'Starfish' (2018): pasar el duelo cuando se acaba el mundo
Starfish es una película escrita y dirigida por el británico A. T. White y protagonizada por Virginia Gardner. Se trata del primer y hasta ahora único largometraje de White, además de tratarse de un proyecto de autor que trata un tema bastante personal: el duelo por la muerte de una amigo. Gardner sí es un rostro algo más conocido, ya que se ha dejado ver en unos cuantos proyectos de género, generalmente como secundaria.
El gancho de la película es el subtítulo que usó para promocionarse: una chica, una cinta y el fin del mundo. Es muy de escuela de escritor/guionista, pero funciona. También lleva a engaño, veremos por qué. Starfish narra la historia de Aubrey, el personaje interpretado por Gardner, que acude al funeral de su mejor amiga, Grace. Después del funeral se cuela en su apartamento, donde se queda dormida, para descubrir al día siguiente que ha caído una nevada de tres pares y que el mundo ha llegado a su fin. Además, el fin del mundo tiene tintes lovecraftianos: Existen unas frecuencias en las ondas de radio que son las responsables de abrir unos portales a otra dimensión donde de donde salen unas especie de monstruos similares a los de Strange Things que se cargan a todo bicho viviente. Grace, su amiga, lo sabía, y a través de distintos escenarios Aubrey tendrá que recuperar y escuchar las cintas que le ha dejado si quiere salvar el mundo.
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| Cinta con los éxitos de Mecano |
Las primeras cosas que llaman la atención en Starfish son lo visual y el uso de una tecnología analógica como las cintas de casete. Por un lado, White escoge un look dreamy, introduciendo grano/ruido digital, que en este caso, no queda mal. Creo que funciona porque no trata de darte gato por liebre copiando un determinado look, sino que la apariencia es parte del mensaje. Luego está lo de los casetes. La película sucede en un no-tiempo. Como en It Follows, donde convivían tecnologías de distintas épocas, en Starfish el usa de las cintas de casete refuerza la parte audiovisual. Son un recurso narrativo que sirve para hacer avanzar la trama, Aubrey tiene que desplazarse y buscarlas, pero también son parte importante de cómo luce y cómo suena la película. Lo visual, con ese grano digital, y el recurso narrativo de las cintas de casete, que también introducen otro ruido, el hiseo característico al reproducirlas, son parte de este viaje emocional que propone White en Starfish.
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| Tu serie de animación sobre el fin del mundo |
Decía que el gancho con se promocionó la película puede llevar a engaño: sí, empieza como una película —otra más— sobre el fin del mundo, pero es otra cosa. A través de la búsqueda de las siete cintas escondidas por Grace, reconstruiremos la relación de Aubrey con ella, así como partes del pasado reciente de Aubrey. Cada parte funciona como un segmento, en algunos casos la inmersión en la señal que contiene la cinta por parte de Aubrey nos llevará a partes animadas. Desde el principio, pero muy poco a poco, nos vamos alejando de esa idea de cinta apocalíptica para acercarnos más a lo que realmente es Starfish, una película sobre el duelo. Además, es una película sobre el duelo bastante peculiar, ya que trata el tema desde las sensaciones, intentando crear un estado de ánimo en el espectador. No se trata de una película con una narrativa coherente, de las de tres actos con su planteamiento, nudo y desenlace. Claro que está esa narrativa presente en la película, pero lo sensorial es más importante, el sentir el duelo y sus fases con la protagonista. Por ello creo que existe tanta confusión en cuanto a expectativas y se ha convertido en una película que genera bastante rechazo. Simplemente esperas ver una cosa muy diferente a lo que realmente propone White con Starfish.
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| Que si quiero o que si tengo |
El fin del mundo es la metáfora que se utiliza en Starfish para hablar del fin de la vida de un ser querido y su duelo. La culpa, la pena, la rabia, son partes del viaje que propone White en esta particular y peculiar película sobre el duelo. Todo esto reforzado y envuelto en una parte audiovisual y sonora que nos invita a sumergirnos en este viaje de sensaciones. Es como ver Melancholia de von Trier pero sin gente rica en una mansión. Y menos turras. Por eso y porque es realmente bonita, Starfish merece el viaje.








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