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'BrainDead': sátira política e insectos del espacio exterior

BrainDead es la nueva serie de los creadores de The Good Wife para la CBS. A los estrenos de verano siempre se va con las expectativas bajas, pues muchas series son descartes que se aprovechan para rellenar la parrilla en periodo estival. Tambiés se aprovecha esta época para encajar en la programación series que se salen un poco de la norma. BrainDead estraría dentro de este segundo grupo.

La trama de BrainDead se resume en una frase: unos insectos del espacio exterior se comen el cerebro de los políticos para hacerse con el poder. Así, entre la sátira política, la ciencia ficción y la comedia se mueve esta historia. Laura Healy, interpretada por Mary Elyzabeth Winstead, es una documentalista algo soñadora que se obligada a aceptar un trabajo en la oficina de su hermano Lucas, senador de los EEUU. Gracias a este trabajo se dará cuenta de que unos insectos se están comiendo el cerebro de la gente, especialmente el de los políticos.

Que BrainDead es una serie producto de la época que vivimos, no hay duda. Como serie de ciencia ficción y como comedia funciona muy bien, como sátira política tiene más peros. El principal es el simplismo, acudiendo al tan manido «los extremos se tocan», cayendo en un maniqueísmo que no explica nada ni invita al pensamiento crítico.

Una de las características de la serie es su previously de cada capítulo. Antes de cada episodio escuchamos una canción que nos recuerda qué pasó en el anterior. MUY grande.

Hay que agradecer  a los creadores el que la serie tenga un arco argumental cerrado. Dejan la puerta abierta a contar más historias, pero la trama de esta primera temporada se cierra en el último capítulo. No sé si es la serie del verano, pero ha sido mi serie del verano.



'Dead Set': Charlie Brooker llama a la reflexión con sus zombis

La televisión británica siempre tiene pequeñas joyas ocultas. Dead Set es una de ellas. Emitida por el canal británico E4 a finales de 2008, consta de una única temporada de cinco capítulos, cada unos de 45 minutos de duración. En España la emitió Canal + en el verano de 2009.

Si en 2002 Danny Boyle revitalizó el género zombi/infectado con su película 28 días después, Charlie Brooker le daría una vuelta de tuerca y, al más puro estilo Romero, utilizaría a los zombis de Dead set como metáfora para una crítica social ácida. El argumento de la serie es provocador: mientras unos concursantes de un reality show, Gran Hermano, están encerrados en el estudio donde se desarrolla dicho concurso, se desata un apocalipsis zombi.

Charlie Brooker, más conocido por Black Mirror, ya apuntaba maneras en Dead Set. La crítica social, unida a un humor ácido y bastante gamberro, ya estaban presentes en esta miniserie. Si Black Mirror le permitió explorar en cada capítulo temas diferentes, en Dead Set se centró en la alienación producida por la televisión, muy especialmente por la telebasura. El final es un final sin concesiones, como corresponde a la crítica realizada. El individualismo, la alienación, el voyeurismo y el exhibicionismo propios de una sociedad decadente no pueden tener un final feliz.

Quizás menos interesante que Black Mirror por centrarse en un sólo tema, Dead Set es una serie altamente disfrutable, no sólo para los amantes del género zombi, para los que supone una renovación refrescante, sino también para los aficionados a las buenas series de televisión. Los cinco capítulos saben a poco, pero por eso son breves e intensos y no defraudan.

'Están vivos': la era Reagan vista por Carpenter

Estrenada en 1988, con Están vivos John Carpenter cerraba su década prodigiosa. Debido al perfeccionamiento y abaratamiento de los efectos especiales digitales, comenzaba el declive de los viejos artesanos del cine. El cambio de paradigma, supuso el declive de ciertos directores, entre ellos Carpenter, que siempre quedó asociado al cine de los ochenta. Carpenter, que ya había ido a la contra en esa década, quedó finalmente relegado a a un lugar secundario dentro de la industria, con la que nunca se había llevado bien.
Están Vivos es la cinta más abiertamente política de Carpenter y una de esas pequeñas joyas olvidadas del cine izquierdista de Hollywood, que aunque hoy en día pueda sonar raro, existió. En plena década de la reacción, en los últimos años de mandato de Reagan, Carpenter critica las políticas desreguladoras y neoliberales de las últimas administraciones conservadoras, a las que culpa de la miseria y desprotección  de los trabajadores.
John Nada, el apellido no es casual, es uno de los miles de trabajadores pobres que se han quedado en paro y que vaga en busca de un trabajo, el cual tampoco lo sacará de pobre. Gracias a otro trabajador, Frank Armitage, encontrará refugio en un campamento de chabolas junto a una vieja iglesia. Cuando una noche el campamento es destruido por la policía, Nada huye. Al regresa por la mañana, descubre entre los escombros unas gafas de sol que le permiten ver lo que de verdad ocurre a su alrededor. Toda la propaganda y alienación a la que está sometido, de repente se muestra tal cual es. Así, Nada descubre una conspiración alienígena, que con la ayuda de la élite económica humana, utilizan al planeta y a sus habitantes como esclavos. 
Si en otras películas las invasiones extraterrestres se utilizaban como metáfora del enemigo interno, comunista para más señas, que quería destruir América, Carpenter subvierte el mensaje: el enemigo ya está aquí y utiliza el American Dream para esclavizar a la nación. Como recuerda el personaje de Armitage: la regla de oro es que los que tienen el oro hacen las reglas. Las gafas son el instrumento para desenmascarar las mentiras que nos cuentan, ya que si el conflicto no se ve, no existe. La visión que proporcionan las gafas politiza a aquel que las lleva puestas.
Aunque no tan divertida y gamberra como Golpe en la pequeña China, Están vivos es una sátira mordaz y ácida contra el consumismo y el capitalismo salvaje que devora recursos y personas. Carpenter parece decirnos que "si ellos están vivos es porque nosotros dormimos"; ¿despertamos?