Nueva Ficción Extraña Latinoamericana IV: 'La tercera aberración' y 'El buen mal'

La tercera aberración es una novela de la argentina Flor Canosa. Después de Pulpa y La segunda lengua materna, en las que se adentraba en esa región del raro habitada por Juan Mattio, Ricardo Romero, Robi Chuit o Michel Nieva, con La tercera aberración se aproxima al neogótico practicado por Mariana Enriquez y Samanta Schweblin. La novela fue publicada en 2025 por Fondo de Cultura Económica Argentina, una editorial subsidiaria del grupo editorial dependiente del Estado Mexicano, fundado hace casi cien años. Que los estados financien editoriales sin ánimo de lucro para crear y difundir obras culturales parece cosa de otro mundo.

Circula la tesis de que ante un trauma colectivo, la primera manera de trabajar ese material es a través de lo testimonial, de la crónica documental, que luego pasa a elaborarse desde la ficción por medio del realismo, para finalmente, pasado el tiempo,  formularse desde los géneros no miméticos de la literatura. Este recorrido es el que parece seguir la literatura argentina en los textos sobre la última dictadura: desde Nuestra parte de noche Para hechizar a un cazador, pasando por Materiales para una pesadilla y Nación vacuna, reelaboran ese trauma desde el terror y la ciencia ficción. La tercera aberración de Flor Canosa se suma a lo que ya podríamos denominar como tradición. Lo más cercano en España es Carcoma de Layla Martínez, pero no deja de ser un texto aislado rodeado por corpus literario realista que, como mucho, admite ciertos toques de eso que el mundo editorial llama «realismo mágico». En 2026 la manera de leer y escribir en España sigue siendo la de hace cincuenta años.

En La tercera aberración Flor Canosa narra la historia de una familia que vive en una casa de geografía no euclidiana: cada quince años su interior sufre una transformación. Ambientada en 1978, en plena dictadura argentina, la casa no sólo es el hogar de la familia protagonista, también es su medio de sustento. Convertida en hotel, la familia ya ha vivido dos transformaciones de la casa, que han dejado traumas como la desaparición de una de sus hijas, Afrodita, devorada por la casa. El hotel está regentado por el matrimonio formado por Nuria y Víctor. Junto a ellos, sus hijos —Diana, Minerva y Apolo— y el misterioso gato negro Cronos componen esta extraña familia. Cada uno de los miembros de la familia tiene una característica que los hace especiales: desde la prosopagnosia de y capacidad olfativa de Diana hasta la conexión física de Minerva con la casa. Dentro de la tradición gótica de casas encantadas se puede distinguir entre dos formas de abordar esta ficción: la casa como protagonista o los personajes. La tercera aberración pertenece a esta segunda clase, donde lo importante son los personajes. La casa funciona como símbolo: los cambios que se producen en su interior, la reubicación de esos espacios, son una alegoría de las crisis que viene sufriendo la Argentina desde la última dictadura militar. Las mutaciones y transformaciones de la casa nunca tienen explicación, no se sabe por qué suceden y es imposible darles un sentido, sólo adaptarse a ellas lo mejor posible. La dictadura aparece representada de una manera literal en la casa vecina, que se utiliza como centro de tortura, en Juan, el novio desaparecido de Minerva, y en Sergio, un joven homosexual de buena familia que llega al hotel huyendo de su padre. En un nivel simbólico es la propia casa, algo que debería ser acogedor, la que hace la función de representación de la dictadura. Una casa habitada por una familia que, como el país, vive atravesada por silencios y traumas, condenada a repetir la historia de manera cíclica, sin capacidad de romper ese loop

A nivel formal destaca la labor de montaje, casi cinematográfico, llevado a cabo por Flor Canosa. La realidad está fragmentada por distintos puntos de vista y su ensamblaje dentro de la narración está lleno de cortes, saltos y elipsis. También existe un adentro y un afuera: tenemos las voces de los miembros de la familia y algunos huéspedes, pero también está la de un recién llegado a la casa como Sergio. Esta polifonía sirve tanto para fragmentar la realidad como para relativizar una idea de verdad y de memoria. La casa reubicando su espacio interior y cambiando las reglas de juego impide construir un relato lineal y que dé sentido, al igual que las sucesivas crisis argentinas imposibilitan armar cualquier idea de memoria histórica colectiva.  

La tercera aberración es una novela abierta a interpretaciones, que funciona tanto como novela de terror como novela de dictadura. Será el lector el que decida qué lectura hacer, si una, otra o las dos; u otra completamente diferente.


El buen mal es un libro de relatos publicado por Samanta Schweblin. Publicado en 2025, se trata del cuarto libro de relatos de la autora. Si la comparamos con la otra cara —exitosa— de la moneda, Mariana Enriquez, estos cuatro libros de relatos y dos novelas se hacen material escaso para una carrera que empezó en el ya lejano 2002. La obra de Schweblin habita, quizás por su éxito temprano, en los terrenos de un gótico y una ciencia ficción menos extraños, más reconocibles en cuanto a la forma. Esto no es ni bueno ni malo, simplemente habría que tenerlo en cuenta si queremos armar un mapa literario.

Bioy Casares decía, hacie el final de su vida, que un escritor trata un abanico reducido de temas y obsesiones. Algo así se puede observar en El buen mal, donde Schweblin vuelve sobre esa idea de la familia como el espacio donde se generan y heredan muchos de los traumas que padecemos. Las relaciones y los vínculos familiares son, aunque muchas veces de manera involuntaria, siempre esconden alguna forma de violencia. El libro, que consta de seis relatos, abre con Bienvenida a la comunidad, que narra la historia de una suicida que fracasa en su intento y tiene que volver a casa a cuidar de su marido y sus hijas. El ojo en la garganta es, sino el mejor, sí uno de los mejores relatos que ha escrito Schweblin en su carrera. En él narra la historia de un accidente doméstico donde el protagonista, entonces un niño de dos años, se traga una pila cuyo contenido quema sus cuerdas vocales y le deja sin habla. La culpa, el silencio y el constante recordatorio del accidente que es la traqueotomía a la que es sometido, acaba con la relación de pareja de sus padres y con los vínculos filiales y paternales. Es su propio cuerpo, dañado después del accidente, un recordatorio de los errores de los adultos. Esta vuelta a los traumas de la infancia también se puede observar en Un animal fabuloso y La mujer de Atlántida.

Los relatos de El buen mal están narrados en primera persona en un estilo directo y con pocos adornos. Este minimalismo carveriano lleno de elipsis sustenta la tensión entre lo no dicho y esa región de lo extraño que tanto le gusta a Schweblin. Lo raro, tomando a Fisher, es esa presencia que no debería de existir. En Bienvenida al agua, la protagonista y narradora huele a carne putrefacta y mar, tal como debería de oler su cuerpo de no haber fallado en su intento de suicidio. El ojo en la garganta es otro caso de narrador sometido a extrañamiento, ya que careciendo de voz es el que narra la historia. Además lo hace como observador, ya que el conflicto dramático del relato está en el distanciamiento emocional del padre después del accidente del hijo.

Aunque El buen mal no sea el mejor libro de Samanta Schweblin, demuestra que sigue sabiendo cómo generar atmósferas turbias. Ya sea por el extrañamiento de los vínculos familiares, del entorno o de elementos que no deberían de estar ahí pero que sin embargo están presentes, Schweblin rompe el orden simbólico de la realidad. Como en el caso de Lisa Tuttle, lo cotidiano es donde habitan las pesadillas.

Canosa, Flor (2025). La tercera aberración. Fondo de Cultura Económica Argentina.
Schweblin, Samanta (2025). El buen mal. Seix Barral.




Nueva Ficción Extraña Latinoamericana III: 'Materiales para una pesadilla' de Juan Mattio

Materiales para una pesadilla es una novela del escritor y editor argentino Juan Mattio. La novela fue publicada por Aquilina en 2021, aunque le debemos a Caja Negra el que pusiera el texto en circulación otra vez en 2025, dándole una nueva oportunidad de encontrar lectores. Entre medias, le dio tiempo a ganar el Premio Filba-Medifé en 2022, otorgado por un jurado en el que participaba Mariana Enriquez. Un fenómeno similar ocurrió en el Premio Clarín: el de 2024 fue para Robi Chuit Roganovich —con Enriquez y Schweblin en el jurado— y el de 2023 recayó en Luciano Lamberti —con Schweblin y Shua a cargo del veredicto—. De este modo, Mariana Enriquez y Samanta Schweblin se confirman no sólo como las grandes voces dentro del género, sino como arte y parte en su difusión.

Materiales para una pesadilla es una novela cyberpunk hauntológica, quizás la obra más lograda dentro de la nueva ficción extraña argentina, que mira al mundo y a la modernidad no desde sus triunfos, sino desde sus sombras, sus restos y sus fantasmas. En la narrativa no-lineal del libro, en un continuo ir y venir, Mattio pone a dialogar al pasado con el futuro y viceversa. Uno de los protagonistas, Keiner, es el que tiene que armar los materiales de la investigación sobre un dispositivo de escuchas telefónicas, llamado Hermes, usado por la dictadura argentina para perseguir la disidencia. Tanto la existencia de este dispositivo ucrónico como su uso se conectan con el presente de Keiner en 2036 y 2040, donde la sociedad vive inmersa en otro dispositivo tecnológico, el Treffen, una especie de realidad aumentada a lo Matrix y controlado por grandes corporaciones. Este Treffen fue diseñado por Haruka, una programadora japonesa, que después de perder el control sobre su creación decide pasar a la clandestinidad y rebelarse contra la corporación para la que trabajaba creando Die ToteninselLa isla de los muertos—, donde los bots de las personas fallecidas comienza a actuar de manera autónoma. Aquí los fantasmas del pasado comienzan a dialogar con el futuro, en un viaje de vuelta después de que Haruka creara este Treffen investigando y dialogando con los fantasmas del pasado que crearon Hermes, la oscura escuela Lingüística argentina que trabajó para la dictadura.

Cualquier parecido con La isla de las tentaciones es mera coincidencia. De verdad.

Además de no-lineal en cuanto a su temporalidad la novela también usa una estructura fragmentaria, de archivo roto. Los distintos materiales de la investigación con los que trabaja el protagonista —entrevistas, cintas de casete, apuntes personales, conversaciones, citas de libros...— son también el rompecabezas que debemos armar los lectores. Leer Materiales para una pesadilla es tratar de montar esos materiales dispersos a través del tiempo —años setenta y ochenta, primeras décadas del siglo XXI— y dotarles de algún sentido, o al menos intentarlo. Se trabaja en la novela la idea del lenguaje como virus y también como forma de construir realidad de una manera hipersticional. Las relaciones sociales capitalistas circulan a través del lenguaje porque el lenguaje es inconsciente, es deseo. Como se dice en algún momento en la novela, «el lenguaje es un material opaco». Eso quiere decir que no somos dueños completos de lo que decimos, siendo el inconsciente el que nos hace decir más o menos cosas. En la novela es lo que utilizan los lingüistas y escritores que trabajan para la dictadura creando un dispositivo de escuchas telefónicas capaz de discernir entre un lenguaje consciente y otro inconsciente. Es la idea del psicoanálisis lacaniano y del posestructuralismo que dice que el sujeto es un efecto constituido en los procesos del inconsciente. El lenguaje nos preexiste, crea el pensamiento, no al revés. Nuestras palabras no son nuestras, las heredamos. ¿Puede una máquina existir realmente si carece de inconsciente, si la producción de sentido se hace mayormente desde ese inconsciente? 

Florentino Pérez recalificando terrenos después de la destrucción de Herculano y Pompeya

La novela de Mattio, por si no ha quedado claro hasta ahora, es una novela de ideas, filosófica, pero estructurada a través de de fragmentos desarticulados, donde no existe algo lineal y sistematizado que podamos llamar verdad. De igual manera funciona la memoria, que no es algo estático, sino un territorio en disputa como el lenguaje, habitado por fantasmas. Como los fantasmas del gótico, los traumas del pasado no resuelto vuelven a nuestro presente, nos persiguen. Hermes primero y Treffen después son el ejemplo de como el Estado en un caso, el Capital en otro, producen y capturan nuestras subjetividades. Ya sea un dispositipo de escuchas telefónicas o el software de realidad virtual definitivo, los dispositivos de control siguen funcionando y son portadores, como los protagonistas de la novela, de las relaciones sociales de producción. Y aunque nada escapa al capital, todo y todos estamos subsumidos en él, siempre existen grietas, puntos de fuga del capitalismo que aprovechar.

Cuando da más miedo buscar nuevo piso de alquiler que contemplar lo sublime

Para los formalistas rusos el arte verdadero era aquel con la capacidad de producir extrañamiento; Saramago decía  «Yo no escribo para agradar ni tampoco para desagradar. Escribo para desasosegar»,  que es una forma de parafraseando lo que decían los formalistas rusos. Juan Mattio en Materiales para una pesadilla consigue precisamente eso: generar un extrañamiento, desasosegar al lector. Materiales para una pesadilla es un libro que deja resaca después de leído, no por denso o porque exija una lectura muy atenta, sino por lo que dice y cómo lo dice. Es una forma de ciencia ficción que se mueve entre el fandom de navecitas espaciales y el de propuestas mainstream como la de Kentukis de Samanta Schweblin, en el terreno de lo raro y lo extraño. Bebe del realismo capitalista y la hauntología de Mark Fisher, de las arqueologías de Fredric Jameson, de Lacan y de Althusser, del marxismo gótico de Benjamin y Löwy, de las novelas de Gibson y los cuentos de Borges, pero también y sobre todo de las teorías literarias de Ricardo Piglia. Mattio es el cicerone en un viaje laberíntico por el desierto de lo real donde la epifanía, de haberla, no llega con una catarsis. Entre ruinas y espectros del pasado, como un eco persistente, están los fantasmas del futuro. 

Mattio, Juan (2025). Materiales para una pesadilla. Caja Negra.

Through a fault of our designing we are lost among the windings
Of these metal ways
Back to silence back to minus with the purple sky behind us
In these metal ways
Nobody hears us when we're alone in the blue future
No one receiving the radio's splintered waves
In these metal ways
In these metal days




Nueva Ficción Extraña Latinoamericana II: 'Zen'nō' y 'Parásitos perfectos'

Zen'nō es la primera novela de la escritora y periodista colombiana Karen Andrea Reyes (1995). Publicada por la también colombiana Ediciones Vestigio en 2020, llegó a España de la mano de Orciny Press, que junto a Holobionte es una de esas editoriales independientes dedicadas a la ficción extraña en nuestro país. Ediciones Vestigio, fundada por Rodrigo Bastidas y Diego Cepeda, es uno de los polos más importantes del continente, junto a Caja Negra en Argentina. Ediciones Vestigio es el centro sobre el que orbitan canales de Youtube como Estereoscopio, revistas como El Laberinto del Minotauro, librerías independientes y nuevos autores y autoras de la ficción extraña colombiana como Luis Carlos Barragán, Karen Andrea Reyes, Claudia Amador y Hank T. Cohen. Además también juegan un papel importante en la difusión del weird y la ciencia ficción latinoamericana dentro y fuera de Colombia: ya no es necesario que te publique una editorial en tu país, llamar la atención de la industria española para que te publiquen en España y, si vendes lo suficiente, conseguir que esa multinacional española te publique en todo el continente latinoamericano. Vestigio publica a autores uruguayos como Ramiro Sanchiz, bolivianos como Edmundo Paz Soldán y españolas como Layla Martínez, así como Caja Negra publica en Argentina al colombiano Luis Carlos Barragán o al chileno Simón López Trujillo. Una manera de hackear al sistema editorial y de conectarse de otra manera.

Zen'nō es un híbrido entre novela y relatos de estructura fragmentaria y no lineal, un juego metaliterario a veces difícil de interpretar. El texto, dividido en tres partes, nos sitúa en el año 2060 para luego saltar al 2994, atravesar once realidades paralelas, aterrizar en 1991 y finalmente retroceder en espiral. La concepción del tiempo en Zen'nō no es lineal, se asemeja más a una rueda sin principio ni final, que no nace ni muere. Lo transhumano, místico y cyberpunk se dan la mano para narrar la historia del primer dios artificial, el Zen'nō, en una especie de tecnomística que busca la disolución del ego. El Zen'nō es una imitación del espíritu que vive en dependencia hasta que se puede desligar y trascender la existencia. Infecta mentes, mastica dimensiones, considera la mente humana como un museo de filogenética.

Fuertemente influenciado por la filosofía y la espiritualidad orientales, Zen'nō es una posible respuesta a la subsunción real del capitalismo en la que vivimos inmersos. No existe un afuera del sistema ni aldea gala resistente al invasor, sólo «el desierto de lo real» del que hablaba Baudrillard. Una potencial alternativa a ese «desierto de lo real» no es el fin del mundo —aquello en lo que insiste la ficción occidental: es más fácil imaginarse el fin del mundo que el fin del capitalismo—, sino liberarnos del ciclo que nos atrapa a través del desapego y la disolución del yo. ¿Es Karen Andrea Reyes la lideresa de una secta hippie? No, pero podría serlo.


Parásitos perfectos es un libro de relatos del colombiano Luis Carlos Barragán. Escritor e ilustrador, nacido en 1988, ha publicado tres novelas: Vagabunda Bogotá (2011), El gusano (2018) y Tierra contrafuturo (2021). También es autor de numerosos relatos que han visto la luz en antologías y revistas, siende este Parásitos perfectos su primer libro de relatos como tal.

Si en Zen'nō Karen Andrea reyes trabaja con la idea del cuerpo como algo alienígena, Luis Carlos Barragán parte del concepto de cuerpo como cárcel para concebir los relatos de Parásitos perfectos. Estamos limitados por nuestros cuerpos, por sus percepciones y sus sentidos. La manera de superar esas limitaciones y la percepción subjetiva de la realidad es modificando el cuerpo. En los relatos de Barragán el cuerpo humano se fusiona con máquinas, parásitos e insectos con los que entra en simbiosis, mutualismo o parasitismo para evolucionar, muchas veces sin estar muy claro si esa relación es buena o mala. Una posible salida que se plantea es la simbiogénesis, evolucionar a través de la simbiosis con otros seres vivos. Las modificaciones, mutaciones, infecciones y simbiosis que experimentan los cuerpos son las que crean lo monstruoso, que en los relatos de Barragán cuestiona el orden social establecido. También, como en el cine de Cronenberg, el horror corporal, el asco incluso, pueden llegar a ser eróticos, mientras que lo monstruoso adquiere categoría de subversivo: lo deforme, lo enfermo, lo raro pasan a de la periferia al centro. Además del cine, otras influencias que atraviesan la obra de Barragán son artistas plásticos como Coupland, ilustradores como Moebius y escritores de la new wave como Ballard y Burroughs. 

En Parásitos perfectos también se produce una hibridación como en Zen'nō, sólo que aquí se da entre texto literario e ilustración. Todos los relatos del libro van acompañados de ilustraciones que complementan los textos, como si fuera un proyecto de arte. Igualmente los relatos construyen un universo compartido, aunque nos parezcan temporalmente más o menos alejados de nuestro presente: todos suceden en el mismo espacio. Otra parte importante en la fabricación de este mundo es la Bogotá futurista que propone Barragán, o las distintas versiones de esta ciudad. Como Nueva York en el cine, modelo de ciudad occidental por antonomasia, Barragán convierte la geografía local de Bogotá en un escenario futurista con vocación universal. Desde una Bogotá distópica, pasando por otra ubicada en Plutón y hasta una ambientada en un futuro neomedieval, todas son el escenario entre distintas formas de relación: la relación entre humanos, entre humanos y otras formas de vida, entre humanos y tecnología, las relaciones de producción capitalistas y las desigualdades que causan...

Mientras en la melancólica Europa pensamos en mirar al pasado o en quedarnos como estamos y en EEUU apuestan por el tecnofeudalismo o la barbarie como respuesta a los problemas actuales, desde Latinoamérica llegan propuestas que partiendo de nuestro presente ofrecen «el espectro de un mundo que podría ser libre». Desde el tecnomisticismo de Karen Andrea Reyes hasta el biopunk de Luis Carlos Barragán las literaturas no miméticas escritas en Latinoamérica señalan los puntos de fuga del capitalismo actual y ofrecen escenarios donde el capitalismo y no el mundo han sido destruidos. Quizá no podemos imaginar el fin del capitalismo no por falta de imaginación, sino por falta de espacios donde poner en práctica esa capacidad de imaginar futuros distintos que no pasen por los CEO de Silicon Valley y el autócrata de turno.

Reyes, Karen Andrea (2020). Zen'nō. Orciny Press.
Barragán Castro, Luis Carlos (2024). Parásitos perfectos. Caja Negra.

The beech buds wait.
The aish buds wait.
The frogs and twoads in lagwood holes
and hedgehogs in their leafy ditch,
all waiting for His kingdom.

The eth waits.
The dead brakes
host the holly’s bloody beads;
they are His crown of thorns
and He will rise again.

Oh Wyman, Oh Wyman.
Unray I for en.




Nueva Ficción Extraña Latinoamericana I: ´Miles de ojos' e 'Iris'

Miles de ojos (2021) es una novela del escritor boliviano Maximiliano Barrientos (1979). Publicada por El Cuervo en 2021, fue en cierto modo rescatada por Caja Negra en Argentina en 2022, lo que dio una mayor circulación y difusión a la novela. Más o menos es fácil, aunque no barato, conseguir los libros de Caja Negra en España. Por de pronto, sabemos que existen, que ya es algo.

El llamado new weird o nueva ficción extraña latinoamericana es un paraguas que cobija a las literaturas fantásticas que no son sólo terror —el neogótico— y que se caracterizan por una hibridación entre géneros y cierta experimentación formal. Miles de ojos se adscribe a esta hipótesis de lectura que es el de la nueva ficción extraña, quizás menos conocida en España pero muy leída en los países del continente.

Miles de ojos está dividida en cuatro partes y cuenta con tres protagonistas. Ambientada en Bolivia, la primera parte comienza en los años setenta donde el protagonista huye de una secta que le persigue y que quiere recuperar el coche que conduce, un Plymouth Road Runner. La historia continua en la Santa Cruz de los noventa donde un adolescente metalero intenta descubrir por qué su hermano se suicidó estrellando su coche contra un árbol. Empezará a ser acechado por los miembros de una secta mientras su cuerpo comienza a cambiar a medida que sueña con una entidad de otra dimensión. ¿Cuál es la relación que tenía su hermano con la secta de adoradores de la velocidad? ¿Qué es la entidad que le observa? ¿Por qué su cuerpo está cambiando? ¿Cuál es su papel y el del Plymouth Road Runner que conducía su hermano? La tercera parte de la novela tiene lugar después de que esa entidad haya cruzado a nuestro universo y lo haya destruido. La cuarta es una vuelta a una realidad previa alternativa.

En Miles de ojos lo monstruoso, el evento que va a destruir el orden simbólico de la realidad que conocemos, también es la razón de su rearticulación. La introducción de la alteridad, lo raro, es lo que cuestiona el orden simbólico establecido. El protagonista de la parte ambientada en los noventa es un adolescente metalero de clase media. En la Santa Cruz de esa década, un adolescente con pelo largo y camiseta de grupo de música extrema era la alteridad, una especie de monstruo que rompía con la noción de sentido existente. La subcultura de los metaleros, como la de la secta de adoradores de la velocidad, son la alteridad que cuestiona el orden. También está la idea de la materialidad del cuerpo previa a la creación del yo. En el posthumanismo el cuerpo es una simbiosis con lo no biológico. Pensemos en las gafas, las vacunas o todas las prótesis que forman parte de nuestro día a día. Así es la novela los cuerpos se fusionan con el cromo y el acero, con los árboles y el asfalto.

Miles de ojos y su autor, Maximiliano Barrientos, son el exponente y referente de la nueva ficción extraña latinoamericana. Barrientos forma parte de un proyecto comunitario dentro de la literatura que propone la búsqueda de nuevas estéticas y sentidos. El agotamiento del Realismo ha traído de vuelta a un primer plano los géneros no miméticos como el fantástico, el terror y la ciencia ficción. Tiempos nuevos, tiempos salvajes.


Iris (2014) es una novela de ciencia ficción distópica del boliviano asentado en EEUU Edmundo Paz Soldán (1967). Publicada por Alfaguara en 2014, Iris supuso un cambio de tercio en su elaboración literaria. Adscrito desde los noventa al movimiento McOndo, reacción al realismo mágico previo que poponía una vuelta a la cultura urbana y realista, con Iris se adentra de lleno en la ciencia ficción.

La novela está dividida en cinco partes, cada una narrada por una voz distinta y cuyos relatos se entrecruzan con los demás. Llegamos a tener hasta una voz sin nombre, un protagonista que nunca se identifica. Paz Soldán juega con el lenguaje como lo hacía Gibson en Neuromante: hay neologismos, anglicismos, palabras quechua, uso de contracciones... Los formalistas rusos hablaban de la desaumatización del lenguaje, de la capacidad de generar un extrañamiento mediante esa desaumatización. En Iris no existen las notas al pie de página o un glosario al final del libro. Como lectores, estamos obligados a descifrar el código del neolenguaje que plantea Paz Soldán. El propio lenguaje es parte de la hibridación cultural que se propone como trama y es agente de extrañamiento.

Iris está ambientada en un futuro en el que otro mundo ha sido colonizado, precisamente el que da nombre a la novela. En una isla de ese mundo se llevaron acabo pruebas nucleares que contaminaron el territorio, para acabar descubriendo años después yacimientos de un mineral muy preciado. SaintRai es la megacorporación encargada de explotar esos yacimientos a través de la violencia y la coerción. En la isla conviven los indígenas, hasta cierto punto mutados por las pruebas nucleares y el propio planeta, junto al ejército reclutado por SaintRai proveniente del exterior. También las máquinas. Un cuerpo que sufra un accidente y necesite ser reconstruido puede pasar a formar parte de la corporación si esas nuevas prótesis sobrepasan el 60% del cuerpo. SaintRai también es dueña de la memoria: puede borrarla y modificarla casi a su antojo.

Como en Miles de ojos, en Iris aparece lo místico y una entidad que trae un fin y un nuevo comienzo. El otro es Xlött y la experiencia religiosa-mística asociada. Son las drogas que se toman y también el jün, la droga del culto a Xlött. El jün trae aparejado un ritual de limpieza a través de la disolución del yo, que a su vez da acceso a otra realidad. Frente a otras experiencias solipsistas que proporcionan las drogas que trae SaintRai a Iris, la mística asociada a Xlött es el vacío, el nihilismo último y extremo.

El gótico son los recuerdos de fantasmas en un castillo. El marxismo gótico es la capacidad de explorar las grietas del sistema y los estados alterados de la conciencia. En lo weird, lo extraño, siempre vinculado a lo popular y en la periferia del canon literario, late la pulsión de transgredir, de una alteridad que está por venir. Eso fue Kafka y Lovecraft, y eso son Edmundo Paz Soldán y Maximiliano Barrientos —entre otros muchos—. Hoy la fractura, el quiebre, la otredad que produce un shock en nuestra percepción del mundo tal cual es, hay que buscarla en la nueva ficción extraña. Abracemos lo monstruoso y abracemos a los escritores latinos turbios.

Barrientos, Maximiliano (2022). Miles de ojos. Caja negra.
Paz Soldán, Edmundo (2014). Iris. Alfaguara.




El giallo a la americana de 'El blanco del ojo' y 'El ático'

El blanco del ojo (1987) es una película de culto del director británico y pintor Donald Cammell. Rodada en la desértica Arizona, El blanco del ojo es el tercero de los cuatro largometrajes que dirigió Cammell antes de suicidarse. El guion lo escribiría Cammell junto a su esposa China Kong basándose en la novela de los hermanos Klavan Mrs. White. La banda sonora corrió a cargo del baterista de Pink Floyd, Nick Mason, y el guitarrista Rick Fenn.

Si el giallo italiano estuvo influenciado por Polanski y Hitchcock, El blanco del ojo es una vuelta del giallo a Hollywood pasando por Reino Unido. La película de Cammell es un slasher que tiene bastante de experimental y moderno si tenemos en cuenta no sólo lo que se estaba haciendo en EEUU en la época, sino lo que se haría en la próxima década. Con todo, es una película de bajo presupuesto. El blanco del ojo comienza con una escena de asesinato muy italiana en la que combina planos detalle, barroquismo, colores saturados y planos subjetivos con un montaje casi psicodélico con mucho corte, fragmentado y perfectamente sincronizado con la banda sonora. La escena dura poco más de dos minutos y ya nos pone sobre aviso de que lo que vamos a ver a continuación no es un slasher tradicional. 

Discusión sobre si el gazpacho lleva pepino o no

A pesar del comienzo, El blanco del ojo no destaca por ser una película extremadamente violenta. Sí que la violencia se muestra en pantalla muy estetizada, de una manera bella, pero apenas sucede otro asesinato más en las casi dos horas que dura la película. Como en el cine de Kiyosi Kurosawa y David Lynch el sonido y no sólo la banda sonora también es protagonista de la película. El zumbido de la nevera, el agua goteando de un grifo, el sonido de un motor... hasta el protagonista y principal sospechoso de los asesinatos es un técnico especializado en instalar equipos de sonido. También el silencio se usa como manera para crear tensión en los momentos adecuados y para destacar y poner en primer plano otros sonidos.

Más allá de la película, otra cosa que contribuye al extrañamiento es el parecido de su protagonista, David Keith, con los actores gemelos canadienses Shawn y Aaron Ashmore. Veintiséis años más jóvenes que Keith, Shawn es conocido por sus papeles en la saga de X-Men y por poner su rostro y voz en el videojuego Quantum Break, mientras que su hermano tuvo papeles recurrentes en Smalville, Veronica Mars, Killjoys y Almacén 13. ¿Reptilianos, quizás?

El blanco del ojo es una película de culto, un thriller de autor que fracasó en taquilla y que sólo varias décadas después de su estreno ha sido rescatada por Arrow para los aficionados al terror. También de culto es su director, Donald Cammell, condición a la que contribuyó su suicidio. Cammell no tuvo la suerte que sí acompañó a otros autores con propuestas radicales como Lynch. La película no encaja dentro del cine comercial y de Serie B que se realizaba en la época. En El blanco del ojo el asesino no viene de fuera ni es un monstruo, es un señor blanco de clase media, casado y con hijos. El sueño americano de los suburbios convertido en pesadilla. Unos años después Joe Dante dirigiría The 'Burbs, una comedia negra de terror con Tom Hanks de protagonista que ponía sobre la mesa la paranoia que se vivía en los barrios de la clase media que había huído de las ciudades. 

El ático (1986) es una película escrita y dirigida por David Schmoeller y protagonizada por un Klaus Kinski que se come la pantalla. ¿Puede ser Nicolas Cage el heredero de Kinski? Schmoeller es conocido en el mundillo del terror por, entre otras, Trampa para turistas (1979). En ambas contó con bandas sonoras a cargo de Pino Donaggio, lo cual pocas veces significa algo bueno. Aunque ambientada en EEUU, la película está rodada en Italia, reaprovechando los decorados de la película Troll (1986), lo cual hace que esté rodada casi en su integridad en interiores.

Kinski interpreta el papel de un casero que alquila los apartamentos de su edificio a jovencitas atractivas. ¡Y vaya apartamentos! He visto pisos más pequeños que las cocinas que se muestran en la película. La vuelta o giro que se le da a esa figura de casero malvado es convertirlo no sólo en un asesino en serie, sino en un hijo de un criminal de guerra nazi que huye con su familia a Argentina donde se forma como médico. Leyendo los diarios de su padre nazi, acabará por asesinar a sus pacientes. Mudado a EEUU y dueño de un edificio, ahora se dedica en su jubilación a llevar un diario de sus asesinatos.

Niño sin móvil ni internet, feliz

La película fracasó en taquilla, lo que unido a la interpretación de Kinski, la convirtió en objeto de culto para los aficionados al terror. Kinski iba tan loco en el rodaje que Schmoeller se vengó años más tarde con el corto Please Kill Mr. Kinski (1999), donde él y su equipo dan cuanta de lo perturbado de su comportamiento y de lo difícil que fue para todos trabajar con él. La venganza se sirve en plato frío, Kinski.

Tu casero cuando te sube el alquiler

El ático rebosa de espacios cerrados como conductos de ventilación, mirillas y habitaciones secretas desde las que Karl, el personaje interpretado por Kinski, espía a sus inquilinas. Schmoeller mete la cámara por esos espacios cerrados acompañando al asesino y transmitiendo una sensación de claustrofobia. La arquitectura del edificio se combierte en un laberinto de recovecos, túneles y conductos en los que nadie está a salvo del ojo espía de Karl. Tiene un algo de italiano en esta idea del asesino voyeur, en la banda sonora de Donaggio y en unas escenas de asesinato barrocas. También en la fotografía de Sergio Salvati, colaborador de Fulci en sus mejores películas, con colores saturados y gran contraste en las sombras, por momentos casi expresionista. Además El ático está rodada con un ritmo bastante pausado, contemplativo, que la aleja del estilo de los slasher de la época.

Frente a esa visión mercantilizada de la nostalgia que nos vende productos asociados a recuerdos emocionales del pasado, conviene no perder de vista que la década de los ochenta fue mucho más que esa visión reduccionista del mercado. El blanco del ojo y El ático son buenos exponentes de un cine de terror que aspiraba a lo comercial pero también a experimentar en las formas y el lenguaje cinematográfico. No todo fue Freddy, Jason y Myers.

Vamos despacio
para encontrarnos
el tiempo es arena en mis manos
sé por tus marcas
cuanto has amado
más de lo que prometiste

 




Sobre mataderos y ausencias: 'Nación vacuna' y 'El miembro fantasma'

Nación vacuna es una novela de la escritora argentina Fernanda García Lao, publicada en 2020 por Candaya en España. No es caso tan exagerado como el de Mugre rosa (2020) de Fernanda Trías, pero sí que se ha querido ver en Nación vacuna una ficción en cierta medida profética de lo que luego sería la pandemia. Ambas obras son deudoras de esa nueva ficción extraña que se está escribiendo en Latinoamérica.

Nación vacuna toma la forma de ucronía kafkiana narrada de una manera directa y con un humor muy negro. García Lao huye de sobreexplicar y opta por las elipsis semánticas, obligando a los lectores a completar y rellenar los huecos dejados. La narración en primera persona con frases breves y directas acerca el texto a la escuela del realismo sucio y minimalista de Carver: los diálogos suelen ser breves, casi telegráficos, donde es más importante lo que no se dice y donde el narrador tampoco es confiable. La suciedad no se deriva sólo de la violencia, sino de los olores y sabores que se describen. Todo en Nación vacuna está degradado, el amor, la patria, la familia, el lenguaje, hasta los propios cuerpos.

La novela sigue los pasos de Jacinto Benavente, un gris y eficiente burócrata de un estado totalitario. Jacinto es vegetariano, hijo de carnicero y psicóloga y hermano de un miembro de la Junta que gobierna el país. Después de la guerra por la soberanía de las islas M, de la que el país salió victorioso, Jacinto está a cargo del proyecto Vacuna: prostitución patriótica. Algo pasó con los soldados que conquistaron las islas M, que para repoblarlas, la Junta aprueba el envío de mujeres para que procreen con ellos. Jacinto es el encargado de seleccionar a estas mujeres. El humor y el absurdo van de la mano. Como ejemplos, el barco en el que van a transportar a las mujeres a las islas de M se llama Quisquilla I, un viejo barco pesquero rebautizado con el más honorable nombre de Nación Vacuna. También está la paradoja de que Jacinto sea vegetariano siendo hijo de carnicero. La administración estatal llega hasta lo absurdo y ridículo, como el patriotismo grotesco que asesina y trata a las mujeres como ganado.

García Lao tirando a matar

El matadero que aparece en la portada y en el libro es una alusión directa a El matadero (1838-40) de Echeverría, clásico argentino que relata la violencia del país. El matadero ejerce de espejo que proyecta su reflejo en Nación vacuna: no llegamos a saber ni el nombre del país ni el tiempo en el que estamos, sólo que hay un régimen totalitario que ha ganado la guerra en disputa de la soberanía sobre las islas M. Al igual que con el tema del feminismo, no es difícil unir los puntos para saber de qué está hablando la novela en este caso. Es un buen ejemplo de cómo literaturas no meméticas pueden trabajar temas a los que se les ha dado mil vueltas desde el realismo. Además de no sobreexplicar las cosas que suceden, la novela tampoco te tira un discurso a la cara. Más allá de concordar con las ideas de la autora o no es algo que se agradece.

Miembro fantasma (2026) es el tercer libro de relatos de la uruguaya afincada en Colombia Fernanda Trías. Después de Mugre Rosa (2020) y El monte de las furias (2025), novelas las dos, vuelve al relato. Y lo hace de la mano de Páginas de espuma, una editorial con un estilo cada vez más marcado y que ya apunta a varios problemas sobre este boom literario en el que llevamos los últimos años.

Miembro fantasma lo componen diez relatos que giran alrededor de ese síndrome descrito por la medicina: el dolor de una ausencia. Si Mugre rosa fue una novela distópita urbana y El monte de las furias la novela rural colombiana, Miembro fantasma es la vuelta a la autoficción y el realismo. Un realismo, por otra parte, íntimo e introspectivo, muy en la línea editorial de Páginas de espuma.

Si exceptuamos un par de relatos más juguetones y preocupados por lo metaliterario, Miembro fantasma centra su atención en las adicciones y los vínculos rotos. Los personajes de Trías son dolientes, están rotos de alguna manera. Lo mismo sucede con la memoria, algo frágil construido a base de silencios y ausencias. También podemos observar algo parecido con los espacios domésticos y urbanos, descritos como extensiones de los personajes que los habitan y con sus mismas cualidades. Cuanto más se aleja de la autoficción es cuando más brilla Trías, como en Miembro fantasma e Intimidad irremplazable, dos de los mejores relatos del libro. Es éste último el que más se aleja del realismo al convertir una ausencia en algo espeluznante: la protagonista vive una vida vacía, carente de sentido. También es el relato que más se acerca y recuerda a los incluidos en Nido de pesadillas de Lisa Tuttle.

Decía Piglia que el boom literario latinoamericano del pasado siglo tenía mucho que ver con la mirada europea y occidental sobre Latinoamérica. Así como nunca existió el Oriente, esa visión europea que construyó un espacio salido de Las mil y una noches, tampoco la Latinoamérica real es ese mundo rural donde llueve café. En este nuevo boom sucede algo parecido, especialmente con las autoras publicadas desde España. La tendencia a estandarizar y homogeneizar que tiene el mercado marca unas pautas y cierra cada vez más la posibilidad de experimentar en fondo y forma. Quizás haya que buscar esa experimentación en otra hipótesis de lectura, la de la ciencia ficción y la ficción extraña, poco traducida y casi nada publicada fuera de sus fronteras nacionales, pero muy leída. Isabel Allende es el ejemplo de cómo una obra responde no a la propia tradición literaria y cultural de un país sino a la mirada que se tiene desde fuera de esas tradiciones. Tal vez el neogótico latinoamericano, otra hipótesis de lectura, esté cayendo en lo mismo. El tiempo dirá.

                                                        Algo no está y no lo puedo definir
                                                     Tu elocuencia confunde cada vez más
 



Ecos del pasado y una zamba para olvidar(te): 'Más allá del arcoiris' (1989) y 'Étoile' (1988)

Black Rainbow, conocida en España con el nombre de Más allá del arcoiris, es una película escrita y dirigida por el británico Mike Hodges y protagonizada por Rosanna Arquette. Sin necesidad de acudir a las cinematografías de otros países, Black Rainbow es una de esas raras películas de culto de los ochenta. Como Muertos y enterrados (1981), La iniciación (1984) o Angustia a flor de piel (1982), Black Rainbow tuvo un discreto paso por las salas de cine, convirtiéndose con los años y gracias a internet en una película de culto. Hasta que en 2020 Arrow la rescató, no fue fácil conseguir la película.

Black Rainbow, aunque es una producción británica, está grabada en EEUU. Planteada como un thriller sobrenatural con algunos toques políticos, adquiere enseguida una pátina de gótico sureño que evoluciona hacia una ciencia ficción entre onírica y surreal. 

Rosanna Arquette interpreta a Martha, una médium que acompañada por su padre ofrece espectáculos de médium por los pueblos deprimidos del sur estadounidense. Martha en realidad no tiene el poder de hablar con los muertos, pero una noche en un espectáculo dice hablar con el marido de una de las asistentes, describiendo su asesinato. El problema es que dicho asesinato aún no ha tenido lugar, pero lo tendrá en unas horas. Por ahí se cuela una subtrama política: el asesinado es un  trabajador de una planta de energía que va a exponer los tejemanejes de sus dueños, que intentan de esta manera silenciar la verdad. La política y las instituciones, como la policía que tiene que investigar el asesinato, son corruptas, algo muy en la línea de las ficciones estadounidenses desde la década de los setenta. La predicción de Martha la pone en el punto de mira de estas autoridades corruptas mientras pelea por deshacerse de otra autoridad, la de su padre alcohólico, que la usa como usaba a su madre para conseguir el dinero con el que pagar sus vicios. El padre ejerce una tutela sobre Martha casi absoluta, mientras se aprovecha de su trabajo y de la credulidad de la gente para vivir de ellos sin trabajar.

Hodges no necesita drones si focos gordos pa' sacarse la chorra al dirigir

El estilo de Hodges a la hora de dirigir tiene un cierto parecido con La maldición de los Bishop (1971), otro ejemplo del gótico sureño en el cine y de película de culto. Rodada en verano, Hodges capturó esa atmósfera irrespirable de calor pegajoso y sudor con un estilo realista y una iluminación muy natural, que huye de artificios. La suciedad también está presente en los escenarios que muestra, un paisaje industrial deprimido que recuerda al Kairo que el Kurosawa nos regaló a principios de este siglo. Los moteles donde se alojan Martha y su padre, las ciudades que visitan, los teatros donde realizan su actividad, todos forman parte de un paisaje sucio, deteriorado, deprimido. También como Kurosawa, aunque sin exagerarlo tanto, Hodges opta por planos medios y largos, haciendo a ese paisaje protagonista de la película e introduciendo un sentimiento de soledad y opresión en el espectador al aislar a sus personajes en ese decorado. También utiliza esa iluminación naturalista para crear claroscuros, reforzando todavía más esa atmósfera ominosa y dándole un aire de noir. La banda sonora tiene un carácter clásico y por momentos etéreo, como la interpretación y presencia de Rosanna Arquette, que merece mención a parte. Arquette interpreta el papel de una mujer dual, poderosa y segura de sí misma en público, pero vulnerable y rota en la intimidad. Está guapérrima y excelsa interpretando a un personaje poliédrico, tridimensional, que trasciende los límites de la realidad como David Bowman en 2001: Una odisea en el espacio. Tampoco hay que olvidar que la película es un inmenso flashback: Black Rainbow comienza casi justo en su final y la película es la reconstrucción del puzzle planteado al principio. Hodges no ofrece un final cerrado, sino que opta por sugerir y especular. En este caso, casi es mejor evitar los comentarios del director donde explica su visión de lo que ocurre al final. Es preferible quedarse con el regusto y la sensación de varios finales que contiene su final. ¿Qué ha pasado realmente? ¿Quién es Martha realmente? «Pa k kieres saber eso jaja saludos».

Rosanna dice que vendrán 13 millones de naves de Ganímedes

Black Rainbow es muchas cosas: es una crítica al comercio de la fe, es una crítica al abandono de las clases populares por parte de las élites, es un melodrama gótico, es una película de ciencia ficción que trata sobre la precognición, el tiempo, realidades paralelas... Catalogarla como película de terror es una equivocación, como igual de erróneo es verla como un thriller sobrenatural al uso. Black Rainbow es la gran película de Hodges y Arquette. Black Rainbow es una enorme anomalía que como Martha, el personaje que interpreta Arquette, no debería de existir; pero sin embargo aquí lo tenemos. E por si muove.

Étoile es una película italiana dirigida por Peter del Monte, escrita por del Monte en colaboración con Franco Ferrini y Sandro Petraglia, y protagonizada por Jennifer Connelly. Por el momento en el que se estrenó, con la industria del cine italiano de capa caída, fue un fracaso de taquilla y pese al reparto encabezado por Connelly, tampoco tuvo una distribución internacional. Acabó convertida en carne de culto.

Étoile posee el regusto de las coproducciones europeas de los sesenta y setenta. Rodada casi en su totalidad en Hungría, la película atesora una pátina decadente, con esos grandes edificios de Budapest que han conocido mejores épocas. Las nostalgias imperiales, por su presencia fantasmagórica, se convierten en protagonistas de la película.

El estilo de Peter del Monte destaca por unas composiciones de plano simétricas y con un punto barroco, que junto a una fotografía luminosa y a la interpretación de Connelly le dan a la película un aire etéreo. El uso de filtros de difusión es lo que le da ese carácter dreamy, como de ver la película a través de una gasa. Jenniffer Connelly, con ese suavizado de la difusión luce como una presencia etérea, fantasmal, como de personaje salido de un cuento de hadas.

Cuando el baño del albergue está en la planta baja

Connelly interpreta el papel de Claire, una joven bailarina estadounidense que acude a Budapest para hacer una prueba en una academia de baile. En el hotel donde se aloja conoce a otro joven estadounidense del que se enamora. Pero como sabemos desde la Suspiria de Argento, no te puedes fiar de las academias de baile. La otredad en forma de fantasmas del pasado acaba invadiendo la realidad, en la que abundan los espejos y los dobles. Toda esta parte de los dobles y de la otredad real y metafórica será de gran relevancia en la trama.

La Connelly comiéndose la pantalla

Étoile dista mucho de ser una película perfecta: si los escenarios donde se desarrolla la trama y la protagonista atesoran cualidades etéreas y lánguidas, el ritmo es torpe. Y no sucede porque sea una película más preocupada en crear una atmósfera que en desarrollar una narrativa más tradicional, que también, sino porque fracasa en implementar algunas ideas que plantea, como la del bucle. La trama vuelve sobre sus pasos, se repite, y en ese bucle desaparece la presencia de Connelly, dejándonos un tramo largo de la película en compañía del otro protagonista. Gary McCleery hace lo que puede interpretando a Jason, el enamorado de Claire, pero no se acerca ni por asomo a la presencia que despliega Connelly en la película. Eso sí, si alguien dice «es que no pasa», dale un golpe de remo.

Vivimos en una parálisis cultural que vuelve una y otra vez al pasado, con un mercado que recicla las estéticas y modas en un día de la marmota sin fin. Los ochenta vuelven todos los años un par o tres de veces. 

Qué pena me da saber que al final
de ese amor ya no queda nada
Sólo una pobre canción
da vueltas por mi guitarra
Y hace rato que te extraña
mi zamba para olvidar