La senda de la serpiente (1998) es una película dirigida por Kiyoshi Kurosawa (el Kurosawa bueno). Kurosawa es con diferencia el más autor de la nueva ola del cine japonés de los ochenta y noventa. Kurosawa es de los que se curtió en el V-Cinema, los directos a vídeo que se producían como churros en los ochenta, dirigiendo pinku eigas, pelis de yakuzas y pelis de terror.

La senda de la serpiente es un thriller de yakuzas bastante peculiar. El argumento gira alrededor de la venganza de Miyashita, un yakuza de bajo rango. Su hija de ocho años es secuestrada y torturada, pero no se sabe el porqué ni el quién lo hizo. Acompañado por un misterioso personaje, Nijita, se dedicará a secuestrar y a matar a todos los implicados en el asesinato de su hija.


Lejos de grandes escenas de acción, lo que destaca en La senda de la serpiente es la suciedad y la crudeza. Como en otra de sus películas más conocidas, Kairo (2001), La senda de la serpiente está ambienta en unos escenarios urbanos posindustriales, deprimidos, sucios. También tiene en común con esta Kairo  cierto nihilismo. La venganza es un acto vacío, al igual que la violencia, escasa pero cruda. Al final, como en Kairo, los personajes están aislados y alienados. La relación entre estos dos protagonistas, que va ganando en ambigüedad según avanza el filme, es la base sobre la que se construye la tensión dramática. La película tendría un remake en 2024, dirigido por el propio Kurosawa.


Soft Skin (1998) está dirigida por Hisayasu Sato y escrita por Sato en colaboración con Kyoko Godai. Como en el caso de Kurosawa, Sato se curtió en el mundillo de los directos a vídeo de Japón, dirigiendo infinidad de pinku eiga en los ochenta, elevándolo en algunos casos a cine de autor. Siguió en este camino del cine de guerrilla alejándose de este subgénero —pinku eiga—y explorando temas como la alienación y la represión sexual en la sociedad japonesa desde otros ángulos. A veces, como en el caso de Naked Blood (1995), Sato mezcla géneros con resultados únicos.

Soft Skin trata sobre un ama de casa, esposa y madre, que se echa un amante más joven y simula junto a este un secuestro para llamar la atención de su familia. Una familia completamente disfuncional, con un marido chupatintas que sólo tiene tiempo para su trabajo, un hijo centrado en los estudios, una hija como presentadora de un programa sensacionalista de crímenes y otra hija aún adolescente con problemas alimenticios y que proporciona sesiones de sado a señores mayores. 

Con un estilo de mucha cámara en mano, con zoom torpes que van a trompicones y fotografía quemada en algunos casos, Sato elabora un discurso transgresor que va más allá de la mera provocación. Los personajes de Soft Skin son patéticos y tan egoístas como la sociedad alienada que los creó en primer ligar, y Sato no muestra compasión por ello. Más bien se dedica a diseccionar las distintas capas con ánimo de voyeur. En Soft Skin la tecnología que debía servir para conectar a una familia, los busca y los primeros teléfonos móviles, sirve para todo lo contrario. Como en el caso de la hija pequeña y su trastorno alimenticio, cada personaje se deja llevar por sus impulsos más primarios. Así luce una dramedia sobre una familia disfuncional para Sato y así luce el grano del VHS en lo noventa. 

Tienes una lengua en el ojo

Visitor Q (2001) está dirigida por Takashi Miike y escrita por Itaru Era. Miike completa esta trilogía de directores nacidos entre 1955 y 1960 que se curtieron en los directos a vídeo de los ochenta y noventa. Kurosawa es el más esteta, el que sabe dirigir y crear atmósferas, Sato tiene un punto entre Cronenberg y la vanguardia, y finalmente Miike es la máquina de churros del cine extremo.

Si Soft Skin de Sato trata sobre una familia disfuncional, Miike no se queda corto en Visitor Q. El padre, antiguo reportero de calle, se acuesta con su hija, que además se prostituye. La madre también se prostituye, es heroinómana y sufre los abusos de su hijo adolescente, y este a su vez padece bullying por parte de sus compañeros de clase. A esta familia se le une un buen día Q.

Está grabada en 4:3 con cámara digital y pocas florituras. También los personajes del padre y la hija se graban, especialmente el padre, que documenta lo que hace su familia, acercándose la película al falso documental. Está grabada cámara en mano, con el típico movimiento y tembleque de la cámara. Ese estilo de cine murió cuando introdujeron y mejoraron los estabilizadores en cuerpo y objetivos, pasando las handycam, aunque conserven el nombre, a mejor vida.

Una de las mejores frases del cine japonés

Miike desarrolla en Visitor Q una sátira bastante ácida sobre la familia tradicional japonesa. A su manera, pasando por el tamiz del surrealismo el erotismo y lo grotesco, Miike da un «final feliz» a sus personajes. Incesto, necrofilia, maltrato, drogas, asesinatos, lactancia en adultos, violaciones... la vía de la transgresión es el impulso que el misterioso visitante Q da a cada miembro de la familia, de manera individual, para volverlos a unir. Cada tabú roto es precisamente una denuncia de los problemas de la sociedad japonesa, que en el caso de Miike los lleva a un extremo y con ello nos interpela como espectadores. Puede parecer una película que sólo busca provocar por provocar, y es cierto que Miike va a volumen 11 todo el rato, pero existe un subtexto que la hace bastante actual e interesante.