Nación vacuna es una novela de la escritora argentina Fernanda García Lao, publicada en 2020 por Candaya en España. No es caso tan exagerado como el de Mugre rosa (2020) de Fernanda Trías, pero sí que se ha querido ver en Nación vacuna una ficción en cierta medida profética de lo que luego sería la pandemia. Ambas obras son deudoras de esa nueva ficción extraña que se está escribiendo en Latinoamérica.

Nación vacuna toma la forma de ucronía kafkiana narrada de una manera directa y con un humor muy negro. García Lao huye de sobreexplicar y opta por las elipsis semánticas, obligando a los lectores a completar y rellenar los huecos dejados. La narración en primera persona con frases breves y directas acerca el texto a la escuela del realismo sucio y minimalista de Carver: los diálogos suelen ser breves, casi telegráficos, donde es más importante lo que no se dice y donde el narrador tampoco es confiable. La suciedad no se deriva sólo de la violencia, sino de los olores y sabores que se describen. Todo en Nación vacuna está degradado, el amor, la patria, la familia, el lenguaje, hasta los propios cuerpos.

La novela sigue los pasos de Jacinto Benavente, un gris y eficiente burócrata de un estado totalitario. Jacinto es vegetariano, hijo de carnicero y psicóloga y hermano de un miembro de la Junta que gobierna el país. Después de la guerra por la soberanía de las islas M, de la que el país salió victorioso, Jacinto está a cargo del proyecto Vacuna: prostitución patriótica. Algo pasó con los soldados que conquistaron las islas M, que para repoblarlas, la Junta aprueba el envío de mujeres para que procreen con ellos. Jacinto es el encargado de seleccionar a estas mujeres. El humor y el absurdo van de la mano. Como ejemplos, el barco en el que van a transportar a las mujeres a las islas de M se llama Quisquilla I, un viejo barco pesquero rebautizado con el más honorable nombre de Nación Vacuna. También está la paradoja de que Jacinto sea vegetariano siendo hijo de carnicero. La administración estatal llega hasta lo absurdo y ridículo, como el patriotismo grotesco que asesina y trata a las mujeres como ganado.

García Lao tirando a matar

El matadero que aparece en la portada y en el libro es una alusión directa a El matadero (1838-40) de Echeverría, clásico argentino que relata la violencia del país. El matadero ejerce de espejo que proyecta su reflejo en Nación vacuna: no llegamos a saber ni el nombre del país ni el tiempo en el que estamos, sólo que hay un régimen totalitario que ha ganado la guerra en disputa de la soberanía sobre las islas M. Al igual que con el tema del feminismo, no es difícil unir los puntos para saber de qué está hablando la novela en este caso. Es un buen ejemplo de cómo literaturas no meméticas pueden trabajar temas a los que se les ha dado mil vueltas desde el realismo. Además de no sobreexplicar las cosas que suceden, la novela tampoco te tira un discurso a la cara. Más allá de concordar con las ideas de la autora o no es algo que se agradece.

Miembro fantasma (2026) es el tercer libro de relatos de la uruguaya afincada en Colombia Fernanda Trías. Después de Mugre Rosa (2020) y El monte de las furias (2025), novelas las dos, vuelve al relato. Y lo hace de la mano de Páginas de espuma, una editorial con un estilo cada vez más marcado y que ya apunta a varios problemas sobre este boom literario en el que llevamos los últimos años.

Miembro fantasma lo componen diez relatos que giran alrededor de ese síndrome descrito por la medicina: el dolor de una ausencia. Si Mugre rosa fue una novela distópita urbana y El monte de las furias la novela rural colombiana, Miembro fantasma es la vuelta a la autoficción y el realismo. Un realismo, por otra parte, íntimo e introspectivo, muy en la línea editorial de Páginas de espuma.

Si exceptuamos un par de relatos más juguetones y preocupados por lo metaliterario, Miembro fantasma centra su atención en las adicciones y los vínculos rotos. Los personajes de Trías son dolientes, están rotos de alguna manera. Lo mismo sucede con la memoria, algo frágil construido a base de silencios y ausencias. También podemos observar algo parecido con los espacios domésticos y urbanos, descritos como extensiones de los personajes que los habitan y con sus mismas cualidades. Cuanto más se aleja de la autoficción es cuando más brilla Trías, como en Miembro fantasma e Intimidad irremplazable, dos de los mejores relatos del libro. Es éste último el que más se aleja del realismo al convertir una ausencia en algo espeluznante: la protagonista vive una vida vacía, carente de sentido. También es el relato que más se acerca y recuerda a los incluidos en Nido de pesadillas de Lisa Tuttle.

Decía Piglia que el boom literario latinoamericano del pasado siglo tenía mucho que ver con la mirada europea y occidental sobre Latinoamérica. Así como nunca existió el Oriente, esa visión europea que construyó un espacio salido de Las mil y una noches, tampoco la Latinoamérica real es ese mundo rural donde llueve café. En este nuevo boom sucede algo parecido, especialmente con las autoras publicadas desde España. La tendencia a estandarizar y homogeneizar que tiene el mercado marca unas pautas y cierra cada vez más la posibilidad de experimentar en fondo y forma. Quizás haya que buscar esa experimentación en otra hipótesis de lectura, la de la ciencia ficción y la ficción extraña, poco traducida y casi nada publicada fuera de sus fronteras nacionales, pero muy leída. Isabel Allende es el ejemplo de cómo una obra responde no a la propia tradición literaria y cultural de un país sino a la mirada que se tiene desde fuera de esas tradiciones. Tal vez el neogótico latinoamericano, otra hipótesis de lectura, esté cayendo en lo mismo. El tiempo dirá.

                                                        Algo no está y no lo puedo definir
                                                     Tu elocuencia confunde cada vez más