Manuel Mujica Láinez (1910-84) fue un escritor argentino hijo de familia aristocrática. Para los que gustamos del fantástico, Mujica Láinez escribió unas cuantas novelas en las que mezcla Historia y fantasía. El unicornio (1965) es una de esas novelas. Ambientada en el siglo XII, narra la historia de la hada Melusina y de su amor por uno de sus descendientes, el joven Aoil. Melusina de Lusignan, hada enamoradiza, es la protagonista absoluta de esta novela que tiene como telón de fondo la Francia medieval y las cruzadas.
Mujica Láinez utiliza un lenguaje cuasi modernista, al que se puede tildar de manierista.Una cadena de oraciones subordinadas sin fin, una prosa florida y rica en adjetivos, un estilo deliberadamente arcaico... No es fácil entrar de primeras en la novela, la prosa de Mujica Láinez te pasa por encima. Las frases culebrean por el laberinto que es la novela, abrumando y fascinando a partes iguales.
Mujica Láinez demuestra un conocimiento alto en historia y literatura medievales. No en vano se educó entre Argentina, Reino Unido y Francia. Cita unas cuantas veces a lo largo de la novela las obras de Chrétien de Troyes, Marie de France y Béroul. Entre cómo se enseña la literatura en el sistema educativo español y lo poco atractiva que es en ese periodo, solemos desdeñar la Edad Media pensando que todo son poemas épicos. La literatura medieval tiene obras muy interesantes de leer, no sólo como curiosidad histórica, sino por la capacidad de entretener que todavía suscitan.El unicornio recrea no la Edad Media, sino la idea de Edad Media que emana de la obra de los anteriormente citados Chrétien de Troyes, Marie de France y Béroul.
El escarabajo (1982) es, quizá, la obra más redonda y conocida de su autor, publicada unos años antes de morir este. Se trata de otra novela histórica, como El unicornio, pero alejada de los clichés del género. Narra la historia de un escarabajo de lapislázuli, regalo de Ramsés II a su esposa favorita, Nefertari, que dotado de vida y conciencia gracias a un hechizo del hermano pequeño del monarca, pasa de dueño en dueño a través de los milenios. Primero engarzado en un brazalete, luego decorando un anillo, es testigo de distintas épocas y acontecimientos históricos, aunque el escarabajo también sufre vicisitudes como un naufragio, que lo arrojan al fondo del mar, o varios enterramientos en los que acompaña a su dueño a la tumba.
La originalidad de la obra es la de crear este narrador no-humano, el escarabajo de lapislázuli. Esa voz narrativa, que en cierta medida crece, se desarrolla y se hace adulta a lo largo de la obra, es la que observa, reflexiona y transmite sus pensamientos y experiencias al lector. Su historia transcurre desde el Egipto de los faraones, la Atenas clásica y la Roma de Julio César hasta Roncesvalles, la mítica Avalón, la Venecia de los Polo, la Roma renacentista y la actualidad contemporánea, entre otros, en un viaje que podemos describir como circular. Es el propio Mujica Láinez, último dueño del escarabajo, el encargado de poner por escrito su accidentada vida.
La prosa de Mujica Láinez en El escarabajo es similar a la que usó en El unicornio, a pesar de las casi dos décadas que separan la publicación de los dos libros. Un lenguaje rico, prolijo, casi tan detallista como abrumador, que culebrea como un ouroboros por todo el libro, con una fina ironía que talla una sonrisa en el lector. Sin embargo, no es sólo el estilo, la manera de narrar lo que une estas dos obras, es también el vitalismo y el optimismo, las ganas de vivir que transmite Mujica Láinez. Un autor que como el escarabajo de lapislázuli vive, y lo hace porque como este, pasa de mano en mano, de un lector a otro, trasladando un mensaje cada vez más necesario: el del triunfo de la belleza sobre el caos y lo efímero de la vida. Como en este aforismo de los antiguos navegantes portugueses reformulado por Pessoa, «vivir no es necesario, lo que es necesario es crear».
Mujica Láinez, Manuel (1965). El unicornio. Seix Barral.
Mujica Láinez, Manuel (1982). El escarabajo. Plaza y Janés.
Peligro: reacción en cadena (1980) es un thriller conspirativo australiano escrita y dirigida por Ian Barry. Los italianos no eran los únicos que cogían ideas de fuera y las reciclaban dándoles un sabor local, y aunque Peligro: reacción en cadena parece El síndrome de China (1979) versión australiana sin Jack Lemon ni Jane Fonda, no es el caso. Se la suele catalogar de copia y explotación de esa película, aunque la producción del film empezó antes. También se la relaciona con Mad Max (1979), a veces queriendo dar a entender que es una copia de ésta, cuando lo que sucede es que comparten reparto —Mel Gibson aparece haciendo un cameo— y George Miller, director de Mad Max, figura como productor asociado. El cine de explotación australiano es una cosa completamente diferente y Peligro: reacción en cadena es un thriller con todo el sabor de los setenta.
Peligro: reacción en cadena es la historia sobre un accidente nuclear en una remota región de Australia —¿no lo son todas?— que la empresa y el gobierno quieren ocultar. Un empleado quiere dar a conocer la verdad pero es perseguido y cae enfermo debido a la radiación. Por si eso fuera poco, sufre de amnesia. Será atendido, cuidado y ocultado por una pareja, que ignora quién es ese hombre y lo que pretende. En la película hay escenas de acción, con alguna persecución en coche bastante divertida y que debió de llevarse una parte importante del presupuesto. Tiene un ritmo buenísimo, un poco más lento cuando está presentando las piezas de la trama, y más acelerado hacia el final cuando resuelve. Que el personaje que quiere denunciar el accidente nuclear sufra de amnesia es todo un acierto que funciona muy bien de cara a la trama. Generalmente lo de que el espectador sepa más que los personajes suele dar problemas, pero aquí queda perfecto, aumentando la tensión narrativa hasta que todo explota.
Si te gustaron los thrillers setenteros sobre conspiraciones como La amenaza de Andrómeda (1971), El síndrome de China (1979), The Parallax View (1974) y The Crazies (1973) te gustará Peligro: reacción en cadena.
Crosstalk (1982) es un techno-thriller dirigido por Mark Egerton y regusto a cyberpunk. Escrita por el propio Egerton junto a Linda Lane y Denid Whitburn, el guion es un batiburrillo de cosas que la asemeja a esos gialli italianos de los setenta, donde nada tiene mucho sentido. Esto fue debido a la caótica producción de la película. De hecho, el propio Egerton entró en la película sustituyendo a Keith Salvat con el rodaje avanzado.
Se comete el error de meter a Crosstalk en el saco del cine de explotación australiano, diciendo que es un cruce entre La ventana indiscreta (1954) de Hitchock y 2001: Una odisea en el espacio (1968) de Kubrick. Y a ver, algo de eso hay, pero la película es bastante más que eso, además de ser muy peculiar. La trama mezcla bastantes temas y no acaba de hilvanarlos completamente.Crosstalk narra la historia de Ed, un genio informático que trabaja en un nuevo ordenador. Cuando este intenta matarlo, acaba confinado en una silla de ruedas y la compañía para la que trabaja lo traslada junto al ordenador a un apartamento, para que siga desarrollando ese proyecto. Hasta aquí, pues bueno, más o menos la película se sigue bien, pero aquí se introduce otro elemento narrativo: la compañía para la que trabaja en el desarrollo de ese ordenador, no está muy interesada en pagarle la patente del invento y trata de asesinarlo. Por si eso fuera poco, Ed sospecha que uno de sus vecinos ha asesinado a su mujer y que el ordenador intenta comunicarse con él. Son tres líneas, la de la inteligencia artificial que intenta cargarse a su creador, la del thriller corporativo que busca asesinar al genio informático y quedarse con su invento, y la del misterioso asesinato en el edificio de apartamentos en el que vive Ed. Ya, para colmo, este último asesino parece que está relacionado con una organización que tiene algo que ver con la compañía para la que trabaja Ed.
Cuando enciendes la lámpara led del Ikea
Más allá del lío narrativo de Crosstalk y su extraño ritmo, también es una película bastante particular en otros aspectos. Es una película muy bien dirigida, lo que la aleja del cine de explotación. Tiene unos planos muy artísticos, en los que se nota que Egerton se gusta. Y también tiene una foto muy peculiar, más de gialli italiano. Es como si la película la hubiera dirigida Argento. Incluso hay algún amago de música electrónica. Crosstalk intenta transmitir esa idea de ciencia ficción que se adentra veinte minutos en el futuro, con esa casa completamente domotizada gracias al ordenador en el que trabaja Ed. Pero no sólo es el argumento, es el diseño de producción y cosas tan peregrinas como los títulos de crédito, para los que se usó la Data 70, un tipo de fuente muy reconocible, hoy retro-futurista pero en aquellos años futurista a secas.
Set-up gamer de los ochenta
Crosstalk no deja de ser una curiosidad nada conocida y poco valorada dentro del cine cyberpunk. Sorprende que con los problemas que tuvo y la reescritura de guion de Egerton y Whitburn, eliminando exteriores y otras escenas para reducir costes, la película llegara a terminar de rodarse. Eso explica el ritmo trastabillado y a veces lento de la película, que alarga escenas por rellenar minutos. También así se entiende un final hasta cierto punto anticlimático, pero también con un tono onírico que le sienta bastante bien a la película. En fin, Crosstalk es una peli raruna, más una curiosidad que otra cosa, por ver un thriller retro-futurista en el que una inteligencia artificial intenta comunicarse con su creador para alertarle de un crimen cometido en el edificio donde vive. Todo con una banda sonora que incluye unos sintes muy setenteros. Nadie pudo imaginar entonces la distopía tan cutre que nos está tocando vivir.
El país de los sueños es una novela de fantasía urbana juvenil escrita por el canadiense Charles de Lint. Publicada en 1990, forma parte de la larga serie de libros, más de una veintena, que toma el nombre de Newford, ciudad imaginaria norteamericana donde transcurren las historias. Newford es algo así como la Derry de Stephen King. En España Timun Mas publicó este libro en 1992.
Charles de Lint es un autor de fantasía poco conocido y con escasa obras traducidas al castellano. Los libros de su serie Newford se pueden leer de manera independiente. El hilo conductor que los une es el escenario donde transcurren las historias, la ciudad de Newford, y las tramas fantásticas que incluyen folclore nativo americano y europeo. Si algo aprendí en tercero de carrera en Literatura Canadiense fue a apreciar una literatura, generalmente escrita por los descendientes de los colonos europeos, que incorpora elementos del folclore de las tribus nativas.
El país de los sueños es una novela bastante breve y de escasa complejidad. Narra la historia de dos adolescentes, Ashley y Nina. Ashley, tras la muerte de su madre y el rechazo de su padre a hacerse cargo de ella, se traslada a vivir junto a sus tíos hippies y su prima Nina, adolescente como ella. Allí transcurre su vida odiando a todos y a todo y convertida en el cliché de adolescente noventera nihilista y enfadada: pelo largo, chupa de cuero y camisetas de grupos de rock. Su prima Nina es todo lo contrario, empollona y siempre bien maquillada aunque poco popular en el instituto. El sentido de la maravilla y la empatía van de la mano en esta historia de maduración y aprendizaje.
La novela tiene dos voces narrativas, las de Nina y Ashley, y cada capítulo va saltando de una a otra, comenzando por Nina: más o menos una vez a la semana tiene una pesadilla en la que se encuentra dentro del cuerpo de un animal. Nina culpa a su prima Ashley, que vive obsesionada leyendo libros sobre brujería. Poco a poco descubriremos que además de nuestro mundo real existe el mundo de los espíritus, y que uno de ellos quiere hacerse con Nina. Ashley deberá madurar para superar su cabreo adolescente y ayudar a su odiada prima, incluso si eso significa ocupar su lugar y sacrificarse por ella. El país de los sueños es una novela dirigida a un público adolescente con un mensaje bastante claro: espabila. La novedad es el uso del folclore nativo americano. Tampoco nada excesivamente complejo, no se adentra en ese mundo más allá de dar dos pinceladas, pero no deja de ser algo diferente a lo que estamos habituados a leer en este tipo de libros. Otro punto que llama la atención es la facilidad con la que los personajes aceptan lo sobrenatural en sus vidas, algo más propio de otras latitudes como Japón. Aunque poco sutil y con un desarrollo de los personajes escaso y predecible, El país de los sueños no deja de ser una novela atractiva y entretenida gracias a su mezcla de brevedad y folclore.
Bosque Mitago (1984) de Robert Holdstock es una novela de fantasía. Como en el caso de Vencer al dragón (1985), nos encontramos con una novela y un autor que rompen con la influencia de El señor de los anillos. Existe una épica en el libro de Holdstock, pero es individual y a pequeña escala. Quizás tenga que ver con esto el hecho de que la narración primero nació como relato, con el que Holdstock ganó varios premios, y luego expandió el universo contenido en el relato en forma de novela.
Holdstock nos cuenta la historia de dos hermanos, Steve y Christian Huxley, y una vida marcada por la obsesión de su padre con el bosque Ryhope, adyacente a la casa de campo en la que viven. Una obsesión que llevará a la muerte a su madre y que acabará matando a su padre. Ambientada en la Inglaterra de posguerra de 1947, Steve regresa al hogar tras una temporada en Francia, desde donde recibía noticias de su hermano mayor Christian, sólo para encontrarlo envejecido y obsesionado con el bosque, como su padre. La trama se va construyendo alrededor del triángulo establecido entre estos dos hermanos y una mujer que viene del bosque, que desvela poco a poco las investigaciones de su padre sobre los mitagos. Porque, ¿qué es un mitago? Ahí está lo original de la novela. Un mitago es la imagen de la forma idealizada de una criatura mítica. Los bosques antiguos, como el de Ryhope, junto al que viven los Huxley, son campos de energía creativa que interactúa con el inconsciente colectivo donde se encuentran los premitagos. Casi nada, ¿eh? Carl Jung estaría orgulloso. Luego introduce conceptos como el de urscumug, una arquetipo de mitago del que surgen todas las formas posteriores, un héroe de los primeros hombres que forma parte de una memoria oculta. Pero aterrizando esto, la idea de mitago quiere decir que cada pueblo crea sus leyendas y les da, literalmente, vida. Guiwenneth es el mitago del que se enamoran los hermanos, una mujer que encarna una leyenda ya olvidada. Es la mujer con la que se obsesiona su padre, luego Christian, que la pierde cuando otros mitagos salen del bosque y los atacan, y Steve, que ve como Christian se la arrebata y se adentra con ella en el bosque dándole por muerto. El viaje de Steve a través del bosque en busca de la mujer que ama y de su hermano es un recorrido por los héroes y leyendas que han surgido Inglaterra desde el fin de la última glaciación. También es un viaje sobre la creación de un mito, el de Steve, Christian y Guiwenneth, y sobre la posibilidad de que los mitos, o algunos de ellos, no vengan del pasado, sino del futuro.
Holdstock se toma su tiempo para hacer avanzar la trama en una novela con un ritmo narrativo pausado y un estilo realista que se va adentrando poco a poco en la fantasía. El ritmo pausado y lo reflexivo y descriptivo de la prosa pueden tirar para atrás a más de un lector. Bosque mitago explora ideas como la memoria racial, el inconsciente colectivo y el origen de los mitos y las leyendas, en un enfoque antropológico que recuerda a la obra de Ursula K. Le Guin, pero con un estilo literario más cercano a Algernon Blackwood. Como en el caso de El país de los sueños y Vencer al dragón, Bosque Mitago es un libro autoconclusivo que forma parte de una saga.
de Lint, Charles (1992). El bosque de los sueños. Timun Mas. Holdstock, Robert (2021). Bosque Mitago. Gigamesh
Después de Twister (1996), Volcano (1997) y Un pueblo llamado Dante's Peak (1997), llegaban Deep Impact (1998) y Armageddon (1998) como nuevos blockbusters del cine de catástrofes. De este nuevo par de películas gemelas, Deep Impact llegó primero, en mayo, seguida de Armageddon,en julio.
Deep Impact es una película dirigida por Mimi Leder, escrita por Bruce Joel Rubin y Michael Tulkin, y protagonizada por Robert Duvall, Téa Leoni, Elijah Wood y Morgan Freeman. Si por algo destaca la película es por Morgan Freeman y su personaje, el presidente Beck, que se come al resto del reparto con patatas. Un reparto en el que estaba el Elijah Wood de antes de El Señor de los anillos, que aún estrenaría ese 1998 una peli de culto como The Faculty.
La peli contó con unos 80 millones de presupuesto, casi la mitad que Armageddon, quizá por eso sólo los últimos diez últimos minutos están repletos de explosiones y olas gigantes. Los efectos especiales no son el fuerte de la película, ni por cantidad ni por calidad, sólo hay que ver las imágenes de la nave en el espacio. Como sucedía con Dante's Peak, Deep Impact se centra más en el drama individual que en el cine de explosiones. Explora los traumas de varios de sus personajes y llega a tener un tono didáctico por boca del personaje interpretado por Freeman. Es el presidente de EEUU el encargado de explicar, cual profesor de secundaria, los acontecimientos que están por suceder. ¿Qué diferencia con el presidente real, eh? La película tiene una fotografía que luce más natural, casi de documental, y se aleja de los movimientos bruscos de cámara y las escenas con veinte mil cortes.
Los buscadores en los noventa
Michael Bay. Los primeros diez minutos de la película son, literalmente, explosiones y destrucción: una lluvia de meteoritos destruye un transbordador espacial y destroza la ciudad de Nueva York.Armageddon está dirigida por el videoclipero Michael Bay, escrita por J. J. Abrams y Jonathan Hensleigh, y protagonizada por Bruce Willis, Ben Affleck y una retahíla de secundarios casi interminables, que incluye a Udo Kier. ¿Alguno recordabais el papel de Kier en Armageddon?
Como en Deep Impact, un meteorito va a colisionar contra la Tierra y EEUU manda a unos tipos en una nave espacial para destruirlo con armas nucleares. Bruce Willis hace de Bruce Willis. Su presentación de personaje es la época: lanza pelotas de golf desde una plataforma petrolífera a los activistas del barco de Greepeace que están protestando frente a ella. ¿Qué es el fin de la Historia?, se preguntaba Fukuyama.
El estilo de Bay es el de mucho corte y mucho movimiento de cámara, con mucho color saturado y contraste. La fotografía de Deep Impact es bastante natural, a diferencia de lo que sucede en Armageddon, que es pura fantasía: tienes un primer plano de Liv Tyler completamente en verde y a Bruce Willis en segundo plano en claroscuro casi de blanco y negro. Son estímulos por todos lados y en todo momento: destrucciones de naves espaciales, estaciones espaciales, discursos del presidente, más explosiones, canciones de Aerosmith, beso de película... Armageddon puede llegar a ser agotadora.
La industria cinematográfica de Hollywood, de cuando en cuando, tiende a producir este efecto de las películas gemelas: producciones de una temática similar que se estrenan casi a la vez. Desde la época de los cinco grandes estudios de Hollywood, hasta los conglomerados industriales de los noventa o el oligopolio actual en manos de las tecnológicas, no ha sido raro ver como distintos estudios cinematográficos estrenaban casi la misma película. Los que crecimos en los noventa tenemos vivos recuerdos de Amageddon (1998) y Deep Impact (1998), Antz (Hormigas) (1998) y Bichos, una aventura en miniatura (1998) o las películas de las que voy a hablar hoy, Volcano (1997) y Un pueblo llamado Dante's Peak (1997). Estos son algunos de los casos más sonados, donde tanto una película como otra tienen un impacto similar en cuanto a popularidad, pero existen pares de películas donde una triunfó y la otra fracasó en taquilla, generalmente debido a diferencias de presupuesto. Casos de este tipo son Parque Jurásico (1993) y Carnosaurios (1993) o El show de Truman (1998) y EDtv (1999). También se da el caso de trillizos, aunque solo una o dos películas de ese trío suelen tener verdadera repercusión.
Cabe señalar que este fenómeno de las películas gemelas no es lo mismo que una moda, como sucedió con la estética y las nuevas técnicas utilizadas en Matrix (1999). Existen modas y tendencias que marcan cómo se hace cine, no cabe duda, pero las películas gemelas son otra cosa. Debido a que circulan guiones por todos lados, a la movilidad de los trabajadores dentro de la industria, al espionaje entre estudios y a factores externos como algunas efemérides famosas, no ha sido extraño que varios estudios desarrollasen producciones casi paralelas sobre un mismo tema. Y sí, la poligénesis también es una posibilidad que puede explicar el fenómeno, pero no es lo habitual.
Volcano (1997) está dirigida por Mick Jackson, escrita por Jeremy Armstrong y Billy Ray, y protagonizada por Tommy Lee Jones y Anne Heche. La película es noventera por los cuatro costados. El director, Jackson, venía de hacer tele en Reino Unido, y dio el pelotazo en el 92 con El guardaespaldas. Para Clay supuso asomarse a una gran producción y hacer carrera en Hollywood. Heche hace lo que puede con el papel que le dan —científica buenorra que se enamora de un señor mayor—, pero Tommy Lee Jones parece que está en otra película.
Llevaban ya unos cuantos años en Hollywood aprovechando el abaratamiento de los efectos especiales y las nuevas posibilidades que ofrecía lo digital para producir películas de catástrofes.Volcano es coger ese concepto y aplicarlo a la ciudad de Los Ángeles: qué pasaría si el magma del interior de la tierra encontrara una salida en la ciudad. Tommy Lee Jones es funcionario de una organización encargada de actuar ante catástrofes, que se encarga del área de Los Ángeles. Anne Heche es una geóloga cuya única función es enamorarse, por algún motivo extraño, del personaje que interpreta Jones. Tampoco hay que olvidar que a este personaje le colocan una hija de trece años porque patatas.
Si por reparto y equipo la película es noventera, Volcano también es reflejo de la década en otros aspectos: unos efectos CGI que ya eran regulares en la época y han envejecido mal, personajes de los de ficha de juego de rol, escenas de acción con explosiones y un romance improbable que se ve venir desde el minuto uno. Luego tira de tópicos trilladísimos, como el del protagonista avisando al jefe del desastre y siendo ignorado. Si alguna vez Mick Jackson tuvo algún estilo característico dirigiendo, no se encuentra en Volcano. Lo de los ríos de lava fluyendo por las calles de Los Ángeles cual río Ebro es digno de ver.
Bomberos 1-0 Lava
Volcano también es una película que dibuja una época, donde funcionarios eficientes y bien preparados están colocados por los poderes públicos para prevenir y responder a catástrofes. Todo ello pese a tener jefes y políticos más preocupados por la/su economía que por la/su seguridad, como ya nos enseñó el alcalde de Tiburón. Cómo contrasta esto con nuestra época, donde los responsables escurren el bulto y sólo se preocupan del relato. Los responsables ya sólo están ahí para aparentar y la sociedad ya no existe, sólo existe el individuo y el sálvese quien pueda —mamá, socorro—.
Un pueblo llamado Dante's Peak se estrenó unos meses antes que Volcano. Dirigida por Roger Donaldson, escrita por Leslie Bohem y protagonizada por dos de las grandes estrellas del momento, Pierce Brosnan y Linda Hamilton, contó con algo más de dinero que su hermana gemela. Y luce mejor ese dinero en Dante's Peak que en Volcano.
Aunque aquí la diferencia fundamental es de tono: Dante's Peak es noventera, pero conserva el espíritu Amblin/Spielberg/añosochenta. Tiene un último tercio en el que todo son huidas y explosiones, pero el viaje hasta llegar ahí ha sido diferente. Brosnan interpreta el papel de un geólogo que ha llegado al pueblo para estudiar la actividad volcánica, y Hamilton es la joven alcaldesa y madre divorciada de dos hijos que lo acoge. La importancia de la familia nuclear y el escenario, una pequeña ciudad, hacen que todo se reduzca a un ámbito más pequeño. Es más intimista, centrada en los dramas individuales y con un punto más realista que un boquete que escupe lava y piedras, como en Volcano. Es fácil ver paralelismos con otras cintas como Parque Jurásico (1993), con esa pareja de niños adoptada por el paleontólogo Alan Grant, o remontarnos más atrás hasta E. T. el extraterrestre (1982) y Tiburón (1975). Para mí los dos primeros tramos de la peli, más centrados en el pueblo y los personajes, como las primeras novelas de Stephen King, son los que salvan la película de caer en el ridículo en el que cae Volcano.
En mi época todo esto era campo y los coches circulaban sobre lava
Al final fue Universal Pictures, el estudio detrás de Un pueblo llamado Dante's Peak, el que se llevó el gato al agua en esta competición de volcanes. La 20th Century Studios se tuvo que conformar con el segundo puesto. Peor le fue a Davies Entertainment con su Volcano: Fire on the Mountain (1997), la peli que produjeron para el canal de televisión ABC. De haberse estrenado hace unos años ya hubiéramos visto dos o tres secuelas de cada peli y quizás alguna serie.
La senda de la serpiente (1998) es una película dirigida por Kiyoshi Kurosawa —el Kurosawa bueno—. Kurosawa es con diferencia el más autor de la nueva ola del cine japonés de los ochenta y noventa. Kurosawa es de los que se curtió en el V-Cinema, los directos a vídeo que se producían como churros en los ochenta, dirigiendo pinku eigas, pelis de yakuzas y pelis de terror.
La senda de la serpiente es un thriller de yakuzas bastante peculiar. El argumento gira alrededor de la venganza de Miyashita, un yakuza de bajo rango. Su hija de ocho años es secuestrada y torturada, pero no se sabe el porqué ni el quién lo hizo. Acompañado por un misterioso personaje, Nijita, se dedicará a secuestrar y a matar a todos los implicados en el asesinato de su hija.
Lejos de grandes escenas de acción, lo que destaca en La senda de la serpiente es la suciedad y la crudeza. Como en otra de sus películas más conocidas, Kairo (2001), La senda de la serpiente está ambienta en unos escenarios urbanos posindustriales, deprimidos, sucios. También tiene en común con esta Kairo cierto nihilismo. La venganza es un acto vacío, al igual que la violencia, escasa pero cruda. Al final, como en Kairo, los personajes están aislados y alienados. La relación entre estos dos protagonistas, que va ganando en ambigüedad según avanza el filme, es la base sobre la que se construye la tensión dramática. La película tendría un remake en 2024, dirigido por el propio Kurosawa.
Soft Skin (1998) está dirigida por Hisayasu Sato y escrita por Sato en colaboración con Kyoko Godai. Como en el caso de Kurosawa, Sato se curtió en el mundillo de los directos a vídeo de Japón, dirigiendo infinidad de pinku eiga en los ochenta, elevándolo en algunos casos a cine de autor. Siguió en este camino del cine de guerrilla alejándose de este subgénero —pinku eiga—y explorando temas como la alienación y la represión sexual en la sociedad japonesa desde otros ángulos. A veces, como en el caso de Naked Blood (1995), Sato mezcla géneros con resultados únicos.
Soft Skin trata sobre un ama de casa, esposa y madre, que se echa un amante más joven y simula junto a este un secuestro para llamar la atención de su familia. Una familia completamente disfuncional, con un marido chupatintas que sólo tiene tiempo para su trabajo, un hijo centrado en los estudios, una hija como presentadora de un programa sensacionalista de crímenes y otra hija aún adolescente con problemas alimenticios y que proporciona sesiones de sado a señores mayores.
Con un estilo de mucha cámara en mano, con zoom torpes que van a trompicones y fotografía quemada en algunos casos, Sato elabora un discurso transgresor que va más allá de la mera provocación. Los personajes de Soft Skin son patéticos y tan egoístas como la sociedad alienada que los creó en primer lugar; Sato no muestra compasión por ninguno de ellos, más bien se dedica a diseccionar las distintas capas con ánimo de voyeur. En Soft Skin la tecnología que debía servir para conectar a una familia, los busca y los primeros teléfonos móviles, sirve para todo lo contrario. Como en el caso de la hija pequeña y su trastorno alimenticio, cada personaje se deja llevar por sus impulsos más primarios. Así luce una dramedia sobre una familia disfuncional para Sato y así luce el grano del VHS en los noventa.
Tienes una lengua en el ojo
Visitor Q (2001) está dirigida por Takashi Miike y escrita por Itaru Era. Miike completa esta trilogía de directores nacidos entre 1955 y 1960 que se curtieron en los directos a vídeo de los ochenta y noventa. Kurosawa es el más esteta, el que sabe dirigir y crear atmósferas, Sato tiene un punto entre Cronenberg y la vanguardia, y finalmente Miike es la máquina de churros del cine extremo.
Si Soft Skin de Sato trata sobre una familia disfuncional, Miike no se queda corto en Visitor Q. El padre, antiguo reportero de calle, se acuesta con su hija, que además se prostituye. La madre también se prostituye, es heroinómana y sufre los abusos de su hijo adolescente, y este a su vez padece bullying por parte de sus compañeros de clase. A esta familia se le une un buen día Q, un misterioso visitante.
Está grabada en 4:3 con cámara digital y pocas florituras. También los personajes del padre y la hija se graban, especialmente el padre, que documenta lo que hace su familia, acercándose la película al falso documental y siendo esta su forma de reconectar con su damilia. Está grabada cámara en mano, con el típico movimiento y tembleque de la cámara. Ese estilo de cine murió cuando introdujeron y mejoraron los estabilizadores en cuerpo y objetivos, pasando las míticas handycam, aunque conserven el nombre, a mejor vida.
Una de las mejores frases del cine japonés
Miike desarrolla en Visitor Q una sátira bastante ácida sobre la familia tradicional japonesa. A su manera, pasando por el tamiz del surrealismo el erotismo y lo grotesco, Miike da un «final feliz» a sus personajes. Incesto, necrofilia, maltrato, drogas, asesinatos, lactancia en adultos, violaciones... la vía de la transgresión es el impulso que el misterioso visitante Q da a cada miembro de la familia, de manera individual, para volverlos a unir. Cada tabú roto es precisamente una denuncia de los problemas de la sociedad japonesa, que en el caso de Miike los lleva a un extremo y con ello nos interpela como espectadores. Puede parecer una película que sólo busca provocar por provocar, y es cierto que Miike va a volumen 11 todo el rato, pero existe un subtexto que la hace bastante actual e interesante. Y aunque el trato a sus personajes es extremo, también existe una ternura que no vemos en Sato y Kurosawa.
El punto azul al que llamamos hogar completa otra vuelta elíptica alrededor del sol entre guerras comerciales, genocidios y la amenaza nuclear. Agotamos otro año más de una década a la que se le acumulan los desastres y las malas noticias, y donde lo mejor que podemos decir es que seguimos vivos —sólo algunos—, al menos de momento.
En lo personal 2025 ha sido un año de cambios, el de país y el de vida. ¿Quién me iba a decir a mí que iba a pasar mis treinta viviendo en Mánchester? Mánchester, la Bilbao mal —por mucho que C. se queje de que Bilbao esto y Bilbao lo otro. Vengo del futuro, como la de la lejía—, ha sido mi casa durante más de un lustro. Cambio de vida y cambio de década. Pongo el «4» en el contador de años y la vista en un futuro que parece cada vez más frágil, casi improbable, y con el vértigo de ir agotando vidas y quedar menos pantallas del juego que llamamos vida. De los creadores de «si te gustó el colegio te encantará el trabajo» llega «si te gustó opositar a los veinte lo vas a gozar a los cuarenta». A la espera de la próxima tirada de dados, me veréis silbando por las calles de Salamanca el Always Look on the Bright Side of Life mientras saco alguna fotillo, así que sonreíd, aunque sólo sea por no salir con cara de amargaos en la foto.
LIBROS
La novela que más me ha gustado:El vado de los zorros de Anna Starobinets. Un libro de esos que parecen salidos de ninguna parte por lo inesperados. A Starobinets le ha pasado con El vado de los zorros como a Enriquez cuando publicó Nuestra parte de noche, que nos ha descolocado a todos. Por aquí hablé de ella. Un thriller de ciencia ficción ambientado en la Manchuria soviética, tan adictivo como atractivo. ¿Espías, mentalistas, cambiaformas, magos, nazis? Póngame cuarto y mitad.
Premios mejor novela casi pero no ex aequo: Chamanes eléctricos en la fiesta del sol de Mónica Ojeda es buena mandanga. No es lo mejor que ha escrito y se gusta demasiado, pero Ojeda es mucha Ojeda.
Menciones especiales: Hijos de lobos de Tanith Lee, Vencer al dragón de Barbara Hambly, El monte de las furias de Fernanda Trías y El unicornio de Manuel Mujica Lainez. Ha sido un año raro donde he acabado leyendo demasiadas series y sagas.
Relectura: Aquí si hay tela que cortar. La peste de Albert Camus. Con la perspectiva que dan los años y sobre todo la experiencia de la pandemia, La peste de Camus cobra un significado especial. Ojalá vuelva ese humanismo que desprende la novela, porque nos va a hacer falta. También he releído a Shakespeare y a los griegos, Sófocles y Esquilo. Bastante alejado de lo que suelo leer estos últimos años, pero son relecturas igual de estimulantes.
Libro de relatos que más me ha gustado: Kalpa imperial de Ángela Gorodischer. Llegué al libro a través del podcast Todo tranquilo en Dunwich y menos mal, porque de otra forma no le hubiera prestado atención. Hablé de ella en esta entrada. Un libro y una autora muy recomendables.
Premio mejor libro de relatos casi ex aequo pero no: Los lentes azules de Daphne du Maurier, en su edición en Reno. A la autora se la reduce a Los pájaros y Rebeca, las adaptaciones de Hitchcock, pero es mucho más.
Menciones especiales: María Fernanda Ampuero con Sacrificios humanos y Pelea de gallos también me ha gustado muchísimo, junto a El cazador de jaguares de Lucius Shepard.
Mejores antologías de relatos: Dantescas, coordinado por Ampuero, la revista mexicana de ciencia ficción Rocambolesca de Ari Pérez, los Cuentos fantásticos del siglo XIX vol. 1 editado por Calvino y varios números de la Biblioteca universal de Misterio y Terror. No hay señoras victorianas este año —esnif, esnif—.
Libro de no ficción: Este año han caído unos cuantos de astrofísica y biología, especialmente buenos los de Carlos Briones y Sean B. Carroll. Luego está Realismo capitalista de Mark Fisher, con el que he dado la turra por encima de mis posibilidades y que todavía sigo saqueando y citando.
PELÍCULAS
Salas de cine: He vuelto a ir con asiduidad al cine, solo o acompañado, aunque cada vez lo ponen más difícil: entradas más caras, pocas opciones de ver la versión original y películas que duran un suspiro en cartelera. Además, estoy a un paso de ser un viejo gruñón que se enfada con la chavalada cuando están con el puto móvil en la sala.
Popurrí japonés e italiano: Pues si otros años había algún subgénero o país en el que me adentraba, este 2025 ha sido una macedonia. A comienzos de año seguí viendo pelis japonesas y adentrándome en la cinematografía de Koji Shiraishi —Shirome, Teke Teke 1 y 2, A Beast in Love, Hell Girl, Villain, House of Sayuri, Kinki...—, del que me gustan hasta los andares. También cayeron algunas de Kiyoshi, el Kurosawa bueno —Chime está MUY guapa— y Takashi Miike. Entre tanto japonés aproveché para ver algunos gialli, alguno más conocido de Argento y Martino, como La polizia accusa: il servizio segreto uccide —es uno de los mejores títulos del mundo mundial—, pero también otros más desconocidos, de los de rascar la sartén. No me cansaré de recomendar La corta noche de las muñecas de cristal (1971), Qualcosa striscia nel buio (1971), Vicios prohibidos (1972) y Las lágrimas de Jennifer (1972). Principios de los setenta fue una década llena de buenas pelis italianas. Y ya que estaba, me puse con el cine de explotación italiano de los ochenta y las pelis de Deodatto y Fulci de esa década.
Popurrí europeo: Como no todo iba a ser Italia y Japón, 2025 me sirvió para conocer las cinematografías de otros países, algunos ya inexistentes como Yugoslavia y Checoslovaquia, y otros pequeños como Islandia. Tilbury (1987) y Leptirica (1973) me parecen películas que merecen más interés. Ya fuera del terror y la fantasía, me dio por pegarle un buen repaso a las primeras pelis de Almodóvar y (re)descubrir algunas pelis como Átame, que si no es un giallo, que baje dios y lo vea.
En el recuerdo: Se murió el señor del pelo blanco, David Lynch. Todavía recuerdo en mi primer año de universidad, allá por 2004, disertar sobre el cine de Lynch entre caña y caña en la cafetería de la facultad. Sin tener ni puta idea. Lynch fue el CINE.
Más recuerdos: Después de más de dos décadas retirado, se supo de la muerte de Gene Hackman este año. Tiene pelis muy recomendables como Night Moves (1975), The French Connection (1971) y Mississippi Burning (1988).
Películas de culto: La yugoslava Variola vera (1982) y la francesa Demonlover (2002) están en mi top de lo mejor del año. De la primera hablé aquí. Se trata de una peli entre el costumbrismo y el terror, que se entiende mejor, como otras tantas cosas, después de la pandemia de 2020. Le debo el descubrimiento de Demonlover a Estamos muertos, ¿o qué? Peli francesa metida en el saco del nuevo extremismo francés que es una pasada, de las que te pasan por encima. La peli comienza como una especie de thriller corporativo que acaba derivando en cyberpunk sin saber muy bien qué está pasando.
Más pelis de culto: Gracias al blog Barrilete Cósmico descubrí Le seuil du vide (1972) y Trompe l'oeil (1975), dos pelis del fantástico francés completamente desconocidas y muy recomendables. También he disfrutado de The Hidden (1987), con Kylen MacLachlan interpretando otro agente del FBI, y de Constantine (2005), película denostada en su momento, aupada a la categoría de culto después, y que con el empeño de Keanu Reeves puede llegar a tener secuela. The Chain Reaction (1980) es la australiana que no podía faltar.
Mis pelis de 2025: Casi todas las películas estrenadas este año que he visto son de terror o de un género concomitante. La vida no está para dramas. Weapons me gustó muchísimo y sospecho que verla en una sala de cine tuvo bastante que ver con eso. En el recuerdo, cada vez me entusiasma menos. Justo lo contrario que me pasa con Bugonia, que ya me pareció buena cuando salí del cine y hoy me parece todavía mejor. Destino final es la mejor saga de terror de la historia, casi no hay peli mala, y con Destino final: Lazos de sangre, su sexta entrega, lo vuelven a demostrar. La The Running Man de Edgar Wright mola un montón. Dangerous Animals y Bring Her Back me dan más razones para no pisar Australia. 825 Forest Road demuestra dos cosas: que Cognetti es más que Hell House LLC y que los maniquíes (me) dan miedo. De las que no han sido terror, he disfrutado de la humanidad de Superman y La gran ambición: un superhéroe y un político que se preocupan por los comunes y la justicia social. Y la última de este año con la que lo he gozado ha sido Kinki, la peli con más pasta y menos collejas de Koji Shiraishi.
SERIES
Al contrario que otros años, en 2025 sí he visto alguna que otra serie, aunque salvo excepciones nada especialmente interesante.
Mi favorita del año: Paradise. Serie de la plataforma Hulu, con un título horrible y que ha pasado completamente desapercibida. Si ya todo va a una velocidad de la leche, donde el gran evento de ayer caducó esta mañana, pasar desapercibido es convertirse en lost media en unos años. Paradise, sin ser la gran cosa ni pretender inventar la rueda, se sale de lo común. Son ocho capítulos en los que es mejor adentrarse sin saber absolutamente nada de la trama. Si no has oído hablar de ella, dale un tiento antes de que estrenen la segunda temporada y te revienten la sorpresa. Es como la película Demonlover, que te lleva por un sitio para luego cogerte del brazo y llevarte por otro. No creo que todo se fíe a ese giro, ni me suelen gustar las obras que sí lo hacen, pero es más la manera en la que te conducen. Me parece elegante y poco tramposa, un viaje que se disfruta.
Otras: Justo acabo de terminar Pluribus, quizá por eso está por aquí, porque la tengo más fresca. No entiendo el mensaje ¿reaccionario? de la serie de Vince Gilligan: al caos del neoliberalismo e individualismo se le contrapone un colectivismo de mente colmena eficiente y sostenible, ¿dónde hay que firmar? Pero como en Paradise, el viaje mola. Sospecho que Gilligan quiere compararse con Ursula K. Le Guin —la serie tiene un pequeño homenaje—, en el sentido de escribir una serie de "ciencia ficción elevada". Sí, del terror se han dicho esas chorradas y ahora le llega el turno a la ciencia ficción. Pluribus es como las distopías de John Wyndham, donde a un hecho catastrófico le sucede lo mundano.
Series meh: O series que ni fu ni fa. Alien Earth no es el desastre que algunos han pintado. El mundo del fandom mainstream es tóxico y reaccionario a más no poder. El problema de la serie no es que se cisque en el universo de Alien, es que intenta abarcar muchas cosas y se queda en agua de borrajas. Talamasca está basado en el universo de Anne Rice, y la serie empieza bien pero se va desinflando. La organización secreta que investiga y controla el mundo sobrenatural merecía más. Las segundas temporadas de Poker Face y Nine Perfect Strangers han sido un bluf. Murderbot está curiosa.
Anime: Supongo que en algún momento traeré por el blog series de anime de los de tarrina de cedés. Este 2025 he visto algunos capítulos sueltos de Beck, Great Teacher Onizuka, Full Metal Panic!, Gantz y Tokyo Ghoul.
TEBEOS
En 2025 he leído algún que otro cómic más que en años pasados, pero aún así muy poca cosa. Tampoco voy a sorprender con mi autor favorito.
Mi tebeo favorito del año: Spectregraph de James Tynion IV, con dibujo de Christian Ward. Sectas ocultistas, fantasmas y una crítica ácida al poscapitalismo del día a día. Bebe mucho de 13 fantasmas en cuanto al escenario: una mansión con un mecanismo que encierra a las protagonistas dentro y libera fantasmas. También se nota la influencia de Nuestra parte de noche, con esa secta de ricos conspirando por perpetuarse y perpetuar el sistema. Mi tebeo favorito del año pasado fue Worldtr33, el de 2023 fue El departamento de la verdad, el de 2022 The Nice House on the Lake, en 2021 Something is Killing the Children... Todos son de James Tynion IV. Para 2026 tengo en mente acabar con The Woods y leer El armario. Todos somos contingentes, pero James Tynion IV es necesario.
Menciones especiales: He vuelto a caer con Ice Cream Man vol. 2. Historias cortas, unas mejores y otras peores, que son bastante divertidas de leer. No me suelo adentrar en el manga por culpa de esas series interminables con varias decenas de tomos, pero he picado con El día en que Hikaru murió. Son ocho tomos, he leído el primero, y de momento parece lo suficientemente interesante e intrigante para continuar.
Más menciones especiales:Leo Verdura, el león vegetariano de Rafael Ramos y Marco Antonio, el niño con poderes telequinéticos de Mique Beltrán. Ambos se publicaron en las tiras de El Pequeño País, el suplemento infantil del diario El País. Pertenecen a esa segunta etapa del suplemento donde se publicaban historias propias, como La biblioteca de Turpín —que reseñé aquí hace unos años— y Goomer, hoy ya olvidadas.
JUEGOS
Gracias al ordenador que compré el año pasado y que vino a sustituir al pisapapeles que tenía, he podido jugar bastantes horas este 2025.
Mi favorito del año: Harmony: The Fall of Riveriees EL JUEGO. Le dediqué una entrada hace unos meses y puedo decir que los de Don't Nod lo han bordado con el juego. Mira que llevamos años en los que es difícil sorprender en este tipo de juegos, donde ya existen unas mecánicas preestablecidas, pero Harmony: The Fall of Riverie es una experiencia narrativa que innova y no se estrella en el intento.
Menciones especiales: Stray Gods: The Roleplaying Musical. El título no engaña: una novela visual con los dioses de la antigua Grecia y la música como protagonistas. El juego es una novela visual donde los personajes, de vez en cuando, cantan. Y es maravilloso.
Bonus track: Me han gustado mucho Twin Mirror, Killer Frequency y Draugen, buenas historias, mecánicas sencillas, buena narrativa y de duración tirando a corta, de los que te pasas en dos tardes.
MÚSICA
Mi(s) disco(s) favorito(s) del año: No lo volveré a hacer (2025) de Shego, Lento Ternura de Zahara (2025) y Antidepressants (2025) de Suede. Existen varias relaciones entre los tres discos: el postpunk de Shego y Suede, el anticonformismo, a veces a modo de catarsis punk como en Shego, otras desde la reflexión más pausada de Suede y Zahara. Es Zahara la que invita, como hiciera Gorka Urbizu en Hasiera Bat (2024), a parar el ritmo acelerado que llevamos. Shego son las que describen las consecuencias de ese desenfreno, mientras que Suede, ya un poco de vuelta de todo pero sin cinismo, nos recuerdan que aunque el presente no pinta bien, cualquier tiempo pasado fue peor. Tres discos de quitarse el sombrero de tres generaciones que demuestran que no hay que tirar de nostalgia para hacer buena música. Backstage de Shego, Nuestro amor de Zahara y Sweet Kid de Suede bien se merecen una escucha. Y si se acercan a tu ciudad, aprovecha.
La Zahara petándolo
Mis otros discos favoritos del año:1973 (2025) de Quique González, Planting by the Signs (2025) de S. G. Goodman, CUERPOS vol. 1 (2025) de Babasónicos, Anestesia (2022) de Peces raros, Por Ahora Para Siempre (2025) de joseluis, 201 (2025) de Repion, Barro (2025) de Alberto & García, Double Infinity (2025) de Big Thief, Ya no me duele mal (2025) de La Milagrosa, No te puedes rendir (2024) de Nudozurdo y San Felices (2025) de La M.O.D.A.
Menciones especiales:La virtud del alba (2025) de Denisdenis, Se traspasa (2025), la despedida de Brighton 64, Tigers Blood (2024) de Waxahatchee, Everybody Screams (2025) de Florence + The Machine, Twilight Overrided (2025) de Jeff Tweedy, Rojo despertar (2025) de De Fem, Ultraviolent (2025) de Kyo, Lady Luck (2025) de Rebeca Jiménez, Todo arde (2023) de Drugos, Puertas (2025) de El Cuarteto de Nos, La boca del lobo (2025) de Carlos Ares, Juegos violentos (2025) de Puño Dragón, Sharon van Etten & The Attachment Theory (2025) de Sharon van Etten y Pelo de foca (2025) de Ultraligera.
Culto: No me suele pasar mucho, pero Cure for Pain (1993) de Morphine es un discazo. Rock con un saxo de free jazz mezclado con blues y con una producción que hoy llamaríamos minimalista, por lo orgánica que suena.
Se me quedan fuera los nuevos discos de Valeria Castro, La Paloma, Eiffel... He escuchado muchísima música este año y puedo constatar algo que ya sabía: lo que se hace ahora está, como mínimo, al nivel de lo que se hacía hace años. No soy nada nostálgico, y en la música menos. Existen un montón de bandas y artistas contemporáneos, casi de cualquier género que imagines, que publican discos sobresalientes. Todo es molestarse en buscar un poco.
Como en el meme de Travolta, miro a un lado y miro al otro y sólo veo como el número de cretinos aumenta. Si alguna vez te preguntaste cómo pudo suceder lo del holocausto, ahí lo tienes: el que tienes al lado empieza a decir chorradas que primero te hacen gracia, como lo de las vacunas y el 5G, y luego te asustan, cuando ya verbalizan que les sobramos más de la mitad de la población. Lo que nos queda es resistir con una sonrisa y no dejar de compartir nunca las cosas que nos emocionan, porque sea una película, un libro o una sobremesa, ya lo dijo el Doctor (Who): "Nunca seas cruel, nunca seas cobarde. Recuerda: el odio siempre es una tontería, el amor siempre es sabio. Intenta ser siempre amable, pero nunca dejes de ser bondadoso".Que en las tiradas de dados de 2026 los críticos caigan de nuestro lado.
P.D. Esto es una amenaza: igual abro podcast sobre libros xD
Quiero caos y pido canciones.
Pido otra noche más
después de tantas seguidas.
Pido una pastilla que me haga olvidar
y tu recuerdo no me persiga.
No es la calma,
ni es mentira.
No es la foto
ni este backstage
donde se hace de día.
No es tu culpa,
ni es la mía.
Hace tiempo que lo puedo ver.
Hace tiempo que lo puedo ver.
Mojamos los pies en sus aguas heladas.
Este amor es un río, atraviesa montañas.
Vive en las casas que tú y yo no podemos comprarnos.
Este amor está completo, no es eterno, es diario.
Nuestro amor, nuestro amor.
Nuestro amor, nuestro amor.
Nuestro amor es un mapa con atajos secretos,
está lleno de tiempo, no necesita el dinero.
Nuestro amor es el amigo que siempre está despierto.
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