo un mundo de pesadilla. Paisajes inquietantes con horrores que se intuyen doblando la esquina. Un universo amenazador que sólo nos depara destrucción y muerte. Algo que el propio Ligotti llega a describir como el espanto de la existencia. La pesadilla genérica de la posmodernidad.


En Noctuario ya se apuntan algunas de las maneras que serán características de su obra posterior, una obra, todo hay que decirlo, bastante escasa. El barroquismo, casi manierismo en su forma de escribir, desprovista cada vez más de un carácter narrativo, e insuflada de un alto contenido filosófico. Un autor cada vez más ensimismado en sus propias obsesiones. Por eso, y no sé si por nostalgia, sigo prefiriendo La fábrica de pesadillas como primer acercamiento a la obra de Ligotti; o el Canciones de un soñador muerto con un pene en la portada. En cualquier caso, Ligotti es un autor que describe bien nuestra época. No me sorprendería nada que su próximo libro se titulase Para habernos matao.


Ligotti, T. (2021). Noctuario. Valdemar.




'La joven ahogada' de Caitlín R. Kiernan: caer por la madriguera del conejo

Desde que empezó a publicar a finales de los noventa, el nombre de Caitlín R. Kiernan es uno de los más leídos y diría que hasta respetados de lo que se ha venido a llamar new weird fiction o nueva ficción extraña anglosajona. También le han endosado, debido a esto, la etiqueta de escritora de terror, cosa de la que la autora reniega. Y puedo entender tanto una cosa como la otra, pero las historias de Kiernan tienen, como decía Saramago, el poder de desasosegar. No es el splatter ochentero, con su gusto y regodeo en escenas violentas, no son fantasmas victorianos ni maldiciones románticas; tampoco hay espacio para el horror cósmico o el terror más contemporáneo. Las historias de Kiernan, y esta La joven ahogada no es una excepción, se mueven en ese espacio de sutileza, de sugerir más que de mostrar, los terrores cotidianos. Por buscar algunos referentes, salvando todas las distancias, la obra de Kiernan está más cercana de Angela Carter y Joyce Carol Oates que de Stephen King. 


La joven ahogada no es abiertamente una historia de terror, pero leerla es adentrarse en un viaje a la locura. Kiernan narra la historia de India Morgan Phelps, una joven esquizofrénica que cuenta en primera persona los recuerdos que tiene de sus encuentros con otra joven, Eva Cunnings. Esta joven Eva se aparece por primera vez como sirena y por segunda vez como loba. India sabe que los recuerdos que tiene de estos dos encuentros se excluyen, no pueden ser los dos verdaderos. También es consciente de su enfermedad mental, de que debe desconfiar  de ella misma, hasta el punto de que los dos encuentros con Eva que ella recuerda tan bien pueden ser falsos. O no. 


La joven ahogada es la búsqueda de la verdad, si es que algo así es posible, de India. Una obra con mucho subtexto. Hay una reflexión sobre la memoria, que construye nuestra identidad, lo que somos, y cómo esta memoria suele estar asentada sobre mentiras que nos contamos a nosotros mismos de manera inconsciente. También sobre lo imposible que es a veces establecer una verdad absoluta y su carácter poliédrico. La joven ahogada también gira sobre el poder, o como lo llama Kiernan en el libro, el encantamiento que ejercen las historias, sean libros, discos, películas, recuerdos... A veces nos vemos atrapados por una historia, y no podemos salir de ella, como esa canción que se te mete en la cabeza y no puedes dejar de tararear. Y sobre todo, La joven ahogada es la historia narrada en primera persona de una enferma mental. Sin detalles escabrosos, sin violencia, sin elementos sobrenaturales, sólo la cordura pendiendo de un hilo, con eso construye Kiernan una novela que, mal que le pese, es terrorífica. Entre otras muchas cosas.


A parte del recurso del narrador no fiable, La joven ahogada también utiliza numerosas referencias a otras obras, que van desde poemas o novelas a cuadros y discos. Algo que ya se puede decir que es una característica de los autores y autoras contemporáneos: la influencia de la cultura pop en su obra. Todo narrado con un estilo muy peculiar. Porque si algo hay que destacar de la novela es su prosa, cómo está escrito. Hay una búsqueda del lenguaje como experiencia, de una voz propia, que se acerca más a otros géneros como la poesía que a la novela. Algo que no es muy habitual y que muy pocos escritores hacen, sobre todo bien. Uno de los pocos ejemplos que se me ocurren de esto es Mandíbula, de Mónica Ojeda, una novela donde hay mucho de Joyce Carol Oates, Angela Carter y H. P. Lovecraft, pero también de poetas como Anne Carson, Blanca Varela y Alejandra Pizarnik. La joven ahogada, como los cantos de sirena que escuchó Ulises, tiene el poder de hechizarte y de convertirse en una historia que te acompañará para siempre.


Kiernan, C. R. (2014). La joven ahogada. Valdemar.
Kiernan, C. R. (2012). The Drowning Girl. Ace Books.
Ojeda, M. (2019). Mandíbula. Candaya.





'La araña y otros cuentos macabros y siniestros': Hanns Heinz Ewers, el último roquero alemán

La araña y otros cuentos macabros y siniestros es una recopilación de relatos del escritor alemán Hanns Heinz Ewers editada y publicada por (quién si no) la editorial Valdemar. Como sudece con Strobl y su Lemuria, estamos ante una operación de rescate. Además gracias a Valdemar podemos disfrutar de dos de sus novelas, Mandrágora y Vampiro.

Como sucede con Rimbaud, la vida de Ewers no desmerece en nada a su obra: viajero trotamundos, espía en EEUU durante la I Guerra Mundial, filósofo, místico, bohemio decadente, guionista de cine, escritor... y nazi. Porque como sucede con Strobl, Ewers hacía cosas nazis. Fue su participación en este movimiento y sus luchas internas lo que llevó a Ewers a una situación desesperada, ya que sus obras fueron prohibidas en la Alemania nazi y sus propiedades confiscadas. Aunque gracias a sus contactos consiguió recuperar estas últimas y volver a publicar, su individualismo unido a su muerte antes de que acabase la guerra en 1943 llevó a su obra al olvido y dejó al autor en una tierra de nadie: ni querido por unos a los que no dejaba de irritar con su obra ni querido por otros que no perdonaban su pasado nazi. Así ha tenido que pasar el tiempo para que su obra vuelva a ser publicada, en este caso por primera vez, en lengua castellana. Salvo algún relato, especialmente este que da título al libro, La araña, que ha sido incluido en alguna recopilación lovecraftiana y su novela Mandrágora, no es mucho lo que hemos podido disfrutar de Ewers en nuestra lengua.

En La araña y otros cuentos macabros y siniestros Ewers da rienda suelta a toda una tradición, la del Romanticismo alemán, que sabe conjugar con otras influencias, como la de Poe, pero no para copiarlas, sino que las mimetiza y crea un estilo propio, una voz única. Ya he citado un par de veces a Strobl, amigo de Ewers. Es cierto que beben de las mismas fuentes, que comparten un mismo origen, pero estilísticamente no tienen nada que ver. Eso sí, el componente macabro y cierto humor están presentes en la obra de Ewers. Sobre todo lo macabro: hay incestos, suicidios, necrofilia, seres de otra dimensión, sexo, asesinatos, más sexo... Vamos, que es Juego de Tronos antes de Juego de Tronos, al menos en espíritu. Es algo que no deja de sorprender si tenemos en cuenta la época en la que fueron publicados estos relatos. Y luego está el humor: en su relato El carnaval de Cádiz Ewers describe el enfrentamiento entre los lugareños y un tronco animado. ¡Un tronco animado! En Del diario de una naranjo da rienda suelta a la transformación de un hombre en un naranjo. Y se queda tan ancho. Y luego está esa combinación de influencias: está presente el folclore alemán y su mundo de hadas macabras, pero también el vudú, las civilizaciones perdidas, otras dimensiones y hasta Oscar Wilde se hace unos cuantos cameos por sus relatos.

Sólo queda agradecer, una vez más, la labor de la editorial Valdemar por la publicación de estos diecinueve relatos. Otra tentación más para aprender alemán. Un poco por culpa de Mariana Enríquez y otro poco porque soy así, me gusta imaginarme a Ewers como una estrella de rock. La última. Así que haceos un favor y escuchad sus discos. ¡Elvis está vivo!



'Lemuria: Cuentos extraños y malditos': Hans Karl Strobl, el eslabón perdido


Para aquellos que no hablamos esa lengua del demonio que es el alemán, la editorial Valdemar nos trajo esta magnífica edición en castellano de Lemuria, una de las obras cumbres del fantástico europeo y mundial. Junto a Meyrink y Ewers, Strobl es uno de los escritores en alemán herederos del romanticismo de ese país y representante de lo mejor que dio el género fantástico en esa Europa de entreguerras. Un género que florecía en aquellos años y que daba lo mejor de sus frutos si atendemos a las obras de escritores como Karel Capek, Leo Perutz, Ladislav Klima, Stefan Grabinski, Franz Kafka, Hanns Heinz Ewers, Gustav Meyrink o el propio Strobl. Y sin embargo, este sigue siendo uno de los grandes desconocidos. Porque si Strobl es un gran desconocido a día de hoy más allá de algunas ediciones en alemán es por su ideología nazi. Nacido en Jihlava, parte del Imperio austrohúngaro, vería cómo tras la derrota de los imperios centrales en la I Guerra Mundial su ciudad pasaría a formar parte de un nuevo país de habla no germana: Checoslovaquia. Fue uno de los fervientes defensores de la anexión de Austria a Alemania y de la incorporación de los Sudetes checoslovacos al Reich alemán. Fue este nacionalismo exacerbado, junto al antisemitismo propio de la época, lo que lo llevarían a comprometerse activamente con el régimen nacionalsocialista. Y lo que llevaría a su obra al olvido.


A Louis-Ferdinad Céline, autor francés, antisemita y colaboracionista nazi, no se le rinden homenajes de ningún tipo. Sin embargo, su obra sigue siendo una de las más leídas y traducidas del francés. Strobl, quién sabe si además de por nazi, por dedicarse al género fantástico, ha visto relegada su obra al olvido. Por eso no está demás agradecer a la editorial Valdemar la edición de este libro, con traducción y prólogo de José Rafael Hernández Arias. Quizás dentro de cincuenta años se puedan realizar homenajes de Estado a Céline, excelente autor y miserable persona, pero mientras tanto nos queda su obra. Y es lo mismo que se puede desear para Strobl. Saber quién era, ponerlo en su contexto histórico sin que tampoco este contexto sirva de excusa, y leer y conocer su obra. Porque merece mucho la pena.


Strobl haciendo cosas nazis

En Lemuria nos vamos a encontrar con uno de los representantes y herederos del romanticismo alemán  más oscuro y macabro. Violencia, destripamientos, torturas, mutilaciones... Strobl no se ahorra detalle. Destacan relatos como el que abre el libro, La cabeza, donde Strobl nos relata las desdichas de una cabeza decapitada. En el siguiente relato, El mausoleo en Pére Lachaise tenemos la particular aproximación de Strobl al vampirismo. O el satanismo y los fantasmas en La monja mala. Otro de sus más brillantes relatos es El bosque de Augustovo, donde unos soldados perdidos en el bosque encuentran una cabaña en la que refugiarse, donde licantropía y canibalismo van de la mano a partes iguales. Tal vez este gore es lo que haga de la obra de Strobl algo tan terriblemente moderno. Sólo hay que pensar en movimientos como el nuevo extremismo en el cine francés de principios de este siglo. Por eso es tan importante la obra de Strobl, uno de los eslabones más importantes del género fantástico europeo, para saber de dónde venimos. 



Cómo último apunte a tener en cuenta, Strobl fue uno de los fundadores de la primera revista dedicada a la fantasía, Der Orchideengarten. Este Jardín de las orquídeas también está injustamente olvidado, salvo una reciente edición italiana y algunas ilustraciones de las portadas que se pueden encontrar por internet, no hay nada de nada disponible para leer. Así que mientras esperamos una antología de Der Orchideengarten y la traducción de Eleagabal Kuperus al castellano, siempre podremos volver a releer este Lemuria. O si eso nos sabe a poco, tal vez podamos adentrarnos en las raíces del género y leer los Cuentos de los hermanos Grimm. Probad con Juan sin miedo si queréis fantasmas, demonios y miembros amputados. Y recordad que leer a un nazi no te convierte en uno.

'El demonio del movimiento y otros relatos de la zona oscura': Stefan Grabinski y el otro lado


A Stefan Grabinski le han colocado el epíteto de "el Poe polaco" no sé si por mercadotecnia o qué, pero desde luego no le hace ninguna justicia ni es adecuado si atendemos a su obra, al menos la que tenemos disponible en castellano. La editorial Valdemar publicó hace unos años El demonio del movimiento y otros relatos de la zona oscura, que en su primera parte incluye el libro que da título a la colección y en su segunda una selección de los mejores relatos de Grabinski. Junto con el prólogo de Jesús Palacios, una edición de lujo para adentrarse en este autor, inédito hasta entonces en nuestra lengua.


Sobre lo de "el Poe polaco", imagino que cuando se tradujo su obra al inglés en los noventa fue la manera de venderlo. Poe siempre ha sido un autor que ha formado parte del canon literario. No hay que olvidar que hasta hace poco Lovecraft o King no eran considerados "respetables" por el mundo académico, así que lo de "el Poe polaco" no parece tan mala idea si lo que se quería era anunciar un autor de terror europeo desconocido para el público anglosajón. Hay que tener esto presente para no llevarse una decepción: no esperes de Grabinski lo que no te puede dar.


Grabinski forma parte de ese conjunto de autores centroeuropeos de entreguerras, los Leo Perutz, Lernet-Holenia, Strobl, Ewers, Kubin, Mayrink... que salvo algunas excepciones, y por un motivo u otro (como ser nazi), acabarían siendo olvidados. Hasta ahora. La política Valdemar de publicar autores muertos tiene estas cosas, que te descubren autores como Grabinski o los antes citados Ewers y Strobl, y además lo hacen en ediciones que ya querrían los anglosajones. Porque este libro no es una excepción en la colección Valdemar: buena traducción, introducción, notas... Un pequeño lujo.


De Grabinski no podemos esperar que sea el Poe polaco: forma parte de esa época en la que el terror, lo gótico, esa herencia del romanticismo, se transforma en otra cosa diferente dando lugar al horror moderno, incorporando el materialismo, mezclado con una dosis menor o mayor de surrealismo, dependiendo del relato. En la primera parte del libro nos encontramos con el mundo del ferrocarril: trenes fantasmas que viajan a otras dimensiones, jefes de estación, revisores, maquinistas y viajeros poseídos por "el demonio del movimiento"... todo un universo propio y original surgido de la mente de Grabinski. Y la segunda parte del libro tampoco se queda atrás. No existe una unidad temática, pero sí estilística.


Grabinski es un autor tremendamente moderno, que no escribe sobre las leyendas y el folclore de su país. Está más preocupado en mostrarnos lo que hay detrás del velo que envuelve nuestra realidad y nos permite vislumbrar ese otro mundo, diferente, extraño, que también forma parte de nosotros. En definitiva, un gran descubrimiento. Lo que me hubiese gustado leerlo en el viejo Talgo Salamanca-Barcelona, cuyos trayectos eran un viaje fascinante a otra dimensión.