Nueva Ficción Extraña Latinoamericana X: 'La nación de los sueños diurnos' [ARGENTINA]
La nación de los sueños diurnos (2026) es la última novela del argentino Juan Mattio, publicada por la también argentina Caja Negra. Como en el caso de Materiales para una pesadilla (2021), su anterior novela, de la que hace unos meses escribí por aquí, La nación de los sueños diurnos sigue explorando las ruinas del pasado que habitamos en nuestro presente. Juan Mattio es uno de los autores más hauntológicos de la literatura actual y a través de la estética del fragmento es capaz de capturar la época que dibujan los fantasmas de esos futuros truncados que nunca fueron. Vivimos en las ruinas de un pasado político derrotado hace más de medio siglo y ahí seguimos, entre melancólicos y desconcertados.
La nación de los sueños diurnos narra la irrupción de una plaga de tumores cerebrales en un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires. La investigación sobre estos hechos se constituye como la parte central de un libro que, como en el cuento de Borges, se bifurca en distintas temporalidades y realidades. Ya en su anterior novela Juan Mattio jugaba con las temporalidades y la estructura fragmentaria, pero en La nación de los sueños diurnos va un paso más allá. Juan Mattio se sirve de informes periciales, médicos, jurídicos, de testimonios, entrevistas y otros fragmentos como estructura y constelaciones que dan sentido a una trama desordenada. Los distintos discursos que se dan cita en la novela, la ciencia, la religión, el Estado, no sirven para explicar la realidad de lo que sucede, no son suficientes. Es otra de las obsesiones de Mattio, el lenguaje que se nos presenta como algo opaco. La confianza en la transparencia de las palabras se quiebra con la existencia de un inconsciente que produce sentido en nuestro discurso por fuera de nuestra voluntad. La realidad es que tú quieres decir una cosa y dices otra —lapsus—, que es el sentido que tu inconsciente le dio. El lenguaje es opaco y se convierte en una entidad ominosa que está pensando por encima del dominio de nuestra consciencia. Para Mattio así es como circula el deseo social, cómo se desean formas despiadadas de poder que llegan determinadas por el tipo de lenguaje al que nos exponemos y cómo este afecta nuestra forma de pensar. Vivimos un presente en el que estamos expuestos a una sobresaturación de discursos y a lo que Luis Ignacio García llama en Fascismo cosplay desjeraquización del discurso público: la opinión de un terraplanista vale lo mismo o más que el saber de un científico. Esa crisis de los distintos discursos —ciencia, política— la refleja Mattio en su novela.
Mattio, en esa idea de que la mejor manera de conocer una época es conocer sus delirios, coge la teoría del internet muerto y la empuja un poco más allá. En la novela la realidad se resquebraja por el ingreso de materia hipersticional en nuestro mundo. Los llamados «anhelos generativos» producirán la Voodoo Connection, que propicia la posibilidad de un enlace entre datos digitales y personas. Es la ingeniería de la manifestación. En La nación de los sueños diurnos una grieta que se abrió a sí misma acumulando los errores y protocolos automatizados desde 1969 con ARPANET amenaza la realidad. Cuando la anomalía ingrese la cantidad suficiente de materia hipersticional en nuestro mundo dejará de ser virtual, llegaremos al punto de no retorno en el que nuestra realidad se quiebra.
Lo que sí está presente en La nación de los sueños diurnos que no estaba en Materiales para una pesadilla es el juego. Muchos de los títulos de los capítulos remiten a tiradas del tarot o citas de la biblia que podemos investigar por nuestra cuenta y que complementan el significado de lo que estamos leyendo. Que Mattio haya borrado las fechas de todos los documentos oficiales que intercala en la narración también tienen que ver con esa parte lúdica de despistar al lector que quiera hacer el ejercicio de intentar leer el libro reconstruyendo una temporalidad lineal. Otra de las partes más entretenidas y divertidas de la novela es reconstruir a través de los fragmentos de una investigación lo que realmente sucedió. La nación de los sueños diurnos es un libro donde no se hace pie hasta bien avanzada la novela. Como el cine de Lucrecia Martel, La nación de los sueños diurnos —y Materiales para una pesadilla— está escrita para el futuro. Son los procesos cognitivos complejos los que tienen la capacidad de despertar emociones. Lo abstracto, los objetos culturales lo suficientemente complejos son los que nos pueden sacar del entretenimiento puro y las pasiones tristes. Vivimos entre dos ideas de cultura: el entretenimiento que nos alivie del mundo o los objetos complejos que nos ayuden a salir de la alienación. El gusto es social, no un don natural, y frente a la homogeneización y la parálisis cultural de remakes, reinicios, precuelas, secuelas y refritos varios, se agradecen propuestas como las de Juan Mattio.
Hace cien años, a la vez que surgían proyectos políticos autoritarios, vivimos un auge del fantástico europeo de la mano de autores como Jean Ray, Franz Kafka, Maurice Renard, Leo Perutz, Alexander Lernet-Holenia, Stefan Grabinski, Gustav Meyrink y Karel Capek, eso sin contar con el pulp del otro lado del Atlántico que venían cocinando H. P. Lovecraft y su círculo y lo que llegaba del otro lado del Canal de la Mancha con autores tales como Lord Dunsany, M. R. James, Algernon Blackwood y William Hope Hodgson, por decir algunos nombres. Hoy, cien años después, vivimos otro auge de las pasiones tristes fomentado y aprovechado por los mismos nos llevaron al desastre en el siglo XX. La literatura que captura esta época no la encontramos en los autores y autoras europeos, británicos y estadounidenses, sino que al contrario de lo sucedido en el siglo XX, esta vez nos viene de la periferia.
Mattio, Juan (2026). La nación de los sueños diurnos. Caja Negra.
With my idle hands
There's nothing I can do
But be the Devil's play-thing, baby
And know that I've been used
Her lips are cold
They suffer me
They drag me under, baby
Into your suffering
Let your hands
Do what they will do
Stand inside
Make your maker's move
And your eyes don't look the same
They seem enervated, in denial
Cast like stones
Like you been rode for miles
Rode for miles





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