'Childhood's End': vinieron para ayudarnos


Chilhood's End es una adpatación de la novela homónima de Arthur C. Clarke. La cadena SyFy vuelve a los orígenes con una miniserie de ciencia ficción que nos recuerda a otras de la misma factura como The Lost Room o The Triangle. Además, viene acompañada del estreno de The Expanse, otra serie de ciencia ficción.

Nuestro planeta es visitado por unos alienígenas de los que no conocemos su aspecto físico hasta mucho después, manifestándose a través de avatares de nuestros seres queridos fallecidos y de un embajador humano que ellos mismo seleccionan para transmitir sus mensajes. Estos alienígenas o overlords , como se les llama en la serie, acaban con las guerras, el hambre, las desigualdades y las enfermedades, dando lugar a una edad de oro de la humanidad. Pero claro, no todo iba a ser tan perfecto, y es que tras la fachada de ayudar al ser humano los alienígenas esconden su verdadero plan: ayudar a evolucionar a la siguiente generación, que se unirá a una conciencia universal, y destruir a la humanidad. Y mientras los alienígenas están empeñados en cocernos a fuego lento como a una rana, también se gesta un movimiento en contra de esta invasión y de lo que se precibe como una falta de libre albedrío.

Aunque tangencialmente, la idea de un caballo de Troya ya está presente en otras series como V, donde aquellos lagartos disfrados de humanos nos ofrecían la paz pero lo que realmente querían era merendar humanos. La tercera temporada de la magnífica Torchwood, Children of Earth, explota la idea de unos alienígenas controlando y hablando a través de niños humanos. La sombra de Arthur C. Clarke es alargada.
En la obra de Clarke siempre está presenta la idea de una inteligencia superior, una conciencia similar a dios, que en la serie se denomina overmind. Los overlords, como ya se preocupan de aclarar, son meros encargados de llevar a cabo el plan de esta conciencia universal, convidados de piedra incapaces de evolucionar como las demás razas para entrar a formar parte del overmind.

Aunque el formato de miniserie es el adecuado para adaptar la novela de Clarke, los capítulos de hora y media lastran un desarrollo más ágil de la trama. Además, hay hilos argumentales que no aportan nada, salvo más metraje, como la historia romántica entre Ricky y Ellie Stormgren, y otros en cambio se quedan faltos de ese metraje, como la explicación final, que se mete con calzador deprisa y corriendo. A pesar de estas pegas, Childhood's End es una buena serie, y el fomato miniserie ideal para verla estas vacaciones.

'El día de los trífidos': volver a empezar para sobrevivir


Es imposible leer El día de los trífidos y no encontrar conexiones con otras obras, tanto en cine y televisión como en literatura. El protagonista despertándose solo en un hospital cuando ya se ha desatado el apocalipsis nos retrotrae a películas como 28 días después y series como The Walking Dead, igual que la ceguera nos recuerda a Saramago y su novela Ensayo sobre la ceguera o películas como La noche del cometa. La novela, un clásico dentro de la ciencia ficción, incomprensiblemente ha pasado bastante desapercibida para el gran público.

Los trífidos son unas plantas de unos dos metros capaces de moverse y matar con su aguijón, pero debido a la importancia de su aceite son cultivadas por los humanos. Hay un evento que desata el apocalipsis: un cometa que deja ciegas y desprotegidas a las personas frente a los trífidos. El protagonista, el biólogo Bill Mansen, se libra de esta ceguera por estar hospitalizado debido al ataque de un trífido que , paradójicamente, casi le deja ciego. A partir de ahí, John Wyndham construye una historia sobre la supervivencia de los seres humanos y los distintos intentos de ésta por conseguirlo, centrándose en el personaje de Mansen.

Se desmorona la sociedad y como pasa en muchos apocalipsis zombis, no sólo hay que protegerse de los monstruos, en este caso los trífidos, sino también de otros seres humanos. Es ya un tópico que al desmoronamiento de nuestras sociedades le sigue obligatoriamente un montón de pirados intentado establecer nuevas sociedades basadas en el totalitarismo y la crueldad.

Al final, parece que la supervivencia de la humanidad pasa por un reset, un volver a empezar con el feudalismo como sistema para conseguirlo. Publicada en 1951, la novela flojea en algunos elementos propios del contexto en el que fue escrita, la Guerra Fría. Tampoco ha tenido mucha suerte en sus adaptaciones para televisión, y es que no es fácil recrear a los trífidos de una manera que den miedo y no risa.



'Another Earth', la ciencia ficción como punto de partida


'Another earth' es una de esas películas a las que se suele enmarcar dentro del género de la ciencia ficción pero que en realidad sólo lo aprovechan como punto de partida para contar otras historias. Brit Marling, guionista y protagonista de la película, escribe un drama mezclado con algo de fantasía donde el verdadero relato de ciencia ficción empieza al final, cuando la protagonista, Rhoda Williams, se encuentra consigo misma, con su yo de un mundo paralelo.

La película narra la historia de Rhoda con un trasfondo de fantasía y ciencia ficción: aparece otro planeta Tierra igual al nuestro y con una versión de nosotros mismos habitándolo. Rhoda, brillante estudiante a la que espera un gran futuro, ve truncado su proyecto de vida cuando tiene un accidente de coche en el que mueren una madre y su hijo. A partir de ahí, entreteje su historia con otro personaje, el marido y padre al que ha arruinado la vida con su accidente; empieza su drama.

La culpa y la posibilidad de 'lavar' esa culpa tomando otras decisiones que eviten nuestros errores parece ser el verdadero tema central de la película. Si pudiéramos aconsejarnos a nosotros mismos antes de cometer un error, si pudiéramos deconstruirnos y analizarnos para cambiar lo que no nos gusta, seríamos capaces de construir otro yo diferente, un yo sin nuestros errores y con nuestros aciertos, un yo perfecto.

El hastío y la imposibilidad de ser otros es lo que lleva al bedel del instituto a buscar un descanso del mundo físico, del mundo de los sentidos, rociándose los ojos y los oídos con lejía. Para la protagonista todavía existe esperanza, todavía existe 'Otra Tierra' en la que las cosas son como deberían haber sido.

El Macguffin de otra Tierra paralela a la nuestra es sólo eso, una excusa argumental para contarnos la historia de culpa de Rhoda, su drama. Como en la novela de Ishiguro, "Nunca me abandones" (la película no la he visto), la ciencia ficción sólo sirve de punto de partida.

'It Follows', el terror que te atrapa

Lo primero que llama la atención de 'It Follows' es su inicio. Una joven sale huyendo de casa, vuelve, coge las llaves del coche y se va. No sabemos qué le aterra, qué es lo que le da miedo, de qué huye. En la siguiente escena, eso de lo que huye llega hasta ella. Como prólogo y sin saber nada más, es un comienzo redondo que atrapa. 

La premisa es muy sencilla, casi ridícula: un espíritu que se transmite a través de relaciones sexuales te persigue hasta acabar contigo a no ser que se lo 'pases' a otra persona. De algo así, tan peregrino, el director de la película saca petróleo. Un mal que te persigue, muy despacio, lentamente, al final llegará a ti y te matará. Casi como si un único zombi (de los lentos) te persiguiera de por vida y no pudieras ponerle ninguna barrera para que te atrapara. Al igual que en otras películas del género como 'Pesadilla en Elm Street', no puedes huir del terror, jugando también con lo onírico de un espíritu que te persigue de manera inexorable y que puede adoptar la forma de tus seres queridos.

El mayor problema de la película es cuando se desvía del rumbo inicial e intenta mostrar más que sugerir. Argumentalmente, que el espíritu que te persigue sólo lo puedan ver los afectados es un acierto. El final en la piscina, lo que a todas luces es un mal plan, lastra un poco la película. La música y la realización ayudan a crear una atmosféra onírica y de desasosiego que no se ve acompañada por el guión en su tramo final. Un mal remate que no empaña la película.

'The Visit': entre el quiero y el no puedo



ALERTA 'SPOILERS': esta entrada contiene 'spoilers'.

'The Visit' es el retorno de Shyamalan, después de varios fracasos en taquilla, al género de terror que tan famoso lo hizo. El director de 'El sexto sentido' y 'El bosque' vuelve a sus orígenes para ofrecernos una película, esta vez de bajo presupuesto, marca de la casa. Los dos elementos más carcterísticos de Shyamalan son el giro argumental que (supuestamente) sorprende y la superación de los miedos del protagonista.

En 'The Visit' tenemos a una madre que manda a sus dos hijos adolescentes a visitar a sus padres, a los que no ve desde que se fue de casa a los 19 años. Si la madre está marcada por este trauma familiar, sus hijos adolescentes están marcados por otro trauma, el abandono de su padre: ella no puede mirarse en un espejo y él tiene una obsesión por la higiene. Esta es la premisa argumental de 'The Visit'.

Convertir a la adolescente en una directora en ciernes es lo que justifica que la película esté rodada como un falso documental, que desde 'El proyecto de la Bruja de Blair', 'Rec' o 'Paranormal Activity' se ha convertido en habitual en películas del género. Entiendo que la elección de este formato busca el verismo, y aunque no esté mal del todo (hay algunos planos que es imposible que se hayan grabado así), creo que es un error de Shyamalan, ya que tampoco aprovecha todo el potencial de grabar así.
Lo odias o lo quieres
Shyamalan hace algún guiño a 'Hansen y Gretel', sobretodo en esa petición de la abuela a su nieta para que se introduzca en el horno. Toda la película, ambientada en una casa a las afueras, un entorno seguro, explota el miedo a perder esa isla de tranquilidad en medio de un mundo loco. Quizá por eso, y para quitarle pretenciosidad, Shyamalan introduce ese tono de comedia que tiene la película: a unos el niño rapero les hará gracia y a otros los sacará de quicio. Yo todavía no tengo claro a qué grupo pertenezco.

El giro argumental sustentado en pequeñas pistas que el director había plantado durante la película, nos descubre el misterio: los abuelos no son los abuelos, son unos psicópatas que los han sustituido. Y la otra marca de la casa, los niños, enfrentando cada uno sus traumas para superarlos. A estas alturas es difícil sorprender, y 'The Visit' no sorprende. Es una cinta a la que su falta de pretenciosidad ayuda, porque no va de algo que no es. Sin embargo, tiene carencias. La necesidad de un epílogo para explicar lo que debería estar claro, refuerza esta idea.




15 series de nuestra infancia

Hace unos días publicaba Barrilete Cósmico una entrada sobre dos libros que tiran de nostalgia: "Yo fui a E.G.B.' y 'Generación E.G.B.'. Uno de los elementos a destacar en este factor nostalgia tan de moda en los últimos tiempos son las series de dibujos animados. Muchas de ellas no las vimos, pero las conocemos por formar parte del imaginario colectivo de una generación. Allá van las intros de mis series, lo que veía en los noventa. Imposible no ponerse nostágico. El orden no tiene nada que ver con preferencias o calidad, sólo obedece a cómo las he ido recordando.


1. Oliver y Benji: o Campeones. Con esta nos flipábamos mucho. Vista ahora es infumable.

2. Los caballeros del Zodíaco: Otra con la flipábamos mucho. Además, mi primera colección de cromos fue la de Los caballeros de Zodíaco. ¡Qué recuerdos!

3. Dragones y Mazmorras: Otra serie de la que apenas recuerdo nada salvo la canción de la intro. Me parece haberla visto un verano a mediados de los 90.

4. La vuelta al mundo de Willy Fog: Mítica, junto a otra que tenía a los mismos protagonistas, 'Viaje al centro de la Tierra'. 

5. Los trotamúsicos: recuerdo ir disfradado del malo de la serie. 

6. Isidoro: Todavía tengo el peluche que me regalaron de Isidoro. Lo idilio con los gatos viene desde entonces.

7. Érase una vez la vida: Sacaron fascísculos y coleccionables sobre la serie. Recuerdo verla a la hora de comer con mis abuelos.

8. Las mil y una Américas: En el 92 sacaron muchas series de estas. No sé por qué pero la canción se me quedó grabada.

9. Lupin: Otra que recuerdo ver en un verano a mediados de los noventa. 

10. Los fruitis: otra serie que e da a mí que no aguantaría un revisionado.

11. El inspector Gadget: otra de esas series que ponían a la hora de comer. La música me encantaba.

12. El show de la pantera rosa: humor absurdo. Me encanta.


13. Sherlock Holmes: la versión perruna del detective de Conan Doyle.

14. Los mosqueperros: otra versión perruna más.


15. Alfred J. Kwak: un pato adoptado por un topo. Todo muy raro. Canción pegadiza.



Bonus La corona mágica: no recuerdo casi nada de esta serie salvo la intro, y comentándolo con otros amigos y conocidos, parece nadie más se acuerda de ella.


Faltan un montón, Chicho terremoto, Las mosntruoplantas, Bola de dragón, Delphi, Gárgolas... pero son las primeras que me han venido a la cabeza.


'El perro de los Baskerville' (1959)


La productora británica Hammer, además de películas de ciencia ficción y terror, también adaptó un clásico de Conan Doyle, 'El sabueso de los Baskerville'. El relato de Conan Doyle juega con el misterio, el terror y la fantasía, quizá por eso, por esa parte de terror, la Hammer decidió adaptarlo a la gran pantalla, con fracaso en taquilla, todo hay que decirlo.
Cushing y Lee como el punto y la i
La película contó con la alineación habitual de los grandes clásicos de la hammer: Terence Fisher de director y la dupla Peter Cushing/Christopher Lee como protagonistas, destacando también André Morell como Watson. Como bien nos chiva la Wikipedia, y a nada que hayamos estado atentos, podemos reconocer el castillo de los Baskerville como el castillo que aparece en 'Drácula', en ese reciclaje de atrezo y escenarios tan característicos de la Hammer.
Caroline, ve hacia la luz...
Pese al fracaso en taquilla que impidió el desarrollo de una saga, Peter Cushing volvería a interpretar el papel de Sherlock Holmes en la serie de la BBC de 1964 y en una película ya muy posterior, 'Sherlock y la máscara de la muerte', ya en 1984. Ahora que vuelve a estar de moda la BBC con su 'Sherlock', es recomendable visionar su serie de los sesenta.

La película de Fisher, con un presupuesto muy ajustado, nos trae un Sherlock de serie B muy entretenido, con un genial Cushing y un guión que a ratos amaga con lo sobrenatural y fantástico y a ratos con el policiaco.


Suban a bordo: 'The River'


La serie se estrenó en 2012 con el sello de Spielberg como productor ejecutivo. Duró sólo una temporada, que dejó tras de sí ocho capítulos cuando la ABC la canceló. The River, que no tiene nada de El corazón entre las tinieblas, no decepciona. Y no decepciona precisamente por eso, por no intentar ser pretenciosa, y si lo intenta, el formato de falso documental le impide mostrar, por lo que siempre acaba sugiriendo más que mostrando, y en una serie de este tipo, eso siempre es bueno. Sólo tenemos que recorgar el canguelo que daba el bosque de muñecas.


Es todo un acierto la serialización, a monstruo por capítulo, también hace que sea más dinámica, quemando trama cual American Horror Story, lo que unido a su corta duración (una única temporada de sólo ocho capítulos), da la sensación de movimiento, de estar avanzando¿Hacia dónde? Ya nunca lo sabremos, no sabremos si The River hubiese derivado en una gran epopeya como la de los exploradores y conquistadores españoles en América o si se hubiese perdido en cualquier recodo de la Amazonía. ¿Emmet Cole estaba buscando su El Dorado particular? Lo que sí sabemos es que es una serie entretenida y muy disfrutable. 

'The Wire' o la enmienda a la totalidad


Que nadie busque acción a raudales, porque no la encontrará. Sí, hay policías, y sí, también hay narcotraficantes, pero en esencia, es la serie de los desheredados, la historia de la América relegada, un Las uvas de la ira en todo su esplendor y en color. Así que ni hay acción, ni grandes cliffhangers, ni malos malosos, ni... El protagonista es la ciudad de Baltimore, y por ahí van desfilando el resto de personajes, lo que nos da múltiples puntos de vista, donde parafraseando al detective Freamon, "Todas las piezas tienen importancia". Veamos qué tenemos:

Durante la primera temporada, el equipo de policía  lucha contra las drogas, y desfilan delante de nuestra televisión una serie de agentes, camellos, narcotraficantes... El mensaje es claro: puedes ganar la guerra contra un narcotraficante en concreto, pero no la guerra contra el narcotráfico. Así que tenemos victorias parciales, efímeras.

En la segunda temporada, el escenario de Baltimore se amplia un poco más con la inclusión de los muelles y de otro protagonista más, la clase obrera. El relato no podría ser más duro: el declive de los sindicatos, el abandono de los trabajadores, que se convierten en una parte olvidada y relegada de la sociedad... En el nuevo modelo productivo donde se deslocalizan fábricas y se recortan derechos laborales los astilleros de Baltimore están en las últimas.

La tercera temporada nos da una visión  de la vida política, en la que asistimos a la fosilización de los roles, ya que las oligarquías de poder, se perpetúan en el cargo. La política es un mundo lleno de trepas, trapos sucios y puñaladas traperas. Carcetti, ¡quién te ha visto y quién te ve! Sorpresa, los que tenían que defendernos en realidad defienden los privilegios de unos pocos. Cuando sigues el rastro del dinero siempre acabas dando con esos pocos que controlan todo.

La cuarta temporada se interesa por la educación pública, que debería ser el principio garante de la igualdad de oportunidades. De nuevo, una cosa es lo que se dice y otra muy distinta la que se hace. Asistimos a la falta de medios, motivación y, sobre todo, a la tergiversación del concepto de educación: son más importantes los exámenes que educar. Así no es de extrañar que el círculo vicioso continúe.

Finalmente, en la quinta temporada, se retrata la cultura mediática. Los medios de comunicación han sufrido una serie de cambios y transformaciones en las últimas dos décadas, que los han llevado a ser una parte más del problema. Y aquí ya intuimos la reflexión final, el propósito de esta narración de más de 60 horas que es The WireUn ataque al capitalismo salvaje. Las instituciones y los seres humanos se desdibujan, pierden poder ante el libre mercado. En la serie vemos reflejadas las consecuencias: la ley de la jungla.

Por tanto, repito: NO ES UNA SERIE DE POLICÍAS. La historia en The Wire es una sucesión de pequeñas epifanías, de pequeñas revelaciones. El penúltimo capítulo de cada temporada, se encarga de resolver/cerrar el arco argumental de esa tempora, y en el último capítulo, se colocan las piezas de la siguiente temporada. Es una historia intrincada, que se pierde por muchos vericuetos, y que entre tanta trama, tantos escenarios, se convierte en una entidad única, una historia con muchas caras y diferentes puntos de vista. Una historia de más de sesenta horas en total, casi 13 horas por temporada. Así podemos ver a dos policías discutiendo sobre patatas fritas mientras el malo pasa por delante sus narices, por ejemplo. Tiene mucho de tragedia griega, de la que es deudora en parte, porque el destino se presenta como algo inexorable, como una lucha que está amañada; todos están destinados a perder, pero mientras tanto, viven.

Como dice Omar: "I'll do what I can do to help y'all. But the game's out there, and it's play or get played".



Harry Dresden, el mago que quería ser detective


Jim Butcher es el autor de 'Dresden Files', una saga de novelas (lleva 15 hasta el momento) que narran las aventuras del mago Harry Dresden. Cuando lo requieren, Harry asesora al departamento de policía de Chicago sobre temas sobrenaturales, el resto del tiempo se dedica a resolver casos por su cuenta, un poco al estilo de como lo haría un detective privado, aunque claro está, el hecho de ser mago le lleva a investigar temas de su campo.

Cada novela de la saga relata un caso diferente y, hasta cierto punto, son independientes unas de otras. No hace falta que las leas en orden, puedes empezar por cualquiera, aunque hay ciertas tramas que aluden a temas narrados en novelas anteriores en los que te puedes sentir un poco perdido y desubicado.

Vi la serie basada en estas novelas que se estrenó en 2007 y protagonizaba un insulso Paul Blackthorne. La verdad es que ni fu ni fa, no recuerdo que fuera gran cosa. Sólo duró una temporada en antena. Además de la serie de televisión, también existen cómics y un juego de rol.
La novela pertenece al género fantástico, pero incorpora elementos del policial y la novela negra. Harry Dresden es un cruce entre el Philip Marlowe de Chandler y el Sam Spade de Hammett, tipos duros, fracasados, chapados a la antigua y que hacen lo que está bien sin importar las consecuencias que tenga para ellos.

Leí 'Tormenta', el primer libro de la saga, sin esperar gran cosa, y he acabado gratamente sorprendido y enganchado a la saga. Son libros entretenidos, bien escritos y sin excesivo relleno. En una serie tan larga hay libros más redondos que otros, pero si te interesa la temática fantástica y sobrenatural con toques policíacos, seguro que te gustan.


Un detective metido a cura: el padre Brown


G. K. Chesterton, autor británico, escribió cinco libros de relatos policiales protagonizados por el padre Brown publicados entre 1911 y 1935. Chesterton crea al padre Brown, un curita católico y poca cosa que resuelve crímenes que parecen irresolubles. Aunque parte de otros clásicos del policíaco como el Sherlock Holmes de Doyle, el padre Brown es en cierta forma una parodia del género: el padre Brown se ayuda del método deductivo como Sherlock, pero son sus habilidades para conocer la naturaleza humana, adquiridas gracias a su profesión de cura, las que acaban resolviendo los crímenes.

De fina ironía, los relatos están impregandos de las ideas sobre el cristianismo y luego posteriormente el catolicismo del autor, pero sobre todo, destacan por su humanismo. La ciencia es una cosa fría si no va acompañada del calor humano, y hay cosas que no logra explicar o que nos desvía de las respuestas adecuadas. Decía Antonio Gramsci sobre Chesterton que "el padre Brown es un católico que se burla de la manera mecánica de pensar de los protestantes y el libro es una apología de la Iglesia romana frente a la Iglesia anglicana". El ateo en los relatos del padre Brown siempre es un ser frío y racional.

A pesar de cierto mensaje apologético y de la moralina del autor muy presente en algunos de los relatos, es fácil abstraerse y disfrutar de las narraciones de Chesterton. El padre Brown no sólo está interesado en perseguir el crimen, también está interesado en redimir al criminal, demostrando el humanismo del autor. Algunos de los criminales luego son sus confidentes y ayudantes, como Flambeau, que acaba redimido gracias a la intervención del padre Brown.

Acercarse al padre Brown es entregarse a la tarea de salvar almas descarridas y por el camino disfrutar de la ironía y el buen hacer de Chesterton.












Mario Benedetti, poeta popular

La poesía de Benedetti, a nivel formal, viene marcada por un cierto carácter dialógico, conversacional, estableciendo un diálogo con la amada y el objeto de deseo, por eso abundan las estructuras paralelas, los desarrollos dicotómicos... El nivel léxico llano, con algunos neolologismos y regionalismos, es lo que acerca su poesía a tanta gente, así como su tono confesional que se gana enseguida la complicidad de los lectores. Cabe señalar que prosaísmo no significa vulgar.


Pese a lo tópico de la materia -el amor-, Benedetti trasciende el propio tema y va más allá, abarcando otros temas y subtemas: despedidas, reencuentros, erotismo, soledad, rupturas, comienzos, seducción, comunicación...

Se preguntaba el poeta por qué cantamos, si cada hora viene con su muerte / si el tiempo es una cueva de ladrones. Y respondía así:


Cantamos porque llueve sobre el surco
y somos militantes de la vida
y porque no podemos ni queremos
dejar que la canción se haga ceniza.

Se va el vapor y en la tiniebla se hace humo. Se fue Mario, pero todavía nos quedan sus poesías, sus cuentos, sus novelas...

Todavía

No lo creo todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría

palpo gusto escucho y veo
tu rostro tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo

tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto

nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa

sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía

pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro

y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido

y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más
todavía.

'La maldición de Frankenstein' (1957)

¡Qué hermosura!
Como ya hicieron con otros monstruos clásicos, Hammer también llevó a la gran pantalla la novela de Mary Shelly 'Frankenstein o el moderno Prometeo', siendo esta película la primera de terror que producía el estudio británico. También, como sucedió con 'Drácula', esta película fue la primera de una saga en la que cada película era peor que la anterior, siendo rescatables las dos primeras.

La película, como otros clásicos de la Hammer, está dirigida por Terence Fisher, con guión de Jimmy Sangster y la dupla interpretativa Cushing/Lee, destacando también Robert Urquhart en el papel de doctor Paul Krempe.
Patillas a lo Curro Jiménez
Basada en la novela de Mary Shelly, la película toma elementos de ésta para acabar en una reinterpretación bastante libre. Peter Cushing interpreta a un barón Frankenstein muy maquiavélico, nada que ver con el personaje del clásico de Universal, bastante más plano. Si has leído la novela, probablemente eches en falta una dimensión más humana y trágica del personaje. La criatura, interpretada por Christopher Lee, también tiene en la película un tratamiento diferente, y en este caso claramente peor. Ya no es el ser pensante y autoconsciente de la novela, lo que entrañaba una psicología profunda y compleja, es sólo un monstruo que en cuanto lo sueltas se dedica a matar lo primero que ve.


'Pesadilla en Elm Street' para dejar de soñar


Wes Craven, junto a John Carpenter y David Croneberg, revolucionaron el género de terror en los 80 con esta película. Con Freddy Krueger como protagonista, ha aterrorizado a varias generaciones de adolescentes y no tan adolescentes, convirtiendo 'Pesadilla en Elm Street' (en castellano ha sido traducida con multitud de nombres distintos) en una saga de ocho películas y un reboot. Wes Craven tan sólo volvería a dirigir otra película más de la saga, 'La nueva pesadilla de Wes Craven', en 1994.
Estás hecho un pirata
La película encumbró a Robert Englund, asociado desde entonces a su papel de Freddy Krueger y al de lagarto bueno en la serie 'V', además de ser el estreno de Johnny Depp en la gran pantalla. Heather Langenkamp interpreta a Nancy Thompson, papel en el que repetiría en 1994.
La canción que lo petaba en los 80
La imagen de Freddy Krueger, con ese jersey a dos colores, el sombrero, su guante con cuchillas y una cara que parece una pizza revenida, marcó toda una época y se convirtió en un icono del cine de terror adolescente. Ya no se trataba de un asesino en serie, sino de un mosntruo que te atacaba mientras dormías, elevando aún más la sensación de impotencia y vulnerabilidad. Wes Craven refuerza esta idea cuando en la película no vemos a Fred Krueger (en esta primera película es Fred, no Freddy) pero sí oímos el ruido de sus cuchillas al deslizarse sobre una superficie.
Ven que te enjabono


La saga siempre ha adolecido de falta de chicha y, como en otras sagas, han ido estirando y estirando el chicle. Si la primera o dos primeras películas no estaban mal, lo que vino depués fue un sinsentido, llegando a caer en la comedia con toques de terror. Su gran acierto siempre fue esa mezcla de sueño y realidad y la posibilidad de que tus peores pesadillas, algo que escapa a tu control, se hicieran realidad.



'El hombre invisible' de la Universal (1933)


De todas las películas de monstruos de la Universal, quizás ésta sea la más redonda. Basada en la novela del mismo nombre de H. G. Wells y siendo una de las adaptaciones más fieles, la película abandona la ciencia ficción para adentrarse en el terror y, por momentos, la comedia. Como en otras películas del género, su acción se comprime en apenas 70 minutos de metraje, haciendo de este título título una historia ágil y amena. Tuvo multitud de secuelas, ya con Vincent Price como protagonista, pero ninguna estuvo al nivel de ésta.

Echando un cigarrito
Dirigida por James Whale, conocido por su anterior película de 'Frankenstein', cuenta con Claude Rains como actor protagonista, que a pesar de ser su primer papel en el cine, lleva a cabo una interpretación inolvidable. Sólo veremos su cara en el último plano. Rains intervino en otras películas como 'The Adventures of Robin Hood', 'Lawrence of Arabia' y 'Casablanca', interpretando algunos personajes que han pasado a la historia.
Louis Renault y Juan sin Tierra
Uno de los cambios con respecto a la novela son los motivos del personaje. No es sólo la ambición lo que lleva a nuestro protagonista a convertirse en un científico loco, también el amor. La trama amorosa es lo más flojo que tiene la película, pero con su brevedad, tampoco da tiempo para aborrecerla.
La cara que se te queda cuando es lunes
Uno de los apartados que más descatan de la película son los efectos especiales. Sobre todo para la época, y que han hecho que esta película envejezca muy bien. El encargado de llevarlos a cabo fue John P. Fulton. Vista hoy la película, resulta increíble el trabajo y la labor de Fulton, consiguiendo que Rains, el hombre invisible, desaparezca delante de nuestros ojos.



'La momia' de la Hammer (1959)


Las películas de monstruos tienen varios precedentes claros en el cine: el primero, el cine expresionista alemán ('El gabinete del doctor Caligari', por ejemplo), y el segundo, las películas de la Universal ('Drácula', 'La momia'...). Décadas más tarde vino la Hammer y recogió esta herencia, en general, mejorándola.

La película, como otros grandes clásicos de la Hammer ('Drácula', 'Frankenstein'), está dirigida por Terence Fisher y protagonizada por Christopher Lee y Peter Cushing. A pesar de contar con lo mejor de la Hammer (guión de Jimmy Sangster), ésta es uno de los pocos 'remakes' fallidos de la Hammer. La película de 1932 dirigida Karl Freund y protagonizada por Boris Karloff está varios puntos por encima. 
¿Sherlock Holmes en Egipto?
Este 'remake' busca inspiración no en el clásico de la Universal, sino en los 'remakes' que de éste se hizo en los años cuarenta, como 'La mano de la momia' (1940) o 'La tumba de la momia' (1942), donde ya aparecen elementos que luego serán usados por la Hammer. A pesar de no ser la mejor película de Fisher, tampoco se puede decir que sea mala. Más bien al contrario. Es cierto que fallan algunas cosas (la caracterización de Christopher Lee como momia y la banda sonora cojean mucho), pero sigue siendo una película entretenida.

La versión de Brendan Fraser de 1999 juega en otra liga, más emparentada con el cine de aventuras rollo Indiana Jones que con los clásicos del terror, por eso para mí la momia sigue siendo Karloff.













El 'Dracula' de la Hammer (1958)

Hazte así que tienes algo en la boca
La novela 'Drácula', de Bram Stoker, ha inspirado durante el siglo XX y lo que llevamos de XXI muchas obras, tanto en cine como en teatro. En el cine, el arquetipo de vampiro inspirado en la novela de Stoker ha dado lugar a grandes clásicos: 'Nosferatu' de Murnau, 'Dracula' de Tod Browning y Bela Lugosi o las películas de la Hammer con Christopher Lee, que han ayudado a asentar el mito del vampiro, ya presente en la liyeratura gótica, en la cultura popular.

La compañía cinematográfica inglesa Hammer Productions se dedicó a realizar entre 1955 y 1979 películas de terror y de ciencia ficción. Es en estas películas de terror donde destaca un director, Terence Fisher, y dos actores, Christopher Lee y Peter Cushing, que trabajarían en multitud de películas juntos y que en 'Dracula' llevarían el mito de Stoker a otro nivel.
En clases de Bricomanía
El guión, escrito por Jimmy Sangster, reduce personajes, cambia la relación que entre ellos tenían en la novela de Stoker y concentra la acción en Centroeuropa (no veremos a Drácula pasear por las calles de Londres), lo que se demuestra todo un acierto en una película cuya duración no va más allá de los 82 minutos. Sí es cierto que a veces se notan demasiado las elipsis del guión en ciertas acciones que llevan a cabo los personajes y, si no hemos leído la novela o conocemos otras versiones, nos pueden llevar a pensar que nos hemos perdido algo.
Echando la siesta
Le debemos a la Hammer, entre otros, la popularización del gore como subgénero dentro del terror. Hay que recordar que en la película de Tod Browning nunca se ve a Drácula morder a nadie. En el 'Dracula' de la Hammer vemos la sangre en technicolor, lo que supuso una revolución en la época.
También, junto a la sangre, está presente otro elemento que siempre se ha ocultado o soslayado en otras versiones: el erotismo. 

La banda sonora de James Bernard demuestra ser otro acierto más de la película, con esos acordes estridentes que suben varios tonos en algunas escenas, paradigma que ha llegado hasta nuestros días.

En el terreno de la interpretación, Christopher Lee como Drácula y Peter Cushing como Van Helsing clavan sus papeles, convirtiendo sus personajes en prototipos y ejemplo para otras producciones del género. Todavía hoy es difícil imaginarse otro Drácula sin la cara de Lee.



'Braquo' y el realismo sucio


Si en esta entrada os hablaba 'Bron/Broen' y de algunas series escandinavas que habían llegado a nuestras pantallas, hoy vengo con 'Braquo', una serie francesa que junto con 'Les revenants' y 'Engranages' forma parte de las series más conocidas internacionalmente del país galo. La serie, estrenada en 2009, consta de tres temporadas de ocho capítulos cada una, y ya está anunciada una cuarta temporada más, que será la última.

La serie es un thriller policial, centrado en una pequeña unidad y en sus más que dudosos métodos para hacer cumplir la ley. Es en esto, y creo que sólo en esto, el parecido que guarda 'Braquo' con la estadounidense 'The Shield', con la que se la suele comparar. Tanto en forma como en fondo, no tienen nada que ver y optan por distintos caminos narrativos.

Los ocho capítulos por temporada son un hecho que imprime un ritmo trepidante a la trama. Quizás otras series, con temporadas de muchos más capítulos, tienden a dar vueltas y vueltas, y claro, a veces se atascan. 'Braquo' quema trama como si no hubiera mañana. El toque de cine negro, la tensión y el ritmo endiablado de la trama hacen que te quedes pegado al sofá devorando un capítulo tras otro. Realismo sucio sin concesiones para el espectador, que sólo puede esperar violencia y muerte.

Aunque la serie no tiene los matices de 'Engranages', no peca de maniqueísta. Ni los buenos son tan buenos, ni los malos tan malos. Esas temporadas tan cortas que hacen avanzar de manera veloz la trama, son un problema para dibujar unos personajes más complejos. A pesar de esto, 'Braquo' es una serie bien escrita y bien interpretado que hará las delicias de los amantes del género negro.


'Kafka en la orilla', de Haruki Murakami


Existe una costumbre que consiste en demonizar todo lo que se hace popular despreciándolo como algo de poca calidad. Haruki Murakami es uno de los que sufre este fenómeno, fomentando posiciones muy encontradas entre partidarios y detractores donde no existen (casi) posiciones intermedias. Murakami no es un mal escritor, pero tampoco es el mejor. Maneja muy bien los símbolos del imaginario colectivo de la globalización, y eso es parte de su éxito. También por eso se le acusa en su país de ser 'demasiado occidental'. Y tienen razón. Sus personajes escuchan canciones de rock de los sesenta, jazz, música clásica europea, además de multitud de referencias culturales fácilmente identificables por cualquier lector o lectora occidental. 

'Kafka en la orilla', publicada en 2002, narra la historia de Kafka Tamura, un adolescente de 15 años sobre el que pesa una profecía edípica: se acostará con su madre y con su hermana, además, matará a su padre. Paralela a esta historia, se nos narran las peripecias de Satoru Nakata, un anciano que después de padecer un extraño incidente cuando era niño, sufre una discapacidad y tiene el poder de hablar con los gatos. En una estructura binaria, se van alternando los capítulos de uno y otro hasta el final. 

El libro, para el que ya haya leído alguna obra de Murakami, es más de lo mismo. Decía el autor argentino Adolfo Bioy Casares, ya anciano, que un escritor sólo habla sobre uno o dos temas a lo largo de su vida. Pese a ser una sentencia que no siempre se cumple (y tampoco creo que sea algo malo per se), en el caso de Murakami es una realidad. Su esquema es: personaje masculino solitario y bastante intenso se enamora de una mujer también solitaria y rara de cojones. Su relación no puede ser. Aparecen gatos y hace presencia lo sobrenatural. Ocurren muchas cosas porque sí. Si entras en la historia asumiendo que esto es lo que te espera, sus libros son bastante entretenidos. Tampoco creo que Murakami pretenda otra cosa.

Mención aparte merece el contenido político. El conflicto casi nunca aparece y si lo hace es para desproblematizarlo y reducirlo a la caricatura. ¿El movimiento estudiantil universitario? Nunca sabemos por qué se manifiestan, cuáles son sus demandas, sólo aparecen en el libro como los asesinos del novio de uno de los personajes. ¿Feministas? Las ridiculiza atribuyéndoles unas demandas que nada tienen que ver con el movimiento feminista. ¿Un trabajador con conciencia de clase? El marginado al que nadie hace caso por pesado. El discurso de Murakami es el del individualismo más absoluto. 

Como en '1Q84', al final al libro le sobran páginas. Sin ser una mala obra, no es de las más redondas que tiene. Desde luego, si no has leído nada de Murakami, quizás sea mejor empezar por otro libro suyo para no salir espantado a las primeras de cambio.


'Les revenants', una historia sobre la muerte

Momento de los títulos de crédito

Primero fueron los vampiros (si se puede llamar vampiros a esos seres que aparecían en 'Crepúsculo'), y desde que se estrenó 'The Walking Dead' en 2010, son los zombis. Como en el caso de los vampiros, hay mucha morralla, pero de vez en cuando sobresalen auténticas joyas, como la serie francesa 'Les revenants'. Estrenada en 2012, tuvimos que esperar hasta este otoño para saborear la estupenda segunda temporada concluida hace poco más de un mes. Otros ocho capítulos a sumar a los ocho anteriores, y con la esperanza puesta en que no sean los últimos. Fabrice Cobert, el creador de la serie, dice querer continuar, pero todo está en el aire.

La trama de la serie versa, en estas dos temporadas, sobre el regreso de algunos muertos a sus casas y todos los interrogantes que ello conlleva. ¿Por qué vuelven? ¿Qué es lo que les ha hecho regresar?  ¿Para qué vuelven? ¿Son amistosos o tienen malas intenciones? En los apenas 16 episodios de los que consta se plantean estas preguntas y algunas respuestas. Lo que más destaca es la atmósfera creada. Se conjuga lo visual, el guión, la interpretación y la música para crear una atmósfera asfixiante, bastante malrrollera en algunas ocasiones, pero a la vez sugerente y realista. Si alguna vez nos toca vivir un apocalipsis zombi, se parecerá mucho a esta serie.

Este niño da mal rollo
Las dos temporadas funcionan como un todo. Lo que se plantea en la primera temporada se resuelve en la segunda. Otra cosa es que nos guste esa resolución, que yo creo que es bastante acertada. Además, en esta segunda temporada cierran los grandes interrogantes que planteaban al comienzo, pero dejan la puerta abierta a una tercera temporada. Eso sí, sin el cliffhanger de la primera temporada. Si al final no hubiese más temporadas, estas dos temporadas, por sí solas, serían más que disfrutables.

Aunque aparezcan zombis, y que nadie se lleve una decepción, NO ES UNA SERIE SOBRE ZOMBIS. Al menos no es una serie sobre zombis del tipo al que estamos acostumbrados. Lo fantástico, más que el terror, y el drama, son las bases de esta serie. Una historia sobre la muerte desde una perspectiva nada común, llena de metáforas y apelando más a crear sensaciones que a dar grandes respuestas que todo lo explican.

Además, la serie cuenta con una banda sonora de lujo compuesta e interpretada por Mogwai. Mención especial a la canción que abre los títulos de crédito.






'Jessica Jones': control y culpa

¿Hay luz al final del túnel, Jessica?
Los superhéroes que pueblan desde hace años las pantallas de cine, de un tiempo a esta parte también han dado el salto a las series de televisión. Adaptar 'Daredevil' a la pequeña pantalla tuvo un resultado magnífico, y con 'Jessica Jones' Netflix y Marvel han vuelto a repetir ese resultado. Todavía faltan por llegar 'Iron Fist', 'Luke Cage' (que ya hemos podido ver en 'Jessica Jones') y 'The Defenders'. A diferencia de otras adaptaciones de cómics a la pequeña pantalla que pecan de cierta ligereza, Netflix opta por un tono más adulto.

Si lo habitual en este tipo de series es narrar cómo el personaje se convierte en superhéroe, 'Jessica Jones' nos presenta una historia distinta: superheroína cuelga el traje y se convierte en detective privado. Y se da a la bebida. No llegamos a ese capítulo final donde el personaje, después de pasar por distintas pruebas, acaba enfundado en un traje de superhéroe. En 'Jessica Jones' no encontraremos la estructura habitual de este género. No tiene pruebas que pasar ni aspira a superar su propios límites. 

A destacar Kristen Ritter interpretando a Jones, culpable en gran medida de la grandeza de la serie. Su traje de superhéroe son los vaqueros y la chupa de cuero. Y con ellos sale a trabajar. La réplica a Jones la da David Tennant en el papel de Kilgrave, el villano de la historia. Tennant clava los papeles de loco histriónico. No sólo los protagonistas están a un gran nivel, sino todo el reparto. Rachel Taylor interpretando a Trish Walker hace un papelón como pocos, sin limitarse a ser mera comparsa de Jones.

La serie narra la lucha de Jones por no volver a matar y por mantener el control sobre sí misma. Kilgrave, usando su poder de controlar mentes, la obligó a matar convirtiéndola en asesina, y Jones, por todos los medios, no quiere volver a caer en su influjo, no quiere volver a matar. Ni siquiera a Kilgrave. A un nivel más abstracto, la serie trata temas como el control (el poder de Kilgrave), la culpa (en el caso de Jones), el miedo... Todo pasado por una coctelera noir, con Jones como un personaje de serie negra, interpretando el típico papel de detective borracho y solitario.

Sin todavía confirmación por parte de Netflix de una segunda temporada, al menos tenemos el consuelo de volver a ver a Jessica Jones en 'The Defenders' junto a Luke Cage, Iron Fist y Daredevil.
















Series europeas: 'Bron/Broen' (The Bridge)


De un tiempo a esta parte nos hemos habituado a que entre 'Game of Thrones' y 'The Walking Dead' se cuelen en nuestra televisión series de otros países. La producción británica, con ese boom que ha vivido estos últimos años, nos ha proporcionado horas y horas de buena televisión ('Luther', 'Inside Men', 'Sherlock', 'Doctor Who'...), pero también se han colado en nuestra lista de series favoritas producciones televisivas de países sin tanta tradición en nuestros televisores. 'Les Revenants', 'Engranages' y 'Braquo' en Francia, 'Romanzo Criminale', 'Gomorra' y '1992' en Italia, 'Unsere Mütter, Unsere Váter' en Alemania... Pero sin duda, los grandes protagonistas en este desembarco seriéfilo han sido los países nórdicos, con Dinamarca a la cabeza. Grandes series como 'Forbrydelsen', 'Borgen', 'Äkta människor' o la que os traigo hoy, 'Bron/Broen'.

'Bron/Broen' es una producción escandinava (participan televisiones de Suecia, Dinamarca, Noruega e Islandia) que ya va por  treinta episodios y tres temporadas, la última finalizada hace escasos días. El punto de partida y el hilo conductor de todas las temporadas es la investigación y resolución de un crimen por parte de una pareja de policías: una sueca, Saga, y otro danés, que en las dos primeras temporadas es Martin y en la tercera es Henrik. Aunque hay que decir que el protagonismo se lo lleva por entero Saga, todo gracias a la gran interpretación de Sofia Helin.

El personaje de Saga merece un punto y a parte. 'House' abría la veda en cuanto a personajes poco empáticos y obsesivos en la televisión, como Sheldon Cooper en 'TBBT' o la protagonista de la saga  literaria 'Millenium' de Larsson. Recientemente hemos podido ver series como 'Mr. Robot', cuyo personaje protagonista padece algún tipo de Asperger. Saga, al igual que todos estos peronajes, es incapaz de interpretar bromas, de empatizar de manera normal con otros personajes, es obsesiva en el trabajo y no tiene amigos. Es la gran interpretación de Sofia Helin lo que lleva el personaje a otro nivel. Sus silencios, el temblor de sus manos y su cuerpo cuando las interacciones sociales le ponen nerviosa... El contrapunto será su compañero de investigación, que hará de intérprete de esas emociones que Saga no comprende, su cable a tierra.

'Bron/Broen', al igual que sus paisajes y su ambientación, es gris y lluviosa, a ratos inquietante, demostrando que Europa es capaz de producir ficciones televisivas (no sólo, pero es de lo que estamos hablando) a un nivel igual o superior que las que llegan de EEUU. 

















'En el nombre de la rosa': Umberto Eco y el Posmodernismo


Umberto Eco, nacido en Alessandría en 1932, doctorado en la Universidad de Turín en Filosofía y Letras y profesor universitario en varias universidades italianas, empieza a escribir narrativa muy tarde, en 1980, y es precisamente esta obra su ópera prima.

El nombre de la rosa es una obra compleja y polémica, con distintos niveles de lectura, ya que se puede leer como novela policíaca, histórica, filosófica, de ideas... y con una estructura que consta de dos prólogos, una narración en días, subdivididos a su vez en las horas canónicas, y de una especie de epílogo.

Especial importancia tienen los distintos filtros narrativos; la voz narrativa del joven Adso se ve sometida a valoraciones del mismo Adso anciano que escribe la historia. Dicho texto "original" de Adso es registrado por Mabillon. a su vez citado por el abate Vallet, del que Eco toma prestada su historia.

Contaminación de géneros:
  • Es una novela de ideas
  • Es una novela policíaca
  • Es una novela histórica
  • Es una novela semiótica
  • Es una novela filosófica
En última instancia, es todo eso y más, pero sobre todo, es una obra posmoderna. Al final, la reflexión sobre el peligro de los totalitarismos, es típica del Posmodernismo: tener una verdad absoluta nos hace esclavos, tener varias nos hace más libres, ya que no existen contradicciones en la realidad heterogénea, sino múltiples aspectos de la realidad diferentes.

¿Cómo pudo tener tanto éxito? Influyeron muchos factores, pero quizás el más importante sea el de los distintos niveles de lectura. Puede interesarle a un mediavalista o a un amante del género policíaco, a un escritor o a un semiólogo. Lo que está claro es que se disfruta, y mucho, de su lectura.

'El misterio de Salem's Lot': Stephen King conoce a Bram Stoker


Interesante novela que entronca con el género gótico más clásico, elaborada como una reescritura del Drácula de Bram Stoker, en la que podemos observar un montón de paralelismos y de guiños a lo largo de la narración.
El trascendentalismo, especialmente en esa vertiente puritana, se puede ver en el argumento: una pequeña y aislada ciudad norteamericana se ve amenazada por un mal primigenio, y donde recordando el relato Young Goodman Brown de Hawthorne, no todo el mundo es lo que parece, al menos de noche.
Con una larga introducción para presentar a los personajes y conocer un poco el escenario donde se desarrolla la acción, con ese narrador omnisciente que salta de personaje en personaje, King va estrechando el círculo, hasta que en las últimas páginas pega un acelerón y quema trama, enganchando al lector en el último "arreón".
Al final, la casa de los Marsten, ese "ídolo oscuro" que observa la pequeña comunidad rural de Salem's Lot, se convierte en toda una metáfora del mal, en una presencia ominosa que asfixia al pueblo hasta acabar con él.

'My Mad Fat Diary', un retrato realista de la adolescencia


'My Mad Fat Diary' es una serie británica  que cuenta la historia de Rae Earl, una adolescente con problemas de autoestima debido a su sobrepeso, que sufre acoso escolar e intenta suicidarse. La serie comienza cuando abandona el hospital psiquiátrico en el que estaba ingresada para rehacer su vida. Lejos de la moralina y el maniqueísmo, la serie trata de acercarse a la realidad sin caer en versiones edulcoradas de la misma. Los problemas de Rae, el despertar sexual, el aceptarse a uno mismo y ser aceptado por los demás son algunos de los temas que trata, y lo hace como lo hacía 'Skins': honestidad y naturalidad.

Lo que nos hace conectar con la serie y con su protagonista (inmensa Sharon Rooney) es esta honestidad y naturalidad al tratar temas que siempre suelen ser 'blanqueados' en otras series, pero también la ambientación temporal. El factor nostalgia aquí pesa mucho, y para cualquiera que viviera en los noventa, le gustara o no, sí es capaz de reconocer una serie de símbolos que forman parte del imaginario colectivo de una generación. Que ese imaginario sea una mierda o no, ya es otra discusión, pero ayuda a empatizar  con los personajes. Es evidente la nostalgia que despierta el recordar una época sin teléfonos móviles y con internet en pañales.

Y la música. Asociamos momentos especiales a canciones, y en nuestra banda sonora siempre recordaremos con cariño las canciones de nuestra infancia y adolescencia, aunque ya no nos gusten. A lo largo de dieciséis episodios y tres temporadas desfilan por nuestras pantallas la música de Blur, Oasis, The Verve, Pulp, Ash, The Stone Roses, Manic Street Preachers, The Cure... La serie utiliza la música como hilo conductor, como sublimación de momentos emotivos, que los hace todavía más especiales acompañados con una canción de fondo.

La gang. La cuadrilla. El grupo de amigos. No sólo vemos crecer a Rae, sino que también crece su pandilla. Y es inevitable que cada uno, después de esta etapa compartida, vuele libre y haga su vida. Algunos de esos amigos los conservarás y de otros sólo quedará el recuerdo. Es una de las últimas lecciones que aprende Rae. Madurar para Rae es renunciar a la seguridad de un entorno que tiene fecha de caducidad y aprender a valerse por sí misma.

Es la mezcla de comedia y drama, sin caer en panfletos de autoayuda, y el retrato de los problemas y conflictos adolescentes de una manera realista lo que hace de esta serie una gran serie.







'Friday Night Lights': I love this game

Imagen sacada de www,fanpop.com

¿Por qué ver Friday Night Lights casi cinco años después de la emisión de su último capítulo? Friday Night Lights (a partir de ahora FNL) trata, al menos al principio, sobre el equipo de fútbol americano del instituto de Dillon, una pequeña ciudad texana. Pero es mucho más que una serie sobre deporte estudiantil. Es una serie sobre una comunidad, Dillon, y sobre cómo el deporte, en este caso el fútbol americano, articula esa comunidad. Y es una serie sobre el matrimonio Tayler, sus dramas familiares, sus alegrías... Todo pivota sobre estos dos ejes: Dillon y los Tayler.

La serie comienza con los Taylor, con Eric como nuevo entrenador de los Dillon Panthers, su mujer Tami buscando y encontrando trabajo como orientadora en el instituto (¿alguien dijo crisis?) y su hija adolescente Julie. Y la serie también acaba con los Taylor, completando así el círculo que empezó cinco temporadas atrás e iniciando otro nuevo que ya sólo podremos imaginar. Historia cíclica que se cierra con un nuevo comienzo.

Entre un principio y otro, la historia de los Tayler y de Dillon: los silencios cómplices de Eric y Tami, la perseverancia de Matt Saracen, el afán de superación de Tyra, la recuperación de Jason Street, los discursos del coach y otras tantas y tantas historias de los habitantes de Dillon, todas girando en torno al equipo de fútbol del instituto. Como en 'It's a Wonderful Life', la comunidad se preocupa y cuida a sus miembros.

El fútbol americano como metáfora de la vida, como retrato social de una comunidad y como eje vertebrador de todas las emociones. Tensión y lucha por marcar el último touchdown, la pelea no se acaba hasta que no se pagan las luces. Clear Eyes, Full Hearts, Can't Lose. ¿Todavía os preguntáis por qué me gusta este deporte?

'Némesis', de Isaac Asimov


Esta novela publicada de 1989 es una de las últimas publicadas en vida del autor, Isaac Asimov. La historia nos situa en el siglo XXIII, donde la humanidad se ha expandido por todo el sistema solar en distintos asentamientos coloniales, con una Tierra superpoblada. Es uno de estos asentamientos, Rotor, el que gracias a la 'hiper-asistencia' y al descubrimiento de la enana roja Némesis, marcha hacia ésta en busca de un nuevo hogar.

La historia incluye una amalgama de temas tratados por el autor en otras de sus novelas, como la superpoblación, la diversidad cultural, la telepatía, la fe en el triunfo de la ciencia sobre la superstición, el viaje y la aventura espacial... además de ser el principio, un poco cogido con pinzas y tangencialmente, de la diáspora humana por el universo en la saga de la Fundación.

Vuelve a pecar, como en otras de sus obras de esta década, de ser una narración demasiado larga. Para lo que cuenta, no era necesario estirar tanto la historia, y eso se nota en tramos de la novela que se hacen un poco pesados. Alargar demasiado las dos tramas que transcurren en la novela hasta que acaban convergiendo en el final a veces se hace aburrido. No obstante, Asimov sigue siendo fiel a sí mismo y a un estilo ágil y fluido, lo que lo hace llevadero.

Sin ser de las mejores novelas de Asimov, tampoco se cuenta entre las malas. Sorprende también, y para bien, ese final que entronca la novela con otro de los clásicos de la ciencia ficción, 'Solaris', de Stanislav Lem. En definitiva, 'Némesis' es una historia bastante amena que se lee en dos tardes. Un buen comienzo para empezar con la obra de este autor.

La 'Trilogía del Imperio', de Isaac Asimov




Esta trilogía la conforman las novelas 'Un guijarro en el cielo' (1952), 'En la arena estelar' (1951) y 'Las corrientes del espacio' (1952). Asimov, como comentaba en esta entrada, dedicó los últimos años de su vida a conectar las distintas sagas que escribió creando un mismo universo para casi todas sus obras. Así, esta trilogía se sitúa entre su saga de los robots y la heptalogía de Fundación.

Cronológicamente, la primera novela de esta trilogía es 'En la arena estelar'. Sin destripar la trama, la historia transcurre en una era pregaláctica, antes del Imperio. Una space opera típica de la época, llena de aventuras, intrigas, conspiraciones, traiciones... El giro final y el descubirmiento del Macguffin usado por Asimov confieso que me dejaron un poco frío. Además, la trama amorosa, tal como está construida, sobra por tópica y manida. Se la ha considerado una novela menor, el mismo Asimov estaba bastante descontento con el resultado. Si no la leéis, tampoco pasa nada.

'Las corrientes del espacio' es quizá mi novela favorita de esta trilogía. Sin dejar de ser una novela de aventuras espaciales, trata otros temas como la desigualdad y el racismo, con una subtrama política bastante ineteresante. La historia tiene lugar en un momento de expansión de Trántor antes del Imperio Galáctico, con el trasfondo social anteriormente descrito. Una novela valiente si tenemos en cuenta que fue escrita en 1951. La Tierra ya aparece como radioactiva, aunque no se dan explicaciones del porqué. Merece la pena hincarle el diente.

Su primera novela y la tercera cronológimente de esta trilogía es 'Un guijarro en el cielo'. Con viaje en el tiempo de por medio, esta vez sí, la novela transcurre en el Imperio Galáctico. La historia es una versión extendida de un relato de 1947, en el que aparecen varios temas, pero el que destaca es el de la guerra bacteriológica. Como la segunda novela de esta saga, es bastante disfrutable.

La 'Trilogía del Imperio' de Asimov trata temas muy de la época, como la psicosis existente acerca de una posible guerra nuclear, la superpoblación y la escasez de recursos asociada a esta superpoblación (tema que será tratado posteriormente en muchas novelas de ciencia ficción de los 60 y 70), las tramas de espías y traiciones que recuerdan a la Guerra Fría... Hay cosas que a día de hoy chocan bastante, como los personajes femeninos o esas tramas romanticonas que mete con calzador, pero en general la trilogía no está mal. Otro 'pero' es el débil hilo conductor de estas tres novelas. Por el trasfondo de las historias relatadas bien podrían estar presentadas por separado y no agrupadas en una trilogía, que no pasaría nada. Esta saga no está a la altura sus otras sagas, es evidente, pero con el estilo inconfundible de Asimov, son una lectura ligerita que entra bien, a la excepción de la primera novela.


'Preludio a la Fundación' y 'Hacia la Fundación', de Isaac Asimov

El GRAN Hari Seldon

Entre los primeros relatos que luego conformarían la novela de 'Fundación' y su precuela median casi cincuenta años. Y se nota. Isaac Asimov, que empezó escribiendo ciencia ficción, dedicó gran parte de su producción literaria a escribir obras de divulgación científica e histórica. Es en los últimos años de su vida, que abarcan todos los 80, cuando vuelve a escribir de manera asidua obras de ciencia ficción. Muchas de estas obras son un intento de conectar toda su obra en un todo. Así, a la trilogía original de 'La Fundación' se le unen dos libros como secuela, 'Los límites de la Fundación (1982) y 'Fundación y Tierra (1983), y otros dos libros como precuela, de los que voy a tratar a continuación, que son 'Preludio a la Fundación' (1988) y 'Hacia la Fundación' (1993). La sensación, después de haber leído estos dos últimos, es agridulce.

Estos libros tratan de Hari Seldon y del desarrollo de la Psicohistoria. Igual que haría en la secuela, Asimov introduce elementos que no estaban presentes en su obra de los cuarenta y cincuenta, como los robots y la informática, cosa que no me molesta. Mis 'peros' van más por otras cosas. Asimov siempre se ha caracterizado por un estilo sencillo de frases cortas y mucho diálogo, haciendo que la trama avance de una manera ágil. Y en 'Preludio a la Fundación' y 'Hacia la Fundación' no se echa en falta. Es el mismo estilo. Pero. No sé si fue cosa del contrato con la editorial, pero a estos libros les sobran páginas. Muchas. Les sobran páginas para lo que cuentan. Si en la trilogía original siempre pasaban muchas cosas, en estos todo lo contrario. Los personajes dan vueltas y vueltas hasta que Asimov decide que ya tiene las suficientes palabras para cumplir con su contrato editorial y resuelve la trama. Que un libro de Asimov, con su estilo, que como digo es fácil de leer y ameno, se te haga pesado, es mala señal.

Otro tema es el tratamiento dado a Hari Seldon. Si el personaje que aparecía en 'Fundación' era el de un científico ya en los últimos años de su vida, seguro de sí mismo, previsor, estratega, con carisma... un líder que guía a la humanidad a una nueva época con su Psicohistoria, en estas precuelas Asimov nos muestra un Seldon bastante más mundano. De andar por casa, vamos. Y eso como que no. La sensación, como decía al principio, es agridulce. Agridulce porque la oportunidad de, humanizando al personaje, haberle dado algo más de épica, se desaprovecha. Que Asimov siempre ha pecado del deux ex machina ya lo sabemos, pero creo que aquí, en estas dos novelas, abusa.

Todo sucede porque sí, la trama da rodeos y más rodeos, personajes anodinos... Innecesarios sería la palabra para calificar a estos libros. Asimov tiene otras novelas que, si a lo mejor no son de lo mejor de su producción, sí son disfrutables. Creo no equivocarme cuando digo que estas novelas sólo las disfrutarán los más incondicionales de su obra, y a lo mejor ni eso. Lo dicho, que para este viaje no hacían falta alforjas. Mal, Isaac, Mal.