Materiales para una pesadilla es una novela del escritor y editor argentino Juan Mattio. La novela fue publicada por Aquilina en 2021, aunque le debemos a Caja Negra el que pusiera el texto en circulación otra vez en 2025, dándole una nueva oportunidad de encontrar lectores. Entre medias, le dio tiempo a ganar el Premio Filba-Medifé en 2022, otorgado por un jurado en el que participaba Mariana Enriquez. Un fenómeno similar ocurrió en el Premio Clarín: el de 2024 fue para Robi Chuit Roganovich —con Enriquez y Schweblin en el jurado— y el de 2023 recayó en Luciano Lamberti —con Schweblin y Shua a cargo del veredicto—. De este modo, Mariana Enriquez y Samanta Schweblin se confirman no sólo como las grandes voces dentro del género, sino como arte y parte en su difusión.

Materiales para una pesadilla es una novela cyberpunk hauntológica, quizás la obra más lograda dentro de la nueva ficción extraña argentina, que mira al mundo y a la modernidad no desde sus triunfos, sino desde sus sombras, sus restos y sus fantasmas. En la narrativa no-lineal del libro, en un continuo ir y venir, Mattio pone a dialogar al pasado con el futuro y viceversa. Uno de los protagonistas, Keiner, es el que tiene que armar los materiales de la investigación sobre un dispositivo de escuchas telefónicas, llamado Hermes, usado por la dictadura argentina para perseguir la disidencia. Tanto la existencia de este dispositivo ucrónico como su uso se conectan con el presente de Keiner en 2036 y 2040, donde la sociedad vive inmersa en otro dispositivo tecnológico, el Treffen, una especie de realidad aumentada a lo Matrix y controlado por grandes corporaciones. Este Treffen fue diseñado por Haruka, una programadora japonesa, que después de perder el control sobre su creación decide pasar a la clandestinidad y rebelarse contra la corporación para la que trabajaba creando Die ToteninselLa isla de los muertos—, donde los bots de las personas fallecidas comienza a actuar de manera autónoma. Aquí los fantasmas del pasado comienzan a dialogar con el futuro, en un viaje de vuelta después de que Haruka creara este Treffen investigando y dialogando con los fantasmas del pasado que crearon Hermes, la oscura escuela Lingüística argentina que trabajó para la dictadura.

Cualquier parecido con La isla de las tentaciones es mera coincidencia. De verdad.

Además de no-lineal en cuanto a su temporalidad la novela también usa una estructura fragmentaria, de archivo roto. Los distintos materiales de la investigación con los que trabaja el protagonista —entrevistas, cintas de casete, apuntes personales, conversaciones, citas de libros...— son también el rompecabezas que debemos armar los lectores. Leer Materiales para una pesadilla es tratar de montar esos materiales dispersos a través del tiempo —años setenta y ochenta, primeras décadas del siglo XXI— y dotarles de algún sentido, o al menos intentarlo. Se trabaja en la novela la idea del lenguaje como virus y también como forma de construir realidad de una manera hipersticional. Las relaciones sociales capitalistas circulan a través del lenguaje porque el lenguaje es inconsciente, es deseo. Como se dice en algún momento en la novela, «el lenguaje es un material opaco». Eso quiere decir que no somos dueños completos de lo que decimos, siendo el inconsciente el que nos hace decir más o menos cosas. En la novela es lo que utilizan los lingüistas y escritores que trabajan para la dictadura creando un dispositivo de escuchas telefónicas capaz de discernir entre un lenguaje consciente y otro inconsciente. Es la idea del psicoanálisis lacaniano y del posestructuralismo que dice que el sujeto es un efecto constituido en los procesos del inconsciente. El lenguaje nos preexiste, crea el pensamiento, no al revés. Nuestras palabras no son nuestras, las heredamos. ¿Puede una máquina existir realmente si carece de inconsciente, si la producción de sentido se hace mayormente desde ese inconsciente? 

Florentino Pérez recalificando terrenos después de la destrucción de Herculano y Pompeya

La novela de Mattio, por si no ha quedado claro hasta ahora, es una novela de ideas, filosófica, pero estructurada a través de de fragmentos desarticulados, donde no existe algo lineal y sistematizado que podamos llamar verdad. De igual manera funciona la memoria, que no es algo estático, sino un territorio en disputa como el lenguaje, habitado por fantasmas. Como los fantasmas del gótico, los traumas del pasado no resuelto vuelven a nuestro presente, nos persiguen. Hermes primero y Treffen después son el ejemplo de como el Estado en un caso, el Capital en otro, producen y capturan nuestras subjetividades. Ya sea un dispositipo de escuchas telefónicas o el software de realidad virtual definitivo, los dispositivos de control siguen funcionando y son portadores, como los protagonistas de la novela, de las relaciones sociales de producción. Y aunque nada escapa al capital, todo y todos estamos subsumidos en él, siempre existen grietas, puntos de fuga del capitalismo que aprovechar.

Cuando da más miedo buscar nuevo piso de alquiler que contemplar lo sublime

Para los formalistas rusos el arte verdadero era aquel con la capacidad de producir extrañamiento; Saramago decía  «Yo no escribo para agradar ni tampoco para desagradar. Escribo para desasosegar»,  que es una forma de parafraseando lo que decían los formalistas rusos. Juan Mattio en Materiales para una pesadilla consigue precisamente eso: generar un extrañamiento, desasosegar al lector. Materiales para una pesadilla es un libro que deja resaca después de leído, no por denso o porque exija una lectura muy atenta, sino por lo que dice y cómo lo dice. Es una forma de ciencia ficción que se mueve entre el fandom de navecitas espaciales y el de propuestas mainstream como la de Kentukis de Samanta Schweblin, en el terreno de lo raro y lo extraño. Bebe del realismo capitalista y la hauntología de Mark Fisher, de las arqueologías de Fredric Jameson, de Lacan y de Althusser, del marxismo gótico de Benjamin y Löwy, de las novelas de Gibson y los cuentos de Borges, pero también y sobre todo de las teorías literarias de Ricardo Piglia. Mattio es el cicerone en un viaje laberíntico por el desierto de lo real donde la epifanía, de haberla, no llega con una catarsis. Entre ruinas y espectros del pasado, como un eco persistente, están los fantasmas del futuro. 

Mattio, Juan (2025). Materiales para una pesadilla. Caja Negra.

Through a fault of our designing we are lost among the windings
Of these metal ways
Back to silence back to minus with the purple sky behind us
In these metal ways
Nobody hears us when we're alone in the blue future
No one receiving the radio's splintered waves
In these metal ways
In these metal days