'The Call of Cthulhu and Other Weird Stories': publicar a Lovecraft en tiempos revueltos

Al releer la obra de Lovecraft en inglés me he dado cuenta de dos cosas: la suerte que tenemos últimamente los hispanohablantes aficionados a Lovecraft con ediciones preciosas y bien traducidas y la cantidad y no muy buena calidad de las ediciones en inglés. Que en las últimas dos décadas, especialmente la última, ha habido un resurgimiento de la fantasía, la ciencia ficción y el horror en las obras de ficción, es innegable. Pensemos en el estreno de la primera película de la trilogía de El señor de los anillos y lo que supuso para el cine. Pero también en Los juegos del hambre y sus clones, que han llenado los cines y las librerías de ciencia ficción distópica. Todo esto también se ha visto reflejado en Lovecraft y su obra, que de autor de culto ha pasado a formar parte de la cultura popular. Siempre ha habido muchas referencias a su obra, especialmente en el cine (¿alguien dijo Alien, el octavo pasajero o La cosa?), pero es que ahora te puedes comprar un peluche de Cthulhu (algo, esto último, que los Antiguos sin duda aprueban). Sin embargo, aunque su obra cada vez atrae a más gente y se multiplican las ediciones, no es fácil encontrar la edición adecuada. Al menos en inglés. 

 Decir que en España hay que hacerle un monumento a Rafael Llopis ni cotiza, por obvio. A él le debemos Los mitos de Cthulhu, publicado por Alianza Editorial en libro de bolsillo por primera vez en 1969, que contiene algunos de los relatos más significativos de Lovecraft y de su círculo, la mayoría traducidos por él mismo. Es y ha sido la mejor manera de adentrarse en el horror cósmico clásico en lengua española. Pero es que ahora además podemos disfrutar de los maravillosos libros de El zorro rojo ilustrados por Enrique Alquena o por las siempre cuidadas ediciones de Valdemar. No hay nada publicado en inglés ni remotamente parecido a sus dos tomos con las obras completas de Lovecraft. 

 Si buscas la obra completa o sólo una antología de la obra de Lovecraft en inglés encontrarás que hay muchas opciones, multitud de ediciones, pero que salvo excepciones contadas, no existe ese libro que todos recomienden. Lo más cercano, es The Call of Cthulhu and Other Weird Stories, publicado por Penguin. A decir verdad, es el primero de una serie de tres libros, The Thing on the Doorstep and Other Weird Stories y The Dreams in the Witch House and Other Weird Stories. Los tres libros no son la obra completa de Lovecraft, pero se acercan, y el primero, The Call of Cthulhu and Other Weird Stories, funciona como antología y libro iniciático al reunir casi todos los relatos más famosos de Lovecraft. Y todo esto a un precio bastante ajustado, ya que no dejan de ser libros de bolsillo. Los tres libros incluyen introducción y notas de S. T. Joshi, un señor al que tengo bastante manía y que espero que los Antiguos se lleven pronto. La introducción no es nada del otro mundo, pero las notas están bastante bien. El problema es que Penguin por ahorrar costes ha decidido trasladar todas las notas al final del libro, lo que hace su consulta bastante engorrosa. Pero en términos generales, teniendo en cuenta el contenido y su precio, es una buena manera de hacerse con la obra de Lovecraft por relativamente poco dinero. Eso sí, si ya eres fan del señor de Providence y tienes algo de dinero, no hay nada que supere las ediciones anotadas de Liveright, la primera con introducción de Alan Moore. No son las obras completas, al menos no de momento porque sólo van dos tomos publicados, pero se acercan mucho a la perfección. Y nada, que si queréis consultar las ediciones de la obra de Lovecraft en inglés, al menos la mayoría de ellas se recogen en esta página web.

Ph'nglui mglw'nfah Cthlhu R'lyeh wgah'nag fhtagn!
Ph'nglui mglw'nfah Cthlhu R'lyeh wgah'nag fhtagn!
Ph'nglui mglw'nfah Cthlhu R'lyeh wgah'nag fhtagn!
Cómo no te voy a querer



'The Mammoth Book of Cthulhu: New Lovecraftian Fiction': ¡Camarero, hay un Cthulhu en mi sopa!

¿Quién es mi pulpo favorito? ¿Quién?

Seguramente una búsqueda de nuevas antologías sobre Cthulhu y/o Lovecraft en tu, valga la redundancia, buscador de internet, arroje como resultado este libro: 'The Mammoth Book of Cthulhu: New Lovecraftian Fiction'. Que otra cosa no, pero tiene una portada muy chula, sobre todo si lo comparamos con el resto de portadas de otras antologías. Pero anda que no nos han vendido mierdas con portadas bonitas... El contenido: no es ni la mejor ni la peor que he leído, más bien diría que apunta hacia lo primero, y aunque es algo subjetivo, creo que tiene una buena selección de relatos. Mi problema, también subjetivo, es la extensión. Casi quinientas páginas y veintiseis relatos. Casi nada. 

 Como en casi todas las antologías sobre Cthulhu y/o temas relacionados con Lovecraft de la última década, no falta los relatos de Laird Barron (ese señor tan molón con parche), Caitlín R. Kiernan (esa señora que dice que no escribe horror pero sí) y John Langan (ese señor sin más). La diferencia es que esta antología no utiliza el reclamo de esos nombres y se dedica a rellenar el resto con fanfiction. Que tampoco quiero engañaros: relleno, lo que se dice relleno, hay, pero el justo y necesario.

Una de las cosas buenas que han pasado en los últimos lustros y de las que este blog se declara militante es la correción política. Es algo que atraviesa todo: la cultura, la política, la sociedad, la economía... y las antologías de weird fiction. En este libro hay espacio para otras voces: la inmigración hispana y paquistaní, mujeres, muchas mujeres, protagonistas negras... Es algo que por sí mismo ya me parece un valor. Da una nueva perspectiva y un nuevo aire a un género que, para qué vamos a engañarnos, está bastante manido. Con esto no quiero decir que este libro sea militante de una causa o que ponga unas ideas por delante de la narración, simplemente es un producto de su tiempo, donde afortunadamente existen otras voces. Nada más y nada menos.

Son precisamente estas distintas voces seleccionanas por Paula Guran, la editora del libro, y las distintas variaciones sobre el tema, que van del pulp a la fantasía o el noir pasando por el terror, lo que hacen interesante este libro de relatos. Como decía al principio, es una antología extensa, generosa, y como tal, puede llevar a empacho, sobre todo si ya has leído otras veinte sobre el mismo tema. Y sí, sobran algunos relatos, pero en conjunto, es una buena muestra de la weird fiction que se escribe en Estados Unidos. Al menos, no te entran ganas de gritar eso de ¡Camarero, hay un Cthulhu en mi sopa!

'The Weird Tales of William Hope Hodgson': mares extraños, fantasmas e investigadores de lo oculto

 Como decíamos ayer... 

¡Arr, marineros!
¡Arr, marineros!



Existen adicciones de todo tipo y para todos los gustos: hay a quien le da por hacer deporte para recibir su buen chute de endorfinas, otros son más de rezarle a los Antiguos todas las noches, incluso está el que prefiere darle a las drogas duras, los ositos de gominola. Yo hoy vengo dispuesto a confesar una de mis adicciones (las cheesecakes del Sainsbury's no cuentan como tal, digan lo que digan): la serie de libros que publica la British Library titulada Tales of the Weird. Cuentos de lo extraño. Recopilaciones de relatos y novelas cortas de autores y autoras de finales del siglo XIX y principios del XX, muchos de ellos olvidados y cuya obra se vuelve a publicar más de cien años después. Lo interesante de esta colección es la temática de cada tomo: a veces son introducciones a la obra de un autor más o menos conocido, como el libro que vengo a reseñar hoy, otros se ocupan de dar a conocer autores olvidados, y las más de las veces giran en torno a una temática. Así hay un libro dedicado a las historias de terror ambientadas en trenes, otro sobre científicos locos, otro sobre monstruos marinos, etcétera. Y tienen una virtud más: nunca exceden de las doscientas o trescientas y pico páginas. Así que para cuando te empiezas a cansar del tema, ya has acabado el libro. Y después de esta loa a la British Library, al lío.

William Hope Hodgson no es ningún desconocido para los amantes de la literatura pulp y de terror, especialmente si eres aficionado a la obra de Lovecraft. Y a diferencia de este, su discípulo más aventajado, tiene una vida de película. De familia humilde, cuando su padre murió conoció el hambre y la miseria. Antes de esto, se enroló como grumete a los catorce años, dedicándose a la vida marinera durante casi una década. Una década marcada por los abusos de sus compañeros mayores, que vieron en el joven William a alguien débil de quien poder abusar. Pero lejos de hundirse o amilanarse, le dio por entrenar para defenderse y repartir hostias a los abusones. Así, deja el mar y se dedica al culturismo, en una época donde no te podías descargar una tabla de ejercicios desde el móvil para ponerte en forma, y monta su propio gimnasio. En esta vida tan novelesca, se cruza en su camino con Houdini, el mago y escapista, y será en una de estas exhibiciones de Houdini donde William participará, siendo el responsable de ponerle las esposas. El espectáculo fue lamentable: Houdini no pudo liberarse y acabó culpando a William de haber bloqueado las esposas, hundiendo su reputación y perdiendo los pocos clientes que le quedaban y que le ayudaban a subsistir. Pero no hay mal que por bien no venga, porque gracias a esto, se dedicó a escribir.

Selfie pa'l Instagram
Selfie y pa'l Instagram

No deja de ser algo asombroso que alguien sin formación académica de ningún tipo decidiera dedicarse a la escritura y además lo hiciera tan bien. Porque sí, el bueno de William se dedicaba al culturismo, y seguramente si hubiera vivido en nuestra época también le daría al arroz hervido con pollo, pero si algo caracterizaba a nuestro autor es que era un lector voraz. Así se puede entender su decisión de dedicarse a la escritura, tarea que le ocupó el resto de su vida, hasta que un obús lo desintegró, litaralmente.


El libro, editado por Xavier Aldana Reyes, Senior Lecturer en la Universidad Metropolitana de Mánchester, recopila diez relatos de la obra de Hodgson, intentando ofrecer una panorámica lo suficientemente amplia de ésta. Tenemos mares extraños, fantasmas e investigadores de lo oculto. También relatos cercanos al body horror, con trasnformaciones y mutaciones. Todo esto imbuido en el espíritu de la época: ese intento de conciliar el mundo racional con el irracional. Carnacki, moderno cazafantasmas, va armado con su cámara fotográfica y su pentáculo electrico para defenderse y estudiar las manifestaciones sobrenaturales. Como el mesmerismo en Poe o el espiritismo de Conan Doyle y Stoker, Hodgson intenta conciliar estas dos visiones, la del progreso y la ciencia, con la vieja idea romántica de lo sobrenatural.

'The Walking Dead': Negan, el alfa y el omega

The Walking Dead llega al final de su séptima temporada y se empieza a notar demasiado la falta de ideas. Todo este proceso viene de mucho antes. Ya la anterior temporada generó sensaciones encontradas, con esa muerte/no muerte de Glenn que alargaron hasta el infinito.

Esta séptima temporada contaba con el factor Negan, el supervillano del cómic de Kirkman. El personaje, interpretado por Jeffrey Dean Morgan (Winchester padre), ha sido el elemnto estrella de esta temporada, tanto para bien como para mal. Y es que es muy difícil trasladar a la pantalla un personaje tan peripatético y exagerado como el Negan del cómic sin llegar a caer en el ridículo. El final de la sexta temporada se enfocó como la presentación de Negan, jugándoselo todo a una carta. La resolución final de esa presentación no llega a estar a la altura de lo esperado, precisamente, por previsible.

The Walking Dead vuelve a repetir la fórmula ya conocida de separar a los personajes principales para unirlos en la lucha final. Rick vuelve a estar contra las cuerdas y nuevamente resurge de sus cenizas. Lo mismo sucede con Carol, Daryl... Al final Negan no ha sido el revulsivo esperado, que empuje a los personajes un poco más allá, y se ha convertido en otro Gobernador más, el malo de final de nivel que hay que superar para pasar a la siguiente fase.

Sin llegar a ser aburrida (por dios, que hay zombis), The Walking Dead vuelve a caer en esquemas repetidos y en golpes de efecto gratuitos. Esperemos que la próxima temporada remonte y no desaprovechen a Negan. ¡No queremos otro Terminus!

'Legion': confusión mutante

Legion es una serie de superhéroes basada en uno de los personajes de cómic de la editorial Marvel. Si en el cine hay una saturación de películas basadas en superhéroes, empieza a suceder lo mismo en la televisión. Desde series más ligeras como The Flash, Supergirl o Arrow hasta las más "nolanianas" Daredevil y Jessica Jones de Netflix. Dentro de este gran abanico existente, Legion juega la baza de ser algo diferente. Y lo consigue.

Legion es la historia de David Haller, un poderoso mutante diagnosticado de esquizofrenia a muy temprana edad. En un principio, David desconoce sus poderes y achaca todos sus males a la enfermedad. Esta primera temporada narra el despertar de David y el tratamiento de su "enfermedad".

La serie innova en cuanto a la forma, convirtiendo lo visual en su punto fuerte. El talón de aquiles está en el fondo. A las series de superhéroes de Netflix se les achaca un exceso de metraje, con trece capítulos por temporada que se hacen demasiado largos. Legion, con una primera temporada de ocho capítulos, tiene tramos donde el único interés está en lo visual, con una trama que no avanza. este caer en lo contemplativo recuerda a otras series como Hannibal, con esos planos donde se recreaba hasta el infinito la escena de un crimen, o con la reciente Outcast, con problemas similares. Algo parecido pasó con la británica Utopia, que visualmente era atractiva pero cuya trama se desinfló con el paso de los capítulos. Lo que ha contado Legion en esta primera temporada no da para ocho capítulos.

Aunque es evidente que el personaje es un superhéroe, Legion se ha encargado de dejar claro que la temática sólo es una excusa para ofrecer algo distinto.

'13 Reasons Why': Netflix y la nostalgia

Antes del streaming y del VOD (vídeo bajo demanda) las cadenas de televisión se centraban en nichos determinados. Había dramas para todos los públicos, comedias para todos los públicos, series juveniles, de ciencia ficción... Cada cadena, con alguna pequeña excepción, tenía lo suyo. Los tiempos cambian y aunque la televisión tradicional, como los periódicos editados en papel, no se ha ido del todo, sí está en retirada. Netflix inunda las parrillas de todo el mundo. Da igual la calidad o el género, así que no es raro que entre toda esa cantidad de series se cuelen algunas que destacan por encima de la media. 13 Reasons Why es una de ellas.

La serie comienza unas semanas después del suicidio de Hannah, la principal protagonista de la serie. La trama gira alrededor de ella y de su vida explorando los motivos que la llevaron a tomar una decisión tan drástica como quitarse la vida. Antes de suicidarse, Hannah graba varias cintas de casete donde cada cara de las cintas lo dedica a una persona. Estas cintas pasan en cadena a cada una de estas personas, generando una cadena de acontecimientos bastante imprevisible. El otro protagonista de la serie es Clay, compañero de Hannah que todavía no acaba de asumir que su amiga se quitó la vida. Es a través de Clay y de la escucha de las cintas como cocnocemos a Hannah y sus relaciones con los demás personajes.

La serie, aunque ambientada en el presente, tiene un toque de nostalgia bastante bien llevado. No son sólo las cintas de casete, que quedan como detalle o curiosidad, sino la increíble banda sonora que acompaña a la serie. Desde clásicos de The Cure y Joy Division hasta bandas más actuales como The Kills, pasando por Neil Young, Status Quo, Echo & the Bunnymen... Por comparación, Stranger Things, otra de las series de Netflix, resultaba, o así me lo pareció, poco sutil en todas estas referencias, y eso que estaba ambientada en los ochenta.
Otro de los aciertos de la serie es el retrato que hace de la adolescencia y del acoso escolar. No es Skins, ni lo pretende, pero sí se acerca bastante a un relato fidedigno de esa etapa de la vida. Sin caer en el costumbrismo, la narración de Hannah sí es una sucesión de pedacitos de vida conectados por la tragedia de su suicidio. Se mueve por unos grises nada habituales en una serie de este tipo, planteando temas como la cultura de la violación, asumida por buena parte de la sociedad, o un tipo de acoso escolar más sutil y menos visibilizado que es la violencia machista en sus formas más aceptadas. Aparecer en una lista como "el mejor culo" del instituto, algo en apariencia inocente para alguno de los protagonistas de la serie, pone en la diana a Hannah, que ya sufría otros problemas de acoso escolar.

Por poner un pero a la serie, Dylan Minnette, el actor que protagoniza a Clay, el amigo de Hannah, me sigue pareciendo insufrible. Ya me pasaba en otras series donde aparece este actor, pero en 13 Reasons Why, con su papel protagonista, se hace más inaguantable. Si el tono de la serie siempre es la contención, emociones que no llegan a romper del todo y que por ese motivo generan una tensión dramática que sustenta la serie, Minnette se pasa de intenso. En cualquier caso, y pese a lo asesinable que es Minnette en pantalla, 13 Reasons Why es una serie que engancha y que deja reflexiones interesantes sobre la mesa.

'Arrival': la importancia de estudiar idiomas

El cine siempre ha dado muy buenas películas de ciencia ficción, pero es verdad que los últimos años estamos asistiendo a un auge de este tipo de películas y además dotadas de gran presupuesto. Arrival, La llegada en España, es un ejemplo de esto. Además, podemos considerar a Arrival dentro del subgénero de la ciencia ficción más reflexiblo, de ideas... más filosófico en definitiva. Ejemplo de esta ciencia ficción está por supuesto 2001: una odisea espacial, pero también Contact, The Man from Earth, Moon y hasta Another Earth.
Bienvenidos a Silent Hill, visitantes
Cuando doce naves extraterrestres con forma de boina llegan a la Tierra los países ponen a sus científicos a trabajar para averiguar sus intenciones. Louise Banks es una experta lingüista a la que se le encomienda la tarea de comunicarse con los extraterrestres. Este punto de partida ya demuestra que la película no es otra de marcianitos al uso, donde los extraterrestres hablan un correcto inglés. En Arrival el problema del primer contacto se aborda de una manera realista. Louise se pasará toda la película intentando descifrar el lenguaje de los recién llegados e intentando poder comunicarse con ellos.
Una boina sobrevuela Montana
[SPOILERS] El truco de la película está en el flashback sobre la vida de Louise y su hija del principio, que no es un flashback. Louise descubre que el lenguaje de los extraterrestres modifica su estructura de pensamiento y de percibir el tiempo. Ellos no conciben el tiempo de manera lineal, como los seres humanos. Para ellos es un todo. Arrival basa su premisa en que la inmersión en un lenguaje cambia nuestra manera de pensar y modifica nuestro cerebro. Es así como Louise consigue viajar al futuro a través de esa nueva percepción, el regalo que nuestros visitantes hacen a la humanidad. Y es donde está el truco de la película muy bien utilizado por Denis Villeneuve: los recuerdos del pasado que tiene Louise sobre su hija durante toda la película no son tales, sino pequeñas escenas del futuro que todavía no ha vivido. Por eso la sucesión de escenas al principio es tan engañosa, ya que nos hacen pensar que Louise ha perdido a su hija y a su marido cuando es justo al contrario: todavía no los ha conocido. La metáfora de la película es el nombre de su hija: Hannah. Un palíndromo. Así, la película funciona como otro palíndromo. El principio es el final y el final el principio.