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LA TARRINA DE LOS CEDÉS vol. 2: 'Battle Royale' (2000) y 'Shaolin Soccer' (2001)

La llegada de Ringu (1998) agitó y removió los cimientos de un género, el de terror, que andaba de capa caída en EEUU desde finales de los ochenta. Scream en 1996 y Ringu dos años después sacudieron el mercado y crearon tendencia: llegaron los slashers de adolescentes idiotas —otra vez— y el jhorror. Fue este último el que popularizó el cine japonés sacándolo del nicho en el que se encontraba. Battle Royale no es jhorror, pero si consecuencia directa de su influencia.

Battle Royale estuvo dirigida por uno de los más grandes, Kinji Fukusaku, famoso por sus películas de la yakuza. Además es director de otra película, esta sí de culo, Virus (1980). Battle Royale está basada en una serie de novelas escritas por Koushun Takami. Además contaría con la participación de Takeshi Kitano, famoso por estas tierras gracias a Humor Amarillo. 

¿Y de qué va la vaina? Pues en un Japón distópico —más todavía, quicir—, con el paro descontrolado y una juventud rebelde y problemática, el gobierno decide que cada año una clase de instituto al azar se enfrente a la ley Battle Royale. Los jóvenes son secuestrados y trasladados a una isla deshabitada controlada por los militares. Allí se les proporciona una mochila con agua, comida, un mapa y un arma al azar, que pueden ser unos prismáticos o una metralleta. Lo del mapa es importante, porque la isla está dividida en zonas que activan el collar explosivo que les han colocado, de tal manera que si se encuentran en una zona roja, se detona la bomba del collar. El objetivo, como en Los inmortales, es que sólo puede quedar uno. Para ello tienen tres días de plazo para aniquilarse entre ellos; si al final del plazo de tres días queda más de uno, los collares explosivos acaban con todos los supervivientes. Vamos, que están más que motivados para jugar a Battle Royale.

Antes de comprarse un castillo, Takeshi empezó doblando camisetas en Battle Royale

Soltar a unos adolescentes en una isla desierta con armas y el objetivo de aniquilarse entre ellos, lleva a situaciones curiosas. Si os acordáis de vuestro viaje de fin de curso, es igual pero en versión japonesa. Está la pareja de enamorados que abrumados por la situación decide suicidarse; también la bully que se dedica a masacrar a sus compañeras; el grupo de colegas que permanece unido y trata de buscar una salida; por supuesto, no podría faltar la pareja protagonista. La película, que se va a las casi dos horas de metraje, no se corta en desarrollar estas situaciones al máximo posible. Y toca muchos temas, quizá demasiados. Está el obvio, el del autoritarismo y el conflicto generacional. También se puede entrever una lectura crítica con el sistema social japonés, de competir a muerte por un puesto de trabajo. En el caso de la película, es una lucha a muerte para poder formar parte de esa sociedad. Y aunque brevemente, porque no se desarrolla demasiado, está el cómo responden los jóvenes a la presión: unos se vuelven locos, otros competitivos, algunos cooperan para sobrevivir... 

Si nos vamos a matar, al menos que nos lo explique una chica japonesa en un vídeo

Si en cuanto a temas Battle Royale toca varios palos, también lo hace en cuanto a forma. Se nota la mano de Fukusaku, casi de realismo sucio, con ese estilo documental de cámara en mano. Este realismo contrasta con la representación de la violencia, totalmente exagerada. Cosas como que a uno le corten el brazo y empiece a soltar chorrazos de sangre en plan aspersor. Es una manera contraintuitiva de rebajar la violencia: exagerándola hasta el extremo. El resultado es un slasher bastante sui generis, ambientado en un universo distópico del que tampoco se dan demasiadas explicaciones, y con un tono que se mueve entre el realismo y la sátira. Claro, cuando luego piensas que del otro lado del Atlántico nos llegaban cosas como Sé lo que hicisteis el último verano, se entiende que Battle Royale volara muchas cabezas.

El cambio de milenio trajo consigo el auge de las películas paródicas, como Scary Movie (2000) y de las comedias chorras. Películas como American Pie (1999), El diablo metió la mano (1999), Ali G anda suelto (2002) y esta Shaolin Soccer (2001), tienen en común el haber sido vistas en un piso de estudiantes mientras se beben y fuman cosas. O en la habitación de tu colega, en esa pantalla minúscula de tubo en la que se congregaba un pequeño corro que reía las chorradas de la peli turno.

Shaolin Soccer está dirigida por Stephen Chow, convertida en improbable éxito del cine de Hong Kong gracias a internet. Una mezcla de artes marciales con fútbol que da como resultado una comedia bastante disfrutable. Para ello fue muy importante el doblaje. Aunque criticado, la localización de los doblajes realizados en España lograron que películas bastante infumables, especialmente comedias, tuviesen gracia.

Sing es un joven obsesionado con divulgar y popularizar el kung fu en la sociedad moderna. Para ello se aliará con Fung, un entrenador y antiguo futbolista fracasado, para crear un equipo de fútbol que use las técnicas del kung fu para ganar partidos. La película tiene un tono y un mensaje más blanco que el de Battle Royale, pero tampoco es la chorrada que muchos piensan. Trata temas como la amistad y la familia frente a una sociedad moderna que sólo busca productividad y eficiencia. El kung fu es una vuelta a unos valores tradicionales de vida más pausados y menos competitivos.

La postura del loto gentrificado

Shaolin Soccer fue ver un capítulo de Oliver y Benji con actores reales. Si la serie de anime consiguió hacer atractivo para una generación un deporte tan aburrido como el fútbol, la mezcla de artes marciales, acción y comedia hizo de Shaolin Soccer la mejor película sobre ese deporte. Para ello contó con unos efectos digitales, que aunque han envejecido tirando a regular, en nuestras pantallas de tubo de catorce pulgadas daban el pego. Fue, como declaró Chow, una película con voluntad de llegar a los mercados internacionales. 

Voy a comprar al Carrefour de Hong Kong

La tarrina de los cedés no pretende ser un ejercicio de nostalgia, aunque recuerde ver Battle Royale entre chupitos en una emisión nocturna de La 2 o Shaolin Soccer con la cuadrilla en un verano ya lejano. Más bien trato de recuperar películas vistas hace un par de décadas y darles un contexto, pero sin pretender revivir o idealizar el pasado. Cuando acumulas años, la mirada cambia, y es interesante mirar con esos ojos nuevos lo que en un momento dado pudo emocionarnos y hacernos reír. Battle Royale y Shaolin Soccer llegaron con aquel primer internet de finales de los noventa y principios de los dos mil. En Salamanca fue Retecal, que además de empresa de telefonía, también fue televisión por cable. Mira, puestos a añorar algo, añoro el tiempo en el que existían las cajas de ahorro y las empresas públicas de internet y televisión, donde lo público tenía cabida y los responsables eran eso, responsables.






'Extraña muerte de una menor' (1975) de Sergio Martino: las gafas del comisario

Nacido en 1938, Sergio Martino es uno de los directores que da forma al cine italiano y europeo de género en los setenta y primeros ochenta. Fuera del trío Bava, Argento y Fulci, forma parte de esa casi interminable lista de artesanos italianos dedicados al cine que lo mismo te dirigían una película erótica que una de aventuras en la selva. Y como tal, su cine de vocación popular no ha sido considerado más que como mero entretenimiento. Como si eso por sí solo fuera malo.


En el capítulo que le dedica Ángel Sala a Sergio Martino en el libro El giallo italiano, se centra sobre todo en el análisis de cinco películas, las rodadas entre 1971 y 1973, que además pasan por ser las más conocidas de Martino: La perversa señora Wardh (1971), La cola del escorpión (1971), Todos los colores de la oscuridad (1972), Vicios Prohibidos (1972) y Torso: Violencia carnal (1973). Sin embargo, de Extraña muerte de una menor (1975) Sala sólo la cita para decir que "estuvo más cerca del cine negro", lo cual creo que no es hacerle justicia.

Extraña muerte de una menor cuenta con guion de Martino en colaboración con Ernesto Gastaldi, con el que escribiría cerca de una veintena de películas. Gastaldi es uno de los creadores del gótico italiano de los sesenta, colaborando con Riccardo Freda y Mario Bava en varias películas que ayudan a conformar el género. Pero será en los setenta y en su asociación con Martino cuando todo su talento explote. Extraña muerte de una menor es una película que ha pasado desapercibida por la increíble y poco habitual mezcla de géneros llevada a cabo por Martino y Gastaldi. Tiene algo de giallo, otro poco de poliziesco, algo de acción y bastante de comedia. Y lo mejor de todo es que funciona.

Como buen giallo, se bebe JB


Claudio Cassinelli interpreta al comisario Paolo Germi, un atípico policía que investiga la muerte de varias menores en Milán. Para ello utilizará unos métodos poco ortodoxos, como aliarse con un ratero de barrio, Giannino, que además sirve de alivio cómico. Porque aunque la trama va de prostitución de menores y secuestros, con su asesino rubio de traje y gafas de espejo, el tono difiere de cualquier giallo que hayas podido ver. Cassinelli lo borda en el papel de antihéroe, adelantándose en más de una década al John McClane de Bruce Willis, y sobre todo de mucho mejor rollo. A veces es como estar viendo una peli de tortas de Bud Spencer y Terence Hill.

La película la podrían haber titulado El coche del comisario

Extraña muerte de una menor es una película distinta la imagen que podemos tener de un género como el giallo. Y aunque distinto no tiene por qué significar que algo sea bueno de por sí, en este caso sí que el resultado es más que satisfactorio. No todo el monte es orégano ni todos los giallo son maníacos sexuales con guantes de cuero que asesinan a sus víctimas a puñaladas. A veces, sólo a veces, también son las gafas rotas del protagonista.




'Evil': Mulder y Scully persiguiendo al demonio en una 'rave'

 

Evil es una serie de televisión de temática sobrenatural producida por la CBS y estrenada en 2019. Pandemia mediante, cambió de casa después de la primera temporada y ahora pertenece a Paramount+, que en 2021 estrenó la segunda temporada de la serie. Este 2022 será el año del estreno de su tercera temporada. Evil es una serie creada por Michelle y Robert King y protagonizada por Mike Colter, Katja Herbers, Aasif Mandvi y Michael Emerson. El dato importante aquí es el de los creadores, Michelle y Robert, que vienen de producir y dirigir series para la CBS, siendo las más importantes The Good Wife y una rara avis, BrainDead. Esta última, BrainDead, de la que ya hablé por aquí cuando se estrenó en 2016, es importante para entender el tono y ajustar las expectativas de lo que nos podemos encontrar en Evil. BrainDead era una satira política de ciencia ficción en la que unos insectos alienígenas, como en La invasión de los ultracuerpos, se apoderan de los políticos más poderosos e influyentes de EEUU como plan para conquistar el mundo. Una cosa muy loca que abrazaba abiertamente la comedia y jugaba con los códigos del género de invasiones alienígenas para reírse un poco de él. Evil es lo mismo pero sin el cartelito que avise de que no te la tomes en serio. De hecho es todo lo contrario, ya que se vende como drama sobrenatural. Y puede que sea uno de los errores al adentrarse en esta serie, tomársela en serio. 


La nueva terapia cognitivo-conductual del maligno


Evil narra la historia de un equipo de investigación de la Iglesia católica que se dedica a investigar sucesos paranormales o con apariencia de serlo, para determinar si el Mal está influyendo en estos acontecimientos. El equipo está formado por tres personas, David, seminarista a punto de ordenarse sacerdote, el creyente del grupo, Ben, el experto en informática y tecnología, ateo pero de origen musulmán, y Kristen, psicóloga forense, también atea y madre de familia numerosa. Como villano tenemos a Leland, personaje interpretado por Michael Emerson, uno de esos actores que como Ron Perlman, tienen cara de malos, que se parece al Linus de Perdidos pero pasado de vueltas. Como si fuera un procedimental de hace quince años, el equipo dirigido por David investiga un nuevo caso en cada capítulo, para descubrir que hay una trama que los acaba conectando. De una manera o de otra, todo parece parte del mismo plan demoníaco. Un poco como en Expediente X, con el personaje creyente, la escéptica, los monstruos de la semana y la gran conspiración detrás.


¿Que si quiero o que si tengo?


Evil es una serie que de manera consciente no se toma muy en serio. Juega con los códigos y la imaginería del terror, especialmente con los que vienen de El exorcista, para subvertirlos y reírse un poco de ellos. David, uno de los protagonistas, es un ex adicto a las drogas y al sexo que después de perder a su pareja y de tener una visión, se mete a cura. Y que siendo seminarista como es, se prepara infusiones de setas alucinógenas para perseguir esa visión de dios que tuvo hace años. O Kristen, que es una psicóloga forense y madre de cuatro hijas que dejó lo que le gustaba, la escalada y el montañismo, negocio que ahora lleva su marido Andy, para criar a sus hijas, que se siente atraída por David y que padece de terrores nocturnos y alucinaciones. Por no hablar de la gran trama que está detrás de todos los misterios de la serie, que es una de las cosas más locas que se pueden ver en televisión, o de la multitud de homenajes y escenas copiadas a Alien. El ácido derritiendo el suelo, los huevos, los laberintos en los que te persigue un monstruo, el mismo monstruo saliendo de dentro de un cuerpo humano... Otra cosa no, pero a los King les gusta mucho esa película.


James Joyce podría haber escrito esta escena


Evil no es una serie perfecta y seguramente no es apta para todos los públicos. Tiene fallos estrepitosos pero lo compensa con sus aciertos, que suelen ser muy divertidos. Buen ejemplo de esto es S Is for Silence, dirigido por Robert King, es uno de los mejores capítulos de la serie y de las cosas más divertidas que se han hecho en los últimos tiempos. El equipo de David acude a un monasterio para investigar un posible milagro: el cuerpo incorrupto de uno de los monjes y los estigmas de una de las monjas. La peculiaridad de este monasterio es que todos han hecho voto de silencio. Y el voto de silencio viene porque hay un demonio que quiere destruir el mundo atrapado en un armario, y el sonido de las voces humanas puede liberarlo, así que la Iglesia construyó en torno a esta prisión del demonio un monasterio para vigilarlo, y ahora David y su equipo tienen que investigar unos supuestos milagros utilizando unas pizarras colgadas al cuello para comunicarse. Podemos leer los pensamientos de los personajes que se muestran como subtítulos en la pantalla, o verlos directamente a través de pequeñas imágenes que sustituyen a los subtítulos. Como ya he dicho antes, todo muy loco. Y muy divertido.





'BrainDead': sátira política e insectos del espacio exterior

BrainDead es la nueva serie de los creadores de The Good Wife para la CBS. A los estrenos de verano siempre se va con las expectativas bajas, pues muchas series son descartes que se aprovechan para rellenar la parrilla en periodo estival. Tambiés se aprovecha esta época para encajar en la programación series que se salen un poco de la norma. BrainDead estraría dentro de este segundo grupo.

La trama de BrainDead se resume en una frase: unos insectos del espacio exterior se comen el cerebro de los políticos para hacerse con el poder. Así, entre la sátira política, la ciencia ficción y la comedia se mueve esta historia. Laura Healy, interpretada por Mary Elyzabeth Winstead, es una documentalista algo soñadora que se obligada a aceptar un trabajo en la oficina de su hermano Lucas, senador de los EEUU. Gracias a este trabajo se dará cuenta de que unos insectos se están comiendo el cerebro de la gente, especialmente el de los políticos.

Que BrainDead es una serie producto de la época que vivimos, no hay duda. Como serie de ciencia ficción y como comedia funciona muy bien, como sátira política tiene más peros. El principal es el simplismo, acudiendo al tan manido «los extremos se tocan», cayendo en un maniqueísmo que no explica nada ni invita al pensamiento crítico.

Una de las características de la serie es su previously de cada capítulo. Antes de cada episodio escuchamos una canción que nos recuerda qué pasó en el anterior. MUY grande.

Hay que agradecer  a los creadores el que la serie tenga un arco argumental cerrado. Dejan la puerta abierta a contar más historias, pero la trama de esta primera temporada se cierra en el último capítulo. No sé si es la serie del verano, pero ha sido mi serie del verano.



Golpe en la pequeña China: divertirse sin sentirse culpable

De todas las películas de John Carpenter Golpe en la pequeña China es la más divertida. Quizás otros títulos funcionen mejor en otros aspectos, pero Golpe en la pequeña China es la comedia más divertida y mamarracha de Carpenter. Los ochenta fue la década de oro de Carpenter. Firmó trabajos como La cosa o La niebla, clásicos ya del cíne de terror, y otros más variados como Starman o Están vivos. Títulos muy variados todos ellos que conforman una filmografía única y espectacular.

Golpe en la pequeña China es la historia de Jack Burton, un camionero que llega a San Francisco y que sin quererlo ni beberlo se ve inmerso en una delirante aventura con ninjas, magos y otros monstruos, todos controlados por el misterioso Lo Pan, un mago inmortal que los gobierna a todos desde hace más de dos mil años.

La película fue un fracaso en taquilla y se llevó numerosas críticas negativas. El entretenimiento que proponía Carpenter, algo lúdico sin más aspiraciones, no fue entendido en su época. Incluso ahora hay quien llega a calificarla de placer culpable, como si por disfrutar de una película hecha para tal fin fuese algo reprobable.

Para disfrutar de la película no hace falta pensar en su argumento, que es una huída hacia delante desaforada. Entretenimiento puro y duro de la mejor calidad.


'Se nos fue de las manos': comedia francesa para el mercado internacional

Se nos fue de las manos es el título en español de la película francesa Babysitting. Ya desde el título original, la intención de los productores de esta cinta es el mercado internacional, en la que quizás es la menos francesa de las comedias francesas del último lustro. De hecho, tal fue el éxito de Se nos fue de las manos en 2014 que no tardó en llegar la segunda parte al año siguiente.

Franck, dibujante de cómic frustrado, trabaja como recepcionista de una gran editorial. Su dueño, Marc Schaudel, un rico egocéntrico, le obliga a hacerse cargo de su hijo pequeño, Rémi. Franck, que ese día celebra su treinta cumpleaños, verá truncado el sueño de reunirse con su mujer ideal, Sonia. Al final, serán sus dos amigos los que organicen una fiesta salvaje en la casa de su jefe. A partir de ahí, se producen situaciones descontroladas con un final feliz: Franck consigue sus sueños, publicar un cómic y salir con Sonia.

Se nos fue de las manos es una comedia blanca, sin la mala leche de otras producciones francesas como Le Placard. No es difícil rastrear las influencias de esta película en el cine norteamericano. El espejo donde se mira son las comedias tipo Resacón el Las Vegas.

El estilo de buena parte de la narración, rodada como falso documental, en teoría debería servir para dar verismo a la historia, pero tiene el efecto contrario. Tampoco llega a sacarte de la película, pero las excusas que se dan y los movimientos de cámara son muy pobres.

No es y nunca ha pretendido ser El apartamento, sólo una comedia más dentro de la tradición de Solo en casa, Poli de guardería, Colega, ¿dónde está mi coche? o Resacón en Las Vegas. En ese sentido, no defrauda, ofrece lo que ofrece sin engañar y, hay que reconocerlo, dentro de ese registro, funciona muy bien como comedia.

'Community': la comedia de la cultura pop

Community es una comedia de televisión creada por Dan Harmon y emitida por NBC y Yahoo! Consta de un total de 110 episodios distribuidos en seis temporadas. Las continuas alusiones a la cultura popular hicieron de Community una serie muy apreciada por geeks y frikis, creando una base de fandom enorme para la serie. El humor autorreferencial de Community, si bien apreciado por unos, también supuso cierta barrera para otros, ya que la serie podía volverse muy loca con sus referencias y autorreferencias.

Muy modesta y con pocos medios, la serie sigue las aventuras de un grupo de estudio en un community college de tercera, que representa una segunda oportunidad para acceder a la universidad. La serie fue creciendo y creciendo durante la primera temporada, dejando capítulos memorables para el recuerdo. La cosa se desinchó un poco en la tercera temporada, que acabó en el despido del creador y showrunner Dan Harmon. Aunque volvería después, la serie ya no sería lo mismo. La salida de varios actores desvirtuó la serie, y las referencias a la cultura popular empezaron a empachar y a ser menos originales y sutiles.

La sobreexplotación de varios personajes y de recurrir una y otra vez a los mismos chistes, fue desgastando la serie hasta su cancelación en la quinta temporada. Siempre había estado en la cuerta floja. Yahoo! recogió el testigo y resucitó Community para una sexta temporada que, esta vez sí, fue la última y definitiva.

Divertida, paródica, auterreferencial, llena de referencias pop, a veces hasta excesiva, Community es una serie única. Cuando todo encajaba, era de lo mejor que podías ver, con momentos absolutamente geniales (los capítulos finales de guerras de paintball, los chistes recurrentes recurrentes...). El intentar estirar el chicle, con unas temporadas demasiado largas, llevó al agotamiento de ideas y a convertir a Community en una serie de capítulos más que de temporadas enteras. Nunca tuvo grandes audiencias, pero sí un público fiel que todavía la recuerda. Echaremos de menos Greendale.

'The IT Crowd': la mejor de las comedias británicas

The IT Crowd es una de las mejores comedias británicas, si no la mejor. Creada por el irlandés Graham Linehan, es la culminación y sublimación de un trabajo que empezó con Father Ted y continuó con Black Books, sus otras dos grandes series. Estrenada en Channel 4 en febrero de 2006, The IT Crowd consta de cuatro temporadas y un capítulo especial emitido en 2013 que puso punto y final a la serie. En total, veinticinco capítulos. Brevedad británica.

Como otras series del autor, tiene un toque irlandés, en este caso representado por uno de los personajes, Roy, interpretado por el irlandés Chris O'Dowd. Sin entrar en debates sobre si es mejor ver series en versión original o no, The IT Crowd pierde muchísimo doblada. Es uno de esos casos en los que es preferible verla en versión original aunque no se sea capaz de captar todos los matices, que los tiene, a verla doblada.

La serie trata sobre el departamento de informática de una gran empresa, compuesto por Jen, la jefa de departamento, que no tiene ni idea de informática, y por dos informáticos muy friquis, Roy y Maurice. También cuenta con unos personajes secundarios inolvidables. Con apenas veintipocos minutos por capítulo no te cansas de la serie, los capítulos son muy dinámicos y siempre suelen terminar en un punto álgido. Casi todos tienen una escena o dos memorables, de las que recuerdas durante mucho tiempo.

Lanehan hace lo mismo que en otras de sus series: repartir para todos. Habla del acoso en el trabajo, de las redes sociales, de los hooligans, de los concursos de televisión... The IT Crowd es una comedia gamberra con muchas referencias a la cultura popular y guiños geeks para los más friquis, tremendamente divertiva, capaz de pasar de un humor absurdo y surrealista a otro más ácido tirando de fina ironía. Además, verás el mejor anuncio antipiratería.

'Están vivos': la era Reagan vista por Carpenter

Estrenada en 1988, con Están vivos John Carpenter cerraba su década prodigiosa. Debido al perfeccionamiento y abaratamiento de los efectos especiales digitales, comenzaba el declive de los viejos artesanos del cine. El cambio de paradigma, supuso el declive de ciertos directores, entre ellos Carpenter, que siempre quedó asociado al cine de los ochenta. Carpenter, que ya había ido a la contra en esa década, quedó finalmente relegado a a un lugar secundario dentro de la industria, con la que nunca se había llevado bien.
Están Vivos es la cinta más abiertamente política de Carpenter y una de esas pequeñas joyas olvidadas del cine izquierdista de Hollywood, que aunque hoy en día pueda sonar raro, existió. En plena década de la reacción, en los últimos años de mandato de Reagan, Carpenter critica las políticas desreguladoras y neoliberales de las últimas administraciones conservadoras, a las que culpa de la miseria y desprotección  de los trabajadores.
John Nada, el apellido no es casual, es uno de los miles de trabajadores pobres que se han quedado en paro y que vaga en busca de un trabajo, el cual tampoco lo sacará de pobre. Gracias a otro trabajador, Frank Armitage, encontrará refugio en un campamento de chabolas junto a una vieja iglesia. Cuando una noche el campamento es destruido por la policía, Nada huye. Al regresa por la mañana, descubre entre los escombros unas gafas de sol que le permiten ver lo que de verdad ocurre a su alrededor. Toda la propaganda y alienación a la que está sometido, de repente se muestra tal cual es. Así, Nada descubre una conspiración alienígena, que con la ayuda de la élite económica humana, utilizan al planeta y a sus habitantes como esclavos. 
Si en otras películas las invasiones extraterrestres se utilizaban como metáfora del enemigo interno, comunista para más señas, que quería destruir América, Carpenter subvierte el mensaje: el enemigo ya está aquí y utiliza el American Dream para esclavizar a la nación. Como recuerda el personaje de Armitage: la regla de oro es que los que tienen el oro hacen las reglas. Las gafas son el instrumento para desenmascarar las mentiras que nos cuentan, ya que si el conflicto no se ve, no existe. La visión que proporcionan las gafas politiza a aquel que las lleva puestas.
Aunque no tan divertida y gamberra como Golpe en la pequeña China, Están vivos es una sátira mordaz y ácida contra el consumismo y el capitalismo salvaje que devora recursos y personas. Carpenter parece decirnos que "si ellos están vivos es porque nosotros dormimos"; ¿despertamos?

'Tag': feminismo en el J-Horror

Tag es una de esas películas japonesas que están en la frontera entre la ida de olla más absoluta y la genialidad, y como suele pasar, se queda a medio camino. No es ni una cosa ni la otra, y por sus peculiaridades, que las tiene, no es fácil de ver. Tampoco es fácil de describir o de aconsejar, y verla sin saber lo que te puedes encontrar, puede ser una experiencia bastante desconcertante.
La película empieza con un viaje escolar en bus. Un misterioso viento sopla (estos japoneses no saben lo que es el Cierzo) llevándose la parte superior del autobus y decapitando horriblemente a sus ocupantes. La única superviviente, Mitsuko, huye despavorida de este viento y acaba llegando a su colegio, donde aparentemente no ha pasado nada y todo queda como un mal sueño. O no. 

El comienzo recuerda a otras películas como Suicide Club con un principio igual de bestia que busca descolocar al espectador, pero Tag va un poco más allá. Cuando Mitsuko regresa al colegio y es como si no hubiera pasado nada, ¿de qué va la película? ¿Realidad y sueño? Aquí se empieza a enrevesar más la película, con alusiones a otros universos paralelos a los que salta Mitsuko convertida en otra persona y planos más oníricos y metafóricos. Pero eso no será todo, pues todavía hay una vuelta de tuerca más: en realidad Mitsuko y sus amigas murieron en un accidente en 2034, pero gracias a que se recogieron muestras de ADN han sido clonadas y usadas como avatares en una especie de videojuego.

El mensaje feminista de la película está claro y deja poco lugar a equívocos. Cuando Mitsuko, obligada a mantener relaciones sexuales con un hombre, se rebela y dice "no somos vuestros juguetes, no juguéis con nosotras", la película se descubre como una gran metáfora. Las mujeres teledirigidas por lo que dice la sociedad, por lo que dicen los hombres. Si se le puede poner un pero, o varios, es lo contemplativa que se vuelve la película con el discurrir de los minutos. Cada vez más metafórica y menos narrativa, con un espectador que se pregunta qué está viendo, si una de David Lynch o de J-Horror. Pues ni una cosa ni la otra.

'Spaced': la crisis de los veinte

Spaced es una comedia británica escrita y protagonizada por Simon Pegg y Jessica Hynes. Con sólo dos temporadas en su haber, la primera estrenada en 1999 y la segunda en 2001, ambas emitidas por Channel 4, Spaced es considerada por crítica y público como una serie de culto. Forma junto a Father Ted, Black Books y The IT Crowd, el póker de ases de Channel 4 en cuanto a comedia se refiere.
Daisy y Tim son dos jóvenes londinenses de veintitantos que se conocen en una cafetería y acaban compartiendo piso. Contado tal cual, no parece gran cosa, pero aquí es donde Spaced se muestra como una serie diferente. La serie retrata la vida de estos jóvenes en varios sentidos: a través de su papel en la sociedad, el puesto que ocupan, la precariedad en algunos casos... Y lo hace con humor, ironía y a veces surrealismo, manejando a la perfección referencias y guiños a la cultura popular. Nada que ver con otra serie de la época, Friends. Sin minusvalorarla o menospreciarla, Spaced va más allá del chascarrillo y el sketch; aunque a veces también lo utilice, es más como recurso o medio que como fin en sí mismo.
Son esas referencias y guiños a la cultura popular lo que seguramente la ha convertido en la serie de culto que es, donde tantas personas, hoy diríamos frikis, han conectado con ella. Matrix, La Guerra de las Galaxias, Buffy: cazavampiros, Expediente X, Pulp Fiction, Psicosis, El resplandor, Taxi Driver, Tekken 3, Lara Croft, Resident Evil... Películas, series, videojuegos, todos tienen cabida en los catorce capítulos de Spaced. Muchos años después Community, otra comedia, en este caso estadounidense, utilizaría referencias de la cultura popular, a mi juicio no tan bien hiladas como Spaced.
La serie fue en muchas cosas una adelantada a su tiempo. Sólo cabe imaginar la repercusión que hubiera tenido de emitirse hoy día, en plena era de las redes sociales.

En Skip to the End, el documental sobre Spaced emitido en 2004, se cierra la serie. En los segundos finales vemos a Tim y a Daisy hablando. Tim lleva a un bebé en brazos. Siguen viviendo en el mismo sitio. No es lo mismo que una película o una nueva temporada, pero nos deja entrever el futuro que han corrido nuestros personajes.
Algunos actores como Simon Pegg y en menor medida Nick Frost, que actuaba por primera vez en Spaced, han tenido una carrera más o menos destacada en el cine. Jessica Hynes también ha tenido papeles de cierto renombre.

Spaced, en definitiva, es como ese verano de transición en el que de la infancia pasas a la adolescencia. Si los treinta son los nuevos veinte, los veinte son ese alargamiento de la adolescencia, ese buscar un lugar, encontrar el sitio adecuado y madurar que es detrás de lo que andan Tim y Daisy.

'Father Ted': comedia irreverente

Escrita por los irlandeses Graham Linehan y Arthur Mathews, Father Ted fue una sitcom británica emitida entre 1995 y 1998 por Channel 4. Linehan también escribiría otras dos comedias para Channel 4, las exitosas Black Books y The IT Crowd. Si en estas dos está presente el carácter irlandés a través de dos de los actores protagoniastas, Dylan Moran y Chris O'Dowd, Father Ted fue un paso más allá al contar con un reparto compuesto casi en su totalidad por actores y actrices irlandeses.
En sus tres temporadas y veinticinco episodios Father Ted narra las aventuras y desventuras de tres sacerdotes católicos en la remota isla de Craggy Island. El padre Ted Crilly, el padre Dougal McGuire y el padre Jack Hackett comparten casa junto a Mrs Doyle, su ama de llaves. Su destino en Craggy Island es un castigo por los diversos incidentes de los que fueron protagonistas en el pasado. De Ted sabemos que es un aficionado al juego, Dougal fue culpable del 'incidente de Blackrock' y Jack es un viejo verde y alcohólico.
Aunque al principio la serie parece más una sucesión de sketches sin un hilo argumental, poco a poco éste se desarrolla y los capítulos empiezan a seguir el siguiente esquema: se plantea un problema para el que Ted encuentra una solución que acaba mal.

Ted:       We were just talking about that Kurt Cobain.
Dougal:  He was from America. Imagine blowing your head off with a shotgun!
               God, how did he manage to survive that?!
Ted:        Er...he didn't. He died.
Dougal:  Oh, right.

Father Ted es uno de esos casos en los que el doblaje no es posible sin perder buena parte del sentido y significado de lo que se dobla. El acento irlandés y los localismos utilizados por el reparto son una parte más de la serie. Escuchar al padre Jack gritar «feck» o a Ted y Dougal decir de alguien que es un «eejit» le confiere a la serie ese carácter típicamente irlandés del que hace gala. Merece el esfuerzo, aunque no se domine mucho el inglés, de verla en versión original subtitulada.
Si hay una palabra que pueda definir a Father Ted seguramente sea la de irreverente. En estos tiempos de corrección política donde se persigue al que piensa diferente, resulta imposible imaginar una serie tan sarcástica y caústica como Father Ted en antena. También, como dice el propio Linehan en esta entrevista, hoy sería difícil una serie sobre tres clérigos después de conocer el escándalo de los abusos a menores protagonizados por la Iglesia católica. Aclamada por la crítica y el público, todavía sigue siendo referencia e influencia para otras comedias. Feck! Arse! Girls!

'Black Books': «el milenarismo va a llegar»

Black Books es una de esas pequeñas joyas que nos regala la televisión británica, que si bien no puede competir comercialmente con lo que se produce al otro lado del Atlántico (pocos pueden hacerlo), sí puede competir en calidad. El humor inglés que alumbró toda una tradición literaria que va desde Laurence Sterne hasta Tom Sharpe, pasando por P. G. Woodhouse y Terry Pratchett, también está presente en muchas series. Spaced, Little Britain, The IT Crowd, Father Ted, The Office... la comedia británica siempre ha gozado de buena salud. Black Books, quizá, es una de las mejores.

Dylan Moran, comediante, actor y escritor, es el creador y uno de los protagonistas de esta serie. Moran interpreta el papel de Bernard Black, propietario de la pequeña librería Black Books. Black, alcohólico y de vida desordenada, contrata a un antiguo contable, Manny Bianco (un genial Bill Bailey), para que le ayude a llevar el negocio. Junto a Fran Katzenjammer, una dependienta que trabaja en la tienda de al lado, son los tres protagonistas de la serie. Los diálogos y las situaciones descacharrantes se suceden uno tras otro.





Customer: Look, there's no other way to say this, but I didn't come in here to be insulted.
Bernard: Well, I didn't ask for the job of insulting you. In another life, we could have been brothers. Running a small, quirky taverna in Sicily. Maybe we would have married the local twins instead of wasting each other's time here in this dump. But it was not to be. So hop it.


Como casi todas las series británicas, es muy corta. Los 18 capítulos distribuidos en tres temporadas saben a poco. Aunque viendo las últimas temporadas de Community o The Big Bang Theory, tal vez sea mejor una retirada a tiempo dejando el pabellón bien alto que arrastrarse durante años y dilapidar todo el crédito ganado anteriormente.

Black Books es una farsa llena de momentos delirantes cargados de surrealismo, con un Moran histriónico en el papel de librero avinagrado y con mala leche, al que le da la réplica Bill Bailey interpretando a un apocado e inocentón Manny. Probablemente, lo más parecido que se ha hecho en nuestro país es el momento antológico de Fernando Arrabal en La 2. El caos más alocado y gamberro tiene nombre: Black Books.


'Destino de caballero': ¡vivan las palomitas!

Destino de caballero está escrita y dirigida por Brian Helgeland y protagonizada por Heath Ledger. Helgeland venía de debutar con Payback y Ledger de afianzar su carrera en EEUU después de participar en El patriota y Monster's Ball. Ambos intentarían repetir éxito con parte del reparto  de esta película (Mark Addy, Shannyn Sossamon...) en Devorador de pecados, la siguiente película de ambos, que fue un fracaso en taquilla.

La historia está basada en uno de los cuentos de Chaucer incluido en sus Canterbury Tales, pero como en tantas otras ocasiones, sería mejor decir que se inspiran en esa idea, porque el cuento y la película se parecen como un huevo a una castaña. Una de las cosas que se criticaron de la pelicula fueron los anacronismo: que suene Queen, el lenguaje de los personajes, el público haciendo la ola... Es no haber entendido la película, que no pretende adaptar el cuento de Chaucer y sí inspirarse en él para contar otra historia.

Destino de caballero narra la historia de William Thatcher y de cómo pasa de ser el hijo de un techador y trabajar de escudero para un caballero a convertirse en un auténtico caballero. Vamos, lo que viene siendo el sueño americano de toda la vida ambientado en la Inglaterra del siglo XIV, todo ello sin pretensiones de ningún tipo, mezclando comedia de aventuras y romance.
Vaya gorros le encasquetan a la pobre Sossamon
Abstraerse del mensaje moralizante que lanza la película (bastante poco currado, todo hay que decirlo), es fácil, y permite disfrutar de una película palomitera con un humor muy blanco que la hace apta para todos los públicos. Hay que repetir, para que nadie se lleve una decepción, que NO ES una película sobre la Edad Media ni pretende serlo. Suenan Queen, David Bowie y AC/DC, ¿qué más queréis?