Hace unos meses hablé en esta entrada de Parásitos perfectos (2024), el primer libro de relatos del escritor e ilustrador colombiano Luis Carlos Barragán. Tanto su formación en Artes Plásticas como su estancia en la Universidad Americana de El Cairo cursando Historia del Arte Islámico tienen su reflejo en El gusano (2018), su segunda novela.

El gusano es una ucronía que arranca en un 1997 alternativo donde los cuerpos se fusionan y pierden su función de contenedores individuales. La síntesis entre dos o más cuerpos da como resultado un intercambio de ADN y de recuerdos. La novela comienza cuando un niño de seis años, César, se fusiona con otra niña de su clase, Sara, la hija de un diplomático sirio destinado en Colombia. El gusano sigue la vida de César y la búsqueda y reencuentro con Sara mientras la sociedad colapsa. Escrita en 2018 ya anticipaba las consecuencias de una pandemia en las que el contacto social estaba restringido y podía significar la muerte. Por la novela desfilan las obsesiones de Luis Carlos Barragán: lo monstruoso adquiere categoría de subversivo que viene a destruir nuestro orden simbólico. También está presente esa idea de que la identidad ligada a un cuerpo es una cárcel y de que las propias percepciones y sentidos de ese cuerpo individual son limitadas y no nos permiten comprender la realidad que habitamos. ¿Qué sucede cuando los guerrilleros de las FARC se fusionan con animales? ¿Y cuando un homófobo se fusiona con una lesbiana? ¿Y un blanco supremaciasta con un negro?

Por la novela desfilan paramilitares anti-fusión que se dedican a asesinar a los que han llevado a cabo alguna síntesis, una nueva tribu urbana de vaporwavers que disfrutan en la clandestinidad de la música y el contacto físico, robots sexuales que satisfacen deseos de roce y cercanía corporal, gigantes compuestos por la síntesis de varios cuerpos humanos y animales, campos de refugiados en Europa, conspiranoicos en Egipto y adoradores de una nueva religión que anuncia el advenimiento del gusano que conectará todas las mentes.  Barragán coge el conflicto colombiano, su violencia, su falta de empatía, y la lleva a otro lugar elevándola y convirtiendo su alegoría en algo que va mucho más allá. La novela tiene muchas lecturas, algunas obvias y otras no tanto.

El estilo de Barragán se vale de las descripciones minuciosas de los cuerpos y sus fluidos fusionándose con otros cuerpos y fluidos para crear una idea de monstruoso que también se apoya mucho, no sólo en el texto, sino en las ilustraciones del propio autor que acompañan a la novela. El libro está salpicado de un discurso oral lleno de jerga y localismos, que reformulan de algún modo la idea del cyberpunk anglosajón del High Tech, Low Life. La realidad cyberpunk de Bogotá es la de la pobreza, la ausencia del Estado y la falta de infraestructuras, tecnológicas o de otro tipo. En El gusano se manifiesta la hibridación entre el mundo cristiano, el musulmán y el indígena, una suerte de combinación entre culturas supuestamente antagónicas que se fusionan como lo hacen los cuerpos en la novela: perdiendo una parte de sí mismas pero ganando otras que las complementan. Sin ser una obra vanguardista en lo formal, el misticismo, el ocultismo y el mundo de las drogas emparentan al texto con la New Wave de Ballard y de Burroughs, lo que unido a la simbiosis del texto escrito con las ilustraciones apuntan en esa dirección de querer romper con la tradición.

Una de las cosas a valorar positivamente de El gusano es que es de esas ficciones que te tira al agua y espera a que te hundas o flotes. No existen ni prólogo ni diálogos explicativos al comenzar el libro, lo que sucede lo vas deduciendo conforme avanza la lectura. Y la trama avanza firme en sus ideas hasta el final. Aquí, y ya es subjetivo, es donde le veo alguna falla. Sucede con multitud de novelas de Stephen King. Ahora recuerdo La cúpula (2009): una cúpula aísla un pequeño pueblo del resto del mundo. Seguir esa idea supone imaginar los escenarios derivados de esa situación: eventual falta de oxígeno y de víveres. Cerrar esa trama no es fácil. En el caso de Barragán creo que supone abandonar un poco el desarrollo de los personajes para adentrarse en la novela de tesis: quiero decir algo y te lo voy a dejar claro con este final.

En Latinoamérica el futuro llegó sin avisar, lo que deja a sus habitantes bien jodidos y nos lanza un aviso: somos los siguientes. Como consecuencia de este deterioro brutal en sus condiciones de vida, paralelamente asistimos a una explosión de talento creativo e imaginación que no se ha visto en Occidente desde hace medio siglo. Luis Carlos Barragán es una de las voces más revolucionarias y únicas que existen en la literatura mundial actual, dedicado libro tras libro a mostrarnos el colapso desde la periferia, los monstruoso como bello y la simbiosis y la hibridación como respuestas al individualismo. Gracias a Vestigio por publicarlo en Colombia y a Holobionte por traerlo a España. 

Barragán Castro, Luis Carlos (2024). El gusano. Holobionte Ediciones. 
Barragán Castro, Luis Carlos (2018). El gusano. Ediciones Vestigio. 

Não posso esquecer 
O teu olhar 
Longe dos olhos meus 
Ai, o meu viver 
É de esperar 
Pra te dizer adeus 

Mulher amada 
Destino meu 
É madrugada 
Sereno dos meus olhos já correu