A
The Last Witch Hunter le di una oportunidad porque el director, Breck Eisner, tiene una película que me gusta mucho,
The Crazies. Si no hubiera sido por eso, ni me lo hubiera planteado. Y eso que habría ganado, porque
The Last Witch Hunter entra dentro de la categoría de película mala. Da igual que vayas con bajas expectativas. Es mala.
El protagonista es Kaulder, interpretado por Vin Diesel, un poderoso guerrero que logra acabar con la Reina Bruja, no sin que antes ésta le lance una maldición y lo convierta en inmortal. Así se acaba convirtiendo en garante de la paz entre humanos y gente con poderes mágicos.
El planteamiento inicial entra dentro de la fantasía urbana, un género poco explotado en el cine. Y en este caso concreto, desaprovechado.
The Last Witch Hunter es sinónimo de que reparto conocido (Vin Diesel, Michael cane, Elijah Wood, Rose Leslie, Joseph Gilgun...) y CGI no son suficientes para hacer buena una película. Ni aceptable. Le falta un guión consistente, con menos agujeros y con un poco de sentido. Ya no se trata de pedir un guión brillante, pero sí de uno que garantice un entretenimiento que, por los medios de los que dispone la película, sea de calidad.
Y es que al final, para lo único que ha servido The Last Witch Hunter es para que Vin Diesel se marque un Nicolas Cage.
A Joe Haldeman y a su obra La guerra interminable se los suele comparar con otro autor y otra obra: Heinlein y Tropas del espacio. Si la obra de Heinlein aboga por el autoritarismo y el militarismo, la de Haldeman inspira un profundo pacifismo.
Haldeman, que tuvo que combatir en Vietnan, recogió parte de sus vivencias en La guerra interminable. El enemigo taurino, lejano e incomprensible, es un trasunto de los vietnamitas levantados en armas. Y el protagonista, un soldado que cada vez que regresa a la Tierra, debido a la relatividad, se siente más sólo e incomprendido, es una representación de todos aquellos veteranos que combatieron en una guerra impopular.
A pesar del tema tratado, la soledad y la incomprensión, enmarcadas en una guerra interplanetaria sin fin, la obra de Haldeman no resulta tan desoladora y deprimente como
1984 o
Un mundo feliz.
La clave de esto está en el protagonista, un antihéroe, y el humor presente en toda la novela.
A pesar del contexto determinado en el que está escrita la novela, como tantas obras de ciencia ficción es disfrutable más allá de ese contexto.
La guerra interminable sirve comometáfora de todas esas guerras que todavía vivimos.
La soledad, la incomprensión y el absurdo de la guerra siguen siendo los mismos.
La quinta temporada de Fringe fue un epílogo de 13 episodios dirigidos al fandom de la serie. Ya se pudo vislumbrar el futuro en el que está ambientada esta temporada en un capítulo anterior. Y la serie como tal se cierra en la cuarta temporada, cuyo capítulo final podía haber servido también de final para la serie. Y en cierta manera lo es.
El argumento de esta última temporaba tiene que ver con los observadores, convertidos en villanos. Ahora son los que dominan el mundo, en una especie de gobierno autoritario de tintes fascistas, gracias a sus habilidades sobrehumanas. Peter, Astrid, Olivia y Walter son sacados del ámbar en el que llevaban conservados más de dos décadas por la Resistencia para combatir esta amenaza. Durante el primer tramo de la temporada, les acompañará Etta, la hija de Olivia y Peter, ya adulta. El macguffin de la temporada es el plan de Walter contra los observadores, que los llevará de un sitio a otro y alargará la trama demasiado, a pesar de constar sólo de 13 episodios.
El gran fallo de esta temporada es reconvertir a los observadores, parte fundamental de la mitología de la serie, en otra cosa. Y todas las implicaciones que ello conlleva: del otro universo, también parte esencial de la serie, sólo tenemos un pequeño guiño en el penúltimo episodio. La dinámica de grupo establecida en temporadas precedentes también salta por los aires. Ya no hay División Fringe, ni casos que investigar, y Nina y otros personajes de peso en la serie apenas aparecen.
Si ya en su momento no me gustó demasiado este epílogo innecesario, revisionar esta temporada final varios años después de su emisión me confirma dicho pensamiento. La serie se empezó a torcer en la cuarta temporada, con aquel borrado de la línea temporal que eliminaba a Peter de la memoria de los demás protagonistas. Y ya nunca se recuperó.
Indiana Jones es una trilogía,
Matrix sólo consta de una película y las temporadas de
Fringe son tres.
Demonic es una película que viene con el sello de "producida por James Wan". Lo que está bien para tener una buena distribución en salas y una buena publicidad en medios, quizá no está tan bien para otras cosas, como no despertar unas altas expectativas en público crítica que luego no se ven cumplidas. Quien espere un
Insidious u otro
The Conjuring, se equivoca.
Demonic es una película más de intriga que de terror, que salvo cuatro sustos y un final sobrenatural, poco más hay.
Cinco estudiantes son asesinados en una casa mientras hacían una sesión de espiritismo. En la misma casa, décadas antes, también habían tenido lugar unos crímenes relacionados con un ritual. Un policía y una psicóloga serán los encargados de interrogar al superviviente de la masacre y esclarecer los hechos. L
a película utiliza una narración en presente y otra en pasado, completando así, mediante flashbacks, la información que tienen los personajes y el espectador.
Utilizar la técnica de metraje encontrado, aunque justificada en un primer momento, se vuelve confusa e impide que la narración sea más fluida. Si no se hubiese rodado así no hubiese pasado absolutamente nada.
Toda la narración está construida para llegar a un giro final, donde la película se juega el todo por el todo. Auqnue pueda no gustar, por caer en lugares comunes y poco originales (se veía venir), sí que está bastante bien resuelto.
Un día cualquiera te levantas y te das cuenta de que estás atrapado en tu propia casa. Eso es lo que le pasa al protagonista, Mark, un artista fracasado. El día que tiene la vista por la custodia de su hijo, no puede salir de casa. Tampoco puede abrir las ventanas ni llamar por teléfono. Piensa que es una broma pesada, pero pronto se da cuenta de que es otra cosa, hay algo más: se ha desatado una pandemia y él está sometido a cuarentena en su propio piso. Este es el comienzo de Containment.
No es otra película más sobre virus y pandemias, o al menos no lo pretende. No se centra en la ciencia ficción ni en el terror, sino más bien en el thriller y en un tipo de terror nada común: el miedo a lo cotidiano. En un mundo y una sociedad donde no conoces ni a tus propios vecinos, donde todo empieza y acaba en tu casa (o en internet), no hay nada tan aterrador como sentir ese aislamiento e incomunicación por primera vez.
El componente de crítica social es bastante importante, pero siempre en un segundo plano, complementado. No funcionaría ni como película sobre pandemias ni como película social, pero es la mezcla de las dos, en su justa medida, lo que hace de
Containment una película entretenida. También ayuda la duración, poco más de una hora y diez.
Desarrollada en un espacio reducido que alimenta el ambiente de paranoia,
Containment funciona muy bien como thriller, además de dejar unas cuantas reflexiones interesantes.
The Final Girls sigue la línea de otras comedias de terror como The Cabin in the Woods y Tucker & Dale vs Evil. La diferencia con estas es el tipo de humor y el tono, mucho más blanco en
The Final Girls. Le falta un poco más de mala leche, sobre todo para ser una comedia de terror sobre
slashers.
La premisa es muy sencilla: un grupo de amigos son absovidos por una pantalla de cine y acaban dentro de la película que estaban viendo, un slasher de los ochenta. Antes de que esto ocurra, la película estable un vínculo entre uno de los personajes y la película. La protagonista, Max, es hija de una actriz de
slasher de los ochenta. Un par de años después de su muerte en un accidente de tráfico, se ve arrastrada por sus amigo a una convención de fans de películas de su madre. Cuando está dentro de la película, Max tiene oportunidad de interactuar con el personaje que interpreta su madre. Esto dará bastante juego durante la película.
Este cine dentro del cine permite a la pelicula hacer ciertos homenajes y tener licencia para ciertas cosas. No es una idea original, ya la hemos visto antes en La rosa púrpura del Cairo y El último gran héroe, pero aquí esa idea está bastante bien aprovechada. Es una película completamente autoconsciente de lo que es. No sólo parodia el género (
Viernes 13,
La noche de Halloween...), en este caso los
slashers, sino que también parodia las comedias de terror.
No es la mejor de la clase pero cuenta con una buena factura técnica, un reparto solvente (Taissa Farmiga está genial) y un final lo suficientemente abierto para una secuela.
The Young Pope es una serie coproducida por HBO, Canal+ y Sky Atlantic. Creada y dirigida por Paolo Sorrentino cuenta con un reparto de lujo, con Jude Law y Diane Keaton a la cabeza. Tiene diez episodios y ya ha sido renovada para una segunda temporada. No es la primera serie sobre un papa, pero sí la que más destaca a nivel formal. Visualmente es una serie muy cuidada.
Sorrentino narra la historia de Lenny Belardo, el primer Papa estadounidense y su particular manera de ver las cosas. Lenny, con el el nombre de Pío XIII, se convierte en un Papa fuera de su tiempo, ultraconservador, blasfemo,.. Si por juventud tenía que ser alguien dinámico, se muestra el más conservador de los conservadores, saltándose todas las convenciones establecidas hasta entonces por sus predecesores.
La trama se mueve entre dos tensiones: la del recién elegido Pío XIII, que no se ata a nada ni a nadie, y la de sus detractores, que conspiran para acabar con su papado. En este sentido la serie es correcta, sin destacar en nada ni pretender ser un dramón de telenovela como
Los Borgia. Sorrentino destaca en el aspecto visual. La serie es una mezcla de lo onírico y surrealista de
Twin Peaks y la recreación morbosa de
Hannibal. Hay escenas en las que no pasa absolutamente nada, la trama no avanza, pero visual y estéticamente son perfectas.
The Young Pope mantiene el equilibrio entre el fondo y la forma en el primer tramo de temporada emitido hasta ahora. La segunda parte de la temporada determinará qué camino elige Sorrentino para continuar la serie.