The Odessa File (1974) es una película británica dirigida por Ronald Neame y protagonizada por Jon Voight, con Maximilian Schell como secundario de lujo. La historia narrada está basada en una novela de Frederick Forsyth. Tanto Forsyth como Neame venían de triunfar con sus anteriores trabajos, uno al ver adaptada con éxito Chacal (1973) y el otro tras dirigir una de las películas más taquilleras de la historia en esos años, La aventura del Poseidón (1972). Ya se encargaría el nuevo cine de Hollywood, con Lucas y Spielberg a la cabeza, de destronar a Neame de ese trono en los siguientes años.


La trama se sitúa en 1963 con el personaje interpretado por Voight, Peter Miller, como protagonista. El mismo día que Kennedy es asesinado en Dallas un anciano judío se suicida en Hamburgo. Por casualidad, Miller, que es periodista, cubre la noticia del suicidio. Un amigo policía le hará llegar un manuscrito hallado en el piso donde vivía el viejo judío, en el que relata los hechos que vivieron su mujer y él en un campo de concentración en Riga. Este manuscrito despierta el interés de Miller, que va a la caza del oficial responsable del campo de concentración y de la organización secreta que ampara a antiguos miembros de las SS, Odessa.


Las dos terceras partes de la trama se desarrollan a un buen ritmo, centradas en la investigación periodística de Miller. El tercio final es un poco más atropellado. La narración aporta muchos datos, metiéndonos de lleno en el reportaje de Miller. También se contextualizan estos datos, muchos de los cuales son reales, como algunos personajes que aparecen en la película, mención especial al cazanazis Simon Wieshental. Porque si algo hay que destacar de Odessa es que los nazis que aparecen en la película no son como los de Indiana Jones, más cercanos al pulp, sino que son bastante reales. La trama, a través de la investigación de Miller, narra el fallido proceso de desnazificación llevado a cabo en Alemania Occidental y la existencia de una organización nazi infiltrada en la administración y el sector económico.


Si viste como un nazi, dice cosas nazis y se comporta y hace cosas nazis, igual es que es un nazi

El estilo de Neame en la dirección es bastante realista, alejado de la acción de otros thrillers de la época y de cierto estilo documental en boga. Muestra una Alemania Occidental todavía en estado de reconstrucción. La cámara sigue a los personajes con paneos y travelings, casi no hay cámara en mano —lo contrario que Friedkin y The French Connection— y con una fotografía que refuerza la suciedad de esa Alemania parcialmente en ruinas. Además, la película sirvió para que se capturara al carnicero de Riga, visibilizando el hecho de que muchos nazis seguían ocupando puestos importantes en la administración alemana y austríaca después de la guerra. Por el lado negativo se puede mencionar algunas interpretaciones, como la de Voight, demasiado intenso y pasado de rosca. Claro, luego piensas en Christopher Walken y Nicholas Cage y se te pasa.


Capricornio Uno (1978) es una película escrita y dirigida por Peter Hyams. Está protagonizada por James Brolin —siempre será ese señor con barba y camisa de leñador en Amytiville— y cuenta con secundarios tan molones como O. J. Simpson, el padre de Ross y Monica Elliott Gould y Hal Holbrook. Aquí no hay nazis como en Odessa, pero sí tiene el mismo tono de desencanto tan común en los thrillers estadounidenses de los setenta, con la desconfianza en el gobierno como punto central. A finales de esa década ya se estaba ensayando lo que luego sería el cine de evasión de los ochenta, con Spielberg a la cabeza. 

Tras la pérdida de interés por parte del público en la carrera espacial después de la llegada de la humanidad a la Luna, la nueva frontera —otra vez Kennedy— es Marte. Mandar astronautas al planeta rojo parece la única forma de salvar a la NASA de los recortes gubernamentales. Científicos de la NASA y un grupúsculo dentro del gobierno montan toda una conspiración para hacer creer a la opinión pública que EEUU ha llegado a Marte. Para ello secuestran a la tripulación el día del despegue y les amenazan con asesinar a sus familias si no cooperan. La NASA lanza el cohete hacia Marte pero va vacío. Un técnico de la NASA descubre que las ondas de radio de los astronautas no provienen de Marte, sino de la Tierra. Se lo comenta a uno de sus amigos periodistas antes de desaparecer. Como en Odessa, comienza la investigación periodística para exponer a los conspiradores dentro de la administración. Todo se complica cuando la cápsula de reentrada en la Tierra explota antes de aterrizar. Ahora los conspiradores, para tapar lo que han hecho, tendrán que asesinar a la tripulación que tienen secuestrada.

Nos inyectan «chís» con las vacunas

Capricornio Uno se toma muy en serio a sí misma, lo cual no es malo, a la hora de plantear una conspiración en la sombra. Todo empieza como un pequeño grupo secreto, plausible, dentro de la NASA y el gobierno. El problema, como suele pasar con todas estas teorías de la conspiración, es que exigen, para que tengan una pátina mínima de veracidad, de una conspiración gigantesca. El técnico de la NASA que denuncia que algo raro está ocurriendo con el viaje a Marte no sólo desaparece, es que pintan y redecoran su apartamento, ponen a otra persona a vivir en él y falsifican el correo para hacer creer al periodista que investiga la trama que nunca ha existido tal persona viviendo allí.

Al igual que en Odessa el estilo en la dirección es bastante sobrio, optando por un enfoque más realista y natural. Eso sí, le gusta lo del zoom lento lo que no está escrito. También sucede que en el tercio final la película se vuelve un poco loca. En Capricornio Uno Hyams rueda una persecución con helicópteros y una avioneta, rompiendo con el ritmo más pausado de la investigación periodística en curso. También puede ser el motivo del final tan abrupto y anticlimático: no había dinero para rodar todo lo que había que rodar, así que optaron por una imagen congelada del protagonista como final. En cualquier caso, está muy en la línea de los thrillers setenteros rodados después del escándalo del Watergate: desconfianza en las instituciones y desencanto.

Los setenta, además de tetas y desnudos, también trajeron una nueva manera de narrar y de contar las cosas, a destacar el cine italiano de esa década, las coproducciones europeas y los thrillers sobre conspiraciones de Hollywood. De la misma manera, son el germen de lo que vivimos hoy en día: la respuesta a la quiebra del sistema surgido tras 1945 en forma de contrarrevolución conservadora ahora nos tiene en vilo. También resulta revelador que los protagonistas de Odessa y Capricornio Uno sean periodistas. A lo mejor el cine que dentro de cincuenta años explique lo que nos pasa ahora lo hace una IA con Tom Cruise de protagonista. Todo vuelve, como el postpunk.