Al final de la escalera es una película de terror canadiense dirigida por Peter Medak y protagonizada por George C. Scott. El título de la película en castellano es uno de esos escasos ejemplos en los que se mejora el original, que además revienta la trama. La película fue el gran éxito del húngaro Medak como director y el último gran papel de George C. Scott

La película, a pesar de estrenarse en 1980, bebe mucho del thriller de los setenta: es una película de terror gótica con fantasmas, bastante clásica, pero con la corrupción política como aderezo de la trama. Un poderoso y ya anciano senador intenta ocultar el secreto detrás de su apellido e identidad. Otro rasgo bastante setentero es el de la sesión espiritista con regusto New Age. ¿Tienes fantasmas en casa? Acude a tu universidad de referencia para que te manden a una médium a casa.

La acción de la película transcurre en su mayoría en una vieja mansión victoriana. Lo de vieja es bastante relativo, ya que de ese lado del Atlántico una casa de 70 años ya poco menos que es tan clásica como el Partenón de Atenas. En cualquier caso, esta mansión aislada se convierte también en protagonista de la película. John Russell, el personaje interpretado por Scott, es un compositor de música clásica que después de perder a su mujer e hija en un accidente decide mudarse. Gracias a una pareja de amigos encuentra una mansión aislada en mitad de la nada disponible para alquilar. La casa, que lleva tiempo deshabitada y fuera de mercado, se convierte en el nuevo hogar de John. El problema es que la casa está habitada por el fantasma de un niño asesinado que busca venganza.

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La película se mueve entre el clasicismo y la modernidad. Hay mucho del gótico más clasico de los cincuenta y sesenta, con un juego de luces y sombras y la búsqueda de la simetría, pero Medak también usa muchos picados y contrapicados con gran angular para mostrar lo grandioso de la casa y el POV del fantasma que recorre la mansión. El uso de picado y contrapicados combinados con un gran angular agranda el espacio interior, haciendo la casa más grande de lo que es, y también aísla al sujeto y lo empequeñece, convirtiéndolo en vulnerable. Asimismo el uso de los efectos de sonido para la construcción de escenas y como protagonistas de la película convierten a Al final de la escalera en una película moderna. La escena de la pelota roja cayendo por las escaleras y la de la silla de ruedas moviéndose sola siguen funcionando, más la primera que la segunda, que se ha visto homenajeada y repetida en numerosas ocasiones.

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Al final de la escalera fue, no sé si sigue siendo, una de esas películas a las que hoy algún iluminado calificaría como de «terror elevado». Quizás por eso era la única película de terror que podía encontrar en la colección de cintas de VHS de mis padres. Creo que durante un tiempo fue junto a El resplandor, El exorcista y Psicosis una de esas películas que los entendidos a los que no les gusta el terror citaban como ejemplo de buen cine, porque ya sabemos que el cine de género nunca puede ser bueno según esos entendidos. A día de hoy se le ven más las costuras y quizás el ritmo pausado pueda parecer lento, pero sigue siendo una muy buena película. 

Visiting Hours, inicialmente titulada The Fright, es una película de terror canadiense dirigida por Jean-Claude Lord y con guion de Brian Taggert. Cuenta con un reparto de muchas caras conocidas, empezando por la protagonista, Lee Grant, que en octubre del año pasado cumplió 100 años y es una de las escasas personas vivas del Hollywood clásico. Sale guapísima en In the Heat of the Night (1967), un thriller en el que comparte pantalla con Sidney Poitier, además de participar en La maldición de Damien (1978) y Mulholland Drive (2001). Otro rostro conocido es el de William Shatner, actor canadiense mundialmente famoso por su papel de capitán Kirk en Star Trek. Michael Ironside es el villano en esta película, otro rostro canadiense conocido por Scanners (1981), Desafío Total (1990) y Starship Troopers (1997), que estaba a punto de reventarlo con su aparición en V, los visitantes.

Michael Ironside es Colt Hawker, un asesino en serie que tiene bastante de los maniaco sessuale italianos tan comunes en los gialli de los años setenta. Hawker, que se dedica a asesinar mujeres, cuando ve por la tele hacer unas declaraciones feministas a Deborah Ballin —el personaje interpretado por Lee Grant— decide ir a su casa para asesinarla, pero ésta escapará maleherida y acabará en el hospital. Allí, gracias a la sororidad de otras mujeres, conseguirá evitar una vez más a Hawker, que busca acabar lo que había empezado.

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Visiting Hours es una extraña mezcla, híbrido de varios géneros de la década de los setenta: tiene algo de giallo italiano, de slasher y de thriller psicológico algo cínico. Para el espectador no hay misterio respecto al asesino interpretado por Ironside, en una trama que avanza tomándose su tiempo en ofrecer un retrato tanto del asesino como de su víctima. Ambientada en su mayoría en el espacio de cerrado de un hospital, Visiting Hours posee una estética cercana al realismo sucio. Hoy, esos largos pasillos de hospital iluminados por fluorescentes serían catalogados como espacios liminales. Sí, el terror liminal es una tendencia.

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Otra vueltita que da Visiting Hours al género es el de cambiar el tipo de víctimas: aquí el asesino no lidia con adolescentes ni con una final girl virginal, sino que se enfrenta a mujeres fuertes e independientes. Casi da vergüenza pensar que más de cuarenta años después alguien destaque a La sustancia (2024) como epítome de película de terror con subtexto feminista. Te tienes que reír. Visiting Hours es mucho más social y preciso en el comentario social que La sustancia.

5 AM, teeth-marked skin
I can see out loud, and I know
I start to feel pixelated
As we get buried in the sound
Dive right in, a kiss glistens
In a neon cloud, and I know
I'm not here to contain you
I'm just here to let you out