Antologías viejunas de relatos fantásticos y de terror: Italo Calvino y Kurt Singer

En este blog, como en Amanece que no es poco, hay verdadera devoción por Italo Calvino, pero no sólo por su obra, también por su labor de antologista. La maravillosa Siruela lanzó una colección, a finales de los ochenta, El ojo sin párpado, de la que este Cuentos fantásticos del XIX volumen 1 forma parte. Posteriormente se reeditaría en un único tomo los dos volúmenes de cuentos seleccionados por Calvino. Maravillosas antologías, como La Eva fantástica de J. A. Molina Foix.


Este primer volumen recoge los relatos fantásticos de autores de habla francesa y germana, con alguna excepción, mientras que el segundo tomo se centra en la literatura inglesa y estadounidense. Algunas de esas excepciones son Gogol, Scott y Le Fanu. Calvino hace una breve introducción del autor y el relato. En algunos casos como el de Jan Potocki y su Historia del endemoniado Pacheco, el relato es un fragmento de El manuscrito encontrado en Zaragoza, quizá uno de los mejores de la antología, con súcubos, fantasmas y maldición incluidos. También Calvino incluye pequeños tesoros como La venus de Ille de Merimée, El ojo sin párpado de Chasles y Sortilegio de otoño de von Eichendorff, poco o nada conocidos en lengua castellana.


El austríaco Kurt Singer fue escritor, editor y antologista. En España editoriales como Molino y Bruguera publicaron sus antologías. En estas Relatos de terror selección 1 y 2, que cuentan con prólogos de Carlo Fabretti, Singer incluye nombres conocidos por el fan de terror, como Bradbury, Derleth y Bloch, otros que hacen sonar alguna campana, como Seabury Quinn, y bastante desconocido que publicaba en revistas de la época. Hay bastante relato de los años veinte y treinta del siglo pasado aparecido en Weird Tales. Señores preocupados por la guerra que ya se vislumbraba en el horizonte, como George B. Tuttle y su La invasión de las aves de roc (1929), con esa descripción de la guerra química y bacteriológica tan cercana en el tiempo para sus contemporáneos. 

Relatos de terror selección 1 y 2 son dos libros que no se publicaron con el mimo con el que Siruela publicó Cuentos fantásticos del XIX volumen 1. Y tampoco pasa nada porque no sea así. Libros de los de kiosko de los setenta que por muy poco dinero ofrecían un buen rato de disfrute y diversión. A destacar La tela de la locura de Seabury Quinn, El crepúsculo de los dioses de Edmond Hamilton y El dios sin rostro de Robert Bloch.





 

'Twin Mirror' (2020) y 'Harmony: The Fall of Reverie' (2023): la narrativa como arte

Si Sierra y Lucas Arts utilizaron el puzzle narrativo en los ochenta y noventa como el recurso con el que elaborar sus aventuras gráficas, evolución de las aventuras conversacionales, la francesa Don't Nod ha sublimado todavía más este gusto por la narrativa. Todavía siguen existiendo aventuras gráficas point and click de las de toda la vida. Quizá la nostalgia juegue un factor importante en este hecho. Pero también hay nuevas formas narrativas: las aventuras de Telltale puede que sean las más conocidas, pero desde hace unos años, especialmente con su Life is Strange (2015), Don't Nod se ha colado en esa lista de desarrolladores que tienen como su punto fuerte la narración. Además, lejos de repetir fórmula, siempre tienen proyectos que intentan innovar o renovar mecánicas, aunque a veces no acierten del todo.


Twin Mirror es quizás el juego de Don't Nod más maltratado. No es un triple A ni una gran producción y tampoco tiene una historia como la de Life is Strange. Esa categoría de juego menor de la compañía ha hecho que muchos jugadores no le diesen una oportunidad a un juego, que sin cambiar mucho la fórmula hasta la fecha, es bastante disfrutable.

La historia comienza con la vuelta del periodista Sam Higgs a Basswood, el pueblo donde creció, para el funeral de su mejor amigo, también periodista. Sam huyó de Basswood cuando un artículo suyo sobre las deficiencias en seguridad de la mina, principalmente fuente de empleo del pueblo, conllevaron el cierre de la misma. Dividida en episodios, jugaremos como Sam Higgs. A través de una narrativa interactiva, tendremos que desvelar a través de las diferentes opciones de diálogo el misterio tras la muerte de su mejor amigo. También se nos permitirá interactuar con el entorno para recabar pistas y usando lo que Don't Nod nombró como "palacio mental", reconstruir lo sucedido en nuestra cabeza. Un poco al estilo de Detroit Become Human pero con menos opciones. Es precisamente esta mecánica, la del palacio mental, la que en determinados momentos de juego no termina de funcionar del todo y hace trastabillar una narrativa que por momentos es muy fluida. Y eso, en un juego corto como Twin Mirror, resalta bastante. La duración, corta, juega a su favor, así como una narrativa adulta de la que podremos obtener varios finales y ninguno satisfactorio. Comparada con Twin Peaks, por aquello de lo del pequeño pueblo, a mí me recuerda más al realismo de The Wire, eso que llaman slice of life.


Harmony: The Fall of Riverie es el reverso de Twin Mirror: nuevas mecánicas y una interactividad con la narración mucho más profunda, así como su rejugabilidad. Narra la historia de Polly, una joven que regresa a casa en busca de su madre desaparecida. Pronto descubrirá que ella es el oráculo de otro mundo llamado Ensueño en el que viven entidades como Caos, Gloria, Vínculo, Poder, Verdad y Felicidad, que inspiran a la humanidad y a nuestro universo, llamado Efímero. Ambientada en una pequeña isla ficticia del Mediterráneo y en un futuro cercano donde una gran corporación controla la isla, tendremos que desentrañar el misterio de estos dos mundos y el papel de Polly en el futuro devenir de los acontecimientos.

Aparentemente una novela visual, Harmony: The Fall of Riverie es mucho más. Tendremos que jugar escena a escena, eligiendo distintos nodos y bifurcaciones de la narración: a veces elegir un camino hará que otros se cierren y otras podremos cambiar de opinión. Además, Polly es un oráculo, así que dependiendo de las decisiones que tomemos, también podremos ver el final de esos caminos con nuestra habilidad para predecir el futuro. La cosa se complica, ya que puede que elijamos un final que nos satisfaga, pero el camino hacia ese final tendrá unas consecuencias que quizás no sean las esperadas. Intentar hacer feliz a alguien puede que rompa nuestro vínculo con otros, así como apostar por la verdad puede debilitar nuestro poder. Con cada decisión tendremos la posibilidad de acumular cristales de las distintas entidades que habitan Ensueño, que nos servirán para desbloquear caminos. Y la falta de ellos nos cerrará la posibilidad de conocer otras ramificaciones de la historia.

Harmony: The Fall of Reverie es un viaje por grandes temas como la familia, la amistad y la soledad que seguro que no dejan indiferente a nadie. Comenzaremos jugando el tutorial y casi sin darnos cuenta nos veremos inmersos en una historia de una amplitud enorme. Diferente a cualquier juego, el experimento de Don't Nod les sale bien, aunque también con sus cosas. Ese tener que jugar escena a escena, pensar en nuestro camino, calcular las posibles consecuencias y resultados de nuestras decisiones, pueden hacerse cuesta arriba para algunos jugodores. Para mí ha sido la experiencia más intensa jugando a un videojuego en mucho tiempo. Don't Nod bien podría haber comenzado el juego con un "Aquellos que entren aquí, no perdáis la esperanza pero esperad un buen zarandeo". La ficción, en todos los terrenos, se ha movido hacia lo fantástico e individual con un gran calado de la desesperanza y falta de futuro, pero desde hace unos años y como respuesta, también aparecen la ternura, lo colectivo y la esperanza.




'Killer Frequency' (2023) y 'Draugen' (2019): videojuegos de misterio y de dar un paseo

Killer Frequency (2023) es un videojuego de terror y misterio publicado y desarrollado por la británica Team17. Como videojuego es una mezcla entre aventura conversacional en primera persona, en la que tendremos que leer mucho texto y seleccionar las respuestas adecuadas, con toques de walking simulator, en los que tendremos que deambular por el escenario en busca de pistas.

Somos Forrest Nash, un locutor de radio venido a menos de la pequeña emisora local de Gallows Creek, la KFAM. Junto a Peggy, nuestra técnica de sonido, tendremos que salvar al mayor número de personas del asesino del silbido. El juego comienza con una llamada de la teleoperadora de la policía local, que nos informa que el sheriff ha sido asesinado y que se dirige al pueblo más cercano en busca de ayuda. A partir de entonces, todas las llamadas a la policía serán desviadas a nuestra emisora y tendremos que intentar salvar a todas las víctimas de la ola de crímenes que se desata esa noche. 

El juego tiene varios finales y es bastante rejugable. Iremos recibiendo llamadas de víctimas del asesino del silbido a las que tendremos que intentar salvar. Es recomendable, ya que el juego no está dividido en capítulos, que vayamos guardando la partida al comienzo de cada llamada, pues lo más probable es que se nos pase alguna pista o cometamos algún error, que acabará con el oyente que ha realizado la llamada muerto. El juego tiene las voces en inglés y los subtítulos en español, con lo cual no es muy difícil de seguir, aunque si nos relajamos en algún momento la cosa puede acabar mal y tendremos que volver a rejugar esa escena. 

Killer Frequency está ambientado, cómo no, en los años ochenta. Tanto la banda sonora como la ambientación tiran de esa nostalgia ochentera que parece que todo lo envuelve. Si obviamos esto y cierta parte jugable al final, que recuerda a los laberintos de las aventuras gráficas de los noventa y cuyo único propósito es alargar un poco más el juego, Killer Frequency es un juego más que disfrutable si eres fan de los slasher. Jugado del tirón no debería de durar más allá de las 5 ó 6 horas, cosa de agradecer en tiempos de mundos abiertos y partidas de cien horas.  



Draugen (2019) es un videojuego de misterio desarrollado y publicado por los noruegos de Red Thread Games. Se trata de un walking simulator, a lo Firewatch. También en primera persona, tendremos que caminar y encontrar pistas que nos ayuden a completar el puzzle de la trama. 

Ambientado en la década de los veinte del siglo pasado, nuestro personaje, Teddy, llega en barca a una pequeña isla noruega acompañado de Alice, de la que no sabemos cual es su relación con nosotros y con la que interactuaremos durante toda la aventura, en busca de su hermana Betty. Recorreremos la isla para descubrir que está vacía y que nuestros anfitriones perdieron a su hija poco antes de llegar nosotros.

Como juego, este es completamente lineal y no regujable: no hay múltiples finales ni diferentes opciones de diálogo. Nos dedicaremos a recorrer distintos puntos de la isla y a recabar pistas que nos ayuden a resolver el misterio del paradero de nuestra hermana y de los habitantes de la isla. Misterio que se ve venir de lejos y que sirve para hablar de otros temas como la pérdida, el dolor y las enfermedades mentales. Cortito, de unas tres horas, es uno de esos juegos contemplativos, pausados, melancólicos incluso, en los que no pasa gran cosa. Es un dejarse llevar. No sé si eso justifica que como juego sea bastante justito, pero para una tarde tonta, está bien perderse en una remota isla noruega.



TERROR EN ISLANDIA: 'Tilbury' (1987), 'Húsið: Trúnaðarmál' (1983) y 'Draugasaga' (1985)

Al margen de los clichés y lugares comunes, en Islandia también hay ficción más allá del thriller y la novela negra. Tilbury es una película islandesa de terror dirigida por Vidar Vikingsson. Se trata de un telefilm cuya duración no llega a la hora y con unos valores de producción bastante discretos. Donde Tilbury brilla es en la trama, los temas que propone y cómo los presenta. En un mundo saturado de ficciones casi todas parecidas como dos gotas de agua, es refrescante y atractivo disfrutar de obras como Tilbury.

La película nos sitúa en el Reikiavik del año cuarenta, con Islandia ocupada por los británicos. Un joven islandés abandona su pueblo en busca de las oportunidades que ofrece una Reikiavik ocupada. Allí se reencontrará con Gudrun, amiga de la infancia e hija del párroco local. Pero Gudrun ha cambiado y ahora se relaciona con un militar británico, Tilbury, que para colmo tiene pinta de elfo y va por ahí vomitando una sustancia verde sin que ha nadie reaccione o parezca importarle. 

Tilburi es un monstruo de leyenda. En época de escasez una mujer puede coger un hueso humano, envolverlo en lana de cordero, meterlo entre sus pechos y rociarlo con vino consagrado en misa. Así creará un monstruo que roba la leche de los vecinos y luego vomita una sustancia verde que acaba convertida en alimentos como la mantequilla. Pero todo tiene un precio. La mujer que cree a este monstruo desarrollará un pezón en una de sus pantorrillas del que se alimentará el tilburi. Si es descubierto, succionará la vida de la mujer hasta su muerte. Esta leyenda tan loca se mezcla con la ocupación británica y el temor al despertar sexual femenino. El protagonista es un joven pueblerino que se ve amenazado por el empoderamiento de Gudrun y su sexualidad. Todo esto sucede entre escenas de vómito verde y musicales, como una especie de cruce entre una película de David Lynch y otra de David Cronenberg.  


El aspersor a las siete de la mañana


Tilbury es una película muy divertida donde el horror se diluye en la comedia y cierto surrealismo. Si quieres ver a un señor bajito con unicejo, nariz de cerdo y vomitando verde, esta es tu película.

Húsið: Trúnaðarmá, también conocida como The House, es una película de terror islandesa dirigida por Egill Edvarsson. Al contrario que en Tilbury, en The House no hay comedia. En ese sentido es una película que tira más por el thriller psicológico en la línea de Polanski. Incluso en la dirección Edvarsson es bastante clásico.

The House narra la historia de una joven pareja, él músico y director de orquesta y ella maestra en una escuela de sordos. Viven en casa de la madre de ella incapaces de encontrar una alojamiento digno de ese nombre. Después de mucho buscar, consiguen alquilar una casita para ellos dos solos. La trama se centra en la historia de esa casa y cómo ésta le afecta ella, trastocando su relación sentimental. Los ecos atrapados en esa casa resuenan con fuerza en su cabeza. Hay una parte de la trama que va precisamente de desentrañar ese misterio. Vamos descubriendo cosas con la protagonista en un final que será también el suyo.

La dirección es bastante elegante, especialmente en el juego de luces y sombras, con unos movimientos de cámara que recuerdan a El resplandor en algunos momentos de cámara en mano. Aunque la historia acaba tirando por el drama y la mujer como histérica celosa The House es una película más que correcta.

El pisito con el que todos soñamos



Draugasaga (1985) es un telefim islandés de terror dirigido, como en el caso de Tilbury, por Vidar Vikingsson. La trama gira sobre un joven estudiante que trabaja como vigilante en un estudio de televisión. Dicho estudio parece encantado por la presencia del fantasma de una mujer pelirroja. El joven se dedica a vestirse de mujer con peluca pelirroja para asustar a los trabajadores. Es la parte más interesante de la trama en una película que apenas llega a la hora, esa confusión entre el protagonista haciendo el cabra y la presencia fantasmal. También es donde falla la película, porque en ningún momento como espectadores dudamos del fantasma. 

Como repetirá el director en Tilbury, hay alguna escena más onírica, pero todo más contenido. Si en Tilbury se desarrolla una historia sobre el folclore local con un lenguaje cinematográfico bastante particular, en Draugasaga todo es más convencional y aburrido. Sin embargo sí que tiene unas cuantas escenas salvables, sobre todo en el último tramo, como el fantasma caminando de espaldas y la sombra de este proyectada sobre un fondo rojo de una parada de autobus. Casi parece una concepción moderna del cine de terror que mezcla la Italia de los setenta con el el jhorror de los noventa: un villano travestido y un fantasma yurei.

A favor de las marquesinas con este nuevo estilo

Islandia no es un país en el que a priori pensemos sobre cine de terror, sin embargo sí que tienes pequeñas joyas muy disfrutables, como estas Tilbury (1987),  Húsið: Trúnaðarmál (1983) y Draugasaga (1985). Sí que ha habido un puñado de películas islandesas de terror en los últimos quince años, pero merece la pena bucear un poco más en su cine e irse a producciones pequeñas de los setenta y ochenta. Las producciones son pequeñitas y con muchas limitaciones, pero mantienen intacto el sentido de la maravilla de que te cuenten una historia desde otro sitio al que no estás acostumbrado.


 


TERROR EN LOS BALCANES vol. 1: 'Leptirica' (1973) y 'Variola Vera' (1982)

En este eterno revival en el que estamos inmersos, una suerte de bucle eterno en donde cada año vuelven los ochenta, hay nostálgicos que quieren que vuelva la URSS. Yo puestos a elegir prefiero que vuelvan Yugoslavia, el cantonalismo o Checoslovaquia. Pero como eso parece poco probable, me tengo que conformar con revisitar el cine de esos países extintos.

Leptirica (1973) es un telefilm de la televisión yugoslava y considerado como la primera película de terror producida en ese país. La película está dirigida por Djordje Kadijevic y basada en una historia del escritor y traductor Milovan Glisic. Básicamente se trata de una historia de vampiros enmarcada dentro de la tradición del folclore eslavo, como El viyi de Gógol.

En una aldea de las montañas los trabajadores del molino, necesario para lo producción de pan, aparecen asesinados por un vampiro. Nadie quiere hacerse cargo de ese trabajo. Strahinja, un joven y pobre campesino, piensa abandonar la aldea porque el padre de la mujer que ama rechaza su petición de mano. Será convencido por los hombres de la aldea para que se haga cargo del trabajo en el molino y así poder ahorrar el dinero suficiente para marcharse.

A Belén pastores, debemos marchar ya, que el rey de los reyes ha nacido ya

En poco más de una hora Leptirica presenta y desarrolla una historia basada en el folklore tradicional. El tono, pese a algunos amagos de comedia, como la representación de los granjeros y el cura borracho, es bastante tradicional y se enmarca dentro del gótico. No hay erotismo ni tetas, lo cual para tratarse de una historia de vampiros de los setenta, es todo un prodigio. La realización es modesta, como la película, sin grandes artificios. Y la criatura, que aparece al final, está bastante lograda, con esa caracterización entre hombre lobo y vampiro. En definitiva, una buena película que más allá del valor histórico es entretenida de ver. 

Variola Vera (1982) es una película dirigida por Goran Markovic. Markovic tiene una larga trayectoria en el cine con películas como Tito y yo (1992), con la que ganó el premio a mejor director en San Sebastián. También es conocido por su oposición a Milosevic y recientemente por su apoyo a las protestas estudiantiles serbias, que le ha llevado a ser apartado de la docencia en su país.

Variola Vera narra el último caso de viruela en Europa, más concretamente la cuarentena en un hospital de Belgrado y la gestión de la pandemia por parte del gobierno yugoslavo. En 1972 un peregrino albanokosovar que regresaba de La Meca se contagió de la viruela de regreso a Yugoslavia. Ingresado en un hospital de Belgrado, es atendido por unos médicos que llevaban sin ver la enfermedad más de cuarenta años.

La película comienza con un tono costumbrista de comedia: el médico follarín que va acosando a todas las enfermeras, el enfermo que se lía con una enfermera que le pega la gonorrea, el director de hospital liado con una enfermera, el bedel intentando arreglar la calefacción del hospital y fracasando en cada intento, la doctora joven que es sobrina de un alto cargo y muy pagada de sí misma... Todo esto da un giro cuando el hospital es puesto bajo cuarentena. Un poco como en La peste de Camus, ahí se va viendo la naturaleza humana de cada personaje. El director se encierra en su despacho por miedo a contagiarse, el enfermo de gonorrea se ofrece voluntario para cuidar de otros enfermos de viruela, la enfermera drogadicta se vuelve loca por no encontrar otro chute y en fin, cada persona demuestra de lo que está hecha, sin grandes heroísmos: hay que hacer lo que hay que hacer y no hay nadie más que lo haga por nosotros.

A follar, a follar, que el mundo se va a acabar

Variola Vera es una crítica de Markovic a los totalitarismos y a la manera en la que estos gestionan crisis como una pandemia. También es un canto al humanismo, ese artefacto capaz de vertebrar una época y que ahora está siendo sustituido por el malismo. Dirigida con mucha cámara en mano, tiene ese toque documental que te mete dentro de la historia en seguida. También es bastante liberal en cuanto a mostrar lo que hacen los seres humanos sin tapujos en situaciones así: existen tensiones y tiranteces, pero también un sentido del deber cívico, sin grandes estridencias y de andar por casa, que permite autoorganizarse a los confinados sin que aquello se convierta en la ley de la jungla. Por supuesto hay doctores que fuman y beben, gente que se distrae como puede leyendo novelas eróticas y jugando a las cartas y también mucho sexo. 

Una de las imágenes más duras que verás nunca en una película

Cabría preguntarse qué nos ha dado Yugoslavia, además de unas cuantas guerras y una selección de baloncesto casi imbatible. Pues por de pronto nos ha legado Leptirica, un cuento gótico sobre el folclore local y Variola Vera, una de las mejores películas sobre la naturaleza humana y las pandemias. El cine de Europa del este cuando tenía la oportunidad de brillar lo hacía. Leptirica y Variola Vera son dos buenos ejemplos. Ojalá alguien se interesara por filmar una película sobre el último brote de cólera en España, también a principios de los setenta, que tuvo lugar en Aragón. Igual nos llevábamos las manos a la cabeza por la gestión criminal de las autoridades franquistas. 




'Dantescas: Cuentos de mujeres que descendieron a los infiernos': conversación entre vivas y muertas

A finales de la década pasada y a comienzo de esta han visto la luz la publicación de muchas antologías y estudios recuperando autoras, que bien por descuido o por negligencia, habían sido relegadas de la historia de la literatura. Esta labor ha ido acompañada de la reedición de muchas obras como La Eva fantástica, pequeños oasis en el desierto en décadas pasadas, y también de obras nuevas como esta Dantescas: Cuentos de mujeres que descendieron a los infiernos. Es de agradecer que dejen la puerta abierta a una continuación, teniendo en cuenta que este impulso por recuperar a autoras borradas del canon literario ha ido perdiendo impulso. 

Aunque se han publicado antologías del estilo y estudios académicos, al menos respecto a la publicación de esas antologías siempre suele tratarse de autoras anglosajonas. Por eso esta Dantescas es tan importante. La recopilación, a cargo de María Fernanda Ampuero, incluye doce relatos, y a excepción de Charlotte Perkins Gilman, todas pertenecen al ámbito ibérico y latinoamericano. Desde clásicas como Pardo Bazán, Dávila y Ocampo, Dantescas también se preocupa de incluir relatos de autoras contemporáneas como Colanzi, Enríquez y Ojeda. Y dos brasileñas, Clarice Linspector y Verena Cavalcante, ampliando un poco más ese ámbito latinoamericano. Por pedir, hubiese sido interesante incluir alguna autora portuguesa. 


La edición de Fera incluye el prólogo y las notas de María Fernanda Ampuero y las ilustraciones de Jules Mamone. Recuerda a lo que lleva haciendo varios años Valancourt con su serie de Monster She Wrote, editando autoras y antologías ilustradas muy cuidadas. Dantescas, además de ilustraciones, incluye un prólogo, notas y comentario final de cada relato. Tanto las notas como los comentarios no aportan gran cosa a la lectura, más allá de cierto contexto. Entre un sesudo comentario de texto académico y estas notas a vuela pluma habría sido más interesante incluir algo más de información biográfica y de la obra de las autoras. Si además las notas incluidas en los relatos no son notas a pie de página sino subrayados, notas al margen y demás elementos que distraen de la lectura, es difícil poder ignorarlas y centrarse en la lectura del texto.

Entre las cosas buenas de Dantescas está el amplio abanico de autoras que incluye. No es un catálogo o compendio, solo una antología de relatos. Y aún así consigue ofrecer un amplio panorama general. Ahí es donde chirría la inclusión de Charlote Perkins Gilman, pudiendo aprovechar ese espacio en otra autora de lengua latina. En un futuro, si Fera le da continuidad a este tipo de antologías, me gustaría leer una centrada en las pioneras, que construya un hilo hasta nuestro presente. Juana Manuela Gorriri no es una autora conocida en España, no sé si en Argentina, pero ha sido un gran descubrimiento. Y lo mismo que estaría bien una antología que recuperase a autoras como Gorriri, también sería igualmente interesante otra antología que pusiese en el foco a autoras no tan reconocidas como Verena Cavalcante. Más allá de los grandes nombres, como Mariana Enriquez, existen más autoras igual de intreresantes. La industria editorial en España, México y Argentina es muy potente y es fácil acceder a muchas autoras gracias a esa labor editorial, pero las que no están cerca de alguno de esos focos son invisibles.

Si hay algo que me guste más que leer a señoras victorianas, es leer a señoras latinoamericanas. Ojalá veamos publicadas más antologías y más autoras como estas en lengua castellana. 



'Margaux' (2016), 'Lyle' (2014) y 'The Midnight Swim' (2014): el despertar sexual, la maternidad y el duelo

Margaux (2016) es un cortometraje dirigido por los estudiantes de segundo año de Cine Rémy Barbe, Joseph Bouquin y Joséphine Darcy-Hopkins. Es esta última la que tiene una obra más que interesante, con el corto de animación Le jour où maman est devenue un monstre (2017), Nuage (2020) y Les Dents du Bonheur (2023). Tres cortometrajes en los que sobrevuela el drama, la ciencia ficción, el terror y la fantasía.

En Margaux una joven adolescente que sufre acoso escolar en el instituto descubre su sexualidad a la vez que es acechada por una criatura cada vez que se excita sexualmente. Lo de las producciones en Francia es una cosa de no creerse. ¿De dónde sacan el dinero? Porque Margaux luce realmente bien, con unos valores de producción que más quisieran muchas películas que llegan a los cines.

No hay mucho diálogo y tampoco la película te quiere llevar a ningún sitio en concreto. Margaux se vive más como una experiencia, al igual que muchas pelis del nuevo extremismo francés de finales de los noventa y principios de los dos mil. Se puede ver gratis aquí.


Lyle (2014) está dirigida por Stewart Thorndike y protagonizada por Gaby Hoffmann. En poco más de una hora se cocina un drama con toques de terror bastante interesante. Leah, que está embarazada, y June se mudan a un nuevo apartamento después de la muerte de su hija pequeña. En una distracción de Leah, su hija Lyle muere al caerse de la ventana del apartamento. 

Pero no todo es drama en la película. Al drama del duelo se le suma Karen, una vecina anciana que finge que está embarazada y que les continua mandando flores y tarjetas de condolencia por la pérdida de Lyle. Mientras progresa el embarazo, Leah comienza a observar cosas extrañas en la casa y sospecha que la responsable es su vecina Karen.

Lyle la han descrito como La semilla del diablo indie y es fácil descubrir por qué. Es de esas pelis que se cuecen a fuego lento hasta el clímax final. Muy recomendable. También se puede ver gratis en Youtube aquí


The Midnight Swim (2014) está dirigida por Sarah Adina Smith. Tres hermanas, June, Annie e Isa, se reúnen en la vieja casa familiar cuando su madre desaparece en el lago que hay cercano. El cuerpo nunca aparece y las hermanas, una vez reunidas bajo el mismo techo, tienen que resolver todo el papeleo que se deriva de ello y lidiar con sus propios sentimientos. 

June documenta esta reunión y el proceso de duelo, lo que convierte la película en un falso documental. Como suele pasar, la justificación para grabar lo que vemos a veces es un poco peregrina. Cada vez más, las tres hermanas se ven más atraídas por el lago y por el recuerdo de su madre, de la que vamos conociendo sobre cómo era. También la situación las lleva a lidiar con su intrincada relación y su pasado. 

The Midnight Swim se mueve por el territorio del drama independiente pero también sugiere que algo sobrenatural y/o extraño está sucediendo. También construye una mitología en torno a la idea de reencarnación y de la mitología de "las siete hermanas", una especie de leyenda urbana basada en las Pléyades que acaba derivando en algo parecido a una historia de fantasmas. Ese hilo sobrenatural es tenue pero está ahí: el lago, la historia de las siete hermanas, los pájaros que aparecen muertos en la casa... 

Se puede ver gratis en esta plataforma aunque sin subtítulos y en versión original.

No todo va a ser cine italiano de los setenta y directos a vídeo japoneses de los noventa. Joséphine Darcy-Hopkins, Stewart Thorndike y Sarah Andina Smith son tres directoras que se acercan al terror de maneras muy diferentes y a la vez interesantes. Un corto, un mediometraje y una película con historias sobre el despertar sexual, la maternidad y el duelo.