Habitar el cuerpo: 'Acércate' de Sara Grant y 'La sed' de Marina Yuszczuk
La Biblioteca de Carfax, además de publicar señoras victorianas, también de vez en cuando rescata obras como esta de Sara Gran, publicada originalmente en 2003. Además cuenta con prólogo de Mariana Enriquez, que un poco como Stephen King varias décadas atrás, se ha convertido en prescriptora de terror, de manera directa o indirecta.
Los veinte años que ha tardado en publicarse la novela en castellano se notan en una cosa: no hay apenas referencias tecnológicas. Es algo que en la ficción se nota muchísimo, ya que existe un parteaguas clarísimo con ese tema. Hoy es imposible querer narrar una historia en la que no aparezcan personajes pegados a un teléfono y a las redes. Y aunque es un fenómeno bastante reciente, es una característica que ubica al mundo anterior en una época más pretérita de lo que realmente es. No ya sólo es que no seamos incapaces de imaginar un mundo donde no exista el capitalismo, es que no podemos pensar en volver a habitar un mundo como el de hace dos décadas.
La protagonista de Acércate es Amanda, una treintañera que goza de lo que podemos calificar como vida perfecta: buen trabajo, marido atento y una vida social activa. Sin embargo, Amanda abrirá la puerta a un demonio, Naamah, que a lo largo de la breve novela, irá poseyéndola. Primero muy poco a poco, con episodios aislados, muy cortos, donde pierde la conciencia de lo que ha hecho. Luego, esa niebla se irá convirtiendo en su vida, hasta que los momentos de conciencia se sucedan cada vez más distanciados en el tiempo. No es la típica novela sobre posesiones demoníacas, su aproximación al tema y al género es diferente. Amanda, que cumple los sueños aspiracionales de la clase media, sigue siendo una persona vacía e insatisfecha, que encuentra la felicidad y su identidad en abandonarse a sus instintos. El terror está en contemplar como destroza esa vida idílica poseída por Naamah. La posesión no es un castigo, es una liberación. Grant parece plantear que la posesión está en lo otro, en esa supuesta vida perfecta de éxito profesional y sentimental, representándolo como una jaula que oprime a Amanda.
Grant utiliza un estilo directo, de frases cortas y capítulos breves, con una narración en primera persona que dota a la narración de un ritmo vertiginoso. La novela, no muy extensa, se lee en una tarde. Podríamos emparentarla con la obra de Paul Tremblay y Grady Hendrix en cuanto a estilo. También tiene un tono en el que está presente el desencanto, abordado desde el humor negro y cierto cinismo disfrazado de ironía. También se puede intuir que ese desencanto es algo generacional: el fin de la historia prometido no era lo esperado.
La sed es una novela breve pero más compleja en cuanto a forma que Acércate. La novela está dividida en dos, con un breve capítulo introductorio, y combina distintos tiempos y voces. La historia de La sed comienza con una mujer pasea con su hijo pequeño por un cementerio de Buenos Aires cuando ve a una misteriosa desconocida y se asusta. Entonces se inicia la narración de esta desconocida en primera persona, de la que desconocemos su nombre. Es una vampira que huyó de Europa en el siglo XIX y emigró a Buenos Aires. Hay sexo, violencia y un tono gótico que contrasta con la segunda parte, situada temporalmente en el Buenos Aires actual, y que tiene un tono más intimista. Una mujer, Alma, vive el duelo de su madre, que padece una enfermedad terminal degenerativa que le impide comunicarse con ella. Además, tiene que lidiar con la crianza de su hijo pequeño, su trabajo y su reciente separación. El cuidado de su madre enferma la llevará a descubrir un mausoleo propiedad de de su familia. En la parte final de la narración se unen las dos historias, la de la vampira sin nombre y la de la doliente Alma.
La novela explora la idea del ser autosuficiente, un ser humano como Alma, con el parasitismo del vampiro. El vampiro es un parásito siempre necesitado de alimentarse. Para la vampira de La sed es un continuo volver a empezar donde solo existe la necesidad humillante de alimentarse de otros. También explora la relación con la muerte y el dolor de nuestras sociedades laicas, la falta unos ritos que nos preparen para aceptar la propia idea de la muerte. Si en Acércate había un tono desencantado, sarcástico, La sed opta por la melancolía y el lirismo. El cuerpo, nuestro cuerpo que un día se descompondrá, es el centro de la narración. Lidiar con la experiencia material de poseer un cuerpo es tratar el deseo, el hambre y el dolor, para lo que no siempre estamos preparados.
Ambas novelas son muy recomendables y me recuerdan a las fantásticas Cuando la soledad nos ama (1985) y El elixir negro (1988) de Elizabeth Engstrom. Cuerpos, algunos monstruosos, otros que se transforman, pero cuyas necesidades biológicas y finitud escondemos con vergüenza, asco y dolor.
Grant, Sara (2003). Acércate. La Biblioteca de Carfax.
Yuszczuk, Marina (2020). La sed. Blatt & Ríos.
Yuszczuk, Marina (2020). La sed. Blatt & Ríos.

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17 de marzo de 2026 a las 9:24
Gracias al trabajo de La biblioteca y otras editoriales pequeñas podemos descubrir piezas de terror que ya tienen sus años y de otro modo, ni nos hubieran llegado. La década de los 2000 la recuerdo como algo bastante mediocre y demasiado estridente a nivel cultural, cuando el material más interesante pasaba un poco debajo del radar.
Con la diferencia en estas dos décadas, además del tema tecnológico, que me he fijado que es imposible de integrarlo en una narrativa moderna y siempre tienen que optar por hacerlos dejar de funcionar, es la diferencia de como percibimos ahora esa sensación de seguridad y estabilidad que los autores entonces convertían en algo claustrofóbico ¿que un trabajo estable, una casa, y vivir sin la impresión de que mañana va a ser el Apocalipsis te agobia y acabas poseida/desquiciado? Se quejaban de vicio..XD.
18 de marzo de 2026 a las 3:21
La verdad es que a nivel editorial poco nos podemos quejar en España. Se edita mucho y bien, con una calidad que ya quisieran en otras latitudes. El problema de siempre son los precios, que con los salarios españoles no se compran muchos libros.
Los dos mil tienen ese encanto de los periodos de transición: entre lo analógico y lo digital. En lo cultural casi que marcan el final de las nuevas formas: a partir de ahí ya todo es nostalgia. Que vuelvan los ochenta xD.
Es que queda raro de narices leer algo actual y que no haya personajes pegados a una pantalla. Igual que hay situaciones que ahora resultan ridículas, como esos protagonistas de los noventa resolviendo misterios gracias a una búsqueda de internet. Hoy Google les recomendaría que comprases tropecientos productos y los inundaría de publicidad antes de que pudiesen encontrar nada xD.
Lo de las vidas estables y sobre todo esas pedazo de casas que se gastan algunos protagonistas en la ficción es algo en lo que me fijo mucho. Cada generación con su trauma: unos que se aburren de ser clase media y otros que aspiran a ello. Una buena pandemia es lo que necesitan xD.