Starfish es una película escrita y dirigida por el británico A. T. White y protagonizada por Virginia Gardner. Se trata del primer y hasta ahora único largometraje de White, además de tratarse de un proyecto de autor que trata un tema bastante personal: el duelo por la muerte de una amigo. Gardner sí es un rostro algo más conocido, ya que se ha dejado ver en unos cuantos proyectos de género, generalmente como secundaria.
El gancho de la película es el subtítulo que usó para promocionarse: una chica, una cinta y el fin del mundo. Es muy de escuela de escritor/guionista, pero funciona. También lleva a engaño, veremos por qué. Starfish narra la historia de Aubrey, el personaje interpretado por Gardner, que acude al funeral de su mejor amiga, Grace. Después del funeral se cuela en su apartamento, donde se queda dormida, para descubrir al día siguiente que ha caído una nevada de tres pares y que el mundo ha llegado a su fin. Además, el fin del mundo tiene tintes lovecraftianos: Existen unas frecuencias en las ondas de radio que son las responsables de abrir unos portales a otra dimensión donde de donde salen unas especie de monstruos similares a los de Strange Things que se cargan a todo bicho viviente. Grace, su amiga, lo sabía, y a través de distintos escenarios Aubrey tendrá que recuperar y escuchar las cintas que le ha dejado si quiere salvar el mundo.
Cinta con los éxitos de Mecano
Las primeras cosas que llaman la atención en Starfish son lo visual y el uso de una tecnología analógica como las cintas de casete. Por un lado, White escoge un look dreamy, introduciendo grano/ruido digital, que en este caso, no queda mal. Creo que funciona porque no trata de darte gato por liebre copiando un determinado look, sino que la apariencia es parte del mensaje. Luego está lo de los casetes. La película sucede en un no-tiempo. Como en It Follows, donde convivían tecnologías de distintas épocas, en Starfish el usa de las cintas de casete refuerza la parte audiovisual. Son un recurso narrativo que sirve para hacer avanzar la trama, Aubrey tiene que desplazarse y buscarlas, pero también son parte importante de cómo luce y cómo suena la película. Lo visual, con ese grano digital, y el recurso narrativo de las cintas de casete, que también introducen otro ruido, el hiseo característico al reproducirlas, son parte de este viaje emocional que propone White en Starfish.
Tu serie de animación sobre el fin del mundo
Decía que el gancho con se promocionó la película puede llevar a engaño: sí, empieza como una película —otra más— sobre el fin del mundo, pero es otra cosa. A través de la búsqueda de las siete cintas escondidas por Grace, reconstruiremos la relación de Aubrey con ella, así como partes del pasado reciente de Aubrey. Cada parte funciona como un segmento, en algunos casos la inmersión en la señal que contiene la cinta por parte de Aubrey nos llevará a partes animadas. Desde el principio, pero muy poco a poco, nos vamos alejando de esa idea de cinta apocalíptica para acercarnos más a lo que realmente es Starfish, una película sobre el duelo. Además, es una película sobre el duelo bastante peculiar, ya que trata el tema desde las sensaciones, intentando crear un estado de ánimo en el espectador. No se trata de una película con una narrativa coherente, de las de tres actos con su planteamiento, nudo y desenlace. Claro que está esa narrativa presente en la película, pero lo sensorial es más importante, el sentir el duelo y sus fases con la protagonista. Por ello creo que existe tanta confusión en cuanto a expectativas y se ha convertido en una película que genera bastante rechazo. Simplemente esperas ver una cosa muy diferente a lo que realmente propone White con Starfish.
Que si quiero o que si tengo
El fin del mundo es la metáfora que se utiliza en Starfish para hablar del fin de la vida de un ser querido y su duelo. La culpa, la pena, la rabia, son partes del viaje que propone White en esta particular y peculiar película sobre el duelo. Todo esto reforzado y envuelto en una parte audiovisual y sonora que nos invita a sumergirnos en este viaje de sensaciones. Es como ver Melancholia de von Trier pero sin gente rica en una mansión. Y menos turras. Por eso y porque es realmente bonita, Starfish merece el viaje.
Manuel Mujica Láinez (1910-84) fue un escritor argentino hijo de familia aristocrática. Para los que gustamos del fantástico, Mujica Láinez escribió unas cuantas novelas en las que mezcla Historia y fantasía. El unicornio (1965) es una de esas novelas. Ambientada en el siglo XII, narra la historia de la hada Melusina y de su amor por uno de sus descendientes, el joven Aoil. Melusina de Lusignan, hada enamoradiza, es la protagonista absoluta de esta novela que tiene como telón de fondo la Francia medieval y las cruzadas.
Mujica Láinez utiliza un lenguaje cuasi modernista, al que se puede tildar de manierista.Una cadena de oraciones subordinadas sin fin, una prosa florida y rica en adjetivos, un estilo deliberadamente arcaico... No es fácil entrar de primeras en la novela, la prosa de Mujica Láinez te pasa por encima. Las frases culebrean por el laberinto que es la novela, abrumando y fascinando a partes iguales.
Mujica Láinez demuestra un conocimiento alto en historia y literatura medievales. No en vano se educó entre Argentina, Reino Unido y Francia. Cita unas cuantas veces a lo largo de la novela las obras de Chrétien de Troyes, Marie de France y Béroul. Entre cómo se enseña la literatura en el sistema educativo español y lo poco atractiva que es en ese periodo, solemos desdeñar la Edad Media pensando que todo son poemas épicos. La literatura medieval tiene obras muy interesantes de leer, no sólo como curiosidad histórica, sino por la capacidad de entretener que todavía suscitan.El unicornio recrea no la Edad Media, sino la idea de Edad Media que emana de la obra de los anteriormente citados Chrétien de Troyes, Marie de France y Béroul.
El escarabajo (1982) es, quizá, la obra más redonda y conocida de su autor, publicada unos años antes de morir este. Se trata de otra novela histórica, como El unicornio, pero alejada de los clichés del género. Narra la historia de un escarabajo de lapislázuli, regalo de Ramsés II a su esposa favorita, Nefertari, que dotado de vida y conciencia gracias a un hechizo del hermano pequeño del monarca, pasa de dueño en dueño a través de los milenios. Primero engarzado en un brazalete, luego decorando un anillo, es testigo de distintas épocas y acontecimientos históricos, aunque el escarabajo también sufre vicisitudes como un naufragio, que lo arrojan al fondo del mar, o varios enterramientos en los que acompaña a su dueño a la tumba.
La originalidad de la obra es la de crear este narrador no-humano, el escarabajo de lapislázuli. Esa voz narrativa, que en cierta medida crece, se desarrolla y se hace adulta a lo largo de la obra, es la que observa, reflexiona y transmite sus pensamientos y experiencias al lector. Su historia transcurre desde el Egipto de los faraones, la Atenas clásica y la Roma de Julio César hasta Roncesvalles, la mítica Avalón, la Venecia de los Polo, la Roma renacentista y la actualidad contemporánea, entre otros, en un viaje que podemos describir como circular. Es el propio Mujica Láinez, último dueño del escarabajo, el encargado de poner por escrito su accidentada vida.
La prosa de Mujica Láinez en El escarabajo es similar a la que usó en El unicornio, a pesar de las casi dos décadas que separan la publicación de los dos libros. Un lenguaje rico, prolijo, casi tan detallista como abrumador, que culebrea como un ouroboros por todo el libro, con una fina ironía que talla una sonrisa en el lector. Sin embargo, no es sólo el estilo, la manera de narrar lo que une estas dos obras, es también el vitalismo y el optimismo, las ganas de vivir que transmite Mujica Láinez. Un autor que como el escarabajo de lapislázuli vive, y lo hace porque como este, pasa de mano en mano, de un lector a otro, trasladando un mensaje cada vez más necesario: el del triunfo de la belleza sobre el caos y lo efímero de la vida. Como en este aforismo de los antiguos navegantes portugueses reformulado por Pessoa, «vivir no es necesario, lo que es necesario es crear».
Mujica Láinez, Manuel (1965). El unicornio. Seix Barral.
Mujica Láinez, Manuel (1982). El escarabajo. Plaza y Janés.
Peligro: reacción en cadena (1980) es un thriller conspirativo australiano escrita y dirigida por Ian Barry. Los italianos no eran los únicos que cogían ideas de fuera y las reciclaban dándoles un sabor local, y aunque Peligro: reacción en cadena parece El síndrome de China (1979) versión australiana sin Jack Lemon ni Jane Fonda, no es el caso. Se la suele catalogar de copia y explotación de esa película, aunque la producción del film empezó antes. También se la relaciona con Mad Max (1979), a veces queriendo dar a entender que es una copia de ésta, cuando lo que sucede es que comparten reparto —Mel Gibson aparece haciendo un cameo— y George Miller, director de Mad Max, figura como productor asociado. El cine de explotación australiano es una cosa completamente diferente y Peligro: reacción en cadena es un thriller con todo el sabor de los setenta.
Peligro: reacción en cadena es la historia sobre un accidente nuclear en una remota región de Australia —¿no lo son todas?— que la empresa y el gobierno quieren ocultar. Un empleado quiere dar a conocer la verdad pero es perseguido y cae enfermo debido a la radiación. Por si eso fuera poco, sufre de amnesia. Será atendido, cuidado y ocultado por una pareja, que ignora quién es ese hombre y lo que pretende. En la película hay escenas de acción, con alguna persecución en coche bastante divertida y que debió de llevarse una parte importante del presupuesto. Tiene un ritmo buenísimo, un poco más lento cuando está presentando las piezas de la trama, y más acelerado hacia el final cuando resuelve. Que el personaje que quiere denunciar el accidente nuclear sufra de amnesia es todo un acierto que funciona muy bien de cara a la trama. Generalmente lo de que el espectador sepa más que los personajes suele dar problemas, pero aquí queda perfecto, aumentando la tensión narrativa hasta que todo explota.
Si te gustaron los thrillers setenteros sobre conspiraciones como La amenaza de Andrómeda (1971), El síndrome de China (1979), The Parallax View (1974) y The Crazies (1973) te gustará Peligro: reacción en cadena.
Crosstalk (1982) es un techno-thriller dirigido por Mark Egerton y regusto a cyberpunk. Escrita por el propio Egerton junto a Linda Lane y Denid Whitburn, el guion es un batiburrillo de cosas que la asemeja a esos gialli italianos de los setenta, donde nada tiene mucho sentido. Esto fue debido a la caótica producción de la película. De hecho, el propio Egerton entró en la película sustituyendo a Keith Salvat con el rodaje avanzado.
Se comete el error de meter a Crosstalk en el saco del cine de explotación australiano, diciendo que es un cruce entre La ventana indiscreta (1954) de Hitchock y 2001: Una odisea en el espacio (1968) de Kubrick. Y a ver, algo de eso hay, pero la película es bastante más que eso, además de ser muy peculiar. La trama mezcla bastantes temas y no acaba de hilvanarlos completamente.Crosstalk narra la historia de Ed, un genio informático que trabaja en un nuevo ordenador. Cuando este intenta matarlo, acaba confinado en una silla de ruedas y la compañía para la que trabaja lo traslada junto al ordenador a un apartamento, para que siga desarrollando ese proyecto. Hasta aquí, pues bueno, más o menos la película se sigue bien, pero aquí se introduce otro elemento narrativo: la compañía para la que trabaja en el desarrollo de ese ordenador, no está muy interesada en pagarle la patente del invento y trata de asesinarlo. Por si eso fuera poco, Ed sospecha que uno de sus vecinos ha asesinado a su mujer y que el ordenador intenta comunicarse con él. Son tres líneas, la de la inteligencia artificial que intenta cargarse a su creador, la del thriller corporativo que busca asesinar al genio informático y quedarse con su invento, y la del misterioso asesinato en el edificio de apartamentos en el que vive Ed. Ya, para colmo, este último asesino parece que está relacionado con una organización que tiene algo que ver con la compañía para la que trabaja Ed.
Cuando enciendes la lámpara led del Ikea
Más allá del lío narrativo de Crosstalk y su extraño ritmo, también es una película bastante particular en otros aspectos. Es una película muy bien dirigida, lo que la aleja del cine de explotación. Tiene unos planos muy artísticos, en los que se nota que Egerton se gusta. Y también tiene una foto muy peculiar, más de gialli italiano. Es como si la película la hubiera dirigida Argento. Incluso hay algún amago de música electrónica. Crosstalk intenta transmitir esa idea de ciencia ficción que se adentra veinte minutos en el futuro, con esa casa completamente domotizada gracias al ordenador en el que trabaja Ed. Pero no sólo es el argumento, es el diseño de producción y cosas tan peregrinas como los títulos de crédito, para los que se usó la Data 70, un tipo de fuente muy reconocible, hoy retro-futurista pero en aquellos años futurista a secas.
Set-up gamer de los ochenta
Crosstalk no deja de ser una curiosidad nada conocida y poco valorada dentro del cine cyberpunk. Sorprende que con los problemas que tuvo y la reescritura de guion de Egerton y Whitburn, eliminando exteriores y otras escenas para reducir costes, la película llegara a terminar de rodarse. Eso explica el ritmo trastabillado y a veces lento de la película, que alarga escenas por rellenar minutos. También así se entiende un final hasta cierto punto anticlimático, pero también con un tono onírico que le sienta bastante bien a la película. En fin, Crosstalk es una peli raruna, más una curiosidad que otra cosa, por ver un thriller retro-futurista en el que una inteligencia artificial intenta comunicarse con su creador para alertarle de un crimen cometido en el edificio donde vive. Todo con una banda sonora que incluye unos sintes muy setenteros. Nadie pudo imaginar entonces la distopía tan cutre que nos está tocando vivir.
El país de los sueños es una novela de fantasía urbana juvenil escrita por el canadiense Charles de Lint. Publicada en 1990, forma parte de la larga serie de libros, más de una veintena, que toma el nombre de Newford, ciudad imaginaria norteamericana donde transcurren las historias. Newford es algo así como la Derry de Stephen King. En España Timun Mas publicó este libro en 1992.
Charles de Lint es un autor de fantasía poco conocido y con escasa obras traducidas al castellano. Los libros de su serie Newford se pueden leer de manera independiente. El hilo conductor que los une es el escenario donde transcurren las historias, la ciudad de Newford, y las tramas fantásticas que incluyen folclore nativo americano y europeo. Si algo aprendí en tercero de carrera en Literatura Canadiense fue a apreciar una literatura, generalmente escrita por los descendientes de los colonos europeos, que incorpora elementos del folclore de las tribus nativas.
El país de los sueños es una novela bastante breve y de escasa complejidad. Narra la historia de dos adolescentes, Ashley y Nina. Ashley, tras la muerte de su madre y el rechazo de su padre a hacerse cargo de ella, se traslada a vivir junto a sus tíos hippies y su prima Nina, adolescente como ella. Allí transcurre su vida odiando a todos y a todo y convertida en el cliché de adolescente noventera nihilista y enfadada: pelo largo, chupa de cuero y camisetas de grupos de rock. Su prima Nina es todo lo contrario, empollona y siempre bien maquillada aunque poco popular en el instituto. El sentido de la maravilla y la empatía van de la mano en esta historia de maduración y aprendizaje.
La novela tiene dos voces narrativas, las de Nina y Ashley, y cada capítulo va saltando de una a otra, comenzando por Nina: más o menos una vez a la semana tiene una pesadilla en la que se encuentra dentro del cuerpo de un animal. Nina culpa a su prima Ashley, que vive obsesionada leyendo libros sobre brujería. Poco a poco descubriremos que además de nuestro mundo real existe el mundo de los espíritus, y que uno de ellos quiere hacerse con Nina. Ashley deberá madurar para superar su cabreo adolescente y ayudar a su odiada prima, incluso si eso significa ocupar su lugar y sacrificarse por ella. El país de los sueños es una novela dirigida a un público adolescente con un mensaje bastante claro: espabila. La novedad es el uso del folclore nativo americano. Tampoco nada excesivamente complejo, no se adentra en ese mundo más allá de dar dos pinceladas, pero no deja de ser algo diferente a lo que estamos habituados a leer en este tipo de libros. Otro punto que llama la atención es la facilidad con la que los personajes aceptan lo sobrenatural en sus vidas, algo más propio de otras latitudes como Japón. Aunque poco sutil y con un desarrollo de los personajes escaso y predecible, El país de los sueños no deja de ser una novela atractiva y entretenida gracias a su mezcla de brevedad y folclore.
Bosque Mitago (1984) de Robert Holdstock es una novela de fantasía. Como en el caso de Vencer al dragón (1985), nos encontramos con una novela y un autor que rompen con la influencia de El señor de los anillos. Existe una épica en el libro de Holdstock, pero es individual y a pequeña escala. Quizás tenga que ver con esto el hecho de que la narración primero nació como relato, con el que Holdstock ganó varios premios, y luego expandió el universo contenido en el relato en forma de novela.
Holdstock nos cuenta la historia de dos hermanos, Steve y Christian Huxley, y una vida marcada por la obsesión de su padre con el bosque Ryhope, adyacente a la casa de campo en la que viven. Una obsesión que llevará a la muerte a su madre y que acabará matando a su padre. Ambientada en la Inglaterra de posguerra de 1947, Steve regresa al hogar tras una temporada en Francia, desde donde recibía noticias de su hermano mayor Christian, sólo para encontrarlo envejecido y obsesionado con el bosque, como su padre. La trama se va construyendo alrededor del triángulo establecido entre estos dos hermanos y una mujer que viene del bosque, que desvela poco a poco las investigaciones de su padre sobre los mitagos. Porque, ¿qué es un mitago? Ahí está lo original de la novela. Un mitago es la imagen de la forma idealizada de una criatura mítica. Los bosques antiguos, como el de Ryhope, junto al que viven los Huxley, son campos de energía creativa que interactúa con el inconsciente colectivo donde se encuentran los premitagos. Casi nada, ¿eh? Carl Jung estaría orgulloso. Luego introduce conceptos como el de urscumug, una arquetipo de mitago del que surgen todas las formas posteriores, un héroe de los primeros hombres que forma parte de una memoria oculta. Pero aterrizando esto, la idea de mitago quiere decir que cada pueblo crea sus leyendas y les da, literalmente, vida. Guiwenneth es el mitago del que se enamoran los hermanos, una mujer que encarna una leyenda ya olvidada. Es la mujer con la que se obsesiona su padre, luego Christian, que la pierde cuando otros mitagos salen del bosque y los atacan, y Steve, que ve como Christian se la arrebata y se adentra con ella en el bosque dándole por muerto. El viaje de Steve a través del bosque en busca de la mujer que ama y de su hermano es un recorrido por los héroes y leyendas que han surgido Inglaterra desde el fin de la última glaciación. También es un viaje sobre la creación de un mito, el de Steve, Christian y Guiwenneth, y sobre la posibilidad de que los mitos, o algunos de ellos, no vengan del pasado, sino del futuro.
Holdstock se toma su tiempo para hacer avanzar la trama en una novela con un ritmo narrativo pausado y un estilo realista que se va adentrando poco a poco en la fantasía. El ritmo pausado y lo reflexivo y descriptivo de la prosa pueden tirar para atrás a más de un lector. Bosque mitago explora ideas como la memoria racial, el inconsciente colectivo y el origen de los mitos y las leyendas, en un enfoque antropológico que recuerda a la obra de Ursula K. Le Guin, pero con un estilo literario más cercano a Algernon Blackwood. Como en el caso de El país de los sueños y Vencer al dragón, Bosque Mitago es un libro autoconclusivo que forma parte de una saga.
de Lint, Charles (1992). El bosque de los sueños. Timun Mas. Holdstock, Robert (2021). Bosque Mitago. Gigamesh
Después de Twister (1996), Volcano (1997) y Un pueblo llamado Dante's Peak (1997), llegaban Deep Impact (1998) y Armageddon (1998) como nuevos blockbusters del cine de catástrofes. De este nuevo par de películas gemelas, Deep Impact llegó primero, en mayo, seguida de Armageddon,en julio.
Deep Impact es una película dirigida por Mimi Leder, escrita por Bruce Joel Rubin y Michael Tulkin, y protagonizada por Robert Duvall, Téa Leoni, Elijah Wood y Morgan Freeman. Si por algo destaca la película es por Morgan Freeman y su personaje, el presidente Beck, que se come al resto del reparto con patatas. Un reparto en el que estaba el Elijah Wood de antes de El Señor de los anillos, que aún estrenaría ese 1998 una peli de culto como The Faculty.
La peli contó con unos 80 millones de presupuesto, casi la mitad que Armageddon, quizá por eso sólo los últimos diez últimos minutos están repletos de explosiones y olas gigantes. Los efectos especiales no son el fuerte de la película, ni por cantidad ni por calidad, sólo hay que ver las imágenes de la nave en el espacio. Como sucedía con Dante's Peak, Deep Impact se centra más en el drama individual que en el cine de explosiones. Explora los traumas de varios de sus personajes y llega a tener un tono didáctico por boca del personaje interpretado por Freeman. Es el presidente de EEUU el encargado de explicar, cual profesor de secundaria, los acontecimientos que están por suceder. ¿Qué diferencia con el presidente real, eh? La película tiene una fotografía que luce más natural, casi de documental, y se aleja de los movimientos bruscos de cámara y las escenas con veinte mil cortes.
Los buscadores en los noventa
Michael Bay. Los primeros diez minutos de la película son, literalmente, explosiones y destrucción: una lluvia de meteoritos destruye un transbordador espacial y destroza la ciudad de Nueva York.Armageddon está dirigida por el videoclipero Michael Bay, escrita por J. J. Abrams y Jonathan Hensleigh, y protagonizada por Bruce Willis, Ben Affleck y una retahíla de secundarios casi interminables, que incluye a Udo Kier. ¿Alguno recordabais el papel de Kier en Armageddon?
Como en Deep Impact, un meteorito va a colisionar contra la Tierra y EEUU manda a unos tipos en una nave espacial para destruirlo con armas nucleares. Bruce Willis hace de Bruce Willis. Su presentación de personaje es la época: lanza pelotas de golf desde una plataforma petrolífera a los activistas del barco de Greepeace que están protestando frente a ella. ¿Qué es el fin de la Historia?, se preguntaba Fukuyama.
El estilo de Bay es el de mucho corte y mucho movimiento de cámara, con mucho color saturado y contraste. La fotografía de Deep Impact es bastante natural, a diferencia de lo que sucede en Armageddon, que es pura fantasía: tienes un primer plano de Liv Tyler completamente en verde y a Bruce Willis en segundo plano en claroscuro casi de blanco y negro. Son estímulos por todos lados y en todo momento: destrucciones de naves espaciales, estaciones espaciales, discursos del presidente, más explosiones, canciones de Aerosmith, beso de película... Armageddon puede llegar a ser agotadora.
La industria cinematográfica de Hollywood, de cuando en cuando, tiende a producir este efecto de las películas gemelas: producciones de una temática similar que se estrenan casi a la vez. Desde la época de los cinco grandes estudios de Hollywood, hasta los conglomerados industriales de los noventa o el oligopolio actual en manos de las tecnológicas, no ha sido raro ver como distintos estudios cinematográficos estrenaban casi la misma película. Los que crecimos en los noventa tenemos vivos recuerdos de Amageddon (1998) y Deep Impact (1998), Antz (Hormigas) (1998) y Bichos, una aventura en miniatura (1998) o las películas de las que voy a hablar hoy, Volcano (1997) y Un pueblo llamado Dante's Peak (1997). Estos son algunos de los casos más sonados, donde tanto una película como otra tienen un impacto similar en cuanto a popularidad, pero existen pares de películas donde una triunfó y la otra fracasó en taquilla, generalmente debido a diferencias de presupuesto. Casos de este tipo son Parque Jurásico (1993) y Carnosaurios (1993) o El show de Truman (1998) y EDtv (1999). También se da el caso de trillizos, aunque solo una o dos películas de ese trío suelen tener verdadera repercusión.
Cabe señalar que este fenómeno de las películas gemelas no es lo mismo que una moda, como sucedió con la estética y las nuevas técnicas utilizadas en Matrix (1999). Existen modas y tendencias que marcan cómo se hace cine, no cabe duda, pero las películas gemelas son otra cosa. Debido a que circulan guiones por todos lados, a la movilidad de los trabajadores dentro de la industria, al espionaje entre estudios y a factores externos como algunas efemérides famosas, no ha sido extraño que varios estudios desarrollasen producciones casi paralelas sobre un mismo tema. Y sí, la poligénesis también es una posibilidad que puede explicar el fenómeno, pero no es lo habitual.
Volcano (1997) está dirigida por Mick Jackson, escrita por Jeremy Armstrong y Billy Ray, y protagonizada por Tommy Lee Jones y Anne Heche. La película es noventera por los cuatro costados. El director, Jackson, venía de hacer tele en Reino Unido, y dio el pelotazo en el 92 con El guardaespaldas. Para Clay supuso asomarse a una gran producción y hacer carrera en Hollywood. Heche hace lo que puede con el papel que le dan —científica buenorra que se enamora de un señor mayor—, pero Tommy Lee Jones parece que está en otra película.
Llevaban ya unos cuantos años en Hollywood aprovechando el abaratamiento de los efectos especiales y las nuevas posibilidades que ofrecía lo digital para producir películas de catástrofes.Volcano es coger ese concepto y aplicarlo a la ciudad de Los Ángeles: qué pasaría si el magma del interior de la tierra encontrara una salida en la ciudad. Tommy Lee Jones es funcionario de una organización encargada de actuar ante catástrofes, que se encarga del área de Los Ángeles. Anne Heche es una geóloga cuya única función es enamorarse, por algún motivo extraño, del personaje que interpreta Jones. Tampoco hay que olvidar que a este personaje le colocan una hija de trece años porque patatas.
Si por reparto y equipo la película es noventera, Volcano también es reflejo de la década en otros aspectos: unos efectos CGI que ya eran regulares en la época y han envejecido mal, personajes de los de ficha de juego de rol, escenas de acción con explosiones y un romance improbable que se ve venir desde el minuto uno. Luego tira de tópicos trilladísimos, como el del protagonista avisando al jefe del desastre y siendo ignorado. Si alguna vez Mick Jackson tuvo algún estilo característico dirigiendo, no se encuentra en Volcano. Lo de los ríos de lava fluyendo por las calles de Los Ángeles cual río Ebro es digno de ver.
Bomberos 1-0 Lava
Volcano también es una película que dibuja una época, donde funcionarios eficientes y bien preparados están colocados por los poderes públicos para prevenir y responder a catástrofes. Todo ello pese a tener jefes y políticos más preocupados por la/su economía que por la/su seguridad, como ya nos enseñó el alcalde de Tiburón. Cómo contrasta esto con nuestra época, donde los responsables escurren el bulto y sólo se preocupan del relato. Los responsables ya sólo están ahí para aparentar y la sociedad ya no existe, sólo existe el individuo y el sálvese quien pueda —mamá, socorro—.
Un pueblo llamado Dante's Peak se estrenó unos meses antes que Volcano. Dirigida por Roger Donaldson, escrita por Leslie Bohem y protagonizada por dos de las grandes estrellas del momento, Pierce Brosnan y Linda Hamilton, contó con algo más de dinero que su hermana gemela. Y luce mejor ese dinero en Dante's Peak que en Volcano.
Aunque aquí la diferencia fundamental es de tono: Dante's Peak es noventera, pero conserva el espíritu Amblin/Spielberg/añosochenta. Tiene un último tercio en el que todo son huidas y explosiones, pero el viaje hasta llegar ahí ha sido diferente. Brosnan interpreta el papel de un geólogo que ha llegado al pueblo para estudiar la actividad volcánica, y Hamilton es la joven alcaldesa y madre divorciada de dos hijos que lo acoge. La importancia de la familia nuclear y el escenario, una pequeña ciudad, hacen que todo se reduzca a un ámbito más pequeño. Es más intimista, centrada en los dramas individuales y con un punto más realista que un boquete que escupe lava y piedras, como en Volcano. Es fácil ver paralelismos con otras cintas como Parque Jurásico (1993), con esa pareja de niños adoptada por el paleontólogo Alan Grant, o remontarnos más atrás hasta E. T. el extraterrestre (1982) y Tiburón (1975). Para mí los dos primeros tramos de la peli, más centrados en el pueblo y los personajes, como las primeras novelas de Stephen King, son los que salvan la película de caer en el ridículo en el que cae Volcano.
En mi época todo esto era campo y los coches circulaban sobre lava
Al final fue Universal Pictures, el estudio detrás de Un pueblo llamado Dante's Peak, el que se llevó el gato al agua en esta competición de volcanes. La 20th Century Studios se tuvo que conformar con el segundo puesto. Peor le fue a Davies Entertainment con su Volcano: Fire on the Mountain (1997), la peli que produjeron para el canal de televisión ABC. De haberse estrenado hace unos años ya hubiéramos visto dos o tres secuelas de cada peli y quizás alguna serie.
La senda de la serpiente (1998) es una película dirigida por Kiyoshi Kurosawa —el Kurosawa bueno—. Kurosawa es con diferencia el más autor de la nueva ola del cine japonés de los ochenta y noventa. Kurosawa es de los que se curtió en el V-Cinema, los directos a vídeo que se producían como churros en los ochenta, dirigiendo pinku eigas, pelis de yakuzas y pelis de terror.
La senda de la serpiente es un thriller de yakuzas bastante peculiar. El argumento gira alrededor de la venganza de Miyashita, un yakuza de bajo rango. Su hija de ocho años es secuestrada y torturada, pero no se sabe el porqué ni el quién lo hizo. Acompañado por un misterioso personaje, Nijita, se dedicará a secuestrar y a matar a todos los implicados en el asesinato de su hija.
Lejos de grandes escenas de acción, lo que destaca en La senda de la serpiente es la suciedad y la crudeza. Como en otra de sus películas más conocidas, Kairo (2001), La senda de la serpiente está ambienta en unos escenarios urbanos posindustriales, deprimidos, sucios. También tiene en común con esta Kairo cierto nihilismo. La venganza es un acto vacío, al igual que la violencia, escasa pero cruda. Al final, como en Kairo, los personajes están aislados y alienados. La relación entre estos dos protagonistas, que va ganando en ambigüedad según avanza el filme, es la base sobre la que se construye la tensión dramática. La película tendría un remake en 2024, dirigido por el propio Kurosawa.
Soft Skin (1998) está dirigida por Hisayasu Sato y escrita por Sato en colaboración con Kyoko Godai. Como en el caso de Kurosawa, Sato se curtió en el mundillo de los directos a vídeo de Japón, dirigiendo infinidad de pinku eiga en los ochenta, elevándolo en algunos casos a cine de autor. Siguió en este camino del cine de guerrilla alejándose de este subgénero —pinku eiga—y explorando temas como la alienación y la represión sexual en la sociedad japonesa desde otros ángulos. A veces, como en el caso de Naked Blood (1995), Sato mezcla géneros con resultados únicos.
Soft Skin trata sobre un ama de casa, esposa y madre, que se echa un amante más joven y simula junto a este un secuestro para llamar la atención de su familia. Una familia completamente disfuncional, con un marido chupatintas que sólo tiene tiempo para su trabajo, un hijo centrado en los estudios, una hija como presentadora de un programa sensacionalista de crímenes y otra hija aún adolescente con problemas alimenticios y que proporciona sesiones de sado a señores mayores.
Con un estilo de mucha cámara en mano, con zoom torpes que van a trompicones y fotografía quemada en algunos casos, Sato elabora un discurso transgresor que va más allá de la mera provocación. Los personajes de Soft Skin son patéticos y tan egoístas como la sociedad alienada que los creó en primer lugar; Sato no muestra compasión por ninguno de ellos, más bien se dedica a diseccionar las distintas capas con ánimo de voyeur. En Soft Skin la tecnología que debía servir para conectar a una familia, los busca y los primeros teléfonos móviles, sirve para todo lo contrario. Como en el caso de la hija pequeña y su trastorno alimenticio, cada personaje se deja llevar por sus impulsos más primarios. Así luce una dramedia sobre una familia disfuncional para Sato y así luce el grano del VHS en los noventa.
Tienes una lengua en el ojo
Visitor Q (2001) está dirigida por Takashi Miike y escrita por Itaru Era. Miike completa esta trilogía de directores nacidos entre 1955 y 1960 que se curtieron en los directos a vídeo de los ochenta y noventa. Kurosawa es el más esteta, el que sabe dirigir y crear atmósferas, Sato tiene un punto entre Cronenberg y la vanguardia, y finalmente Miike es la máquina de churros del cine extremo.
Si Soft Skin de Sato trata sobre una familia disfuncional, Miike no se queda corto en Visitor Q. El padre, antiguo reportero de calle, se acuesta con su hija, que además se prostituye. La madre también se prostituye, es heroinómana y sufre los abusos de su hijo adolescente, y este a su vez padece bullying por parte de sus compañeros de clase. A esta familia se le une un buen día Q, un misterioso visitante.
Está grabada en 4:3 con cámara digital y pocas florituras. También los personajes del padre y la hija se graban, especialmente el padre, que documenta lo que hace su familia, acercándose la película al falso documental y siendo esta su forma de reconectar con su damilia. Está grabada cámara en mano, con el típico movimiento y tembleque de la cámara. Ese estilo de cine murió cuando introdujeron y mejoraron los estabilizadores en cuerpo y objetivos, pasando las míticas handycam, aunque conserven el nombre, a mejor vida.
Una de las mejores frases del cine japonés
Miike desarrolla en Visitor Q una sátira bastante ácida sobre la familia tradicional japonesa. A su manera, pasando por el tamiz del surrealismo el erotismo y lo grotesco, Miike da un «final feliz» a sus personajes. Incesto, necrofilia, maltrato, drogas, asesinatos, lactancia en adultos, violaciones... la vía de la transgresión es el impulso que el misterioso visitante Q da a cada miembro de la familia, de manera individual, para volverlos a unir. Cada tabú roto es precisamente una denuncia de los problemas de la sociedad japonesa, que en el caso de Miike los lleva a un extremo y con ello nos interpela como espectadores. Puede parecer una película que sólo busca provocar por provocar, y es cierto que Miike va a volumen 11 todo el rato, pero existe un subtexto que la hace bastante actual e interesante. Y aunque el trato a sus personajes es extremo, también existe una ternura que no vemos en Sato y Kurosawa.
Cuando acecha la maldad
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*Título: *Cuando acecha la maldad
*Director:* Demián Rugna
*País:* Argentina
*Año:* 2023
*Género:* Terror
*Opinión personal*
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