Cartografía de lo extraño: Cristina Fernández Cubas, Robert Aickman y Louise Glück
Lo que no se ve (2025) es la antología de cuentos más reciente de la española Cristina Fernández Cubas. Libro que sumado a la anterior recopilación, La habitación de Nona (2015), deja bastante desfasado el Todos los cuentos (2008) que publicó Tusquets hace dos décadas. A ver si en algún momento a la editorial le da por actualizar ese libro y dejar de engañar a la gente.
En un momento histórico en el que todo tipo de narrativas —da igual el medio— tienden a sobreexplicar, es de agradecer que Fernández Cubas opte por sugerir más que contar y por dejar sacar sus propias conclusiones a los lectores. El misterio es todavía más misterio gracias a la ambigüedad de lo no dicho. La autora es también una especialista —la jefa— en introducir los elementos que alteran y transforman la realidad. Esa otredad, ese otro mundo de diferentes reglas, es algo que se manifiesta muy gradualmente hasta invadir la totalidad de la realidad en la que habitan sus personajes. Como en la obra de otro grande, Julio Cortázar, la otredad en Fernández Cubas contribuye a fortalecer el extrañamiento de lo fantástico respecto de la realidad en la que aparece. Penetra de una manera sutil y difumina la frontera entre fantasía y realidad. Además lo hace partiendo de lo cotidiano, lo que todavía convierte sus narraciones en algo más perturbador. A ese respecto, podemos considerar a Fernández Cubas como la gran tapada de la literatura de terror en castellano. Su obra está a la altura de las grandes obras de la literatura universal. Si te gusta el fantástico y el terror, si disfrutaste leyendo a Julio Cortázar y Lisa Tuttle, si la gozas con la literatura de las señoras latinoamericanas, Cristina Fernández Cubas y Lo que no se ve te va a encantar.
La celebración del centenario de su nacimiento en 2014 trajo aparejada la reedición de su obra en castellano, dándolo a conocer a nuevas generaciones de lectores. La industria editorial en castellano no es tan rica en términos económicos como su contraparte anglosajona, pero sí es rica en talento y grandes profesionales, siempre muy atentos. Así ha sido como desde México, Argentina y España se han publicado diferentes antologías y reediciones de la obra de Aickman.
Los relatos de Aickman son narraciones extensas, acercándose al terreno de la novela corta. Pero una de las características fundamentales, y esta es una gran diferencia respecto a Cristina Fernández Cubas, es su concepto de lo extraño. Los personajes de sus cuentos no ven invadida su realidad por un elemento extraño, sino que se sumergen de lleno en otro universo donde lo extraño es la norma. Aquí entra en juego otra de los rasgos distintivos de su narrativa: el movimiento. Sus personajes viajan, generalmente por motivos laborales, pero también por ocio. No es que su cotidianeidad se vea alterada por un elemento fantástico, es que su viaje les lleva a otro mundo. Las amigas viajando por vacaciones, el cartero haciendo la ronda, el comercial perdido por la noche, la visita a una feria en una ciudad desconocida... todos los personajes realizan un viaje en el que abandonan la realidad de nuestro mundo y se sumergen en otro. Como los protagonistas de El proceso y El castillo, la mayoría de los personajes de Aickman aceptan la nueva realidad y sus nuevas reglas con pasividad, sin luchar. Y ahí, en ese abandono, es donde se manifiesta el terror. Existe la resolución en las historias de Aickman, pero no la catarsis. Es ese abandono antes mencionado, la pasividad del dejarse llevar, lo que resuelve la narración. Como lectores no entendemos las reglas de ese universo fantástico en el que se sumergen los personajes, pero porque ni ellos mismos las entienden. Nos vemos arrastrados a una realidad extraña.
El título que da nombre al libro es el usado por la mitología clásica para referirse a la entrada al inframundo: Averno. Glück revisita el mito de Perséfone, hija de Zeus y Deméter. Su rapto por Hades y el posterior pacto, pasando Perséfone a dividir su tiempo entre su captor Hades —otoño e invierno— y su madre Deméter —primavera, verano—, es el origen de las estaciones. Glück utiliza el mito griego para hablar de la relación con su madre, con los hombres y con su propia maternidad, dando voz propia y fundiéndose con ella a Perséfone, que en la mitología clásica sólo ha sido objeto y nunca sujeto. La autora reflexiona sobre el control materno, que sólo termina cuando se somete a otro control, el del marido. Y la única posibilidad de ejercer algún tipo de control es sobre los hijos, nunca sobre una misma. Glück, a través de Perséfone, se rebela contra esto, adentrándose en el Averno con la esperanza de resurgir de él con su propia identidad, con la capacidad de trascender sus propias circunstancias. Perséfone quiere ser ella misma, no ser la que sus relaciones con los demás —madre, marido, hijos— quieren que sea —hija, esposa, madre—.
En el libro, Glück propone una estructura circular: el descenso al inframundo y el posterior ascenso, en lo que parece ser un ciclo sin fin de repeticiones. A través de preguntas a las que no da respuesta, o al menos una respuesta que consideremos satisfactoria, y con la mezcla de tiempo real y tiempo mitológico, Glück crea una atmósfera de fatalismo, de tierra baldía en la que habitamos y de la que no hay salida. Lo eterno y lo cotidiano van de la mano en Averno. Su estilo es directo, sin adornos, en versos libres que se encabalgan unos detrás de otros, a veces de manera abrupta, en esta estructura circular sin fin. El mundo que nos presenta es un mundo lleno de dualismo: luz/oscuridad, memoria/olvido, cuerpo/alma... Como sucede en las obras de Fernández Cubas y Aickman, lo importante en Glück muchas veces es lo que no se dice, lo que sólo se siguiere.
Fernández Cubas, Cristina (2025). Lo que no se ve. Tusquets.
Aickman, Robert (2022). El Asilo y otros relatos de los extraños. Perla Ediciones.
Aickman, Robert (2022). El Asilo y otros relatos de los extraños. Perla Ediciones.
Glück, Louise (2011). Averno. Pre-Textos.
Que aqui nunca vai dar
Nada há de ser
Bateu o destino, é nascer pra morrer
Nunca vai dar
Nada há de ser
Bateu o destino, é nascer pra morrer







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