Sangre y Donuts es una película canadiense dirigida por la también canadiense Holly Dale. Como sucedió con otras mujeres en los setenta y ochenta, el terror fue la puerta de entrada a la dirección de Dale, que luego ha cimentado su carrera trabajando en series de televisión. En la película aparecen Louis Ferreira, conocido por su papel de Coronel Young en Stargate Universe, y David Cronenberg, que aquí interpreta un pequeño papel de mafioso. Canadá es como ir de vacaciones al pueblo, siempre te encuentras con alguien.

Sangre y Donuts es una película muy pequeña, con pocas localizaciones y un reparto reducido. Estrenada en 1995 ya está imbuida de cierto regusto meta que explotaría con Scream un año después, con un humor bastante paródico y por momentos autoconsciente. La película narra el despertar de Boya, un vampiro que lleva varias décadas durmiendo y al que una bola de golf despierta de su letargo. Lejos de descansar en un ataúd dentro de un castillo, Boya dormía en envuelto en una especie de hamaca dentro de un viejo almacén en Toronto. El tono de comedia se ve reforzado por la caracterización de los personajes, especialmente Boya, que más que un vampiro parece el cantante de una banda hair band de los ochenta. El tono de la película es costumbrista, casi como un Being Human o Lo que hacemos en las sombras, con Boya como vampiro que se alimenta de ratas y alquila una habitación en un motel de mala muerte.

Bon Jovi en la Superpop del 95

Holly Dale se saca de la manga algunos planos aberrantes muy chulos que usa para simular la desorientación que sufre Boya al despertarse de un sueño de veinticinco años. Teniendo el presupuesto de Sangre y Donuts y el nicho de mercado al que iba dirigida no deja de ser una sorpresa encontrarse con escenas así. También está presente una estética, sobre todo en las escenas nocturnas, bastante cercana al expresionismo, combinada con un realismo sucio bastante logrado. Las escasas localizaciones y los pocos planos generales de la suciedad presentan un mundo sucio y decadente, como la Nueva York de The French Conection en los setenta .

Buffy, la cazavampiros fue dirigida por Fran Rubel Kuzui y contó con guion de Joss Whedon. Después de casi tres décadas sin verla, había olvidado algunos grandes nombres que forman parte del reparto: Rutger Hauer de vampiro malvado, Donald Sutherland de vigilante, Hilary Swank de estudiante, Luke Perry de interés romántico de Buffy, además de algunos cameos de famosos que en la década de los noventa pasaron desapercibidos para el público español, pero ahí estaban Slash, Ben Affleck y Seth Green.

El tono de la película es bastante tontorrón, lo que llevó a Whedon a quejarse de la directora, Rubel Kuzui, por eliminar las partes más oscuras de su guion. Buffy, la cazavampiros no terminó de funcionar en taquilla, lo que unido a las malas críticas, la terminaron de destrozar y hundieron su reputación. Como Sangre y Donuts, también se nota esa evolución de la comedia de terror ochentera en un tipo de comedia, que aunque lejos de ser sofisticada, sí tenía un marcado carácter metanarrativo. La serie, estrenada en 1997, tiene un tono bastante más oscuro, que combinado con una ligereza naíf, la convertían en algo único. La película se queda en comedia cándida, inocentona, que no va mucho más allá de intentar sacar una sonrisa al espectador.

El vampiro Rutger con katana

Quizás por haber leído unos cuantos libros sobre estética estas semanas, me llama mucho la atención el color del vestuario: rosas, verdes y amarillos flúor contrastan con nuestro gris realismo capitalista de 2026. También se ve una evolución entre la moda de los ochenta y la de esos primeros noventa: las chaquetas ya no tienen hombreras, las mallas de lycra de colores menos saturados, las blusas cortas más ceñidas... Por ahí también se introduce la estética grunge a través del personaje que interpreta Luke Perry, Pike, un motorista de camisa de cuadros, vaqueros y aspecto desastrado. Que la protagonista sea una adolescente rubia y tonta forma parte de ese carácter meta que tiene la película, que se ría de los tópicos de la final girl del cine de terror, convirtiéndola en un heroína con superpoderes. La caracterización de los vampiros y sus muertes ridículas —distintas a ese convertirse en polvo de la serie— también acentúan lo meta.

Donald Sutherland en el papel de señor que ofrece caramelos a la puerta del instituto

El estilo de Rubel Kuzui se asemeja al de un videoclip de la MTV: todo en Buffy, la cazavampiros es ligereza, comedia y tono festivo. Desde las peleas a tortas de Buffy, las transiciones rápidas y la iluminación de estudio que se asemeja a la de las series adolescentes en boga de la época, Rubel Kuzui opta por dotar a la película de un tono desenfadado y casi de intrascendencia. Utiliza unas cuantas veces el montaje en paralelo, que sirven de contraste entre una Buffy entrenándose para combatir a los vampiros y otra Buffy que se va de compras. Tampoco hay gore ni rastro de sangre, que para tratarse de una película de vampiros, es un mérito.

Desde el Drácula (1992) de Coppola, hasta Entrevista con el vampiro (1994), pasando por Blade (1998) y Abierto hasta el amanecer (1996), la figura del vampiro fue recurrente en el cine estadounidense en la década de los noventa. Un vampiro que refleja la melancolía y cierto hastío existencial tan característicos de esa época. El fin de la historia que pronosticó Fukuyama nunca llegó, como sí llegaron los zombis en la siguiente década, anunciadores de las distopías y catástrofes convertidas en reiterado tropo dentro de la ficción. Así que mientras esperamos el siguiente fake y la próxima crisis, bien podemos disfrutar de la apatía adolescente noventera de Sangre y Donuts y Buffy, la cazavampiros.

                                         This machine is killing me
I pretended it was make-believe

Lost boys
Never grow up, never go home
Lost boys
Never spend their lunch money, yeah
Lost boys
Never grow up, never get old
Lost boys
Find me