'The Final Girls': otra comedia de terror

The Final Girls sigue la línea de otras comedias de terror como The Cabin in the Woods y Tucker & Dale vs Evil. La diferencia con estas es el tipo de humor y el tono, mucho más blanco en The Final Girls. Le falta un poco más de mala leche, sobre todo para ser una comedia de terror sobre slashers. 

La premisa es muy sencilla: un grupo de amigos son absovidos por una pantalla de cine y acaban dentro de la película que estaban viendo, un slasher de los ochenta. Antes de que esto ocurra, la película estable un vínculo entre uno de los personajes y la película. La protagonista, Max, es hija de una actriz de slasher de los ochenta. Un par de años después de su muerte en un accidente de tráfico, se ve arrastrada por sus amigo a una convención de fans de películas de su madre. Cuando está dentro de la película, Max tiene oportunidad de interactuar con el personaje que interpreta su madre. Esto dará bastante juego durante la película.

Este cine dentro del cine permite a la pelicula hacer ciertos homenajes y tener licencia para ciertas cosas. No es una idea original, ya la hemos visto antes en La rosa púrpura del Cairo y El último gran héroe, pero aquí esa idea está bastante bien aprovechada. Es una película completamente autoconsciente de lo que es. No sólo parodia el género (Viernes 13, La noche de Halloween...), en este caso los slashers, sino que también parodia las comedias de terror.

No es la mejor de la clase pero cuenta con una buena factura técnica, un reparto solvente (Taissa Farmiga está genial) y un final lo suficientemente abierto para una secuela.

'The Young Pope': el fondo y la forma

The Young Pope es una serie coproducida por HBO, Canal+ y Sky Atlantic. Creada y dirigida por Paolo Sorrentino cuenta con un reparto de lujo, con Jude Law y Diane Keaton a la cabeza. Tiene diez episodios y ya ha sido renovada para una segunda temporada. No es la primera serie sobre un papa, pero sí la que más destaca a nivel formal. Visualmente es una serie muy cuidada.

Sorrentino narra la historia de Lenny Belardo, el primer Papa estadounidense y su particular manera de ver las cosas. Lenny, con el el nombre de Pío XIII, se convierte en un Papa fuera de su tiempo, ultraconservador, blasfemo,.. Si por juventud tenía que ser alguien dinámico, se muestra el más conservador de los conservadores, saltándose todas las convenciones establecidas hasta entonces por sus predecesores.

La trama se mueve entre dos tensiones: la del recién elegido Pío XIII, que no se ata a nada ni a nadie, y la de sus detractores, que conspiran para acabar con su papado. En este sentido la serie es correcta, sin destacar en nada ni pretender ser un dramón de telenovela como Los Borgia. Sorrentino destaca en el aspecto visual. La serie es una mezcla de lo onírico y surrealista de Twin Peaks y la recreación morbosa de Hannibal. Hay escenas en las que no pasa absolutamente nada, la trama no avanza, pero visual y estéticamente son perfectas.

The Young Pope mantiene el equilibrio entre el fondo y la forma en el primer tramo de temporada emitido hasta ahora. La segunda parte de la temporada determinará qué camino elige Sorrentino para continuar la serie.

'The Hallow': el bosque irlandés

Pese a ser un país pequeño, todos los años nos llegan de Irlanda un par de películas de terror. Grabbers, From the Dark, The Canal... Mejores o peores, todas llegan al mercado internacional. En 2015 fue el turno de The Hallow, el debut en la gran pantalla de Corin Hardy como director y guionista.

The Hallow no es original ni lo pretende. La historia comienza cuando un matrimonio joven y su bebé se instalan en una casa de un entorno rural. A pesar de las advertencias de uno de los lugareños sobre el peligro que corren en esa casa, hacen caso omiso. Poco a poco lo sobrenatural acaba haciendo aparición y amenazando sus vidas.

El folclore irlandés, lo relacionado con lo sobrenatural del bosque y sus criaturas, se desaprovecha utilizándolo sólo como trasfondo. The Hallow acaba convertida en una película de mosntruos al uso donde la mejor parte, casi siempre, es aquella en la que se dedica a sugerir y no a mostrar.

El final desmerece la tensión in crescendo que se ha ido creando. Las interpretaciones son correctas, los efectos especiales están muy logrados pero la historia no acaba de funcionar, transitando por lugares comunes sin llegar a destacar en nada.

'2010: The Year we Made Contact': la secuela diferente

Es difícil superar una de las obras cumbre de Stanley Kubrick, 2001: Una odisea del espacio, por eso Peter Hyams, director de la secuela, no lo intenta. La distancia que separa a una película de otra, más de 15 años, determina el tono y la forma que da Hyams a su película. También el tono y la forma de la novela en la que está basada, la secuela que Clarke publicó en 1982, determinan 2010: The Year we Made Contact.

La película se sitúa nueve años después de los hechos de 2001: Una odisea del espacio. Tras el fracaso de la misión Discovery, un equipo formado por estadounidenses y soviéticos parte hacia Júpiter para investigar lo sucedido y averiguar más sobre el monolito que orbita alrededor del planeta. La tripulación de la expedición tendrá que hacer frente a las tensiones existentes entre sus gobiernos y unir fuerzas para regresar sanos y salvos a la Tierra.

2010: The Year we Made Contact es más racional, menos filosófica y especulativa que 2001: Una odisea del espacio. Eso, que dio tanto juego a Kubrick en su versión cinematográfica, es el principal elemnto diferenciador entre una y otra. El momento lisérgico final de 2001: Una odisea del espacio no tiene cabida en su secuela, mucha más racional y preocupada por explicar hasta el más mínimo detalle al espectador.

Hyams, que venía de dirigir Atmósfera cero y Capricornio Uno, demostraba su buen hacer tras las cámaras con esta secuela que no pretendía competir con su antecesora. Si el principal miedo era que el público no entendiera la película, Hyams aclaraba hasta el último de los aspectos poco claros de la saga.

'Cita con Rama': una cita con Arthur C. Clarke

Arthur C. Clarke forma parte de la trinidad de escritores más destacados de la edad dorada de la ciencia ficción  junto a Isaac Asimov y Robert A. Heinlein. Luego ya vendrían otros (y otras) a quitarles el puesto, pero al principio fueron ellos. Las arenas de Marte, El fin de la infancia, o Fuentes del paraíso son algunas de sus obras destacadas, pero sobre todas estas destacan dos: 2001: Una odisea espacial y Cita con Rama. La primera publicada en 1968 y la segunda en 1972. En las décadas de los ochenta y de los noventa convertiría estas dos novelas en sagas, dos tetralogías que en algunos casos no estaban a la altura de las primeras obras.

Cita con Rama  sitúa la historia en el siglo XXII. La humanidad se ha expandido por casi todo el Sistema Solar, principalmente en la Luna, Marte, Mercurio y los satélites de Júpiter y Saturno. En el siglo XXI un meteorito impacta contra la Tierra, causando un montón de muertos. Se pone entonces en marcha un plan de vigilancia espacial para que no vuelva a suceder. Muchos años después, fruto de la casualidad y de este programa de vigilancia se descubre un objeto cilíndrico enorme al que se llama Rama. Se manda a la nave espacial Endeavour y a su tripulación explorar Rama.

Los temas que trata Arthur C. Clarke en su obra casi siempre son los mismo, Cita con Rama no es ninguna excepción. La Humanidad entra en contacto con una civilización superior. Este primer contacto está marcado por la incapacidad de comprender al otro, demasiado avanzado y demasiado inteligente para entenderlo. También desnuda las propias miserias, mostrando a una Humanidad egoísta muchas veces al borde la autodestrucción. Cuando la tripulación del Endeavour explore Rama despertará la vida en su interior, planteando aún muchos más interrogantes sobre su origen y sus habitantes.

Cita con Rama es un buen acercamiento a la obra de Arthur C. Clarke, donde tanto su estilo como el rigor científico y la fina ironía que le caracterizan están presentes. Al principio, con el preámbulo sobre la catástrofe del meteorito en Italia, puede hacerse un poco cuesta arriba, sobre todo por la intención de Clarke de darle un trasfondo y un verismo a la historia, pero el resto es muy ameno. Las secuelas, coescritas con Gentry Lee, no estarían a la altura, variando el tono y la forma de la historia original.

'La legión de los condenados': la guerra de Hassel

La legión de los condenados es uno de esos libros que por su género y temática espanta a muchos potenciales lectores. Si no te gusta o no te atrae la temática bélica y militar, como es mi caso, es normal que acabes buscando otros títulos para leer. Sin embargo, La legión de los condenados es una novela sorprendentemente ágil y entretenida, incluso para aquellos a los que no les guste mucho el género.

Dejo la polémica sobre la veracidad de lo narrado por Hassel, bastante discutido en los últimos años, y me tomo la obra como lo que es: ficción. Y como tal, puedo disfrutar de las aventuras de Sven Hassel personaje, soldado desertor condenado a trabajos forzados en un campo de concentración y luego obligado a servir como soldado en un batallón disciplinario.

Desde la peregrinación de Hassel por distintos campos de trabajos forzados hasta su inclusión en un batallón disciplinario, el personaje nos da una visión bastante descarnada de la guerra. El sinsentido de la guerra y sus consecuencias, son uno de los temas centrales de la novela. La legión de los condenados no es La montaña mágica, pero también tiene su buena parte de denuncia, como casi toda la literatura de posguerra, espantada por los horrores de la guerra.

Aunque Hassel es el protagonista absoluto de la novela, la pequeña unidad que forma con Porta, 'Pulgarcito' o 'El viejo' y su trágico final dan una dimensión más profunda a una novela de entretenimiento. Igual que Úrsula, la mujer con la que está casado y que no puede volver a ver porque será asesinada por el régimen nazi. Si Hassel se inventa todo lo que cuenta o no, es lo de menos.


'Train to Busan': la versión coreana de 'Guerra Mundial Z'

Desde que se presentó fuera de concurso en el último Festival Cannes, había leído muy buenas críticas sobre Train to Busan. Además, me picaba la curiosidad: ¿cómo será una superproducción surcoreana sobre zombis? La respuesta: está bien, no tanto como algunos aventuraban, pero resulta muy entretenida. Train to Busan no tiene nada que envidiar a una superproducción de Hollywood. No sólo en medios, sino también en el tono de la historia. Y el metraje, que se va a las dos horas y pico, seguramente uno de sus puntos débiles, alargar demasiado trama.

Seok-Woo es un fund manager o, como lo describe algún personaje, «una sanguijuela que vive de empobrecer a los demás». Divorciado y con una hija pequeña, ésta le pide como regalo de cumpleaños que la lleve con su madre a pasar el día. Al día siguiente, cumpliendo el deseo de su hija, cogen un tren en Seúl con destino Busan, donde espera la madre. Y empieza el apocalipsis zombi. Mira que hay sitios raros donde puede pillarte, pero lo del tren es original. Los pasajeros reproducen distintos roles y papeles, habituales en este tipo de películas. Salvo el protagonista, no se puede decir que ninguno tenga una evolución a lo largo de la historia. Cumplen una función y ya está.

Hace unos años se estrenaba una película surcoreana de ciencia ficción basada en un cómic francés que transcurría en un tren: Snowpiercer.
El componente de ciencia ficción encerraba una crítica social, algo inocente, sobre la situación actual. No sé que les ha dado a los surcoreanos por los trenes y el apocalipsis, pero Train to Busan también sigue la misma línea. No es sólo que el apocalipsis te pille en un tren, es el mensaje que lanza. También peca de un tramo final bastante irregular.

Aunque al principio no es así, los zombis de Train to Busan tienen bastante de espídicos, como en Guerra Mundial Z, y como en ésta, pierden su individualidad para convertirse en una masa uniforme. A veces es algo exagerado y con difícil justificación, buscando la espectacularidad y olvidando la trama.

Train to Busan es una buena película de zombis, entretenida y con buen ritmo. Si el apocalipsis fuera en España y los protagonistas tuviesen que coger un tren, no habría película. El tren llegaría tarde.