Mostrando entradas con la etiqueta Fantasía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fantasía. Mostrar todas las entradas

'El unicornio' (1965) y 'El escarabajo' (1982) de Mujica Láinez: el triunfo de la belleza

Manuel Mujica Láinez (1910-84) fue un escritor argentino hijo de familia aristocrática. Para los que gustamos del fantástico, Mujica Láinez escribió unas cuantas novelas en las que mezcla Historia y fantasía. El unicornio (1965) es una de esas novelas. Ambientada en el siglo XII, narra la historia de la hada Melusina y de su amor por uno de sus descendientes, el joven Aoil. Melusina de Lusignan, hada enamoradiza, es la protagonista absoluta de esta novela que tiene como telón de fondo la Francia medieval y las cruzadas.

Mujica Láinez utiliza un lenguaje cuasi modernista, al que se puede tildar de manierista. Una cadena de oraciones subordinadas sin fin, una prosa florida y rica en adjetivos, un estilo deliberadamente arcaico... No es fácil entrar de primeras en la novela, la prosa de Mujica Láinez te pasa por encima. Las frases culebrean por el laberinto que es la novela, abrumando y fascinando a partes iguales.

Mujica Láinez demuestra un conocimiento alto en historia y literatura medievales. No en vano se educó entre Argentina, Reino Unido y Francia. Cita unas cuantas veces a lo largo de la novela las obras de Chrétien de Troyes, Marie de France y Béroul. Entre cómo se enseña la literatura en el sistema educativo español y lo poco atractiva que es en ese periodo, solemos desdeñar la Edad Media pensando que todo son poemas épicos. La literatura medieval tiene obras muy interesantes de leer, no sólo como curiosidad histórica, sino por la capacidad de entretener que todavía suscitan. El unicornio recrea no la Edad Media, sino la idea de Edad Media que emana de la obra de los anteriormente citados Chrétien de Troyes, Marie de France y Béroul.

El escarabajo (1982) es, quizá, la obra más redonda y conocida de su autor, publicada unos años antes de morir este. Se trata de otra novela histórica, como El unicornio, pero alejada de los clichés del género. Narra la historia de un escarabajo de lapislázuli, regalo de Ramsés II a su esposa favorita, Nefertari, que dotado de vida y conciencia gracias a un hechizo del hermano pequeño del monarca, pasa de dueño en dueño a través de los milenios. Primero engarzado en un brazalete, luego decorando un anillo, es testigo de distintas épocas y acontecimientos históricos, aunque el escarabajo también sufre vicisitudes como un naufragio, que lo arrojan al fondo del mar, o varios enterramientos en los que acompaña a su dueño a la tumba. 

La originalidad de la obra es la de crear este narrador no-humano, el escarabajo de lapislázuli. Esa voz narrativa, que en cierta medida crece, se desarrolla y se hace adulta a lo largo de la obra, es la que observa, reflexiona y transmite sus pensamientos y experiencias al lector. Su historia transcurre desde el Egipto de los faraones, la Atenas clásica y la Roma de Julio César hasta Roncesvalles, la mítica Avalón, la Venecia de los Polo, la Roma renacentista y la actualidad contemporánea, entre otros, en un viaje que podemos describir como circular. Es el propio Mujica Láinez, último dueño del escarabajo, el encargado de poner por escrito su accidentada vida.

La prosa de Mujica Láinez en El escarabajo es similar a la que usó en El unicornio, a pesar de las casi dos décadas que separan la publicación de los dos libros. Un lenguaje rico, prolijo, casi tan detallista como abrumador, que culebrea como un ouroboros por todo el libro, con una fina ironía que talla una sonrisa en el lector. Sin embargo, no es sólo el estilo, la manera de narrar lo que une estas dos obras, es también el vitalismo y el optimismo, las ganas de vivir que transmite Mujica Láinez. Un autor que como el escarabajo de lapislázuli vive, y lo hace porque como este, pasa de mano en mano, de un lector a otro, trasladando un mensaje cada vez más necesario: el del triunfo de la belleza sobre el caos y lo efímero de la vida. Como en este aforismo de los antiguos navegantes portugueses reformulado por Pessoa, «vivir no es necesario, lo que es necesario es crear».

Mujica Láinez, Manuel (1965). El unicornio. Seix Barral.
Mujica Láinez, Manuel (1982). El escarabajo. Plaza y Janés.





'El país de los sueños' y 'Bosque Mitago': fantasía a la puerta de casa

El país de los sueños es una novela de fantasía urbana juvenil escrita por el canadiense Charles de Lint. Publicada en 1990, forma parte de la larga serie de libros, más de una veintena, que toma el nombre de Newford, ciudad imaginaria norteamericana donde transcurren las historias. Newford es algo así como la Derry de Stephen King. En España Timun Mas publicó este libro en 1992.


Charles de Lint es un autor de fantasía poco conocido y con escasa obras traducidas al castellano. Los libros de su serie  Newford se pueden leer de manera independiente. El hilo conductor que los une es el escenario donde transcurren las historias, la ciudad de Newford, y las tramas fantásticas que incluyen folclore nativo americano y europeo. Si algo aprendí en tercero de carrera en Literatura Canadiense fue a apreciar una literatura, generalmente escrita por los descendientes de los colonos europeos, que incorpora elementos del folclore de las tribus nativas.


El país de los sueños es una novela bastante breve y de escasa complejidad. Narra la historia de dos adolescentes, Ashley y Nina. Ashley, tras la muerte de su madre y el rechazo de su padre a hacerse cargo de ella, se traslada a vivir junto a sus tíos hippies y su prima Nina, adolescente como ella. Allí transcurre su vida odiando a todos y a todo y convertida en el cliché de adolescente noventera nihilista y enfadada: pelo largo, chupa de cuero y camisetas de grupos de rock. Su prima Nina es todo lo contrario, empollona y siempre bien maquillada aunque poco popular en el instituto. El sentido de la maravilla y la empatía van de la mano en esta historia de maduración y aprendizaje.


La novela tiene dos voces narrativas, las de Nina y Ashley, y cada capítulo va saltando de una a otra, comenzando por Nina: más o menos una vez a la semana tiene una pesadilla en la que se encuentra dentro del cuerpo de un animal. Nina culpa a su prima Ashley, que vive obsesionada leyendo libros sobre brujería. Poco a poco descubriremos que además de nuestro mundo real existe el mundo de los espíritus, y que uno de ellos quiere hacerse con Nina. Ashley deberá madurar para superar su cabreo adolescente y ayudar a su odiada prima, incluso si eso significa ocupar su lugar y sacrificarse por ella. El país de los sueños es una novela dirigida a un público adolescente con un mensaje bastante claro: espabila. La novedad es el uso del folclore nativo americano. Tampoco nada excesivamente complejo, no se adentra en ese mundo más allá de dar dos pinceladas, pero no deja de ser algo diferente a lo que estamos habituados a leer en este tipo de libros. Otro punto que llama la atención es la facilidad con la que los personajes aceptan lo sobrenatural en sus vidas, algo más propio de otras latitudes como Japón. Aunque poco sutil y con un desarrollo de los personajes escaso y predecible, El país de los sueños no deja de ser una novela atractiva y entretenida gracias a su mezcla de brevedad y folclore.


Bosque Mitago (1984) de Robert Holdstock es una novela de fantasía. Como en el caso de Vencer al dragón (1985), nos encontramos con una novela y un autor que rompen con la influencia de El señor de los anillos. Existe una épica en el libro de Holdstock, pero es individual y a pequeña escala. Quizás tenga que ver con esto el hecho de que la narración primero nació como relato, con el que Holdstock ganó varios premios, y luego expandió el universo contenido en el relato en forma de novela.

Holdstock nos cuenta la historia de dos hermanos, Steve y Christian Huxley, y una vida marcada por la obsesión de su padre con el bosque Ryhope, adyacente a la casa de campo en la que viven. Una obsesión que llevará a la muerte a su madre y que acabará matando a su padre. Ambientada en la Inglaterra de posguerra de 1947, Steve regresa al hogar tras una temporada en Francia, desde donde recibía noticias de su hermano mayor Christian, sólo para encontrarlo envejecido y obsesionado con el bosque, como su padre. La trama se va construyendo alrededor del triángulo establecido entre estos dos hermanos y una mujer que viene del bosque, que desvela poco a poco las investigaciones de su padre sobre los mitagos. Porque, ¿qué es un mitago? Ahí está lo original de la novela. Un mitago es la imagen de la forma idealizada de una criatura mítica. Los bosques antiguos, como el de Ryhope, junto al que viven los Huxley, son campos de energía creativa que interactúa con el inconsciente colectivo donde se encuentran los premitagos. Casi nada, ¿eh? Carl Jung estaría orgulloso. Luego introduce conceptos como el de urscumug, una arquetipo de mitago del que surgen todas las formas posteriores, un héroe de los primeros hombres que forma parte de una memoria oculta. Pero aterrizando esto, la idea de mitago quiere decir que cada pueblo crea sus leyendas y les da, literalmente, vida. Guiwenneth es el mitago del que se enamoran los hermanos, una mujer que encarna una leyenda ya olvidada. Es la mujer con la que se obsesiona su padre, luego Christian, que la pierde cuando otros mitagos salen del bosque y los atacan, y Steve, que ve como Christian se la arrebata y se adentra con ella en el bosque dándole por muerto. El viaje de Steve a través del bosque en busca de la mujer que ama y de su hermano es un recorrido por los héroes y leyendas que han surgido Inglaterra desde el fin de la última glaciación. También es un viaje sobre la creación de un mito, el de Steve, Christian y Guiwenneth, y sobre la posibilidad de que los mitos, o algunos de ellos, no vengan del pasado, sino del futuro.

Holdstock se toma su tiempo para hacer avanzar la trama en una novela con un ritmo narrativo pausado y un estilo realista que se va adentrando poco a poco en la fantasía. El ritmo pausado y lo reflexivo y descriptivo de la prosa pueden tirar para atrás a más de un lector. Bosque mitago explora ideas como la memoria racial, el inconsciente colectivo y el origen de los mitos y las leyendas, en un enfoque antropológico que recuerda a la obra de Ursula K. Le Guin, pero con un estilo literario más cercano a Algernon Blackwood. Como en el caso de El país de los sueños y Vencer al dragón, Bosque Mitago es un libro autoconclusivo que forma parte de una saga.

de Lint, Charles (1992). El bosque de los sueños. Timun Mas.
Holdstock, Robert (2021). Bosque Mitago. Gigamesh

¡Qué bonita es la canción de Mitski!






'Vencer al dragón' de Barbara Hambly: una estrellita pequeñita pero firme

Vencer al dragón (1985) es una novela de fantasía escrita por Barbara Hambly. Forma parte de una saga, Winterlands, formada por una tetralogía de novelas, la última de ellas publicada en 2002, más cinco novelas cortas que han ido apareciendo durante los últimos quince años. A pesar de lo cual Vencer al dragón se puede leer como novela independiente. En España ha conocido cuatro ediciones en papel, siendo la primera en 1990 y la última en 2023.


Vencer al dragón narra la historia de Jenny y John, hechicera la primera y guerrero el segundo, que son engañados por Gareth para que maten al dragón que asola las tierras del sur. John es el noble que reina sobre las tierras del norte, abandonadas hace décadas por el reino del sur, que ahora pide su ayuda, ya que es el único vencedor de dragones vivo. Jenny es su amante y madre de sus hijos, además de hechicera, que acompañará a John en su aventura. Pronto descubren que Gareth, el caballero que les ha ido a buscar, es en realidad el heredero del reino del sur, y que su padre, el rey, está sometido a un hechizo de Zyerne, una joven y poderosa hechicera.


El argumento de la novela parece remitir a las clásicas historias de fantasía épica repetidas mil veces desde El señor de los anillos, del que se han escrito un montón de refritos, pero nada más lejos de la realidad. Sí tenemos al caballero, a la hechicera, al príncipe, al dragón y a la bruja villana, pero Hambly subvierte los roles propios del género y presenta una historia ambientada en un mundo fantástico pero con unos personajes más realistas. John es noble y guerrero, pero está más preocupado por leer libros y extraer conocimiento de ellos para mejorar la vida de su pueblo que de guerrear. Jenny es una mujer poco atractiva, hechicera de poco poder, más curandera y comadrona que otra cosa, dedicada al estudio y perfección de sus pequeños poderes. Ellos dos son los protagonistas, sobre todo ella, de Vencer al dragón. Unos protagonistas atípicos, lejos del tono épico que suele caracterizar al género, sobre todo en los ochenta, pero también alejado del tono cínico camuflado de realismo sucio representativo de la fantasía de nuestro tiempo. También tiene colgado el sambenito de feminista, que lo es, pero publicada en 1985, entre la segunda y la tercera ola feminista, Vencer al dragón es terriblemente actual y moderna: Jenny y John son pareja y tienen una relación similar a la de Naomi y Holden en The Expanse (2011-21), incluso en muchos aspectos son más avanzados. 


También hay mucho de desmitificación del género, sobre todo a través del personaje de Gareth. Él es el heredero del reino, más trovador y preocupado por el honor y el amor romántico que guerrero. Es el personaje que hace el viaje inverso, de príncipe prototípico de la fantasía épica a personaje de carne y hueso. Es un viaje que realiza gracias a Jenny y a John, a su experiencia con ellos, y también es un viaje alejado de lo posmoderno y autorreferencial, que se convertiría en habitual a partir de la década siguiente. Los noventa no fueron el nacimiento pero sí la consolidación de la tendencia autorreferencial en este tipo de narrativa. La deconstrucción del género fantástico realizada por Hambly no cae ni en la autoparodia ni en el cinismo, estando más emparentada por los ideales humanistas de justicia y libertad de El Quijote que por el catolicismo meapilas de El señor de los anillos


La gran protagonista de Vencer al dragón es Jenny, mujer de mediana edad, poco atractiva físicamente y llena de inseguridades y complejos. Es un personaje poliédrico: es la amante de John y la madre de sus dos hijos, pero también es hechicera y tiene su trabajo como curandera en las tierras del norte. Su deseo de incrementar el débil poder que posee choca con la vida que ha elegido, lo que la lleva a cometer errores. Pero son estos errores los que hacen de Jenny un personaje más humano y tridimensional. Es madre, pero su maternidad y la crianza no son las típicas, sin que eso la convierta en mala madre. También es la amante de John, sin que eso se convierta en el aspecto fundamental que la defina. Tanto John como sus hijos son una parte más de su vida, importantes, sin duda, pero no son todo lo que es. Ella es mucho más, una mujer independiente que libremente decide compartir su vida con otras personas, lo que entra en conflicto con su deseo de mejorar sus capacidades mágicas. La clave, como se dará cuenta Jenny más adelante, está en el para qué, pregunta unamuniana esencial. Unamuno escapaba del porqué nihilista y planteaba un mundano y humanista para qué. ¿Para qué más poder, Jenny? ¿Para qué un poder que te acerca y te aleja de lo que quieres? ¿Para qué un poder que no está al servicio del bien común? Vencer al dragón es más de Sancho que de Quijote porque Jenny persigue su autorrealización y la justicia desde un realismo pragmático, sin caer en una distorsión de la realidad que la lleve a ver gigantes donde sólo hay molinos, pero huye del cinismo que a veces provoca el desencanto apelando a un idealismo práctico. Defender la ternura es revolucionario, por más que nos quieran vender el malismo como solución. 


Barbara Hambly comparte un tono y una aproximación a la fantasía con otras autoras como Tanith Lee, Ursula K. Le Guin, Lisa Tuttle y Angela Carter. Además de un gran sentido del humor, como empezar un libro con los protagonistas yendo a matar a un dragón y acabarlo con la protagonista huyendo con el dragón. Lo único malo de Vencer al dragón es haber servido de inspiración para Brandon Sanderson. Más Barbara y menos Brandon.


Hambly, Barbara (1990). Vencer al dragón. Ediciones B.


¿Quién quiere saber si estoy quemado
o escondo un corazón helado y quema mi ser?
No he vuelto a ser el mismo
desde que se fue Gillespie, Zappa, Mercury, Camarón;
y me siento mejor
si sé que tengo una estrellita pequeñita, pero firme
¡Pero firme, pero firme!




 

'Demasiado mundo demasiada sangre' (1980) de James Kahn: por culpa de un extraterrestre

Demasiado mundo demasiada sangre es una novela de ciencia ficción escrita por James Kahn y publicada por primera vez en 1980. La editorial Edaf, en su colección Ícaro, sería la encargada de traducirla y publicarla en castellano en 1990.

James Kahn es un escritor con una carrera bastante peculiar. Médico como Michael Crichton, pero muchísimo menos éxito, comenzó su carrera de carambola. Kahn cuenta en esta entrevista cómo cuando trabajaba en emergencias llegó la guionista de E. T. el extraterrestre a documentarse sobre algunas cuestiones médicas. Gracias esta casualidad, fue invitado junto a otros de sus compañeros al rodaje de la película. Allí conoció a Steven Spielberg, al que entregó una copia de este libro, su primera novela de ciencia ficción. Y a Spielberg le pareció lo suficientemente buena como para encargarle la novelización de algunas de sus películas y producciones: Indiana Jones y el templo maldito, Poltergeist,Los Goonies... El rumbo que tomó su carrera se enfocó más en la televisión, como guionista, dejando un poco más de lado la literatura. Tiene hasta una carrera musical con varios álbumes publicados. No hay mucha información sobre él en internet, pero tiene una página web donde se puede descubrir qué ha estado haciendo todo este tiempo.

Demasiado mundo demasiada sangre es una novela ambientada en un mundo de ciencia ficción. Tras sucesivos desastres, el planeta se ha convertido en un escenario postapocalíptico donde gracias a la genética conviven distintas razas junto a los humanos. En una distópica California viven un par de amigos, un humano y un centauro, que combatieron en distintos bandos en la pasada guerra entre humanos y las demás razas. Cuando un vampiro, un engendro y un grifo asesinan y secuestran a sus familias, emprenderán un viaje de venganza a través de esa California que por momentos recuerda a Escape de Los Ángeles de Carpenter, sólo faltan los surferos, porque en la novela hay de todo. Está Isis, una gata parlante, seres humanos transhumanos, esfinges... ¡hasta hay hobbits! 

La novela es como una película italiana de explotación de los setenta: trama alocada donde pasan un montón de cosas y con un final propio de un tarado. Y quizás eso es lo mejor que se puede decir de Demasiado mundo demasiada sangre. James Kahn hace unas fichas de personaje, pero en vez de jugar a Dragones y Mazmorras escribió una novela. Aunque forma parte de una trilogía, se puede leer este primer libro sin el problema de un final abierto. Di con el libro gracias a la reseña de Barrilete Cósmico, que ya avisa de lo que te puedes encontrar. A mí me recuerdas a otros libros y autores como Minotauro, de John Farris. Minotauro es un tecno-thriller desprejuiciado y bastante alocado que bien podría encajar en este universo de Kanh.

Kahn, James (1990). Demasiado mundo demasiada sangre. Edaf.





EL CICLO DE LA PUERTA DE LA MUERTE III: 'La mano del caos' (1993), 'En el laberinto' (1994) y 'La séptima puerta' (1995)

Los cuatro primeros libros de El ciclo de la Puerta de la Muerte seguían una estructura similar: Haplo, uno de los protagonistas de la saga, viaja a uno de los cuatro mundos para explorarlo y preparar la llegada de su señor. Allí se encontraba con las llamadas "razas inferiores", elfos, humanos y enano, que tenían sus propios problemas y en muchos casos dominaban la trama de la novela. En La mano del caos (1993), una vez explorados los cuatro mundos existentes y colocadas todas las piezas, Weis y Hickman se lanzan de lleno a desarrollar el nudo de la historia. El resultado es una trama atropellada que resulta en un ritmo por momentos lento y torpe. Y eso para un estilo como el Weis y Hickman, de mucho diálogo y frase corta, es un desastre. 

Si El mago de la serpiente es el comienzo del naufragio de la saga, La mano del caos es la confirmación. ¿En qué estaban pensando? A ver, que los libros son lo que son, los personajes son los típicos arquetipos de ficha de juego de rol, las cosas suceden porque sí y cae en todos los tópicos de la fantasía épica... Weis y Hickman van con su idea religiosa a muerte, y a tope con ella si la defendiesen bien, pero no es el caso. Ahora los villanos, esas serpientes que encarnan el mal, se convierten en cambiaformas. Los personajes que conocimos en libros anteriores van poco pollos sin cabeza de un lado al otro, y lo importante, sobre lo que pivota el libro, el la idea del bien contra el mal y la necesidad de una fe en un poder superior. 

Los cuatro primeros libros eran el planteamiento de la historia a desarrollar por Weis y Hickman, y los tres últimos el nudo y el desenlace. Y esto es otra de las cosas que acabó perjudicando a este libro. No sé si no vendió bien, si fue una decisión editorial, o de los autores, o todo a la vez. Más o menos los primeros cuatro libros andaban por las 400 páginas. Aquí ya nos vamos a más de 500 páginas, y pareciera que los autores hubiesen necesita otras 500 páginas más para cerrar todos los melones que abren. No sólo eso, sino que gran parte de esas más de 100 páginas extra se van en recapitulaciones sobre partes de la trama de libros anteriores. En cualquier caso, La mano del caos es, con diferencia, el peor libro de la saga.

Pasados los baches de los dos últimos libros, con En el laberinto Weis y Hickman vuelven a encarrilar la saga. También tenemos mucho personaje y mucho escenario, pero aquí todo está mejor hilvanado. Ya quedó establecido que la clave de todo en El ciclo de la Puerta de la Muerta es la búsqueda de un poder superior, que se encuentra o se puede percibir en la Séptima puerta. Espacio ya visitado anteriormente y conocido con otro nombre, la cámara de los condenados, y que será escenario del final de la saga dando título a su último libro.

En En el laberinto no tenemos esas recapitulaciones a modo de resumen que entorpecían la lectura en La mano del caos. La trama fluye a buen ritmo colocando las últimas piezas para el desenlace final. Aquí abundan en algo que ya se apuntaba en los apéndices de otros libros: el sistema de magia. A ver, siempre sobrevuela sobre la saga el intento de combinar ciencia y magia —el rollo de que la religión es compatible con la ciencia—. Sin ser un tema que me interese, más cuando hablamos de un universo fantástico, el sistema de Weis y Hickman es bastante original. También es algo que aparece desarrollado en plenitud cuando la saga está a un libro de finalizar. Pero bueno, esa idea de que la magia funciona como la física cuántica, con efectos que son el resultado de obligar a definirse a la realidad, es un complemento original y atípico. Y bastante infrautilizado, hay que decir.

La séptima puerta es el fin del viaje, la última parada de El ciclo de la Puerta de la muerte. Se nos ha venido diciendo que existen cuatro mundos, cada uno con una puerta, un laberinto con un vórtice, otra puerta, y un Nexo, otra más. Y que todo acabó y comenzó en la Séptima puerta. Una puerta revestida de la magia de los sartán capaz de destruir un mundo, la Tierra, y crear otros cuatro basados en los cuatro elementos. También es el espacio y el lugar donde se manifiesta la presencia de un poder superior. Es, por así decir, el límite a la magia de los sartán y los patryn. Un poco como la idea religiosa de que para la ciencia hay territorios incognoscibles, que son cosa de fe, o campos de conocimiento vedados por heréticos.

La séptima puerta es el libro más breve de la saga, casi tanto que más parece un expurgo de En el laberinto que otra cosa. En el anterior libro se terminaron de cerrar casi todas las tramas secundarias y en este se concluye esa tarea y la de cerrar la trama principal. Es un cierre satisfactorio para lo que ha sido el devenir de la saga, no dejando cabos por atar. Ahora bien, la manera de atar esos cabos ya es más discutible y puede no dejar a todo el mundo satisfecho, pero sí has llegado hasta aquí... Si ya saben cómo me pongo, pa' qué me invitan.

Ediciones Timun Mas de adamantium

El ciclo de la Puerta de la Muerte es una saga de fantasía épica ambientada en un mundo postapocalíptico donde el sistema de magia funciona tomando elementos de la física cuántica. Una mezcla bastante curiosa de fantasía épica con algunos toques de ciencia ficción. Como en la Dragonlance y el Cataclismo provocado por los heréticos, El ciclo de la Puerta de la Muerte y la Separación, que traen el apocalipsis, está causado por los heréticos. En este caso, el de los científicos y la Ciencia, al no saber dónde están los límites, trajeron la destrucción del mundo. Lo mismo que les pasará a los que vendrán después, esas razas de semidioses, los sartán y los patryn, con su magia cuántica, que destruyen el mundo otra vez. Eso sí, hay algo que nunca voy a entender. En este universo dualista de Weis y Hickman los sartán y los patryn son una cosa y su contraria, caracterizándolos de esta manera: los sartán son de pelo claro con puntas oscuras mientras que los patryn tienen el pelo oscuro y las puntas blancas. Durante los siete libros unos y otros no paran de sorprenderse al descubrir a su contrario. PERO VAMOS A VER, puntas blancas patryn, puntas negras sartán. Que no es tan difícil.

Cuando ocultas las runas tatuadas de tu cuerpo porque nadie se va a fijar en tu pelazo con mechas

Sucede con El ciclo de la Puerta de la Muerte lo mismo que suele suceder con la obra de Heinlein: convertir tu obra en tesis acarrea que si como lector no la compartes, te genere rechazo. Tener ideas y que estas sean contrarias a las propias no supone o no debería de suponer un problema, pero Weis y Hickman priorizan sus ideas sobre la trama y los personajes. Es el gran problema de esta heptalogía. Por otra parte, la obra cae en los tópicos del género, aunque lo que la diferencia es que les intenta dar una vueltecita. Que el universo donde se desarrolla sea un futuro postapocalíptico es un buen punto, como también lo es el viaje inverso del héroe. Los protagonistas no empiezan desde abajo, humildes, hasta que acaban convertidos en semidioses. El viaje es el contrario, de semidioses a humildes personas —temerosas de dios—. La pena es que estos dos aciertos no estén explotados y todo acabe centrándose en la fe y dios. Dicho lo cual, La estrella de los elfos y El mar de fuego son dos novelas más que interesantes y que se pueden leer sin problema de manera individual, al margen de la saga. En la primera hay elfos bastante mundanos, nada que ver con los elfos estirados de Tolkien, que ven como su mundo es barrido por unos cíclopes ciegos. Tiene momentos bastante salvajes, aunque no se regodee en ellos. Y El mar de fuego es una novela de zombis antes de que los zombis se pusieran de moda, tocando el tema del vudú y el de los zombis inteligentes.

Weis & Hickman (1993). La mano del caos. Timun Mas.
Weis & Hickman (1994). En el laberinto. Timun Mas.
Weis & Hickman (1995). La séptima puerta. Timun Mas.






EL CICLO DE LA PUERTA DE LA MUERTE II: 'El mar de fuego' (1992) y 'El mago de la serpiente' (1992)

El mar de fuego (1992) es el tercer volumen de la heptalogía El ciclo de la Puerta de la Muerte escrito por Margaret Weis y Tracy Hickman. Si Ala de Dragón había servido como presentación del universo de Weis y Hickman, con La estrella de los elfos es cuando ese universo creado se asienta. El mar de fuego es un pasito más en esa dirección. Haplo es mucho más protagonista, formando pareja con el sartán Alfred, que aparecía en Ala de dragón

En El mar de fuego se profundiza mucho más en el universo de Weis y Hickman. La puerta de la muerte, que se debe atravesar para viajar de un mundo a otro, se describe en este libro como una especie de agujero negro. Haplo, cada vez que la atraviesa, se desmaya y pierde todo recuerdo del trayecto. La puerta será la causante de que comparta recuerdos con Alfred, también presente en el tránsito por accidente. Alfred experimentará los recuerdos de Haplo en el Laberinto y este los de Alfred en su despertar solitario en Ariano. Un pasito más en el camino de la empatía entre dos enemigos supuestamente mortales, el de ponerse, literalmente, en el lugar del otro.

El mar de fuego también es el libro con un tono más oscuro y con el que Weis y Hickman bordean y experimentan con el terror. Haplo, acompañado de Alfred, viaja al mundo de piedra, Abarrach. Se trata de una esfera de piedra llena de recovecos y con un núcleo que proporciona energía a los habitantes del planeta. La magia que mantiene ese mundo en pie nunca llegó a funcionar, llevando a la extinción de las razas de elfos, humanos y enanos, y orientando a los supervivientes sartán a la nigromancia. Necesitados de mano de obra, habiendo perdido la comunicación con los otros mundos y sus congéneres, la nigromancia es su única posibilidad de sobrevivir. 

Weis y Hickman se adelantan más de una década a la moda de los zombis. En El mar de fuego estos zombis están más cercanos al vudú que a las películas de Romero. Los muertos conservan recuerdos de su pasado, pero no dejan de ser un eco lejano. También aparece otra figura, la de los lázaros, cuerpos resucitados sin seguir los procesos establecidos, que acaban con el resultado de un muerto viviente con voluntad y en permanente agonía que odia a los vivos. La parte final de la novela se convierte en una persecución, con unos escasos supervivientes huyendo de un ejército de muertos vivientes dirigido por estos lázaros.

Si la novela sirve para el desarrollo de los personajes de Haplo y Alfred, protagonistas de la saga, también se empiezan a plantear algunas respuestas: todo lo que salió mal y el verdadero enemigo es un agente que actúa, por el momento, en las sombras. De igual manera, se nos intenta explicar un poco más este universo y su origen. Existe una cosa llamada Onda que siempre busca el equilibrio, cuya falta siempre lleva a una reacción en el sentido contrario. Cuando los seres humanos y su ciencia trajeron la destrucción nuclear en el siglo XX, la Onda llevó a la creación de unos mutantes con capacidades inusuales para la magia, los sartán. El equilibrio de la Onda creó su contraparte, los patryn. Una idea dualista mil veces explotada que recuerda demasiado a la Fuerza de la Guerra de las Galaxias y a los jedi y los sith. 

 El mago de la serpiente (1992) termina de poner todas las piezas del puzle de Weis y Hickman. La acción transcurre en el cuarto de los mundos, Chelestra, el mundo de agua. Allí todavía viven los sartán, incluidos su líder Samah y los miembros del consejo que llevaron a cabo la destrucción de la Tierra y la creación de los cuatro mundos basados en los cuatro elementos.

Allí se vuelven a encontrar Haplo y Alfred, cada uno con su propia trama por separado. Haplo es rescatado por los elfos, humanos y enanos, que en este mundo de Chelestra conviven en armonía y paz, mientras que Alfred termina en la ciudad de los sartán, donde descubre la verdad sobre su pueblo y se acaba enamorando de Orla, que no es una foto la mujer de Samah.

El mago de la serpiente es cuando el edificio de Weis y Hickman comienza a desmoronarse. No tengo problema con las ideas de los autores, aunque no las comparta. Lo que sí me supone una cuesta arriba es la falta de sutileza y embarrar la trama. Si El mago de la serpiente fuese una película estaría llena de momentos donde el protagonista dirige a cámara un monólogo con sus ideas. Weis y Hickman pertenecen —o pertenecieron cuando escribieron esta obra— a una secta cristiana. Si hasta ahora El ciclo de la Puerta de la Muerte pivotaba sobre el dualismo luz y oscuridad, de una manera mística, un poco como en La Guerra de las Galaxias, en este libro ya se habla abiertamente de fe y de un poder superior. De hecho es la primera vez que los grandes villanos, el Mal con mayúsculas, hacen acto de presencia como un personaje más. Y qué casualidad que estén representados como serpientes y que dejen un rastro limo putrefacto, como su corrupción. Para colmo, no tienen alma. Las serpientes se alimentan del caos y del miedo, tentando a todos los personajes para que se abandonen a sus bajos instintos. El universo cristiano y toda su mitología pueden ser interesantes para construir un universo literario, como cualquier otra mitología o creencia. El tema está en cómo utilizas ese material, y Weis y Hickman no andan muy finos con la sutileza. Ya en la Dragonlance daban rienda suelta a sus historias de mormones, y no es que fuesen más sutiles, pero como es algo que por estas latitudes queda lejos, pues te lo comes con patatas y tan ricamente. 

Weis & Hickman (1992). El mar de fuego. Timun Mas.
Weis & Hickman (1992). El mago de la serpiente. Timun Mas.



EL CICLO DE LA PUERTA DE LA MUERTE I: 'Ala de Dragón' (1991) y 'La estrella de los elfos' (1991)

En los ya cada vez más lejanos años noventa los supermercados vendían discos y casetes además de libros que no sólo eran de autoayuda o del famoso de turno. Entre esta venta de libros destacaba el género de fantasía, que en nuestro país estaba copado por la editorial Timun Mas y sus libros de la Dragonlance. Aunque no todo el monte era Dragonlance, como prueba este El Ciclo de la Puerta de la Muerte. Una heptalogía escrita a dos manos por los creadores de Dragonlance, Magaret Weis y Tracy Hickman. ¿Pero no habíamos quedado que no todo era Dragonlance?


Ala de Dragón (1990) es el primer libro de la heptalogía con la que Weis y Hickman querían salirse del corsé de la Dragonlance; y en cierta medida lo consiguen. La fantasía de los ochenta y estos primeros noventa no deja de ser un refrito de Tolkien, de eso no se salvan los autores, pero consiguen diferenciarse en un par de cosas. La más importantes son un sentido del humor bastante autoparódico, con una sátira que no existía en Tolkien. También esa autonsciencia que los lleva a burlarse del género de fantasía épica también lleva a Weis y Hickman, según avanza la saga, a introducir elementos de la cultura pop como James Bond y Marilyn Monroe.  


Como primer libro de la saga también es el menos interesante ya que no existe un equilibrio entre la presentación del mundo y los personajes y la trama. La trama, en ese sentido, se ve perjudicada por la necesidad de presentar un universo amplio y con intención de ser complejo. En este universo existen diversas razas, las más poderosas son los sartán y los patryn. Los primeros, temerosos de los segundos, destruyen el universo creando cuatro nuevos mundos basados en los cuatro elementos —aire, fuego, tierra, agua—, encerrando a los patryn en un laberinto mágico, un sitio llamado Nexo a la salida de este, y comunicados los mundos y el Nexo por un portal llamado Puerta de la Muerte. Por alguna razón desconocida, los sartán desaparecen de los nuevos mundos creados tras la Separación —como se la llama en los libros—, los cuales tenían que tutelar y poner en funcionamiento. El Laberinto que debía encerrar a los patryn por un corto periodo de tiempo, se convierte en una cárcel mortal durante generaciones. Pero por fin algunos de ellos consiguen llegar a la última puerta y abandonar el Laberinto, accediendo a un mundo nuevo, el Nexo. Allí el líder de los patryn, el primero en escapar del Laberinto, envía a Haplo al mundo del aire, Ariano, para que investigue e inicie la rebelión contra los sartán. Allí Haplo se encuentra con un mundo complejo donde enanos, humanos y elfos, viven en reinos aislados y peleando por un recurso: el agua. El mundo de Ariano se compone de una serie de continentes-isla flotantes a distintas alturas: en la parte de abajo habitan los enanos, en la del medio los humanos y en la de arriba los elfos y unos misteriosos hechiceros humanos que huyeron del reino medio. Aunque para misterio la máquina tumpa-chumpa, capaz de reproducirse y autorrepararse, operada por los enanos, que desconocen para qué sirve pero aún así se ocupan de ella. 


En Ala de Dragón suceden cosas porque sí: es decir, un cliché del género es el de dos personajes o dos grupos de personajes, de los que se va saltando de uno a otro en cada capítulo, a los que se hace coincidir en el tercio final de la historia. Quizás se pasan de ambiciosos los autores, queriendo meter demasiadas tramas, que tienen que cerrar con algún que otro deus ex machina. A mí no es algo que me moleste demasiado, más teniendo en cuenta que ya he leído la saga con anterioridad —por aquí una breve reseña de hace una década— y sé que la cosa mejora bastante. El protagonista de la saga es el patryn Haplo, pero en los primeros libros tarda en aparecer y los personajes principales son algunos habitantes de esos mundos que investiga. En el caso de Ala de dragón Limbeck el enano, Hugh la Mano, el heredero Bane y el sartán Alfred comparten protagonismo y trama con Haplo.


La estrella de los elfos fue el primer libro de la saga que leí. Cosas que pasaban en aquella época. Por 905 pesetas era único de la saga que tenían en el Eroski, además el título prometía elfos, y por aquella época eso era bien.

Pryan es el mundo de fuego, pero no porque esté hecho de este elemento, sino porque los cuatro soles que le proporcionan luz y energía hacen que siempre sea de día. Allí viven los elfos, los humanos y los enanos, en ese gigantesco mundo ocupado por selvas y vegetación gigante en el que siempre es de día. Los protagonistas son la familia elfa de los Quindiniar, fabricantes de armas. La componen Lenthan, enloquecido tras la muerte de su esposa y obsesionado con construir cohetes que lleguen a las estrellas, y sus hijos Calandra, Aletha y Paithan. La primera es la hija mayor y la que se ocupa del negocio familiar, la segunda es una mujer frívola que va a la caza de un noble, y el segundo es el encargado de viajar y cerrar los tratos del negocio. También son protagonistas los hermanos humanos Roland y Rega, con los que Paithan cierra un trato para vender armas a los enanos con ellos como intermediarios. También es la primera vez que aparece el mago Zifnab y su dragón. Zifnab es el personaje que sitúa a esta saga en otras coordenadas. Es un mago enloquecido al que le cuesta mantener el hilo de lo que dice, lo que lo hace divagar sobre Gandalf, Clark Gable, la energía nuclear, la nave Apollo y otras referencias que, en el mundo de fantasía épica en el que nos encontramos, nos hace levantar la ceja. ¿De qué va todo esto? ¿El universo actual es el nuestro en el futuro? ¿O acaso es nuestro pasado y Zifnab puede ver el futuro? Además está el dragón que acompaña a Zifnab, conformando una pareja más quijotesca que de fantasía épica. También se hace mención a un poder oculto que destruyó a los sartán. La estrella de los elfos planta las semillas de los temas que luego desarrollará la saga.

Por menos de mil pesetas matabas unas cuantas tardes bochornosas de verano

Los hechos se precipitan en Pryan cuando unos titanes sin ojos y dueños de una magia elemental pero con tremenda fuerza comienzan a destruir los reinos de las tres razas. Hasta el momento, convivían separadas y odiándose entre sí. En ese momento de destrucción llegará Haplo, que es el encargado de investigar y sembrar el descontento en el mundo de Pryan. Pero lo que encuentra es el caos. ¿Qué ha pasado con los sartán, también desaparecidos de este mundo? ¿Cuál es el propósito del mismo? ¿Está interconectado con los otros tres mundos? Si Ariano, el mundo del aire, era sencillo de representar, Pryan, el mundo de fuego, es bastante más confuso.

La estrella de los elfos sigue pecando de momentos en los que las cosas pasan un poco porque sí. Hay mucha trama y un número de palabras determinado con el que no da para desarrollar todo lo que se propone sin caer en el porque sí, del que se abusa en exceso. Pero al contrario de lo que sucedía en Ala de dragón, la trama fluye de una manera más orgánica, los personajes tienen más desarrollo y son más interesantes. También es un libro que se puede leer de manera de manera independiente. Existen alusiones a lo pasado en el libro anterior, pero más como recordatorio que otra cosa, así que si te has saltado el primer libro, tampoco pasa nada grave. Lo expuesto y descrito en La estrella de los elfos es lo suficientemente interesante por sí mismo como para leerlo de manera aislada.

El Ciclo de la Puerta de la Muerte (1990-94) se tradujo en castellano y se publicó casi al instante en nuestro país, conociendo los libros varias ediciones —algunas de coleccionable de quiosco—, pero estando descatalogadas desde hace casi veinte años. Ha sido en 2024 cuando Minotauro ha decidido recuperar El Ciclo de la Puerta de la Muerte y publicar una nueva edición de los libros. Nada barata, por cierto. No sé si las nuevas portadas, misma traducción y tapa blanda con solapas, justifican los veinte euros que cuestan cada uno. Más si tenemos en cuenta que estos libros en su origen eran para consumo popular y a precios populares. Será como decía aquel de Es el mercado, amigo; o será la nostalgia por los productos que consumíamos cuando éramos más jóvenes. En cualquier caso,  El Ciclo de la Puerta de la Muerte es una saga que merece la pena y de la que no sería raro que acabaran haciendo una serie o una película. Vuelven los noventa.

Weis & Hickman (1991). Ala de Dragón. Timun Mas.
Weis & Hickman (1991). La estrella de los elfos. Timun Mas.


















'El cazador de jaguares' (1987) de Lucius Shepard: fantasía y dolor

Lucius Shepard (1943-2014) fue un escritor de fantasía y ciencia ficción estadounidense. Tuvo una vida variopinta, viviendo en numerosos países y ejerciendo diferentes profesiones, hasta que en los ochenta comienza a escribir ficción. El cazador de jaguares es una colección de relatos influida en parte por su cobertura como periodista de la guerra civil en El Salvador y en parte por los años vividos en diversos países de América Central. Publicado originalmente en 1987 y recibiendo varios premios, en España el libro fue publicado en dos tomos por Martínez Roca en su colección Alcor: El cazador de jaguares (1990) y El hombre que pintó al dragón Griaule (1990).

No sé si alguien nacido en España puede llegar a entender Latinoamérica, sospecho que sí, pero para un anglosajón es casi imposible. Como muchos relatos están ambientados en América Central, se señala que el estilo de Shepard es el "realismo mágico, como Borges". Así, con un par. Ni Shepard ni Borges son representantes del realismo mágico, por si existen dudas. 

En muchos relatos el materialismo moderno choca con formas de vida más apegadas a la tierra, como el el relato de da título al libro, El cazador de jaguares. En ese relato, un cazador de jaguares retirado debe dar caza a un extraño jaguar negro para pagar las deudas de su mujer. El acreedor es el hombre más poderoso y rico de la región, que quiere acabar con el jaguar para traer la civilización, y ya de paso ganarse un dinero. Aunque generalmente ambientados en Centroamérica, también hay relatos como La noche del Bhairab blanco, cuya acción transcurre en Katmandú. Allí un veterano estadounidense, que lleva una vida hippie de meditación y drogas, deberá hacer frente a unos espíritus. Aparecerán en muchos relatos la figura del veterano como protagonista, una especie de Rambo alcoholizado con trastornos mentales y problemas de adicción. A veces, como en Los ojos de Solitario, el conflicto entre lo nuevo y lo viejo toma forma de tragedia griega. Un triángulo amoroso entre un capitán del ejército, Claudio, su mujer Amalia y el hechicero Esteban, estos dos últimos indios patuca, acabará con la muerte de Esteban y la destrucción de Claudio. También sucede en Coral negro, donde el extranjero, en este caso otro veterano de nombre Prince, es juzgado por los habitantes de una isla del Caribe. Le engañan para que fume coral negro, una droga de la que se especula que pueden ser espíritus o alienígenas. En cualquier caso, el coral negro funciona como droga capaz de conectar a todos los habitantes de la isla telepáticamente. Prince escuchará las acusaciones de los habitantes y su veredicto en su cabeza: ¿merece vivir en la isla y ser uno más de ellos? ¿O recibirá su castigo por las faltas cometidas?


El hombre que pintó al dragón Griaule (1990) fue el nombre que recibió el segundo volumen del libro publicado por Martínez Roca. Abre con el relato Delta Dulce Miel, ambientado en Noc Lihn durante la guerra de Vietnam. Randall J. es un joven soldado encargado de custodiar los cadáveres de los militares caídos. Tímido y reservado, se transforma en poeta y líder radiofónico cuando interviene en la radio militar. A través de la radio contacta con la compañía fantasma Delta Dulce Miel. ¿Son reales? ¿Se abre la magia un pequeño hueco en mitad del la guerra? Cómo habló el viento en Madaket es una especie de Los sauces de Algernon Blackwood pasado por el tamiz de Stephen King. Un escritor huye del recuerdo de su exmujer y se refugia en una isla cerca de Nantucket, Madaket. Allí descubrirá su poderes psíquicos, pues es capaz de predecir o tener una intuición sobre el futuro. Estos poderes serán la causa de que un elemental, una especie de espíritu del viento, quiera llevárselo con él y acabar con todos los habitantes de Madaket.

La obra de Shepard bebe del desencanto: los hippies de los sesenta acabaron siendo devorados por un sistema que en muchos casos los convirtió en reaccionarios. No fue el caso de Shepard, que estas últimas semanas está siendo recordado por esos escenarios de guerra en Latinoamérica, una suerte de nuevo Vietnam, que aparecen en su obra. La administración Reagan aprendió del desastre de Vietnam, por eso llevó a cabo operaciones encubierta en Centroamérica, lejos del escrutinio público. Así como hay muchos ejemplos en el cine y en la literatura de la guerra de Vietnam, todo un trauma nacional, sobre la primera y la segunda guerra de del Golfo y la guerra de Afganistán, no hay demasiado donde rascar. Las guerras de baja intensidad perpetradas por EEUU en los ochenta en América Central quedaron reservadas para filmes de acción cutrongos.

 En El cazador de jaguares Shepard empieza el libro con un tono más cercano al realismo con toques de fantasía, para adentrarse completamente en lo fantástico con algunos toques de terror después. Como en Kwaidan, de Lefcadio Hearn, la prosa de Shepard siente fascinación por los mundos exóticos, pero al contrario de este, también hay una comprensión, no sólo el dejarse fascinar. Shepard debe ser de los pocos escritores estadounidenses que ha leído a Alejo Carpentier. En su obra no existe el barroquismo como en Carpentier, pero sí hay cierto preciosismo en sus imágenes: es capaz de crear arte de la fantasía y el dolor. Lucius Shepard fue uno de los grandes escritores de su generación.

Shepard, L. (1990). El cazador de jaguares. Martínez Roca.
Shepard, L. (1990). El hombre que pintó al dragón Griaule. Martínez Roca.







 

'Kalpa Imperial' de Angélica Gorodischer: lento ternura

Angélica Gorodischer (1928-2022) fue una escritora argentina de fantasía y ciencia ficción. Empezó a publicar relatos a mediados de los sesenta, formó parte activa del boom de la ciencia ficción de los setenta y firmó su mejor obra, Kalpa Imperial, en 1983. Publicado en su Argentina natal en dos volúmenes por la escasez de papel, Kalpa Imperial es un libro difícil de clasificar. Traducido al inglés por Ursula K. Le Guin a principios de los dos mil, dio a conocer al público anglosajón la obra de Gorodischer. Y creo que todavía no han terminado de entender nada.


Gorodischer no es muy conocida a este lado del atlántico, quizás por el hecho de ser mujer y escribir fantasía, una fantasía además que no entra en las categorías habituales. Contaba una de las editoras de Tanith Lee en los noventa el problema de las portadas, sobre todo en los setenta y ochenta. Las portadas no estaban destinadas al público lector, sino a los distribuidores y vendedores. Si es fantasía, un bárbaro en la portadas; si es ciencia ficción, una nave espacial; si es terror, algo que dé miedo... Esto suponía para Tanith Lee un doble problema porque su obra tampoco encajaba en categorías tan estancas. Y es lo que le ha pasado a la obra de Gorodischer: escribía fantasía y su obra fue publicada en editoriales dedicadas al género, así que ha dejado de existir o se considera una autora menor. Y para el público anglosajón entra en la categoría de realismo mágico, porque una autora latinionamericana que escribe fantasía sólo cabe en ese cajón.

¿Qué es por tanto Kalpa Imperial? Gorodischer no lo oculta, la influencia central de su libro es Italo Calvino, más en concreto, Las ciudades invisibles. Publicada en 1972, la obra se estructura alrededor de las narraciones fantásticas de Marco Polo a Kublai Khan. Así, Kalpa Imperial son una sucesión de historias sobre un viejo imperio y las dinastías y personajes que lo han gobernado. Como en Las ciudades invisibles de Calvino, Gorodischer utiliza el universo de fantasía de Kalpa Imperial para hablar del momento actual. Porque Kalpa Imperial es una obra que habla de la Época. En concreto, de la  época en la que está escrita la obra. Puedes leer Kalpa Imperial como una obra de fantasía y quedarte en la superficie, y no pasa nada porque se disfruta igual, o puedes adentrarte en todas las capas que se ocultan detrás de la obra de Gorodischer y disfrutar el doble. 


De las narraciones o relatos que componen Kalpa Imperial he disfrutado muchísimo el de Retrato de la Emperatriz. Es como El príncipe de Maquiavelo pero versión humanista. La emperatriz es el retrato del gobernante deseado, el que dibuja la época en la que está escrito Kalpa Imperial, que todavía es la del humanismo. Frente a la barbarie, frente a esos hombres que han dejado de ser hombres y son peores que las bestias, dedicados a la matar y ser matados, están la igualdad y la comunidad, están la ternura y la esperanza. Kalpa Imperial es un bello canto a la humanidad.


¿Qué sucedería si la obra de Mariana Enriquez no fuera publicada por una editorial de prestigio como Anagrama? Pues cabe pensar que su obra dejaría la centralidad y pasaría a ocupar un pequeño nicho en los márgenes de la literatura. Así sucede con Gorodischer y Kalpa Imperial, una obra inteligente, llena de humor e ingenio, que es sistemáticamente despreciada y olvidada. En el mundo anglosajón das una patada y te salen tres autoras victorianas olvidadas, una que escribía en revistas pulp y dos más que se dedicaban a la ciencia ficción. En la literatura en español no tenemos esa suerte; hay menos de todo, y sobre todo andamos escasos en cuanto a fantasía. De lo que no andan escasas las literaturas escritas en castellano es en calidad. Kalpa Imperial es buen ejemplo. Como dicen los personajes del relato Así es el sur, "no está todo dicho". Siempre hay esperanza.


Gorodischer, A. (1983). Kalpa Imperial. Alcor.





'Mujeres: ángeles o demonios' de Tanith Lee: no juzgues al libro por la portada

Mujeres: ángeles o demonios (1990) fue la traducción terrorífica que escogieron en Ediciones Heptada para publicar este libro de relatos de Tanith Lee. Aparecido el año antes en The Women's Press bajo el título de Women as Demons, recoge dieciséis relatos de Lee aparecidos entre 1976 y 1989. Más de una década, quizás la de más repercusión de Lee en el mundo literario, que da buena cuenta de sus obsesiones y fetiches como autora.
 

Es Mujeres: ángeles o demonios un libro sobre el que no es fácil colocar una sola etiqueta. Ya la propia Lee advertía en algunas entrevistas que ella no escribía con una etiqueta en mente, por eso su obra fluye por el terreno de la fantasía: a veces es fantasía oscura, otra es ciencia ficción o terror, a veces es las tres cosas a la vez... El estilo puede recordar al de Ursula K. Le Guin, ya que incluso cuando lees sus novelas de ciencia ficción, pareces estar dentro de un universo de fantasía. En Tanith Lee esto se suele manifestar en un no-lugar, bien del pasado o del futuro, pero ciertamente fantástico. También hay otra parte de sus relatos, los menos, donde la acción tiene lugar en nuestro mundo. Ahí es donde Tanith Lee se parece a Daphne du Maurier: la otredad se manifiesta en nuestro mundo y se va adueñando de él.


Mujeres: ángeles o demonios contiene relatos que rozan el sobresaliente. En oro es un relato que tiene lugar tras lo que intuimos la caída del Imperio Romano, seguramente cerca de Bizancio, con una de las protagonistas que, en un anacronismo, parece venida del lejano oriente. Eres mi sol tiene lugar en el futuro, ambientada en un crucero solar donde el único tripulante superviviente da cuenta de la tragedia: una mujer, tras un baño solar, se convierte en un monstruo que destruye la nave. Argumento, el de la mujer bañada por el sol que se convierte en un monstruo solar, que recuerda a la Sunshine (2007) dirigida por Danny Boyle. Tierra conocida es una especie de Edipo en el espacio mezclado con la idea de alcanzar la inmortalidad. Incluso en relatos así, Lee es capaz de combinar varias ideas de las que te vuelan la cabeza. Todavía recuerdo a Sabella, la vampiresa espacial. La mujer demonio es una Rapunzel de la fantasía oscura. La mujer demonio, que no tiene recuerdos ni conciencia de existir, sólo es. A través del sexo, de vampirismo sexual, atrae a hombres a su alta torre y los despoja de su memoria. Así, perdidos como bebés, acaban muriendo. Sólo un hombre se le resiste, un hombre al que perseguirá hasta el fin del mundo. El deshielo también es una historia ambientada en el futuro. Un futuro que ni es una brillante utopía ni una sombría distopía, sólo un ahora con algunos avances científicos más. En este futuro libre de enfermedades se decide despertar a una persona del siglo XX que decidió criogenizarse a la espera de una cura para su enfermedad. Esto será aprovechado por una raza alienígena incorpórea que busca la forma de entrar en un cuerpo humano y utilizarlo para esclavizar a nuestra raza. ¿Cómo te quedas? 


Tanith Lee repartiendo caramelos a la puerta de un colegio

No juzgar a a un libro por su portada es una de esas máximas que no viene mal incorporar en nuestro día a día. Mujeres: ángeles o demonios es un libro con un título horroroso y una portada a juego con dicho título; nada invita a que nos acerquemos a él. Bueno, nada no, el nombre de Tanith Lee en la portada. Habida cuenta de los pocos libros suyos traducidos al castellano, si el inglés supone una barrera o simplemente no nos apetece leer en ese idioma, Mujeres: ángeles o demonios es una buena opción para acercarnos a la obra de Tanith Lee. Parásitos alienígenas, vampiras sexuales, cruceros espaciales, pandemias mundiales, guantes desparejados... ¿Quién da más?




'Skin of the Soul' y 'Women of Darkness II': señoras de los ochenta

Por este blog han pasado muchas antologías de relatos de terror escritos por mujeres: Queens of the Abyss: Lost Stories from the Women of the Weird (2020), Unforgottable Ghost Stories by Women Writers (2008) The Dreaming Sex, Eraly Tales of Scientific Imagination by Women (2010) y The Darker Sex, Tales of the Supernatural an Macabre by Victorian Women Writers (2009) editados por Mike Ashley, Avenging Angels: Ghost Stories by Victorian Women Writers (2018), Women's Weird: Strange Stories by Women, 1890-1940 (2019) y Women´s Weird 2: More Strange Stories by Women, 1891-1937 (2020) de Melissa Edmundson, la serie Monster, She Wrote... Lo que más ha abundado son aquellas antologías publicadas en los últimos diez años, principalmente centradas en autoras anglosajonas del siglo XIX y principios del siglo XX. También han desfilado por este blog muchas autoras latinoamericanas y españolas contemporáneas. Sin embargo, sigue habiendo un hueco importante en lo relacionado a autoras de los ochenta, esa generación de mujeres nacidas en las décadas de los cincuenta y sesenta y que vivió el boom del terror que comenzó a mediados de los setenta. De momento, a falta de un estudio serio, hay que conformarse con lo que se publicó hace décadas y que recoge la labor de estas mujeres.

Skin of the Soul, publicado en nuestro país con el nombre de La piel en el alma, es una antología de relatos de terror escritos por mujeres y editado por Lisa Tuttle. Publicado por The Women's Press en 1990, incluye el trabajo de autoras ya consolidadas como la propia Lisa Tuttle, pero también el de otras escritoras noveles. También incluye relatos de escritoras de terror y de otras que se acercan por primera vez a este género. El resultado es bastante desigual, con relatos muy bien trabajados y otros más flojos.

El breve prólogo de Lisa Tuttle critica la situación de las escritoras de terror: se publican antologías que obvian por completo a las escritoras y su aportación al género, mientras que se las considera "flojas" en un momento, los ochenta, en los que reina el splatter horror. Las mujeres, en definitiva, no son capaces de hacer terror como demandan los cánones. Claro, cuando lees Boobs (Tetas) de Suzy McKee, entiendes la tremenda chorrada que supone afirmaciones como esas (este relato ha sido reseñado hace no mucho por Todo Tranquilo en Dunwich, por si alguien gusta de meterse más a fondo en la madriguera de conejo). 

Quitando a Lisa Tuttle y a Joyce Carol Oates, no hay grandes nombres en esta antología. Lo que deja a las claras la falta de un nuevo canon que incluya a una parte de esas mujeres que publicaron en la década de los ochenta y a las que no se hizo mucho caso en su momento. 

Hace unos años traje la reseña del primer volumen de Women of Darkness. Publicados por Tor Book y editados por Kathryn Ptacek, este segundo volumen vería la luz en 1990, el mismo año que Skin of the Soul. Si la antología de Tuttle se centra en autoras texanas o afincadas en Reino Unido, como ella misma, Ptacek se centra en el mundillo editorial neoyorquino de finales de los ochenta. Tampoco incluye grandes nombres, salvo Tanith Lee y una jovencísima Poppy Z. Brite. Women of Darkness II ofrece una vista a ese panorama editorial neoyorkino que publica la obra de escritoras de terror, como el de la británica Tanith Lee.

Con sus altos y sus bajos, Women of Darkness II contiene un par de relatos bastante buenos, como Fruits of Love de Chelsea Quinn Yarbro y Dirty Pain de Lisa Swallow. En el primero, una mujer es vendida a un noble sádico como pago en un juego de cartas. Más fantasía oscura que terror, la autora nos relata los maltratos a los que se ve sometida la protagonista y a sus esperanzas. En Dirty Pain entramos en la mente de un asesino en serie y sus categorías sobre el dolor.

No existen antologías actuales que se centren en recoger la producción de escritoras durante la década de los ochenta. Se publican en esa década y en los noventa libros que recogen la labor de escritoras decimonónicas, y se incluye de vez en cuando algún relato escrito por mujeres en alguna antología de la época, por eso Skin of the Soul y Woman of Darkness II son importantes.


Ptacek, K. (1990). Woman of Darkness II, Tor Press.
Tuttle, L. (1990). Skin of the Soul, The Women's Press.







'El monte de las furias' (2025) de Fernanda Trías: la guardiana de la montaña

Fernanda Trías (1976) es una escritora uruguaya afincada desde hace más de diez años en Bogotá. Después de Mugre rosa (2020), su novela distópica sobre una pandemia, llega esta El monte de las furias (2025), más difícil de catalogar. Gótico andino, como la obra de Mónica Ojeda, con la que tanto comparte, puede ser un buen cajón donde meter a esta El monte de las furias

En El monte de las furias una mujer vive en la montaña, contratada suponemos que por la compañía que explota la cantera cercana, y encargada del mantenimiento de una casa y el terreno circundante. Un poco como en las novelas de García Márquez, en las que llegaba la compañía gringa a explotar la región. La llegada de una cantera a Pueblo Pobre con la promesa de la prosperidad, transforma esa región a peor. Si ya las zonas rurales están abandonadas de la mano de dios, donde no llegan el Estado ni un mínimo de políticas públicas, la instalación de una mina supone una agresión a sus habitantes y a su medio.

Vertebran también esta novela la furia, sentimiento vedado a las mujeres, y el lenguaje. La protagonista vivió una infancia de maltratos a manos de su madre, que la sacó de la escuela. El "veneno", como ella lo llama, es la furia que le impele a autolesionarse. Igual que a su madre, ese "veneno" la hace llorar y maltratar a su hija. Lo mismo sucede con la abuela, que frunce los labios por culpa de la furia. Una furia causada por el abandono estatal y por todas las violencias que atraviesan la vida de estas mujeres. No hay figuras masculinas, no hay padres, no hay maridos, todos desaparecidos por las otras violencias que los desaparecen, dejando a estas mujeres solas. Sólo queda una rabia que ni tan siquiera puede ser nombrada, la ira transgeneracional que las envenena.

Fernanda Trías es uruguaya, aunque reside en Colombia. Previamente, también ha vivido en Francia y España. Este carácter nómada de la autora impregna El monte de las furias, cuya acción transcurre tiene en un no-lugar. La protagonista vive en una casa en la montaña, en pleno bosque de niebla. Un paisaje andino, colombiano. También los personajes hablan en una variedad dialectal similar a la que se habla en Uruguay, con algunas palabras colombianas que se cuelan por la novela de vez en cuando. Esto último no es tan fácil de apreciar por un lector de este lado del Atlántico, pero sí ese no-lugar. El pueblo es "Pueblo pobre", la protagonista es "Mujer", su amante es "el hombre de la montaña"... Todo es vago y etéreo, como si no existiera realmente. Algo que preocupa a Trías, que experimenta con el lenguaje en forma de epigramas y dibujos a lo largo de la novela. Para Trías, a veces las palabras no bastan para describir realidades, como puede ser el caso de la Naturaleza y la furia. Un viaje que recuerda al Altazor del chileno Vicente Huidobro, esa caída del lenguaje.

La novela es un diálogo de la protagonista con ella misma, a través de los cuadernos que escribe. No los escribe para que los lean otros, sino para entenderse ella. Y también existe el diálogo con la montaña. De hecho, la montaña tiene voz propia en algunos fragmentos de la novela. Esta dificultad con el lenguaje antes mencionada parte de esta comunión entre mujer y montaña, esta experiencia mística que la mujer no puede llegar a describir porque el lenguaje humano no alcanza para hacerlo. Ella narra su propia historia sin esperar a otros, en este caso hombres, que cuenten quién era y cual era su relación con la montaña. Como la conexión con la naturaleza y el lenguaje, con el Popol Vuh y su mito de la creación muy presentes: existimos para cuidar(nos).

Es Fernanda Trías una escritora ajena a presiones editoriales y plazos de entrega. Su próxima novela, de haberla, tendrá que ser cuando tenga que ser. El monte de las furias es una gota de resistencia. Necesitamos más guardianas de las montañas.  

Trías, Fernanda (2025), El monte de las furias. Random House.





CELSIUS 232: con capas y a lo loco edición 2025

 

Llevaba varios años queriendo asistir al Celsius 232 y al fin este 2025 lo he conseguido. Para el que no lo conozca, Celsius 232 es un festival literario de terror, fantasía y ciencia ficción que se celebra en Avilés desde hace más de una década. Al menos así es como se define. Un montón de actividades que incluyen charlas, presentaciones de libros... incluso música y cine, con esas pelis que proyectaban por la noche para el que las quisiera disfrutar. Todo en un ambiente más que agradable. Gente de todo tipo y condición hablando de sus movidas y haciendo sus cosas en un entorno de respeto. Porque si algo me ha sorprendido, a mí que no me gustan demasiado las multitudes, es eso: el respeto. A lo mejor si el festival se convierte en algo mastodóntico las dinámicas de grupos cambian y el respeto se pierde, pero la sensación es que el aficionado que acude al festival es alguien apasionado por los libros y la literatura y muy respetuoso con los demás. Así que muy contento.


Los quiero todos


La edición de este año parece que ha sido la de las colas, porque lo ha reventado. Lo de Brandon Sanderson ha sido como el circo, con su carpa y la gente expectante haciendo cola. Aunque sería reduccionista decir que el festival sólo ha sido un autor, sí tengo la sensación de que ha pillado un poco a la organización por sorpresa y ha puesto la ciudad patas arriba. Y no ha sido el único, pero sí lo más vistoso: un montón de cosplayers basados en el universo de Sanderson (que alguien me explique lo de las capas esas con flecos) lo atestiguan. Ha sido interesante contemplar el fenómeno fan desde la barrera. Me levantaba a desayunar en el hotel y la mesa de al lado estaba hablando de Sanderson. Para mí, que no he leído ningún libro suyo ni tengo intención, es curioso. Y las colas. Porque yo no soy fan de Sanderson, pero J sí lo es, y alguna cola hemos hecho.


Pero el fanatismo va por barrios. Yo a Mónica Ojeda le ponía una farmacia en Gran Vía. ¡Qué bien escribe esta mujer! Y aunque sólo compré dos libros, pues todavía tengo seis cajas en casa de mis padres buscando estanterías que los adopten, fue una pasada poder estar allí con los librer@s y l@s editores. Pasar por Satori, por La biblioteca de Carfax... Cómo me gustan sus catálogos. Y también poder estar allí con los autor@s. Y no sólo hablo de firmas y presentaciones, hablo de estar paseando por Avilés al lado de Kim Newman. La próxima vez intentaré vencer a la timidez y decirle que me gustan mucho sus libros; o hacerle un El resplandor y amarrarlo a una cama para que escriba lo que yo quiero. Lo que primero salga. Kim Newman, estás avisado.

Espero acudir el próximo año, organizando las cosas un poco mejor e intentando disfrutar un poco más del del buen ambiente que se respira en el festival. E interaccionar un poco más con la gente, que no te comen. Así que empieza la cuenta atrás para volver. Prometo llevar capa.