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TERROR EN LOS BALCANES vol. 1: 'Leptirica' (1973) y 'Variola Vera' (1982)

En este eterno revival en el que estamos inmersos, una suerte de bucle eterno en donde cada año vuelven los ochenta, hay nostálgicos que quieren que vuelva la URSS. Yo puestos a elegir prefiero que vuelvan Yugoslavia, el cantonalismo o Checoslovaquia. Pero como eso parece poco probable, me tengo que conformar con revisitar el cine de esos países extintos.

Leptirica (1973) es un telefilm de la televisión yugoslava y considerado como la primera película de terror producida en ese país. La película está dirigida por Djordje Kadijevic y basada en una historia del escritor y traductor Milovan Glisic. Básicamente se trata de una historia de vampiros enmarcada dentro de la tradición del folclore eslavo, como El viyi de Gógol.

En una aldea de las montañas los trabajadores del molino, necesario para lo producción de pan, aparecen asesinados por un vampiro. Nadie quiere hacerse cargo de ese trabajo. Strahinja, un joven y pobre campesino, piensa abandonar la aldea porque el padre de la mujer que ama rechaza su petición de mano. Será convencido por los hombres de la aldea para que se haga cargo del trabajo en el molino y así poder ahorrar el dinero suficiente para marcharse.

A Belén pastores, debemos marchar ya, que el rey de los reyes ha nacido ya

En poco más de una hora Leptirica presenta y desarrolla una historia basada en el folklore tradicional. El tono, pese a algunos amagos de comedia, como la representación de los granjeros y el cura borracho, es bastante tradicional y se enmarca dentro del gótico. No hay erotismo ni tetas, lo cual para tratarse de una historia de vampiros de los setenta, es todo un prodigio. La realización es modesta, como la película, sin grandes artificios. Y la criatura, que aparece al final, está bastante lograda, con esa caracterización entre hombre lobo y vampiro. En definitiva, una buena película que más allá del valor histórico es entretenida de ver. 

Variola Vera (1982) es una película dirigida por Goran Markovic. Markovic tiene una larga trayectoria en el cine con películas como Tito y yo (1992), con la que ganó el premio a mejor director en San Sebastián. También es conocido por su oposición a Milosevic y recientemente por su apoyo a las protestas estudiantiles serbias, que le ha llevado a ser apartado de la docencia en su país.

Variola Vera narra el último caso de viruela en Europa, más concretamente la cuarentena en un hospital de Belgrado y la gestión de la pandemia por parte del gobierno yugoslavo. En 1972 un peregrino albanokosovar que regresaba de La Meca se contagió de la viruela de regreso a Yugoslavia. Ingresado en un hospital de Belgrado, es atendido por unos médicos que llevaban sin ver la enfermedad más de cuarenta años.

La película comienza con un tono costumbrista de comedia: el médico follarín que va acosando a todas las enfermeras, el enfermo que se lía con una enfermera que le pega la gonorrea, el director de hospital liado con una enfermera, el bedel intentando arreglar la calefacción del hospital y fracasando en cada intento, la doctora joven que es sobrina de un alto cargo y muy pagada de sí misma... Todo esto da un giro cuando el hospital es puesto bajo cuarentena. Un poco como en La peste de Camus, ahí se va viendo la naturaleza humana de cada personaje. El director se encierra en su despacho por miedo a contagiarse, el enfermo de gonorrea se ofrece voluntario para cuidar de otros enfermos de viruela, la enfermera drogadicta se vuelve loca por no encontrar otro chute y en fin, cada persona demuestra de lo que está hecha, sin grandes heroísmos: hay que hacer lo que hay que hacer y no hay nadie más que lo haga por nosotros.

A follar, a follar, que el mundo se va a acabar

Variola Vera es una crítica de Markovic a los totalitarismos y a la manera en la que estos gestionan crisis como una pandemia. También es un canto al humanismo, ese artefacto capaz de vertebrar una época y que ahora está siendo sustituido por el malismo. Dirigida con mucha cámara en mano, tiene ese toque documental que te mete dentro de la historia en seguida. También es bastante liberal en cuanto a mostrar lo que hacen los seres humanos sin tapujos en situaciones así: existen tensiones y tiranteces, pero también un sentido del deber cívico, sin grandes estridencias y de andar por casa, que permite autoorganizarse a los confinados sin que aquello se convierta en la ley de la jungla. Por supuesto hay doctores que fuman y beben, gente que se distrae como puede leyendo novelas eróticas y jugando a las cartas y también mucho sexo. 

Una de las imágenes más duras que verás nunca en una película

Cabría preguntarse qué nos ha dado Yugoslavia, además de unas cuantas guerras y una selección de baloncesto casi imbatible. Pues por de pronto nos ha legado Leptirica, un cuento gótico sobre el folclore local y Variola Vera, una de las mejores películas sobre la naturaleza humana y las pandemias. El cine de Europa del este cuando tenía la oportunidad de brillar lo hacía. Leptirica y Variola Vera son dos buenos ejemplos. Ojalá alguien se interesara por filmar una película sobre el último brote de cólera en España, también a principios de los setenta, que tuvo lugar en Aragón. Igual nos llevábamos las manos a la cabeza por la gestión criminal de las autoridades franquistas. 




'La corta noche de las muñecas de cristal' (1971) y 'Violación en el último tren de la noche' (1975) de Aldo Lado


La corta noche de las muñecas de cristal (1971) es un giallo atípico dirigido por Aldo Lado y protagonizado por los guapérrimos Jean Sorel e Ingrid Thulin. Se trata de la primera película dirigida por Lado, que como buen director italiano de la época, se curtió en la industria como guionista y director de segunda unidad hasta que consiguió sacar este proyecto adelante. La producción bien merecería un documental. Está rodada en la Praga checoslovaca de después de la invasión soviética, que acabó con el pequeño periodo de apertura. Algo que contribuye más a la atmósfera de paranoia del film.

La corta noche de las muñecas de cristal bebe del cine de Polanski. No es el típico giallo con asesino de guantes negros y asesinatos barrocos. Es un thriller psicológico y hasta cierto punto político. Jean Sorel interpreta a un periodista occidental, Gregory, que trabaja como corresponsal en Praga y está enamorado de Mira, una mujer misteriosa. La primera escena de la película es el descubrimiento del cadáver de Gregory en una plaza. Es trasladado al hospital donde es declarado muerto. Pero no está muerto, sólo paralizado e incapaz de comunicarse. Su voz en off es la que nos guía por los recuerdos que le han llevado a esa situación, un puzle al que Gregory va sumando piezas y en el que descubrimos lo ocurrido de su mano. La cuenta atrás empieza cuando se programa la autopsia de Gregory y este tiene que descubrir qué ha sucedido y cómo despertar de esa parálisis en la que está sumido.

La narrativa no lineal y ese ambiente onírico recuerda a las fantásticas Huellas de pisada en la luna (1975) de Luigi Bazzoni y Contrato de sangre (1976) de Pupi Avati. Hay sectas, conspiraciones y una atmósfera opresora con las que Gregory, el protagonista, se ve envuelto.  La crítica a las élites también está presente, con esa secta de la que forman parte y que literalmente se dedica a sacrificar jóvenes para mantenerse jóvenes y seguir gobernando. La dirección de Lado tiene toques de expresionismo, con esa representación distorsionada de la realidad, contribuyendo al surrealismo y paranoia de la película.

Violación en el último tren de la noche (1975) es una película muy distinta en tono y en forma de La corta noche de las muñecas de cristal. Dos colegialas viajan solas en tren para pasar las vacaciones de Navidad en casa de los padres de una de ellas. Allí conocerán y serás acosadas por dos delincuentes psicóticos y una ninfómana. 

Violación en el último tren de la noche es una película dura. Como Trampa para un violador (1980) de Deodatto y La chica de al lado (1989) de Jack Ketchum, Violación en el último tren de la noche es explícita en escenas de maltrato y violencia contra las mujeres, que llegan hasta un punto de crudeza tal que se hace difícil el visionado. Si en La corta noche de las muñecas de cristal el estilo de Lado era hasta cierto punto surrealista y onírico, en Violación en el último tren de la noche es realista y sucio, casi documental. Tienen en común esa visión de la juventud (venimos del fracaso del 68 y de las crisis de los setenta) como víctima y también como victimario, aunque en esta última sí hay una catarsis (venganza) final, que aporta algo de alivio al espectador.

Más allá de los grandes nombres de directores y de títulos más conocidos, hay todo un mundo por descubrir en el cine italiano de los sesenta y setenta. Aldo Lado con La corta noche de las muñecas de cristal (1971),  Violación en el último tren de la noche (1975), ¿Quién la ha visto morir? (1972) y La víctima designada (1971) es buen ejemplo de esto. Mientras tengamos cine italiano de los setenta y a Keith Richards todo irá bien. 







'De repente, la oscuridad' (1970): en Francia vive gente muy rara

De repente, la oscuridad (1970) es un thriller de terror dirigido por el inglés Robert Fuest. Hablé hace unos días por aquí de La lluvia del diablo (1975), que supuso tal descalabro para la carrera de Fuest que sólo dirigiría una película más para cine, dedicándose desde entonces a la televisión. Y de la televisión británica es de donde surge todo el talento de De repente, la oscuridad: el guion corre a cargo de Terry Nation y de Brian Clemens, autor este último de la magnífica Terror ciego (1971) con Mia Farrow como protagonista. En el reparto cuanta con Pamela Franklin, Sandor Èles y Michele Dotrice. Como curiosidad destacar un par de películas en las que participa Pamela Franklin, Suspense (1961) y La leyenda de la casa del infierno (1973). La primera adapta Otra vuelta de tuerca de Henry James y la segunda La casa infernal de Richard Matheson.


Jane y Cathy son dos jóvenes británicas que deciden pasar unos días de vacaciones en la Francia rural. Se desplazan de pueblo en pueblo montando en bici, parando al anochecer en un hostal o similar para dormir y lavar la ropa. Viajan ligeras de equipaje. La tensión crece entre ambas, pues Cathy no está contenta con cómo trascurre el viaje, especialmente cuando conoce a un joven en moto mientras toman café en un pueblo. Cuando Jane y Cathy hacen un alto en el camino para descansar, acaban discutiendo: Cathy se queda en el bosque mientras Jane continua viajando sola. Al final Jane se arrepiente y decide esperarla en el siguiente pueblo, pero Cathy no llega, así que decide volver al bosque donde la dejó descubriendo que ha desaparecido. Allí comienza su búsqueda.

Fruto del desarrollismo y la revolución industrial, surgen nuevos miedos: uno de ellos es la aversión al mundo rural, lugar de origen en muchas ocasiones pero al que no se quiere volver. La Francia rural se parece más a cualquier lugar del Mediterráneo que a la campiña inglesa. Cathy y Jane son dos mujeres jóvenes que viajan por un mundo que no conocen y con el que no se pueden entender, pues no hablan el idioma. Cuando Cathy desaparece, Jane tendrá que sortear esta dificultad e intentar hacerse enteder de la mejor manera posible. Para ello contactará con distintos personajes, desde una ama de casa hasta el dueño de un café o el gendarme, y cada uno de ellos le dará motivos para desconfiar. Lo mismo sucede con el joven de la moto, que le ayuda a buscar a su amiga Cathy y que habla inglés. En la campiña francesa Jane está indefensa: no habla el idioma, los locales parecen ocultar un secreto y su doble condición de mujer y joven la exponen a la violencia machista. Rodada en lo que parece un día idílico de verano de mucho sol y calor, ese escenario en apariencia bucólico y tranquilo se convierte en una trampa de atmósfera opresiva.


Penúltimo plano de levantarse del sofá y aplaudir muy fuerte

En De repente, la oscuridad no hay sangre ni escenas truculentas, todo es como el propio título indica: luz hasta que llega la oscuridad. La película va más por el territorio del thriller psicológico a la manera de Hitchcock, como muy bien anunciaba su cartel a los despistados. No hay grandes sorpresas ni giros de guion, es más, se puede decir que en general el desarrollo de la trama se ve venir. Pero es que la película va por otros vericuetos, creando esa atmósfera amenazadora y opresiva que va engullendo a la protagonista. A día de hoy la película lanza un mensaje a las mujeres muy reaccionario: cuídate de que te violen. No viajes sola y no hables con extraños si no quieres que te pase algo malo. También la final girl de la película es la recatada Jane y no la sensual Cathy. Cosillas de la época. Quitando esas "cosillas" De repente, la oscuridad es una película más que entretenida, una pequeña joya del culto no muy conocida y posiblemente la mejor película de su director, Robert Fuest.



'Trampa para turistas' (1979): Mari Carmen y sus muñecos

Trampa para turistas es una película de terror dirigida por David Schmoeller. Está escrita por Schmoeller y J. Larry Carroll, que trabajó como guionista en un montón de series animadas y procedimentales durante los ochenta. Esta película fue el debut en la gran pantalla de Schmoeller, que junto a El amo de las marionetas (1989) suponen los grandes hitos de su carrera. Que El amo de las marionetas diera lugar a una saga de dieciséis películas que llega hasta nuestros días es algo digno de estudio. En el reparto no hay grandes nombres, pero sí actores y actrices con tablas en la televisión.


La película comienza bastante frenética. El coche de Woody y su novia Eileen ha pinchado. Tienen una rueda de repuesto en el maletero, pero esta está deshinchada, así que Woody se la lleva en busca de un área de servicio. Después de varios kilómetros, Woody encuentra una especie de atracción/área de servicio abandonada, donde se adentra para ser asesinado. Mientras Woody es asesinado, sus amigos, que viajan en otro coche, encuentran a Eileen junto al coche con la rueda pinchada y deciden ir en busca de Woody. Su coche se avería justo en el mismo área de servicio. Mientras Jerry intenta arreglarlo, Eileen, Becky y Molly se van a dar un baño desnudas a una pequeña laguna. allí las descubre el señor Slauson, que las invita junto a Jerry a visitar su museo de maniquíes y muñecos de cera. Uno a uno comienzan a desaparecer cuando un misterioso enmascarado con poderes telequinéticos los va asesinando. Cómo no, la final girl no podría ser otra que Molly, la joven que a diferencia de sus amigas, no tiene novio y es más recatada.


Cuando ves el ticket de la compra 

Trampa para turistas es un slasher típico de la época con algunos elementos distintivos. Bebe de La matanza de Texas (1974), con esa dicotomía entre lo rural y lo urbano, donde lo rural es primitivo y amenazador y lo urbano es algo corrupto y fuera de lugar. La zona de descanso de Slauson, con un lago para bañistas, área de servicio y museo con figuras, entró en declive cuando inauguraron la autopista. Así, Slauson sobrevive aislado del mundo en su pequeña propiedad, aunque lejos de ser el clásico asesino enmascarado, aquí se mezcla eso con Psicosis (1960) y la Nueva Ola. Sí, el asesino es alguien enmascarado, pero también tiene doble personalidad y poderes telequinéticos, además de tomarse su tiempo en capturar y asesinar a sus víctimas para convertirlas en maniquís. Y por si fuera poco, también es ventrílocuo. Está claro que lo de Schmoeller dirigiendo diez años después El amo de las marionetas no fue casualidad.


Mari Carmen y sus muñecos

Recuerdo hace años una entrevista a Jeff Tweedy, el cantante y compositor de Wilco, diciendo que las pequeñas diferencias entre Estados que apreciaba cuando salía de gira por EEUU se habían diluido, ahora el país era una sucesión ininterrumpida de franquicias, las mismas en todas partes. Un poco lo mismo que sucede en nuestro país, con locales vacíos y el pequeño comercio desapareciendo. Una expresión artística de rechazo a ese proceso de globalización y desregulación son películas como Trampa para turistas, también en línea con una moral muy conservadora que marcaría a casi todos los slashers venideros. A pesar de lo cual, es una película muy entretenida. Yo por si acaso, antes de parar en un área de servicio, consulto las reviews de Google, no vaya a ser que... Que en el último videoclip de Wilco haya moñeco es inquietante.





'Satán mon amour' (1971), 'La lluvia del diablo' (1975) y 'Carrera con el diablo' (1975): satanic panic en los setenta

Entre finales de los sesenta y comienzos de los setenta tiene lugar en EEUU y otros países occidentales el despertar con resaca del sueño hippie. No había arena bajo los adoquines de París y sí muchos problemas que se acumulaban sin resolverse. El amor libre y las drogas dieron paso a la revolución conservadora. También llegaría el sida y otras enfermedades en los ochenta, además del problema de salud pública que suponen las drogas. Y los hippies de los sesenta se convirtieron en cargos de la administración de Reagan y en padres y madres de otros movimientos reaccionarios. Entre ellos también hubo quien pretendió solucionar algunos problemas sociales con más violencia y muchos buscaron refugio en sectas. A principios de los ochenta surge ese satanic panic explotado por medios de comunicación y organizaciones populistas, pero el caldo de cultivo ya venía de antes. El exorcista (1973) dio lugar a un boom enorme de películas sobre temática satánica, pero la corriente de fondo ya existía.


Satán mon amour (1971) es el nombre con el que se conoció en España la película dirigida por Paul Wendkos. Con guion a cargo de Ben Maddow, está basado en la novela de Fred Mustard Stewart The Mephisto Waltz escrita unos años antes. La película narra cómo Myles, periodista musical y pianista frustrado, acude a casa de Duncan, uno de los pianistas más famosos del mundo.  Duncan, que le confiesa a Myles que se está muriendo, desarrolla enseguida una relación paterno filial con Myles. Además, su hija Roxanne hace que Paula, la mujer de Mylen de Myles, se ponga celoso. Para Myles no hay nada raro en su relación con Duncan y Roxanne, pero Paula sospecha de sus intenciones. Porque aquí lo importante es saber que Duncan es un satanista capaz de de hacer lo que sea por no morir, y Myles representa una buena presa. ¿Podrá Duncan transferir su alma al cuerpo de Myles? Nada es gratis en la magia y la joven Abby, hija de Paula y Myles, lo comprobará pronto. En Satán mon amour hay rituales, magia negra, asesinatos y música. Le falta un poco de humor y le sobran unos minutos de metraje, pero no deja de ser una de esas películas de culto bastante olvidadas. El reverso oscuro de La semilla del diablo (1968) con Alan Alda y Jacqueline Bisset como protagonistas.

Estrenada en 1975, La lluvia del diablo es una película de terror dirigida por el inglés Robert Fuest. A Fuest se lo recuerda sobre todo por El abominable doctor Phibes (1971) y su secuela, aunque en su corta filmografía también cuenta con otras joyas del culto como De repente, la oscuridad (1970) y El programa final (1973). Jonathan Corbin, el líder de una secta satánica que vive en el desierto, se empieza a cobrar las vidas de los miembros de la familia Preston. Primero el padre, luego la madre, uno de los hijos... Los Preston tienen en su posesión algo que Corbin quiere: un libro que le confiere poder sobre las almas. Porque Corbin es un brujo de más de cuatrocientos años y los Preston son descendientes de aquellos que le condenaron siglos atrás. Tom Preston es el último miembro de su familia y acude al pueblo donde se oculta la congregación de Corbin para acabar con él y rescatar a su familia. Cuenta con un reparto de caras conocidas, con Ernest Borgnine, William Shatner y Tom Skerritt como protagonistas, además de un figurante John Travolta que debutaba en el cine. A pesar de lo cual, la película fue un fracaso y supuso el fin de Fuest como director en el cine, dedicándose desde entonces a la televisión salvo una pequeña incursión erótica en Francia. La lluvia del diablo es una película al estilo de la Hammer clásica, concebida como partida de rol, pero en vez de estar ambientada en la Inglaterra victoriana la acción está situada en el desierto estadounidense. 

Carrera con el diablo (1975) está dirigida por Jack Starrett, actor y director que desarrolló la gran parte de su carrera en pequeños papeles cinematográficos y dirigiendo películas para televisión. La película cuenta con Peter Fonda y Warren Oates como protagonistas. Frank y Roger se van de vacaciones con sus respectivas parejas. Para ello cuentas con las comodidades que les proporciona la moderna autocaravana de Frank: nevera, microondas, horno, ducha, equipo estéreo... En una de sus primeras noches deciden acampar en mitad del campo, donde contemplan lo que en principio les parece una orgía hippie. Pero lo que empezó como orgía acabó en asesinato, ya que son testigos de cómo asesinan a una joven en un ritual satánico. Para más inri, son descubiertos por esta secta satánica. Al día siguiente denuncian los hechos en la comisaría del pueblo más cercano para descubrir que el sheriff, sus alguaciles y el pueblo entero forman parte de la secta. La película se convierte entonces en una huida cada vez más paranoide, pues perdidos como están en un condado rural, todos parecen formar parte de una gran conspiración satánica. Carrera con el diablo con es una obra maestra pero sí una muy entretenida película de serie b. Y un aviso a domingueros: cuidado donde aparcas la flagoneta.


Si te gusta La semilla del diablo (1968). El exorcista (1973), La profecía (1976) y/o La centinela (1977) estás tres películas, Satán mon amour (1971), La lluvia del diablo (1975) y Carrera con el diablo (1975) vienen del mismo sitio. Un poco como en el caso de Alison's Birthday (1981), no son tan conocidas y hay que rebuscar para encontrarlas, pero merecen la pena. Y aprendes cosas: no te fíes del pianista y lleva paraguas por si llueve.






'Subhumanos' (1977): cuidado con las puertas

Subhumanos (1977) es una película de terror dirigida por Gary Sherman y escrita por Ceri Jones, basada en una historia del propio Sherman. Es la primera película dirigida por Sherman, que llegaría a dirigir otra joya del culto como Muertos y enterrados (1981) y una secuela, Poltergeist III (1988), muy entretenida. Subhumanos cuenta en su reparto con Donald Pleasence, uno de esos secundarios inolvidables al que pudimos ver en La gran evasión (1963), pero también en el cine de género como Phenomena (1985), Halloween (1978) y 1997: Rescate en Nueva York (1981).

Alex y Patricia son una joven pareja que al bajar del metro encuentra a un hombre desmayado en las escaleras. Alex quiere seguir su camino pero Patricia insiste en ayudar a ese hombre. Buscan en su cartera información sobre alguna posible enfermedad y parten en busca de un empleado para notificarle el suceso. Este los remite a un agente de policía, al que acompañan a las escaleras sin hallar al hombre. Lo misterioso del caso es que era el último metro y esas escaleras eran la única salida posible, así que: ¿adónde ha ido ese hombre? El inspector Calhoun, personaje interpretado por Pleasence, lee el informe del incidente por la mañana y habla con Alex y Patricia. Gracias a eso averiguará la identidad del hombre desaparecido, un importante cargo del gobierno, y tirará del hilo para descubrir lo que ha pasado con él. Entre medias, un conflicto con los servicios secretos, el MI5, que no están interesados en que Calhoun investigue el caso, y el misterio de los desaparecidos en los alrededores de esa estación de metro. Calhoun descubre que en 1892 unos trabajadores quedaron atrapados en esos túneles y fueron dados por muertos.


Cara de un inglés en Mallorca después de tomar el sol 73 horas seguidas

Subhumanos no pasaría de ser una simpática película de los setenta si no fuera por cómo está contada su historia y por Donald Pleasence, que se come la pantalla él solo. Hay una evidente crítica social, con Calhoun, un inspector de policía orgulloso de ser clase trabajadora, que se enfrenta al MI5, unos señores pijos y estirados. Aún así Calhoun no entiende a jóvenes como Alex, estudiante universitario de pelo largo. Y por supuesto está el hecho de que los trabajadores sepultados en los túneles del metro fueron dejados a su suerte por parte de la compañía, que entró en bancarrota para no pagar su posible rescate. Entre todo esto está Calhoun, el personaje interpretado por Donald Pleasence, un inspector de policía perspicaz y borrachín que se niega a cerrar el caso por muchas presiones que reciba.

Ser inglés es un estado mental que te deja tal que así


Después de vista, me vienen a la cabeza la novela corta/relato largo de Elizabeth Engstrom Cuando la oscuridad nos ama y la película de Christopher Smith Creep (2004). Especialmente ésta última, que retoma la idea de un asesino escondido en los túneles del metro de Londres pero desprovista de todas las capas que sí tiene Subhumanos. Además, cuenta con algo con lo que es difícil de competir: Christopher Lee hace un pequeño cameo. Los setenta en Londres son prostíbulos, calles sucias y estaciones de metro vacías. Vamos, lo mismo que ahora. Si alguna vez os adentráis por ese laberinto al que llaman metro, huid cuando alguien grite eso de "mind the doors".




'El rostro de la muerte' (1976): esa niña es un demonio

El rostro de la muerte es una película de terror dirigida por Alfred Sole, con guion del propio Sole y de Rosemary Ritvo. Con un reparto sin rostros conocidos, donde casi todos vienen de hacer televisión, El rostro de la muerte es una de esas películas convertidas en one-hit wonder del culto. Alfred Sole, que desarrollaría casi toda su carrera en el departamento de diseño de producción, no volvió a repetir éxito como director.

El rostro de la muerte también es una de esas películas influenciadas por el cine de explotación italiano, que en su afán por copiar lo que se hacía en Estados Unidos, también desarrolló sus propios códigos creando subgéneros nuevos. Navidades negras (1974) y Phantasm (1979) son un buen ejemplo de esta influencia italiana en el cine de género del otro lado del charco. En El rostro de la muerte Alfred Sole toma elementos del thriller de Alfred Hitchock y de su desarrollo posterior en Italia, los gialli: asesino desconocido enmascarado, guantes,  cuchillo grande y un sentido muy teatral de algunas muertes.

Catherine Spages es una mujer católica divorciada madre de dos hijas, Karen y Alice. Alice, la mayor, siempre está molestando a la pequeña, Karen. Cuando en el día de la comunión de ésta aparece muerta, la policía empieza a sospechar de su hermana Alice. Lo mismo pasará cuando su tía Annie, la hermana de su madre, sea atacada. La asesina es una mujer vestida con el chubasquero amarillo de la escuela católica a la que pertenecen Alice y Karen y una máscara blanca cubriéndole la cara. Será el exmarido y padre de las pequeñas, Dom, el encargado de investigar las muertes por su cuenta para esclarecer la verdad sobre su hija Alice, que acaba recluida en un centro psiquiátrico para evaluarla.

Así me imagino a todos mis caseros

El rostro de la muerte es una película muy turbia y en algunos momentos bastante sórdida, sobre todo para la época de la que estamos hablando. Alice es una niña de catorce años de la que los policías después de interrogarla hacen comentarios sobre sus pechos. O el mismo casero casero que vive debajo del piso familiar, que la quiere violar. Y Alice es consciente del deseo que despierta su cuerpo, al menos en algunas escenas. Algo que se contrapone a la virginal conducta de su hermana Karen, la buena, la santa, la niña. También hay un subtexto sobre el fanatismo religioso, en este caso el del catolicismo y su iglesia. Después de todo lo que sabemos sobre los abusos sexuales por parte de la iglesia católica, existe algo inquietante en esas escenas de curas rodeados de niños y niñas.

Mi cara de ir a trabajar los lunes

Como en Amenaza en la sombra tenemos a un asesino de pequeña estatura vestido con un chubasquero y caracterizado al más puro estilo italiano con máscara, guantes y cuchillo. Hay muertes muy bestias y todo el ambiente sugerido de violencia cometida por niños, a los que se les presupone bondad e inocencia, confiere a la película una atmósfera especialmente perturbadora. Esto, unido a una sexualidad reprimida y al fanatismo religioso, convierten a El rostro de la muerte en una de esas películas de culto de los setenta a reivindicar, por lo bien hecha y por lo entretenida que es. Eso sí, muere un gatito.



'Huellas de pisadas en la luna' (1975): el sueño de Morel

Huellas de pisadas en la luna (1975) es un thriller italiano dirigido por Luigi Bazzoni, aunque en algunos sitios aparece Mario Fenelli como codirector no acreditado. El guion, basado en un cuento de Fenelli, está escrito a cuatro manos por Bazzoni y Fenelli, que aquí sí aparece acreditado. Bazzoni y Fenelli no sólo colaboraron en esta película, sino que estudiaron y vivieron juntos. Un error muy extendido por internet es confundir a Mario Fanelli, director italiano-croata, con Mario Fenelli, escritor y director argentino afincado en Italia. En The Mario Fenelli Affair Martín Villagarcía repasa la vida de Fenelli, gran amigo de Manuel Puig, el escritor argentino. Esta conexión argentina es muy importante para entender la película.


La película está protagonizada por Florinda Bolkan, que está enorme y lo borda. Bolkan interpreta a Alice Campos, una traductora portuguesa que vive en Italia y que un día se despierta después de soñar que un astronauta es abandonado por sus compañeros en la Luna. Campos, que trabaja como traductora en unas jornadas de astronomía, descubre que ha faltado los tres días anteriores al trabajo y que no recuerda absolutamente nada de lo que ha hecho ni de dónde ha estado. Las únicas pistas que tiene son una postal rota de un hotel de la ciudad de Garma, un vestido amarillo con manchas de sangre que no reconoce como suyo y un pendiente perdido. En Garma, pequeña ciudad costera dedicada al turismo, el sueño de Alice se vuelve una pesadilla recurrente, que identifica con una película de ciencia ficción vista tiempo atrás, además de que comienza otra obsesión: la búsqueda de un hombre de nombre Harry. Gracias a Paola, una niña que se hospeda en el hotel junto a sus padres, Alice descubre que se alojó allí bajo otro nombre y con una apariencia totalmente distinta. También descubre que estaba buscando una casa blanca en medio del bosque y a un hombre: Harry.


Aunque le han querido colgar la etiqueta de giallo, sobre todo si vemos el cartel de la película en inglés, Huellas de pisadas en la luna no tiene nada que ver. Por eso hablaba al principio de la importancia de Fenelli como guionista además de como autor de la idea original basada en un cuento suyo: Huellas de pisadas en la luna está emparentada con el fantástico de Río de la Plata. Algunas críticas han sabido ver esto desconociendo el papel de Fenelli y sus orígenes argentinos, comparando la historia con la obra de Borges y Bioy Casares. Hay una cualidad casi etérea en Huellas de pisadas en la luna, una belleza casi hipnótica, lánguida y cargada de melancolía que encaja perfectamente en ese fantástico rioplatense. No es difícil ver en Alice al Fugitivo, el personaje sin nombre de La invención de Morel.


No podemos olvidar otra de las patas en la que se sustenta esta película: la fotografía. La realización de Bazzoni, el guion de Fenelli y la interpretación de Bolkan se ven complementados por la fotografía de Vittorio Storano. Storano es uno de los grandes directores de fotografía, habiendo participado en Apocalypse Now (1979), El último emperador (1978), Dick Tracy (1990) y El pájaro de las plumas de cristal (1970) entre otras, además de tener en común con Bazzoni y Fenelli el haber estudiado en el Centro Sperimentale di Cinematografia. Las escenas oníricas utilizan un filtro azul grisáceo, el mismo filtro que pasará a usarse en otros momentos de la película para resaltar la pérdida de cordura de Alice. Las escenas de la luna están rodadas en blanco y negro con unos tonos tirando a sepia, un poco reproduciendo el cine soviético de ciencia ficción. También hay casi unos fundidos a blanco que Bazzoni emplea como transición entre algunas escenas. La película, que comienza con la escena del astronauta en la luna en un azul completamente saturado, poco a poco se va aclarando a medida que Alice, la protagonista, va desmadejando el misterio, para volver a esos azules en el final.


Huellas de pisadas en la luna es una película relativamente desconocida que une Argentina con Italia, que en ese momento tenía un ecosistema perfecto, una industria cinematográfica potente, para crear obras como esta. Sabemos de la invención de Morel, pero no de sus sueños. Ojalá se rescate la obra literaria de Mario Fenelli, tan cercana a esos sueños de Morel. Y no, para mí Huellas de pisadas en la luna no es un giallo, pero qué más da.





'Navidades negras' (1974): Canadá tiene un color especial

Navidades negras (1974) es una película canadiense de terror dirigida por Bob Clark y escrita por Roy Moore. La carrera de Clark se extendió desde mediados de los sesenta hasta la década de los dos mil, siendo su periodo más interesante como director la etapa de los setenta. Suyas son Los niños no deben jugar con cosas muertas (1972), Crimen en la noche (1972), Asesinato por decreto (1979) y Navidades negras (1974), siendo ésta su obra más redonda y más recordada. El guionista, Roy Moore, tiene una carrera mucho más corta y menos interesante, donde destacan esta Navidades negras (1974) y sus dos remakes, el de 2006 y el reciente de 2019, en los que aparece acreditado.


Navidades negras cuenta con un muy buen reparto, donde destacan las caras conocidas de John Saxon (Pesadilla en Elm Street, Tenebre, Operación Dragón), Keir Dullea (2001: Una odisea en el espacio), Margot Kidder (eterna Lois Lane en Superman I-IV) y Olivia Hussey (Muerte en el Nilo y Romeo y Julieta). Todos actores o actrices solventes que están muy bien dirigidos por Bob Clark en esta Navidades negras.


Navidades negras narra la historia de un grupo de jóvenes estudiantes que viven en una residencia universitaria femenina y que con la llegada de la navidad preparan una fiesta antes de regresar a sus casas. Esta fraternidad femenina recibe llamadas obscenas de un perturbado desconocido, en la última de ellas, amenaza de muerte de una de las protagonistas. Entre las idas y venidas de este periodo vacacional, desaparece una de las estudiantes, Claire, hecho que pasa desapercibido hasta el día siguiente, cuando no acude a la cita con su padre, que denuncia el hecho a la policía. No le dan mucha importancia hasta que desaparece otra niña. La escalada de llamadas y desapariciones va en aumento, al igual que la confusión de la policía y las protagonistas, que no se percatan de todo lo que está pasando. El teléfono tiene una parte muy importante en el desarrollo de la trama, algo que influiría en Llama un extraño (1979) y Scream (1996).


Bebe y calla, niño

La película está influida por el cine italiano de la época, sobre todo de los giallo. Está esa cámara utilizando el punto de vista subjetivo del asesino, al que nunca vemos la cara, las escenas de los asesinatos, no tan barrocas como las italianas pero bien elaboradas... También puede ser considerado una de los primeros slasher, en el que están presentes muchos de los tropos que luego se harían populares con la Halloween (1978) de Carpenter: final girl, asesino desconocido, protagonistas jóvenes, asesinatos que tienen lugar en una casa, la acción transcurre en un periodo vacacional, el falso culpable... Y a su vez hay algunos elementos que la alejan del gialli y del slasher posterior, como son la falta de gore y de sexualización. No hay escenas de muertes explícitas ni sexo. Otro de los elementos diferenciadores es el sentido del humor tan bruto ¿canadiense? de la película. El personaje de Margot Kidder es el de una estudiante borracha que siempre está fumando y diciendo tacos y que encuentra divertido emborrachar niños pequeños en la fiesta de navidad. O el personaje interpretado por Marian Waldman, Mrs. Mac, la dueña de la residencia que también es una simpática borracha deslenguada.


La película también tiene un subtexto feminista. Jess, la protagonista, está embarazada, pero cuando su novio le propone tener el hijo y casarse ella se niega. Ni quiere ser madre ni quiere casarse. En general, las protagonistas son eso que se decía en la época de "moral relajada". Salen y entran de casa, tienen sus novios, estudian, son independientes y hacen lo que quieren, algo que en los gialli y en los slasher posteriores, de moral mucho más conservadora, es severamente castigado. Aquí el asesino lo mismo te mata a la dueña de la casa que a una niña. Simplemente es un pervertido y un perturbado que hace llamadas obscenas y que acaba convertido en asesino. Y es que no nos podemos olvidar que aunque supuestamente esté ambientada en EEUU, Navidades negras es una película canadiense, y allí tienen sus peculiaridades para esto del terror. Como sus primos australianos e irlandeses.








 

'Terror ciego' (1971): Azarías matando al señorito

Terror ciego es una película británica dirigida por Richard Fleischer y protagonizada por Mia Farrow. Farrow venía de pegar el pelotazo unos años antes con La semilla del diablo y todavía le costaría otros cuantos años más salir de este tipo de papeles. Por contra, Fleischer ya era por aquel entonces un director todoterreno, cosa que seguiría demostrando a lo largo de toda su carrera: lo mismo te dirigía Conan el destructor que Cuando el destino nos alcance que Los vikingos y 20000 leguas de viaje submarino, eso por no hablar de las exploitation de El padrino y Rocky El Don ha muerto y El hombre más duro. Esta versatilidad llevó a Fleischer a tocar casi todos los géneros, esta Terror ciego es un ejemplo de su incursión en el giallo británico o thriller británico a la italiana.


Mia Farrow interpreta el papel de Sarah, una joven que se ha quedado ciega debido a un accidente y que va a pasar unos días de vacaciones a la casa señorial de sus tíos ricos. Dividida en tres actos, el primero, el de la presentación, se adentra en el pasado de Sarah, de la que conocemos su pasado antes de la ceguera, sus planes de futuro y cómo estos se ven alterados por su accidente, además de constatar que es una mujer fuerte e independiente que ha heredado el carácter de su madre. El segundo acto es de tensión. Algo le ha ocurrido a su familia y Sarah, ciega, es ajena a ello. Esa tensión está muy bien llevada, y crece y crece hasta desembocar en el tercer y último acto, quizás el más loco, que es el de la persecución.

Hay tres cosas que los ingleses han dado al mundo: la primera es la kettle, las otras dos no me acuerdo...

Terror ciego es un intento de giallo a la británica. ¿Quién vigila al vigilante? Pues no lo sabemos, pero si el cine italiano se puso a copiar cosas de aquí y de allá, los británicos decidieron que copiar al copión no debía de ser tan malo. De hecho la otra película estrenada ese mismo año por el director es El estrangulador de Rillington Place, otro giallo británico protagonizado por Richard Attenborough, Judy Geeson y John Hurt. Y si en los giallo estaba de moda el punto de vista subjetivo que nos mostraba las manos del asesino, generalmente con guantes de cuero negro, Fleischer le da una vueltita a eso y decide presentarnos a su asesino no con un subjetivo sino con un plano de sus botas, de cuero también. Aunque a veces hace trampa y nos muestra las manos para poder ver qué hace, pero la intención de buscar ese elemento distintivo que son las botas está ahí.

Botas de Chiruca modelo Texas

Ti West homenajea a Terror ciego en La casa del diablo (2009). Si en Terror ciego el personaje de Sarah deambula ciega por la casa de sus tíos sin tener ni idea de lo que sucede y de lo que se le viene encima, en La casa del diablo es Samantha la que baila despreocupada por una casa en la que está su perdición. El desconocimiento por parte de la protagonista de lo que está sucediendo es lo mejor de la película,  ya que nosotros sí sabemos lo que ha ocurrido y estamos esperando a que Sarah lo descubra. Quizás lo que viene después no es tan interesante y no está tan bien construido, resultando más formulaico. Tiene que haber un girito antes de desvelar la identidad del asesino y un falso final. Pero teniendo en cuenta el conjunto, aunque no sobresaliente, Terror ciego es una película más que entretenida con una Mia Farrow en estado de gracia. Yo siempre a favor de Azarías.






'Messiah of Evil' (1973): Lovecraft contra los hippies

Messiah of Evil (1973) es una película de terror dirigida por Willard Huyck y Gloria Katz. Guionistas y productores de entre otras, Indiana Jones y el templo maldito (1984), también son los responsables de Howard, un nuevo héroe (1986) y de American Graffiti (1973). Tanto Huyck como Katz eran estudiantes de cine, uno en la USC y otra en la UCLA. Una de las amistades de Huyck en la USC fue George Lucas, de ahí las colaboraciones del matrimonio en distintos proyectos de Lucas, como Star Wars (1977) y Asesinatos en la radio (1994). Esta Messiah of Evil es su primera película y la más personal, todavía muy imbuida del espíritu de la época.


A Messiah of Evil se la relaciona con un buen número de películas: El carnaval de las almas (1962), La noche de los muertos vivientes (1968), Imágenes (1972), Amenaza en la sombra (1972), Muertos y enterrados (1982), Phantasma (1979), La niebla (1980), Operación Miedo (1966), Suspiria (1977)... Es fácil encontrar los vínculos y las conexiones entre Messiah of Evil y esas películas, pero creo que si hay que buscar otra película, no que se parezca, sino que explique el momento en el que se rueda y estrena Messiah of Evil, esa es La maldición de los Bishop (1971). Ambas beben del nuevo cine de Hollywood y del cine de guerrilla, una y otra desarrollan una atmósfera de irrealidad y lo hacen con recursos similares, y las dos retratan el final del una época.


Cena de navidad en Umbrella Corporation

Arletty llega al pueblo de Point Dune en busca de su padre, un artista que en sus últimas cartas había hablado de una enfermedad que le acechaba. Al llegar a Point Dune, Arletty se encuentra con un pueblo casi desierto en el que nadie parece conocer quién era su padre ni tampoco su paradero. En esta búsqueda conoce a un grupo de recién llegados encabezados por Thom, un hippie que dice ser un aristócrata portugués, y sus dos acompañantes, Laura y Toni, cazadores de leyendas que también buscan a su padre. Arletty se instala en la casa de su padre, a la que pronto se une el grupo encabezado por Thom. Llegados a este punto, la enfermedad que afectó al padre de Arletty se manifiesta ahora en la propia Arletty: sueños y visiones que se confunden con la realidad, con una voz en off que nos ayuda a seguir los procesos mentales de Arletty, cada vez más deteriorada psicológicamente. Es a veces esta voz en off la que despista un poco, porque no sólo escuchamos a Arletty, también a su padre. Le meten un reverb que a veces  también dejan cuando Arletty habla con otros personajes, contribuyendo a esa confusión entre realidad y sueño.


Cuando zarpa el amor

Cada vez más la atmósfera se va enrareciendo y la película acaba convertida en una pesadilla. A ello contribuyen las escenas rodadas de noche en un pueblo vacío y la cada vez más inestable salud de Arlette, que enloquece por momentos. Poco a poco, según avanza su enfermedad, vamos conociendo más de lo que le pasó a su padre y del secreto que se esconde en Point Dune. Hace cien años un extraño llegó a la costa del pueblo en una noche de luna de sangre. Cien años después, la historia se repite. Hay una secta de zombis a los que les sangran los ojos y que consumen carne humana que quieren desatar el apocalipsis. Point Dune es un pueblo muerto cuya enfermedad se extenderá al resto del mundo. Como en La boca del miedo (1994), lo irreal devora la realidad; lo que era una visita a su padre acaba convertida en una pesadilla sobre el fin del mundo.


Las luces de navidad de Vigo todavía no han llegado a Point Dune

Como bien nos enseñaba La maldición de los Bishop, los urbanitas hippies sólo causan problemas y son una plaga a exterminar. Todo lo de fuera es un organismo extraño, como lo es el padre de Arlette y la propia Arlette. Los sueños rotos de los sesenta se convierten en el cinismo de los setenta, que a su vez alimentará el reaganismo de los ochenta. Como le pasa a Toni cuando quiere dormir y no puede al ver la figura de Harvey Oswald retratada en el mural de la pared de su habitación: toca despertar del sueño. Todo esto con una buena dosis de Lovecraft, una banda sonora electrónica adelantada a su época y un final abierto por falta de presupuesto, hacen de Messiah of Evil una película de culto a reivindicar. Sólo por eso y las escenas del supermercado y la del cine, ya merece la pena verla. Messiah of Evil es lo que pasa cuando pones a dos hippies a rodar una película de terror, que les sale una película de arte y ensayo de terror atmosférico. Ah, y no hay tetas.









 

'Perros de paja' (1971): el hombre blandengue de Peckinpah

Perros de paja (1971) es una película británico-estadounidense dirigida por Sam Peckinpah, escrita por David Zelag Goodman y Peckinpah, y protagonizada por Dustin Hoffman y Susan George. Como en Deliverance (1972), Peckinpah mezcla distintos subgéneros dentro de Perros de paja: hay algo de cine de justicieros (ese mismo año se estrenó Harry el sucio), de terror rural y de home invasion, además de mucho drama.

Dustin Hoffmann interpreta a un astrofísico estadounidense, David Sumner, que se va a vivir con Amy, su mujer británica, al pueblo de ésta. La idea de los Sumners es vivir retirados en la vieja granja del padre de Amy mientras David continua con sus investigaciones, alejándose de la violencia urbana de EEUU. Lo que sucede es que Wakely, el pueblo donde está la granja y de donde es originaria Amy, no resulta tan apacible como cabría esperar.

En Perros de paja la violencia siempre está presente, al principio como ambiente opresivo y hostil, y al final como amenaza física directa. También aparece reflejado otro de los mitos preferidos de Peckinpah, que es la violencia como rito de paso. David, un personaje apocado al que su propia mujer considera un cobarde, acaba transformado a través de la violencia. El hombre civilizado urbanita que acaba abrazando las bajas pasiones y los instintos animales. No sobrevive el más apto, sólo lo hace el más fuerte. Otra de las constantes del cine de Peckinpah es el humor. Que David grite que no va a permitir la violencia en su casa mientras se está liando a mamporros es un buen ejemplo; o que proteja a un violador y pederasta después de que su mujer haya sido violada, es otro; por no hablar de que el violador de su mujer es el que quiere matar al otro violador por violador. Escenas de éstas tiene unas cuantas a lo largo de la película. Al final el protagonista no deja de ser un pequeño hombre patético que no se entera de nada y cuya única redención pasa por la violencia.

Perros de paja no termina de ser una película completamente redonda: tiene un guion confuso y algunos bajones de ritmo. Pero más allá de eso y de sus muchos méritos, está el de que resulta una película muy entretenida. Igual si me apetece ver a gente intentando entrar en una casa prefiero ponerme La noche de los muertos vivientes o Asalto a la comisaría del distrito 13, aunque como película sobre el uso de cepos en defensa propia en la mejor. Ya lo advertía Nacho Vegas cuando cantaba aquello de "se discute la capitulación mientras se aproximan carcajadas". Más allá de polémicas, Perros de paja es La gran broma final de Peckinpah. 






 invasiones casa

'Summerfield' (1977): cuando desaparecer no es un crimen

Summerfield es una película de terror y misterio australiana dirigida por Ken Hannam y escrita por Cliff Green. Hannam es un director que procede de la televisión, en la que desarrolló toda su carrera desde los años sesenta hasta los dos mil, y que entre el 75 y el 79 dirigió tres películas de cine, siendo la más destacada esta Summerfield. Lo mismo sucede con Green, que además de escribir esta película es responsable del guion de un clásico como Picnic en Hanging Rock (1975). Más de lo mismo sucede con el reparto encabezado por Nick Tate, John Waters y Elizabeth Alexander, procedentes del ecosistema televisivo australiano donde han desarrollado casi toda su carrera.

Simon Robinson, interpretado por Nick Tate, es el nuevo profesor de escuela de un pequeño pueblo australiano, Bannings Beach. Llega en sustitución de Peter Flynn, anterior profesor que ha desaparecido sin dejar rastro. Esta desaparición y el aparente desinterés de los habitantes del pueblo por esclarecer lo ocurrido con Peter hacen sospechar a Simon sobre lo que se oculta detrás de esta desaparición. Simon, que vive en la pensión del pueblo, se acuesta con la dueña, casada. Y a la vez, se enamora de Jenny, la madre de una de sus alumnas, Sally, a la que atropella con el coche de manera accidental. Aprovechando su convalecencia y para que no pierda muchas clases, Simon la visita en su casa, que está en la misteriosa isla de Summerfield, a la que se accede a través de un puente. En la isla viven con David, el hermano de Jenny y tío de Sally.

Aunque con muchos menos medios y recursos que Picnic en Hanging Rock, Summerfield está bien dirigida, cuenta con una muy buena fotografía, especialmente de los cielos y las playas, y tiene una más que interesante banda sonora. Además, su reparto es más que correcto, donde destacan Nick Tate y Alizabeth Alexander. Por si fuera poco, también está muy bien escrita: funciona estupendamente el mecanismo que pone en marcha el personaje de Simon al investigar la desaparición de Peter y que desembocará en la epifanía final. También está muy bien llevada la conexión entre esta desaparición y Summerfield, una isla que es un mundo en el que llevan viviendo los Abbott cinco generaciones.

Además de jabalíes asesinos, cazadores de cocodrilos y guerreros del desierto, el cine australiano también nos ha dado nuestra buena dosis de misterio y terror. En un país que es un continente, donde la naturaleza todavía es una amenaza y el clima hostil, desaparecer es fácil; y ser profesor, añado, difícil. Como en Wake in Fright (1971), puedes acabar dando clase, literalmente, en el culo del mundo; o puedes desvanecerte en una excursión como en Picnic en Hanging Rock (1975). En cualquier caso, lo más importante es tener en cuenta esto: desaparecer no es un crimen.





'Deliverance' (1972): "chilla como un cerdo"

Deliverance es una película dirigida por John Boorman y protagonizada por Jon Voight y Burt Raynolds. El guion corre a cargo de James Dickey, autor de la novela en la que está basada la película, con la aportación del propio Boorman en la reescritura de algunos diálogos. Es una película pequeña, con un reparto reducido en el que también figuran Ned Beatty y Ronny Cox, que con un presupuesto de apenas dos millones de dólares consiguió recaudar casi cincuenta.


Estrenada en 1972, Deliverance narra la historia de cuatro amigos que se van de excursión a los Montes Apalaches para descender el río en canoa. Lo que no saben es que su fin de semana se va a ver convertido en un infierno del que va a ser difícil escapar. El líder del grupo es Lewis, personaje interpretado por Burt Reynols. Hombre de acción de pelo en pecho, él ya era un prepper y un survivalista antes de que se pusiera de moda. Todavía faltaba un año para los Acuerdos de París que pusieran fin a la Guerra de Vietnam y para la primera crisis del petróleo, pero como muchas películas de principios de la década, en Deliverance ya se anticipa el fin del sueño hippie. Será Ed, el amigo de Lewis, apocado oficinista y hombre de ciudad el que se convierta en el verdadero antihéroe de la película. No hay Estado ni ley, la justicia no funciona, sólo hay individuos luchando por sobrevivir.


Los cuatro protagonistas de Deliverance son hombres de ciudad fuera de su medio. Incluso para Lewis, el teóricamente  más preparado para sobrevivir en territorio hostil, el reto le viene grande. Deliverance pudo estar dirigida por Sam Peckinpah, entendible por la violencia de la historia, pero Boorman realiza uno de sus mejores trabajos que hace no echar de menos la mano de Peckinpah. La película tiene varias escenas icónicas, como el duelo de banjos del principio, que sirve para señalar lo fuera de lugar que están los personajes (un niño desarrapado con su banjo hecho a mano compite tocando contra Drew y su cara guitarra), o la escena de la violación de Bobby a manos de dos habitantes de las montañas, que desatará los acontecimientos que conviertan una inocente excursión en una lucha por sobrevivir.


La importancia de Deliverance es capital para el cine de género, ya que codificó algunos tropos que dieron lugar a un subgénero hasta entonces desconocido, el del cine de supervivencia en un entorno rural. Películas como La matanza de Texas (1974), Rituals (1977), Presa Fácil (1981), Las colinas tienen ojos (1977) o Largo fin de semana (1978) no existirían sin el éxito que supuso Deliverance. El viaje de Ed, Lewis, Bobby y Drew a través del río Cahulawassee es como el viaje en barco del capitán Willar en busca del coronel Kurtz, quizás menos poético pero igual de violento.





 

'La amenaza de Andrómeda' (1971): el método científico

La amenaza de Andrómeda es un tecno-thriller de ciencia ficción dirigido por Robert Wise. Un director en activo durante casi seis décadas que lo mismo te dirigía Sonrisas y lágrimas y West Side Story como La Mansión encantada de Shirley Jackson o una serie B en toda regla como Ultimátum a la Tierra. Además de dirigir una de las mejores películas de Paul Newman, Marcado por el odio, cuyo título en castellano le da mil vueltas al Somebody Up There Likes Me original.

La película está basada en la novela del mismo título de Michael Crichton. De hecho, es la primera adaptación a la gran pantalla de su obra. Aunque habría que esperar a Spielberg y los noventa para que aumentara su popularidad. La amenaza de Andrómeda cultiva ese género tan querido por Crichton, el tecno-thriller. Otra de sus adaptaciones setenteras que ha tenido mejor fortuna en formato serie en los últimos años es Westworld. La propia La amenaza de Andrómeda conoció nueva vida en los dos mil con una miniserie producida por Ridley Scott, aunque con mucho menos éxito que Westworld. La miniserie incluía giro loco final con paradoja temporal y viajes en el tiempo. Mini punto para serie.

La amenaza de Andrómeda narra la historia de cómo un equipo científico combate un virus extraterrestre. En un pequeño pueblo de Nuevo México se estrella un satélite, pero este, en su reentrada a la Tierra, contiene un regalo inesperado: un virus que acaba con toda la población del pueblo, excepto un viejo borracho y un bebé. Un equipo científico será el encargado de investigar y acabar con esta amenaza en un moderno laboratorio lleno de cámaras, botones, luces de colores y ordenadores. La historia, que transcurre en cuatro días, es una lucha contrarreloj para evitar que el virus se expanda y acabe con toda la población. Para añadir una pizca más de emoción, el laboratorio tiene un sistema de autodestrucción en caso de contaminación que detona una bomba nuclear. La única manera de pararlo es desactivándolo manualmente, para lo cual uno de los científicos tiene una llave que ha de usar para desarmar el mecanismo.

El futuro ya está aquí

La película, que se va a las dos horas y pico, tiene un ritmo vertiginoso. Además de una dirección y realización muy de la época. Se incluyen infografías, pantallas divididas ofreciendo distintos puntos de vista y un carrusel de nuevas tecnologías. De hecho, una buena parte del metraje se dedica a mostrarnos este laboratorio de tecnología punta. Cuenta con cinco niveles, y con la excusa de que tienen que pasar por descontaminación cada vez que acceden a un nivel, acompañamos al equipo científico en su tour por el laboratorio. Un laboratorio cuyo diseño veríamos en replicado en la primera Resident Evil de Paul W. S. Anderson. La Colmena de Umbrella Corporation está basada en el laboratorio Wildfire de La amenaza de Andrómeda

Daft Punk en los setenta

Esta feria tecnológica a la que asistimos es uno de los tics de Crichton, y es lo que puede hacer que la película se haga un poco cuesta arriba. También es Crichton el responsable de los numerosos agujeros de guion. Una de las escenas más impactantes es la llegada del equipo científico al pueblo. Los buitres están devorando los cadáveres de sus habitantes. Sin embargo, los buitres no se contagian como sí lo hacen los animales de laboratorio. Y qué más da. Aquí lo importante es cómo se desarrolla la investigación. Por eso creo que la actitud correcta para ver la película es dejarse fascinar por la historia de Crichton y por la realización de Wise. Además, después de marzo de 2020 la película cobra otro sentido.