Al margen de los clichés y lugares comunes, en Islandia también hay ficción más allá del thriller y la novela negra. Tilbury es una película islandesa de terror dirigida por Vidar Vikingsson. Se trata de un telefilm cuya duración no llega a la hora y con unos valores de producción bastante discretos. Donde Tilbury brilla es en la trama, los temas que propone y cómo los presenta. En un mundo saturado de ficciones casi todas parecidas como dos gotas de agua, es refrescante y atractivo disfrutar de obras como Tilbury.

La película nos sitúa en el Reikiavik del año cuarenta, con Islandia ocupada por los británicos. Un joven islandés abandona su pueblo en busca de las oportunidades que ofrece una Reikiavik ocupada. Allí se reencontrará con Gudrun, amiga de la infancia e hija del párroco local. Pero Gudrun ha cambiado y ahora se relaciona con un militar británico, Tilbury, que para colmo tiene pinta de elfo y va por ahí vomitando una sustancia verde sin que ha nadie reaccione o parezca importarle. 

Tilburi es un monstruo de leyenda. En época de escasez una mujer puede coger un hueso humano, envolverlo en lana de cordero, meterlo entre sus pechos y rociarlo con vino consagrado en misa. Así creará un monstruo que roba la leche de los vecinos y luego vomita una sustancia verde que acaba convertida en alimentos como la mantequilla. Pero todo tiene un precio. La mujer que cree a este monstruo desarrollará un pezón en una de sus pantorrillas del que se alimentará el tilburi. Si es descubierto, succionará la vida de la mujer hasta su muerte. Esta leyenda tan loca se mezcla con la ocupación británica y el temor al despertar sexual femenino. El protagonista es un joven pueblerino que se ve amenazado por el empoderamiento de Gudrun y su sexualidad. Todo esto sucede entre escenas de vómito verde y musicales, como una especie de cruce entre una película de David Lynch y otra de David Cronenberg.  


El aspersor a las siete de la mañana


Tilbury es una película muy divertida donde el horror se diluye en la comedia y cierto surrealismo. Si quieres ver a un señor bajito con unicejo, nariz de cerdo y vomitando verde, esta es tu película.

Húsið: Trúnaðarmá, también conocida como The House, es una película de terror islandesa dirigida por Egill Edvarsson. Al contrario que en Tilbury, en The House no hay comedia. En ese sentido es una película que tira más por el thriller psicológico en la línea de Polanski. Incluso en la dirección Edvarsson es bastante clásico.

The House narra la historia de una joven pareja, él músico y director de orquesta y ella maestra en una escuela de sordos. Viven en casa de la madre de ella incapaces de encontrar una alojamiento digno de ese nombre. Después de mucho buscar, consiguen alquilar una casita para ellos dos solos. La trama se centra en la historia de esa casa y cómo ésta le afecta ella, trastocando su relación sentimental. Los ecos atrapados en esa casa resuenan con fuerza en su cabeza. Hay una parte de la trama que va precisamente de desentrañar ese misterio. Vamos descubriendo cosas con la protagonista en un final que será también el suyo.

La dirección es bastante elegante, especialmente en el juego de luces y sombras, con unos movimientos de cámara que recuerdan a El resplandor en algunos momentos de cámara en mano. Aunque la historia acaba tirando por el drama y la mujer como histérica celosa The House es una película más que correcta.

El pisito con el que todos soñamos



Draugasaga (1985) es un telefim islandés de terror dirigido, como en el caso de Tilbury, por Vidar Vikingsson. La trama gira sobre un joven estudiante que trabaja como vigilante en un estudio de televisión. Dicho estudio parece encantado por la presencia del fantasma de una mujer pelirroja. El joven se dedica a vestirse de mujer con peluca pelirroja para asustar a los trabajadores. Es la parte más interesante de la trama en una película que apenas llega a la hora, esa confusión entre el protagonista haciendo el cabra y la presencia fantasmal. También es donde falla la película, porque en ningún momento como espectadores dudamos del fantasma. 

Como repetirá el director en Tilbury, hay alguna escena más onírica, pero todo más contenido. Si en Tilbury se desarrolla una historia sobre el folclore local con un lenguaje cinematográfico bastante particular, en Draugasaga todo es más convencional y aburrido. Sin embargo sí que tiene unas cuantas escenas salvables, sobre todo en el último tramo, como el fantasma caminando de espaldas y la sombra de este proyectada sobre un fondo rojo de una parada de autobus. Casi parece una concepción moderna del cine de terror que mezcla la Italia de los setenta con el el jhorror de los noventa: un villano travestido y un fantasma yurei.

A favor de las marquesinas con este nuevo estilo

Islandia no es un país en el que a priori pensemos sobre cine de terror, sin embargo sí que tienes pequeñas joyas muy disfrutables, como estas Tilbury (1987),  Húsið: Trúnaðarmál (1983) y Draugasaga (1985). Sí que ha habido un puñado de películas islandesas de terror en los últimos quince años, pero merece la pena bucear un poco más en su cine e irse a producciones pequeñas de los setenta y ochenta. Las producciones son pequeñitas y con muchas limitaciones, pero mantienen intacto el sentido de la maravilla de que te cuenten una historia desde otro sitio al que no estás acostumbrado.