TERROR EN INDONESIA vol. 1: 'Impetigore' y 'May the Devil Take You'

Antes del triunfo del modelo de las plataformas de streaming, con Netflix a la cabeza, una manera que tenían las industrias cinematográficas de asomar la cabeza fuera de sus países era especializarse en algún nicho. Ahora, con el achatamiento de internet y sus contenidos, casi da igual ver una película turca que una española; cambia el idioma, pero la forma es la misma: narrativa más simple que un botijo, trama sobreexplicada y la presencia constante de un algoritmo que estandariza y homogeneiza todo lo que toca. Quizás lo que se sigue escapando un poco de la red del algoritmo es el género de terror, por eso Backrooms y Obsession triunfan, como triunfaron en su momento Weapons, Bring Her Back, Talk to Me Smile, por citar algunos de los títulos que han funcionado en taquilla en los últimos dos o tres años. En Indonesia optaron por el terror, la acción y el thriller para intentar llegar con sus películas al mercado internacional, un poco en la línea de otros países asiáticos como Tailandia, Corea la mala y Taiwán. En la década pasada los taraditos del terror pudimos disfrutar de algunas de esas producciones indonesias. De hecho muchas de las películas de los últimos diez años son remakes de clásicos de terror de los ochenta, otro gran momento para el género en Indonesia.


Impetigore (2019) es una película de terror escrita y dirigida por Joko Anwar (1976). Titulada en España como La mujer del infierno, es una de las películas más conocidas de su director, que desde The Forbidden Door (2009) es uno de los habituales y máximos exponentes del terror indonesio.

La protagonista de la historia es Maya, una joven que trabaja junto a su amiga Dini en un peaje de autopista de Yakarta. Una noche Maya es atacada por un hombre mientras trabaja, que antes de morir a disparos de la policía la llama Rahayu. Tanto Maya como Dini son mujeres jóvenes que buscan escapar de la pobreza. El ataque que sufre Maya la lleva a buscar en su pasado una manera de salir de su precaria situación. Criada desde los cinco años por una tía, Maya encuentra una fotografía suya en la que aparece con sus padres delante de una gran casa. La búsqueda de esta herencia la llevará a un pueblo perdido en la otra punta de Java. Se hacen pasar por estudiantes de la universidad para no levantar sospechas en su intento de averiguar qué pasa con esa casa, pero pronto se dan cuenta de que algo pasa en ese pueblo: no hay niños y sí muchas tumbas de recién nacidos en el cementerio. Una maldición que data de veinte años atrás, justo cuando Maya abandonó el pueblo, asola el pueblo.

Thelma y Louise en Indonesia

Uno de los puntos fuertes de la película de Anwar es la relación entre Maya y Dini. Maya es huérfana desde los cinco años y Dini no se habla con sus padres, las dos son mujeres jóvenes sin familia que buscan sobrevivir y el lazo afectivo que crean se forja en esa precariedad. Más que amigas, son hermanas que comparten lo poco que tienen y que buscan un golpe de fortuna que las saque de la miseria. Después del ataque que sufre Maya las dos abandonan su trabajo como cobradoras de peaje y montan una pequeña tienda de ropa. La tienda, lejos de sacarlas de la pobreza las mete en más deudas y su única salida es la promesa de una herencia. Maya es la tímida y protectora mientras que Dini es la echada pa´lante sin filtros. La química que muestran las actrices en pantalla se debe a dos factores: su amistad en la vida real y la improvisación de sus diálogos. Anwar sugería por dónde quería que fuesen en sus diálogos y ellas se lo llevaban a su terreno. Sobre ellas dos pivota gran parte de la película y eso hace que te las creas y que Impetigore sea una película con unos personajes tridimensionales. No es el típico slasher adolescente con personajes de cartón tan prototípicos como planos. También ayuda a que te creas las decisiones, algunas bastante cuestionables, que toman Maya y Dini a lo largo de la película. Bajar al sótano sólo siempre es una tontería, pero si bajas porque no tienes donde caerte muerto y quizás abajo encuentres un tesoro, ya tiene más sentido. 

Trabajar de cara al público es una mierda, aquí y en Indonesia

Otra parte importante de la historia que genera extrañamiendo en el espectador son los elementos de la cultura javanesa que incluye la película. Ya Indonesia nos queda lejos, más todavía una de las múltiples culturas que conforman el país. Aparecen otros idiomas y el Wayang Kulit, un teatro de sombras con marionetas hechas de piel que tendrá su relevancia en la trama como detonante de la tragedia. El Dalang, palabra javanesa con la que se designa al titiritero, es también considerado como una especie de chamán y líder de la aldea, y en Impetigore es el antagonista.

La nueva estación de autobuses de Palencia

Frente a los grises de la gran ciudad, los amarillos, verdes y ocres se convierten en la paleta de colores escogida por Anwar para representar la selva que se come al pueblo de Maya. Alejado de la civilización, sin conexiones terrestres ni servicios básicos como luz o agua, Anwar utiliza fuentes de luz naturales. En interiores y de noche esta elección supone la creación de contraluces extremos, rostros en penumbra y luces que bailan. Impetigore no es tu típica película de Netflix que se ve gris/azul. Anwar utiliza muchos planos generales donde los personajes parecen débiles y pequeños frente a la enormidad de una jungla amenazante. También se preocupa mucho por las composiciones de plano, tirando casi siempre por la simetría, con una cualidad casi pictórica. Tampoco en Impetigore encontraremos montajes frenéticos con muchos cortes y planos, más bien todo lo contrario: paneos lentos, planos secuencia, muchos seguimientos... Si los prejuicios te llevan a pensar en una película cutre y de aspecto barata, nada más lejos de la realidad. Impetigore es una película de factura notable, con mucho subtexto y muy entretenida.

May the Devil Take You (2018), como se distribuyó la película en el mercado anglosajón, es una cinta de terror escrita y dirigida por Timo Tjahjanto (1980). La película cuenta con una secuela, May the Devil Take You Too (2020), también dirigida por Tjahjanto. Es junto a Anwar uno de los directores indonesios más conocido fuera de sus fronteras. Ha contribuido a esto su participación en varias películas de la franquicia V/H/S, que además de marearnos con tanto moviemiento de cámara, también ha servido para promocionar el trabajo de directores menos conocidos.

May the Devil Take You es un poco la Evil Dead de Indonesia. La película comienza con un personaje, Lesmana, realizando un ritual que viene a ser el equivalente occidental de vender tu alma al diablo a cambio de algo. Este algo es el éxito económico, pero con el precio aparejado de sacrificar las almas de tus seres queridos. Cuando el demonio le pide que sacrifique a su hija pequeña Alfie, Lesmana se niega y lo encierra en el sótano de una casa en mitad de la selva. Lesmana, que había sacrificado a su primera mujer y madre de Alfie, se vuelve a casar y a tener hijos. Eventualmente, también pierde toda su fortuna y cae enfermo de una misteriosa enfermedad. Esta nueva familia contacta con Alfie para conseguir el dinero que ahora les falta, ya que Alfie es dueña de la casa en mitad de la jungla en la que su padre encerró al demonio. ¿Una cabaña en mitad del bosque les suena de algo? Cuando Alfie, su madrastra y sus hermanastros visitan esta casa, liberan al demonio y PASAN COSAS.

El mejor sérum exfoliante facial que existe

Timo Tjahjanto es lo contrario de Joko Anwar en cuanto a estilo de dirección: ritmo frenético, mucho movimiento de cámara, gore y homenajes varios al cine de terror de los ochenta. En May the Devil Take You hay mucho paneo rápido, muchas sacudidas de la cámara, planos aberrantes y unos efectos prácticos artesanales que le dan un regusto nostálgico. Son estos últimos los que le confieren suciedad a la película, con un montón de líquidos corporales bien espesitos y viscosos. La película comienza con una fotografía de grises desaturados que viran a amarillos y rojos cuando la cosa se empieza a poner chunga. Tjahjanto usa bastante el recurso de aperturas de lente grandes, bien abiertas, para desenfocar el fondo. No ves lo que ocurre con nitidez, pero percibes presencias, sombras.

Camarero, hay un pelo en mi sopa

Impetigore es un acercamiento a un tipo de folclore, el javanés, mientras que May the Devil Take You es una hibridación entre el folclore indonesio de la magia negra y el terror de posesiones demoníacas occidental. Ambas películas tienen un subtexto social más que evidente: crítica al capitalismo depredador y al patriarcado, con protagonistas femeninas fuertes y resolutivas. Frente a un cine homogéneo producido en masa como quien hace churros, da gustito encontrarse con propuestas que se alejan de ese realismo capitalista que marcan los algoritmos.

Día a día vuelve a ocurrir
el bolero de la seducción
en un baile de almas gemelas
confiesas en la última canción
que todo ha sido un sueño
y nada más

Día a día vuelve a ocurrir
la misma mierda de la inmadurez
fui culpable de toda inocencia
de hablar claro con el corazón
de ser puro, líquido elemento
y no bastó




PORSIEMPRISMO EN EL CINE DE TERROR vol.1: 'La casa de cera', 'Viernes 13' y 'Hermandad de sangre'

Grafton Tanner en su libro Porsiemprismo (2024) sostiene la tesis de que la industria cultural explota una y otra vez la misma imagen recortada del pasado, viviendo en un ahorismo continuo que nos impide pensar el futuro y sentir nostalgia por el pasado. Algo de todo esto ya detectaron críticos culturales como Mark Fisher y Simon Reynolds, situando su comienzo en la década del setenta. Reciclar estéticas pasadas para comercializarlas tiene como consecuencia la pérdida de la imaginación, ya que la cultura en el capitalismo digital consiste en reproducir lo viejo, no en pensar lo nuevo. También acarrea la imposibilidad de generar una distancia entre nuestro presente y el pasado que verdaderamente nos permita experimentar nostalgia. Así llegó el nuevo siglo y el cine de terror comercial se dedicó a los remakes de películas asiáticas, a refritos slasher de Scream, al thriller sobrenatural y de asesinos en serie y a un montón de remakes y reinicios de sagas y películas clásicas de los setenta y ochenta. En esa década del dos mil asomaron con fuerza el Nuevo Extremismo Francés, el cine británico, la pequeñas producciones europeas —sobre todo alemanas, escandinavas y del Este— y distintas cinematografías asiáticas, mientras Hollywood se convirtió en una fábrica de espectros, reciclando su propio pasado y pillando cosas de aquí y de allá. La lista de remakes, reinicios y posteriores secuelas es larguísima, desde películas y sagas míticas hasta otras más oscuras y olvidadas: la nueva trilogía de Halloween de Rob Zombie, La matanza de Texas (2003), La casa de cera (2005), Viernes 13 (2009), Las colinas tienen ojos (2006), San Valentín sangriento 3-D (2009), Hermandad de sangre (2009), La última casa a la izquierda (2009), Carretera al infierno (2007), El padrastro (2009), Negra Navidad (2006), La profecía (2006), The Fog (2005), Willard (2003)... El fin de la nostalgia llegó en la forma de bucle infinito que se repite a sí mismo.


La casa de cera (2005) está dirigida por el español Jaume Collet-Sierra y protagonizada por Elisha Cuthbert, que venía de la serie 24 y varias películas románticas. A Cuthbert la acompañaban secundarios como Sam Winchester Jared Padalecki y Paris Hilton. Fue la presencia de Hilton lo que condicionó la recepción de La casa de cera, poco menos que convirtiendo a la película en una especie de serie Z. Lo que contrasta con el presupuesto nada desdeñable con el que contó Collet-Serra para dirigir la película, que luce un diseño de producción y unos efectos bastante por encima del slasher adolescente medio de esos años. Porque en eso se convirtió ese remake, un slasher que poco tenía que ver con la pacata Los crímenes del museo de cera, película protagonizada por Vincent Price en 1953, y también radicalmente alejada del tono de Los crímenes del museo (1933) dirigida por Michael Curtiz, ejemplo de cómo saltarse la censura y ser, casi cien años después, ejemplo de modernidad en el cine de terror. Así que La casa de cera se inspira en esos antecedentes, el gótico y el misterio, para construir un slasher adolescente con algo de gore y unos efectos prácticos —la casa de cera deshaciéndose por el calor— que se llevaron la mayoría del presupuesto de la película.

Lo que muchos aficionados al terror celebraron

La casa de cera fue el debut en Hollywood de Jaume Collet-Sierra y su manera de dirigir es lo que la diferencia de otros slashers de la época. Están esa manera de dirigir tan predominante en la época de mucho corte y ritmo acelerado junto a una estética más sucia y realista, pero pasadas ambas por el tamiz «europeo» de Collet-Serra. La casa de los 1000 cadáveres de Rob Zombie y La matanza de Texas de Marcus Nispel inauguraron en 2003 esta estética más sucia, deudora del cine de terror de los setenta. También empieza a asomar en la película de Collet-Serra un gore que poco o nada tenía que ver con lo visto unos años antes en el cine comercial. Sin llegar a ser tan bestia como en el torture porn, sí gana en ser más explícito y visceral.


Grabar con una cámara de vídeo, esos tiempos


La película tiene en uno de los villanos un toque histriónico y bastante teatrero que recuerda al personaje interpretado por Steven H. Price en otro remake, House on Haunted Hill (1999). Hay varios personajes que aunque no de una manera tan exagerada sí rozan la parodia. Y no, Paris Hilton es un desastre actuando pero no es un completo desastre. Tampoco convierte eso a La casa de cera en una película de culto a reivindicar, pero como lo que es, ya sobresale por encima de la media. Tampoco nos podemos olvidar de un guion que está más cerca del giallo italiano que de tu slasher adolescente prototípico.

Viernes 13 (2009), segundo remake dirigido por Marcus Nispel en esa década después de La matanza de Texas (2003), es la duodécima película de una saga casi eterna. Como en el caso de La matanza de Texas, la Viernes 13 de Nispel pegó fuerte en taquilla, confirmando a los estudios de Hollywood que todavía se podía seguir rascando la sartén un poco más. 

La película contó con Sam Winchester Jared Padalecki, que volvía a repetir en un remake de terror, pero esta vez en el papel protagonista. Como curiosidad, en ese 2009 también pudimos ver a Dean Winchester Jensen Ackles, compañero de reparto de Padalecki en Sobrenatural, protagonizar su propio remake de terror, San Valentín sangriento 3-D. Sí, fue la oscura época de añadir efectos de 3-D en posproducción porque «es el futuro»; o eso decían. Lo de Padalecki en esta película roza el absurdo, porque lo de que es Sam Winchester, su personaje en Sobrenatural, no es coña. Lo visten igual para la película. Y tampoco es un actor que ande sobrado, así que la película es como ver un capítulo de Sobrenatural en Crystal Lake.

Marcus Nispel se levantó gracioso ese día

Viernes 13 es un tanto peculiar por la autoconsciencia que Marcus Nispel tiene del medio que está trabajando, en mi opinión para bien. La película arranca con un breve prólogo de lo que pasó en el campamento de Crystal Lake en 1980 para presentarnos a un grupo de personajes, prototípico a más no poder, que casi treinta años después buscan el campamento. Lo que hace Nispel es construir un falso principio con estos personajes, a los que Jason despacha en una primera media hora que parecía el arranque verdadero de Viernes 13. Ambientada unos meses después, la historia continúa con otro grupo de personajes que van a pasar unos días de vacaciones a una cabaña que tiene el padre de uno de ellos, cerca de Crystal Lake. Por ahí se cruzan con el personaje que interpreta Padalecki, en busca de su hermana desaparecida y que formaba parte del grupo de jóvenes que asesina Jason en el comienzo de la película. A partir de ahí la película ya se convierte en algo más estándar, pero ese comienzo y algunos one-liner que sueltan los personajes le dan otro tono a lo que podía haber sido Viernes 13 pero ahora meta como Scream.

El capítulo perdido de 'Sobrenatural' donde Sam Winchester se adentra con su moto en el atardecer

Marcus Nispel, que viene de dirigir videoclips como otros tropecientos directores de la época, sí que se diferencia en algunas cosas. Grabada en película de 35mm, aparece un grano que no desentona, alejado de esa textura digital que da un look demasiado artificial y que era dominante en el cine comercial. Nispel también introduce, además del grano, una suciedad que ya recuperó en La matanza de Texas unos años antes. Es una película bastante oscura por momentos, con unos negros empastados que contrastan con unos colores desaturados en los que predominan los marrones. Viernes 13 también tiene momentos de pausa, donde la cámara se mueve menos, con mucho uso de teleobjetivos. Lo que contrastas con unas escenas de acción mucho más frenéticas y aceleradas.

En este rascar la sartén de la industria de Hollywood por aprovechar cualquier resto llegó Hermandad de Sangre (2009), un remake de un slasher de los ochenta no muy conocido que en España llevó el título de Siete mujeres atrapadas (1983). Dirigida por Steward Hendler, del que ya hablé hace unas semanas por aquí de su película Hellion, el ángel caído (2007), demuestra en Hermandad de sangre que un reloj estropeado da bien la hora dos veces al día. Sin duda, el mérito recae en gran parte en un guion que ha convertido a Hermandad de sangre en un pequeño fenómeno de culto. En el reparto destacan la protagonista, Briana Evigan, que también venía del mundo del videoclip como el director, y una Carrie Fisher en un papel secundario que gana protagonismo en el tercio final de la película.

La película copia a la original de 1983 al usar la misma excusa narrativa: una broma de fraternidad que sale mal. Un grupo de estudiantes de último año celebra una fiesta en su casa de fraternidad. Una de ellas es drogada para ser violada por su novio, pero en el último momento sufre una sobredosis. Todo esto en apariencia, porque en el fondo se trata de una broma coordinada por sus amigas, una mera venganza contra el novio que le puso los cuernos. Todo acaba mal porque estiran la broma demasiado, y el novio acaba matando de verdad a la chica. Visto mil veces, deciden deshacerse del cuerpo y seguir con sus vidas, hasta que un asesino les da caza una a una. Lo dicho, especialmente después de Sé lo que hicisteis el último verano (1997), no tiene mucho misterio. Como detalle, se menciona a Youtube y Facebook, pero cada vez que hay que hacer uso de un teléfono móvil, o se pierde, o se olvida en otra parte o no tiene cobertura. Ya sólo por esos detalles la película se sitúa más de nuestra época que la mayoría de slashers de esa década. Una película ambientada en la actualidad sin pantallas e internet es raro.

La princesa Leia a la caza de soldados imperiales

La película comienza con un plano secuencia de la fiesta que tiene lugar en la casa de la fraternidad femenina a la que pertenecen las protagonistas. Creo que el plano secuencia tiene algo de trampa, ya que hay dos momentos en los que la cámara atraviesa una puerta en los que parece que hay un corte, pero no se nota demasiado. Y no es lo típico de director con ataque de autor que se quiere sacar la chorra con un plano secuencia. Aquí sirve para presentar al grupo de amigas. La cámara sigue a cada una de ellas, como una carrera de relevos en la que una va presentando a la otra. También sirve este plano secuencia para presentar desde el mismísimo comienzo la geografía de la casa, que en el tercio final será fundamental, ya que la casa de la fraternidad se convierte en una especie de laberinto. Al final va a resultar que Steward Hendler no es tan manta como parecía en Hellion, el ángel caído.

La FRASE de la película

Si Marcus Nispel y Jaume Collet-Serra optaban por la suciedad en sus películas y por unos colores desaturados, Steward Hendler opta por todo lo contrario. Él, que viene del mundo de la publicidad de coches, pasa de unos colores neón en la fiesta a una fotografía que vira a verde y que recuerda a The Ring (2002), el remake de Gore Verbinski, un poco la precursora de esos grises del cine independiente que luego se hicieron tan populares. De cualquier modo, ese contraste entre los colores alegres de la fiesta y el crimen le dan un toque especial a la película. También está el detalle del etalonaje, que hace que las protagonistas luzca, especialmente sus pieles, de una manera artificial, como si fuesen muñecas. 

Farmear aura hace veinte años era irse de botellón a una mina abandonada

Muy chula es la dirección de Steward Hendler en las escenas donde aparece algún desnudo. Para mí destaca por sobre las demás la escena de las duchas. Hendler no es el típico director de primeros planos de culos y tetas. La escena de las duchas está dirigida de una manera muy natural y nada erótica: la coreografía de las actrices permite ver algún desnudo, y aunque los tiros de cámara no buscan ocultarlos, tampoco los persiguen. Es lo contrario a lo que se hacía, que bien huía de los desnudos o te ponía culos y tetas porque sí. Esta manera de dirigir, el humor negro y el tono meta omnipresente en la mayoría de producciones, hicieron de Hermandad de sangre un título que con los años se ha ido revalorizando. Es la típica película que te perdiste en la época, que no te llama la atención después y que si decides darle una oportunidad te soluciona una tarde tonta el fin de semana.

Under the football lights
She looked me in the eye
She grabbed my sleeve and said believe I'm going down tonight
We felt it on our skin
Walking against the wind
Romeo and Juliet they said we couldn't win
She don't know how she can win
She don't know where to begin
She's looking out for a friend
She's calling out in the darkness

Keeping our heads above water
Trying to learn how to swim
Saying you're all I got just to breathe again
Feeling the world and the weight of it's shadow
Saying we're too young to fight this battle
Taking all your love to believe again

THRILLERS DE COREA LA MALA vol. 2: 'Lady Vengeance', 'The Wailing' y 'Deranged'

Sympathy for Lady Vengeance o Lady Vengeance (2005), título acortado que utilizan las plataformas de streaming para denominar a la película, está dirigida por Park-Chan woo. Se trata de la tercera y última entrega de eso que el director llamó Trilogía de la venganza, compuesta por Sympathy por Mr. Vengeance (2002), Old Boy (2003) y esta Lady Vengeance (2005). Park-Chan woo, que ya empezó a destacar con JSA (2000), consiguió con Old Boy una repercusión internacional que hasta Tren a Busan (2016) y Parásitos (2019) ninguna película coreana tuvo, salvo la excepción de The Host (2006). La película está protagonizada por una carismática Lee Young-ae y por Choi Min-sik, que se come la pantalla. Choi Min-sik, al que ya mencioné aquí cuando hablé de I Saw the Devil (2010) es uno de los rostros más conocidos del cine coreano, entre otras cosas, gracias a su papel en Old Boy. Aunque a otro nivel, es el Takeshi Kitano de su generación.

Lady Vengeance narra la historia de Lee Geum-ja, una joven, casi adolescente, encarcelada por el secuestro y asesinato de un niño cometido por otra persona. En la cárcel se gana el apodo de «la amable Geum-ja», una fachada dulce y amable tras la que oculta su plan de venganza contra el verdadero culpable del asesinato del niño, Sr. Baek, papel interpretado por Choi Min-sik. Así conoceremos su relación con otras reclusas, cómo estas se sienten en deuda con Geum-ja y el por qué de haberse declarado culpable de un asesinato que ella no cometió.

Sacar al perro a pasear en Corea no es como pensáis

La película navega entre las aguas de una violencia brutal, aunque reservada a unos cuantos momentos, y una estética visual lírica, muy poética, que la emparenta con un título como Amélie (2001). Los colores saturados, el barroquismo de algunos decorados recargados hasta el exceso, la banda sonora clásica y la atmósfera como de cuento de hadas recuerdan a la película francesa, aunque en su reverso oscuro: Lady Vengeance poco a poco se va desaturando en los colores, acabando con una paleta más apagada, no tiene el efecto dreamy de un filtro difusor, su luz es dura y llega hasta el punto de escenas expresionistas. 

En la República de Weimar estarían orgullosos de esta película

Si por algo destacaría la dirección de Park-Chan woo es por el uso del color y su simbología dentro de la película. El rojo y el blanco son dominantes, simbolizando la rabia y la culpa el rojo y la inocencia y la pureza perdida el blanco. A medida que avanza la trama y Geum-ja consuma su venganza, los colores se van desaturando y la película acaba casi en un blanco y negro, simbolizando el vacío de Geum-ja, que culmina en la escena final de la nieve. La cámara está más estática y se mueve mucho menos que en Old Boy, priorizando la composición de esos planos tan barrocos y sobrecargados que abundan en la película. La estructura, aunque se sigue bien, es fragmentaria, con continuos saltos temporales y distintas presentaciones de personajes.

The Wailing (2016), El extraño en España, es una película dirigida por Na Hong-jin, del que ya hablé también por aquí cuando reseñé su primera película, The Chaser (2008). No es un director que se prodigue mucho, ya que este 2026 ha estrenado Hope, la que es hasta ahora su cuarta y última película. Como protagonista tenemos a Kwak Do-won, que ya coloboró con Na Hong-jin en su anterior película, The Yellow Sea (2010), además de aparecer en otro thriller político y de acción más o menos conocido, Steel Rain (2017). 

En un pequeño pueblo coreano comienza a suceder asesinatos brutales y aparentemente sin unas motivaciones claras. La policía, como suele ser habitual en el cine coreano, están en la inopia, haciendo gala de una total falta de preparación y profesionalidad. El miedo y los rumores crecen en esta pequeña comunidad rural, que achacan todos sus males a la llegada de un viejo ermitaño japonés que vive en la montaña cercana al pueblo. Kwak Do-won interpreta el papel de sargento de la policía destacado en este pueblo, donde vive con su madre, su mujer y su hija pequeña. La película comienza apuntando al thriller de asesinos en serie, pero cuando la hija del personaje que interpreta Kwak Do-won muestra síntomas de estar poseída, The Wailing se convierte en un thriller sobrenatural coqueteando con el terror más puro. Quizás sea una de las cosas que más pueden chocar al espectador. No es que no haya apuntado en esa dirección con algunas escenas y detalles, pero el paso se una cosa, el thriller, a la otra, el sobrenatural, parece bastante brusco. The Wailing comienza casi como comedia costumbrista, coge el carril del thriller y en algún momento se incorpora con un volantazo al terror.

Empleado del mes en Tyrell Corporation

La película usa un recurso que a mí me molesta bastante: el de construir una escena que acaba en susto para al final revelar que «era un sueño». Na Hong-jin, como hizo el Anderson malo en Horizonte Final (1997), utiliza este recurso varias veces en su película. Y hasta tiene cierto sentido, pero no deja de ser algo molesto y un poco de vago. Es junto a esa fusión de thriller con terror que hunde sus raíces en el folclore coreano lo que menos funciona de la película. Por otro lado, esa estética de realismo sucio de colores grises fríos, la iluminación natural, el barro, la lluvia y la niebla contribuyen a unos escenarios que dan la sensación de estar abandonados, desgastados por las inclemencias del tiempo y el clima.

Las ganas de vivir después de una semana de trabajo

El tono tan característico de los thrillers coreanos, ese que mezcla distintos géneros, también está en The Wailing. Ya dije que empieza casi como comedia costumbrista, como cuando la hija pequeña pilla al protagonista y a su mujer follando en el coche. O cuando el protagonista se mea en los pantalones del susto en una escena del crimen. Hay varios ejemplos de esto. Por otro lado juega a algún tipo de dualidad que se insinúa al principio y se explicita al final: ¿es el extraño viejo japonés un demonio? ¿Y la misteriosa mujer de blanco un espíritu benigno? ¿Cuál es el papel del chamán? Asistimos a un ritual de exorcismo con un montaje en paralelo muy chulo, un ritmo frenético que combina a la hija de Kwak Do-won contorsionándose en su casa, al chamán en pleno ritual en la calle y al anciano japonés en su cabaña de la montaña. Es precisamente en el montaje donde brilla la película. Aunque el título de la película en España, El extraño, despista bastante de un montaje que juega precisamente a la ambigüedad. Y que Na Hong-jin es bastante tramposo para hacernos creer una cosa cuando es la contraria. La falta de información y el montaje es clave para este juego que se trae entre manos Na Hong-jin.

Deranged (2012) es una película de pandemias dirigida por Park Jung-woo. El título en inglés con el que se distribuyó la película viene a significar algo así como «trastornado», un poco genérico que no ayudó demasiado su difusión. En coreano el título alude a los gusanos parásitos protagonistas de la pandemia. 

La película se centra en Jae-hyeok y su familia. Casi como nos tiene acostumbrados el cine coreano, Deranged comienza como una dramedia costumbrista. Jae-hyeok es un profesor de química venido a menos desde que aconsejado por su hermano invirtió todos sus ahorros en bolsa y los perdió. Desde entonces tiene que trabajar en puestos poco cualificados y es un vinagres que maltrata a su mujer e hijos. Su hermano, detective de policía, vive para compensar su error en búsqueda de otro pelotazo en bolsa, para, para lo que recurre a su novia, científica del ministerio. Con todo este entramado de personajes girando alrededor del protagonista comienza la película, cuando empiezan a aparecer cadáveres en el río. Un parásito que se transmite a través del agua se expande por Corea la menos buena y provoca la emergencia nacional. Jae-hyeok deja a su mujer e hijos infectados en un hospital mienstras que emprende la búsqueda de las medicinas que los salven. Las tramas de su hermano y su cuñada convergen con la trama del periodista destapando un gran escándalo. Deranged es poco coreana en algunos de sus planteamientos. La policía, aunque el hermano del protagonista sea un poco zoquete, actúa con eficiencia, así como el gobierno y otros organismos estatales. La corrupción se encuentra en un malvado demasiado codicioso y unos científicos algo tontos que se prestan a su plan. La película también tiene un tono más occidental, ya que a pesar de su comienzo algo costumbrista rápido coge el tono de thriller familiar: el protagonista, un hombre mucho hombre, se desvive por conseguir una cura para su familia. Su mujer es buena esposa y buena madre que espera la cura del marido. Y así un poco todo. Cuando el protagonista está a punto de conseguir o consigue la medicina, algo sucede y tiene que volver a comenzar su búsqueda.

Así era buscar cosas en internet hace tres lustros

Park Jung-woo fue guionista de comedias de éxito en la década de los noventas y con el cambio del siglo se pasó a la dirección. Esta Deranged (2012) y Pandora (2016) son su incursión en el cine de catástrofes de gran presupuesto, con un muy buen resultado de taquilla. Son películas bastante genéricas y donde no destaca una dirección de autor, como Lady Vengeance y The Wailing. Deranged es una película con una fotografía muy anodina, de colores fríos grises y azules muy desaturados, mucha cámara en mano, ritmo frenético y un CGI más que correcto. Park Jung-woo dirige una película que no desentonaría en el catálodo de Netflix en 2026: más que correcta pero completamente anodina.

He got lucky one time
hitting with the girl in room 509.
She turned her back on him, facing the frame
and said, Listen Joe, don’t you come here again.

White sun scattered all over the sea –
he could think of nothing but her name, ‘Elise’.
God is the sweat running down his back.
The water soaked her blonde hair black.

It’s a perfect day Elise.

He got burned by the sun –
his face so pale and his hands so worn –
let himself in room 509,
said a prayer, pulled the trigger and cried

It’s a perfect day Elise.






Nueva Ficción Extraña Latinoamericana X: 'La nación de los sueños diurnos' [ARGENTINA]

La nación de los sueños diurnos (2026) es la última novela del argentino Juan Mattio, publicada por la también argentina Caja Negra. Como en el caso de Materiales para una pesadilla (2021), su anterior novela, de la que hace unos meses escribí por aquí, La nación de los sueños diurnos sigue explorando las ruinas del pasado que habitamos en nuestro presente. Juan Mattio es uno de los autores más hauntológicos de la literatura actual y a través de la estética del fragmento es capaz de capturar la época que dibujan los fantasmas de esos futuros truncados que nunca fueron. Vivimos en las ruinas de un pasado político derrotado hace más de medio siglo y ahí seguimos, entre melancólicos y desconcertados. 

La nación de los sueños diurnos narra la irrupción de una plaga de tumores cerebrales en un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires. La investigación sobre estos hechos se constituye como la parte central de un libro que, como en el cuento de Borges, se bifurca en distintas temporalidades y realidades. Ya en su anterior novela Juan Mattio jugaba con las temporalidades y la estructura fragmentaria, pero en La nación de los sueños diurnos va un paso más allá. Juan Mattio se sirve de informes periciales, médicos, jurídicos, de testimonios, entrevistas y otros fragmentos como estructura y constelaciones que dan sentido a una trama desordenada. Los distintos discursos que se dan cita en la novela, la ciencia, la religión, el Estado, no sirven para explicar la realidad de lo que sucede, no son suficientes. Es otra de las obsesiones de Mattio, el lenguaje que se nos presenta como algo opaco. La confianza en la transparencia de las palabras se quiebra con la existencia de un inconsciente que produce sentido en nuestro discurso por fuera de nuestra voluntad. La realidad es que tú quieres decir una cosa y dices otra —lapsus—, que es el sentido que tu inconsciente le dio. El lenguaje es opaco y se convierte en una entidad ominosa que está pensando por encima del dominio de nuestra consciencia. Para Mattio así es como circula el deseo social, cómo se desean formas despiadadas de poder que llegan determinadas por el tipo de lenguaje al que nos exponemos y cómo este afecta nuestra forma de pensar. Vivimos un presente en el que estamos expuestos a una sobresaturación de discursos y a lo que Luis Ignacio García llama en Fascismo cosplay desjeraquización del discurso público: la opinión de un terraplanista vale lo mismo o más que el saber de un científico. Esa crisis de los distintos discursos —ciencia, política— la refleja Mattio en su novela.

Mattio, en esa idea de que la mejor manera de conocer una época es conocer sus delirios, coge la teoría del internet muerto y la empuja un poco más allá. En la novela la realidad se resquebraja por el ingreso de materia hipersticional en nuestro mundo. Los llamados «anhelos generativos» producirán la Voodoo Connection, que propicia la posibilidad de un enlace entre datos digitales y personas. Es la ingeniería de la manifestación. En La nación de los sueños diurnos una grieta que se abrió a sí misma acumulando los errores y protocolos automatizados desde 1969 con ARPANET amenaza la realidad. Cuando la anomalía ingrese la cantidad suficiente de materia hipersticional en nuestro mundo dejará de ser virtual, llegaremos al punto de no retorno en el que nuestra realidad se quiebra.

Lo que sí está presente en La nación de los sueños diurnos que no estaba en Materiales para una pesadilla es el juego. Muchos de los títulos de los capítulos remiten a tiradas del tarot o citas de la biblia que podemos investigar por nuestra cuenta y que complementan el significado de lo que estamos leyendo. Que Mattio haya borrado las fechas de todos los documentos oficiales que intercala en la narración también tienen que ver con esa parte lúdica de despistar al lector que quiera hacer el ejercicio de intentar leer el libro reconstruyendo una temporalidad lineal. Otra de las partes más entretenidas y divertidas de la novela es reconstruir a través de los fragmentos de una investigación lo que realmente sucedió. La nación de los sueños diurnos es un libro donde no se hace pie hasta bien avanzada la novela. Como el cine de Lucrecia Martel, La nación de los sueños diurnos —y Materiales para una pesadilla— está escrita para el futuro. Son los procesos cognitivos complejos los que tienen la capacidad de despertar emociones. Lo abstracto, los objetos culturales lo suficientemente complejos son los que nos pueden sacar del entretenimiento puro y las pasiones tristes. Vivimos entre dos ideas de cultura: el entretenimiento que nos alivie del mundo o los objetos complejos que nos ayuden a salir de la alienación. El gusto es social, no un don natural, y frente a la homogeneización y la parálisis cultural de remakes, reinicios, precuelas, secuelas y refritos varios, se agradecen propuestas como las de Juan Mattio. 

Hace cien años, a la vez que surgían proyectos políticos autoritarios, vivimos un auge del fantástico europeo de la mano de autores como Jean Ray, Franz Kafka, Maurice Renard, Leo Perutz, Alexander Lernet-Holenia, Stefan Grabinski, Gustav Meyrink y Karel Capek, eso sin contar con el pulp del otro lado del Atlántico que venían cocinando H. P. Lovecraft y su círculo y lo que llegaba del otro lado del Canal de la Mancha con autores tales como Lord Dunsany, M. R. James, Algernon Blackwood y William Hope Hodgson, por decir algunos nombres. Hoy, cien años después, vivimos otro auge de las pasiones tristes fomentado y aprovechado por los mismos nos llevaron al desastre en el siglo XX. La literatura que captura esta época no la encontramos en los autores y autoras europeos, británicos y estadounidenses, sino que al contrario de lo sucedido en el siglo XX, esta vez nos viene de la periferia. 

Mattio, Juan (2026). La nación de los sueños diurnos. Caja Negra.


With my idle hands
There's nothing I can do
But be the Devil's play-thing, baby
And know that I've been used
Her lips are cold
They suffer me
They drag me under, baby
Into your suffering

Let your hands
Do what they will do
Stand inside
Make your maker's move
And your eyes don't look the same
They seem enervated, in denial
Cast like stones
Like you been rode for miles
Rode for miles




THRILLERS DE COREA LA MALA vol. 1: 'Encontré al diablo', 'Memories of Murder' y 'The Chaser'

Encontré al diablo (2010) o I Saw the Devil por su título en inglés es un thriller coreano del director Kim Jee-woon, con guion del propio director en colaboración con Park Hoon-jung y protagonizada por el que quizás es el rostro más conocido del cine japonés de este siglo, Choi Min-sik. El otro protagonista de la cinta es Lee Byung-hun, que aparece en otros thrillers coreanos como JSA (2000), varias películas de acción de Hollywood y series populares como El juego del calamar (2021).

La película es un rara avis dentro de los thrillers coreanos que más populares en occidente. Lo es por el tono serio. Pasa en el cine asiático en general, pero siempre hay varios tonos y géneros mezclados en la misma película. Unas combinaciones un tanto exóticas para el público occidental que mezclan thriller con comedia y drama con momentos mucho más distendidos, en una proporción que siempre parece estar al límite pero que nunca lo sobrepasa. ¿Qué comparte con otros thrillers coreanos? El pitilleo, personajes de buen yantar y la desconfianza en las instituciones, especialmente la policía y los políticos, retratados como corruptos.


La cara del amigo al que gorroneabas pitis en la facultad cada vez que le pedías un cigarro

I Saw the Devil es la historia de una venganza y la deshumanización del protagonista a medida que la lleva a cabo. Un despiadado asesino en serie es el responsable del asesinato de la mujer del protagonista, que para más inri, estaba embaraza. Él, que es policía, decide resolver el caso por su cuenta, torturando a todos los sospechosos que se cruzan en su camino hasta que da con el verdadero asesino de su mujer. Lejos de entregarlo a la policía o de asesinarlo, decide implantarle un chip de seguimiento y frustrar cada uno de sus intentos de asesinato. Siempre es el mismo método, antes de que llegue a consumar su ritual y asesinar a una nueva víctima, aparece el protagonista y le da una paliza. Pero esto no puede seguir eternamente. Además hay que contar con los daños colaterales, ya que quizás no llegue a asesinar a sus víctimas, pero sí le alcanza para hacerles otras cosas. 

Y es que fumar es un placer...

En la Corea menos buena se toman muy en serio las cosas que hacen y por eso I Saw the Devil luce muy por encima de su presupuesto gracias a una producción muy cuidada y a un reparto que está magnífico. Una cosa que hace la película y que le sale bien es lo de desvelar la identidad del asesino. Tanto el espectador en un momento como el protagonista un poco después conocen la identidad del asesino. El juego aquí no es resolver un misterio sino las idas y venidas entre el cazador y su presa, que en un momento determidao de la película ven invertidos sus papeles. En la película abundan los planos en espacios muy reducidos, ya sean pasillos, coches, apartamentos... También hay picados que buscan representar a los personajes en una suerte de jaula, lo que unido a una banda sonora ausente o mínima en algunos momentos cruciales, hace que resalten aún más los sonidos de la ruptura de huesos y ligamentos.

Memories of Murder (2003) es una película coreana dirigida por Bong Joon-ho, que en poco más de una década encadenó trabajos como esta Memories of Murder (2003), The Host (2006), Mother (2009) y Snowpiercer (2013). La película está protagonizada por Song Kang-ho, rostro conocido del cine coreano por participar en otros thrillers y cintas de terror como JSA (2000), The Host (2006), Thirst (2009), Sympathy for Lady Vengeance (2005) o la oscarizada Parásitos (2019). Comparte protagonismo con Kim Sang-Kyung.

La película está basada en un hecho real, los asesinatos de Hwaseong, pequeña provincia rural donde entre 1986 y 1991 fueron asesinadas y violadas diez mujeres sin que la policía resolviera el caso. Bong Joon-ho finaliza la película con el policía protagonista interpretado por Song Kang-ho mirando a cámara, con la esperanza de que el asesino real se encontrase en la sala de cine. Lo loco es que el caso se resolvió en 2019 y el asesino, que ya se encontraba cumpliendo condena en prisión, además de otros asesinatos y violaciones confesó haber visto la película en prisión. 

Gente sin móviles ni redes sociales disfrutando de la vida

Memories of Murder lleva la hibridación de géneros a otro nivel. Si en Encontré al diablo podíamos encontrar toques de comedia y melodrama, en la cinta de Bon Joon-ho esto se lleva al extremo. La policía, desde el primero al último, demuestran ser unos incompetentes: destruyen pruebas, son incapaces de asegurar una escena del crimen, persiguen las pistas más peregrinas, acusan a inocentes, torturan y dan palizas para conseguir confesiones... y entre ellos se putean, se dan collejas y se emborrachan. Los protagonistas pitillean, beben y comen que da gusto, a lo que podemos unir cierto gusto de Bon Jonn-ho por las patadas voladoras. La película sigue la investigación de los crímenes liderada por Park, el policía rural interpretado por Song Kang-ho, y Seo, el policía que envía Seúl interpretado por Kim Sang-Kyung. Seo es el metódico, el que aplica el método científico y sigue pistas serias, pero vemos como poco a poco se va transformando y en el fondo no es tan distinto a otros policías como Park. Esta supuesta dicotomía entre unos métodos y otros da bastante juego en la película, como una trama en paralelo en la que Park ante la falta de evidencias concluye que el asesino no tiene vello púbico, dedicándose a mirar pubis de hombres en las saunas mientras Seo sigue pistas mucho más serias. Toda esta comedia, a veces incluso excesiva, se complementa con otras pinceladas y comentarios, como esas manifestaciones que aparecen de vez en cuando que tenían como telón de fondo el fin de la dictadura en el país. Tampoco podía faltar una persecución torpe y cutre a pie, marca de la casa de muchos thrillers coreanos.

Si tiene pelos ahí abajo no es el asesino, querido Watson

Bong Joon-ho ya demuestra en esta película su estilo en la dirección y ese manejo en el tono con el que resuelve con éxito la mezcla de distintos géneros. De las cosas más destacadas son sus planos generales, mucho más abiertos, y la profundidad de campo. Así construye escenas coreografiadas con muchos personajes donde la acción sucede simultáneamente en varias capas. Lejos de los primeros planos y las escenas con mil cortes y planos distintos, Bong Joon-ho opta por esta manera más sobria de dirigir. Además, ese control del tono también lo aplica a este tipo de escenas y composiciones que hace: no es que una escena sea cómica y la siguiente dramática, es que en la misma escena y gracias a esa manera de dirigir conviven diferentes géneros. En esta película la luz, cuando la hay, es difusa y gris, muy apagada, que junto a unos colores desaturados dan esa sensación de que la Corea rural es un espacio desgastado, sucio, roto. Las noches son de oscuridad total, de grandes claroscuros. Esta suciedad se traslada también a la violencia representada en la película como algo torpe, con personajes que trastabillan, se cansan y caen. 


The Chaser (2008) es una película dirigida por Na Hong-jin. Protagonizada por Kim Yoon-seok yHa Jung-woo cuesta creer que The Chaser sea la primera película dirigida por Na Hong-jin. Generalmente las películas primerizas tienen dejes en la realización, pero a The Chaser las costuras no se le notan.

The Chaser está en la línea de I Saw the Devil, donde lo importante no es el misterio sino el juego del gato y el ratón entre protagonista y asesino. De este último conocemos su identidad desde el principio, así como el protagonista y la policía. El misterio no es desvelar la identidad del asesino, sino reunir pruebas y localizar a sus víctimas para mandarlo a la cárcel. Una vez más la policía, la política y las instituciones aparecen representadas como corruptas e inútiles, incapaces de solucionar problemas. Como sucede en otros thrillers coreanos, también el protagonista está lejos de ser un héroe. Todo es bastante gris. Y si casi todas las películas de este género tienen su escena de persecución a pie, The Chaser es la reina: calles estrechas, callejones, cuestas enormes, personajes que se tienen que tomar un descanso para recuperar el aliento porque pitillean más de la cuenta y un realismo que se traslada también a una realización de cámara en mano y mucho movimiento, como en un documental. En The Chaser los actores sudan, se fatigan y respiran entrecortadamente porque no pueden más con sus almas de tanto correr cuesta arriba y cuesta abajo.

Un poquito de cardio para dormir bien por las noches

The Chaser comienza con los problemas de Joong-ho, un expolicía que ahora ejerce como proxeneta. Debe dinero a sus jefes y varias de sus prostitutas se han desvanecido sin dejar rastro dejándole una deuda que no puede saldar. Joong-ho piensa que se han ido con otro proxeneta, pero la realidad es bien diferente. La única chica disponible, madre soltera de una niña, está enferma, pero Joong-ho la manda a trabajar igualmente. Allí, fruto de una de las casualidades que gobiernan la película, se encuentra con el asesino en serie que ha matado a sus chicas, entre otras víctimas en su haber. Desde el principio no sólo sabemos la identidad del asesino, sino que está bajo custodia policial y confiesa los crímenes. La parte difícil es probarlos y localizar a sus víctimas, especialmente a la última chica de Joong-ho, que empieza a investigar por su cuenta. Así es como llega a la casa de esta última chica, donde se encuentra a su hija, apenas una niña, de la que se hace cargo. El personaje de Joong-ho es un tipo cansado por la vida y al que el día se le hace cuesta arriba. Como en el capítulo Mal día en Black Rock de Sobrenatural en el que un amuleto mágico otorga suerte extrema pero su pérdida implica una mala suerte de muerte, a Joong-ho no le sale una a derechas.

Oportunidad única vista en Idealista: el piso incluye niña

La dirección de Na Hong-jin destaca por un realismo sucio y un tono oscuro que te da un mazazo al final. La violencia está lejos de ser algo bello estéticamente, más bien es algo torpe, caótico y doloroso, aunque hay alguna escena en la que los protagonistas no dejan de sacudirse y tirarse lo primero que pillan a la cabeza que peca de irreal. Hong-jin sabe manejar muy bien la tensión, con el detalle que se da a conocer al espectador de que la última víctima todavía está viva, convirtiendo la película no en un misterio donde revelar la identidad del asesino sino en una cuenta atrás para salvar a una mujer. Entre persecuciones y estallidos violentos Hong-jin nos va conduciendo hacia la resolución. Como en Encontré al diablo oímos el crujir de los huesos, el aliento de los personajes y las pisadas en la lluvia, que elevan todavía más si cabe la tensión. La fotografía nos muestra una Seúl oscura, gris, de una suciedad cyberpunk sin neones.

I walk, I wade
Through full lands and lonely
I stumble
I stumble
With you I wait
To be born again
With love comes the day
Just hold on to me

Come on, my love
And I'm right on time
And the birds keep singing
And you're right on line
One day there'll be a place for us
And the bells keep ringing
Come on, my love
And the battle is won
And the planes keep winging


And I'm right on time
One day there'll be a place for us
And the girl keeps singing