Black Rainbow, conocida en España con el nombre de Más allá del arcoiris, es una película escrita y dirigida por el británico Mike Hodges y protagonizada por Rosanna Arquette. Sin necesidad de acudir a las cinematografías de otros países, Black Rainbow es una de esas raras películas de culto de los ochenta. Como Muertos y enterrados (1981), La iniciación (1984) o Angustia a flor de piel (1982), Black Rainbow tuvo un discreto paso por las salas de cine, convirtiéndose con los años y gracias a internet, en una película de culto. Hasta que en 2020 Arrow la rescató, no fue fácil conseguir la película.

La película, aunque es una producción británica, está grabada en EEUU. Planteada como un thriller sobrenatural con algunos toques políticos, adquiere enseguida una pátina de gótico sureño que evoluciona hacia una ciencia ficción entre onírica y surreal. 

Rosanna Arquette interpreta a Martha, una médium que acompañada por su padre ofrece espectáculos de médium por los pueblos deprimidos del sur estadounidense. Martha en realidad no tiene el poder de hablar con los muertos, pero una noche en un espectáculo dice hablar con el marido de una de las asistentes, describiendo su asesinato. El problema es que dicho asesinato aún no ha tenido lugar, pero lo tendrá en unas horas. Por ahí se cuela una subtrama política: el asesinado es un  trabajador de una planta de energía que va a exponer los tejemanejes de sus dueños, que intentan de esta manera silenciar la verdad. La política y las instituciones, como la policía que tiene que investigar el asesinato, son corruptas, algo muy en la línea de las ficciones estadounidenses desde la década de los setenta. La predicción de Martha la pone en el punto de mira de estas autoridades corruptas mientras pelea por deshacerse de otra autoridad, la de su padre alcohólico, que la usa como usaba a su madre para conseguir el dinero con el que pagar sus vicios. El padre ejerce una tutela sobre Martha casi absoluta, mientras se aprovecha de su trabajo y de la credulidad de la gente para vivir de ellos sin trabajar.

Hodges no necesita drones si focos gordos pa' sacarse la chorra al dirigir

El estilo de Hodges a la hora de dirigir tiene un cierto parecido con La maldición de los Bishop (1971), otro ejemplo del gótico sureño en el cine y de película de culto. Rodada en verano, Hodges capturó esa atmósfera irrespirable de calor pegajoso y sudor con un estilo realista y una iluminación muy natural, que huye de artificios. La suciedad también está presente en los escenarios que muestra, un paisaje industrial deprimido que recuerda al Kairo que el Kurosawa nos regaló a principios de este siglo. Los moteles donde se alojan Martha y su padre, las ciudades que visitan, los teatros donde realizan su actividad, todos forman parte de un paisaje sucio, deteriorado, deprimido. También como Kurosawa, aunque sin exagerarlo tanto, Hodges opta por planos medios y largos, haciendo a ese paisaje protagonista de la película e introduciendo un sentimiento de soledad y opresión en el espectador al aislar a sus personajes en ese decorado. También utiliza esa iluminación naturalista para crear claroscuros, reforzando todavía más esa atmósfera ominosa y dándole un aire de noir. La banda sonora tiene un carácter clásico y por momentos etéreo, como la interpretación y presencia de Rosanna Arquette, que merece mención a parte. Arquette interpreta el papel de una mujer dual, poderosa y segura de sí misma en público, pero vulnerable y rota en la intimidad. Está guapérrima y excelsa interpretando a un personaje poliédrico, tridimensional, que trasciende los límites de la realidad como David Bowman en 2001: Una odisea en el espacio. Tampoco hay que olvidar que la película es un inmenso flashback: Black Rainbow comienza casi justo en su final y la película es la reconstrucción del puzzle planteado al principio. Hodges no ofrece un final cerrado, sino que opta por sugerir y especular. En este caso, casi es mejor evitar los comentarios del director donde explica su visión de lo que ocurre al final. Es preferible quedarse con el regusto y la sensación de varios finales que contiene su final. ¿Qué ha pasado realmente? ¿Quién es Martha realmente? «Pa k kieres saber eso jaja saludos».

Rosanna dice que vendrán 13 millones de naves de Ganímedes

Black Rainbow es muchas cosas: es una crítica al comercio de la fe, es una crítica al abandono de las clases populares por parte de las élites, es un melodrama gótico, es una película de ciencia ficción que trata sobre la precognición, el tiempo, realidades paralelas... Catalogarla como película de terror es una equivocación, como igual de erróneo es verla como un thriller sobrenatural al uso. Black Rainbow es la gran película de Hodges y Arquette. Black Rainbow es una enorme anomalía que como Martha, el personaje que interpreta Arquette, no debería de existir; pero sin embargo aquí lo tenemos. E por si muove.

Étoile es una película italiana dirigida por Peter del Monte, escrita por del Monte en colaboración con Franco Ferrini y Sandro Petraglia, y protagonizada por Jennifer Connelly. Por el momento en el que se estrenó, con la industria del cine italiano de capa caída, fue un fracaso de taquilla y pese al reparto encabezado por Connelly, tampoco tuvo una distribución internacional. Acabó convertida en carne de culto.

Étoile posee el regusto de las coproducciones europeas de los sesenta y setenta. Rodada casi en su totalidad en Hungría, la película atesora una pátina decadente, con esos grandes edificios de Budapest que han conocido mejores épocas. Las nostalgias imperiales, por su presencia fantasmagórica, se convierten en protagonistas de la película.

El estilo de Peter del Monte destaca por unas composiciones de plano simétricas y con un punto barroco, que junto a una fotografía luminosa y a la interpretación de Connelly le dan a la película un aire etéreo. El uso de filtros de difusión es lo que le da ese carácter dreamy, como de ver la película a través de una gasa. Jenniffer Connelly, con ese suavizado de la difusión luce como una presencia etérea, fantasmal, como de personaje salido de un cuento de hadas.

Cuando el baño del albergue está en la planta baja

Connelly interpreta el papel de Claire, una joven bailarina estadounidense que acude a Budapest para hacer una prueba en una academia de baile. En el hotel donde se aloja conoce a otro joven estadounidense del que se enamora. Pero como sabemos desde la Suspiria de Argento, no te puedes fiar de las academias de baile. La otredad en forma de fantasmas del pasado acaba invadiendo la realidad, en la que abundan los espejos y los dobles. Toda esta parte de los dobles y de la otredad real y metafórica será de gran relevancia en la trama.

La Connelly comiéndose la pantalla

Étoile dista mucho de ser una película perfecta: si los escenarios donde se desarrolla la trama y la protagonista atesoran cualidades etéreas y lánguidas, el ritmo es torpe. Y no sucede porque sea una película más preocupada en crear una atmósfera que en desarrollar una narrativa más tradicional, que también, sino porque fracasa en implementar algunas ideas que plantea, como la del bucle. La trama vuelve sobre sus pasos, se repite, y en ese bucle desaparece la presencia de Connelly, dejándonos un tramo largo de la película en compañía del otro protagonista. Gary McCleery hace lo que puede interpretando a Jason, el enamorado de Claire, pero no se acerca ni por asomo a la presencia que despliega Connelly en la película. Eso sí, si alguien dice «es que no pasa», dale un golpe de remo.

Vivimos en una parálisis cultural que vuelve una y otra vez al pasado, con un mercado que recicla las estéticas y modas en un día de la marmota sin fin. Los ochenta vuelven todos los años un par o tres de veces. 

Qué pena me da saber que al final
de ese amor ya no queda nada
Sólo una pobre canción
da vueltas por mi guitarra
Y hace rato que te extraña
mi zamba para olvidar