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'Una voz en la noche': Montalbano contra todos

Como sucede con aquellos escritores con un estilo característico o autores de una larga saga, leer a Andrea Camilleri, sobre todo la serie del comisario Montalbano, es como volver a casa, a un lugar conocido y confortable. Escrita en 2012, Una voz en la noche es la última novela de la serie publicada en castellano, aunque en Italia ya han aparecido otras dos más.

Una de las características de Camilleri es la brevedad de sus libros, que escritos en un lenguaje sencillo, le permite  publicar varios de ellos cada año. Montalbano es una de las series dentro del género policial más prolíficas, y es asombroso teniendo en cuenta que empezó a escribirla en los años noventa y que el autor cumple hoy, día 6 de septiembre, 91 años.

La corta extensión de los libros que publica, y Una voz en la noche no es la excepción, favorecen el dinamismo de la trama, lo que es de agradecer. Nada de tochos infumables de cientos de páginas. Capítulos cortos y pocos rodeos para llegar a la resolución de la trama, que es siempre un crimen que tiene que resolver el comisario Montalbano. Por contra, el nulo desarrollo de los personajes que, salvo Montalbano, no dejan de ser esquemáticos y cumplir una función (alivio cómico, etc.), lastran a la serie.

Tampoco Una voz en la noche es una excepción en cuanto a las opiniones políticas vertidas en la novela. Camilleri, hombre crítico de izquierdas, enlaza el tema de la corrupción política con la corrupción económica, la mafia y los medios de comunicación. Montalbano tendrá que resolver varios crímenes, luchando contra políticos, mafiosos, periodistas corruptos y la propia jerarquía policial.

'El perro de los Baskerville' (1959)


La productora británica Hammer, además de películas de ciencia ficción y terror, también adaptó un clásico de Conan Doyle, 'El sabueso de los Baskerville'. El relato de Conan Doyle juega con el misterio, el terror y la fantasía, quizá por eso, por esa parte de terror, la Hammer decidió adaptarlo a la gran pantalla, con fracaso en taquilla, todo hay que decirlo.
Cushing y Lee como el punto y la i
La película contó con la alineación habitual de los grandes clásicos de la hammer: Terence Fisher de director y la dupla Peter Cushing/Christopher Lee como protagonistas, destacando también André Morell como Watson. Como bien nos chiva la Wikipedia, y a nada que hayamos estado atentos, podemos reconocer el castillo de los Baskerville como el castillo que aparece en 'Drácula', en ese reciclaje de atrezo y escenarios tan característicos de la Hammer.
Caroline, ve hacia la luz...
Pese al fracaso en taquilla que impidió el desarrollo de una saga, Peter Cushing volvería a interpretar el papel de Sherlock Holmes en la serie de la BBC de 1964 y en una película ya muy posterior, 'Sherlock y la máscara de la muerte', ya en 1984. Ahora que vuelve a estar de moda la BBC con su 'Sherlock', es recomendable visionar su serie de los sesenta.

La película de Fisher, con un presupuesto muy ajustado, nos trae un Sherlock de serie B muy entretenido, con un genial Cushing y un guión que a ratos amaga con lo sobrenatural y fantástico y a ratos con el policiaco.


Un detective metido a cura: el padre Brown


G. K. Chesterton, autor británico, escribió cinco libros de relatos policiales protagonizados por el padre Brown publicados entre 1911 y 1935. Chesterton crea al padre Brown, un curita católico y poca cosa que resuelve crímenes que parecen irresolubles. Aunque parte de otros clásicos del policíaco como el Sherlock Holmes de Doyle, el padre Brown es en cierta forma una parodia del género: el padre Brown se ayuda del método deductivo como Sherlock, pero son sus habilidades para conocer la naturaleza humana, adquiridas gracias a su profesión de cura, las que acaban resolviendo los crímenes.

De fina ironía, los relatos están impregandos de las ideas sobre el cristianismo y luego posteriormente el catolicismo del autor, pero sobre todo, destacan por su humanismo. La ciencia es una cosa fría si no va acompañada del calor humano, y hay cosas que no logra explicar o que nos desvía de las respuestas adecuadas. Decía Antonio Gramsci sobre Chesterton que "el padre Brown es un católico que se burla de la manera mecánica de pensar de los protestantes y el libro es una apología de la Iglesia romana frente a la Iglesia anglicana". El ateo en los relatos del padre Brown siempre es un ser frío y racional.

A pesar de cierto mensaje apologético y de la moralina del autor muy presente en algunos de los relatos, es fácil abstraerse y disfrutar de las narraciones de Chesterton. El padre Brown no sólo está interesado en perseguir el crimen, también está interesado en redimir al criminal, demostrando el humanismo del autor. Algunos de los criminales luego son sus confidentes y ayudantes, como Flambeau, que acaba redimido gracias a la intervención del padre Brown.

Acercarse al padre Brown es entregarse a la tarea de salvar almas descarridas y por el camino disfrutar de la ironía y el buen hacer de Chesterton.