'Tormenta mortal' (1940), 'El gran dictador' (1940) y 'Casablanca' (1942): la trinchera democrática
Tormenta mortal es una película dirigida por Frank Borzage y protagonizada por James Stewart y Margaret Sullavan. Los guionistas Claudine West, George Froeschel y Hans Rameau adaptan la novela del mismo título de la autora Phyllis Bottome, publicada en 1937. Aunque pueda parecer lo contrario, no existen casi películas antifascistas antes de la entrada en guerra de EEUU en diciembre de 1941. Como en el caso de Chaplin y El gran dictador, la película trajo un coste personal en forma de boicots a la película, amenazas de bomba, acusaciones varias, veto al estudio —MGM— en la Alemania nazi, investigación del Senado de EEUU y la censura en varios países. En España, junto a El gran dictador antes mencionado, estuvo prohibida hasta los primeros años de la vuelta de la democracia.
La película narra la historia del ascenso del nazismo a través de la familia Roth. Los Roth viven en una ciudad pequeña del sur de Alemania, junto a los Alpes. Victor Roth es un profesor judío que da clase en la universidad y vive junto a su mujer, su hija Freya y sus dos hijastros. La familia, junto al prometido de Freya y a un viejo amigo de la familia, celebra el sesenta cumpleaños de Víctor, que se ve interrumpido por el anuncio del nombramiento de Hitler como canciller de Alemania. El nazismo supone la quiebra de la paz familiar, utilizada como metáfora de la quiebra moral de Alemania.
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| Si te sientas en una mesa con diez nazis, ahora en esa mesa hay once nazis |
Frank Borzage dirige la que posiblemente sea su mejor película, con un estilo que hoy llamaríamos 'dreamy', con esos fondos ligeramente desenfocados. Mucho medio y primer planos para resaltar todavía más los diálogos. También muestra un dinamismo con la cámara poco habitual para la época. Tampoco es que se vuelva loco, pero hay algún tracking interesante, como cuando la cámara sigue al personaje de Victor Roth por la universidad. Por la fotografía, un poco más contrastada y favoreciendo los claroscuros, se la considera pionera del cine negro que vendría después.
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| Gente de centro centrado quemando el último premio Planeta |
La película se mueve entre lo metafórico y lo lírico, con ese inicio y ese final, reforzado por la dirección de Borzage. A modo de cuento cautelar, vemos desmembrarse a una familia y sus amistades y relaciones sociales tras el ascenso del nazismo. El principio se inicia con unas nubes que amenazan tormenta; el final acaba con un recorrido por la casa ahora vacía de los Roth, la nieve y las huellas que acaban borradas, acompañado de la voz en off que recita el poema de Minnie Louise Haskins The Gate of the Year. Es la cuarta y última película en la que Stewart y Sullavan actuarán juntos. La interpretación de los dos es magnífica, son los que sustentan la película y además de estar guapérrimos, su relación es la que articula la narración: de amigos de la infancia a amantes que huyen a través de los Alpes.
La película coincidió en su estreno con la caída de París y de Francia en manos de la Alemania nazi, dejando solo a Reino Unido como único contendiente. Si preclara es la novela de Bottome en 1937, más que incierto era el resultado de la guerra en junio de 1940 con unos EEUU aislacionistas. Así se entiende un poco mejor el escándalo que suscitó en los ambientes reaccionarios y conservadores de EEUU que simpatizaban con la Alemania nazi. Tormenta mortal es una película poco conocida aunque muy recomendable, más si tenemos en cuenta los vientos que soplan.
Casablanca es una película dirigida por el húngaro Michael Curtiz y protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman. Desde que a mediados de los años veinte se trasladó de Viena a Hollywood y comenzó a trabajar para la Warner, Curtiz dirigió películas tan buenas y tan importantes como Doctor X (1932), Los crímenes del museo (1933), Robin de los bosques (1938) y esta Casablanca (1942). La película también supuso el estrellato de Bogart con su interpretación del antihéroe Rick Blaine. Como contrapartida, acabaría encasillado en ese tipo de papeles, en boga durante la década de los cuarenta pero decayendo después. La idea de galán hace 84 años dista bastante de la de hoy en día. Para Ingrid Bergman Casablanca también significó el estrellato internacional, o más bien la confirmación de una carrera que ya venía en ascenso y que con esta película se colocaba a la altura de las más grandes.
Casablanca contrasta con Tormenta mortal y El gran dictador en ser una película rodada y estrenada después de la entrada en guerra de EEUU. Bogart interpreta el personaje de Rick, estadounidense con pasado antifascista —suministró armas a los etíopes que luchaban contra la Italia fascista y combatió en el lado republicano en España—, que tras huir de París tras la caída de Francia y después de un desengaño amoroso, ahora es el cínico dueño de un café en Casablanca. La ciudad forma parte de la Francia de Vichy, a la que más de una vez se hace alusión, que no era más que un estado títere de los nazis. Ugarte, uno de los muchos contrabandistas que pululan por Casablanca, pide a Rick que le guarde unos salvoconductos robados antes de ser asesinado por la policía. Poco después, por Casablanca aparecen Victor Laszlo y su mujer Ilsa Lund. Victor, héroe de la resistencia y fugado de un campo de concentración nazi, busca salvoconductos para él y su mujer Ilsa. Cuando le dieron por muerto, Ilsa y Rick se conocieron en París y se enamoraron. El triángulo amoroso tiene como telón de fondo la participación de EEUU en la II Guerra Mundial.
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| Mural de un señor al que le gustaba mucho el agua de Vichy |
Casablanca es una película de serie B rodada de manera caótica y que acabó convertida en todo un símbolo de la resistencia antifascista y de la intervención estadounidense. Es conocido que se rodó con un guion que se escribía mientras se rodaba, como también conocido es el caso de la censura y del código Hays, que impidieron que Rick e Ilsa acabaran juntos. También formó parte del cine de propaganda, pero por lo antes expuesto, el que no tuviera un guion hizo que acabara siendo bastante más sutil que otras películas. En Tormenta mortal se explicita el conflicto de una marea verbal, en Casablanca no. Quizá por eso la escena del duelo de himnos tiene tanta fuerza, porque acaba tirando más de lo emocional que de lo racional. Como las escenas finales de Tormenta mortal, tan metafóricas y líricas. Casablanca además es una película que no existiría sin los refugiados europeos que ayudaron a crearla, desde el mismo director a los extras.
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| Si te ves viejo cuando te miras en el espejo piensa que Rick tenía 37 años en Casablanca |
A Curtiz se lo ha acusado de no tener un estilo definido, cuando podríamos considerarlo el precursor de Kubrick, el Kubrick antes de Kubrick. Además de estar un poco chalado y ser un obseso de la perfección en plató, además de haber tocado un montón de palos y de distintos géneros, Curtiz también fue un precursor en ciertas técnicas cinematográficas, como el movimiento de cámara y la profundidad de campo. Su dinamismo a la hora de dirigir, con la cámara saltando de mesa en mesa en el Rick's Cafe hasta que llega a los protagonistas o siguiéndolos en un travelling por un pasillo o unas escaleras, fue algo novedoso en su momento. Lo mismo sucede con los extras, que aparecen retratados en perfecta coreografía treinta y cinco años antes de que George Lucas rodara su escena de la Cantina en La guerra de las galaxias (1977). La manera de iluminar también es algo bastante característico del estilo de Curtiz, que gusta de luces de fondo o laterales en sus personajes para perfilarlos y aislarlos respecto al fondo. Pero más allá de su director, de su guion y de su reparto, Casablanca es el triunfo de lo improbable convertido en símbolo.
La película es una sátira sobre el fascismo donde Chaplin interpreta el papel de un barbero judío herido en la I Guerra Mundial y su reverso tenebroso, el dictador Hynkel. El personaje del barbero es un trasunto de su otro personaje, Charlot, por el que es conocido mundialmente. Este barbero, que sufre de amnesia después de ser herido en la guerra, regresa a su barbería muchos años después para descubrir que su país, Tomenia, ahora está bajo la dictadura de un personaje siniestro, Adenoid Hynkel. Chaplin, que también interpreta a Hynkel, se despacha a gusta en su sátira, retratando al dictador como un pobre hombre, acomplejado y malvado. Para la historia quedan la escena de las sillas de barbería y el baile con el globo terráqueo.
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| Hynkel & Napaloni, el mejor nombre para una banda punk |
Chaplin, que ya dirigió su primera película en el lejano 1914, se pasó al cine sonoro con El gran dictador. Incorpora elementos de la comedia física que él mismo popularizó, donde hay tortazos y coreografías, con una sátira muy aguda. Casi noventa años después no es difícil imaginarse a los actuales líderes reaccionarios doblados por Chaplin: sólo son ruido, un galimatías —agresivo— sin sentido. Chaplin, que interpreta a un barbero judío y al dictador Hynkel, propone dos escenarios: el ghetto judío y el palacio de Hynkel. Uno está lleno de vida y el otro es un espacio frío, con una fotografía cálida y suave en el primer caso en contraste con los claroscuros del palacio. El gran dictador también hereda el sentido del ritmo de sus comedias mudas, con escenas que muchas veces son coreografías musicales. También opta por una cámara que no se mueve demasiado, ya prefería que su movimiento no distrajera de la pantomima. Lejos de ser una película aburrida, El gran dictador es muy dinámica. Ese sentido del ritmo y el montaje la convierten en una película trepidante por momentos. El tipo de comedia al que estaba acostumbrado exigía de ese dinamismo. También puede considerarse moderno el uso de la profundidad de campo, con fondos más o menos enfocados donde los personajes reaccionan a lo que sucede en un primer plano: Hynkel se tropieza en el pasillo y vemos a los soldados del fondo reaccionando con un saludo fascista.
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| Teniendo que defender la ciencia y el progreso casi noventa años después. Todo OK. |
El gran dictador es la sátira, es la comedia, pero sobre todo es su discurso final: el humanismo, la defensa de la ternura y el progreso, la denuncia de la barbarie. Para acabar la película Chaplin rompe la cuarta pared y se dirige directamente a los espectadores. Pasamos de los planos generales y medios a un primer plano de Chaplin, con una iluminación frontal que elimina el juego de luces y sombras anterior y que da paso a un discurso pronunciado mirando a cámara. ¡Y qué discurso! Frente al hombre-máquina, el hombre libre; frente al totalitarismo, la democracia; frente al nacionalismo, el internacionalismo y la solidaridad de los pueblos; frente a la codicia, la bondad... El discurso final es un canto al humanismo. Paradójicamente, en un 2026 marcado por los algoritmos, el odio en redes, la posverdad, el genocidio, las guerras y el auge de los movimientos totalitarios y el odio al diferente, aún hay gente que prefiere todo esto a los derechos humanos, la democracia y la justicia social. El ser humano es maravilloso, pero tiene un reverso tenebroso que quita la respiración. En vez de señoros de posguerra como los de hace un siglo, lo que tenemos ahora para amenizar el desastre son señoras latinoamericanas. Al menos, que luego no digan que no se avisó.
Sé que vendrán días inciertos
Ya ruge el temporal
Todo será como en un cuento
Que nadie se atreva a contar
El niño que sueña despierto
Con dar un gran salto y volar
No escucha cuando dice su maestro
Eres parte del juego
No tiene sentido escapar












